La siguiente entrevista con Rashid Khalidi, renombrado erudito palestino-estadounidense y autor de La guerra de los cien años contra Palestina, apareció por primera vez en la edición del 19 de diciembre de 2024 de la revista literaria New York Review of Books.
Khalidi analiza el ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la ferocidad de la guerra que el gobierno israelí lanzó en respuesta. Se refiere a la guerra de Israel en el Líbano contra Hezbolá y contra otros aliados iraníes en la región más amplia del Medio Oriente. También detalla el apoyo indispensable de Washington a las guerras de Israel y la oposición popular en Estados Unidos y el resto del mundo a los objetivos de guerra de Estados Unidos e Israel.

Poco después de que se llevara a cabo la entrevista, se acordó un alto al fuego de 60 días en el Líbano. Entró en vigor el 27 de noviembre. Israel invadió el Líbano el 1 de octubre, llevando a cabo una feroz campaña de bombardeos y ataques terrestres que resultaron en la muerte de más de 3,500 personas y el desplazamiento de sus hogares de más de un millón de libaneses, en su mayoría civiles. La invasión ocurrió tras una serie de asesinatos selectivos por Israel que diezmaron gran parte del liderazgo de Hezbolá. Estos ataques parecen haber debilitado gravemente a Hezbolá. En el acuerdo del alto al fuego, Hezbolá abandonó su anterior demanda de que Israel pusiera fin a su guerra en Gaza como condición previa para que Hezbolá detuviera su campaña de un año de ataques con cohetes contra el norte de Israel.
“A mediados de noviembre, Irán envió a un alto funcionario a Beirut para instar a Hezbolá a aceptar un alto al fuego con Israel”, informó un artículo en el New York Times del 28 de noviembre. Casi al mismo tiempo, el embajador de Irán ante la ONU se reunió con Elon Musk, una apertura al círculo íntimo del presidente electo Donald J. Trump. Y el viernes [29 de noviembre] sostendrá conversaciones en Ginebra con países europeos sobre una serie de temas, entre ellos su programa nuclear.
“Toda esta diplomacia reciente marca un cambio brusco en el tono desde finales de octubre, cuando Irán se preparaba para lanzar un gran ataque de represalia contra Israel”, continuó el Times.
Este giro hacia un tono más conciliador se debe en parte a la victoria de Trump en las recientes elecciones estadounidenses, “un líder impredecible que, en su primer mandato, adoptó una política de ‘máxima presión’ contra Irán”, señaló el Times.
“Pero también fue motivado por la aniquilación por parte de Israel de Hezbolá en el Líbano — el más cercano e importante de los aliados militantes de Irán — así como por las crisis económicas en casa, donde la moneda ha caído constantemente frente al dólar y se avecina una escasez de energía a medida que se acerca el invierno”.

Es cosa incierta si va a durar el alto al fuego. Mientras muchos libaneses desplazados están regresando a sus hogares, otros tienen menos confianza en el futuro. Rana, un residente de Beirut de 40 años que abandonó el Líbano en septiembre, le dijo al diario israelí Haaretz: “Me preocupa que esto sea solo un respiro temporal. La situación no es estable”.
Al mismo tiempo, no hay señales de progreso hacia un alto al fuego en Gaza. Israel sigue efectuando su guerra genocida que, más recientemente, ha llevado a la limpieza étnica del norte de Gaza. La guerra ha matado a más de 44 mil palestinos, en su mayoría civiles, y ha reducido gran parte del territorio a escombros.
“Las autoridades israelíes han causado el masivo y deliberado desplazamiento forzado de civiles palestinos en Gaza desde octubre de 2023, y son responsables por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”, dijo un informe publicado por Human Rights Watch el 14 de noviembre.
“El informe de 154 páginas, ‘Sin esperanza, hambrientos y asediados’: el desplazamiento forzado de palestinos en Gaza por parte de Israel, examina cómo la conducta de las autoridades israelíes ha provocado el desplazamiento de más del 90 por ciento de la población de Gaza — 1.9 millones de palestinos — y la destrucción generalizada de gran parte de Gaza en los últimos 13 meses. Las fuerzas israelíes han llevado a cabo demoliciones deliberadas y controladas de viviendas y de la infraestructura civil, incluso en zonas en las que tienen objetivos aparentes de crear ‘zonas de protección’ y ‘franjas’ de seguridad, de los cuales es probable que los palestinos sean desplazados permanentemente. Contrariamente a lo que afirman los funcionarios israelíes, sus acciones no cumplen con las leyes de la guerra”.
Panorama-Mundial publica la entrevista que sigue para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo y el texto a continuación son del original. Las fotos son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la primera de las cuales sigue.
— Los editores de Panorama-Mundial
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La venganza de Israel: Entrevista con Rashid Khalidi
El estudioso de la historia palestina habla de lo que le ha sorprendido y lo que no le ha sorprendido de la respuesta del mundo al ataque de Israel contra Gaza.
(Esta es la primera de dos partes. La segunda se encuentra aquí.)

El historiador Rashid Khalidi ha sido, durante muchos años, un destacado intelectual árabe-estadounidense y uno de los críticos más acérrimos de la participación de Estados Unidos en el conflicto entre Israel y Palestina. A raíz de la incursión armada de Hamás y otros grupos militantes en territorio israelí el 7 de octubre del año pasado, y de las subsiguientes campañas militares israelíes en curso en Gaza y el Líbano, Khalidi y su labor no han hecho más que aumentar en relevancia. Su libro La guerra de cien años contra Palestina (traducido en 2023), que enmarca la historia del despojo palestino como un proyecto colonial que depende del apoyo de las élites occidentales, ha estado en la lista de best-sellers del New York Times durante gran parte del año pasado.

Khalidi nació en la ciudad de Nueva York, donde su padre palestino era miembro de la Secretaría de las Naciones Unidas. Al mismo tiempo que relata la historia de Palestina a través de seis grandes actos de guerra contra su pueblo, su libro se basa en el archivo de la familia de su padre. Comienza, por ejemplo, con una extraordinaria correspondencia en 1899 entre su tataratíoabuelo Yusuf Diya al-Din Pasha al-Khalidi, quien había sido alcalde de Jerusalén, y Theodor Herzl, el progenitor del sionismo político moderno.
Khalidi se jubiló recientemente de la Universidad de Columbia, donde fue el profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos en el Departamento de Historia. En el último año académico fue un destacado partidario de las protestas estudiantiles en Columbia. Realizamos esta conversación a finales de octubre y principios de noviembre de este año por correo electrónico y por videochat en línea.
— Mark O’Connell
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Mark O’Connell: Quería comenzar preguntándole cuál fue su reacción inicial, como palestino-estadounidense y como historiador del Medio Oriente, a los ataques del 7 de octubre del año pasado.

Rashid Khalidi: Me sorprendió. No debería haberme sorprendido, porque siempre he anticipado que la intensidad de la represión israelí acabaría produciendo una respuesta, pero ciertamente me sorprendió el alcance de esa respuesta. La invasión de las bases militares israelíes y los asentamientos fronterizos era algo que ciertamente no esperaba.
Esa fue mi primera reacción. Mi segunda reacción, cuando empezaron a llegar los informes sobre el número de víctimas civiles, fue de conmoción. Y estaba profundamente preocupado: sabía que tendría un impacto enorme aquí en Estados Unidos y conduciría a una respuesta militar absolutamente feroz por parte de Israel.
O’Connell: ¿Le ha impactado o sorprendido algo, en el transcurso del año pasado, sobre la magnitud y la ferocidad de esa respuesta, o la reacción a esa respuesta en Occidente?
Khalidi: No. El salvajismo de lo que ha hecho Israel, sus ataques intencionales contra civiles y contra la infraestructura civil, es rutinario. El nivel de la misma no tenía precedentes, obviamente; el número de muertos palestinos y ahora el creciente número de muertos libaneses van más allá de lo que hemos visto antes. Pero el hecho de que atacaran las plantas de desalinización, las plantas de tratamiento de aguas residuales, las universidades, que demolieran mezquitas y demás, no me sorprendió en lo más mínimo.
Si hubo algo inesperado, fue la participación del gobierno de Estados Unidos a todos los niveles, y su completa falta de voluntad de restringir a Israel de manera significativa. Y por participación, me refiero a la repetición de las mentiras israelíes. La idea de que Israel no estaba tratando de matar a la gente a propósito; la idea de que cada vez que moría un palestino era porque son utilizados como escudos humanos; ignorando por completo la destrucción intencional de la infraestructura para hacer la vida imposible; el hecho de que el gobierno de Estados Unidos repitiera cada una de las justificaciones israelíes para lo injustificable: me pareció exagerado, francamente. Esta administración ha hecho menos por contener a Israel que casi cualquier otra administración, excepto quizás la anterior, la administración Trump.

En otras palabras, si nos remontamos a Eisenhower, o a Reagan, o a cualquiera, siempre fueron cómplices. Siempre estuvieron involucrados. Siempre apoyaron a Israel hasta cierto punto. Pero ese punto llegaba después de meses o semanas. Y aquí estamos en el treceavo mes. Ese punto no ha llegado.
O’Connell: Entonces, ¿en qué momento dejamos de hablar de la “complicidad” de Estados Unidos en esta matanza y empezamos a hablar de Estados Unidos como un antagonista, de que Estados Unidos está en guerra contra Palestina?
Khalidi: Esa siempre ha sido mi opinión. Cuando estábamos negociando con los israelíes en Washington, me di cuenta de que, en realidad, los estadounidenses y los israelíes estaban en el mismo bando, opuestos a nosotros. De hecho, se trata de una delegación conjunta. Ahora hay revelaciones en la prensa estadounidense de ataques conjuntos y de operaciones de inteligencia para encontrar y matar a líderes de Hezbolá y de Hamás. Si uno mira con cuidado, vemos que en realidad Estados Unidos está directamente en guerra. Es una colaboración intensa y de alto nivel en la planificación y la elección de los objetivos. Y ni hablar del hecho que prácticamente todos los proyectiles, todos los misiles, todas las bombas son estadounidenses, y que el ejército israelí no podría sobrevivir más de tres meses sin esos cientos de envíos aéreos. Por lo tanto se trata de una participación a nivel activo sin poner, en su mayor parte, botas sobre el terreno.
O’Connell: Usted dio un discurso muy impactante a principios de este año en uno de los campamentos estudiantiles de la Universidad de Columbia, en el que hizo una comparación con la guerra de Vietnam, que terminó en gran parte debido a la gente que salió a las calles. Me parece que la diferencia más obvia aquí tiene que ver precisamente con, como usted dice, las botas en el suelo. Esa guerra terminó debido a la indignación popular, pero la indignación surgió porque los jóvenes estadounidenses estaban siendo reclutados para luchar en esa guerra. Me pregunto hasta qué punto la guerra en la que está involucrado aquí Estados Unidos pueda realmente volver a casa de esa manera, si los estadounidenses no están luchando y muriendo.
Khalidi: Creo que tienes razón. La ausencia de una participación activa de un gran número de tropas estadounidenses hace que esta situación sea muy diferente a la guerra de Irak o la guerra de Vietnam. Pero, por otro lado, creo que el cambio ha sido más rápido aquí. Tuvieron que pasar años para que la opinión pública se volviera en contra de la guerra de Vietnam. Incluso con Irak tomó uno o dos años. Ha habido un cambio extraordinario en la opinión pública sobre esta guerra, relativamente veloz.
Huelga decir que esto no ha tenido ningún impacto sobre los responsables de la toma de decisiones ni sobre la élite. Los principales medios de comunicación están tan ciegos como siempre lo han estado, tan dispuestos a ser cómplices de cualquier monstruosa mentira israelí, a actuar como taquígrafos del poder, repitiendo lo que se dice en Washington. Eso no ha cambiado. Pero claro, tampoco cambió con Vietnam durante bastante tiempo. No cambió en Irak durante bastante tiempo. Las élites nunca responden a la opinión pública a menos que estén bajo mucha más presión, creo, de la que sienten ahora.
O’Connell: La velocidad de ese cambio en la opinión pública en Estados Unidos, y la intensificación del mismo cambio aquí en Europa, me parece que tiene que ver en gran medida con la visibilidad de la violencia. La gente a menudo habla de que son testigos del “primer genocidio transmitido en vivo”. No necesitamos a Seymour Hersh ni a quien sea para desenterrar pruebas de una masacre. Tomamos nuestros celulares e inmediatamente nos enfrentamos a imágenes de la más horrible violencia y depravación. Eso tiene que ser un factor.
Khalidi: Lo es, es verdad. Pero hay que tener mucho cuidado al asumir que todo el público está expuesto a esas imágenes. Hay un segmento del público — el elemento mayor y más conservador — que no sabría cómo usar Instagram o TikTok si sus vidas dependieran de ello. Pero entre más bajamos en la escala de edad, lo que acabas de decir es cada vez más cierto. Todos los que son lo suficientemente jóvenes e independientes de los medios de comunicación convencionales ven lo que acabas de describir y se horrorizan. Saben que los grandes medios de comunicación están mintiendo y que todos los políticos mienten. Eso también es cierto para muchas personas mayores. Pero de nuevo: cuanto más viejo, más rico, más blanco te vuelves — al menos en Estados Unidos — es menos probable que la gente vea o crea en esas imágenes.

O’Connell: Independientemente de si las acciones de Israel en Palestina puedan considerarse un genocidio o no, me parece muy difícil darle sentido a lo que están haciendo si no pensamos que lo que está en marcha es, como mínimo, algún tipo de proyecto de limpieza étnica.
Khalidi: Uno tiene que entender un par de cosas. En primer lugar, hay un deseo casi insaciable de venganza por lo que ocurrió el 7 de octubre del año pasado: la destrucción no sólo de la división de Gaza del ejército israelí sino de un gran número de asentamientos a lo largo de la frontera con Gaza; la matanza del mayor número de civiles israelíes desde 1948; el secuestro de más de un centenar de civiles y tal vez un centenar de soldados; la destrucción de la sensación de seguridad, que es la piedra angular de cómo los israelíes se ven a sí mismos. Por eso, la sed de venganza por lo sucedido parece ser insaciable. Eso es lo primero.
Lo segundo es que el establishment de seguridad israelí tiene un plan. Cada vez que Israel está en guerra, ataca a la población civil con el pretexto de que allí se encuentra un objetivo militar. Siempre lo ha hecho. Ostensiblemente siempre hay un objetivo militar en algún lugar, pero nunca buscan solo ese objetivo militar. El objetivo también era castigar a los civiles y obligarlos a tornarse en contra de los insurgentes.
Esta es su práctica y siempre lo ha sido. La tomaron directamente de la doctrina militar británica. Busquen las guerras británicas en Kenia, vayan a Malasia, y verán que el ejército británico hizo lo mismo. Lo que estoy diciendo es, por lo tanto, que están matando a civiles a propósito. Están haciendo la vida imposible a propósito. Están haciendo que Gaza sea inhabitable a propósito, con el objetivo — en las retorcidas mentes de los criminales de guerra del Estado Mayor — de obligar a la población a tornarse en contra de los insurgentes.
Y lo tercero es que hay un proyecto colonial en el norte de Gaza: recuperar un pedazo de Gaza, vaciarla de su población y plantar colonos. Ahora, eso puede suceder o no, pero varios ministros de alto rango han pedido instaurar nuevos asentamientos allí. Esos tres elementos, diría yo, explican las atrocidades que estamos viendo. Si eso no encaja en la descripción de un genocidio, simplemente hay que desechar la Convención sobre el Genocidio. No sirve absolutamente para nada.
(Esta fue la primera de dos partes. La segunda se encuentra aquí.)
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Categories: Palestina/Israel
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