Arte y Cultura

Artistas y personal se resisten a la toma del Centro Kennedy por parte de Trump



Por Yvonne Hayes

El 29 de diciembre de 2025, el supergrupo de jazz The Cookers canceló su concierto de Nochevieja en el Centro Kennedy para las Artes Escénicas en Washington, D.C.

El músico Chuck Redd ya había anunciado que había canncelado su concierto anual de Nochebuena. La cantante de música folk de Alabama, Kristy Lee, anunció que se retiraba de una actuación programada para enero. Y la compañía neoyorquina Doug Varone and Dancers canceló dos funciones programadas para abril.

Estas cancelaciones se produjeron justo después de que el nombre del presidente estadounidense Donald Trump fuera añadido sobre el del expresidente John F. Kennedy en la fachada del edificio. Originalmente era llamado el Centro Cultural Nacional, pero en 1964 el recinto fue renombrado por una ley del Congreso tras el asesinato de Kennedy.

Este último cambio de nombre por parte de la junta instalada por Trump —que cambió el nombre al Trump Kennedy Center— llegó por orden del presidente. Trump se nombró a sí mismo como presidente de la junta directiva del centro en febrero de 2025, poco después de su investidura, y destituyó inmediatamente a 18 miembros de la junta, sustituyéndolos por sus seguidores.

Trabajadores modifican el rótulo del Centro Memorial para las Artes Escénicas John F. Kennedy el 19 de diciembre de 2025, en Washington, DC, añadiendo el nombre de Donald J. Trump. (Foto: Heather Diehl/Getty Images)

Los artistas que se niegan a aceptar la forma en que la derecha ha tomado control de esta institución cultural están dando un ejemplo muy necesario de resistencia a la trayectoria de la administración Trump.

“El jazz nació de la lucha y de una insistencia implacable en la libertad: libertad de pensamiento, de expresión y de la plena voz humana”, dice el aviso de cancelación en el sitio web de The Cookers. “Algunos de nosotros llevamos muchas décadas haciendo esta música, y esa historia todavía nos define”.

El saxofonista de The Cookers, Billy Harper, fue más explícito. “Ni siquiera consideraría actuar en un local que lleve un nombre … que representa el racismo abierto”, dijo. “Después de todos los años que pasé trabajando con algunos de los más grandes héroes de la lucha antirracista como Max Roach, Randy Weston, Rahsaan Roland Kirk y Stanley Cowell, sé que darían vueltas en sus tumbas si me vieran subir a un escenario en tales circunstancias y traicionar todo por lo cual hemos luchado y nos hemos sacrificado”.

Doug Varone dijo que su compañía de baile se enfrenta a una pérdida de 40 mil dólares como resultado de su decisión. Le dijo al New York Times que esto “Es devastador desde el punto de vista financiero, pero también moralmente apasionante”.  

Kristy Lee publicó en las redes sociales: “Cuando empiezan a tratar la historia de Estados Unidos como algo que puede prohibirse, ser borrado, o que pueden cambiar el nombre o la imagen para el ego de otra persona, no puedo aparecer en ese escenario y dormir tranquila”.

La marcha hacia el gobierno de un solo hombre, remodelando la cultura

Refiriéndose a la autoproclamación de Trump como nuevo presidente del Kennedy Center for the Performing Arts el pasado febrero, un artículo en Panorama-Mundial señalaba: “Sería un error desestimar, o minimizar, esta toma de control de una institución cultural. El propósito fue anunciar dramáticamente el establecimiento del gobierno de un solo hombre en todos los ámbitos de la vida de la nación”.

La instalación del nuevo rótulo no es solo un ejemplo del uso del poder gubernamental para alimentar el ego del presidente en funciones, es otro paso más en esa marcha hacia la autocracia. Los múltiples cambios en el Kennedy Center durante el último año son un paso hacia el rediseño de las normas culturales en Estados Unidos, que han experimentado importantes cambios en el último medio siglo — lo que Trump llama la “cultura woke”. Trump publicó en las redes sociales que su toma de poder traería una “EDAD DE ORO de las Artes y la Cultura Americanas” y garantizaría que no habría más “PROPAGANDA ANTIAMERICANA”.

En una protesta frente al centro cultural en febrero de 2025, la bailarina y educadora Kelly King declaró a National Public Radio (NPR) que la oferta de la danza en el Kennedy Center se ha históricamente se ha enfocado principalmente en “el ballet clásico y una programación muy blanca o de origen europeo”. Pero en la última década, dijo, hubo un cambio para incluir “muchas más obras contemporáneas y algunas ofertas de danza poco conocidas que ofrecen tanto a artistas como al público la oportunidad de ampliar sus horizontes. Y eso ha sido realmente emocionante y alentador”.

Manifestantes protestan contra la decisión de la junta designada por Trump de añadir su nombre al Kennedy Center. (Foto: Julia Demaree Nikhinson/AP)

Desde sus inicios, la recién creada junta del Centro Kennedy indicó que “revisaría” la programación que consideran que no refleja las normas culturales defendidas por la administración Trump. Se cancelaron eventos, presionaron a los artistas para que modificaran su trabajo, y empleados fueron despedidos.

Philippa Pham Hughes, artista residente del Kennedy Center que estaba en medio de prepararse para presentar Saigon by Night [Saigón por la noche], un espectáculo de estilo cabaret, le dijo a NPR que un miembro del personal le indicó que eliminara o modificara una secuencia que incluía elementos de performance drag [donde se juega con los roles de género]. Hughes se negó, lo que llevó al Kennedy Center a pronunciar que Saigon by Night había sido “cancelada por artista”.

“Quería presentar a artistas vietnamitas-americanos en el escenario del Centro Kennedy”, declaró Hughes. “Así que duele que digan que querría cancelarlo. Ellos lo cancelaron”.

‘Imagina la inspiración misma como un derecho constitucional’

En marzo de 2025, el Centro Kennedy comenzó a desmantelar su iniciativa de Impacto Social, despidiendo a siete de sus 10 miembros sin previo aviso y eliminando las referencias al trabajo de ese equipo de la página web del centro. La iniciativa de Impacto Social se había enfocado en ofrecer programas que pudieran llegar a comunidades locales que carecen de acceso a recursos culturales y en atraer a jóvenes y a un público nuevo y diverso.

“¿Cómo accedes a la promesa americana si no tienes acceso al impulso de la creatividad?” preguntó Marc Bamuthi Joseph, director artístico de Social Impact. “Como el centro cultural de la nación, el Centro Kennedy tiene la obligación de hacerse esa pregunta cada día… Nuestro tarea en Impacto Social era ampliar nuestro alcance cultural e imaginar que la inspiración misma es un derecho constitucional que se le ha otorgado a TODO el pueblo de esta nación”. El propio Joseph fue despedido tras la decisión de eliminar el programa.

Sin embargo, incluso cuando la administración Trump y la junta directiva del Kennedy Center han empujado en una dirección, han encontrado resistencia. Artistas como la cantante y compositora Rhiannon Giddens han cancelado conciertos programados. Hay personal clave que ha dimitido, entre ellos la soprano Renee Fleming, que fue asesora artística del Centro, y Shonda Rhimes, que ejerció como tesorera. Lin-Manuel Miranda, director de la obra musical Hamilton, canceló la nueva puesta en escena de la producción planeada para 2026. “Esta último acto de Trump significa que ya no es el Centro Kennedy tal y como lo conocíamos”, dijo Miranda. “El Centro Kennedy no fue creado en ese espíritu y … simplemente no vamos a tomar parte”.

También ha habido rechazo del público. Un análisis de ventas de las entradas por el Washington Post reveló que nueve meses después de la toma de control de la institución por parte de Trump, solo se han vendido el 57% de los asientos para los eventos, en comparación con el 93% en el otoño de 2024 y el 80% el año anterior. La producción anual de “El Cascanueces” vendió apenas 10 mil entradas en siete funciones, una caída de aproximadamente un 33% respecto a las aproximadamente 15 mil entradas vendidas anualmente para las producciones de 2001 a 2024.

Las protestas en el Kennedy Center por parte de artistas, empleados y partidarios de la libertad artística siguen desde que se anunció por primera vez la toma de poder de Trump. A veces, estas protestas son en sí mismas arte performativo, piquetes bailando — o bailarines haciendo piquetes — frente a la entrada principal del edificio.

Artistas bailan frente al Centro Kennedy en Washington, D.C., el 18 de febrero de 2025. El baile formó parte de una protesta contra el nuevo liderazgo bajo el presidente Trump. (Foto: David Dowling / NPR)

“Este edificio pertenece al pueblo estadounidense, y esta gente lo sabe”, dijo Mallory Miller, refiriéndose a los 100 manifestantes reunidos frente al Centro Kennedy el 22 de diciembre. Ella forma parte del grupo Hands Off the Arts [Manos fuera de las artes], que organizó la acción.

El personal del Kennedy Center lanza una campaña sindical

Miller solía trabajar en la institución cultural, le dijo a NBC News. “Me despidieron por organizar mi sindicato en agosto, y desde entonces he estado organizando a la comunidad para recuperar el Centro Kennedy de manos de la administración Trump”, dijo.

La campaña por el reconocimiento sindical se inspiró en la reacción a las amenazas de su nuevo jefe. “De la noche a la mañana, el personal del Centro Kennedy pasó de estar empleado por una persona normal a ser empleado por el Presidente de Estados Unidos”, explicó Miller.

El 15 de mayo de 2025, los empleados administrativos anunciaron públicamente que estaban buscando sindicalizarse al presentar una petición ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales. Intentan organizar entre 130 y 170 empleados en programación, educación, marketing y desarrollo en el Centro Kennedy, así como trabajadores administrativos en la Opera Nacional de Washington y la Orquesta Sinfónica Nacional. Alrededor del 60% de estos trabajadores habían firmado tarjetas de autorización sindical el día en que se presentó la petición, según el Hollywood Reporter.

La página web de los Trabajadores Unidos de las Artes del Centro Kennedy (KCUAW por sus siglas en inglés) proclama: “El 12 de febrero de 2025, la junta directiva del Kennedy Center fue despojada de su estructura bipartidista. Nuestra reputación como profesionales del arte fue cuestionada y nos amenazaron con la censura. Al instante … la confianza desapareció. Ya no creemos que nuestra institución confíe en nosotros y ya no confiamos en nuestra institución”.

“Exigimos condiciones transparentes y coherentes para contratos y despidos, un retorno a las normas éticas, libertad de interferencias partidistas en la programación, protecciones de la libertad de expresión, y el derecho a negociar los términos de nuestro empleo”, declaró un portavoz de KCUAW en un comunicado. El grupo colabora con el sindicato nacional United Auto Workers.

La combinación de la lucha por defender la libertad de expresión y la expresión artística con los derechos de los trabajadores en el Centro Kennedy puede ser una combinación poderosa. Los artistas, empleados y miembros de la comunidad que se unen e intentan encontrar puntos en común con otros para actuar en un frente unido están dando otro ejemplo de resistencia a la trayectoria de la administración Trump hacia el gobierno de un solo hombre. Es un ejemplo que merece ser emulado.


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