Nada ilustra mejor la criminalidad, hipocresía y brutalidad de la guerra económica de Washington contra Cuba que su impacto en el sistema nacional de salud de la isla, de cobertura universal, y en su altamente avanzado sector biotecnológico. Y las consecuencias pueden sentirse mucho más allá de las costas cubanas, en países de todo el mundo. Cuando la Revolución Cubana derrocó la dictadura respaldada por Estados Unidos de Fulgencio Batista en 1959 y rompió el control de la clase capitalista en la isla, una de las primeras prioridades fue usar parte de la riqueza del país, que antes iba a las finanzas del dictador y sus secuaces, y dirigirla hacia la salud del pueblo. Ese progreso está ahora amenazado, junto con la vida del pueblo cubano y de otros a nivel internacional que dependen de tratamientos y medicamentos de la isla que cambian vidas, como detalla el artículo que sigue.