En respuesta a la columna La lucha palestina y las lecciones de Sudáfrica, Ken Knudsen escribió:
“Creo están omitiendo un problema muy grande en Sudáfrica, la minoría blanca todavía posee y controla las minas de oro y diamantes y otras riquezas, y la población que no es blanca todavía está sufriendo inmensamente. Hasta que no se resuelva ese problema, creo que la revolución sudafricana está incompleta, y es un problema citarla como una solución para los palestinos oprimidos”.

La nota de Knudsen plantea un concepto que merece discusión. Pero no estamos de acuerdo con sus conclusiones.
Con mucha razón decenas de millones de personas en todo el mundo aclamaron el derrocamiento del régimen del apartheid como una victoria histórica para el pueblo de Sudáfrica y la humanidad entera. No vemos razón alguna para alterar esa conclusión.
DISCUSIÓN CON NUESTROS LECTORES
Es cierto que la victoria no ha conducido al triunfo de una revolución socialista. Sudáfrica sigue siendo una sociedad capitalista. La población negra, que constituye la gran mayoría de la clase trabajadora, sigue siendo explotada. En gran parte la propiedad de la tierra sigue en manos de la población blanca. No se ha cumplido la promesa de la Carta de la Libertad.
Pero eso no se debe a que la estrategia del Congreso Nacional Africano (CNA) — descrita en el artículo anterior y que resultó en el derrocamiento del apartheid — fuera errónea o inadecuada. Más bien se debe a que la clase obrera y los oprimidos en Sudáfrica todavía no han sido capaces de forjar una dirección capaz de dar los próximos pasos necesarios — algo que hoy día es generalmente cierto en el resto del mundo. El derrocamiento del apartheid y el derrocamiento del capitalismo nunca fueron objetivos idénticos. Eso no significa que carezca de importancia el derrocamiento del brutal sistema de apartheid.
En Estados Unidos la explotación capitalista y la opresión racista siguen siendo un hecho de la vida cotidiana. ¿Significa eso que el masivo movimiento de la clase trabajadora que derrocó el sistema de segregación racial conocido como “Jim Crow” tampoco tuvo ningún valor? No estamos de acuerdo.
Es instructivo leer de nuevo la advertencia emitida por el líder del CNA, Walter Sisulu:
“En ciertas circunstancias, el recurrir a las masas de forma emocional con un nacionalismo destructivo y excluyente puede ser una fuerza dinámica e irresistible en la historia… Sería una tontería imaginar que no podría algún día extenderse por nuestro país una ola de chovinismo negro provocada por el salvajismo del Partido Nacionalista (y tal vez también alentado y financiado secretamente por él). Y si eso llega a ocurrir, la agonía no va a reconocer distinción alguna de color”.

La estrategia del ANC de rechazar el racismo y basarse en la acción de las masas fue decisiva para evitar tal resultado, que de haber ocurrido hubiera hecho retroceder la lucha de los negros por la igualdad, así como al movimiento obrero, por muchas décadas.
Esa es una lección histórica que realmente merece ser estudiada. Como hemos explicado, hoy en Palestina esa agonía es verdadera a medida que aumenta el número de muertos en Gaza y las condiciones de vida en Cisjordania se tornan cada vez más duras para los palestinos debido a la brutal guerra y ocupación por Israel. La estrategia de Hamás ha llevado a un resultado como el que Sisulu había previsto.

En 1917 la revolución obrera más poderosa que haya presenciado el mundo barrió al zarismo de Rusia. Eso abrió el camino a la revolución socialista en ese país. Sin embargo, la revolución fue traicionada. Como resultado la clase obrera “sufrió inmensamente”, por usar la frase del comentario de Knudsen. ¿Indica eso que la estrategia del Partido Bolchevique que dirigió la revolución fue errónea, y que no hay lecciones que aprender para los que luchan hoy en día? También rechazamos esa idea.
—Los editores de Panorama-Mundial
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Categories: Palestina/Israel, Política Mundial