Tres cuartas partes de la superficie terrestre están cubiertas de agua, una extensión tan vasta y profunda, el poder de las mareas y las olas tan inmenso, que cuesta imaginar que nosotros, criaturas diminutas, pudiéramos tener algún impacto sobre ella.
Pero la última novela de Syd Stapleton ofrece un retrato escalofriante del daño ya causado a los océanos — y la destrucción que continúa — por parte de los humanos, el resultado de la codicia de las empresas y los gobiernos que las sirven. Millones de toneladas de subproductos del petróleo y millones de galones de aguas residuales cada año; un camión de basura lleno de plástico cada día y toneladas de metales pesados procedentes de residuos industriales; 200,000 barriles de residuos radiactivos en el fondo del Atlántico Norte…la lista sigue.