Nada ilustra mejor la criminalidad, hipocresía y brutalidad de la guerra económica de Washington contra Cuba que su impacto en el sistema nacional de salud de la isla, de cobertura universal, y en su altamente avanzado sector biotecnológico. Y las consecuencias pueden sentirse mucho más allá de las costas cubanas, en países de todo el mundo.
Cuando la Revolución Cubana derrocó la dictadura respaldada por Estados Unidos de Fulgencio Batista en 1959 y rompió el control de la clase capitalista en la isla, una de las primeras prioridades fue usar parte de la riqueza del país, que antes iba a las finanzas del dictador y sus secuaces, y dirigirla hacia la salud del pueblo.
Los cubanos tuvieron tanto éxito en la formación de médicos, en establecer un sistema basado en la atención preventiva y la construcción de una infraestructura para atender a la población de la isla, que pudieron extender ayuda médica desinteresada por todo el mundo. Cuba se hizo conocida mundialmente no solo por sus logros en la protección de la salud y la prolongación de la vida de su propio pueblo, sino por salvar vidas en decenas de países.
Ese progreso está ahora amenazado, junto con la vida del pueblo cubano y de otros a nivel internacional que dependen de tratamientos y medicamentos de la isla que cambian vidas, como detalla el artículo que sigue. Apareció por primera vez en la edición de abril de 2026 de la revista estadounidense Science.
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Science, Vol 392, Número 6793, abril de 2026
El bloqueo estadounidense golpea la salud y la ciencia de Cuba
Los hospitales y los investigadores luchan por hacer frente a largos apagones y escasez de suministros
Por Richard Stone

Los científicos cubanos son conocidos por su ingenio ante la adversidad. A lo largo de los años, a medida que las sanciones estadounidenses junto con la mala gestión gubernamental han agravado los problemas económicos de la isla, Kale León Monzón y sus colegas del Centro de Inmunología Molecular (CIM) en La Habana continuaron desarrollando y produciendo anticuerpos monoclonales y proteínas recombinantes, recurriendo a soluciones ingeniosas, como adaptar instrumentación antigua y lo que él denomina “métodos no tradicionales” de importar reactivos.
Pero meses después del comienzo de un bloqueo petrolero de facto impuesto por Estados Unidos, el director de investigación y desarrollo del CIM está al límite. Cortes de luz paralizantes y un sistema de transporte colapsado han obligado a León Monzón a suspender ocho de los 10 ensayos clínicos actuales del CIM. “No hemos tenido más remedio que priorizar”, afirma.
La espiral descendente de Cuba se aceleró en enero, después de que la captura estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro cortó el flujo de petróleo del principal benefactor cubano. (En el momento de publicación de Science, Estados Unidos señaló que permitiría que un petrolero ruso lleno de crudo llegara a Cuba esta semana.)[1] El gobierno de EE. UU. espera que la crisis finalmente desaloje al régimen comunista de la isla. “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo el presidente estadounidense Donald Trump a los periodistas el mes pasado. La ciencia cubana es un daño colateral. “Hay un esfuerzo por degradar todo lo que Cuba ha logrado en educación y ciencia, y enviarnos de vuelta a la Edad de Piedra”, dice Mitchell Valdés Sosa, director del Centro de Neurociencias de Cuba.
Los cortes de electricidad a nivel nacional que duran 20 o más horas al día obligan a los médicos a hacer triaje y pone las vidas en riesgo. En el Hospital Hermanos Ameijeiras de La Habana, “recibimos los casos neuroquirúrgicos más complejos del país”, dice el neurocirujano Marlon Manuel Ortiz Machín. “Las cirugías no deben detenerse; a veces son la última oportunidad de un paciente.” Sin embargo, se ha quedado “en la oscuridad” durante operaciones complejas. “Solo puedes rezar hasta que el generador vuelva a encenderse.”
Gail Reed, voluntaria de la organización estadounidense MEDICC que estuvo en La Habana la semana pasada, teme que el sistema de salud cubano esté al borde del colapso. “Los hospitales se están quedando sin suministros. Es desgarrador e inconcebible”, afirma. Con el aumento de la mortalidad infantil en Cuba, MEDICC está “intentando proteger a las mujeres con embarazos de alto riesgo” instalando paneles solares en los hogares maternos, según Reed.
“Estamos viendo desnutrición, gente perdiendo peso”, dice Angela García, directora ejecutiva de Global Links, una organización sin ánimo de lucro con sede en Pittsburgh. El mes pasado, al volar hacia La Habana, dice: “lo primero que noté fue un olor punzante” proveniente de montones de basura quemada que no se ha recogido debido a la escasez de combustible.
El daño al reconocido sector biotecnológico cubano podría tener un impacto desproporcionado en la salud y la economía. Las 51 empresas que conforman BioCubaFarma, una entidad gubernamental, producen decenas de medicamentos, vacunas y reactivos, muchos de los cuales se exportan a 77 países. Un compuesto de gran repercusión es CIMAvax-EGF, un tratamiento de inmunoterapia contra el cáncer de pulmón que tuvo resultados positivos en los primeros ensayos clínicos en EE. UU., realizados en colaboración con el Roswell Park Comprehensive Cancer Center en Buffalo, Nueva York.
Durante la pandemia de COVID-19, el CIM trabajó en conjunto con el Instituto Finlay de Vacunas en La Habana para producir la vacuna cubana Soberana, que actúa contra la proteína ‘Spike’ (espiga) del virus y que demostró ser eficaz. Los productores cubanos de vacunas están “entre los mejores expertos del mundo”, afirma Fabrizio Chiodo, inmunólogo del Instituto de Química Biomolecular cerca de Nápoles, Italia, que ayudó a diseñar Soberana.
Los éxitos llegaron a pesar de sanciones de larga data que dificultaban que los laboratorios cubanos obtuvieran equipos y suministros fabricados en EE. UU. o que contuvieran un 10% o más de componentes fabricados en EE. UU. Durante el primer mandato de Trump, Estados Unidos intensificó las medidas, entre ellos, añadiendo a Cuba a la lista de patrocinadores estatales del terrorismo. “Algunas empresas que fueron nuestros proveedores de laboratorio durante 50 años se vieron obligadas a dejar de tratar con nosotros”, dice Vicente Verez Bencomo, jefe de vacunas en el Instituto Finlay.
Las colaboraciones internacionales están en declive y los fondos de investigación del extranjero se han evaporado en gran medida. “Estados Unidos ha logrado recortar casi todas las fuentes de nuestros ingresos”, dice Valdés Sosa. Las principales organizaciones filantrópicas ahora excluyen a Cuba; la Fundación Gates, por ejemplo, tiene una política antiterrorista que prohíbe el gasto en Cuba.

Las aerolíneas, que ya no pueden reabastecerse en la isla, han cancelado muchos vuelos. “Así exportábamos nuestras vacunas”, dice Verez Bencomo. Algunos envíos continúan por rutas que él se negó a comentar por miedo a que las autoridades estadounidenses intervinieran. “Cada vez que encontramos una solución a un problema, tras una o dos semanas se bloquea”, dice Valdés Sosa.
Por muy sombrío que esté el ambiente, los laboratorios clave mantienen un pulso científico. Muchos han instalado paneles solares para complementar los generadores de respaldo y mantener el equipo en funcionamiento. Para hacer frente al racionamiento de combustible, “estamos tomando las lecciones aprendidas durante la COVID y haciendo que la gente trabaje desde casa”, dice Valdés Sosa. Finlay compró bicicletas eléctricas para el personal que tiene que viajar largas distancias a su casa.
Mientras tanto, el CIM continúa un ensayo clínico de fase 3 con 400 pacientes en La Habana para NeuroEPO plus, una eritropoyetina humana recombinante que es un posible tratamiento para la enfermedad de Alzheimer. En modelos ratoniles, el fármaco redujo la inflamación cerebral y la muerte neuronal, y en un ensayo clínico anterior en Cuba, mejoró la función cognitiva en personas con Alzheimer leve a moderado, según informó el equipo en 2023 en Alzheimer’s Research & Therapy.
Y CIM sigue adelante con un ensayo, lanzado en enero, de un anticuerpo que inhibe una proteína de control inmunitario; estos fármacos han transformado el tratamiento de algunos cánceres en países desarrollados, y son demasiado caros para que Cuba los importe. “Hay una enorme demanda por parte de los médicos cubanos para que este fármaco llegue a los pacientes lo más rápido posible”, dice León Monzón.
Los científicos cubanos esperan preservar lo que puedan hasta que lleguen tiempos mejores. Verez Bencomo está centrando las energías de Finlay en la producción de vacunas a costa de la investigación, y está pidiendo a colegas en el extranjero si pueden ofrecer refugios a algunos científicos para mantener los proyectos a flote. “El futuro de nuestro instituto”, dice, “depende de esto.”
NOTAS
[1] El 31 de marzo de 2026, un Petrolero ruso se convirtió en el primero en romper el bloqueo estadounidense en tres meses, entregando más de 700,000 galones de petróleo a la isla.
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Categories: Cuba/Solidaridad con Cuba