Por Geoff Mirelowitz y Argiris Malapanis
Después de meses en que Estados Unidos se opuso a un alto al fuego en la guerra contra Gaza, el 10 de junio el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó un plan de alto al fuego patrocinado por Estados Unidos en una votación casi unánime. Pero aún no se vislumbra el final de la guerra.
El implacable asalto de Israel continúa. El número de palestinos muertos en Gaza ha superado los 37 mil, y más de 85 mil han resultado heridos. El 12 de junio, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, advirtió: “Una proporción importante de la población de Gaza sufre de hambre se enfrenta ahora a condiciones catastróficas de hambruna”.
ANÁLISIS DE NOTICIAS

El plan respaldado por Estados Unidos también resultaría en la liberación de todos los rehenes israelíes retenidos por Hamás y sus aliados, así como de muchos prisioneros palestinos detenidos en cárceles israelíes.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lo anunció por primera vez el 31 de mayo, alegando que la oferta se originó en Israel. Sin embargo, el gobierno israelí nunca ha respaldado la propuesta públicamente.
El 12 de junio, Hamás emitió una respuesta formal que condicionó su apoyo al plan a una serie de enmiendas.
“El Departamento de Estado [de EE.UU.] no ofreció una respuesta oficial a las críticas de Hamás”, informó The Washington Post el 13 de junio. Pero un funcionario del Departamento de Estado, que habló bajo condición de permanecer anónimo, dijo: “No vamos a molestarnos en responder a una organización terrorista cuyo regateo ha impedido que un cese al fuego ya esté en vigor”.
Anteriormente, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, había acusado a Hamás de “hacer demandas impracticables durante las negociaciones de alto al fuego”, informó el Post. “Es hora de que pare el regateo y comience el alto al fuego”, dijo Blinken a los periodistas en una conferencia de prensa en Qatar.
Pero Jake Sullivan, el asesor de Seguridad Nacional de Biden, hablando al margen de la reunión del Grupo de los Siete en Italia a la que asistía Biden, adoptó un tono diferente. “Estamos trabajando activamente para generar un camino hacia adelante basado en lo que Hamás ha traído”, dijo. “Nos lleva a un resultado que es consistente con lo que estableció el Consejo de Seguridad de la ONU y consistente con [lo] que el presidente Biden estableció; creemos que es posible”.
El propio Biden lucía pesimista. “Cuando le preguntaron si confiaba en que llegarían a un acuerdo pronto”, informó el Post, “dijo ‘No’, y agregó: ‘No he perdido la esperanza'”.
Hay poca evidencia de que exista esperanza alguna para llegar a un acuerdo.

El gobierno de Biden enfrenta un dilema tratando de darle fin a la guerra antes de las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos, mientras que a largo plazo sigue promoviendo los intereses de Washington en el Medio Oriente.
Siguen buscando un acuerdo con Arabia Saudita
Durante los meses previos al ataque liderado por Hamás del 7 de octubre, el gobierno de Estados Unidos estuvo laborando por fijar un acuerdo diplomático histórico con Arabia Saudita. El acuerdo conduciría a la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel y consolidaría una alianza de Estados Unidos con regímenes del mundo árabe que podría servirle como baluarte contra la influencia iraní en la región. El ataque del 7 de octubre y la respuesta genocida de Israel interrumpieron esa perspectiva.
Sin embargo, Washington no se ha dado por vencido.
Un artículo en el Wall Street Journal del 9 de junio titulado EE.UU. le ofrecerá a Arabia Saudita un histórico tratado de defensa en un esfuerzo por impulsar el acuerdo de normalización con Israel anunció que “La Casa Blanca está tratando de mantener en marcha los más amplios esfuerzos diplomáticos en la región, mientras continúan los meses de infructuosas conversaciones de alto al fuego entre Israel y Hamás”.
El artículo señalaba las razones adicionales por las que el imperialismo estadounidense quiere este pacto. “Un mega acuerdo que incluya una alianza de seguridad entre Estados Unidos y Arabia Saudita y la normalización entre Arabia Saudita e Israel”, escribió el Journal, “representaría una victoria geoestratégica para Washington, dijo Jonathan Panikoff, un antiguo alto funcionario de inteligencia de Estados Unidos que ahora trabaja en el grupo de expertos del Atlantic Council [Consejo del Atlántico], que tendría el potencial de cambiar las alianzas históricas en el Medio Oriente”.
“Al garantizar que Arabia Saudita esté más estrechamente vinculada a Estados Unidos en lo que respecta a la seguridad, la tecnología y los esfuerzos económicos y comerciales a largo plazo”, dijo Panikoff, eso también “interrumpiría los esfuerzos que hace Beijing de avanzar en la región y de encontrar aliados adicionales dispuestos a apoyar sus esfuerzos por alejarse del orden internacional liberal liderado por Estados Unidos”.
Sin embargo, la monarquía saudí quiere el fin de la guerra en Gaza bajo condiciones que incluyan, según el Journal, “pasos irreversibles e irrevocables en el espacio de varios años hacia el establecimiento de un Estado palestino”. Durante décadas Israel ha bloqueado firmemente cualquier perspectiva de un Estado palestino.
Y ha contado con el apoyo tácito de Washington. Sin embargo, la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU del 10 de junio incluye expresamente el apoyo a “dos Estados democráticos, Israel y Palestina”. Esa disposición ha recibido poca atención.
El Journal también informó que “el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, dijo el mes pasado que la seguridad de Israel a largo plazo depende de su integración regional y de sus relaciones normales con los estados árabes, inclusive Arabia Saudita”.
Hoy ese objetivo parece imposible sin un cambio en la posición de Israel; un cambio que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y otros funcionarios israelíes insisten en que nunca aceptarán.
Biden ahora quiere que termine la guerra. Netanyahu no. Hamás, dijo Biden el 31 de mayo, “ya no es capaz de llevar a cabo otro 7 de octubre. Es hora de que esta guerra termine”. Para Biden, quien está quedando rezagado tras el expresidente Donald Trump en la mayoría de las encuestas electorales, le será más difícil ganarse los votos que necesita si continúa la carnicería en Gaza.
Sin embargo, Washington no va a tomar las medidas que serían necesarias para imponer su voluntad sobre los gobernantes de Israel. Para eso sería necesario cortar los miles de millones en ayuda militar y económica que fluyen de Estados Unidos a Israel. Como no existe una posibilidad seria de que Washington tome ese camino, los líderes de Israel siguen siendo en gran medida inmunes a cualquier presión que intente ejercer la administración Biden.
Después de la demora, los principales demócratas en el Congreso aprueban la venta de aviones F-15 a Israel, decía un titular en el New York Times el 18 de junio, confirmando una vez más el inquebrantable apoyo militar de Washington a Israel.
Si Trump regresa a la Casa Blanca, Netanyahu bien puede esperar más apoyo y menos críticas por su conducción de la guerra. Pero puede que no sea algo seguro. Después de todo fue la administración Trump la que inició los “Acuerdos de Abraham” que normalizaron las relaciones entre Israel y varios regímenes árabes, respaldando además la medida israelí de declarar a Jerusalén como su capital al reubicar a esa ciudad la embajada de Estados Unidos.

Biden busca extender esos acuerdos a Arabia Saudita, un objetivo que Trump podría compartir. Pero el contar con una relación más fluida con Trump, si vuelve a ser elegido, es una apuesta que Netanyahu está dispuesto a hacer mientras continúa la guerra.
El gobierno de Netanyahu sufrió una deserción el 9 de junio cuando Benny Gantz renunció al gabinete de guerra de Israel, una medida que llevó a Netanyahu a disolver el gabinete de guerra el 17 de junio. Gantz es un exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Como rival político de Netanyahu y posible futuro primer ministro, Gantz se unió al gobierno después del 7 de octubre en una muestra de “unidad nacional”. Ha desafiado a Netanyahu sobre los planes de cómo habrá que gobernar en Gaza cuando termine la guerra. Él argumenta que Netanyahu no ha ofrecido ningún plan viable, lo cual es evidentemente cierto.
Gantz ha pedido que se establezca un organismo administrativo con el respaldo de funcionarios estadounidenses, europeos, árabes y palestinos que supervise los asuntos civiles de Gaza. Pero no hay evidencia de que un órgano de este tipo pueda ser o vaya a ser constituido.

Esta es una pregunta que se cierne sobre el futuro de Gaza — y de Israel. Ninguno de los principales actores de la región o a nivel internacional ha presentado un plan viable. El trasfondo de este dilema es el derecho del pueblo palestino a la libre determinación. La raíz del conflicto es la oposición de larga data a ese derecho por parte de Israel.
Se prolonga la guerra
A medida que se prolongan las negociaciones para un alto al fuego y un acuerdo de intercambio de rehenes y prisioneros, el horror en Gaza continúa sin cesar. Un ejemplo de ello fue el ataque de las FDI el 8 de junio, que resultó en el rescate de cuatro rehenes israelíes retenidos por Hamás en el campo de refugiados de Nuseirat. El Ministerio de Salud de Gaza informó que al menos 274 palestinos murieron en la operación militar israelí, y cientos más resultaron heridos.
Ese resultado no fue de ninguna manera sorprendente o inesperado.
“La magnitud total de la destrucción en Nuseirat aún está emergiendo, a medida que los testigos presenciales palestinos comparten más detalles sobre el caos de ese día”, explicó un informe del Washington Post del 11 de junio. “Tanques, aviones y drones estallaban afuera, parte de lo que un ex comandante israelí describió como un ‘muro de fuego‘ , destinado a brindarle cobertura a la unidad militar que intentaba transportar a tres rehenes varones a un lugar seguro”.

El Post continuó: “Abdel Hamid Ghorab, un paramédico de 33 años… describió ‘bombardeos aleatorios y continuos en las inmediaciones del hospital con una intensidad sin precedentes'”.
Ghorab dijo que ayudó a trasladar a más de 100 pacientes gravemente heridos — incluso niños que perdieron extremidades con extremidades dañadas — al Hospital de los Mártires de al-Aqsa, donde podrían llevarse a cabo amputaciones.
“Lo único que les importaba era llevar a cabo la operación, aunque fuera a costa de todas estas vidas”, dijo.
Las FDI llevaron a cabo la incursión durante el día para aprovechar al máximo el elemento sorpresa, informó el Post. “Eso también significaba que las estrechas calles de Nuseirat estaban repletas de civiles”.
Las FDI defendieron su atropello asesino, afirmando que “cada vida civil que se ha perdido en esta guerra es resultado de cómo ha operado Hamás”, como dijo un portavoz militar israelí a la red ABC News. Pero lo que reportó el Post demuestra lo contrario.
“Las tácticas de Hamás no eximen a Israel de culpabilidad legal, según los expertos en derecho internacional”, escribió el Post, “el cual requiere que los militares tomen todas las precauciones posibles para evitar daños a civiles. El principio de proporcionalidad le prohíbe a un ejército infligir bajas civiles excesivas en relación a la ventaja militar directa prevista en el momento del ataque”.
Al abordar estas cuestiones en un artículo de opinión publicado el 13 de junio en The Guardian, Kenneth Roth, ex director del organismo Human Rights Watch, propuso que la Corte Penal Internacional investigue la redada de rescate de rehenes de Israel. “El ejército israelí no tiene antecedentes de haber investigado a altos funcionarios de las FDI por crímenes de guerra”, escribió Roth, “y mucho menos de examinar las reglas de enfrentamiento que emite para las operaciones militares. Por eso es necesaria una investigación por parte de la Corte Penal Internacional.
“El gobierno de Estados Unidos acogió con beneplácito la liberación de los cuatro rehenes”, continuó, “pero la enorme pérdida de vidas civiles palestinas no ameritó ni siquiera una nota al pie de página. Si a pesar de las serias dudas sobre su legalidad el gobierno de Estados Unidos da la luz verde a estas operaciones mortales, eso solo alentará a Netanyahu a emprender más de lo mismo”.
Una actitud reprobable
Este ataque de las FDI, como toda la guerra israelí contra Gaza, confirma que para Israel y para aquellos que, como el gobierno de Estados Unidos, apoyan sus métodos, las vidas de los palestinos valen menos que las vidas de los judíos israelíes. Esta actitud reprensible seguirá teniendo consecuencias nefastas para la sociedad israelí durante décadas.
Odeh Bisharat, ciudadano palestino de Israel, escribió en el diario israelí Haaretz sobre Noa Argamani, una de las rehenes rescatadas recientemente. “Ella no merecía ser secuestrada y sufrir un infierno en vida, y tiene derecho a ser feliz y regresar a casa sana y salva”, dijo Bisharat. “En términos más generales, el sufrimiento de las familias de los rehenes despierta una profunda solidaridad en cualquier persona, árabe o judía, con compasión en su corazón”.
Pero, continuó Bisharat, “el suspiro de alivio por el escape de los cuatro rehenes de su cautiverio se evaporó instantáneamente. Después de todo, ¿cómo puede uno estar contento cuando el precio, según las autoridades palestinas, fue de al menos 270 muertos y casi 700 heridos, la mayoría de ellos civiles?

“Perdonen mi torpeza al no saber cómo sentirme feliz cuando los cuerpos de 270 personas yacen frente a mí. Perdónenme por no salir a bailar en las calles cuando de trasfondo se escuchan los gritos de agonía de cientos de heridos. Veo escenas espeluznantes en la televisión (aunque no en las estaciones israelíes): cuerpos de niños, mujeres y hombres, algunos ya muertos, otros en un doloroso camino hacia la muerte que vendrá como una liberación”.
Organizaciones en Israel como Standing Together [Erguidos Juntos] continúan oponiéndose a la guerra y a la negación de la humanidad de los palestinos que la alimenta. Esfuerzos como estos por organizar la acción conjunta de judíos y palestinos constituyen un ejemplo importante. Pero va a ser necesario hacer mucho más trabajo y más lucha política para superar las actitudes que prevalecen hoy en día entre la gran mayoría de los judíos israelíes.

Se agudiza la opresión en Cisjordania
Cuando Israel lanzó su guerra contra Gaza el pasado octubre, también les impuso condiciones aún más duras a los palestinos que viven bajo su ocupación militar en Cisjordania. Esto ha agudizado una situación potencialmente explosiva.
La ONU ha informado que 2023 ha sido el año más mortífero para los palestinos en Cisjordania y en Jerusalén del Este desde que comenzó a llevar registros en 2005. Desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 12 de mayo de este año, 489 palestinos han sido asesinados. En el mismo período, 10 israelíes, entre ellos 4 colonos israelíes, han perdido la vida allí.
Más de 500 mil colonos judíos viven ahora entre los 2.7 millones de palestinos en Cisjordania. La mayoría de los países consideran que esos asentamientos son ilegales según el derecho internacional. Un artículo del New York Times el 4 de junio informó sobre la comunidad árabe-palestina de Tuqu y el asentamiento judío-israelí de Tekoa.
Citando “una dinámica que se desarrolla en toda la Cisjordania ocupada por Israel”, informó: “Mientras gran parte del mundo se ha enfocado en la guerra en Gaza, a muchos kilómetros de distancia los colonos judíos en Cisjordania han acelerado el ritmo al que se han ido apoderando de tierras que antes usaban los palestinos, dicen los grupos de derechos humanos”.
Dror Etkes, investigador de campo del grupo israelí de monitoreo Kerem Navot, estimó que desde que comenzó la guerra contra Gaza, los colonos han tomado más de 37 mil acres de tierra de los palestinos en Cisjordania.

“Hay un vínculo entre la violencia y la expansión de los colonos”, dijo. “Se están vengando de los palestinos tomando más y más tierras”.
“El ejército israelí movilizó a miles de colonos reservistas para proteger los asentamientos”, informó el Times, “e impuso amplias restricciones a los palestinos, bloqueando las salidas de sus comunidades y prohibiendo a los trabajadores palestinos entrar a Israel o a los asentamientos”.
“Cerraron todo y se llevaron todo”, dijo Hassan al-Shaer, un electricista de 24 años. “No hay trabajo ni dinero”.
Este proceso condujo a “nuevos puestos de guardia atendidos por soldados israelíes. Nuevas carreteras patrulladas por colonos israelíes. Y, lo más revelador, una nueva reja de metal que bloquea la única carretera de la ciudad a esas áreas, instalada y cerrada por el ejército israelí para mantener alejados a los palestinos”, escribió el Times.
“Cualquiera que se acerque a la reja, lo arrestan o lo matan”, dijo Moussa al-Shaer, alcalde de Tuqu. “Los colonos están trabajando sobre el terreno para crear una nueva realidad”.
Más empobrecimiento
En una acción destinada a empobrecer aún más la vida de los palestinos de Cisjordania, el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, anunció el 13 de junio que 35 millones de dólares en ingresos fiscales, recaudados por Israel y destinados a la Autoridad Palestina, serán desviados para dárselos a las familias de las víctimas israelíes del terrorismo, según el New York Times.
Smotrich es un ultraderechista en el gobierno de Netanyahu que ahora tiene autoridad sobre gran parte de Cisjordania. Es responsable de socavar incluso las pocas protecciones legales que existen en papel para los palestinos.
Según The Unpunished: How Extremists Took Over Israel [Los impunes: cómo los extremistas se apoderaron de Israel], un detallado informe de investigación publicado en la Revista del New York Times el 16 de mayo, “el general de división Yehuda Fox, jefe del Comando Central de Israel, responsable de Cisjordania, dio un relato fulminante sobre los esfuerzos de Bezalel… de socavar la aplicación de la ley en el territorio ocupado. Desde que Smotrich asumió el cargo, escribió Fox, el esfuerzo por tomar medidas drásticas contra la construcción de asentamientos ilegales ha disminuido “hasta el punto en que ha desaparecido. Además, dijo Fox, Smotrich y sus aliados están frustrando las mismas medidas para hacer cumplir la ley que el gobierno le había prometido a los tribunales israelíes que tomaría”.

Ese informe documenta el papel tan prominente que la ultraderecha israelí ha llegado a desempeñar en el gobierno. “Después de fracasar durante 50 años en detener la violencia y el terrorismo contra los palestinos por parte de los ultranacionalistas judíos”, afirma, “la anarquía se ha convertido en ley”.
Peligro de guerra abierta en el Líbano
En las últimas semanas los medios de comunicación internacionales han enfocado su atención cada vez más sobre la limitada pero peligrosa guerra entre Hezbolá y las FDI en la frontera entre Israel y el Líbano.
El sur del Líbano: La BBC ve destrucción de los ataques aéreos en ciudades desiertas, decía el titular de un artículo el 24 de abril de la British Broadcasting Corporation. “La espiral de tensiones y los ataques transfronterizos que han matado a más de 70 civiles en Líbano han convertido partes del sur en ciudades fantasmas. Los residentes han huido, dejando sus hogares en riesgo de destrucción”, dijo.
Según la Organización Internacional de Migración, unos 90 mil libaneses han sido desplazados de sus hogares, mientras que Israel ha evacuado a unas 80 mil personas en su lado de la frontera.

“Por segundo día consecutivo, la escalada de violencia se desató a través de la frontera entre Israel y el Líbano”, informó The New York Times el 14 de junio.
Esta escalada fue, en parte, el resultado de un ataque israelí que mató a un alto comandante de Hezbolá el 11 de junio. Taleb Abdallah, también conocido como Abu Taleb, es uno de los combatientes de más alto rango de Hezbolá en el Líbano que ha sido muerto en estos ocho meses de conflicto.
En un artículo publicado en Haaretz el 12 de junio, Amos Harel, considerado por el diario como un destacado experto en temas militares y de defensa, hizo esta observación con respecto a esta acción de las FDI: “El asesinato de Abdullah es la expresión de un patrón familiar: surge una oportunidad operativa y de inteligencia y se toma la decisión de asesinar, sin tener necesariamente en cuenta todas las implicaciones estratégicas.
“A principios de abril, el asesinato del general iraní Mohammad Reza Zahedi (…) en Damasco llevó a Israel a una confrontación sin precedentes con Irán, en la que Irán y sus representantes lanzaron 350 misiles y drones contra Israel. Esta vez Irán no es parte del escenario, pero es posible una mayor escalada con Hezbolá”, escribió Harel.
Harel volvió a mencionar este peligro en un artículo el 16 de junio. “En base a las declaraciones del ministro de Defensa, Yoav Gallant, y de los altos oficiales de las FDI, parece que apoyan la intensificación de los ataques. La pregunta es si estas medidas necesariamente disuadirán a Hassan Nasrallah y pondrán fin a la escalada o si tendrán el resultado contrario, hasta el punto de deteriorar en una guerra total”, escribió.

“Hasta la fecha, no hay evidencia de que la política de asesinatos extensos vaya a contener a Hezbolá”, advirtió. “Al contrario, los líderes de la organización chií declaran que no se retirarán y tienen la intención de seguir con los ataques mientras continúe la operación israelí en Gaza.
“Es posible que al final Israel no tenga otra opción que iniciar una guerra en el norte”, escribió Harel, quien sin ser opositor es un crítico de la política israelí. “Pero aquellos que la predican”, advirtió de nuevo, “deberían tener en cuenta el enorme daño que se espera que eso le haga al frente interno israelí (incluso el centro del país) por las decenas de miles de cohetes y misiles de Hezbolá y la dificultad que las FDI tendrán al desplegar sus fuerzas en dos frentes.
“Algunas evaluaciones, de que las FDI vencerán a Hezbolá con bastante facilidad en el sur del Líbano”, agregó, “suenan divorciadas de la realidad y se basan en una evaluación falsa de la fuerza militar israelí”.
Preocupado por esta perspectiva, el 18 de junio Biden envió a su enviado especial para el Medio Oriente, Amos Hochstein, a Jerusalén. Su mensaje comunicó la preocupación de Washington de que Irán es “parte del escenario.”
“En sus reuniones con funcionarios israelíes, Hochstein advirtió que una guerra con Hezbolá podría conducir a un ataque iraní a gran escala contra Israel de una envergadura que sería difícil de repeler para los sistemas de defensa de Israel, si ocurriera en concierto con un posible ataque a gran escala por parte de Hezbolá desde el Líbano”, informó Haaretz.
El espectro de una escalada en el Líbano, la creciente ola de violencia por parte de las FDI y los colonos contra los palestinos en Cisjordania, y la genocida guerra de Israel en Gaza garantizan que la actual crisis en el Medio Oriente se prolongará por el futuro previsible.
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Categories: Palestina/Israel
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