El artículo a continuación apareció por primera vez en la edición del 16 de noviembre de 2024 del diario británico The Guardian. Proporciona un análisis conciso de la causa raíz de la violencia que estalló en Ámsterdam, Países Bajos, antes y después de un partido de fútbol entre el Ajax, un equipo holandés, y el Maccabi Tel Aviv, un equipo israelí, el 7 de noviembre.
Esa noche estallaron violentos enfrentamientos en las calles de la capital holandesa tras el partido. Las autoridades holandesas e israelíes, y gran parte de los medios de comunicación de todo el mundo, lanzaron lo que Rachel Shabi, autora del artículo que sigue, denomina “declaraciones históricamente analfabetas de un ‘pogromo’ en la capital holandesa”.
Sin embargo, pronto apareció un recuadro más complejo cuando comenzaron a circular imágenes en las redes sociales y otros medios que mostraban acciones provocativas, intimidatorias y, en ocasiones, violentas por parte de los seguidores del Maccabi que comenzaron el día antes del partido.
“Se dio a saber que desde la noche anterior al partido en adelante, los seguidores intransigentes del Maccabi Tel Aviv — un club con una reputación de racismo y vandalismo entre algunos de sus aficionados — habían arrancado una bandera palestina de la fachada de un edificio y la habían quemado, habían atacado un taxi con sus cinturones y habían dañado a otros”, dice Shabi.
“Entre los detestables refranes que consideraron oportuno gritar en las calles de Ámsterdam, el hogar de una numerosa comunidad musulmana, estaban: ‘Que gane el IDF (el ejército israelí), vamos a joder a los árabes’, ‘Jódete Palestina’ y ‘¿Por qué no hay escuelas en Gaza? Porque allí ya no quedan niños'”.

Shabi señala que los medios de comunicación dieron informes erróneos sobre hechos esenciales. “Las imágenes de los partidarios del Maccabi Tel Aviv atacando a la población local cerca de la Estación Central de Ámsterdam”, explica, “fueron subtituladas como el polo opuesto: como un ataque violento contra los judíos israelíes”. A pesar de las solicitudes de la fotógrafa holandesa que filmó el incidente, algunos grandes medios de comunicación no han hecho la corrección.
Shabi, quien nació en Israel de padres iraquíes judíos y creció en el Reino Unido, se identifica como una judía árabe. Es periodista y autora en el Reino Unido. Es escritora y colaboradora del diario The Guardian y es autora del libro Not the Enemy, Israel’s Jews from Arab Lands (No son el enemigo, los judíos israelíes de las tierras árabes) y Off-White: The Truth About Antisemitism (Blanquecino: la verdad sobre el antisemitismo).
Un artículo titulado Los fanáticos israelíes lo decían en serio cuando cantaban “Muerte a los árabes”, publicado el 9 de noviembre en Jacobin, una revista estadounidense, pintaba un cuadro similar al que esboza Shabi.
“La violencia está mal y no tiene cabida ni dentro ni en las inmediaciones de un estadio de fútbol”, señaló Jacobin. “Afortunadamente, nadie fue ‘secuestrado’, como se informó inicialmente. El responder a una provocación es a menudo una muy mala idea, y cualquier caso de acoso a alguien por su nacionalidad o religión debe ser examinado. Aun así, es difícil recordar una época similar en la que gamberros aparecieran en busca de una pelea y fueran tratados como héroes. Esto es de hecho lo que hicieron al menos varios cientos de seguidores del Maccabi Tel Aviv en Ámsterdam”.
Panorama-Mundial publica el siguiente artículo para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, las fotos y la cronología del vídeo de los acontecimientos que siguen son del original. La nota al final es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Respuesta irreflexiva y luego una sobre corrección: lo que la secuela de la violencia en Ámsterdam debería enseñarnos

Se hicieron conjeturas sobre los enfrentamientos entre los aficionados del Maccabi Tel Aviv y los habitantes de Ámsterdam, y la extrema derecha se aprovechó
Sábado 16 nov 2024 02.00 EST

Después de un estallido repentino de violencia o de disturbios, a menudo hay un periodo breve y vital en el que está en juego la narrativa sobre lo que realmente sucedió.
El viernes pasado, el día en que la violencia callejera entre los fanáticos israelíes del Maccabi Tel Aviv y la población local de Ámsterdam fue noticia en todo el mundo con informes de ataques antisemitas en la ciudad holandesa, la decisión del Estado israelí de enviar aviones militares para transportar a los aficionados a casa, y del presidente israelí, Isaac Herzog, de describir los acontecimientos como un “pogromo antisemita”, fueron cruciales para cimentar una versión en particular.
También fue así con las palabras del rey holandés, quien dijo que su nación le había “fallado” a la comunidad judía como lo había hecho durante la Segunda Guerra Mundial, cuando tres cuartas partes de los pobladores judíos de Holanda fueron asesinados por los nazis.
Pero luego, a medida que surgieron más pruebas, se vislumbró un recuadro más complejo.
Se dio a saber que desde la noche anterior al partido en adelante, seguidores intransigentes del Maccabi Tel Aviv — un club con una reputación de racismo y vandalismo entre algunos de sus sus fanáticos[1] — habían arrancado una bandera palestina de la fachada de un edificio y la habían quemado, habían atacado a un taxi con sus cinturones, y habían dañado a otros.
Entre los detestables refranes que consideraron oportuno gritar en las calles de Ámsterdam, el hogar de una numerosa comunidad musulmana, estaban: ‘Que gane el IDF (el ejército israelí), vamos a joder a los árabes’, ‘Jódete Palestina’ y ‘¿Por qué no hay escuelas en Gaza? Porque allí ya no quedan niños’.
Sus palabras ponen de relieve el elefante en la sala. La brutal guerra de Israel en Gaza, que ya ha matado a más de 45 mil palestinos, en su mayoría mujeres y niños, ha desplazado a la mayor parte de la población y ha diezmado el territorio sitiado con tal ferocidad que lo hizo inhabitable.
Después de un año en el que muchos políticos y comentaristas occidentales parecen estar más preocupados, por decir algo, por las protestas universitarias contra la guerra que por la carnicería apocalíptica en Gaza, las declaraciones históricamente analfabetas de un “pogromo” en la capital holandesa parecen acatar el mismo guión: pasar por alto o restarle importancia a la violencia israelí.
La peor expresión de esto fue una tergiversación orwelliana a plena vista, cuando las imágenes de los partidarios del Maccabi Tel Aviv atacando a la población local cerca de la Estación Central de Ámsterdam fueron subtituladas como su polo opuesto: como un ataque violento contra los judíos israelíes. (The Guardian hizo una corrección a un grupo de imágenes de video el sábado 9 de noviembre).
La fotógrafa holandesa que filmó estos eventos sigue implorando a los sitios de noticias que corrijan el error. Examinando el tema en un segmento dedicado a descubrir casos de noticias falsas, France24 informó este miércoles [13 de noviembre] que la BBC, el Wall Street Journal y CBS News seguían emitiendo imágenes subtituladas incorrectamente.
Lo que sucedió en Ámsterdam — y, lo que es más importante, la cobertura de los medios de comunicación y las reacciones políticas — me resultó familiar, según los contornos de nuestras dañinas y divisivas conversaciones sobre el antisemitismo. La necesaria refutación a las representaciones unilaterales prevalecientes trató de sacar a la luz el racismo abierto contra los árabes y los palestinos. Pero al hacerlo, el antisemitismo, que fue uno de los factores en la refriega, a menudo fue eludido o pasado por alto.
La misma cobertura inicial y distorsionada generó, en sí, una sobre corrección, acorralándonos en lados polarizados: o se trataba de un odio anti-palestino sanguinario, o era un antisemitismo desenfrenado, pero no ambas cosas. Sin embargo, una evaluación más propia de un antirracismo unido y coherente reconocería que la hostilidad comprensible hacia el Estado de Israel durante la guerra en curso a veces se articula por medio del antisemitismo y se expresa como violencia.
En Ámsterdam vimos esto en la aterradora invocación de una “cacería de judíos” en un chat donde se coordinaba un ataque, y en el uso de un insulto racial holandés que se traduce como “cáncer judío”; en los casos en que personas consideradas judías fueron detenidas e interrogadas sobre su nacionalidad, o supuestamente obligadas a decir “Palestina libre” para evitar ser asaltados.
Esto no está sucediendo porque las críticas de Israel y el odio antijudío sean una misma cosa. Más bien, se debe a que el antisemitismo, como han argumentado académicos como el profesor David Feldman de Birkbeck, Universidad de Londres, puede compararse con un yacimiento que se extiende profundamente por todas las sociedades europeas: un lenguaje de prejuicio fácilmente disponible al que se recurre en momentos de provocación, crisis o tensión. Cuanto mejor entendamos esto como una fuerza social, más eficazmente seremos capaces de contrarrestarlo.
Pero hay otro estrato en esta lamentable historia. El presentar la violencia en Ámsterdam como nada más que antisemitismo ha ayudado a apuntalar a la extrema derecha. El gobierno holandés está dominado por el Partido por la Libertad (PVV), dirigido por el anti-islamista y anti-inmigrante Geert Wilders.
Y ese partido está siguiendo un guión muy trillado que ha sido desplegado por la extrema derecha en toda Europa: el defender a Israel, el fingir que le importa el antisemitismo y el uso de ambos para impulsar una islamofobia desenfrenada. Los partidos de extrema derecha — a menudo con antecedentes desagradables de antisemitismo — persiguen un renacimiento político al situarse como defensores auto declarados de las comunidades judías en una lucha de choque-de-civilizaciones con el islam.
Si de hecho recibieron un sello de aprobación mundial por su malinterpretación de los acontecimientos, atizada por el odio y la intolerancia, Wilders amenaza ahora con deportar y despojar de la ciudadanía a aquellos que considera que instigaron la violencia: los holandeses marroquíes.
Y así, la supuesta preocupación de la extrema derecha por el antisemitismo se canaliza hacia el uso del poder del Estado para privar de la ciudadanía a un “otro”, un ente racializado. En cuanto a la comunidad judía y la comunidad musulmana de Ámsterdam, han quedado con temor, conmocionadas y aturdidas por las repercusiones de fuerzas políticas enfocadas en fomentar tensiones a favor de una agenda de ataques contra los inmigrantes y contra los musulmanes.
NOTAS
[1] Un artículo en inglés publicado el 9 de noviembre de 2024 por Zeteo titulado ¿Israelíes inocentes, árabes malos? Cómo los medios de comunicación escribieron el guión de la violencia futbolística en Ámsterdam, ofrece más información sobre el vandalismo y el racismo antiárabe y de otros tipos por los que son conocidos muchos de los aficionados del Maccabi Tel Aviv.
Lectura adicional…

Portada de la edición de 1971 del libro The Jewish Question: A Marxist Interpretation (La questión judía: una interpretación marxista), de Abram Leon. El libro plantea que las racionalizaciones históricas del antisemitismo se remontan al hecho de que, en los siglos anteriores a la dominación del capitalismo industrial, los judíos surgieron como un “pueblo y clase” que consistía de comerciantes, prestamistas y comerciantes. Leon explica por qué, en la época de la decadencia del capitalismo, los gobernantes pudientes vuelven a incitar un renovado odio contra los judíos.
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Categories: Palestina/Israel, Política Mundial