Marxismo

Lenin sobre el internacionalismo y la lucha contra la opresión nacional



Publicamos a continuación una selección de escritos del líder revolucionario ruso V.I. Lenin sobre el internacionalismo, la lucha contra la opresión nacional y la necesidad de forjar una unión voluntaria de las repúblicas soviéticas socialistas.

En publicaciones recientes, Panorama-Mundial se ha referido a la lucha que Lenin llevó a cabo al final de su vida por un enfoque genuinamente internacionalista para poder garantizar esa unión voluntaria en los primeros años después de la Revolución Rusa de 1917.

La brutal invasión rusa de Ucrania este año, y las distorsiones que ha hecho Vladimir Putin de la historia revolucionaria de Rusia y de Ucrania, dan a estos temas una renovada importancia.

La carta que escribió Lenin en 1919 a los obreros y campesinos de Ucrania expresó algunas ideas esenciales. El enlace a la carta puede encontrarse en las notas al final de este artículo.[1]

La última lucha de Lenin, escritos y discursos 1922-23, un libro publicado por Pathfinder Press, documenta a fondo la discusión y el debate que ocurrieron posteriormente en el Partido Comunista y el gobierno soviético. Animamos a los lectores a comprar y leer el libro. Ofrece material invaluable sobre el tema de cómo superar el legado de opresión nacional que fue heredado de la prisión de naciones que fue el imperio zarista. También arroja luz sobre otros desafíos vitales que en ese momento enfrentaba la Revolución Rusa.

Líderes del Partido Bolchevique y la Internacional Comunista. Desde la izquierda: Grigory Zinóviev,  Nikolái Bujarin, León Trotsky, V.I. Lenin, y Karl Radek. (Foto: Pintura por Malcolm McAllister sobre el Mural Pathfinder en Nueva York).

Los escritos de Lenin que reproducimos a continuación fueron tomados del dominio público. El título de cada pieza contiene el enlace a la fuente correspondiente.

La introducción a la segunda edición de La última lucha de Lenin, publicada en el 2010, ofrece un contexto muy útil para comprender el material que se reproduce a continuación sobre la política internacionalista de Lenin. Lo que sigue son citas de esa introducción: 

El gobierno dirigido por los bolcheviques se propuso, desde el principio, establecer una unión de Rusia proletaria y los pueblos oprimidos que por mucho tiempo habían estado encerrados en la antigua prisión de naciones zarista desde Europa hasta Asia. Pero ese objetivo sólo se podía lograr con la acción voluntaria de esos pueblos, cuyo derecho incondicional a la autodeterminación nacional lo reconocía el nuevo gobierno.

El congreso de soviets en enero de 1918 estableció la República Socialista Federativa Soviética Rusa (RSFSR), “dejando a los obreros y campesinos de cada nación decidir independientemente en su propio Congreso de Soviets investido de poderes plenos, si desean, y en qué condiciones, participar en el gobierno federal”.

A fines de 1922, ya se habían establecido 22 repúblicas y regiones autónomas dentro de la propia RSFSR, y el gobierno revolucionario colaboraba con repúblicas soviéticas en Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia y Ucrania para formar lo que en diciembre de 1922 sería la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, Lenin se opuso al borrador inicial de Stalin para una resolución del Comité Central, el cual planteaba la “entrada” de estas otras repúblicas en la federación rusa, contradiciendo el internacionalismo proletario que los bolcheviques habían mantenido por mucho tiempo.

“Nos declaramos iguales en derechos con la RSS de Ucrania y con las otras repúblicas”, escribió Lenin en una carta de septiembre de 1922 al Buró Político del partido, “y juntos, en igualdad con ellas, entramos en una nueva unión, en una federación, la ‘Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia’”.

En una nota que mandó el día siguiente al Buró Político al día siguiente, Stalin accedió a una forma enmendada de esta propuesta y de otras cuantas “enmiendas insignificantes del camarada Lenin”, según las llamó. En su nota Stalin calificó desdeñosamente la oposición intransigente de Lenin al chovinismo de la Gran Rusia como el “liberalismo nacionalista del camarada Lenin”.

Dos meses más tarde, Lenin se indignó al enterarse de que Grigory Ordzhonikidze, miembro del Comité Central, en presencia de otro miembro del CC, Aleksei Ríkov, había golpeado físicamente a un comunista de Georgia durante una disputa sobre los derechos nacionales. En su carta a fines de diciembre dirigida al congreso venidero del partido, Lenin escribió que el apoyo de los bolcheviques al derecho de autodeterminación nacional sería “un mero trozo de papel” si el partido resultaba “incapaz de defender a los no rusos de la embestida de ese hombre realmente ruso, el chovinista gran ruso, en esencia ese canalla, ese opresor que es el típico burócrata ruso”.

Y Lenin concluyó: “Por eso el internacionalismo por parte de las naciones opresoras, o así llamadas ‘grandes’ (aunque sean grandes sólo por su violencia, grandes sólo como como lo es un matón del barrio), debe consistir, no sólo en el respeto a la igualdad formal de las naciones, sino también en una desigualdad que compense, por parte de la nación opresora, de la gran nación, la desigualdad que en la vida se establece de hecho. Quien no comprende esto no ha entendido tampoco la actitud verdaderamente proletaria en relación con el problema nacional: sigue siendo esencialmente pequeño burgués en su punto de vista y, por consiguiente, no puede dejar de caer continuamente en el punto de vista burgués”.

A principios de marzo de 1923, Lenin, quien sabía que estaba demasiado enfermo para asistir a la próxima reunión del Comité Central ese mes, le escribió a [León] Trotsky pidiéndole “con insistencia que asuma la defensa de la cuestión georgiana en el CC del partido. Esta cuestión se encuentra ahora bajo el ‘asedio’ de Stalin y [Félix] Dzerzhinsky, de cuya imparcialidad no me puedo fiar”. Trotsky lo hizo pero… la moción que presentó ante el Comité Central fue derrotada.

De la introducción a la edición del 2010 de La última lucha de Lenin.
La cubierta del libro La última lucha de Lenin, escritos y discursos 1922-23 publicado por Pathfinder Press.

El segundo capítulo del libro Pathfinder se titula Comienza la lucha: el problema nacional y la unión voluntaria de repúblicas soviéticas. Comienza con “La Resolución de Autonomización: Sobre las relaciones entre la RSFSR y las repúblicas independientes”, fechada el 26 de septiembre del 1922, y redactada por José Stalin, quien había sido elegido Secretario General del Partido Comunista Ruso en abril de ese año. Ese mismo día Lenin escribió la siguiente respuesta:


SOBRE LA FORMACION DE LA URSS [2]


Por V.I. Lenin

CARTA A L.B. KÁMENEV PARA LOS MIEMBROS DEL BURÓ POLÍTICO

Camarada Kámenev: Usted, de seguro, ya habrá recibido de Stalin la resolución de su comisión sobre la entrada de las repúblicas independientes en la RSFSR.

Si no la ha recibido, pídasela al secretario y léala, por favor, inmediatamente. Ayer hablé de esto con Sokólnikov, hoy con Stalin. Mañana veré a Mdivani (comunista georgiano sospechoso de “propensión a la independencia”).

A mi juicio la cuestión es sumamente importante. Stalin tiene cierta tendencia a apresurarse. Es necesario que usted lo piense detenidamente (en una ocasión usted tuvo la intención de bregar con esto y hasta tuvo algo que ver); y Zinóviev también.

Stalin ya ha accedido a hacer una concesión: en el párrafo 1 decir, en lugar de “ingreso” a la RSFSR –

“Agrupamiento formal, junto con la RSFSR, en una unión de repúblicas soviéticas de Europa y Asia”.

Confío que el espíritu de esta concesión se comprende: nos reconocemos con los mismos derechos que la RSS de Ucrania y las otras repúblicas y entramos junto con ellas, y en pie de igualdad, en una nueva unión, en una nueva federación, en la “Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia”.

En ese caso el párrafo 2 también debe ser modificado. Lo que se necesita es, además de las sesiones del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia de la RSFSR –

“Un Comité Ejecutivo Central federal unificado de la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia”.

Si el primero se reúne una vez a la semana, y el segundo también (o incluso el segundo una vez cada dos semanas), eso no será difícil arreglarlo.

Lo importante es que no demos pábulo a los “independientes”, que no destruyamos su independencia, sino que organicemos un piso más, una federación de repúblicas con derechos iguales.

La segunda parte del párrafo 2 podría quedar así: los descontentos apelarán (contra las decisiones del Consejo del Trabajo y la Defensa y del Consejo de Comisarios del Pueblo) al Comité Ejecutivo Central de toda la federación sin detener con ello la implementación (como en la RSFSR).

El párrafo 3 podría permanecer pero modificando la redacción así: “se fusionan los Comisariados del Pueblo de toda la federación, con sede en Moscú, para que los respectivos comisariados de la RSFSR tengan en todas las repúblicas, incorporadas a la Unión de Repúblicas de Europa y Asia, sus representantes plenipotenciarios con un personal reducido”.

La segunda parte del párrafo 3 queda como está; tal vez se podría decir, para recalcar más la igualdad de derechos: “por acuerdo de Los Comités Ejecutivos Centrales de las repúblicas integrantes de la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia”.

Meditemos sobre la 3ª parte: ¿no sería mejor sustituir “conveniente” por “obligatorio“? ¿O poner lo obligatorio de forma condicional, aunque sólo sea en forma de pedir orientaciones, y la autoridad para resolver sin consulta solamente en casos de “importancia particularmente extraordinaria”?

¿Quizás el párrafo 4 podría también decir: “fusionar por acuerdo de los Comités Ejecutivos Centrales?”

¿Tal vez añadir al párrafo 5: “¿con la constitución de conferencias y congresos conjuntos (o generales) de carácter puramente consultivo (o solamente consultivo).

Alteraciones correspondientes en la 1ª y 2ª nota.

Stalin aceptó aplazar la presentación de la resolución al Buró Político del Comité Central hasta mi llegada. Llegaré el lunes 2 de octubre. Deseo reunirme con usted y con Ríkov por más o menos dos horas por la mañana, digamos de 12 a 2 y, si es necesario, por la tarde, de 5 a 7 ó de 6 a 8.

Ése es mi borrador provisional. En base a las conversaciones que sostenga con Mdivani y otros camaradas añadiré o haré cambios. Le pido encarecidamente que haga lo mismo y me conteste.

Quedo de usted,

Lenin

PS. Que distribuyan copias a todos los miembros del Buró Político.


En La última lucha de Lenin esta carta a Kámenev va seguida por una carta y una resolución modificada, ambas escritas por Stalin. Lenin escribió entonces lo siguiente:


NOTA A L.B. KÁMENEV SOBRE LA LUCHA CONTRA EL CHOVINISMO DE GRAN POTENCIA [3]


Por V.I. Lenin

Camarada Kámenev:

Declaro una guerra a muerte al chovinismo gran ruso. Me lo comeré con todas mis muelas sanas en cuanto me libre de la maldita muela dañada.

Es indispensable insistir en que presidan por turno en el Comité Ejecutivo Central de la Federación,
un ruso
un ucraniano
un georgiano, etc.
Indispensable!

Quedo de usted,

Lenin


Unos meses más tarde, a raíz de los acontecimientos mencionados en la introducción citada anteriormente, Lenin dictó a sus secretarios una serie de cartas sobre cuestiones que debían abordarse en el 12º congreso del Partido Comunista Ruso previsto para marzo de 1923. Tres de esas notas, relacionadas con la “Autonomización”, aparecen a continuación.


CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DE LAS NACIONES O SOBRE LA “AUTONOMIZACIÓN” [4]


Por V.I. Lenin

Me parece que he incurrido en una grave culpa ante los obreros de Rusia por no haber hablado con la energía y la dureza suficientes acerca del decantado problema de la autonomización, denominado oficialmente, tal parece, la cuestión de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas.

Este verano, cuando se planteó el problema, yo estaba enfermo, y luego, en el otoño, confié demasiado en mi restablecimiento y en que los Plenos de octubre y diciembre me brindarían la oportunidad de hablar de este problema. Pero no pude asistir ni al Pleno de octubre (dedicado a este problema) ni al de diciembre, por lo cual el asunto se discutió casi por completo sin mi participación.

Sólo me ha dado tiempo de conversar con el camarada Dzerzhinski, quien a su regreso del Cáucaso y me ha contado cómo se planteaba ese asunto en Georgia. También me ha dado tiempo de intercambiar unas palabras con el camarada Zinóviev y expresarle mis temores al respecto. Por lo que me ha contado el camarada Dzerzhinski, que ha presidido la comisión enviada por el Comité Central para “investigar” lo relativo al incidente de Georgia[5], yo no podía tener más que los mayores temores. Si las cosas tomaron tal cariz que Ordzhonikidze pudo perder los estribos y llegar a emplear la violencia física, como me ha hecho saber el camarada Dzerzhinski, podemos imaginarnos en qué embrollo nos hemos metido. Evidentemente toda esta empresa de la “autonomización” fue radicalmente errónea e inoportuna.

Se dice que era necesario un aparato único. ¿De dónde provienen esas afirmaciones? ¿Provienen acaso de ese mismo aparato ruso que, como señalé ya en una parte anterior de mi diario, tomamos del zarismo y lo cubrimos ligeramente con un barniz soviético?

Es indudable que la aplicación de esta medida debería haberse aplazado hasta que pudiéramos decir que respondemos por nuestra administración como algo propio. Pero ahora debemos, en plena conciencia, admitir lo contrario; la administración que denominamos nuestra es, de hecho, algo que sigue siendo muy ajeno a nosotros y que constituye una mezcolanza burguesa y zarista que no ha habido posibilidad alguna de transformar en cinco años sin la ayuda de otros países, y porque la mayor parte del tiempo estuvimos “ocupados” con acciones militares y la lucha contra el hambre.

En estas circunstancias es muy natural que la “libertad de abandonar la unión” que nos sirve de justificación sea sólo un pedacito de papel incapaz de defender a los no rusos de la embestida de ese hombre realmente ruso, el chovinista Gran Ruso, en el fondo un canalla y un tirano que ejemplifica al típico burócrata ruso. No cabe duda de que los obreros soviéticos y sovietizados, que constituyen una proporción insignificante, se van a ahogar en este mar de inmundicia chovinista rusa como las moscas en la leche.

Se dice en apoyo de esta medida que han constituido comisariatos del pueblo como organismos aparte, vinculados directamente con la psicología nacional y con la educación nacional. Pero entonces surge una pregunta: ¿pueden estos comisariatos del pueblo ser totalmente independientes? Segunda pregunta: ¿hemos tomado con suficiente cuidado medidas para proteger de verdad a los no rusos contra el canalla auténticamente ruso? Pienso que no hemos tomado esas medidas, aunque pudimos y debimos hacerlo.

Pienso que aquí desempeñó un papel fatal el apresuramiento de Stalin y su pasión por lo puramente administrativo, así como su animadversión por el infame “socialismo nacionalista” [Stalin criticaba a las nacionalidades minoritarias de no ser “internacionalistas” por no querer unirse a Rusia]. Por lo general, en la política el rencor siempre desempeña el papel más vil.

Temo igualmente que el camarada Dzerzhinski, que viajó al Cáucaso para investigar el “delito” de esos “socialistas nacionalistas”, también se haya distinguido allí sólo por su animadversión genuinamente rusa (es bien sabido que la gente de otras nacionalidades que se ha rusificado se pasa siempre de la raya cuando se trata de su mentalidad genuinamente rusa), y que la imparcialidad de toda su comisión ha quedado suficientemente caracterizada por el “guantazo” de Ordzhonikidze. Creo que ninguna provocación, ni siquiera un insulto, puede justificar ese atropello ruso, y que el camarada Dzerzhinski es inexcusablemente culpable de haber reaccionado con ligereza ante el bofetón.

Ordzhonikidze era la autoridad ante todos los ciudadanos del Cáucaso. Ordzhonikidze no tiene derecho a dejarse llevar por esa irritación a la que apelan él y Dzerzhinski. Al contrario, Ordzhonikidze estaba obligado a comportarse con un dominio de sí mismo que no se le puede pedir a un ciudadano común, y mucho menos si éste es acusado de un delito “político”. Y para decir la verdad, esos socialistas-nacionalistas eran ciudadanos acusados de un delito político, y todo el contexto en que se hizo esta acusación no podía calificarse de otra manera.

Lo que tenemos aquí es una importante cuestión de principios: ¿cómo debe entenderse el internacionalismo?

Lenin

30 de diciembre de 1922
Dictado a M.V.

*

Continuación de los apuntes.
31 de diciembre de 1922

En mis obras sobre el problema nacional he escrito ya que un planteamiento abstracto de la cuestión del nacionalismo en general no sirve para nada. Es indispensable distinguir entre el nacionalismo de una nación opresora y el nacionalismo de una nación oprimida, entre el nacionalismo de una nación grande y el nacionalismo de una nación pequeña.

Cuando se trata del segundo nacionalismo, los integrantes de una nación grande somos casi siempre culpables, en el terreno de la historia práctica, de una infinidad de actos de violencia; y cometemos, incluso sin darnos cuenta, mil insultos y ultrajes. Basta evocar mis recuerdos del Volga del trato que recibe la gente de otras nacionalidades: la manera burlona de llamar “poliachiaska” a los polacos, la sorna con que se llama siempre “príncipes” a los tártaros, “jojol” al ucraniano y “kapkásico” al georgiano y a los otros nacionales del Cáucaso.

Por eso, el internacionalismo por parte de las naciones opresoras, o de las tal llamadas naciones “grandes” (aunque sean grandes sólo por sus violencias, grandes sólo como un esbirro), debe consistir no sólo en el respeto a la igualdad formal de las naciones, sino también en una desigualdad que compense, por parte de la nación opresora, de la nación grande, por la desigualdad que prevalece efectivamente en la práctica. Quien no comprenda esto no ha entendido tampoco la actitud verdaderamente proletaria en relación con la cuestión nacional: sigue sosteniendo, en el fondo, el punto de vista pequeñoburgués, y por consiguiente no puede dejar de caer en el punto de vista burgués.

¿Qué es lo importante para el proletario? Para el proletario no sólo es importante sino también absolutamente esencial tener por seguro que los pueblos no-rusos tengan la mayor confianza posible en la lucha proletaria de clases. ¿Qué hace falta para garantizarlo? No sólo la igualdad formal. Para eso hace falta compensar de una manera u otra, con su comportamiento o haciendo concesiones a las otras naciones, por la desconfianza, el recelo y los agravios a los que han sido sometidos en el pasado histórico por el Gobierno de la nación dominante.

Pienso que para los bolcheviques, para los comunistas, no es necesario explicar esto en más detalle. Y creo que aquí tenemos, en lo que concierne a la nación georgiana, un caso típico en el cual una actitud verdaderamente proletaria nos exige profunda prudencia, delicadeza y disposición a conciliar. El georgiano [Stalin] que considera con desdén este aspecto del asunto, que negligentemente lanza acusaciones de “socialismo nacionalista” (cuando él mismo es no sólo un verdadero, un auténtico “socialista nacionalista”, sino un burdo esbirro gran ruso), ese georgiano vulnera, en el fondo, los intereses de la solidaridad proletaria de clase, porque nada frena tanto el desarrollo y la consolidación de esta solidaridad proletaria de clase como la injusticia en la esfera nacional; a nada son tan sensibles los representantes de naciones “ofendidas” como al sentimiento de igualdad y a la violación de esa igualdad, aunque sólo sea por negligencia o por broma, por parte de sus camaradas proletarios. Por eso en este caso es preferible pecar por exceso o por indulgencia en el sentido de hacer concesiones a las minorías nacionales, y no a la inversa. Por eso, en este caso, el interés vital de la solidaridad proletaria y por consiguiente de la lucha proletaria de clase requiere que no adoptemos jamás una actitud formal hacia el problema nacional, sino que tengamos siempre en cuenta la actitud específica del proletario de la nación oprimida (o pequeña) ante la nación opresora (o grande).

Lenin

Dictado a M.V.

*

Continuación de los apuntes.
31 de diciembre de 1922

¿Cuáles son las medidas prácticas hay que tomar en la actual situación?

Primero, hay que mantener y fortalecer la unión de las repúblicas socialistas; sobre esto no puede caber duda alguna. Esta medida es necesaria para nosotros y es necesaria para el proletariado comunista mundial en su lucha contra la burguesía mundial y para defenderse de sus intrigas.

Segundo, es preciso mantener la unión de las repúblicas socialistas en cuanto al personal diplomático que, dicho sea de paso, es una excepción en el conjunto de nuestro aparato estatal. No hemos admitido en él a una sola persona influyente del antiguo aparato zarista. Todas las secciones de alguna autoridad están compuestas de comunistas. Por eso se ha ganado ya (podemos decirlo sin temor) el título de aparato comunista comprobado, infinitamente más depurado de los elementos de la vieja administración zarista, burguesa y pequeñoburguesa que los aparatos con que hemos tenido que conformarnos en los otros comisariados del pueblo.

Tercero, hay que imponer un castigo ejemplar al camarada Ordzhonikidze (lo digo con tanta más pena porque somos amigos y trabajé con él en el extranjero, en la emigración), y también terminar de examinar o examinar de nuevo todos los documentos de la comisión de Dzerzhinski, a fin de corregir la enorme cantidad de errores y de juicios sesgados que sin duda hay en ellos. Queda claro que la responsabilidad política por toda esta campaña de verdadero nacionalismo gran ruso debe recaer a los pies de Stalin y Dzerzhinski.

Cuarto, es necesario implantar las reglas más rigurosas en cuanto al uso del idioma nacional en las repúblicas no rusas que forman parte de nuestra Unión, y verificar su cumplimiento con particular celo. No cabe duda de que, so pretexto de unidad del servicio ferroviario, so pretexto de unidad fiscal, etc., con la administración pública que tenemos ahora, se cometerán una infinidad de abusos de carácter verdaderamente ruso. Para combatir esos abusos se necesita una inventiva especial, sin hablar ya de la sinceridad singular de quienes emprendan esta lucha. Será necesario un código minucioso, y sólo los nacionales que habitan la república dada serán  capaces de elaborarlo con algún éxito. A este respecto, en modo alguno debemos descartar de antemano el que, como resultado de todo este trabajo, retrocedamos en el siguiente congreso de los Soviets, es decir, que mantengamos la unión de repúblicas socialistas soviéticas sólo en los aspectos militar y diplomático, restableciendo en todos los demás aspectos la completa autonomía de los distintos comisariatos del pueblo.

Hay que tener en cuenta que la descentralización de los comisariatos del pueblo y la falta de coordinación de su labor con respecto a Moscú y los otros centros pueden ser suficientemente compensadas por la autoridad del Partido, si ésta se ejerce con bastante discreción e imparcialidad; el daño que pueda sufrir nuestro Estado por la falta de unificación entre los aparatos nacionales y el aparato ruso es infinitamente menor que el daño que nos causará, no sólo a nosotros, sino a toda la Internacional, a los centenares de millones de habitantes de Asia, la cual nos seguirá, en un futuro próximo, al escenario de la historia. Sería un oportunismo imperdonable si, en vísperas de este albor del Oriente, en los comienzos de su despertar, socaváramos nuestro prestigio ante sus pueblos con la menor dureza o injusticia hacia las nacionalidades no rusas que habitan nuestro país. Una cosa es la necesidad de cohesión contra los imperialistas de Occidente, que defienden el mundo capitalista. En este caso no puede haber dudas, y huelga decir que apruebo sin reservas estas medidas. Pero otra cosa es cuando nosotros mismos adoptamos, aunque sea en pequeñeces, actitudes imperialistas frente a naciones oprimidas, poniendo así en tela de juicio toda nuestra sinceridad en la adhesión a los principios, toda la defensa que hacemos de la lucha contra el imperialismo. La alborada de la historia universal será el día en que despierten definitivamente los pueblos oprimidos por el imperialismo, los cuales han abierto ya los ojos, y en los que empieza la decisiva, larga y dura batalla por su emancipación.

Lenin

Dictado a M.V.


El 5 de marzo de 1923, cinco días antes de que su último derrame cerebral lo incapacitara, Lenin dictó esta carta a León Trotsky, miembro del Politburó del Partido Comunista Ruso.


A L.D. TROTSKY [6]


Estimado camarada Trotsky:

Rigurosamente secreto

Privado

Le rogaría asumir la defensa del asunto georgiano en el C.C. del Partido. Este asunto es actualmente objeto de “persecución” por parte de Stalin y Dzerzhinski, y no puedo confiar en su imparcialidad. Más bien todo lo contrario. Si Usted aceptara encargarse de su defensa, yo podría quedarme tranquilo. Si no acepta por alguna razón, devuélvame todo el asunto. Lo consideraré como indicio de su denegación.

Con los mejores saludos fraternales,

Lenin


Al día siguiente, Lenin dirigió esta carta a los líderes del Partido Comunista en la Georgia soviética que enfrentan “persecución por Stalin y Dzershinsky”.


A P.G. MDIVANI, F.E. MAJARADZE Y OTROS [7]


Rigurosamente secreto

A los camaradas Mdivani, MaJaradze y otros

Copia a los camaradas Trotsky y Kámenev

Estimados camaradas:

Sigo su caso con toda el alma. Estoy indignado por la brutalidad de Ordzhonikidze y las indulgencias de Stalin y Dzerzhinski. Preparo para Ustedes notas y un discurso.

Respetuosamente,

Lenin


La mala salud le impidió a Lenin pronunciar el discurso antes mencionado.


NOTAS

Al parecer existen siete versiones de las Obras Completas de Lenin in Castellano. Los enlaces que ofrecemos a continuación representan, en cada caso, una de las versiones del segmento correspondiente. Los textos aquí publicados han sido cotejados y comparados con una versión en inglés y en algunos casos con más de una versión en español, y pueden no corresponder exactamente al texto del enlace a continuación.

[1] Carta de Lenin a los obreros y campesinos de Ucrania a propósito de las victorias sobre Denikin. Tomo 3 de las obras escogidas, página 173: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf

[2] Acerca de la formación de la URSS. Tomo 3 de las obras escogidas, página 394: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf

[3] Sobre el Chovinismo Ruso de Gran Potencia. Tomo 36 de las Obras Completas, página 180: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/akal/lenin-oc-tomo-36.pdf

[4] Sobre El Problema de las Nacionalidades o de la “Autonomización”. Tomo 36 de las Obras Completas, página 242: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/akal/lenin-oc-tomo-36.pdf

[5] Incidente Georgiano-1921—En febrero de 1921, con el estallido de levantamientos populares contra el gobierno menchevique allí, el Ejército Rojo invadió para ayudar. El alcance y la popularidad del levantamiento, sin embargo, habían sido exagerados y le tomó al Ejército Rojo diez días de intensos combates entrar en Tiflis, la capital de Georgia.

Trotsky, el jefe del Ejército Rojo, no había ordenado—y ni siquiera había sido informado—de la invasión de Georgia, que fue instigada y llevada a cabo principalmente por Stalin (entonces el Secretario General) y Ordzhonikidze (Comisario en Jefe del Consejo de Guerra Revolucionaria del Cáucaso). Trotsky no había estado de acuerdo con la invasión, explicando que la población sería capaz de llevar a cabo la revolución. Lenin estuvo de acuerdo con la invasión, pero instó a que se llevara a cabo con extrema precaución para garantizar que el “bravucón ruso” prestara ayuda sin llegar a dominar la revolución en Georgia.

Más tarde, en una de sus últimas cartas al Congreso de los Soviets, Lenin escribió que era absolutamente esencial mantener el derecho a la autonomía y la igualdad para las minorías nacionales en Rusia. Lenin subrayó que en el “incidente georgiano” el chovinismo ruso y las prácticas de Stalin violaron el concepto más elemental de la solidaridad proletaria de clase al imponer los intereses de una gran nación sobre los de una más pequeña. (Véase: Sobre la cuestión de las nacionalidades).

[6] Carta a L.D. Trotsky. Tomo 54 de las Obras Completas, #518, página 402: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/progreso/tomo54.pdf

[7] Carta a los camaradas Mdivani, Majaradze y otros. Tomo 54 de las Obras Completas, #520, página 403: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/progreso/tomo54.pdf

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