Palestina/Israel

Gaza: Ante la hambruna, una nueva masacre


La publicación Jewish Currents pone de relieve las terribles condiciones en Rafah



Ante la creciente condena mundial del ataque genocida de Israel contra Gaza, el 29 de febrero se produjo una nueva masacre que causó la muerte de 104 palestinos y dejó a más de 700 heridos.

“Funcionarios de la Franja de Gaza”, informó el Washington Post, acusaron a “las fuerzas israelíes de abrir fuego contra un grupo de personas que esperaban ayuda humanitaria. Israel dijo que un número no especificado de las víctimas fueron causadas por una estampida mientras los residentes se agolpaban para alcanzar a un convoy de camiones. Las fuerzas israelíes abrieron fuego contra miembros del grupo que se acercaron a los soldados de una manera considerada amenazante, según funcionarios israelíes”.

La agencia oficial de noticias de la Autoridad Palestina, Wafa, informó que “tanques israelíes habían abierto fuego con ametralladoras contra miles” que esperaban la llegada de la ayuda. El Ministerio de Salud de Gaza advirtió que el número de muertos podría aumentar, informó el New York Times, “a medida que los palestinos heridos llegaban al Hospital Al-Shifa, donde el personal médico era ‘incapaz de lidiar con el volumen y el tipo de lesiones’ en medio de la falta de suministros médicos y personal”.

Si bien hay versiones contradictorias de los detalles, no puede haber dudas sobre la causa de la matanza. Israel ha decidido castigar a toda la población de Gaza por el ataque de Hamás del 7 de octubre.

Un palestino recibe atención médica en el Hospital Kamal Edwan en Beit Lahia, en el norte de la Franja de Gaza, el 29 de febrero, después de que tropas israelíes dispararan contra un convoy de ayuda, matando a más de 100 personas. (Foto: Agence France-Presse)

Ya el 9 de octubre, el mayor general jubilado Giora Eiland escribió en el diario israelí Yedioth Ahronoth: “El Estado de Israel no tiene más remedio que convertir a Gaza, temporal o permanentemente, en un lugar donde sea imposible vivir”. Y añadió: “Crear una grave crisis humanitaria en Gaza es lo que se necesita para lograr el objetivo”.

En otro artículo, Eiland agregó: “Gaza se convertirá en un lugar donde ningún ser humano podrá existir”.

En los meses transcurridos desde entonces, a medida que el número de palestinos muertos ha superado los 30 mil, Israel ha privado a los habitantes de Gaza de alimentos, agua, refugio, atención médica adecuada y otras necesidades. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió recientemente que al menos una cuarta parte de la población de Gaza está “a un paso de la hambruna”.

En estas condiciones catastróficas, los palestinos desesperados a menudo rodean a los pocos camiones que llevan alimentos a Gaza. El diario israelí Ha’aretz informó el  22 de febrero que bandas criminales también buscan apoderarse de suministros de alimentos para venderlos en el mercado negro. Un gazatí que se mudó a Rafah le dijo a Ha’aretz: “Lo que preocupa es que cuanto más crece el hambre, la desesperación y la frustración con las organizaciones de ayuda, más audaces se vuelven las bandas organizadas y más venden su botín en el mercado negro a precios demenciales”.

Pero esto también es resultado de las políticas israelíes. “Los agentes de policía” en Gaza, escribió Amira Hass, “tienen miedo de proteger a los convoyes porque llevar uniforme y armas los convierte en blanco de los soldados israelíes”. Reuters informó recientemente que el embajador David Satterfield, enviado especial de Estados Unidos para asuntos humanitarios en el Medio Oriente, dijo que las fuerzas israelíes habían matado a policías palestinos que protegían un convoy de ayuda de la ONU en Rafah.

La hambruna acecha a Gaza

Cada día se hace más grave la crisis humanitaria creada por el implacable ataque de Israel. Esto fue captado en un ensayo de opinión del New York Times del 29 de febrero por Megan K. Stack, Starvation is Stalking Gaza’s Children [La Hambruna acecha a los niños de Gaza]. A continuación se presentan algunos extractos.

Al menos dos de cada 10 mil personas mueren cada día de hambre en Gaza. (Foto: Mohammed Salem / Reuters)

Los informes de muerte por inanición son difíciles de verificar a distancia. El hambre en Gaza es causada, pero también en parte queda ocultada, por una guerra despiadada que ha destruido hospitales, inundado morgues y dañado las redes de comunicación, lo que nos deja tratando de acertar lo que está sucediendo a partir de fragmentos de información. Las organizaciones de socorro en Gaza se esfuerzan por determinar si la crisis se ha convertido formalmente en hambruna; estadísticamente, la indicación más clara es que al menos dos personas de cada 10 mil mueren cada día de hambre. Miden la circunferencia de la parte superior de los brazos de los niños para documentar el peligro de su pérdida de peso.

Estos niños no están sufriendo por la sequía o la pérdida de cosechas o algún otro desastre natural. Su hambre es una catástrofe provocada por el hombre. El gobierno israelí ha ralentizado e incluso impedido que la ayuda alimentaria entre en la asediada Franja de Gaza. Incluso cuando los camiones logran pasar, los bombardeos israelíes y, más recientemente, la creciente desesperación de las muchedumbres hambrientas han convertido la distribución de alimentos en una tarea ardua y a veces mortal.

Se cree que la amenaza de hambruna es más intensa en los escombros del norte de Gaza, donde en enero los exámenes de nutrición encontraron que más del 15 por ciento de los niños de 6 a 23 meses estaban agudamente desnutridos, una condición rara vez vista en Gaza antes de la guerra actual. “Tal disminución en el estado nutricional de una población en tres meses no tiene precedentes a nivel mundial”, dijeron UNICEF, la Organización Mundial de la Salud y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU al informar sobre las últimas estadísticas sombrías la semana pasada.

Michael Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, lo dijo sin rodeos: “Esta es una población que se está muriendo de hambre”.

No debemos pretender que estas muertes eran inevitables. Todo esto ya lo sabíamos: los residentes palestinos de Gaza se han visto reducidos a comer hierba. Beben agua fétida. Los granos destinados a la alimentación animal se pulverizan hasta convertirlos en harina improvisada, pero incluso ese humilde sustento se ha ido agotando. Se ha documentado y denunciado la hambruna palestina. Lo sabíamos.

Es una muerte dura. Los músculos se debilitan y se encogen. El sistema inmunitario flaquea y las infecciones se afianzan. Los órganos vitales se deterioran. Los más débiles mueren primero: los bebés, los ancianos, los enfermos.

En los primeros días de su ataque, el ministro de Defensa de Israel declaró que se cortarían los alimentos, la electricidad y el combustible a los 2.2 millones de habitantes de Gaza, casi la mitad de los cuales son niños. Israel finalmente comenzó a permitir la entrada de algunos alimentos y suministros médicos, pero las organizaciones de ayuda advirtieron que no era suficiente.

A medida que aumenta la desaprobación internacional, los funcionarios israelíes han dicho que no había escasez de alimentos en Gaza y han negado que sean responsables de que la gente pase hambre, acusando a Hamás de robarse la ayuda destinada a los civiles y diciendo que las Naciones Unidas no distribuyó alimentos.

Stack continuó: “En menor pero importante medida la gente de Gaza está hambrienta porque el gobierno de Estados Unidos — el principal proveedor de ayuda militar y defensor político de Israel — no ha utilizado su considerable influencia para obligar a Israel a dejar que Gaza coma”.

La culpabilidad de Washington no es “menor”. El flujo continuo de armas y municiones es lo que atiza la guerra de Israel. Las quejas de la administración Biden sobre las políticas de guerra del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que ahora aparecen con más frecuencia en los medios de comunicación, no tienen sentido ante su continuo respaldo de la brutal conducta de Israel.

Miembros de Jewish Voice for Peace [Voz Judía por la Paz] cerraron el puente Manhattan en la ciudad de Nueva York en diciembre, exigiendo un alto al fuego en Gaza. El continuo flujo de armas y municiones de Washington está atizando la guerra de Israel. (Foto: Jewish Voice for Peace/The Wire)

‘Escenas en Rafah sacadas directamente de una pesadilla’

El 20 de febrero, Jewish Currents, una revista de “política, cultura e ideas” publicada trimestralmente en forma impresa y diaria en línea, presentó una entrevista con tres palestinos desplazados que “describen condiciones inhóspitas en una ciudad que se prepara para una inminente invasión israelí”.

Para información de nuestros lectores, la reproducimos a continuación. La original puede encontrarse aquí, al igual que la información sobre cómo suscribirse a Jewish Currents.

— Los editores de Panorama-Mundial

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“Las escenas de Rafah parecen sacadas de una pesadilla”

Tres palestinos desplazados describen condiciones inhóspitas en una ciudad que se prepara para una inminente invasión israelí.

Palestinos hacen cola para comprar comida en Rafah, en el sur de Gaza, el 16 de febrero de 2024. (Foto: Fatima Shbair / AP)

Por Zak Haniyeh, Ahmed Totah y Sameera Wafi
tal como le fue relatado a Jonathan Shamir

20 de febrero de 2024 — La ciudad de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, suele albergar a menos de 300 mil personas. Pero tras la campaña sistemática de Israel para hacer el norte de Gaza inhabitable y expulsar a sus residentes hacia el sur, Rafah se ha convertido en un refugio para más de 1.4 millones de palestinos desplazados, más de la mitad de la población del enclave. Muchos llegaron a Rafah en un intento desesperado por escapar del hambre, las enfermedades y los incesantes bombardeos israelíes. “Después de una aterradora noche de bombardeos [en Khan Younis], decidimos huir a Rafah, que las fuerzas de ocupación habían designado como ‘zona segura'”, relata en el mensaje a continuación Sameera Wafi, una periodista que actualmente se refugia en Rafah.

Pero en Rafah, los palestinos encontraron más de lo que estaban tratando de escapar: condiciones de vida hacinadas e insalubres; grave escasez de alimentos, agua, ropa y medicinas; y, cada vez más, mortíferos bombardeos israelíes. A pesar de haber designado previamente a Rafah como la última zona segura de Gaza, en la noche del 11 de febrero Israel llevó a cabo intensos ataques aéreos contra la ciudad, matando al menos a 67 personas y destruyendo 14 casas y tres mezquitas en cuestión de horas. Funcionarios israelíes dijeron que estos ataques eran una “distracción” para permitir que las fuerzas especiales rescataran a dos rehenes israelíes, pero para los palestinos en Rafah, los bombardeos fueron una repetición de los horrores del norte. “No nos avisaron. Ha sido la hora y media más difícil hasta ahora”, dice Wafi. Y los ataques aéreos fueron solo el comienzo. Las tropas israelíes han convergido alrededor de la ciudad, esperando la luz verde para una invasión terrestre a gran escala.

El ataque genocida de Israel contra la Franja de Gaza ya ha matado al menos a 29 mil palestinos en menos de cinco meses. Una invasión israelí de Rafah precipitará un desastre humanitario aún más extremo: además de poner a más de un millón de civiles desplazados en la línea de fuego, advirtió el jefe de derechos humanos de las Naciones Unidas, tal invasión inhibiría el goteo de ayuda que actualmente ingresa a Gaza a través del cruce de Rafah con Egipto, que ha sido la principal fuente de sustento del enclave durante meses. La magnitud de la crisis que se avecina ha llevado incluso a los políticos occidentales que han respaldado con entusiasmo la guerra de Israel a expresar sus preocupaciones. Sin embargo, Israel ha prometido seguir adelante con la invasión, lo que indica que las tropas entrarán a Rafah en las próximas semanas.

Acorralados por el fuego israelí, los palestinos de Rafah no tienen forma de garantizar su seguridad. Algunos han intentado huir a las zonas del norte que aún están bajo bombardeos. La mayoría permanece en Rafah, bregando con la amenaza de muerte y con “la sensación de estar enfrentándose solos al genocidio”, en palabras de Zak Haniyeh, investigador y traductor actualmente atrapado en la ciudad. Jewish Currents habló con Haniyeh, Wafi y Ahmed Totah, un cocinero del norte de Gaza que actualmente se refugia en Rafah, sobre sus duras odiseas en los últimos cuatro meses, las condiciones desesperadas en el refugio de tiendas de campaña donde se han albergado y el debilitante saldo del miedo, el dolor y la incertidumbre que es su realidad constante. Estos relatos han sido editados por razones de extensión y claridad.


“¿Es éste el orden mundial justo del que siempre están hablando?”

Aproximadamente un mes después [del 7 de octubre], sufrimos una noche de puro terror. Estaba completamente oscuro. Solo las bombas, que eran constantes, iluminaban los cielos. Algunas de las casas de vecinos nuestros fueron atacadas. No creíamos que viviríamos para ver la luz del día. A la mañana siguiente decidimos irnos. Dejar nuestro hogar, nuestra vida, nuestras cosas, nuestros recuerdos fue una decisión muy difícil pero teníamos que elegir entre la vida y la muerte. Nos quedamos cerca del hospital Al-Shifa [en la ciudad de Gaza] durante dos días, y luego nos trasladamos más al este, a casa de mi sobrina, donde nos quedamos cuatro días. Teníamos miedo de ir al sur, pero al final no tuvimos otra opción. Caminamos largas distancias. Israel sólo permitió que cada persona llevara una pequeña bolsa al cruzar el puesto de control en el centro de Gaza. Vimos niños y ancianos que apenas podían caminar, y vimos cadáveres al costado de la carretera. Vine a Khan Younis con mi esposa, mis cuatro hijos, mis sobrinas y sus hijos, para quedarme con parientes; luego Israel invadió Khan Younis, así que nos mudamos a Rafah, donde he estado durante poco más de un mes.

Rafah ha estado relativamente tranquila en comparación con el resto de Gaza. Pero eso cambió la noche del 11 de febrero: el sonido de aviones de combate, helicópteros Apache y explosiones muy fuertes nos despertaron alrededor de la 1:00 de la madrugada. No tenemos electricidad, así que estábamos viviendo eso en completa oscuridad. Fue horrible. No sabíamos lo que estaba pasando. Esa incertidumbre es lo más difícil: no sabemos qué pasará hoy o mañana. Mi esposa y mis hijos se fueron a Irlanda en diciembre, pero las autoridades israelíes me impidieron salir a pesar de que también soy ciudadano irlandés. Tengo miedo de que me maten y de no poder volver a verlos. Cuando empiezo a pensar que crecerán sin su padre, quiero escribir algo para ellos, pero no quiero que tengan más miedo del que ya tienen.

Una mujer herida sostiene la mano de un niño en un hospital kuwaití al llegar para recibir tratamiento tras los ataques israelíes en Rafah el 11 de febrero. (Foto: Belal Khaled/ Anadolu)

En toda la Franja, la gente está sufriendo y muriendo debido a la escasez de medicamentos y a la presión sobre las instalaciones médicas. Tengo hipertensión resistente y se supone que debo tomar cuatro comprimidos al día. Solo tengo acceso a dos de ellos. He dejado de tomarme la presión arterial. He renunciado a ir a los hospitales; las colas son demasiado largas. Después de que mi primo se lesionó hace tres meses, le amputaron una pierna. Los israelíes le negaron un permiso médico para salir de Gaza. No recibió la atención médica adecuada y falleció hace unos días. Mi hermana, que era diabética, murió de hambre y falta de insulina.

En Gaza todo escasea. Nadie en Rafah tiene suficiente ropa, y la ropa que tenemos está sucia porque hay escasez de agua. Las personas solo pueden ducharse una vez cada dos o tres semanas. Me alojo en una habitación de 16 metros cuadrados con otras ocho personas. Es insalubre y el techo tiene agujeros por donde la lluvia gotea. Las panaderías no funcionan porque no hay combustible. Aun así, la gente tiene miedo de salir de Rafah porque el problema es peor en otros lugares. En el norte, la harina es muy difícil de conseguir y cuesta diez veces el precio original. Las carreteras han sido demolidas, barrios enteros han sido arrasados. Los israelíes no sólo han matado gente; también han destruido intencionadamente cualquier posibilidad de vida. Han bombardeado hospitales, escuelas y otras instituciones cívicas.

Ya sea que me quede en Gaza o logre salir al extranjero, ¿cómo voy a vivir el resto de mi vida después de haber pasado por estas experiencias? Han rebasado la comprensión. No entiendo cómo un ser humano puede matar a un sólo niño, y sin embargo cerca de 12 mil niños han sido asesinados. El mundo se mantiene al margen y está permitiendo que esto suceda. Me gustaría poder preguntarle al gobierno de Estados Unidos: ¿Es éste el orden mundial justo del que siempre están hablando? ¿Es éste el mundo en el que deseamos vivir como seres humanos? Siento un dolor tan profundo por dentro. El pueblo palestino comparte esta sensación — la sensación de quedarse solo a enfrentar el genocidio.

— Zak Haniyeh, tal como se lo relató a Jonathan Shamir el 13 de febrero


“Si tuviéramos la oportunidad de ir a un lugar seguro, definitivamente la tomaríamos. . . Pero no tenemos esa cantidad de dinero”.

A principios de diciembre, el ejército israelí nos llamó para informarnos que nuestro barrio de Khan Yunis era considerado una zona de combate, así que nosotros, mi madre, mi padre, mis hermanas y sus familias; 21 de nosotros en total, nos mudamos a la casa de otra hermana en un vecindario diferente. No pudimos llevar nada más que un poco de ropa de invierno. Desde allí, después de una aterradora noche de bombardeos, decidimos huir a Rafah, que las fuerzas de ocupación habían designado como “zona segura”. Cuando llegamos no pudimos encontrar comida ni refugio. Terminamos pasando la noche en la calle antes de regresar a la casa de unos parientes en otra parte de Khan Younis. Luego también recibimos órdenes de evacuar este vecindario, pero antes de que lo lográramos, dos de mis sobrinas — Dina, de tres años y medio, y Jana, de ocho — fueron martirizadas en un ataque de misiles. Que Dios tenga misericordia de ellas.

El 1 de enero llegamos a Rafah por segunda vez. Vivimos en una casa con otras 12 familias. Tan llena que apenas puedes moverte. Es mejor que vivir en tiendas de campaña, ya que unas se hunden con la fuerte lluvia o salen volando por los fuertes vientos. Pero aquí todavía no tenemos las necesidades básicas. La mayor parte de la ayuda que llega a Rafah se vende a precios irrisorios. A veces tengo que pedirles a mis amigos que compartan su comida. Las familias que conozco han pasado días sin comer. También hay otras carencias. Mi madre es diabética y sufre de presión arterial alta, pero hay tiempos de espera muy largos en las clínicas y no siempre tienen el medicamento adecuado. Tampoco hay ropa. La gente está haciendo la suya con tela de sofá, que se vende a un precio muy alto. Desplazarse para obtener estos artículos es en sí difícil. Las calles están inundadas de aguas negras. La gente a menudo tiene que caminar largas distancias porque casi no hay transporte, e incluso cuando lo hay, muy pocos tienen el dinero para usarlo.

Más de 1.4 millones de personas, la mayoría de la población de Gaza que antes de la guerra era de 2.3 millones, han buscado refugio en Rafah y sus alrededores, una ciudad que albergaba a unas 300 mil personas antes de que Israel lanzara su guerra genocida con el propósito de castigar a toda la población palestina por el horrendo ataque de Hamás del 7 de octubre. Israel está preparando una invasión terrestre de la ciudad durante Ramadán, el mes de ayuno, oración, reflexión y comunidad que observan los musulmanes en todo el mundo.

El domingo por la noche [11 de febrero], nos despertamos al sonido de las explosiones. Al principio pensamos que los tanques israelíes habían invadido la ciudad. No nos avisaron. Fue la hora y media más difícil hasta el momento. A pesar de que ningún lugar es seguro en la Franja de Gaza, de alguna manera todavía estamos vivos. Pero si los israelíes invaden Rafah, ¿a dónde iremos? Mi madre y mi padre son ancianos y no pueden caminar largas distancias. Si tuviéramos la oportunidad de ir a Egipto, o a cualquier otro lugar seguro, definitivamente la tomaríamos. Pero la única forma de salir es pagándole una suma enorme a un intermediario, alrededor de $ 5,000 por persona, y no tenemos esa cantidad de dinero. Nos da miedo lo que nos pueda pasar. Mi mensaje al mundo es simple: Detengan la guerra.

— Sameera Wafi, tal como se lo relató a Jonathan Shamir el 16 de febrero


“La muerte está por todas partes”.

Desde el 7 de octubre he sido desplazado tres veces con mi esposa y mis tres hijos, primero a Deir al-Balah, luego a Khan Younis y finalmente a Rafah. Estos meses han sido los peores de mi vida. Mi hijo fue herido cuando era un bebé durante la guerra de 2008; sufre de graves discapacidades mentales y requiere atención constante. Cuando comenzó el bombardeo, estaba muy asustado. Tenía que calmarlo constantemente. Fue agotador.

Las escenas en Rafah parecen sacadas directamente de una pesadilla. Somos ocho personas viviendo en una sola tienda de nylon en la playa. Hace tanto frío que es difícil dormir. Cuando llueve, pasamos toda la noche de pie porque nuestra tienda se inunda. Tenemos la suerte de que la arena absorbe el agua y por lo menos se seca con el tiempo. Comemos una comida al día. La mayor parte del agua [corriente] solo es apta para perros y gatos. Si obtienes agua de una agencia de ayuda, no alcanza: la gente tiene que compartirla entre toda su familia. La mayoría de la gente está comprando agua [embotellada], si es que pueden encontrarla. Si tienes dinero, a veces todavía es posible adquirir artículos en el mercado, pero Gaza se ha convertido en el lugar más caro del mundo. Un kilo de verduras costaba 45 shekels [12,40 dólares]. Un kilogramo de azúcar cuesta 100 shekels [27,50 dólares]. Trabajé toda mi vida para construir una buena casa, pedí préstamos; pero mi casa fue destruida por los bombardeos israelíes. Todo mi barrio fue destruido. Todo se ha esfumado. No tengo ni un solo shekel a mi nombre, y sigo endeudado.

Es difícil quejarse cuando hay gente que lo pasa peor. La muerte está por todas partes. La gente está muriendo de hambre y de enfermedades comunes. Si se lesiona, es probable que muera antes de recibir atención en un hospital. He conocido a gente que preferiría morir y no tener que soportar este horror. Doy gracias a Dios porque todavía tengo a mi esposa y a mis hijos. Ya no me importa Palestina. Quiero irme con mi familia. Ya no hay futuro en la Franja de Gaza.

— Ahmed Totah, tal como se lo relató a Jonathan Shamir el 15 de febrero

Marcha en el Centro Cívico de San Francisco el 19 de febrero de 2024 para salvar a Rafah. (Foto: Howard Petrick)

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