Entrevista con el socialista ucraniano Denys Pilash
En la siguiente entrevista realizada por Federico Fuentes, Denys Pilash expone sus puntos de vista sobre las perspectivas de que pueda darse una solución negociada a la guerra en Ucrania.
Pilash es miembro de Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social), una organización socialista y democrática en Ucrania, y el editor de la revista Сommons. La entrevista fue publicada por primera vez el 13 de marzo de 2025 por LINKS, que se describe a sí misma como “una revista internacional de renovación socialista”.
Días después de que las tropas rusas invadieran Ucrania el 24 de febrero de 2022, Panorama-Mundial publicó un editorial que comenzaba con esta declaración: “La invasión no provocada de Ucrania por parte de Moscú es anatema para la humanidad. Las tropas, los tanques, la fuerza aérea y otros equipos militares rusos deben salirse ya. El pueblo ucraniano que defiende la independencia del país merece la solidaridad internacional, demostrada ya por las protestas que condenan la invasión en Rusia misma; en Tbilisi, Georgia; y en otros lugares”.
Ese editorial también señaló que “las afirmaciones de Washington, de que trató de evitar la guerra a través de la diplomacia, son hipócritas”. Y pidió que las fuerzas militares estadounidenses salieran de Europa y que en efecto se desmantelara la OTAN.
Durante el primer año de la guerra, Panorama-Mundial le brindó una cobertura sustancial, como este análisis de noticias y este intercambio de opiniones, destacando los tenaces esfuerzos del pueblo ucraniano por defender su derecho a la autodeterminación. También publicamos documentos sobre la historia de la lucha de Ucrania por la independencia, que fue respaldada por los bolcheviques en los primeros años de la revolución rusa de 1917.
Sin embargo, durante los últimos dos años Panorama-Mundial no pudo mantener ese tipo de publicaciones sobre Ucrania. Enfocamos nuestros limitados recursos en cubrir la brutal guerra de Israel contra Gaza y las protestas en todo el mundo que se oponían al ataque israelí contra el pueblo palestino.
En un artículo reciente sobre el segundo mandato de Trump, Panorama-Mundial señaló:
“La actitud imperial de la administración Trump hacia amigos y enemigos por igual en todo el mundo está en plena exhibición en el actual acercamiento entre el Kremlin y Washington, con el objetivo de poner fin a la guerra de Rusia en Ucrania y recompensando a Moscú con el 20% del territorio de ese país soberano.
“En estas ‘negociaciones’, los funcionarios de Trump intentaron coaccionar al gobierno de Ucrania para que desembolsara más de la mitad de las ganancias de la minería de metales valiosos en el suelo del país como pago retroactivo por la ayuda extendida anteriormente, sin nada más a cambio. No es de extrañar que el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, quien anteriormente cometió el error de sugerirle tal intercambio a Trump, dijera ‘no’, al menos inicialmente”.
En la siguiente entrevista, Pilash esboza una perspectiva obrera que es muy necesaria sobre lo que enfrenta hoy el asediado pueblo de Ucrania tras tres años de una guerra devastadora que todavía está en su apogeo, y que ha cobrado la vida de más de un millón de personas de ambos bandos (más de 400 mil bajas en Ucrania y el resto entre los soldados rusos). Pilash también discute cómo se puede lograr una verdadera paz con justicia, la cual debe incluir el derecho de Ucrania a la autodeterminación nacional.
Panorama-Mundial publica la entrevista que sigue para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, la foto y el texto a continuación se han tomado del original. Después de la entrevista, también publicamos una declaración que Sotsialnyi Rukh publicó el 10 de marzo, arrojando más luz sobre las opiniones de la organización sobre la guerra en Ucrania; el texto de la declaración fue tomada del blog que Richard Fidler publicó, junto con la entrevista que sigue, en Life on the Left.
— Los editores de Panorama-Mundial
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‘La izquierda debería apoyar una paz justa para Ucrania, no un acuerdo entre Trump y Putin para apaciguar al agresor’: entrevista con el socialista ucraniano Denys Pilash
El socialista ucraniano Denys Pilash fue entrevistado por Federico Fuentes

13 de marzo de 2025
Denys Pilash es politólogo, miembro de la organización socialista democrática ucraniana Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social) y editor de la revista de izquierdas Сommons. En esta amplia entrevista con Federico Fuentes para LINKS International Journal of Socialist Renewal [Revista Internacional de Renovación Socialista LINKS], Pilash analiza la reacción en Ucrania a la reciente reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, y las implicaciones que tiene para Ucrania y el mundo el cambio en la política de Estados Unidos hacia Rusia. También esboza la amenaza que representa el creciente eje global de la reacción extrema, encabezado por Estados Unidos, Israel y Rusia, y argumenta por qué la izquierda debe defender un internacionalismo renovado que se oponga a todos los opresores.
¿Cuál fue la reacción en Ucrania a la reciente reunión entre Trump y Zelensky?
Como era de esperarse, la reacción fue de indignación. El consenso es que Trump y [el vicepresidente JD] Vance intentaron humillar no solo a Zelensky, sino a Ucrania y a su pueblo. No mostraron ningún respeto por Ucrania y culparon cínicamente a la víctima. Demostraron ser matones que se pusieron del lado de otro matón que libra una guerra contra Ucrania. Por lo que he escuchado de la gente, incluso en el ejército, están enojados con la actual administración de Estados Unidos. Sienten que Ucrania está siendo chantajeada para imponerle un “acuerdo” muy desventajoso, que entregará nuestros recursos a cambio de nada: ni garantías de seguridad, ni ganancias, nada. El acuerdo es simplemente uno en el que Ucrania debe pagar por todo, no el agresor.
Eso es lo contrario de lo que nuestra organización, el Movimiento Social y la izquierda ucraniana en general, han estado defendiendo. Hemos exigido que se cancele la deuda externa de Ucrania. Hemos dicho que la reconstrucción de Ucrania debe financiarse con la riqueza que las oligarquías rusas y ucranianas saquearon en el espacio postsoviético y que ahora tienen guardadas en Occidente y en los paraísos fiscales. Algunos de estos activos han sido congelados por los gobiernos europeos y deberían utilizarse para reconstruir Ucrania. Pero ahora mismo está ocurriendo lo contrario.
Así que, hay mucho descontento contra Trump. Solo una minoría muy pequeña sigue engañada por Trump. Creen que Zelensky debería haber sido más obediente y haber asentido con la cabeza, porque supuestamente si apaciguas el enorme ego de Trump, y él te escuchará. Pero la forma en que muchos líderes mundiales han tratado de llegar a acuerdos con Trump no solo es despreciable, sino que eso solo ha reforzado la idea de Trump, Vance y [Elon] Musk de que no enfrentan una resistencia fuerte, ni nacional ni internacional, y pueden salirse con la suya en cualquier cosa.
Tal vez el único punto optimista que puede sacarse de esto es que la gente está perdiendo sus ilusiones, no solo en Trump, sino en su estilo de política conservadora de extrema derecha. Antes de que Trump asumiera el cargo, cuando hacía afirmaciones absurdas de que pondría fin a la guerra en 24 horas, muchos en Ucrania tenían esperanzas sobre Trump. Había grandes esperanzas de que, de alguna manera, la imprevisibilidad de Trump ayudaría a cambiar el curso de los acontecimientos y que tal vez, mágicamente, pudiera crear un final favorable a la guerra. Ahora casi todo el mundo odia a Trump. Y ven un vínculo directo entre la política de extrema derecha de Trump y de Putin. Ven a Trump y a Putin como lo mismo: son dos gobernantes de dos grandes potencias que quieren imponer el imperio de la fuerza en el mundo, donde los más fuertes dictaminan los términos.
Se han dado varias explicaciones para esclarecer el giro de 180 grados de la política de Estados Unidos hacia Ucrania. ¿Cómo lo explicas?
Se han dado muchas explicaciones, por ejemplo, que es parte de una compleja estrategia para separar a Rusia de China. Pero es difícil ver una visión particularmente coherente cuando se trata de la política exterior de Trump. Lo que podemos ver, sin embargo, es un mensaje ideológico muy claro. Trump, Vance y Musk esencialmente le están diciendo al mundo, y en particular a Europa: “Les declaramos la guerra”. Dicen: “Queremos llevar al poder a las fuerzas de extrema derecha y neofascistas en todas partes, y solo trabajaremos con estos líderes fascistas y autoritarios”.
Es bastante elocuente que ahora las únicas personas que respeta y saluda la Casa Blanca son criminales de guerra que son buscados por la CPI [Corte Penal Internacional]. Basta con ver cómo fue recibido [el primer ministro israelí Benjamin] Netanyahu cuando visitó el país recientemente. O cómo la administración Trump habla de Putin; Trump siempre evita culpar a Putin por la guerra o llamarlo dictador, prefiriendo en cambio hablar de su fuerte liderazgo. Otros a quienes están más que felices de saludar son los asociados con lo que ahora podemos llamar el “saludo de Elon”: Alternativa para Alemania, [el presidente argentino Javier] Milei, y otros partidos y líderes políticos de la extrema derecha que promueven los valores del ultra conservadurismo, el fundamentalismo de mercado y el neofascismo.
Es claro que está emergiendo un nuevo eje que aglutina a Trump, Putin, Netanyahu, la extrema derecha en Europa y varios regímenes autoritarios de todo el mundo. Esto se pudo ver en acción en la votación de la Asamblea General de la ONU sobre el proyecto de resolución presentado por Ucrania [que condena la guerra de Rusia] y unos 50 copatrocinadores [al darse el tercer aniversario de la invasión a gran escala de Rusia]. Entre los que votaron en contra estaba Rusia, por supuesto, pero también Estados Unidos, Israel, la Hungría de [Viktor] Orban, las juntas militares del cinturón golpista en África Occidental, Corea del Norte, etc. Incluso la Argentina de Milei, que anteriormente se promocionaba como ultra pro-ucraniana, se abstuvo; Milei no se atrevió a criticar a papá Trump.
Cuando se trata de Estados Unidos, Rusia e Israel, hay una clara alineación de intereses con su visión del mundo. Es una visión que Putin defendió durante mucho tiempo y que enmarca como “multipolaridad”. En esa visión, Rusia, por ejemplo, es libre de hacer lo que quiera en el espacio postsoviético, mientras que Estados Unidos es libre de hacer lo que quiera en el hemisferio occidental. Por supuesto, Estados Unidos ha promulgado políticas imperialistas en esa región durante muchos años. Pero lo que estamos viendo ahora, con Trump haciendo afirmaciones expansionistas sobre Groenlandia, Canadá, Panamá y presionando a los estados latinoamericanos, comenzando con México, es que ya ni siquiera están tratando de ocultar este hecho.
En ese sentido, tenemos algo similar al imperialismo de hace más de un siglo. Muchos en la izquierda campista [que ven el mundo dividido en un campo pro-imperialismo estadounidense y un campo anti-imperialismo estadounidense] cayeron en la trampa de pensar que sería inherentemente mejor tener muchos centros de poder en todo el mundo; que eso de alguna manera sería automáticamente más igualitario, más democrático. De hecho, ha resultado ser todo lo contrario: este tipo de “multipolaridad” no es para democratizar al mundo, sino para dividirlo en esferas de influencia, donde un puñado de grandes potencias — y sólo esas grandes potencias — tienen capacidad de acción.
Dentro de este escenario, es cierto que la única gran potencia que Trump ve como verdadera competencia es China, y por eso es que quieren a Rusia de su lado. Pero la alianza de Trump con Putin no puede explicarse simplemente por la geopolítica. Recurrir al pensamiento puramente geopolítico, abandonando el análisis de clase, es el talón de Aquiles de gran parte de la izquierda contemporánea. Trump y Putin son modelos a seguir para la extrema derecha global. Comparten una visión de un orden conservador que busca desmantelar el legado de la Era de la Ilustración, y quieren replicar esa visión nacionalista, chovinista y excluyente en todo el mundo. Eso es lo que explica esta alianza.
Y esta alianza tiene que ver con la clase social. Los sectores más reaccionarios de la clase dominante en Occidente están aprovechando la oportunidad para desmantelar los restos del estado de bienestar y revertir las concesiones ganadas por los movimientos obreros y sociales durante el siglo XX. Lo vemos con el asalto que en Estados Unidos está llevando a cabo Musk, el capitalista más rico del mundo, contra la seguridad social, la educación, la sanidad pública, contra todo. Quieren implementar lo que algunos llaman el tecno-feudalismo, pero lo que yo llamo ultra capitalismo con esteroides. Una vez más, Trump y Putin tienen una visión compartida: el multimillonario presidente de Estados Unidos le tiene envidia al sistema oligárquico de Rusia, donde los líderes políticos permiten que los ultrarricos continúen saqueando siempre y cuando los oligarcas no interfieran en las decisiones políticas. Este sistema oligárquico, basado en un poder supremo sin control alguno, es algo que a Trump y a la extrema derecha les gustaría replicar en Occidente.
Así que todo esto es parte de su visión compartida de transformar el orden mundial en uno en el que las naciones más pequeñas y hasta su propia gente se vean privados de cualquier capacidad de actuar. Quieren imponer jerarquías autoritarias extremas en todos los países. Su intento deliberado de humillar a Ucrania fue una clara manifestación de cómo este eje de reacción extrema cree que el mundo debería funcionar.
¿Y dónde deja el acuerdo propuesto por Trump no solo a Ucrania, sino al Sur Global?
Lo primero que hay que decir con respecto al acuerdo de los minerales de tierras raras es que todavía no sabemos qué contiene exactamente. De hecho, ni siquiera sabemos si hay un acuerdo finalizado. En segundo lugar, incluso si siguen adelante con el acuerdo, actualmente se basa en estimaciones de exploraciones que se llevaron a cabo en la época soviética. Por lo tanto, no hay garantía de que Ucrania tenga suficientes minerales de tierras raras para cumplir con el supuesto acuerdo de 500,000 millones de dólares. ¿Qué sucede si descubren que no hay suficientes minerales o que la extracción será demasiado costosa? El acuerdo parece implicar que Ucrania tendría que compensar a Estados Unidos entregando otros recursos y otros sectores de su economía, especialmente la infraestructura.
Claramente, este acuerdo trata de imponer el colonialismo económico. Solo puede afianzar el papel de Ucrania como un país dependiente y explotado, y sienta un precedente peligroso para el Sur Global.
¿Y qué me dice sobre las conversaciones de paz propuestas por Rusia y Estados Unidos? ¿Cuál es su importancia?
Sobre las negociaciones entre Moscú y Washington para dividir a Ucrania por encima de las cabezas de los ucranianos: si este acuerdo sigue adelante, debería servir como una lección importante para los pueblos del mundo, especialmente en el Sur Global. La situación es muy clara. Ucrania, como país periférico, ha sido maltratada por el vecino imperialismo ruso. Además de eso, ahora está siendo vendida por el imperialismo estadounidense. Estos dos imperialismos están coludidos en un acuerdo turbio a expensas de Ucrania. El escenario no podía ser más claro. Es como si un guionista marxista muy poco sutil hubiera escrito el guion: tienes una administración de multimillonarios, codirigida por un presidente payaso y la persona más rica del mundo, que actúa de manera descarada y abiertamente imperialista, y que declara claramente que están trabajando con la Rusia de Putin.
Por supuesto, nosotros, en la izquierda política, no nos hacíamos las ilusiones sobre Estados Unidos. Los ucranianos entendieron, al igual que los kurdos en Siria, que hay que aprovechar cualquier oportunidad de obtener el apoyo necesario para resistir a un agresor. Pero también criticamos a nuestra clase dirigente que no entendió que no se trataba de un diálogo entre iguales y que las grandes potencias pueden volverse contra ti en cualquier momento si les conviene a sus intereses. Esta nueva situación, sin embargo, no les deja excusas a quienes piensan que la Rusia de Putin representa algún tipo de contrapeso para el imperialismo occidental y estadounidense. La concepción campista cree que los imperialismos permanecerán en oposición permanente y que el enemigo de mi enemigo es de alguna manera mi amigo. Se ha demostrado claramente que esto no funciona. Nuestra situación actual también debería disipar el argumento simplista de que todo esto no fue más que una guerra de poderhabientes. Si ese fuera el caso, ¿en nombre de cuál poderhabiente está hoy Ucrania librando esta guerra? Está claro que Estados Unidos no está del lado de Ucrania, sino que está convergiendo con Rusia. Entonces, ¿está Ucrania librando una guerra en nombre de Dinamarca? ¿O de Letonia?
Desafortunadamente, a menudo ignoramos la situación que enfrentan las personas en diferentes partes del mundo. Es por eso que nuestra revista, Commons, lanzó su proyecto, “Diálogos de las Periferias”, para ayudar a reunir a personas de Ucrania y Europa Central y Oriental con los pueblos de América Latina, África, el Medio Oriente y Asia para compartir experiencias, historias y legados del colonialismo, del neocolonialismo y del imperialismo. Nuestros contextos son diferentes, pero el patrón de las grandes potencias que conquistan, colonizan y subyugan a las naciones más pequeñas es muy similar.
¿Qué resultado les gustaría a los ucranianos ver salir de estas negociaciones?
Lo primero que hay que decir es que, si bien la propaganda rusa está lejos de ser magistral, ha logrado crear esta idea de que los ucranianos son los belicistas y que Rusia está del lado de la paz, a pesar de que desató la mayor invasión en Europa desde Adolf Hitler. Han logrado monopolizar términos como “negociaciones”, “conversaciones de paz”, “acuerdos de paz”. Pero si uno escucha lo que dicen los funcionarios rusos — me refiero a Putin y [el ministro de Relaciones Exteriores Sergei] Lavrov y no a los más locos que actúan como perros de ataque del régimen — han dicho claramente que Rusia no solo no devolverá las tierras que ha ocupado, sino que tiene como requisito previo para las conversaciones de paz que Ucrania ceda aún más territorio. Esto incluye la cesión de la totalidad de las provincias de Jersón y Zaporiyia, incluso la gran ciudad de Zaporiyia, que Rusia nunca ha logrado ocupar y, por lo tanto, no pudo celebrar allí sus engañosos referendos para incorporar estos territorios a su constitución. Sin embargo, dicen que esto es parte de la “nueva realidad geopolítica” que debe ser aceptada.
La verdad es que nadie en el mundo quiere la paz en Ucrania más que los ucranianos. La mayoría de la gente está naturalmente cansada de la guerra. Pero eso no significa que quieran capitular ante Rusia y simplemente entregar nuestra tierra y nuestro pueblo. Entienden que si Ucrania se divide, las millones de personas que se encuentran en los territorios ocupados o que han tenido que huir no tendrán a dónde regresar. Saben que un resultado que recompense enormemente al agresor solo fortalecerá el régimen autoritario de Putin y significará aún más represión, especialmente en los territorios ocupados. Por lo tanto, los ucranianos tienen dos cosas en mente cuando piensan en cualquier acuerdo: el destino de las personas en los territorios ocupados y cómo evitar que Rusia reinicie la guerra.
En este marco, hay posibles áreas para acuerdos. Por ejemplo, el gobierno ucraniano ha dejado claro que no reconocerá las anexiones ilegales de Rusia, ya que esto sentaría un precedente peligroso para Ucrania y el mundo. Pero ha dicho que podría estar dispuesto a aceptar un acuerdo temporal en el cual, tras un alto el fuego, Ucrania conserve al menos algunos de los territorios actualmente ocupados y se celebren negociaciones sobre el destino del resto.
Otra condición importante que el gobierno ucraniano ha planteado son las garantías de seguridad. ¿Qué garantías habrá para asegurar que Rusia no aproveche un alto al fuego para simplemente acumular más recursos, poder humano y proyectiles, y luego reiniciar la guerra? Trump dice que eso no sucederá porque, a diferencia de los anteriores presidentes “débiles” de Estados Unidos, Putin lo respeta personalmente porque es “fuerte”. Pero Rusia nunca detuvo su guerra híbrida contra Ucrania durante la primera administración de Trump. Las palabras de Trump no significan nada. Cada vez más personas (aunque todavía una minoría) entienden que no hay perspectivas de membresía en la OTAN, dejemos de lado aquí todas las implicaciones de esto y todo lo que nosotros, como izquierdistas, sabemos que está mal con la OTAN. Pero se necesita algún tipo de garantía de seguridad con la participación de actores importantes para garantizar que Rusia no vuelva a invadir.
Una de las críticas que a menudo se plantean es que no se han celebrado elecciones y, por lo tanto, Zelensky no tiene legitimidad ni mandato en lo que atañe a posibles negociaciones. ¿Cómo respondes a esto?
Es gracioso porque tienes a un tipo que intentó anular una elección que perdió y a otro tipo que ha estado en el poder durante 25 años por medio de elecciones completamente fraudulentas, que mata a sus opositores políticos, y estos dos tipos se reúnen en Arabia Saudita, que está gobernada por una monarquía absoluta no elegida, para criticar a Ucrania porque no ha celebrado elecciones en medio de una guerra.
El hecho es que en medio de una guerra no se pueden celebrar elecciones propiamente dichas, porque para celebrarlas hay que garantizar la seguridad de la gente. Y no puedes hacer esto si tu país está siendo bombardeado constantemente. Otra cuestión es cómo incluir a los millones de personas que se han visto obligadas a huir y que ahora son desplazados internos o refugiados que viven fuera del país. ¿Y cómo se garantiza que los soldados en las primeras líneas o la población de las regiones ocupadas puedan votar libremente? Todos estos problemas hacen que los aspectos prácticos para poder celebrar unas elecciones justas sean bastante difíciles. Y eso es incluso antes de que empecemos a hablar de la Constitución de Ucrania, que prohíbe celebrar elecciones en tiempos de guerra o de ley marcial. Pero si Rusia está tan ansiosa de que Ucrania tenga elecciones, entonces lo mejor que podrían hacer es dejar de bombardear las ciudades ucranianas.
En cuanto a la afirmación de que las autoridades ucranianas son ilegítimas porque el mandato de Zelensky ha terminado, la respuesta es la misma — den fin a las hostilidades, entonces el pueblo ucraniano puede votar por quien quiera en unas elecciones. Pero yo diría lo siguiente: a pesar del marcado declive de su popularidad, las encuestas de opinión muestran que Zelensky todavía tiene más legitimidad a los ojos del pueblo ucraniano que otros organismos gubernamentales, y ciertamente los ucranianos lo consideran mucho más legítimo que Trump y Putin. Y si comparamos su índice de aprobación con el de cualquier otro político en Ucrania, Zelensky gana sin lugar a dudas. Su único contendiente real parece ser el general [Valerii] Zaluzhnyi, que fue comandante militar de Ucrania y, naturalmente, no es amigo de Rusia. Por lo tanto, la implicación de que a la gente le gustaría deshacerse de Zelensky y elegir a un presidente que sea amigable con Trump y Putin va en contra de todas las encuestas públicas. En realidad, si Ucrania tuviera elecciones en este momento, Zelensky probablemente ganaría con más facilidad en un proceso electoral tan apresurado. Por el contrario, aquellos políticos que actúan como representantes de Trump, afirmando que podrían negociar un mejor acuerdo que Zelensky, tienen una popularidad del 4% o menos.
¿Qué nuevos retos y oportunidades le plantea la situación actual a la izquierda ucraniana?
Todo esto es un gran desafío, no solo para la izquierda ucraniana, sino para todo el pueblo ucraniano. Si antes nuestro futuro era incierto, ahora es aún más precario. Pero en términos de la izquierda, la situación actual ha demostrado claramente que el emperador no tiene ropa — todos estos mitos que glorifican a los capitalistas y los empresarios están siendo desmantelados frente a los ojos de la gente. La forma en que Trump y Musk hablan de Ucrania ha alienado a cualquiera que tuviera ilusiones en estos falsos ídolos. Los únicos que todavía los vitorean son los de la extrema derecha que quieren que la reacción trumpiana triunfe en todo el mundo.
Hay que aprovechar este momento para mostrarle a la gente que el problema no son solo los individuos sino el sistema capitalista que crea a esas personas despreciables. Tenemos que explicar que el problema es el capitalismo, que se basa en premiar a los dueños del capital a costa de la sociedad, y que si seguimos por este camino, este sistema no solo destruirá a Ucrania sino al mundo. También es una oportunidad para ofrecer nuestras alternativas al capitalismo oligárquico neoliberal.
Esto requiere hacer campaña de manera efectiva en torno a temas que beneficien a la clase trabajadora ucraniana, a la que se le ha hecho pagar el precio más alto por esta guerra. Necesitamos empoderar a los trabajadores y presentar propuestas para remodelar la economía de Ucrania. No solo para abogar por el bienestar de los pueblos, sino porque es necesario en tiempos de guerra. Si vamos a ser capaces de defendernos adecuadamente, necesitamos una economía de guerra, un sistema de salud, un departamento de ciencia e investigación que funcione correctamente, todas estas cosas están interconectadas y son vitales si queremos desarrollar la economía. También tenemos que asegurarnos de que en la fase de reconstrucción se le dé prioridad a las cuestiones de orientación social, y no a los intereses del capital privado. Para ello es necesario revertir las privatizaciones oligárquicas y devolver a la propiedad pública los sectores estratégicos de la economía.
También significa seguir organizándose junto con otros de la izquierda — con camaradas de los diferentes medios socialistas y anarquistas, sindicalistas, de los movimientos sociales progresistas — para apoyar a aquellos cuyas vidas han sido destrozadas por la guerra, así como a aquellos que participan en la resistencia armada, ya sea en el ejército o proporcionando servicios esenciales. Tenemos que construir sobre estos lazos y estructuras para crear sujetos políticos que puedan allanar el camino para cambios revolucionarios.
Por supuesto, esto no es solo un desafío para la izquierda ucraniana, sino para la izquierda en todas partes. Nos enfrentamos a un momento de extrema polarización en el que fuerzas extremadamente reaccionarias han alcanzado un impulso no visto desde la Segunda Guerra Mundial. Tenemos la invasión de Ucrania por parte de Putin y los planes de Trump para Gaza que se refuerzan mutuamente y refuerzan la reacción en todo el mundo. Trump y Putin planean convertir el mundo en un infierno aún peor. A menos que se enfrenten a una resistencia genuina y coordinada, las fuerzas ultraconservadoras y fascistas seguirán tomando el poder en un país tras otro.
Nuestros enemigos de clase se están uniendo a nivel global. Por lo tanto, realmente tenemos que empezar a pensar en cómo nosotros, como izquierda, nos unimos internacionalmente. El lograrlo va a requerir, entre otras cosas, un internacionalismo consecuente. Eso significa dejar de poner excusas de por qué no ofrecemos nuestra solidaridad. Tenemos que dejar de intentar adivinar cuáles son los pueblos que de alguna manera son más dignos de nuestro apoyo que otros, o no son dignos de apoyo en absoluto porque, de alguna manera, están siendo oprimidos por el opresor equivocado. Tenemos que apoyar a todas las personas oprimidas en todo el mundo.
Hay auténticos progresistas que ven la nueva situación con respecto a Ucrania como positiva (al menos en comparación con lo que la precedió) porque creen que podría ayudar a poner fin a la matanza, o por miedo a que la guerra se convierta en una guerra nuclear o mundial. ¿Qué respuesta le darías a ellos?
La verdad es que hemos experimentado una enorme solidaridad y apoyo de camaradas de todo el mundo. Pero también hemos visto que hay progresistas que no solo se niegan a tomar partido, sino que incluso se niegan a escucharnos. Entendemos de dónde proviene todo esto. En muchos casos proviene de un sentimiento de impotencia. En última instancia, esto lleva a la gente a recurrir a la idea de que tal vez si alguna otra fuerza puede, de alguna manera, desafiar el sistema existente (o al menos el imperialismo principal), de alguna manera podría crear algún espacio para hacer cambios. Pero el pensar de esa manera representa una clara ruptura con la política de izquierdas. En última instancia, tiene más en común con la cínica realpolitik o la visión “realista” de la política. Representa un abandono de la política de clase y reemplaza la lucha por una alternativa al capitalismo con el simple apoyo a cualquier régimen antioccidental.
Uno puede ver cómo este tipo de pensamiento termina siendo muy similar a la mentalidad conservadora de derecha. Los conservadores culparon a la Revolución Cubana de llevar al mundo al borde de un conflicto nuclear durante la crisis de los misiles cubanos. En aquel entonces, decían que “Cuba es tan egoísta por querer misiles soviéticos que podrían poner en peligro a Estados Unidos” y culpaban a los “locos cubanos” por no entender la gravedad de la situación. Hoy en día, se escuchan las mismas cosas, que los ucranianos son de alguna manera “belicistas que están jugando con la Tercera Guerra Mundial”, solo que ahora se escucha eso no solo del multimillonario presidente de extrema derecha en Estados aunidos, sino también de algunos en la izquierda. Los que realmente quieren la Tercera Guerra Mundial son los agresores. Es Putin quien se arriesga a la Tercera Guerra Mundial y no tiene en cuenta la vida humana, ni siquiera la rusa. Sin embargo, todavía se oye a personas de izquierdas culpar a los ucranianos y acusarlos de querer luchar “hasta el último ucraniano”.
En términos de evitar la guerra, la realidad es que no hay ningún ejemplo histórico en el que recompensar o apaciguar a un agresor haya funcionado. Pero hay muchos ejemplos de cómo eso allanó el camino a la Segunda Guerra Mundial, como cuando la comunidad internacional esencialmente no hizo nada para evitar que los fascistas ganaran la Guerra Civil Española. Incluso la estalinista Unión Soviética, que proporcionó ayuda a la República, tomó las reservas de oro de España a cambio, al igual que Trump quiere hacer con los minerales de tierras raras de Ucrania. Del mismo modo, Gran Bretaña y Francia simplemente abandonaron a los republicanos españoles bajo el pretexto de la “no intervención”. También colaboraron directamente con Hitler para desmantelar Checoslovaquia, posiblemente el país más democrático de la región, pero eso tampoco detuvo la Segunda Guerra Mundial. El Pacto Molotov-Ribbentrop [entre la Unión Soviética y Alemania] tampoco impidió que Alemania atacara a la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Así que el patrón se ha repetido una y otra vez.
En última instancia, el problema con estos progresistas es que no tienen una alternativa real que proponer. Lanzaron bonitos eslóganes pacifistas y, en muchos casos, idealistas, como “tenemos que buscar fuera de la caja”, “la guerra nunca es la respuesta” y “hay que darle una oportunidad a la diplomacia”. Pero al final, las soluciones a las que se adhieren son la misma realpolitik que defienden las grandes potencias: dejar que los imperialistas negocien sobre cómo dividir los países más pequeños y cómo dividir el mundo en esferas de influencia. Aquellos que defienden tal lógica realmente necesitan ponerse en nuestras botas y considerar cómo se ve esto desde nuestro lado. ¿Cómo te sentirías si estuvieras siendo ocupado, torturado, asesinado, pero de alguna manera otros vieran esto como una contribución a reestructurar el orden mundial de una forma positiva? La realidad es que nuestra situación actual solo va a ayudar a reestructurar el mundo de una forma negativa.
Aquellos que se aferran a esta retórica van a verse alineados cada vez más con las fuerzas de la reacción extrema, que son parte de la nueva internacional fascista dirigida por Estados Unidos y Rusia (y aparentemente Israel). Porque, en última instancia, si estás de acuerdo con sus planes para Ucrania, estás de acuerdo con sus planes para el pueblo palestino, porque estás de acuerdo con que las potencias imperialistas se unan para decidir unilateralmente lo que sucede con las naciones más pequeñas.
¿Cuál es la mejor manera para que la izquierda internacional pueda ayudar al pueblo ucraniano, y a la izquierda ucraniana en particular, en estos tiempos turbulentos?
Lo primero que diría es que la izquierda no debe renunciar a la lucha en sus propios países contra sus propias clases dominantes, contra sus propias fuerzas reaccionarias que se están uniendo a fuerzas similares a nivel mundial. Para ayudar al pueblo ucraniano, lo primero que hay que hacer es continuar con sus luchas propias.
Lo segundo es definirse con una plataforma internacionalista que se oponga a todos los agresores, a todos los opresores, a todos los imperialistas. Hoy eso significa encontrar formas de ayudar al pueblo de Ucrania, en lugar de apoyar los planes de dictadores aduladores y ultra-capitalistas. Ucrania es una lucha importante para la izquierda. Bonitos eslóganes, como “el sufrimiento tiene que terminar de alguna manera”, “la guerra tiene que terminar de alguna manera” no son suficientes para detener el sufrimiento y la guerra. Para lograrlo se requiere una paz justa y sostenible. Pero estas llamadas negociaciones de “paz” entre Putin y Trump son simplemente para recompensar al agresor e invitar nuevas agresiones.
Por lo tanto, contra la realpolitik que vemos hoy en la izquierda, necesitamos un renovado internacionalismo para enfrentar a la administración Trump, que está liderando un asalto global de extrema derecha contra lo que queda de las fuerzas progresistas y los logros sociales en todo el mundo. Cada vez que Trump hace una declaración exigiendo que naciones enteras dejen de existir y se conviertan en estados de Estados Unidos, o amenaza con anexar partes de otros países, todo lo que se obtiene es una respuesta muy dócil de la comunidad internacional. Tienen miedo. Pero nosotros, como izquierda, no podemos tener miedo, ni siquiera frente a la peor pesadilla capitalista. Es ahora o nunca. Si no actuamos ahora, puede que no haya mañana. En cambio, es posible que todos nos encontremos viviendo bajo el yugo de regímenes fascistas extremadamente autoritarios que buscan reestructurar el mundo a su gusto: un gran patio de recreo para las personas más brutales y ricas del mundo.
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¡Por una Ucrania sin oligarcas ni invasores!
10 de marzo de 2025, declaración del Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social) de Ucrania (Traducción de la revista International Viewpoint.)
Las políticas depredadoras del recién elegido presidente de Estados Unidos hacen imposible establecer una paz duradera para los ucranianos. Que Ucrania se niegue a firmar el acuerdo de extracción de minerales, diseñado para servir a los intereses del capital estadounidense, demuestra la determinación del país de evitar la dependencia colonial. Esto abre la puerta a explorar un modelo más equitativo de relaciones entre Ucrania y los estados de Europa, Asia y el resto del mundo bajo la bandera de la resistencia a la dominación imperialista. Sin embargo, si el enfoque actual persiste, Ucrania corre el riesgo de enfrentarse a una reducción inminente o incluso a un cese completo de la ayuda militar de Estados Unidos.
Esta ayuda nunca ha sido ni oportuna ni suficiente. Sin embargo, su eliminación tendría un efecto profundo.
Si el Estado ucraniano está decidido a mantener el esfuerzo militar hasta la liberación de sus territorios o la derrota decisiva del agresor, debe adoptar los métodos adecuados. En nuestra opinión, la defensa de Ucrania podría fortalecerse mediante la transición a una política de “socialismo de guerra”, que implicaría movilizar suficiente capital para servir al Estado a través de la confiscación y el abandono de la regulación económica basada en el mercado. Esta política, combinada con la redistribución de la riqueza, reduciría el peso de la guerra que recae desproporcionadamente sobre los segmentos más pobres de la sociedad ucraniana.
La comunidad europea ya ha dado respuesta a las declaraciones de Trump ampliando los presupuestos de defensa y aumentando la ayuda militar a Ucrania. Vale la pena señalar que desde la invasión a gran escala, el gobierno ha tomado medidas significativas para fortalecer nuestras propias capacidades de defensa, localizar la producción occidental, revivir los programas de misiles y ampliar su propio programa de aeronaves no tripuladas [drones]. Sin embargo, Ucrania todavía cuenta con un potencial para movilizar recursos internos que es sustancial.
El Movimiento Social (Sotsialnyi Rukh) ha enfatizado durante mucho tiempo la necesidad de tomar estas medidas, pero ahora son claves en la capacidad de Ucrania para defenderse. El principal obstáculo para la movilización efectiva de recursos es la política neoliberal, que prioriza la propiedad privada por encima de todo, fomenta la especulación y permite que individuos particulares acumulen riqueza. Mientras las ciudades ucranianas permanezcan ocupadas y el agresor ruso conserve capacidades ofensivas, todos los sectores de la economía deben funcionar de manera coordinada, maximizando su contribución al esfuerzo de defensa.
La mayoría de los recursos financieros deben concentrarse en manos del Estado e invertirse en el sector de la defensa, mientras que el capital privado debe estar sujeto a impuestos progresivos para reponer el presupuesto estatal. El fortalecimiento de la defensa es inseparable de la inversión a gran escala en la esfera social: la creación de puestos de trabajo (especialmente en los sectores clave de la infraestructura), la mejora del sector de la salud para permitir que más mujeres se incorporen a la fuerza laboral e incrementar el acceso a los servicios sociales como la atención sanitaria, la vivienda temporal y la rehabilitación. Estas medidas también podrían ayudar a atraer a ciudadanos del extranjero.
Además, es fundamental mejorar las garantías sociales para los militares, especialmente para los que defienden a Ucrania desde 2022.
La singularidad de la situación de Ucrania radica en el hecho de que el desmantelamiento del capitalismo oligárquico se ha vuelto más posible que nunca en el contexto de una guerra a gran escala, y está justificado por la sociedad. En primer lugar, una parte importante de los servicios públicos esenciales, que determinan la resiliencia de Ucrania, ya son prestados por empresas estatales (ferrocarriles, servicios postales, sanidad, educación, bancos). En segundo lugar, numerosas empresas (principalmente las relacionadas con los oligarcas rusos) han sido nacionalizadas, y la proporción del PIB redistribuida a través del presupuesto ha aumentado. En tercer lugar, los oligarcas ucranianos ya han perdido parte de su riqueza y sus palancas de control, sometiéndose cada vez más a la influencia del poder estatal.
Medidas que deben adoptarse
- La fiscalización de los recursos naturales y de la tierra para determinar sus propietarios y los beneficios públicos derivados de su uso. La transparencia en el control de la riqueza nacional no se necesita para el comercio apresurado de estos recursos, sino para comprender la base sobre la cual es posible el crecimiento de la prosperidad general. Esto motivará a la gente a luchar más eficazmente por su patria y sus perspectivas sociales.
- Establecer el control estatal sobre las empresas en sectores estratégicos de la economía y establecer la producción en masa para cubrir las necesidades de los que están en las primera filas. La industria debe actuar en interés de la defensa, no para perseguir las tendencias volátiles del mercado. Devolver las instalaciones claves de infraestructura a la propiedad estatal. El acceso a los bienes básicos no debe convertirse en un comedero para los oligarcas ni en un mecanismo para desviar los beneficios del Estado a los bolsillos de los monopolios. El mantener el DTEK en manos de Rinat Akhmetov o las empresas energéticas regionales en manos de Vadym Novynskyi es un acto injustificado de caridad estatal a favor de los oligarcas.
- La revisión de los resultados de la privatización de despojo. Las empresas adquiridas por una miseria deben ser devueltas al Estado, o la diferencia entre el precio de compra y su valor real en el mercado debe ser compensada. En primer lugar, deben estar bajo control estatal las empresas de la minería, la construcción de maquinaria y las industrias químicas que son fundamentales para garantizar la defensa. Basta de mendigar dinero de donaciones: que paguen los oligarcas.
- Denunciar cualquier acuerdo con Chipre, las Islas Vírgenes y otras jurisdicciones extraterritoriales para evadir la doble imposición de impuestos. El valor añadido creado con los recursos naturales, la infraestructura y la mano de obra ucranianas debería gravarse aquí y sólo aquí.
- El establecimiento de una fiscalidad progresiva y de impuestos a bienes de lujo. La defensa del país se basa en el heroísmo y los sacrificios de los campesinos, los trabajadores y las pequeñas empresas de Ucrania. Para resguardar al país, los más ricos deben sacrificar sus fortunas, en proporción a la influencia que tenían antes de la guerra: la tasa impositiva máxima debe alcanzar el 90% de los ingresos. Sin activismo fiscal, Ucrania caerá en una trampa de deuda insuperable (para 2025, la deuda externa podría acercarse al 100% del PIB).
- Establecer el control obrero en las empresas como una herramienta eficaz para la auditoría interna y una forma de sociedad autoorganizada. Desde los primeros días de la guerra hasta la actualidad, el país ha estado acompañado de escándalos de corrupción relacionados con la malversación de fondos. El control continuo por parte de los sindicatos y los consejos de trabajadores es la clave para una mayor transparencia en las acciones de los dirigentes y para prevenir la corrupción. Es posible que se pueda sobornar a personas individuales, pero es imposible sobornar a todo un colectivo. El otorgar poderes efectivos de control a los sindicatos servirá como incentivo para el desarrollo de un verdadero movimiento obrero.
- Abandonar la práctica anterior de financiar a medias la educación y la ciencia. La naturaleza altamente tecnológica de la guerra moderna hace que el papel de los ingenieros y trabajadores calificados sea tan importante como el de los soldados. Es solamente la inercia heredada de la era anterior en la educación, combinada con la capacitción técnica generalizada de la población ucraniana, lo que ha hecho posible el diseño, la producción y el dominio de numerosas herramientas técnicas modernas que nos dan una ventaja en el campo de batalla. Ya no podemos confiar en la inercia de épocas pasadas. Ayer se necesitaban importantes inversiones en la educación y la ciencia. Sin el desarrollo del sector social, Ucrania se enfrenta a una emigración masiva y a una crisis demográfica que impedirá reponer las pérdidas humanas.
- El monopolio estatal de las exportaciones. En 2024, la exportación de productos agrícolas alcanzó un récord de 24,500 millones de dólares, pero las ganancias siguen llenando los bolsillos privados.
- El reajustar las relaciones con Europa en lo concerniente al destino de los activos rusos. Al depurarse de lo que resta de la influencia oligárquica, Ucrania va a curarse de la corrupción, lo que permitirá tener una discusión sustantiva sobre la transferencia de activos rusos congelados para cubrir las necesidades ucranianas. Actualmente, aproximadamente 200 mil millones de dólares de los 300 mil millones de dólares de activos de origen ruso se encuentran en países europeos.
- Elevar el prestigio social del personal militar. El reponer el presupuesto estatal permitirá el pago de una compensación financiera justa a los soldados heridos que deseen volver al servicio. Es esencial restablecer la práctica de mantener el salario medio de los trabajadores movilizados, lo que garantizará que las Fuerzas Armadas de Ucrania cuenten con todo el potencial de personal que necesitan.
La implementación de estas medidas es imposible sin una ruptura entre los líderes del país, las grandes empresas, y sus agentes de influencia. Aunque se implementen sólo algunas de estas medidas, eso aumentará la confianza pública en el gobierno. Las verdaderas garantías de la seguridad de Ucrania radican en fortalecer los lazos sociales internos. Por otro lado, otros países no nos ayudarán hasta que demostremos nuestra voluntad de priorizar los intereses de la defensa por encima de los intereses del mercado. Y en el año 34 de su independencia, Ucrania tendrá que aprender a vivir sin oligarcas y capitalistas. Si bien Ucrania todavía tiene importantes recursos financieros, industriales y humanos, sería un grave error no avanzar hacia su socialización.
Ahora el gobierno ucraniano tiene una oportunidad única de demostrar, en la práctica, lo que está dispuesto a sacrificar: o al país o a los oligarcas. Si ponemos fin al caos neoliberal que amplía la brecha entre los ricos y los pobres, uniremos a los pueblos y nos convertiremos en una fuerza unificadora de talla mundial. Si reconstruimos la economía sobre la base de principios sociales, resistiremos en la lucha y estableceremos una base sólida para la reconstrucción.
¡Tomemos millones de los oligarcas — para el bienestar y la defensa! ¡Por una Ucrania sin oligarcas ni invasores!
Sotsialnyi Rukh
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Categories: Política Mundial