Historia de Estados Unidos

Celebrando el centenario del nacimiento de Malcolm X


El líder más destacado de la lucha por la liberación negra en Estados Unidos



Hoy, 19 de mayo, se cumple el centenario del nacimiento del líder afronorteamericano Malcolm X. Para celebrar su vida y legado, publicamos a continuación extractos de uno de sus discursos más famosos, “El voto o la bala”.

Malcolm X surgió como el líder más destacado de la lucha popular por la liberación negra en Estados Unidos. El ascenso de esa lucha tras la Segunda Guerra Mundial fue uno de los acontecimientos políticos más importantes de la última mitad del siglo XX. (El otro acontecimiento de semejante calado en el avance de las perspectivas revolucionarias para los explotados y oprimidos fue el triunfo de la Revolución Cubana en 1959).

De joven Malcolm terminó en prisión, acusado de delitos menores. Allí comenzó a estudiar en serio, adoptó el Islam como religión, y se adhirió a La Nación del Islam, una organización religiosa y nacionalista burguesa. Después de cumplir su condena se convirtió en ministro de la organización. Orador sin igual y con una disciplina férrea, pronto se convirtió en uno de los portavoces más destacados de la Nación.

Malcolm X, marzo de 1964.

Con el tiempo, Malcolm se dio cuenta de que la visión de la Nación del Islam no ofrecía una trayectoria política que pudiera liberar a sus hermanos y hermanas de la discriminación y la opresión racistas. Como señaló después de su ruptura pública con la organización en marzo de 1964, la Nación “no participaba en la política” y su jerarquía, liderada por Elijah Muhammad, estaba “motivada principalmente por la protección de sus intereses propios”.

Así que, en abril de 1964, formó la Organización de Unidad Afroamericana (OAAU por sus siglas en inglés) y adoptó una perspectiva que llegó a conocerse como Nacionalismo Negro. Pero la voz de Malcolm se convirtió cada vez más en la de un líder revolucionario de la clase obrera y sus aliados. Durante el último año de su vida, la claridad política de sus palabras y sus acciones avanzó rápidamente.

En enero de 1965, menos de un año después de su separación de la Nación, Malcolm le dijo a un entrevistador de televisión: “Creo que al final habrá un choque entre los oprimidos y aquellos que los oprimen. Creo que habrá un choque entre los que quieren libertad, justicia e igualdad para todos y los que quieren continuar con los sistemas de explotación.

“Creo que al final habrá ese tipo de choque”, agregó Malcolm, “pero no creo que va a basarse en el color de la piel, como Elijah Muhammad nos había enseñado”.

Los extensos viajes de Malcolm por África — primero en 1959 y luego durante varios viajes en 1964 — transformaron su visión de la política, la raza y la religión. De vuelta en Estados Unidos fue citado diciendo: “¡Vi a todas las razas, de todos los colores, desde rubios de ojos azules hasta africanos de piel negra en verdadera hermandad! ¡En unidad! ¡Viviendo como uno solo! ¡Adorando al unísono! No había ni segregacionistas, ni liberales; nadie allí hubiera sabido interpretar el significado de esas palabras”.

Arriba: Malcolm X se reúne en El Cairo, Egipto, con el jeque Abdel Rahman Tag (derecha), rector de la Universidad de al-Azhar, el 17 de julio de 1964. Abajo: Partidarios esperando el regreso de Malcolm de su viaje a África el 24 de noviembre de 1964 en el aeropuerto JFK de Nueva York. (Fotos: UPI (arriba); Robert Parent (abajo))

Malcolm puso gran énfasis en conocer a otros revolucionarios y colaborar con ellos. Tenía en alta estima a los luchadores que habían obrado por derrocar regímenes coloniales en África y Asia. Se sintió particularmente atraído por los líderes revolucionarios del gobierno secular de Argelia, muchos de quienes, como dijo Malcolm, eran “blancos”, y pocos de los cuales continuaban practicando la fe islámica. El gobierno de obreros y campesinos de Argelia, dirigido por Ahmed Ben Bella a principios y mediados de la década de 1960, estaba organizando a los trabajadores para desafiar no solo el poder de sus antiguos colonizadores franceses, sino también el de los terratenientes y capitalistas locales de ese país.

Malcolm se vió influenciado cada vez más por el ejemplo internacionalista de la Revolución Cubana. Expresó su solidaridad y admiración por esa revolución y su dirección desde sus primeros años. Les dio la bienvenida a Harlem a los líderes revolucionarios cubanos Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. “La Revolución Cubana — esa sí es una revolución. Derrocaron el sistema”, dijo Malcolm en su último discurso importante como líder de la Nación a una audiencia abrumadoramente negra en Detroit en noviembre de 1963. En 1964 y principios de 1965 — a medida que veía más claramente la necesidad de avanzar en la “rebelión global de los oprimidos contra el opresor, de los explotados contra el explotador” — la atracción política de Malcolm por la revolución cubana aumentó.

Malcolm X y Fidel Castro en septiembre de 1960, en el Hotel Theresa en Harlem, Nueva York, donde Malcolm y miles de vecinos le dieron la bienvenida a la delegación cubana que asistía a la Asamblea General de la ONU.

Malcolm se opuso a ese punto de vista político de los líderes de la lucha por los derechos civiles que pretendían reformar “el sistema de explotación” en Estados Unidos y el resto del mundo, en lugar de organizar un movimiento revolucionario para derrocarlo — como Malcolm pretendía hacer, cada vez con mayor claridad.

Malcolm siempre se opuso a los dos principales partidos capitalistas de Estados Unidos. En las elecciones presidenciales de 1964 se negó a pedir que la gente votara por el demócrata Lyndon Johnson en contra del republicano Barry Goldwater. Esa postura causó mucha irritación en el Partido Comunista de Estados Unidos y entre otros partidarios izquierdistas de la candidatura demócrata en ese momento.

Unas semanas después de esa elección, Malcolm dijo en un mitin en París, Francia, que “los capitalistas astutos, los imperialistas astutos” en Estados Unidos “tenían al mundo entero, incluso a las personas que se llaman marxistas, esperando que Johnson venciera a Goldwater… Aquellos que dicen ser enemigos del sistema estaban de rodillas esperando que Johnson fuera elegido, porque se supone que es un hombre de paz. ¡Y en ese mismo momento tenía tropas invadiendo el Congo y Vietnam del Sur!”

Los extractos que siguen son del discurso que Malcolm X dio ante el Congreso por la Igualdad Racial (CORE) en la Iglesia Metodista Cory en Cleveland, Ohio, el 3 de abril de 1964. Son una pequeña muestra de una extensa colección de discursos y escritos del líder revolucionario afroanortemericano más destacado en la historia moderna de Estados Unidos. El discurso completo de Malcolm (en inglés) puede encontrarse aquí. Un video de este discurso está disponible en YouTube.

— Los editores de Panorama-Mundial

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El voto o la bala

Por Malcolm X

Sr. Moderador, Hermano Lomax, hermanos y hermanas, amigos y enemigos — porque sencillamente no puedo creer que todos los que están aquí sean amigos, y no quiero omitir a nadie. La pregunta de esta noche, tal como yo la entiendo, es “La revuelta negra, ¿y qué rumbo tomamos de aquí en adelante?” o “¿Qué hacer?” En mi humilde manera de entenderlo las alternativas son el voto o la bala.

El libro Habla Malcolm X incluye el discurso “El voto o la bala”.

Antes de tratar de explicar lo que quiere decir eso del voto o la bala, quisiera aclarar algo con respecto a mí mismo. Todavía soy musulmán; mi religión sigue siendo el Islam. Ésa es mi creencia personal. Así como Adam Clayton Powell es un pastor cristiano que encabeza la Iglesia Bautista Abisinia en Nueva York, pero al mismo tiempo participa en las luchas políticas para tratar de ganar derechos para los negros en este país; y que el Dr. Martin Luther King es un pastor cristiano en Atlanta, Georgia, que encabeza otra organización que lucha por los derechos civiles de los negros en este país; y que el reverendo Galamison — supongo que habrán oído hablar de él — es otro pastor cristiano en Nueva York que ha estado profundamente involucrado en los boicots de las escuelas para eliminar la enseñanza segregada; bueno, yo mismo soy un ministro, no un pastor cristiano, sino un ministro musulmán; y creo en la acción en todos los frentes por cualquier medio que sea necesario.

Aunque sigo siendo musulmán, no estoy aquí esta noche para hablar de mi religión. […] No estoy aquí para discutir o polemizar sobre ninguna de las cosas sobre las que diferimos, porque ya es hora de superar nuestras diferencias y darnos cuenta de que es mejor para nosotros ver primero que tenemos el mismo problema, un problema común que te hace vivir en un infierno lo mismo si eres bautista que si eres metodista o musulmán o nacionalista. […]

Ahora bien, que hablemos así no quiere decir que estemos en contra del blanco, pero sí quiere decir que estamos en contra de la explotación, que estamos en contra de la degradación, en contra de la opresión. Y si el hombre blanco no quiere que seamos anti blancos, que deje de oprimirnos y de explotarnos y de degradarnos. […]

Malcolm fue entrevistado frente a un edificio en construcción en Brooklyn, N.Y., donde se unió a la acción de julio de 1963 convocada por CORE y Urban League para protestar por la discriminación en la contratación. “Dondequiera que los musulmanes se involucraran en la acción, en cualquier parte del país”, dijo Malcolm en febrero de 1965, “era una acción en la que yo estaba involucrado, porque creía en la acción”.

No soy político, ni siquiera soy estudioso de la política; de hecho, no soy estudioso de nada. No soy demócrata, no soy republicano, y ni siquiera me considero norteamericano. Si tú y yo fuéramos norteamericanos no habría problema. Esos europeos que acaban de bajarse del barco ya son norteamericanos; los polacos ya son norteamericanos; los refugiados italianos ya son norteamericanos. Todo el que venga de Europa, todo lo que tenga los ojos azules, ya es norteamericano. Y con todo el tiempo que llevamos aquí, tú y yo todavía no somos norteamericanos.

Bueno, yo no creo en eso de engañarse a sí mismo. No me voy a sentar a tu mesa con el plato vacío para verte comer y decir que soy un comensal. […]

Víctimas del americanismo

No, yo no soy norteamericano. Soy uno de los 22 millones de negros que son víctimas del norteamericanismo. Uno de los 22 millones de negros que son víctimas de la democracia, que no es más que hipocresía enmascarada. Así que no les hablo como norteamericano ni como patriota ni como uno de ésos que saluda o que hace ondear la bandera, no, yo no. Hablo como una víctima de este sistema norteamericano. Y veo a Estados Unidos con los ojos de la víctima. No veo ningún sueño norteamericano; veo una pesadilla norteamericana. […]

Fue el voto del negro el que instaló a la nueva administración en Washington. Tu voto, tu voto necio, tu voto ignorante, tu voto malgastado fue el que instaló en Washington a una administración que ha promulgado toda clase de leyes imaginables, dejándote hasta el último, y luego encima de todo obstruye [la aprobación de la ley de derechos civiles]. Y tus líderes y los míos tienen la osadía de andar aplaudiendo por ahí y hablando de cuánto estamos progresando. Y hablando de qué buen presidente tenemos. […]

De manera que ya es hora de despertar en 1964. Y cuando los veas salir con esa clase de conspiraciones, hazles saber que tienes los ojos abiertos. Y hazles saber que hay otra cosa que también está abierta. Tiene que ser el voto o la bala. El voto o la bala. Si te da miedo usar una expresión como esa, deberías irte del país, deberías regresar a la plantación algodonera, deberías volver a esconderte en el callejón.

Ellos reciben todos los votos de los negros y, después de recibirlos, el negro no recibe nada a cambio. Lo único que hicieron al llegar a Washington fue darles buenos empleos a unos cuantos negros importantes. Esos negros importantes no necesitaban buenos empleos, ya tenían trabajo. Eso es un camuflaje, eso es un engaño, eso es traición, una fachada. No estoy tratando de atacar a los demócratas a favor de los republicanos, ya bregaremos con ellos dentro de un minuto. Pero es verdad: tú pones a los demócratas en primer lugar y ellos te ponen al último.

Hay que verlo como es realmente. ¿Qué engaños utilizan, ya que controlan el Congreso y el Senado? ¿Qué engaño usan cuando tú y yo preguntamos: “Bueno, ¿cuándo vas a cumplir tu promesa?” Culpan a los Dixiecrats. ¿Qué es un Dixiecrat? Un demócrata. Un Dixiecrat no es más que un demócrata disfrazado. El jefe titular de los demócratas es también el jefe de los Dixiecrats, porque los Dixiecrats son parte del Partido Demócrata.

Los demócratas nunca han expulsado a los Dixiecrats del partido. Los Dixiecrats se escindieron una vez, pero los demócratas no los expulsaron. Imagínese, estos segregacionistas sureños menosprecian a los demócratas del norte. Pero los demócratas del norte nunca han menospreciado a los Dixiecrats. No, hay que verlo tal como es. Tienen un juego en marcha para estafarnos, un juego de estafa política, y tú y yo estamos en medio. Es hora de que tú y yo despertemos y comencemos a verlo como es, y tratemos de entenderlo tal como es. […]

Vuelvo a decirlo, no soy antidemócrata, no soy antirrepublicano, no estoy en contra de nada. Solo estoy cuestionando su sinceridad y parte de la estrategia que han estado usando con nuestra gente al hacerles promesas que no tienen la intención de cumplir. Cuando mantienes a los demócratas en el poder, mantienes a los Dixiecrats en el poder. […]

Nueva interpretación de la lucha por los derechos civiles

Entonces, ¿qué rumbo seguimos de aquí en adelante? Primero, necesitamos algunos amigos. Necesitamos nuevos aliados. Toda la lucha por los derechos civiles necesita una nueva interpretación, una interpretación más amplia. Necesitamos contemplar este asunto de los derechos civiles desde otro ángulo — tanto desde adentro como desde afuera. Para los que seguimos la filosofía del nacionalismo negro, la única forma de participar en la lucha por los derechos civiles es darle una nueva interpretación. La antigua interpretación nos excluye. Nos dejaba fuera. Por eso le estamos dando una nueva interpretación a la lucha por los derechos civiles, una interpretación que nos permita adentrarnos en ella, tomar parte en esa lucha. […]

¿Cómo puedes agradecerle a un hombre por darte lo que ya es tuyo? ¿Cómo puedes, entonces, agradecerle que te dé sólo una parte de lo que ya es tuyo? Si lo que te están dando ya deberías haberlo tenido desde antes, no has progresado. Eso no es progreso. […]

En julio de 1962, en la ciudad de Nueva York, Malcolm X se dirige a la manifestación convocada por el sindicato de trabajadores de hospitales Local 1199, respaldando su lucha por el reconocimiento sindical.

Bueno, tenemos derecho a luchar por los derechos civiles si eso significa igualdad de oportunidades, porque en ese caso lo único que estamos haciendo es tratar de cobrar nuestras inversiones. Nuestras madres y padres invirtieron sudor y sangre. Trescientos diez años trabajamos en este país sin recibir ni un centavo a cambio. Tú dejas que el blanco se pasee por aquí hablando de lo rico que es este país, pero nunca te paras a pensar cómo se hizo rico tan rápido. Se hizo rico porque tú lo hiciste rico. […]

Si pudieras cobrar un año del salario sólo de la gente que está aquí, estas personas aquí mismo, serías rico, más que rico. Cuando analizas así las cosas, piensa en lo rico que tiene que haberse hecho el Tío Sam, no con este puñado de gente, sino con millones de negros. Nuestras madres y padres, que no trabajaban un turno de ocho horas, sino que trabajaban de sol a sol, y trabajaban gratis haciendo rico al blanco, haciendo rico al Tío Sam. Esta es nuestra inversión. Esta es nuestra contribución: nuestra sangre.

No solo dimos nuestro trabajo gratis, sino que dimos nuestra sangre. Cada vez que había un llamado a las armas, éramos los primeros en vestir el uniforme. Moríamos en todos los campos de batalla del blanco. Hemos hecho un sacrificio más grande que cualquiera que esté de pie en Estados Unidos hoy día. Hemos hecho una contribución mayor y hemos cobrado menos. Los derechos civiles, para aquellos de nosotros cuya filosofía es el nacionalismo negro, significan: “Dánoslo ahora. No esperes al año que viene. Dánoslo ayer, y eso no sería bastante rápido”.

Me detengo por un momento para señalar una cosa. Siempre que estés luchando por algo que te pertenece, cualquiera que te prive de ese derecho es un criminal. Entiéndelo. Siempre que andes detrás de algo que te pertenece, estás en tu derecho legal de reclamarlo. Y el que haga cualquier intento de privarte de lo que es tuyo está violando la ley y es un criminal. Lo señaló la decisión de la Corte Suprema. Prohibió la segregación.

Un segregacionista es un criminal

Y eso significa que la segregación viola la ley. Y eso quiere decir que un segregacionista está violando la ley. Un segregacionista es un criminal. No se le puede aplicar ningún otro calificativo. Y cuando haces una manifestación contra de la segregación, la ley está de tu lado. La Corte Suprema está de su lado.

Gloria Richardson (centro) encabezó la campaña de la comunidad negra en Cambridge, Maryland, de 1962 a 1964, negándose a suspender las protestas a pesar de la ocupación de la ciudad durante un año por parte de la Guardia Nacional, también negándose a pedirle a su comunidad que optara por la no violencia frente a los matones supremacistas blancos. “Algo de lo que quedé completamente convencido durante mis viajes recientes es la importancia de la libertad para las mujeres”, dijo Malcolm en noviembre de 1964. “Estoy francamente orgulloso de las contribuciones que nuestras mujeres han hecho a la lucha por la libertad”.

Ahora bien, ¿quién es el que se opone al cumplimiento de la ley? El propio departamento de policía. Con perros policía y con garrotes. Siempre que decidas manifestarte en contra de la segregación, ya se trate de la enseñanza segregada, la vivienda segregada o cualquier otra cosa, la ley está de tu parte, y el que se interponga en el camino deja de representar la ley. Están violando la ley; ya no representan la ley. […]

Pero las Naciones Unidas tienen lo que se conoce como la Carta de los Derechos Humanos; tiene un comité que se ocupa de la cuestión de los derechos humanos. Te preguntarás por qué todas las atrocidades que se han cometido en África, en Hungría, en Asia y en América Latina se llevan ante la ONU y el problema de los negros nunca se presenta ante la ONU. Eso forma parte de la conspiración.

Ese liberal viejo y tramposo de ojos azules que finge ser tu amigo y el mío, que finge estar de nuestro lado, que se supone que está subsidiando nuestra lucha y que pretende actuar en calidad de consejero, nunca te dice nada sobre los derechos humanos. Te enreda en la cuestión de los derechos civiles. Y te pasas tanto tiempo empantanado en los derechos civiles que ni te das cuenta que existen los derechos humanos.

Cuando elevas la lucha por los derechos civiles al nivel de los derechos humanos, puedes llevar el caso del negro de este país ante las naciones reunidas en la ONU. Puedes llevarlo ante la Asamblea General. Puedes llevar al Tío Sam ante un tribunal mundial. Pero sólo puedes hacerlo al nivel de los derechos humanos. Los derechos civiles te mantienen bajo sus restricciones, bajo su jurisdicción. Los derechos civiles te dejan a su merced. Los derechos civiles significan que le estás pidiendo al Tío Sam que te trate bien. En cambio los derechos humanos son algo con lo que tú naciste. Los derechos humanos son los derechos que Dios te dio. Los derechos humanos son los derechos reconocidos por todas las naciones de este mundo. Y siempre que alguien viole tus derechos humanos podrás llevarlo ante un tribunal mundial.

Las manos del Tío Sam están empapadas de sangre

Las manos del Tío Sam están empapadas de sangre, empapadas con la sangre de los negros de este país. Es el hipócrita número uno de este mundo. Tiene la osadía — sí que la tiene — imagínate, se hace pasar por el líder del mundo libre. ¡El mundo libre! Y tú aquí sigues cantando “Nosotros triunfaremos”. Eleva la lucha por los derechos civiles al nivel de los derechos humanos, llévala ante las Naciones Unidas, donde nuestros hermanos africanos pueden hacer sentir su peso a nuestro favor, donde nuestros hermanos asiáticos pueden hacer sentir su peso a nuestro favor, donde nuestros hermanos latinoamericanos pueden hacer sentir su peso a nuestro favor, y donde 800 millones de chinos, que están allí esperando, pueden hacer sentir su peso a nuestro favor.

Jóvenes vietnamitas de la aldea de Chi Lang “se ofrecen como voluntarios en la guerra de salvación nacional contra Estados Unidos”, dice la pancarta. Malcolm se opuso a la guerra de Estados Unidos en Vietnam y se identificó con las luchas anticoloniales en todo el mundo.

Que el mundo sepa lo ensangrentadas que tiene las manos. Que el mundo conozca la hipocresía que se practica aquí. Que sea el voto o la bala. Que él sepa que debe ser el voto o la bala.

Cuando llevas tu caso a Washington, lo estás llevando ante el criminal responsable; es como huir del lobo hacia la zorra. Todos ellos están encompadrados. Todos hacen trampas políticas y te hacen quedar como un tonto ante los ojos del mundo. Aquí estás paseándote por Estados Unidos, preparándote para que te recluten y te manden al exterior, como un soldadito de plomo, y cuando llegas allá y la gente te pregunta por qué estás luchando no sabes ni qué decir. No, lleva al Tío Sam a los tribunales, llévalo ante el mundo.

Para mí el voto significa simplemente la libertad. ¿No sabes — y en esto no estoy de acuerdo con Lomax — que el voto es más importante que el dólar? ¿Qué si puedo probarlo? Sí. Mira en la ONU. Hay naciones pobres en la ONU; sin embargo, esas naciones pobres pueden unirse con el poder de sus votos e impedir que las naciones ricas tomen un paso. Tienen un voto por nación, todo el mundo tiene un voto igual. Y cuando esos hermanos de Asia, África y las partes más oscuras de esta tierra se unen, su poder de voto es suficiente para mantener a raya al Tío Sam. O para mantener a raya a Rusia. O para mantener a raya a cualquier otra parte del mundo. De modo que el voto es sumamente importante.

En este momento, en este país, tú y yo, 22 millones de afronorteamericanos — porque eso es lo que somos, africanos que estamos en Norteamérica. Ustedes no son más que africanos. Nada más que africanos. Es más, te convendría más llamarte africano que negro. A los africanos no los maltratan. Los maltratan solamente a ustedes. No hay necesidad de promulgar leyes de derechos civiles para los africanos. Un africano puede ir a donde le plazca en este momento. Basta con ponerte un trapo en la cabeza, así nomás, y ve a donde se te ocurra. Simplemente deja de ser negro. Cambia tu nombre a Hugagaguba. Eso te demostrará lo necio que es el blanco. Te la estás viendo con un necio.

Un amigo mío que es de tez muy oscura se puso un turbante en la cabeza y entró a un restaurante en Atlanta antes de que la consideraran una ciudad integrada. Entró a un restaurante para blancos, se sentó, lo atendieron y preguntó: “¿Qué pasaría si aquí entrara un negro?” Y allí está él sentado, más negro que la noche; pero como tenía la cabeza envuelta en ese turbante, la camarera se volvió y le dijo: “Qué va, ningún nigger se atrevería a entrar aquí”.

De manera que te las estás viendo con un hombre cuyos prejuicios y predisposiciones le están haciendo perder el juicio, su inteligencia, cada día más. Está asustado. Mira a su alrededor y ve lo que está pasando en este mundo, y ve que el péndulo del tiempo se inclina a tu favor. La gente oscura está despertando. Le están perdiendo el miedo al blanco. Y el blanco no está ganando en ningún lugar donde esté peleando hoy. Dondequiera que está peleando lo hace contra hombres de nuestro color, de nuestro aspecto. Y esos hombres lo están derrotando. Ya no puede seguir ganando. Ya ganó su última batalla. No pudo ganar la Guerra de Corea. No la pudo ganar. Tuvo que firmar una tregua. Eso es una derrota.

Siempre que al Tío Sam, con toda su maquinaria bélica, lo obliguen a aceptar una tregua unos pobres que no comen más que arroz, es que ha perdido la batalla. Tuvo que firmar la tregua. Se supone que Estados Unidos no firme tregua alguna. Se supone que Estados Unidos sea feroz. Pero ya no tan bravo como antes. […]

Y el blanco no puede ganar otra guerra luchando en tierra firme. Esos días ya pasaron. El hombre negro lo sabe, el hombre moreno lo sabe, el hombre rojo lo sabe y el hombre amarillo lo sabe. Por eso le hacen guerra de guerrillas, y ese no es el estilo del Tío Sam. Hay que ser valiente para ser guerrillero, y él no es valiente, te lo aseguro. […]

Lo mismo les pasó a los franceses en la Indochina francesa. Los que sólo unos años antes habían sido campesinos dedicados al cultivo del arroz, se unieron y sacaron de Indochina al altamente mecanizado ejército francés. […]

Filosofía política del nacionalismo negro

La filosofía política del nacionalismo negro consiste en que el negro controle la política y a los políticos de su propia comunidad, y nada más que eso. El hombre negro en la comunidad negra tiene que ser reeducado para que aprenda la ciencia de la política, para que sepa lo que la política debe darle a cambio. No malgastes el voto. Un voto es como una bala. No uses tu voto hasta que no veas un objetivo, y si ese objetivo no está a tu alcance, guárdate la boleta en el bolsillo. […]

Entonces digo que al predicar el nacionalismo negro no nos proponemos hacer que el hombre negro revalorice al hombre blanco — tú ya lo conoces — sino para hacer que el hombre negro se revalorice a sí mismo. No hagas cambiar de ideas al blanco; no es posible hacer que cambie de ideas, y todo ese asunto de apelar a la conciencia moral de Estados Unidos… la conciencia de Estados Unidos está en quiebra. Hace mucho tiempo que perdió toda conciencia. El Tío Sam no tiene conciencia.

Ellos no saben lo que es la moral. No tratan de eliminar un mal porque sea un mal o porque sea ilegal, ni tampoco porque sea inmoral; lo eliminan solamente cuando amenaza su existencia. De manera que estás perdiendo el tiempo si apelas a la conciencia de un hombre que está en bancarrota moral como el Tío Sam. Si tuviera conciencia, arreglaría este asunto sin que se ejerciera sobre él mayor presión.

Así que no es necesario hacer que el blanco cambie de ideas. Tenemos que cambiar de ideas nosotros mismos. No podemos hacer que él cambie sus ideas acerca de nosotros. Somos nosotros los que tenemos que cambiar las ideas que tenemos sobre nosotros mismos. Tenemos que vernos unos a otros con ojos nuevos. Tenemos que vernos unos a otros como hermanos y hermanas. Tenemos que juntarnos fraternalmente para poder crear la unidad y la armonía necesarias para resolver nosotros mismos este problema. […]

Trabajaremos con cualquier persona, en cualquier lugar, en cualquier momento, que esté genuinamente interesada en abordar el problema de frente, de manera no violenta mientras el enemigo sea no violento, pero con violencia cuando el enemigo se vuelva violento. Trabajaremos con ustedes en la campaña de registro de votantes, trabajaremos con ustedes en las huelgas de alquileres, trabajaremos con ustedes en los boicots escolares; no creo en ningún tipo de integración; ni siquiera me preocupa, porque sé que de todos modos no la vas a conseguir; no la vas a conseguir porque tienes miedo de morir; si tratas de imponerte al hombre blanco tienes que estar listo para morir, porque aquí mismo en Cleveland se volverán tan violentos como esos crackers [sureños racistas] de Mississippi.

Pero seguiremos trabajando con ustedes en los boicots escolares porque estamos en contra de un sistema escolar segregado. Un sistema escolar segregado produce niños que, cuando se gradúan, se gradúan con mentes lisiadas. Pero eso no significa que una escuela esté segregada porque sea toda negra. Una escuela segregada es una escuela que está controlada por personas que no tienen ningún verdadero interés en ella.

Por último, pero no por ello menos importante, debo decir lo siguiente en relación a la gran controversia sobre los rifles y las escopetas. Lo único que he dicho es que en áreas donde el gobierno ha demostrado no querer, o ser incapaz, de defender las vidas y la propiedad de los negros, es hora de que los negros se defiendan por sí mismos. El artículo número dos de las enmiendas constitucionales nos otorga a usted y a mí el derecho a poseer un rifle o una escopeta. Es constitucionalmente legal poseer una escopeta o un rifle.

Autobús Freedom Ride (viaje por la libertad) que fue atacado con bombas incendiarias por racistas cerca de Anniston, Alabama, en mayo de 1961. Los pasajeros exigían que el gobierno federal tomara medidas para eliminar la segregación en el transporte público interestatal. “Nunca he oído a nadie enseñarle al Ku Klux Klan a no ser violento”, dijo Malcolm en enero de 1965. “Y no estoy de acuerdo con nadie que le enseñe a nuestro pueblo a no ser violento hasta que alguien le enseñe lo mismo a nuestro enemigo. Cuando somos atacados por racistas debemos protegernos por todos los medios que sean necesarios”.

Esto no significa que vayas a conseguir un rifle y formes batallones y salgas a buscar a los blancos, aunque estarías en tu derecho, o quiero decir, estarías justificado; pero eso sería ilegal, y nosotros no hacemos nada ilegal. Si el hombre blanco no quiere que el hombre negro compre rifles y escopetas, entonces que el gobierno haga su trabajo. […]

Si matan a dos o tres soldados estadounidenses, que se están metiendo donde no les incumbe en los asuntos de otras personas allá muy lejos en Vietnam del Sur, él va a enviar buques acorazados, metiendo la nariz en sus asuntos. También quería enviar tropas a Cuba y forzarlos a celebrar lo que él llama elecciones libres, este viejo cracker que no tiene elecciones libres en su propio país. […]

Si un negro en 1964 tiene que sentarse y esperar a que algún senador cracker obstruya las funciones del congreso cuando se trata de los derechos de los negros, entonces usted y yo deberíamos agachar la cabeza avergonzados. Si se sorprenden por la marcha en Washington en 1963, eso no fue nada. Habrán cosas más grandes en el 64. […]

En 1964, va a ser el voto o la bala.

Gracias.


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