Entrevista de 1967 con el erudito marxista Isaac Deutscher (Primera parte)
En junio de 1967, tras la “Guerra de los Seis Días” con varios países árabes, Israel salió victorioso. Capturó grandes áreas, incluyendo Gaza, Cisjordania y dos tercios de los Altos del Golán, territorios que sigue ocupando décadas después.
En ese momento New Left Review [Revista de la Nueva Izquierda], publicación política con sede en Londres, realizó una entrevista con el erudito marxista Isaac Deutscher. Con el amable permiso de New Left Review, Panorama-Mundial publica la entrevista, por la primera vez en español, que originalmente fue titulada “Sobre la guerra árabe-israelí”.
Deutscher (1907-1967) nació cerca de lo que hoy es Cracovia, Polonia. Se unió al proscrito Partido Comunista Polaco en 1926, en el que militó hasta su expulsión en 1932. En 1939, justo antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Deutscher se trasladó a Londres, donde trabajó como periodista, historiador, académico, autor y activista político. Sus libros incluyen la conocida trilogía biográfica del líder revolucionario ruso León Trotsky: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado, así como Stalin: una biografía política.
Deutscher nació en el seno de una familia judía practicante. Fue considerado un prodigio en el estudio de la Torá judía y sobrevivió tres pogromos en 1918, pero se convirtió en ateo cuando era adolescente. También es autor de El judío no sionista y otros ensayos. El erudito marxista George Novack lo reseñó en un artículo de 1969 en el periódico Militant. Más tarde el artículo de Novack fue publicado como folleto [en inglés]: How Can the Jews Survive? A Socialist Answer to Zionism [¿Cómo pueden sobrevivir los judíos? Una respuesta socialista al sionismo].
La entrevista a continuación ocurrió hace más de 50 años y por eso algunas de las referencias pueden ser desconocidas para los lectores de hoy. Sin embargo, muchas de las ideas de Deutscher siguen siendo oportunas y de sorprendente valor político a la luz del actual ataque asesino de Israel contra Gaza en respuesta al espantoso ataque del 7 de octubre por parte de Hamas.

Un ejemplo merece atención a la luz de la reciente revelación de que más de un año antes de que ocurriera el ataque, las agencias de inteligencia israelíes sabían de los planes de Hamas.
Deutscher explicó en ese entonces:
Paradójica y grotescamente, ahora los israelíes aparecen en el papel de los prusianos del Medio Oriente. Han ganado ya tres guerras contra sus vecinos árabes. Del mismo modo, hace un siglo los prusianos derrotaron a todos sus vecinos en pocos años, los daneses, los austriacos y los franceses. La sucesión de victorias engendró en ellos una confianza absoluta en su propia eficiencia, una confianza ciega en la fuerza de sus armas, una arrogancia chovinista y un desprecio por otros pueblos. Me temo que una degeneración similar — porque no es sino una degeneración — puede estar ocurriendo en el carácter político de Israel.
A lo largo de la entrevista nuestros lectores encontrarán muchas otras ideas astutas y perspicaces. Entre ellas está la clara explicación que ofrece Deutscher sobre las raíces del odio contra los judíos y por qué la oposición a la agresión israelí no es antisemitismo.
Es por eso que Panorama-Mundial pone esta entrevista a disposición de un público nuevo que incluye a muchos que han forjado su conciencia política mucho después de su publicación original.
La introducción, los subtítulos adicionales, las notas a pie de página, los gráficos y la traducción son de Panorama-Mundialsustanciales al texto original. Se ha conservado el uso de mayúsculas en algunas palabras; algunos párrafos se han dividido para facilitar la lectura en línea. La entrevista original [en inglés] puede encontrarse aquí. Como es muy larga, publicamos la entrevista en cuatro partes, la primera de las cuales aparece a continuación.
(Esta es la primera de cuatro partes. El resto puede encontrarse en la Parte 2, la Parte 3 y la Parte 4).
SOBRE LA GUERRA ÁRABE-ISRAELÍ (I)
A modo de introducción, ¿podría resumir su opinión general sobre la guerra árabe-israelí?

La guerra y el “milagro” de la victoria de Israel no han resuelto, en mi opinión, ninguno de los problemas a los que se enfrentan Israel y los Estados árabes. Al contrario, lo que han hecho es agudizar todos los viejos problemas y han creado otros nuevos y más peligrosos. No han logrado aumentar la seguridad de Israel, sino que lo hacen más vulnerable de lo que era antes. Estoy convencido de que este último y demasiado fácil triunfo de las armas israelíes será visto un día, en un futuro no muy remoto, como un desastre, y sobre todo para el propio Israel.
Evaluemos el trasfondo internacional de los acontecimientos. Tenemos que enmarcar esta guerra dentro de la lucha por el poder en todo el mundo y los conflictos ideológicos que forman su contexto. En estos últimos años, el imperialismo norteamericano, y las fuerzas que están asociadas con él y que él apoya, han estado enfrascados en una tremenda ofensiva política, ideológica, económica y militar en una área enorme de Asia y África; mientras que las fuerzas opuestas, en primer lugar la Unión Soviética,[1] apenas han podido mantenerse en su lugar o han retrocedido.
Esta tendencia emerge de una larga serie de acontecimientos: el levantamiento en Ghana que resultó en el derrocamiento del gobierno de Nkrumah;[2] el aumento de la reacción en varios países afroasiáticos; el sangriento triunfo del anticomunismo en Indonesia,[3] que fue una gran victoria para la contrarrevolución en Asia; la escalada de la guerra estadounidense en Vietnam; y el golpe militar de la derecha ‘marginal’ en Grecia.[4]
La guerra árabe-israelí no fue un evento aislado; forma parte de los eventos de este tipo. La tendencia opuesta se ha manifestado en la efervescencia revolucionaria en varias partes de la India, la radicalización del estado de ánimo político en los países árabes, la eficaz lucha del Frente Nacional de Liberación en Vietnam; y el aumento en todo el mundo de la oposición a la intervención estadounidense. El avance del imperialismo norteamericano y de la contrarrevolución afroasiática no han ocurrido sin oposición, pero su éxito en todas partes es evidente aparte de Vietnam.
En el Medio Oriente, el avance de Estados Unidos ha sido relativamente reciente. Durante la guerra de Suez,[5] Estados Unidos todavía adoptó una postura “anticolonialista”. Actuó, aparentemente de acuerdo con la Unión Soviética, para provocar la retirada de Gran Bretaña y Francia. La lógica de la política estadounidense seguía siendo la misma que a finales de la década de 1940, cuando se estaba gestando el Estado de Israel. Mientras la clase dominante de Estados Unidos siguiera interesada principalmente en expulsar a las viejas potencias coloniales de África y Asia, la Casa Blanca sería un pilar del “anticolonialismo”.

Pero habiendo contribuido a la debacle de los viejos imperios, a Estados Unidos le asustó el “vacío de poder” que pudieran ocupar o las fuerzas revolucionarias autóctonas o la Unión Soviética, o una combinación de las dos. El anticolonialismo yanqui se desvaneció y Estados Unidos ‘intervino’. En el Medio Oriente esto ocurrió durante el período que transcurrió entre la crisis de Suez y la última guerra israelí.
La intención de los desembarcos estadounidenses en el Líbano en 1958 era detener una marea alta de revolución en esa región, especialmente en Irak. Desde entonces, Estados Unidos, sin duda confiando en cierta medida en la “moderación” soviética, ha evitado la participación militar abierta y directa en el Medio Oriente y ha mantenido una postura de desapego. Esto no significa que la presencia estadounidense sea menos real.
¿Cómo situaría la política de Israel en esta perspectiva?
Los israelíes, por supuesto, han actuado por sus propios motivos, y no simplemente para adaptarse a lo que le conviene a la política estadounidense. No puede quedar en duda que la gran masa de los israelíes se cree amenazada por la hostilidad árabe. Es evidente que algunas declaraciones árabes “sedientas de sangre” sobre “borrar a Israel del mapa” hicieron que se les pusiera la piel de gallina a los Israelíes. Atormentados por los recuerdos de la tragedia judía en Europa, los israelíes se sienten aislados y rodeados por ‘multitudes’ de millones de personas en un mundo árabe hostil.
Nada resultó más fácil para sus propios propagandistas, con la ayuda de las amenazas verbales árabes, que amplificar el miedo de otra ‘solución final’ amenazante contra los judíos, esta vez en Asia. Evocando mitos bíblicos y todos los antiguos símbolos religioso-nacionales de la historia judía, los propagandistas azuzaron ese frenesí de beligerancia, arrogancia y fanatismo, del cual los israelíes dieron tan sorprendentes exhibiciones mientras corrían hacia el Sinaí y el Muro de las Lamentaciones y hacia Jordán y las murallas de Jericó.
Detrás del frenesí y la arrogancia yacía el reprimido sentimiento de culpa de Israel para con los árabes, el sentimiento de que los árabes nunca olvidarían ni perdonarían los golpes que Israel les había infligido: la confiscación de sus tierras, lo sufrido por un millón o más de refugiados y las repetidas derrotas y humillaciones militares. Medio enloquecidos por el miedo a la venganza árabe, los israelíes, en su abrumadora mayoría, han aceptado la ‘doctrina’ que es la base de la política de su gobierno, la ‘doctrina’ que sostiene que la seguridad de Israel reside en las guerras periódicas que, cada cuantos años, debe reducir a los Estados árabes a la impotencia.
Puesto de avanzada de Occidente en el Medio Oriente
Pero cualesquiera que sean sus motivos y temores, los israelíes no son agentes independientes. Hasta cierto punto los elementos de la dependencia de Israel fueron ‘incorporados’ en su historia a lo largo de dos décadas. La apuesta de todos los gobiernos israelíes por la existencia de Israel se basa en la ‘orientación al occidente’. Eso por sí solo basta para convertir a Israel en un puesto de avanzada occidental en el Medio Oriente, y para involucrarlo de esa manera en el gran conflicto entre el imperialismo (o el neocolonialismo) y los pueblos árabes que luchan por su emancipación.
Otros factores también han estado en juego. Para su tenue equilibrio y crecimiento la economía de Israel ha dependido de la ayuda financiera sionista del extranjero, especialmente de las donaciones estadounidenses. Estas donaciones han sido una maldición disfrazada para el nuevo estado. Le han permitido al gobierno administrar su balanza de pagos como ningún otro país del mundo puede hacerlo sin tener que participar en ningún comercio con sus vecinos. Esto ha distorsionado la estructura económica de Israel alentando el crecimiento de un sector grande e improductivo y un nivel de vida que no está relacionado con la productividad y los ingresos del país.
De hecho, Israel ha vivido muy por encima de sus posibilidades. Durante muchos años, casi la mitad de los alimentos en Israel fueron importados de Occidente. Como la administración de Estados Unidos exime de impuestos las ganancias y los beneficios destinados a donaciones para Israel, Washington ha tenido su mano en los fondos de los cuales depende la economía de Israel. En cualquier momento Washington podría golpear a Israel eliminando la exención de impuestos (aunque esto le haría perder el voto judío en las elecciones). La amenaza de tal sanción, nunca pronunciada pero siempre presente, y ocasionalmente insinuada, ha sido suficiente para alinear firmemente la política israelí con la de Estados Unidos.
Hace años, cuando visité Israel, un alto funcionario israelí me enumeró las fábricas que no podían construir debido a las objeciones estadounidenses, entre ellas las acerías y plantas para producir maquinaria agrícola. Por otro lado, había una lista de fábricas prácticamente inútiles que producían cantidades fantásticas de utensilios de cocina de plástico, juguetes, etc. Ninguna administración israelí podía sentirse libre de considerar seriamente la necesidad vital y a largo plazo que tiene Israel de comerciar y estrechar lazos económicos con sus vecinos árabes o de mejorar sus relaciones económicas con la URSS y Europa del Este.
Un espíritu de exclusividad y superioridad racial
La dependencia económica también ha afectado la política interna y el ‘ámbito cultural’ de Israel de otras maneras. El donador norteamericano es el más importante inversor extranjero que opera en la Tierra Santa. Un judío estadunidense rico, un ‘hombre de negocios cosmopolita’ entre sus asociados y amigos no judíos en Nueva York, Filadelfia o Detroit, en el fondo se siente orgulloso de ser miembro del Pueblo Elegido, y en Israel ejerce su influencia a favor del oscurantismo religioso y la reacción.
Apasionado creyente en la libre empresa, ve con ojos hostiles incluso el tenue ‘socialismo’ de la Histadrut[6] y los kibutzim,[7] y ha puesto su granito de arena para domarlo. Sobre todo, ha ayudado a los rabinos a mantener su dominio absoluto sobre la legislación y gran parte de la educación; para así mantener vivo el espíritu de exclusividad y superioridad talmúdico-racial. Todo esto ha alimentado e inflamado el antagonismo hacia los árabes.
La guerra fría[8] dio un gran impulso a las tendencias reaccionarias y exacerbó el conflicto árabe-judío. Israel se ha dedicado firmemente al anticomunismo. Es cierto que la política de Stalin en sus últimos años, los brotes de antisemitismo en la URSS, los temas antijudíos en los juicios de Slansky, Rajk y Kostov,[9] y el estímulo soviético incluso de las formas más irracionales del nacionalismo árabe, todos comparten cierta responsabilidad en la actitud de Israel.
Sin embargo, no hay que olvidar que Stalin había sido el padrino de Israel; que fue con municiones checoslovacas, suministradas por orden de Stalin, que los judíos habían luchado contra el ejército de ocupación británico — y los árabes — en 1947 y 48; y que el enviado soviético fue el primero en votar a favor del reconocimiento del Estado de Israel por parte de las Naciones Unidas. Podría decirse que el cambio de actitud de Stalin hacia Israel fue en sí mismo una reacción al alineamiento de Israel con Occidente. Y en la era post-Stalin los gobiernos israelíes han persistido en ese alineamiento.
La hostilidad irreconciliable a las aspiraciones árabes de emanciparse de Occidente se convirtió así en el axioma de la política israelí. De ahí el papel de Israel en 1956, en la guerra de Suez. Los ministros socialdemócratas de Israel, al igual que los colonialistas occidentales, han adoptado una razón de Estado que considera como muy sabio el mantener a los árabes atrasados y divididos y contraponer el hachemita reaccionario[10] y otros elementos feudales a las fuerzas Republicanas nacional-revolucionarias.
Israel se prepara para invadir a sus vecinos árabes
A principios de este año, cuando parecía que un levantamiento republicano o un golpe de Estado podrían derrocar al rey Hussein, el gobierno del Sr. Eshkol[11] no trató de ocultar que, en caso de un ‘golpe nasserista’ en Ammán, las tropas israelíes marcharían hacia Jordania. Y como preludio a los acontecimientos del pasado mes de junio Israel adoptó una actitud amenazadora hacia el nuevo régimen de Siria, al que denunció como ‘nasserista’ o incluso ‘ultranasserista’ (ya que el gobierno sirio parecía ser un poco más antiimperialista y radical que el de Egipto).

¿Planeaba Israel, de hecho, atacar a Siria en algún momento en mayo, como creían los servicios de inteligencia soviéticos y como Moscú le advirtió a Nasser? No lo sabemos. Fue como resultado de esa advertencia, y con el apoyo soviético, que Nasser ordenó la movilización y concentración de tropas en la frontera del Sinaí. Si Israel planeaba algo así, la decisión de Nasser podría haber retrasado el ataque a Siria unas semanas. Si Israel no tenía tal plan, su comportamiento le prestaba a sus amenazas contra Siria el tipo de verosimilitud que las amenazas árabes tenían a los ojos de Israel.
En cualquier caso, los gobernantes de Israel estaban bastante seguros de que su agresividad ante Siria o Egipto contaría con la simpatía de Occidente y les traería una recompensa. Su decisión de dar el golpe preventivo del 5 de junio se basó en un cálculo de ese tipo.[12]
Tenían la certeza absoluta del apoyo moral, político y económico de Estados Unidos y, hasta cierto punto, de Gran Bretaña. Sabían que podían contar con la protección diplomática estadounidense o, al menos, con la indulgencia oficial estadounidense sin que importara hasta qué punto llegaran en el ataque contra los árabes. Y no se equivocaron.
La Casa Blanca y el Pentágono no podían dejar de apreciar a aquellos hombres que, por razones propias, estaban dispuestos a aplastar a los enemigos árabes del neocolonialismo estadounidense. El general Dayan[13] actuaba como una especie de Mariscal Ky[14] del Medio Oriente, y parecía estar haciendo su trabajo con una velocidad, eficiencia y crueldad sorprendentes. Era, y es, un aliado mucho más barato y mucho menos vergonzoso que Ky.
(Esta fue la primera de cuatro partes. El resto puede encontrarse en la Parte 2, la Parte 3 y la Parte 4).
NOTAS
[1] La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, a menudo abreviada como Unión Soviética) fue creada en los años posteriores a la revolución rusa de 1917, y fue la primera revolución socialista exitosa. Posteriormente, la revolución degeneró, y una casta burocrática liderada por Iósif Stalin comenzó a gobernar la URSS. (León Trotsky, uno de los líderes centrales de la revolución, explica las razones de esta degeneración en La revolución traicionada.) La Unión Soviética fue disuelta en diciembre de 1991 y posteriormente se restableció el capitalismo en la antigua URSS.
[2] Kwame Nkrumah fue primer ministro de Ghana después de que el país declarara su independencia del colonialismo británico en 1957. Fue depuesto en un golpe de Estado en 1966.
[3] En un golpe militar en 1965, el general Suharto derrocó al gobierno de Indonesia encabezado por el presidente Sukarno. La brutal represión anticomunista que vino después causó al menos 500 mil muertos (algunos cálculos alcanzan 1,2 millones). Suharto permaneció en el poder más de 30 años. Antes del golpe, el Partido Comunista de Indonesia era el tercero más grande del mundo con varios millones de miembros. En 2017, la agencia Associated Press informó que se habían publicado documentos previamente clasificados por Estados Unidos que confirman que Washington apoyó el golpe, la masacre posterior, y el nuevo gobierno represivo.
[4] El 21 de abril de 1967 un grupo de coroneles en Grecia derrocó a un gobierno provisional, un mes antes de las elecciones nacionales donde el partido favorito era la Unión Centrista de Yorgos Papandreu. La década antes del golpe se caracterizó por un auge laboral y la radicalización de la juventud. La junta militar permaneció en el poder durante siete años. La dictadura respaldada por Estados Unidos se caracterizó por un anticomunismo extremo, la restricción de derechos democráticos y el encarcelamiento, la tortura, los asesinatos y el exilio generalizados de los opositores políticos.
[5] La guerra de Suez en 1956 se refiere a la invasión israelí de Egipto y la Franja de Gaza, a la que el Reino Unido y Francia se unieron rápidamente, tras la nacionalización del Canal de Suez por parte del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. Posteriormente los invasores se retiraron y Egipto retuvo la propiedad del canal.
[6] Histadrut es la Federación General de Trabajadores de la Tierra de Israel.
[7] Los kibutzim son pequeñas ciudades israelíes históricamente centradas en granjas colectivas.
[8] La “guerra fría” se refiere al período posterior al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos y otras potencias imperialistas se sintieron incapaces de llevar a cabo una agresión militar abierta contra la URSS y sus aliados en Europa del Este con el fin de derrocar a los estados obreros en esos países y restablecer el capitalismo. Este período, sin embargo, estuvo marcado por una serie de guerras verdaderas, como la guerra de Corea y la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.
[9] Rudolf Slánský, László Rajk y Traicho Kostov fueron víctimas de juicios amañados orquestados por los regímenes estalinistas en Checoslovaquia, Hungría y Bulgaria a fines de la década de 1940 y principios de la de 1950.
[10] La Casa de Hashim se refiere a la familia real que gobernaba Jordania, liderada de 1952 a 1999 por el rey Hussein.
[11] Levi Eshkol fue primer ministro de Israel de 1963 a 1969.
[12] La Guerra de los Seis Días comenzó con la invasión israelí de Egipto el 5 de junio de 1967.
[13] Moshe Dayan, un destacado líder militar en el naciente ejército del país, fue ministro de Defensa de Israel durante la Guerra de los Seis Días.
[14] Nguyễn Cao Kỳ fue jefe de la fuerza aérea de Vietnam del Sur y luego dirigió una junta militar de 1965 a 1967.
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