El ensayo a continuación fue publicado en Facebook el 18 de julio de 2025. El autor, Ernesto Limia Díaz, es Primer Vicepresidente de la Asociación de Escritores de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
El ensayo de Limia Díaz es parte de una discusión pública que se ha extendido por Cuba durante la última semana. El debate salió a la luz tras la renuncia de la ministra del Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera, el 15 de julio.
Feitó Cabrera renunció después de hacer comentarios controvertidos un día antes en la Asamblea Nacional de Cuba, el parlamento del país. Sus comentarios televisados se volvieron virales en las redes sociales, causando una gran conmoción tanto entre el público como entre funcionarios del gobierno.
Panorama-Mundial publicó recientemente un artículo publicado por el gobierno cubano que informa sobre la respuesta del presidente del país, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a las polémicas declaraciones de Feitó Cabrera. En su introducción a ese artículo, Panorama-Mundial señaló que la exministra dijo ante la Asamblea Nacional que “en Cuba no hay mendigos, que los mendigos de la isla están fingiendo pobreza en busca de un modo de vida fácil, y que quienes limpian parabrisas en las calles o recogen desechos de los recipientes de basura en realidad están recolectando materias primas sin pagar impuestos”.
En su ensayo, Limia Díaz expone los desafíos que enfrentan los revolucionarios cubanos hoy en día al tratar de enfrentar el impacto de una grave crisis económica.
Como señaló Díaz-Canel en su discurso del 15 de julio en la Asamblea Nacional, esta crisis ha provocado grandes apagones y escasez de alimentos y ha agravado problemas sociales como la mendicidad y la falta de vivienda.

Limia Díaz reconoce que esta crisis económica es causada, en gran medida, por una intensificación de la guerra económica de Estados Unidos con el propósito de asfixiar y derrocar a la Revolución Cubana. Sin embargo, enfoca su ensayo “en los problemas que en mi modesta opinión está en nuestras manos resolver cuanto antes”.
Entre otros puntos importantes, Limia Díaz señala que “No podemos ignorar que la formalización de una economía privada presenta desafíos al modelo cubano. Algo debemos tener claro: en el socialismo no pueden regir las leyes ciegas del mercado ― o para ser precisos: las leyes “ciegas” de los videntes que controlan el mercado. En el socialismo el mercado no puede dictar el rumbo, debe establecer una relación armónica con los intereses de la sociedad. Conseguirlo lleva planificación, audacia, control y educación solidaria”.
El dirigente de la UNEAC enfatiza la importancia que tiene para los revolucionarios la honestidad y la capacidad de escuchar como cualidades esenciales, para invitar al pueblo trabajador cubano a la discusión sobre cómo encontrar, colectivamente, soluciones a los graves problemas sociales que enfrenta la Revolución hoy en día.
“La proliferación de tecnócratas, burócratas incompetentes y empleados sin compromiso social ― a veces resentidos por sus propias carencias e insatisfacciones ―, añade leña a la brasa del acoso yanqui”, señala Limia Díaz.
“Tal escenario demanda fomentar el diálogo y, aparejado a él, la escucha. El intercambio es el más efectivo camino para sumar a todas las fuerzas sociales a nuestro empeño de edificar una sociedad con justicia e igualdad social. Cualquier proyección o respuesta a las peticiones y necesidades populares es sometida al escarnio en las redes sociales por la legión de troles al servicio de Estados Unidos; en tiempos de guerra cognitiva solo conozco un antídoto: la construcción colectiva de las soluciones”.
También reconoce que la discusión sobre los temas que aborda aquí se ha estado ampliando en Cuba durante algún tiempo.
“Hace poco conocí al moderador de un grupo que en la pandemia se articuló por WhatsApp. Se bautizaron como: ‘Aprendiendo de la Covid’”, dice. “Desde entonces elaboraron 153 reflexiones. Son veteranos y son revolucionarios, con opiniones agudas. Les duele la pobreza que retoña, las manifestaciones de corrupción, los gérmenes de capitalismo inoculados. ¿A quién no?”
Panorama-Mundial publica el siguiente ensayo con el amable permiso del autor para información de nuestros lectores. El título y el texto a continuación son del original. Las fotos, los subtítulos y las notas son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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‘Todo por el pueblo y todo con el pueblo’.

Por Ernesto Limia Díaz
Resulta complejo en extremo dirigir en la Cuba actual, porque la parábola de los panes y los peces pareciera una quimera cuando el vecino desvía las aguas que nutren tus lagunas y acapara el trigo para negarte la harina o te impide adquirir el carbón con el que horneas el pan. A ello súmele las energías que demanda custodiar los bienes de la delincuencia que se infiltra para actuar a la sombra y los asaltadores de almacenes que pululan en las crisis. Ni uno solo de nuestros cuadros o funcionarios es importado, todas/os son de tronco cubanísimo y la mayoría nació entre los segmentos más humildes de nuestro pueblo. Vale preguntarnos entonces por qué se extiende la inconformidad sobre su gestión.
Una respuesta simplona lo atribuirá a las campañas anticubanas; pero el fenómeno posee múltiples variables y algunas están en nuestras manos. Sin duda, el acoso económico y financiero yanqui ― como ya apuntamos ―, es el principal obstáculo a nuestro desarrollo, objetivo invariable desde que el subsecretario de Estado de la Administración Eisenhower, Lester Mallory, llamó a matarnos de hambre para restar liderazgo a Fidel. Esa es la principal causa de los apagones, del desabastecimiento, de la falta de medicinas, del agobio en la vida diaria de todas y todos los cubanos que habitamos en esta isla. Nuestro Canciller ha sido elocuente, con precisiones y datos. Quien niegue eso está faltando a la verdad y, aunque sea sin pretenderlo, se vuelve cómplice.

Concentrémonos entonces en esta nota, en los problemas que en mi modesta opinión está en nuestras manos resolver cuanto antes.
En Cuba el ser humano preside los desvelos y el sentido quijotesco fomentado por la Revolución hizo posible la máxima de José de la Luz y Caballero,[1] de la justicia como Sol del mundo moral en el pecho de mujeres y hombres. El humanismo y el sentido de la justicia son los pilares de la sensibilidad de nuestra militancia comunista; de las revolucionarias y los revolucionarios, de la mayoría de nuestro pueblo. Pero seamos realistas: hoy ocupan responsabilidades o trabajan en organizaciones empresariales, centros de servicios vitales e instituciones estatales personas que carecen de sensibilidad y, a menudo, de escrúpulos. No vamos a detenernos en las causas, lo cierto es que contagiados de un individualismo extremo expandido por la ideología neoliberal ― no estamos en una burbuja ni en una urna de cristal ―, a más de uno se le encuentra por ahí sin sentido de lealtad a la patria ni orgullo de haber nacido en esta tierra. Demás está decir que les resbalan los dolores e insatisfacciones de nuestro pueblo.
Otra plaga que pulula es la ineptitud: el mediocre halla dos problemas a cada solución e imbuido por la bazofia de los libros de autoayuda necesita mostrarse como un triunfador. Nadie que le lleve la contraria estará a salvo. Se rodea de gente como él y de ese concierto no saldrá un sonido polifónico. Nadie es más sordo y arrogante que un mediocre, porque no es capaz de aquilatar la inteligencia colectiva; en consecuencia, con pretexto de la unidad premia la obediencia por encima del talento y la creatividad. Entonces vienen los errores y más errores. En materia de servicios a la población, mucha gente se angustia porque una simple gestión te hace subir al infierno de Dante. El problema no es que existan burócratas, el problema es la actuación ineficiente de un burócrata. Cuando la insatisfacción se vuelve crónica y los afectados se enervan o un llamado superior reclama rectificar una pifia en cualquier esfera de la vida del país, la máxima fidelista: “No mentir jamás”, pierde sentido para el mediocre… En el mejor de los casos no tergiversa la realidad, pero oculta información con ese propósito o siembra optimismo en base más a una ilusión que a los hechos. Promete soluciones. Hace creer que apuesta al caballo correcto y es cuestión de tiempo. Correrán los años hasta que un día lo derribe un incidente fortuito. Habrá transcurrido mucho tiempo; el daño estará hecho…
No podemos ignorar que la formalización de una economía privada presenta desafíos al modelo cubano. Algo debemos tener claro: en el socialismo no pueden regir las leyes ciegas del mercado ― o para ser precisos: las leyes “ciegas” de los videntes que controlan el mercado. En el socialismo el mercado no puede dictar el rumbo, debe establecer una relación armónica con los intereses de la sociedad. Conseguirlo lleva planificación, audacia, control y educación solidaria.
A nadie escapa que en los últimos años se han ensanchado las desigualdades sociales desaparecidas en 1959. Y a pesar del esfuerzo de nuestro Partido y Gobierno, se constatan expresiones de pobreza, que resultan más dolorosas ― y, a veces, hasta humillantes ― mientras más ostentan quienes han tenido la oportunidad de prosperar con negocios privados.

Cuando un propietario privado impone precios abusivos sin atender lo que sufren su entorno y el país; evade la contribución fiscal; burla las disposiciones constitucionales, legales y financieras establecidas; actúa como testaferro de intereses foráneos y se presta para repatriar clandestinamente los dólares que el país necesita en función de preservar programas sociales que tanto él como su familia disfrutan, inocula entre nuestra gente gérmenes del capitalismo. Si no combatimos estas expresiones en toda la línea y no proyectamos un diseño financiero, cultural y político capaz de articular los intereses personales en torno a los de la nación, estaremos cediendo el espacio a la ideología neoliberal, que es instintiva y se da silvestre como la verdolaga.
El desarrollo colectivo de soluciones
La proliferación de tecnócratas, burócratas incompetentes y empleados sin compromiso social ― a veces resentidos por sus propias carencias e insatisfacciones ―, añade leña a la brasa del acoso yanqui. Tal escenario demanda fomentar el diálogo y, aparejado a él, la escucha. El intercambio es el más efectivo camino para sumar a todas las fuerzas sociales a nuestro empeño de edificar una sociedad con justicia e igualdad social. Cualquier proyección o respuesta a las peticiones y necesidades populares es sometida al escarnio en las redes sociales por la legión de troles al servicio de Estados Unidos; en tiempos de guerra cognitiva solo conozco un antídoto: la construcción colectiva de las soluciones.
En las actuales condiciones del país ― vy en una época en que cada vez se ve menos televisión y hay más personas fuera del ámbito estatal ― ejercer el poder popular ― vo sea, el gobierno del pueblo, que como reza la expresión: “Ese si es poder” ― demanda replantearnos algunos métodos de trabajo y de educación ideológica.
Como herederas del capital político de quienes nos trajeron hasta aquí, las nuevas generaciones de dirigentes deben aportar su propio legado a la construcción espiritual del consenso. La mayoría lo hace todos los días del año, desde las primeras luces hasta la medianoche; pero a no pocos los separa de las bases un mal que se ha extendido como plaga bíblica: el reunionismo.
Afrontar las urgencias con ese azote improductivo, no pocas veces restringe el roce necesario para auscultar el latido de nuestra gente y ello genera desconexión emocional, antesala del rechazo. No se puede obviar que se pretende instalar una matriz que apunta contra décadas de lazos indisolubles entre el pueblo y su dirigencia, con dos pronombres en este caso disruptivos: “ustedes” y “nosotros”.
Nuestros dilemas exigen una gestión política eficaz. El Papa Francisco expresó en 2019 una idea que arroja luces: “La política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación del bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y se evita que las así llamadas ‘clases dirigentes’ crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. El famoso adagio liberal exagerado, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo. Hacer política no puede reducirse a técnicas y recursos humanos y capacidad de diálogo y persuasión; esto no sirve solo. El político está en medio de su pueblo y colabora con este medio u otros a que el pueblo que es soberano sea el protagonista de su historia” (Papa Francisco, 2019: 20-21).
Esa comunión de ideas entre el Papa Francisco, Fidel y Raúl selló la simpatía y admiración que caracterizó sus lazos; el cariño y respeto del Sumo Pontífice hacia Cuba y su pueblo. Esos principios presiden la actuación cotidiana del compañero Miguel Díaz-Canel; pero el pueblo percibe resistencia en sectores intermedios que lastran su voluntad. La verdad es que esa “resistencia” no es nueva: Fidel la denunció durante el proceso de rectificación de errores en los 80[2] y luego al lanzar la batalla de ideas en los 2000. Lo que pasa es que, con la virulencia del acoso yanqui y la proliferación de tendencias corrosivas, se vuelve más visible.

Nunca evitemos asumir nuestra responsabilidad con triunfalismo
Urge revisar los modos de ejercer el control popular. El pueblo quiere que todo dirigente de Gobierno en un municipio o provincia sea accesible y haga frente a sus quejas y demandas; que los cuadros y funcionarios administrativos en el nivel central interactúen más con la prensa y los espacios sociales, para explicar las políticas y trazar de consuno las rutas; que cada diputado visite sistemáticamente a sus electores y lleve sus malestares a la Asamblea, que discuta en las sesiones y rechace políticas fallidas, que no apruebe rendiciones de cuentas triunfalistas o explicaciones vagas.
El Parlamento no puede convertirse en un espectáculo. Hemos sufrido que en un país hermano de la región, fuego amigo resultante de querellas internas no resueltas terminó congelando fondos básicos para los programas de desarrollo social. No podemos darnos ese lujo, menos con los yanquis apostando a atomizarnos; sin embargo, es cierto que no abundan en la Asamblea quienes ponen los puntos sobre las íes ― como dice el pueblo ―; aunque por suerte, uno de ellos es nuestro presidente y primer secretario del Partido.
Como ya he sugerido en notas anteriores, junto a una nueva campaña alfabetizadora ― que abarque una revolución en los métodos del trabajo ideológico ― se requiere que despleguemos todas nuestras potencialidades en materia de comunicación. Hace poco conocí al moderador de un grupo que en la pandemia se articuló por WhatsApp. Se bautizaron como: “Aprendiendo de la Covid”. Desde entonces elaboraron 153 reflexiones. Son veteranos y son revolucionarios, con opiniones agudas. Les duele la pobreza que retoña, las manifestaciones de corrupción, los gérmenes de capitalismo inoculados. ¿A quién no? Comparto una idea expresada por ellos acerca de la prensa: “A pesar de tener buenos periodistas jóvenes, esperamos que haya un cambio en la manera de abordar los problemas nuestros, que no dejen pasar su tiempo de compromiso con la realidad cubana y no se acomoden a estar siempre detrás de la noticia que no construyeron, que tomaron porque en otros medios la expusieron sin miedo”.
Tienen razón, pero no solo corresponde resolverlo a los medios de la prensa. Es un problema de toda la institucionalidad. “El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos”, escribió el Apóstol,[3] y ese concepto debiera tomarse como base de nuestra comunicación (Martí, O.C., t. 6, 1975: 17-21).
Termino con un ejemplo ilustrativo. Hace unos días leí un artículo publicado por Trabajadores[4] sobre la mendicidad en Cuba en 2024: “Los rostros del silencio gritan”.[5] No lo conocía, nadie me habló antes de él. En mi modesta opinión, debiéramos tomarlo como punto de análisis en los núcleos del Partido y la UJC [Unión de Jovenes Comunistas]; en el Estado y el Gobierno a todos los niveles; en centros de trabajo y estudio; en las instituciones culturales y científicas; entre el campesinado y las formas de gestión no estatal. Es un toque de clarín…
Nadie como la Revolución ha hecho ― y hace ― para sanar las llagas del cuerpo social. Son secuela de la determinación yanqui de rendirnos por hambre y de problemas familiares y sociales. Como señala Trabajadores, las soluciones demandan gran dosis de sensibilidad, inteligencia, empatía y respeto. Hacen preguntas: “¿De qué manera mantener estable a un enfermo mental ante la crisis de medicamentos? ¿Cómo es posible que haya deambulantes por meses en lugares céntricos de las ciudades, no obstante al protocolo establecido? ¿Cuál es la solución para apoyar a los que no entran en la categoría de indigentes?”. Y un llamado estremecedor…: “Si hacemos oídos sordos y cambiamos la vista, la cotidianidad seguirá triturando a estas personas, pues, aunque duela reconocerlo, son una triste semilla que germinó y crece robusta”.

Un análisis de este tipo hubiese centrado la exposición de la Ministra del Trabajo en la Asamblea Nacional. Su agenda habría estado llena de reflexiones y propuestas aportadoras ―de alcance estatal y privado.
Hay quienes se proclaman ‘fidelistas’ pero no lo son
De todo lo señalado, saco cinco conclusiones:
1) Debemos lanzar una batalla interna sin cuartel contra toda expresión de tecnocracia, burocratismo y mediocridad, que lastre la voluntad de la dirección del país, el desempeño de nuestra economía y la vida cotidiana del pueblo;
2) No podemos dar tregua a los videntes que, a espaldas de los intereses de la nación, trabajan para someternos a su voluntad en nombre de las leyes del mercado;
3) La familia es la primera y más importante escuela de humanismo y civismo en la sociedad. Más allá de los esfuerzos en materia de políticas ―que el país trabaja con prioridad―, urgen acciones educativas centradas en los dilemas que nos corroen;
4) La educación cultural e ideológica en una revolución enfrentada en simultáneo a la potencia imperial más grande de la Historia y a la globalización del neoliberalismo, no puede descuidarse un segundo ― y en la primera fila: los cuadros ―;
5) Los pilares de toda política socialista son la concientización del pueblo y su protagonismo en la búsqueda y construcción de las soluciones. Quien lo niegue de palabra o de hecho socava la ideología de la Revolución. Puede proclamarse “fidelista” y no lo es.
Una máxima presidió los actos de Fidel [Castro] y Raúl [Castro] mucho antes del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes: “Todo por el pueblo y todo con el pueblo”. Preservar ese principio es nuestro desafío como comunistas y revolucionarios.
Bibliografía
Martí Pérez, José: Obras completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, 1975.
Santo Padre Francisco: “Discurso a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina” Salón del Consistorio, lunes 4 de marzo de 2019. En Carta pastoral: “Una voz que con esperanza clama en el desierto, Conferencia Episcopal de El Salvador”, 29 de mayo de 2025.
NOTAS
[1] José Cipriano de la Luz y Caballero (1800-1862) fue un filósofo y educador cubano, aclamado por José Martí como “el padre… el fundador silencioso” de la vida intelectual cubana del siglo XIX.
[2] La “Campaña de Rectificación” fue un proceso integral que el Partido Comunista de Cuba inició en 1986 para revertir las negativas consecuencias políticas de las políticas de planificación y gestión económica que tomaron como modelo las del régimen estalinista de la Unión Soviética. El liderazgo cubano había adoptado esas políticas a principios de la década de 1970. A principios de la década de 1980, este curso había resultado en la desmovilización política y la desmoralización de sectores de la clase trabajadora en Cuba. Frente a esta desorientación política, los comunistas cubanos recurrieron a los argumentos que enarboló Ernesto Che Guevara durante los primeros días de la revolución, a su crítica del modelo económico de la Unión Soviética, y a sus propuestas sobre cómo construir el socialismo en Cuba — ideas que en ese momento habían comenzado a implementarse de manera limitada.
La rectificación incluyó medidas para reducir las desigualdades sociales y limitar las privilegiadas condiciones de vida de aquellos que ocupaban los estratos superiores de las burocracias del gobierno, el partido y el ejército; recortes en el personal de administración y gestión; un esfuerzo por erradicar la corrupción; un aumento en el despliegue de brigadas de construcción voluntarias para construir hospitales, guarderías y escuelas que tanto se necesitan; y el despliegue de contingentes de mano de obra voluntaria a tiempo completo para abordar proyectos más grandes, como la construcción de carreteras, puentes y fábricas.
La rectificación jugó un papel clave para fortalecer la capacidad del pueblo cubano para enfrentar los efectos devastadores del “Período Especial”, desencadenado por la abrupta terminación a principios de la década de 1990 de la ayuda de larga data que Cuba recibía para el desarrollo por sus relaciones comerciales preferenciales con los países del antiguo bloque soviético. En 1996, gracias a esfuerzos disciplinados, el declive de la producción industrial y agrícola había tocado fondo. Pronto la escasez de alimentos y otros artículos esenciales, aunque aún grave, comenzó a disminuir.
Para más información sobre la rectificación, ver también un discurso que Fidel Castro pronunció en 1987 (reproducido en el número de enero de 1988 en la revista Perspectiva Mundial pp. 18-22) y un segundo discurso que Fidel pronunció en 1988.
[3] Limia se refiere aquí a José Martí, revolucionario, poeta, escritor y periodista que es el héroe nacional de Cuba. Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892.
[4] Trabajadores es el periódico oficial de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).
[5] Este artículo fue publicado en Trabajadores el 8 de abril de 2024. Informó que 3,690 personas habían sido registradas como personas sin hogar en Cuba entre 2014 y 2023. El original en español puede encontrarse aquí.
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