Tras 53 días de huelga, los miembros del Distrito 751 de la Asociación Internacional de Maquinistas (IAM por sus siglas en inglés) votaron el 4 de noviembre por aprobar la tercera oferta de contrato de la empresa Boeing. El logro más importante de los trabajadores fue un sustancial aumento salarial, comenzando con un aumento del 13% el primer año y aumentos posteriores que elevan el total al 38% en cuatro años — lo cual al calcular el monto final alcanza aproximadamente el 43% durante la vigencia del acuerdo. Boeing también acordó hacer pagos de bonificaciones y el aumento de las contribuciones de la empresa a los planes de jubilación 401K de los empleados.
El acuerdo no restablece el plan de pensiones con beneficios definidos que Boeing eliminó como parte del contrato acordado en 2014. Según se informa, la empresa incluso se negó a discutir este punto con el sindicato.
EDITORIAL
El nuevo contrato fue aprobado con el 59% de los votos. El gigante aeroespacial amenazó que de no ser aprobado este contrato, su próxima propuesta le ofrecería menos a los trabajadores. Las dos ofertas anteriores de Boeing fueron rechazadas rotundamente por las filas del sindicato; el primero por un 95% y el segundo por un 64%.

El hecho de que más del 40% de los miembros del sindicato que votaron no estuvieran a favor del último acuerdo sugiere que muchos trabajadores piensan que hubieran podido ganar más si la huelga hubiera continuado. La negativa por parte de la empresa de reinstaurar la pensión, o incluso discutirla, fue lo que desató la ira de muchos trabajadores.
Al rechazar las dos primeras ofertas de Boeing por grandes mayorías, las bases sindicales le impusieron su sello a la huelga. Su militancia y determinación lograron las conquistas que obtuvieron. Sin embargo, durante el curso de la huelga no surgió ningún otro liderazgo capaz de ofrecer una perspectiva diferente y que pudiera fortalecer la huelga para poder obtener un mayor número de las demandas de los trabajadores.
Una lucha por restablecer las pensiones hubiera requerido un plan de batalla más combativo. Durante décadas los planes de pensiones con beneficios definidos para los trabajadores han sido blanco de ataques por los empleadores. Muchos trabajadores nunca han estado cubiertos por un plan de ese tipo.
Según el Departamento de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, en marzo de 2023 solo el 15% de los empleados en la industria privada estaban cubiertos por planes de este tipo. Esa cifra incluye a gerentes y otros empleados asalariados, así como a los trabajadores por hora.
Una lucha que pudiera obligar a Boeing a instaurar un nuevo plan de pensiones hubiera requerido un llamado a la solidaridad activa de todo el movimiento obrero. La IAM hubiera tenido que explicar que el recuperar la pensión en Boeing podría haber marcado un paso adelante para todos los trabajadores, uno que pudiera haber ayudado a otros obreros en futuras batallas.
Cuando recomendó que los huelguistas aprobaran la última oferta de Boeing, el presidente del Distrito 751 de la IAM, Jon Holden, admitió algo notable. Informó que en septiembre Boeing le había dicho que solo si los funcionarios del sindicato recomendaban votar a favor del acuerdo permitiría que su primera oferta de contrato fuera sometida a la votación de los miembros. Holden aceptó el chantaje de la compañía y les no informó de esto a los miembros. Las bases sindicales rechazaron su recomendación casi unánimemente.
Esta decisión de Holden revela que los funcionarios del sindicato, al igual que los propietarios y la gerencia de Boeing, calcularon muy erróneamente el estado de ánimo en las filas. La ira se había ido acumulando entre las bases desde al menos el acuerdo de 2014, el cual muchos trabajadores sintieron que habían sido obligado a aceptar. (Para más información sobre esa historia, véa Trabajadores enfurecidos inician huelga en Boeing.)
Una dirección sindical con más confianza en las bases, y en su propia capacidad para dirigir una huelga, hubiera denunciado inmediatamente esta última amenaza coercitiva de Boeing contra los miembros del sindicato desde el momento en que fue emitida. Podría haber rechazado la demanda de la compañía de recomendar un contrato que claramente era muy inferior a lo que las filas esperaban y merecían. Eso hubiera mostrado el mismo espíritu de lucha que exhibieron las bases, y hubiera fortalecido al sindicato.
En esta batalla, los miembros de la IAM en Boeing ganaron lo que tuvieron la fuerza de ganar hoy por hoy. Al igual que otros trabajadores, todavía enfrentan el desafío de cómo fortalecer su sindicato y convertirlo en un instrumento más efectivo para hacer frente a la sed de ganancias de su empleador adinerado. Eso es lo que se necesita para ganar un mejor contrato en el futuro.
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Categories: Editorial, Movimiento Obrero / Sindicatos