El artículo a continuación apareció por primera vez en la edición del 5 de enero de 2024 del diario israelí Ha’aretz. Informa sobre las actividades de Standing Together [Erguidos Juntos] y del reciente auge de la organización. Se trata de una organización en Israel que incluye a judíos, palestinos y otros que han estado promoviendo una campaña contra la ocupación israelí de los territorios palestinos y el actual asalto contra Gaza.
Israel está librando la guerra con un amplio respaldo popular. La invasión de Gaza va acompañada de una represión de los derechos democráticos dentro de Israel contra aquellos que se atreven a criticar incluso aspectos de la guerra, que se desató tras el horrible ataque por Hamas el 7 de octubre. La represión va dirigida especialmente contra los ciudadanos palestinos de Israel, pero no se limita a ellos. Ésta incluye detenciones y despidos indiscriminados de aquellos que critican la guerra.
En esta atmósfera, las actividades de Standing Together son entre las de una minoría de israelíes — judíos, palestinos y otros — que ofrecen un rayo de esperanza para el futuro.
Por estas razones, Panorama-Mundial vuelve a publicar el artículo a continuación para información de nuestros lectores. El original (en inglés) apareció bajo el título y el subtítulo que siguen inmediatamente. Los otros subtítulos son de Panorama-Mundial.
Una asociación de judíos y árabes construye un nuevo y juvenil bando por la paz en Israel
Mientras la guerra en Gaza prosigue, a Standing Together le ha ido muy bien: cuenta con 5 mil miembros que pagan cuotas, se ha duplicado el número de sus grupos estudiantiles y nuevos grupos de judíos y árabes están trabajando para preservar la solidaridad e infundir la esperanza de una vida compartida en Israel.

Por Netta Ahituv
5 de enero de 2024 — “No estás sola”, le dijo la mujer judía a la mujer árabe. Derramando lágrimas, los dos israelíes, que se reunían por primera vez, se abrazaron. La escena tuvo lugar en el modesto apartamento de Lod de la mujer árabe Isra Abou Laban Oudi. Ella es madre soltera, y su hijo de 3 años, Tareq, correteaba alegremente entre los 14 extraños, judíos y árabes, que eran huéspedes en su casa.
Desde el comienzo del año escolar, dice Oudi, su hijo, que solo habla árabe, había asistido a un preescolar municipal de habla hebrea. Después del 7 de octubre, cuando los niños regresaron a la escuela, Tareq también estaba feliz de reunirse con sus amigos después de lo que había sido un descanso de dos semanas. Sin embargo, dice Oudi, cuando lo escuchó hablar árabe, su maestra lo golpeó y le exigió que no usara “ese idioma”.
Oudi presentó una denuncia ante la policía, que aún está siendo examinada, pero desde entonces, hace ya algunas semanas, Tareq no va a la guardería. La profesora, que niega haber golpeado a Tareq y afirma que ella solo lo regañó, también presentó una denuncia ante la policía, alegando que Oudi la estaba acusando falsamente. Todavía trabaja en el preescolar.
Toda la situación dejó a Oudi sintiéndose impotente y muy sola. Es decir, hasta el encuentro de solidaridad que tuvo lugar en su casa, cuando los miembros de Standing Together — un movimiento social árabe-judío que busca promover una sociedad benéfica e igualitaria en Israel por medio de la actividad conjunta y comunitaria — vinieron a mostrar su apoyo.
Tres días después de esa visita, Oudi y su pequeño hijo asistieron a un evento organizado por el movimiento en la cercana ciudad de Ramle que, al igual que Lod, tiene una población mixta. Allí, en un salón de banquetes que no tenía banquete alguno que organizar, árabes y judíos trabajaban codo a codo para preparar paquetes de alimentos para familias judías, musulmanas y cristianas cuya fuente de sustento se había visto truncada debido a la guerra.
Transformar la afrenta en actividad constructiva
No es por casualidad que Oudi y su hijo se hayan unido a la actividad de Standing Together (“Omdim Beyahad” en hebreo). Es parte del “plan de recuperación” que el movimiento recomienda para las personas que han sido heridas por el racismo: transformar la afrenta en una actividad constructiva. “Le da a la gente la fuerza para traducir el dolor en actividades conjuntas, restaura un renovado sentido de control y también nos trae miembros nuevos y altamente motivados”, explica Omri Goren, de 24 años, que supervisa la actividad del movimiento en el área de Ramle-Lod y también dirige su división estudiantil.
Después de que los voluntarios terminaron de empacar todos los productos alimenticios, y justo antes de que los paquetes de ayuda fueran enviados a direcciones por toda la ciudad, los 30 voluntarios se reunieron en un círculo de diálogo. Goren les pidió que se presentaran y describieran cómo se sentían en este momento de tantas tensiones.
Un hombre, un árabe, relató que su esposa estaba asustada por las implicaciones de la guerra para los ciudadanos árabes de Israel y se había ido al extranjero con uno de sus hijos, mientras que otro hijo, un ingeniero eléctrico, había sido despedido de su trabajo debido a “la situación”. Un hombre judío sentado a su lado dijo que durante tres décadas había sido propietario de una tienda en Ramle donde compraban judíos, cristianos y musulmanes, y que tenía relaciones cálidas y estrechas con todos ellos. “Somos como hermanos”, dijo. “Hay respeto y amor genuino. Estoy orgulloso de ser un residente de Ramle que tiene amigos en Ramle”.
Una mujer judía dijo a los demás que su sobrina fue asesinada el 7 de octubre y que estaba preocupada por el futuro compartido en Israel. “Y por eso estoy aquí”.

Mientras muchos pudieran sorprenderse — aunque no los líderes del movimiento — la receptividad del mensaje de solidaridad y la visión de un futuro compartido que ofrece Standing Together ha ido aumentando constantemente desde que comenzó la guerra. Los que pensaron que el aumento de las sospechas mutuas entre árabes y judíos es lo que está causando que el frágil tejido de la sociedad israelí se desmorone, quedan invitados a participar en la actividad del movimiento y a descubrir que están equivocados.
Standing Together, que se fundó en 2015 y defiende los valores de la igualdad, la paz, la justicia social y el socialismo (y que en tiempos normales participa en cuestiones ambientales, educativas y sociales por medio de diferentes campañas), actualmente está cobrando impulso. Su membresía crece día a día.
El color púrpura asociado con el movimiento, y su nuevo lema, “Esto lo vamos a superar juntos”, puede verse en más y más lugares tanto en el mundo real como en línea. La mayoría de los nuevos miembros son jóvenes, árabes y judíos, señalan los directores del movimiento. Desde el 7 de octubre se han establecido en todo el país una docena de grupos conjuntos árabe-judíos, denominados “guardias de la solidaridad”, que se unen a las ocho ramas que ya estaban activas. También se han creado once capítulos estudiantiles, además de los nueve que existían anteriormente.
No es un asunto trivial ser miembro del movimiento, ya que requiere el pago de una cuota mensual. Los pagos son flexibles y su nivel se basa en la capacidad económica de cada persona, a partir del nivel mínimo de 5 shekels (alrededor de 1.40 dólares). En la actualidad hay más de 5 mil miembros que pagan cuotas, y otras 2 mil personas asisten a eventos del movimiento sin ser oficialmente miembros.
Las cuotas de membresía representan la mitad del presupuesto de Standing Together, y el otro 50 por ciento proviene de fundaciones privadas, ya sean pequeñas y familiares, o grandes y conocidas organizaciones filantrópicas, como el New Israel Fund. Por cuestión de principios, con el fin de preservar su libertad de acción y la idea de que es un movimiento ciudadano, Standing Together no acepta dinero de gobiernos extranjeros.
Tamar Asadi es alguien que se unió al movimiento a raíz del 7 de octubre. Asadi, de 28 años, es de la aldea Deir al-Asad, en el norte del país. Es maestra de aula para estudiantes de 12º grado en una escuela secundaria judía de la zona, donde ha trabajado durante los últimos seis años. Ella también dice que ha estado “muy preocupada” desde el comienzo de la guerra. “También conocía a algunas personas en la fiesta [Nova] y en las comunidades fronterizas de Gaza y, en general, me preocupaba lo que podría ocurrir”, dice.
‘Un salvavidas de gracia’
“En las redes sociales”, continúa, “todas las publicaciones eran oscuras y aterradoras, y de repente vi una publicación de color púrpura, que decía algo sobre la asociación, tanto en hebreo como en árabe. Sentí como si alguien me hubiera arrojado un salvavidas de gracia. Escribí a las personas que respaldan la publicación, que eran de Standing Together, para preguntarles si el movimiento tenía una rama en Deir al-Asad.
“Dijeron que no, así que decidí tomar la iniciativa y establecer una guardia de solidaridad de las comunidades árabes y judías en Galilea. En cuestión de horas teníamos 350 nuevos miembros. Tuvimos nuestra primera reunión por medio de Zoom y la respuesta fue tan buena que decidimos continuar con una reunión presencial”.
Asadi continúa: “Invitamos a todo el mundo a unirse a nosotros, al centro comunitario de Deir al-Asad. Una de las personas que vino, del kibutz Tuval [cercano], se disculpó por tener que irse temprano, porque tenía guardia en el kibutz — “para protegernos de ustedes”, dijo — y todos se rieron. No he dejado de hablar de ese comentario, y entendí lo importante que es lo que estamos haciendo en Standing Together.
“Desde entonces, mi actividad no ha hecho más que cobrar impulso. Visitamos equipos médicos conjuntos de árabes y judíos en centros de salud; hicimos una visita de solidaridad a Maayan Sigal-Koren, cinco de cuyos familiares fueron secuestrados en el kibutz Nir Yitzhak, dos de los cuales siguen detenidos en Gaza; invité a amigos a un encuentro en mi casa, lo que me dejó muy emocionada; y mucho más.

“Standing Together me ofrece un lugar donde puedo ser quien soy”, explica, “así como la esperanza que he estado buscando durante mucho tiempo. Mi actividad en el movimiento es también un mensaje para mis alumnos. Ven a una maestra de aula israelí, a una mujer árabe, a una musulmana, a una palestina, que por un lado se identifica con Israel, pero que no se avergüenza de su identidad [árabe]. El cambio tiene que venir de la ciudadanía. Nuestra generación está confundida acerca de su identidad, y está triste y temerosa, pero la sociedad árabe se está comportando con solidaridad, dignidad y empatía en este momento, no sólo porque siente miedo, sino principalmente porque compartimos un mismo destino”.
Sigal-Koren, residente del kibutz Pelekh, en la región de Misgav, describe la visita de solidaridad que le hicieron los miembros del movimiento como “la más poderosa y esperanzadora que he experimentado desde que todo esto comenzó. El encuentro me conmovió de una manera que ningún otro encuentro en este período lo ha podido hacer”, le dijo a Ha’aretz.
Los activistas de Standing Together le preguntaron a Sigal-Koren cómo podían ayudarla a ella y a otras familias de los rehenes, y de repente se le ocurrió que la campaña que se estaba llevando a cabo en línea y a través de carteles y vallas publicitarias que pedían la liberación de los cautivos también debería traducirse al árabe. De hecho esto se hizo rápidamente con la ayuda de miembros del escuadrón de solidaridad. Posteriormente, Sigal-Koren fue invitada a contar su historia en una reunión de Standing Together en la ciudad árabe de Nahaf. Hablando ante 300 árabes y judíos, pidió el regreso de su tío de Gaza, Fernando Marman, y de Louis Har, la pareja de su madre (su madre, Clara, fue liberada el 28 de noviembre).
Desde ese sábado infernal, el movimiento ha llevado a cabo más de un centenar de actividades, incluyendo conferencias conjuntas para árabes y judíos en hebreo y árabe en Tamra, Nazaret, Abu Ghosh, Lod, Jerusalén, Beer Sheva, Tel Aviv y otros lugares. Han visitado hospitales para reunirse con soldados heridos y hablar con equipos médicos judíos y árabes; aseado refugios públicos; enviado paquetes de alimentos y otras cosas a familias cuya fuente de ingresos se ha agotado; monitoreado casos de violencia racista en Israel; y han hecho visitas solidarias como la de la casa de Oudi.
Uno de sus actos notables es la creación de una línea directa de emergencia, que ofrece asistencia a cualquier persona que haya sido perjudicada por el racismo o que requiera que alguien los acompañe físicamente para llegar a su lugar de trabajo, a la clínica local o a la comisaría de policía para presentar una denuncia por racismo. La línea directa, que funciona los siete días de la semana, ha recibido cientos de llamadas de personas cuyos casos se encuentran en diversas etapas de procesamiento.
La línea directa cuenta actualmente con 90 voluntarios, dice Oded Rotem, su coordinador. Muchos más querían unirse, señala, pero el movimiento ha declarado una pausa en aceptar a nuevos voluntarios, ya que no puede cumplir con el ritmo de capacitación.
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Conferencia de Haifa
Unas 700 personas asistieron a la conferencia de Standing Together celebrada el 4 de noviembre en Haifa. No es inusual que en estos lugares el evento sólo pudo llevarse a cabo después de encontrar una ubicación alternativa, porque tuvieron que abandonar la original tras la presión de los derechistas.
En el evento, Sally Abed, que dirige el equipo de desarrollo de recursos del movimiento, habló sobre su madre, que trabaja para el distrito norte del Instituto Nacional de Seguros (la administración de la seguridad social), que se ocupa de las necesidades de bienestar social de las familias en duelo y de las familias de los rehenes de Gaza. Relató cómo, después de un duro día de trabajo emocionalmente agotador, su madre llega a casa, enciende un canal de noticias en árabe y ve lo que se está perpetrando contra los miembros de su familia en la Franja de Gaza.
“Nos dicen que tenemos que tomar partido”, dijo Abed. “Pero el hacer esa elección inevitablemente niega la humanidad del otro lado. Me niego a que me roben mi humanidad. Me niego a que me priven de mi israelidad”, declaró, ante el aplauso del público. Después de la reunión, Abed fue abordada por un anciano judío que vestía una kipá, con lágrimas en los ojos. Abrazándola, le dijo: “Gracias, esta es la primera vez que respiro desde el 7 de octubre. Hiciste posible que sintiera dolor por el otro lado y que volviera a sentirme como un ser humano”.

Situaciones similarmente emotivas también pudieron presenciarse dos semanas después en una reunión en Tira, una ciudad árabe en el centro de Israel. Allí, unos 120 árabes y judíos escucharon atentamente al diputado Ahmad Tibi (Hadash-Ta’al), al profesor Dani Filc (del departamento de ciencias políticas de la Universidad Ben-Gurion) y a otros. Después, los participantes se dividieron en círculos íntimos, lo que les permitió compartir y procesar sus sentimientos y miedos. Muchos comentaron que la noche les había dado una sensación de esperanza. Durante una larga entrevista con ellos en las oficinas de Standing Together en Tel Aviv, cuyas paredes están pintadas de morado, le pido al codirector judío, Alon-Lee Green, de 35 años, y a su homóloga árabe, Rula Daood, de 38, que intenten analizar la fuente de esa esperanza.
“La esperanza está en la asociación”
“En mi opinión, la clave para entender esa esperanza está en la asociación”, dice Daood. “Para algunas personas, nuestra actividad es el primer encuentro con ‘el otro’ desde que comenzó la guerra. Sentían rabia y confusión, y nosotros les permitimos hablar sólo del dolor, sin que se entremezcle con el odio y el nacionalismo, o con discusiones sobre política. Eso es algo liberador. Cuando ves a una mujer árabe llorando contigo por las mismas cosas, te da la esperanza de que juntas podemos superar esto”.
Green: “Al principio de la guerra, lo que dominaba aquí era el miedo y la soledad. Nuestra actividad hace posible conocer a los que son llamados “el enemigo”, y escuchas de ellos que también tienen miedo, tristeza y soledad. Es una validación para aquellos [judíos] que no quieren tenerles miedo de los árabes, pero sin embargo tienen miedo, y no hay necesidad de embellecer las cosas: el 7 de octubre y los días que le sucedieron fueron realmente aterradores. Creo que esto es parte de lo que da esperanza: tenía miedo y ahora tengo un poco menos de miedo. No le decimos a la gente: ‘El racismo es malo, uy, uy, uy’; Desmantelamos el racismo por medio de una lucha conjunta por nuestros intereses y experiencias compartidas en este país”.
“Además”, añade Daood, “tenemos mucho en común. Muchos tienden a olvidar eso, pero siempre nos da mucho gusto recordárselo a todos”.
Más tarde, Abed, a quien conocí en las oficinas del movimiento en Haifa, que comparte el color morado de la sede en Tel Aviv, añade su explicación sobre la esperanza. “No le predicamos a nadie”, dice. “Solo fortalecemos la experiencia humana, y eso aparentemente brinda esperanza”.
La moralidad es otro tema clave para entender el éxito actual de Standing Together. Aquí el concepto subyacente es el de “disonancia ética”. Según el psicólogo social Shahar Ayal, profesor de la Universidad Reichman, el término se refiere a la inconsistencia entre el comportamiento inmoral de una persona y su necesidad de preservar una autoimagen moral positiva. Para reducir la disonancia ética, las personas evocan una variedad de justificaciones para el comportamiento de su gobierno o ejército, o el suyo propio. Por ejemplo, un mecanismo de doble distanciamiento: juzgan a los demás con severidad, pero se perciben a sí mismos como más morales y éticos”.
Esta forma de disonancia es la que está detrás de la presión que prevalece en estos momentos por elegir un bando. Para escapar de la espiral moral, a los israelíes se les “prohíbe” sentir lástima por los gazatíes, y a los palestinos se les “prohíbe” sentir lástima por los israelíes. Con la meta de seguir viéndose a sí mismos como individuos morales, muchos israelíes se convencen a sí mismos que los niños en Gaza están sufriendo porque son partidarios de Hamás. Del lado palestino, muchos se convencen a sí mismos que la masacre del 7 de octubre es una ficción israelí, o un eslabón más en la cadena de la lucha contra la ocupación. En efecto lo que propone Standing Together es una tercera vía que hace superflua la disonancia ética. Puedes sentir dolor por ambos; no es necesario elegir un bando.
“Está perfectamente bien ver a un niño como un niño, a una familia como una familia, no importa de dónde sea”, dice Green. “Esto es lo que le decimos también a la izquierda lunática en Estados Unidos — sin olvidar que Hamás existe y que hubo una masacre horrible — y a la derecha en Israel, cuyos adherentes aparecen en televisión diciendo cosas escandalosas sobre niños cuya única ‘culpa’ es haber nacido en Gaza. Es muy difícil ocupar un lugar que trata de mantener estas dos cosas juntas, pero es necesario”.
Se ha criticado mucho lo que estamos haciendo. Un derechista me dijo que soy ingenuo, una mujer del centro del país me dijo que todo esto no puede funcionar sobre la base de una asociación entre árabes y judíos, y alguien de la izquierda me dijo que no invocamos la ocupación suficientemente.
Green: “Uno de nuestros lemas es: ‘No hay movimiento sin fricción’. Si queremos que las cosas se muevan, obviamente habrá diferencias de opinión sobre nosotros. Standing Together es un flujo de pensamientos, de los cuales derivamos nuestras acciones. Hemos aportado una nueva idea a la sociedad israelí, es decir, una política que toma a la gente en consideración. Pueden decirnos todo el día que los términos “paz” y “judío-árabe” son vulgares y corrientes, pero lo que no sé es si habrá palabras así para las personas a las que persiguen y llaman “traidores”. Pueden llamarnos ‘ingenuos’, pero también podemos decir que la paz es la solución política menos ingenua que existe hoy en día”.

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Green, un activista sociopolítico desde su juventud, se desempeñó como asistente parlamentario del ex diputado Dov Khenin (Hadash). Actualmente paga un precio muy alto por su deseo de paz. Como codirector de Standing Together, trabaja casi las 24 horas del día, apenas duerme, y se ocupa de múltiples frentes al mismo tiempo. Dice que su teléfono nunca deja de sonar, pero no por buenas razones. Recibe un número obsesivo de llamadas y mensajes de texto repletos de vilipendios, maldiciones, deseos de su tortura y muerte, y el clásico “Vete a Gaza”.
Desde que activistas de derecha, entre ellos el conocido rapero y activista de derecha Yoav Eliasi, conocido como “La Sombra”, hicieron público el número de teléfono de Green, ha estado bajo un ataque verbal incesante, a veces en la calle cuando lo reconocen. Él reconoce que las maldiciones despiadadas y los comentarios brutales son difíciles de soportar. Ha presentado ya dos denuncias ante la policía por acoso (que hasta la fecha no ha sido físico), pero no se ha tomado ninguna medida.
Green, sin embargo, dice que está menos preocupado por su seguridad que por las mujeres árabes en el movimiento. “Son víctimas con demasiada facilidad. Hoy día es muy fácil atacar a una mujer árabe en Israel”, dice. Molesta, Daood habla de los muchos mensajes que recibe deseando que sea violada. “Lo que más me duele es cuando me llega eso de las mujeres, como si no hubiera solidaridad entre las mujeres en el mundo”.
Green: “Esa es una de las cosas más difíciles para mí a nivel personal: lo fácil que es perder algo dentro de ti mismo y desearle a otra mujer una de las cosas más terribles que sufrieron nuestras mujeres el 7 de octubre. Veo la forma en que los políticos explotan cínicamente este suelo fértil y fomentan todo esto. Cuando escucho las maldiciones que deben soportar mis amigas árabes en el movimiento, me pregunto cómo pueden seguir siendo miembros. ¿Cómo te levantas después de ese momento de humillación?”
‘La derecha radical se obsesiona con Standing Together’
Como lo ve Abed, “las fuerzas de la derecha radical están obsesionadas con Standing Together. Creo que esto se debe a que, por primera vez en mucho tiempo, estamos transmitiendo una narrativa política que es capaz de competir con la narrativa de la extrema derecha. Porque mientras esas fuerzas funcionaban bien y de manera organizada, y se movían de los márgenes ilegítimos de la sociedad israelí hacia el Knesset [el Parlamento Israelí], el gobierno, el ejército, los medios de comunicación y la sociedad israelí convencional, la izquierda perdió su relevancia y perdió el apoyo de los árabes, especialmente los de la generación más joven. Ahora estamos transmitiendo una buena narrativa, construyendo un nuevo movimiento de paz entre los jóvenes, de árabes y judíos, de los progresistas en el sentido positivo de la palabra, no de los locos, sino de los verdaderos liberales. Estamos diciendo: ‘Hemos llegado al fondo, y de aquí en adelante nos levantaremos juntos’. Estamos luchando por nuestra humanidad”.
Abed es además como un sabueso político-social que se ha curtido en la batalla. En 2021 fue detenida en Jaffa en una manifestación contra el desalojo de árabes de sus hogares, pero a las pocas horas fue puesta en libertad sin enfrentar cargos. El mes pasado, fue objeto de ataques verbalmente violentos por parte de judíos en X (antes Twitter), por haberse atrevido a escribir que su corazón está roto por lo que les sucedió a los israelíes y también por lo que les está sucediendo a los gazatíes.
“No nos están dejando espacio para expresarnos”, dice. “Personalmente, me he mantenido callada desde entonces. Lo que más me duele es que los moderados se hayan manifestado en mi contra. “¿Por qué hablar de Gaza ahora?”, preguntaron. Quieren que hable sólo de la solidaridad judeo-árabe dentro de Israel. Muchos judíos no nos perciben a nosotros, los árabes en Israel, como parte de la sociedad, y por eso no creen que sea auténtico mi dolor por las atrocidades del 7 de octubre.
“Muchos de ellos no entienden que los árabes de Israel tienen miedo de todo el mundo”, continúa. “Tenemos miedo de Hezbolá, yo crecí en el norte durante la Segunda Guerra del Líbano, sé lo aterrador que es Hezbolá. Tenemos miedo de Hamás, hemos visto que no perdonan a nadie, ni a los árabes ni a nadie. Y tenemos miedo de la policía y del ejército en Israel, y también de los civiles judíos, que podrían atacarnos”.
A diferencia de Green y Abed, Daood entró en el mundo del activismo político-social relativamente tarde. Por entrenamiento patóloga del habla y del lenguaje, pasó muchos años trabajando en la profesión. Conoció a Standing Together durante una manifestación que el movimiento llevó a cabo en Jerusalén en 2019. “Una mujer con una camiseta morada, con letras en árabe y hebreo, estaba parada allí y gritaba consignas en ambos idiomas. Empezó a marchar y todo el mundo marchó detrás de ella. Me quedé asombrada tanto por ella como por el poder de un acto tan simple. Me di cuenta de que si quería cambiar la situación, estaba en la línea de trabajo equivocada. Me uní a Standing Together, y eso se convirtió en una trayectoria que me cambió la vida”.
La frase “cambio de vida” volvió a surgir en la entrevista, esta vez en el contexto del sábado 7 de octubre. “Comprendí que este era un evento que cambiaría vidas, un cambio de paradigma que también cambiaría el curso de la historia”, dice Green. “Durante los primeros días, nos ocupamos solo de brindar ayuda y apoyo a los miembros del equipo que resultaron heridos, a los miembros del movimiento y a quienes necesitaron ayuda. Fue solo en la segunda etapa que comenzamos a pensar en nuestro papel como movimiento hoy en día, y terminamos atrapados en un debate mordaz.

“Un grupo”, recuerda, “dijo: ‘Hagamos a un lado Gaza por el momento, hablemos de paz entre judíos y árabes dentro de Israel, seamos lo menos políticos que podamos ser para crear el mayor espacio posible para fomentar la asociación, incluso para todos aquellos que dicen estar desilusionados’. El segundo grupo dijo que si no actuamos como un movimiento por la paz que habla del día después, nadie lo va a hacer. Hubo muchas discusiones. Al final decidimos reforzar ambas narrativas, una al lado de la otra”.
¿Cómo responder a aquellos que dicen que [después del 7 de octubre] ya no se hacen las ilusiones, y ahora creen que Hamas tiene que ser aniquilado, sin importar cuántas víctimas esto conlleve del lado palestino?
Green: “¿Qué están sugiriendo realmente? ¿Que debemos permanecer en una guerra perpetua de aniquilación mutua, para elegir una vida en la que solo un bando triunfe cada vez un poquito? Nosotros, en cambio, ofrecemos un atisbo del horizonte, aunque parezca lejano en la actualidad. Creo que la ilusión destrozada que debería uno tener después del 7 de octubre es que el deseo de que los palestinos desaparezcan de la región no es algo que pueda ocurrir por el momento.
“Otra ilusión destrozada implica darse cuenta de que Hamas fue el actor más débil durante el período de Oslo, cuando los palestinos albergaban verdaderas esperanzas y tenían un horizonte diplomático. Eso demuestra que para derrotar una idea horrible como Hamás, tenemos que presentar una idea carismática y persuasiva tanto para los palestinos como para los israelíes. Una de esas ideas consiste en la paz y la igualdad, y lo digo desde un lugar patriótico, desde un lugar egoísta, queriendo poder vivir aquí con seguridad”.
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Gira de conferencias en Estados Unidos
El mensaje del movimiento morado es muy solicitado en el extranjero, así como en Israel. Green y Abed regresaron recientemente de una gira publicitaria en Estados Unidos, donde hablaron ante miles de personas en sinagogas, mezquitas, centros comunitarios y espacios académicos. Fueron entrevistados por los principales medios de comunicación y se reunieron con miembros del Congreso, entre ellos el senador Bernie Sanders (demócrata, Vermont) y la representante Alexandria Ocasio-Cortez (demócrata, Nueva York). Todos ellos querían escuchar cómo judíos y árabes están haciendo algo juntos en el contexto de la guerra.

Me reuní con Green en el evento en Tira unas horas después de que aterrizara, y con Abed en Haifa al día siguiente de su regreso. Ambos se veían agotados, y no solamente por el viaje agotador o el jet-lag. Abed explicó por qué se sintió tan vacía después de la visita a Estados Unidos.
“La discusión allá está muy desconectada de nuestra vida, de nuestros desafíos, de nuestra realidad. Cada bando tiene sus fantasías sobre lo que es Israel y lo que significa la liberación de Palestina. Les pregunté cómo el debate entre ellos en las redes sociales ayuda a la gente en Israel, que está en una situación de guerra, está experimentando ataques, está atrapada en un trauma profundo, está enterrando a sus muertos, se preocupa por los cautivos o está siendo bombardeada. No tienen respuestas. Están librando una guerra de narrativas sobre quién tiene más razón. Con el lado judío, sentí que tenía que contener su dolor, a pesar de que en realidad no experimentaron la agresión, sino solo un trauma colectivo distante, sin comprender que yo experimenté un trauma real, como israelí.
“Con el lado palestino”, continúa, “sentí que nos estaban juzgando por estar trabajando con judíos. Uno de los musulmanes que conocimos me preguntó: ‘¿Qué es esta mierda sionista-liberal de la que usted forma parte?’ Las dos partes se niegan a ver que el pueblo árabe y el pueblo judío viven aquí, con sus propios deseos, sentimientos, traumas y experiencias compartidas. Los encuentros y las conversaciones me obligaron a tener en cuenta los temores de cada lado: los judíos estadounidenses que temen el antisemitismo, y con razón; y los palestinos estadounidenses, que están horrorizados ante la posibilidad de que sus familiares mueran. Me agotó emocionalmente”.
A lo que Green añade: “Nuestros amigos en Estados Unidos están en una crisis de hashtags. Sienten que solo tienen una de dos opciones: o bien un hashtag “Estoy con Israel” o bien un hashtag “Mi corazón está con Gaza”. Les dijimos que si nosotros, que estamos en el corazón de la tormenta, somos capaces de mantener la comprensión de que ambos pueblos están sufriendo en este momento y también trabajar juntos por la humanidad, entonces también ellos son capaces de hacerlo. Todo lo que necesitan, en realidad, es muchas ganas y un poco de esfuerzo”.
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Categories: Palestina/Israel
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