El artículo a continuación apareció por primera vez en inglés en la edición del 8 de marzo de 2025 de la revista Jacobin. Panorama-Mundial lo publica de nuevo con el amable permiso de la autora, Helen Yaffe, profesora titular de la Universidad de Glasgow, Escocia, y autora de muchos libros sobre la Revolución Cubana.
Como señala Yaffe, recientemente Washington anunció nuevas sanciones destinadas a socavar las misiones médicas internacionalistas de Cuba.
Cuba tiene un historial incomparable de brindar ayuda médica desinteresada en todo el mundo, especialmente en países semicoloniales. Durante el primer año de la pandemia de Covid-19, por ejemplo, Cuba respondió a llamadas de ayuda de todo el mundo, enviando 57 brigadas de especialistas médicos de su Contingente Internacional Henry Reeve, brindando tratamiento a 1.26 millones de pacientes con Covid-19 en 40 países, entre ellas naciones mucho más ricas, como Italia. Los médicos cubanos han ayudado a combatir la epidemia de ébola en África y han tratado a víctimas de terremotos en Haití y en Pakistán.
En la actualidad, más de 24 mil médicos cubanos prestan servicios en unos 60 países por todo el mundo.
El gobierno de Estados Unidos denuncia regularmente las misiones médicas cubanas como “tráfico de personas” y ha pedido a otros países que dejen de aceptarlas.
Con la meta de socavar las misiones médicas internacionales de Cuba, el 25 de febrero el gobierno de Estados Unidos anunció la expansión de restricciones de visados, amenazando a funcionarios gubernamentales de los países receptores con perder su acceso a suelo estadounidense. Las personas que participan en las misiones médicas de Cuba, incluso funcionarios cubanos y los de otros gobiernos y sus familiares, podrían ser blanco de ataques.
“En una postura desafiante que se hace eco de las luchas históricas de la región por la soberanía, los líderes caribeños rechazan las amenazas del Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, de revocar las visas de los funcionarios que apoyan el programa de misiones médicas de Cuba, con varios primeros ministros declarando que preferirían perder su acceso a suelo estadounidense antes que comprometer la atención médica para sus ciudadanos”, informó un artículo del 11 de marzo de WiredJA.
“Preferiría perder mi visa estadounidense a que mueran 60 personas pobres y trabajadoras”, dijo el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, refiriéndose a los tratamientos de diálisis que los médicos cubanos brindan a pacientes en su nación.
En un reciente evento público, el primer ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, se mostró igualmente desafiante. “Acabo de regresar de California, y si nunca vuelvo allí en mi vida, me voy a asegurar de que la soberanía de Trinidad y Tobago sea conocida por su pueblo y respetada por todos”, dijo Rowley entre aplausos.
La ministra de Relaciones Exteriores de Jamaica, Kamina Johnson Smith, señaló en una reciente conferencia de prensa que su isla alberga a más de 400 profesionales médicos cubanos, entre ellos médicos, enfermeras, ingenieros biomédicos y técnicos, cuyos servicios son “de importancia para nuestro sistema de atención médica”.
“Tenemos una asociación legítima con el gobierno y el pueblo de Cuba que durante varias décadas han brindado apoyo al pueblo de Granada en el campo de la medicina”, declaró el primer ministro de Granada, Dickon Mitchell. “Continuaremos apoyando y defendiendo esa asociación”.
El artículo de Yaffe esboza los hechos esenciales sobre los programas médicos internacionalistas de Cuba. También expone la hipocresía y la crueldad de la creciente campaña estadounidense destinada a empañar el ejemplo revolucionario de Cuba y socavar sus misiones médicas, aunque eso pueda costar innumerables vidas.
Panorama-Mundial publica el artículo que sigue para información de nuestros lectores. El título y el texto han sido tomados del original. La nota al final es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Por Helen Yaffe
Estados Unidos tacha el internacionalismo médico cubano como “tráfico de personas”, pero en realidad constituye un salvavidas internacionalista para el Sur Global.

El 25 de febrero, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció restricciones a los visados tanto para funcionarios del gobierno en Cuba como para cualquier otro funcionario del mundo que sea “cómplice” de los programas de asistencia médica en el extranjero de la nación isleña. Un comunicado del Departamento de Estado luego aclaró que la sanción se extiende a funcionarios “actuales y anteriores” y a la “familia inmediata de dichas personas”.
Esta acción, la séptima medida dirigida contra Cuba en un mes, tiene consecuencias internacionales; durante décadas, decenas de miles de profesionales médicos cubanos han sido enviados a unos sesenta países, mucho más que la fuerza laboral de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y en su mayoría trabajan en poblaciones desatendidas o insuficientemente atendidas en el Sur Global.
Al amenazar con negarles visas a los funcionarios extranjeros, el gobierno de Estados Unidos pretende sabotear estas misiones médicas cubanas en el extranjero. Si la medida funciona, van a sufrir millones de personas.
Rubio forjó su carrera adoptando una línea dura contra el socialismo cubano, llegando incluso a afirmar que sus padres huyeron de la Cuba de Fidel Castro, hasta que el Washington Post reveló que emigraron a Miami en 1956, durante la dictadura de Fulgencio Batista.
Como secretario de Estado de Trump, Rubio goza de una posición privilegiada para intensificar la beligerante política de Estados Unidos contra Cuba, establecida por primera vez en abril de 1960 por el subsecretario de Estado adjunto Lester Mallory: el utilizar la guerra económica contra la Cuba revolucionaria para provocar “hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
El gobierno de Estados Unidos acusa a Cuba de tráfico de personas, llegando incluso a equiparar al personal médico cubano en el extranjero con esclavos. El tuit de Rubio repitió este pretexto. El verdadero objetivo es socavar tanto el prestigio internacional de Cuba como los ingresos que recibe por la exportación de servicios médicos.
Desde 2004, los ingresos por exportaciones de servicios médicos y profesionales cubanos constituyen la mayor fuente de ingresos de la isla. Actualmente, la capacidad de Cuba de realizar un comercio internacional “normal” se ve obstaculizada por el largo bloqueo de Estados Unidos, pero el Estado socialista logró convertir sus inversiones en educación y atención sanitaria en ganancias nacionales, al tiempo que mantiene su asistencia médica gratuita al Sur Global en base a sus principios internacionalistas.
El internacionalismo médico: una característica fundamental de la política exterior cubana
Los cuatro enfoques del internacionalismo médico cubano se iniciaron a principios de la década de 1960, a pesar de que después de 1959 la mitad de los médicos de Cuba salieron del país.
- Brigadas médicas en respuesta a emergencias. En mayo de 1960, Chile fue golpeado por el terremoto más poderoso registrado hasta entonces, con miles de muertos. El nuevo gobierno cubano envió una brigada médica de emergencia con seis hospitales de campaña rurales. Esto estableció un modus operandi bajo el cual los médicos cubanos movilizan respuestas rápidas a emergencias por “desastres y enfermedades” en todo el Sur Global; desde 2005, estas brigadas se organizaron bajo el nombre de “Contingentes Internacionales Henry Reeve”. En 2017, cuando la OMS elogió a las brigadas Henry Reeve con un premio de salud pública, ya habían ayudado a 3.5 millones de personas en veintiún países. Los ejemplos más conocidos incluyen a las brigadas en África Occidental para combatir el ébola en 2014 y las de respuesta a la pandemia de COVID-19 en 2020. En un año, las brigadas Henry Reeve trataron a 1.26 millones de pacientes con coronavirus en cuarenta países, incluso en Europa Occidental.
- El establecimiento de infraestructur de salud pública en el extranjero. A partir de 1963, los médicos cubanos ayudaron a establecer un sistema de salud pública en la recién independizada Argelia. En la década de 1970, habían establecido programas integrales de salud en toda África y los habían dotado de personal. En 2014, 76 mil profesionales médicos cubanos habían trabajado en treinta y nueve países africanos. En 1998, un acuerdo de cooperación cubana con Haití se comprometió a enviar a ese país de 300 a 500 profesionales médicos cubanos, al tiempo que capacitaban a médicos haitianos en Cuba. En diciembre de 2021, más de 6 mil profesionales médicos cubanos habían salvado 429 mil vidas en el país más pobre del hemisferio occidental, realizando 36 millones de consultas. Y desde hace dos décadas, Cuba mantiene a más de 20 mil médicos en Venezuela, habiendo llegado a un máximo de 29 mil. En 2013, la Organización Panamericana de la Salud contrató a 11,400 médicos cubanos para trabajar en regiones de Brasil desatendidas y con pocos servicios. En 2015, los Programas Integrales de Salud de Cuba estaban en funcionamiento en cuarenta y tres países.
- El tratamiento de pacientes extranjeros en Cuba. En 1961, niños y combatientes heridos en la guerra en Argelia para independizarse de Francia fueron a Cuba para recibir tratamiento. Los siguieron miles de personas de todo el mundo. Se desarrollaron dos programas para tratar a pacientes extranjeros en masa: el primero es el programa “Niños de Chernóbil”, que comenzó en 1990 y duró veintiún años, durante los cuales 26 mil personas afectadas por el desastre nuclear de Chernóbil recibieron tratamiento médico y rehabilitación gratuitos en la isla, de los cuales casi 22 mil eran niños. Los cubanos cubrieron el costo, a pesar de que el programa coincidió con la grave crisis económica de Cuba conocida como el “Período Especial”[1] tras el colapso del bloque socialista. El segundo programa para tratar a pacientes extranjeros en masa fue la Operación Milagro, creada en 2004 para que los venezolanos con ceguera reversible recibieran operaciones oculares gratuitas en Cuba para recuperar su vista. Esto posteriormente se amplió a nivel regional. En 2017, Cuba gestionaba sesenta y nueve clínicas oftalmológicas en quince países en el marco de la Operación Milagro, y a principios de 2019 se habían beneficiado más de cuatro millones de personas en treinta y cuatro países.
- La formación médica para extranjeros, tanto en Cuba como en el extranjero. Es importante señalar que el Estado cubano nunca buscó fomentar la dependencia. En la década de 1960, comenzó a formar a extranjeros en sus propios países, cuando se disponía de las instalaciones adecuadas, o en Cuba, cuando no las había. En 2016, 73,848 estudiantes extranjeros de ochenta y cinco países se habían graduado en Cuba, mientras que esa nación dirigía doce escuelas de medicina en el extranjero, la mayoría en África, donde estaban matriculados más de 54 mil estudiantes. En 1999 se fundó en La Habana la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), la escuela de medicina más grande del mundo. Para 2019, se habían graduado de la ELAM 29 mil médicos de 105 países (incluso de Estados Unidos), que representaban a 100 grupos étnicos. La mitad eran mujeres y el 75 % procedía de familias de obreros o campesinos.
El costo monetario de la contribución de Cuba
Desde 1960, unos 600 mil profesionales médicos cubanos proporcionaron atención sanitaria gratuita en más de 180 países. El gobierno de Cuba asumió la mayor parte del costo de su internacionalismo médico, una enorme contribución al Sur Global, sobre todo teniendo en cuenta el impacto del bloqueo estadounidense y los propios retos de desarrollo de Cuba.
“Algunos se preguntarán cómo es posible que un país pequeño y con pocos recursos pueda llevar a cabo una tarea de esta magnitud en campos tan decisivos como la educación y la salud”, señaló Fidel Castro en 2008. Pero no dio respuesta a la pregunta. De hecho, Cuba dijo poco sobre el costo de estos programas.
Sin embargo, el investigador guatemalteco Henry Morales reformuló la solidaridad internacional de Cuba como “asistencia oficial para el desarrollo” (AOD), utilizando las tasas medias en el mercado internacional y adoptando la metodología de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), para calcular la magnitud de su contribución al desarrollo mundial y facilitar la comparación con otros donantes.
Según Morales, el valor monetario de los servicios profesionales médicos y técnicos, la AOD de Cuba, superó los 71,500 millones de dólares solo entre 1999 y 2015, lo que equivale a 4,870 millones de dólares anuales. Esto significa que Cuba dedicó anualmente el 6.6% de su PIB a la AOD, la proporción más alta del mundo. En comparación, la media europea fue del 0,39% del PIB y Estados Unidos contribuyó con solo el 0,17%. Dado que el bloqueo estadounidense le costó a Cuba entre 4 mil y 5 mil millones de dólares anuales en este periodo, sin esa carga la isla podría haber duplicado su contribución a la AOD.
Estos costos excluyen las inversiones estatales cubanas en la educación, la formación médica y la infraestructura en la propia isla. Cuba también sufre pérdidas considerables al cobrarle a los beneficiarios por debajo de las tarifas del mercado internacional o, en muchos casos, simplemente sin cobrarles en absoluto.
Los servicios médicos como exportaciones
Durante el “Período Especial” de la década de 1990, Cuba etableció acuerdos recíprocos para compartir los costos con los países receptores que podían costearlos. A partir de 2004, con el famoso programa “Médicos por petróleo” acordado con Venezuela, la exportación de profesionales médicos se convirtió en la principal fuente de ingresos de Cuba. Estos ingresos se reinvierten para prestar servicios médicos en la isla.
Sin embargo, Cuba sigue prestando asistencia médica gratuita a los países que la necesitan. En la actualidad existen diferentes contratos de cooperación, desde algunos en los que Cuba cubre todos los costos (donaciones y servicios técnicos gratuitos) hasta acuerdos de reciprocidad (con costos compartidos con el país anfitrión), pasando por la “colaboración triangulada” (asociaciones con terceros) y los acuerdos comerciales. La nueva medida anunciada por Rubio afectará a todos ellos.
En 2017, médicos cubanos operaban en sesenta y dos países; en veintisiete de ellos (el 44%), el gobierno anfitrión no pagaba nada, mientras que en los treinta y cinco restantes se compartían los costos según una escala móvil. Cuando el gobierno anfitrión paga todos los costos, lo hace a un precio inferior al que se cobra internacionalmente.
Los pagos diferenciales se utilizan para equilibrar las cuentas de Cuba, así que los servicios que le cobran a los países ricos en petróleo (Qatar, por ejemplo) ayudan a subvencionar la asistencia médica a los países más pobres. El pago por las exportaciones de servicios médicos se hace al gobierno cubano, que entrega una pequeña proporción de esos montos a los propios médicos. Esto suele ser adicional a sus salarios cubanos.
En 2018, el primer año en que la Oficina de Estadísticas Nacionales de Cuba publicó datos por separado, las “exportaciones de servicios sanitarios” aportaron 6,400 millones de dólares. Sin embargo, desde entonces los ingresos han disminuido, ya que los esfuerzos de Estados Unidos por sabotear el internacionalismo médico cubano han tenido éxito, por ejemplo en Brasil, lo que ha reducido en miles millones los ingresos a la isla.
Criminalización estadounidense del internacionalismo médico cubano
Ya en 2006, la administración de George W. Bush lanzó su Programa Médico de Libertad Condicional para inducir a los médicos cubanos a abandonar sus misiones a cambio de la ciudadanía estadounidense. Barack Obama mantuvo el programa hasta sus últimos días en el cargo, en enero de 2017. En 2019, Trump renovó el ataque, añadiendo a Cuba a su lista de Nivel 3 de países que no combaten la “trata de personas” por su internacionalismo médico. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) incluso lanzó un proyecto para desacreditar y sabotear los programas cubanos de atención médica.
En 2024, el proyecto de ley del Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos incluía desenmascarar la “trata de médicos de Cuba”, retirarle la ayuda a los “países que participan en esa forma de esclavitud moderna” y prohibir darle fondos a los laboratorios cubanos. Mientras tanto asignó 30 millones de dólares a “programas de democracia” para Cuba, nombre equivocado por referirse al cambio de régimen que Mallory planeó en 1960.
Los contratos de servicio que firman los médicos cubanos antes de ir al extranjero son, de hecho, voluntarios; y por su trabajo reciben su salario cubano habitual, más una remuneración del país que los acoge. A los voluntarios se les garantizan vacaciones y contacto con sus familias. Sean cuales sean sus motivaciones para participar, los profesionales médicos cubanos hacen enormes sacrificios personales para ofrecerse como voluntarios en el extranjero, dejando atrás a sus familias y hogares, a su cultura y comunidades, para trabajar en condiciones difíciles y a menudo arriesgadas durante meses o incluso años.
Entrevistado para nuestro documental, Cuba & COVID-19: Public Health, Science and Solidarity [Cuba y el COVID-19: salud pública, ciencia y solidaridad], el Dr. Jesús Ruiz Alemán explicó cómo un sentido de obligación moral lo llevó a ofrecerse como voluntario para el Contingente Henry Reeve. Realizó su primera misión en Guatemala en 2005, luego estuvo en África Occidental en la campaña contra el ébola en 2014 y en Italia en 2020, cuando era el epicentro de la pandemia de COVID-19. “Nunca me sentí como un esclavo, nunca”, insistió. “La campaña contra las brigadas parece ser una forma de justificar el bloqueo y las medidas contra Cuba, para dañar una fuente de ingresos para el país”.
En el mismo documental, Johana Tablada, subdirectora para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, condenó “la instrumentalización y la criminalización” del internacionalismo médico cubano que “ha causado estragos”, especialmente en países que fueron presionados a poner fin a sus alianzas con Cuba poco antes de la pandemia de COVID-19, como Brasil y Bolivia.
“La razón por la que Estados Unidos lo llama esclavitud o trata de personas no tiene nada que ver con el delito internacional de la trata de personas”. Eso es para encubrir, dice, una política de sabotaje que es “imposible de justificar ante el escrutinio público”. Los Estados Unidos no pueden decirles a las personas en los países en desarrollo que deben renunciar a los servicios médicos que brindan las brigadas cubanas “solo porque no coinciden con su política de evitar que Cuba reciba el reconocimiento y la admiración internacionales”. Y sobra decir que Estados Unidos no está ofreciendo reemplazar a los médicos cubanos con los suyos propios.
La amenaza de un buen ejemplo
El enfoque global predominante, ejemplificado por Estados Unidos, es considerar la atención médica como un recurso o producto caro que debe ser racionado a través de mecanismos de mercado. Los estudiantes de medicina “invierten” en su educación, pagan altos costos de matrícula, y se gradúan con enormes deudas. Luego buscan trabajos bien remunerados para pagar esas deudas y alcanzar un nivel de vida privilegiado. Para garantizar que los médicos estén bien remunerados, la demanda debe mantenerse por encima de la oferta.
El Foro Económico Mundial prevé un déficit de diez millones de trabajadores sanitarios en todo el mundo para 2030. Pero la inversión cubana en educación médica aumenta la oferta de profesionales a nivel mundial, amenazando así la situación de los médicos que operan bajo un sistema de mercado. Lo más importante es que el enfoque cubano elimina las barreras financieras, de clase, raza, género, religión o de cualquier otro tipo, para adherirse a la profesión médica.
Las características clave del enfoque cubano son: el compromiso con la atención sanitaria como derecho humano; el papel decisivo de la planificación y la inversión estatales para proporcionar un sistema de salud público universal sin un sector privado paralelo; la rapidez con la que se mejoró la prestación de servicios sanitarios (en la década de 1980, Cuba tenía el perfil sanitario de un país altamente desarrollado); el enfoque en la prevención por encima de la cura; y el sistema de atención primaria basado en la comunidad.
De esta manera, la Cuba socialista logró resultados sanitarios comparables a los de los países desarrollados, pero con un gasto per cápita menor: menos de una décima parte del gasto per cápita de Estados Unidos y una cuarta parte del gasto del Reino Unido. En 2005, Cuba había alcanzado la mayor proporción de médicos per cápita del mundo: 1 por cada 167 habitantes. En 2018, tenía tres veces la densidad de médicos de Estados Unidos y el Reino Unido.
Hoy día, Cuba se encuentra en medio de una grave crisis económica, en gran parte como resultado de las sanciones de Estados Unidos. El sistema de salud pública está sometido a una presión sin precedentes, con escasez de recursos y de personal tras la emigración masiva desde 2021. No obstante, el gobierno sigue dedicando una alta proporción del PIB a la atención sanitaria (casi el 14% en 2023), manteniendo la prestación médica universal gratuita, y actualmente cuenta con 24,180 profesionales médicos en cincuenta y seis países.
La Cuba revolucionaria nunca se preocupó únicamente por satisfacer sus propias necesidades. Según los datos de Morales, solo entre 1999 y 2015, los profesionales médicos cubanos en el extranjero salvaron 6 millones de vidas, realizaron 1,390 millones de consultas médicas y 10 millones de operaciones quirúrgicas, y asistieron en 2.67 millones de partos, mientras que 73,848 estudiantes extranjeros se graduaron como profesionales en Cuba, muchos de ellos como médicos. Si a eso le sumamos los que se han beneficiado entre 1960 y 1998, y los que se han beneficiado desde 2016, las cifras suben vertiginosamente.
Las naciones beneficiarias están entre las más pobres y menos influyentes a nivel mundial; y pocas de ellas tienen gobiernos con influencia en la escena mundial. Las poblaciones receptoras suelen ser las más desfavorecidas y marginadas dentro de esos países. Si los médicos cubanos se van, no tendrán otra alternativa. Si Rubio y Trump tienen éxito, no solo sufrirán los cubanos. También lo harán millones de beneficiarios globales, cuyas vidas hoy están siendo salvadas y mejoradas por el internacionalismo médico cubano.
Helen Yaffe es profesora titular de la Universidad de Glasgow. Es autora de los libros We Are Cuba! How a Revolutionary People Have Survived in a Post-Soviet World [Somos Cuba: Cómo un pueblo revolucionario ha sobrevivido en un mundo post-Soviético] y Che Guevara: The Economics of Revolution [Ché Guevara: La economía de revolución].
NOTAS
[1] El “Período Especial en Tiempo de Paz” se refiere al período de la década de 1990 cuando Cuba enfrentó su primera grave crisis económica. Ante el corte abrupto de las relaciones comerciales con la antigua Unión Soviética, Cuba se enfrentó súbitamente a un desplome del 35 por ciento de su producción económica (igual o mayor que el declive durante la Gran Depresión en Estados Unidos en la década de 1930). Al mismo tiempo, Washington intensificó su guerra económica contra Cuba a medida que la revolución luchaba por conseguir nuevos socios comerciales y fuentes de capital. Los enemigos de la revolución en todas partes predecían el “inminente” colapso de la república de trabajadores y agricultores. Los trabajadores con mentalidad revolucionaria, sin embargo, defendieron la revolución socialista frente a estas dificultades, demostrando que el gobierno cubano seguía siendo su gobierno. Y continuaron tendiendo la mano a los oprimidos y explotados en todo el mundo, ofreciendo asistencia a las luchas antiimperialistas y de liberación nacional.
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