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‘No digan mentiras, no canten fáciles victorias’: la Revolución Cubana, la vulnerabilidad social y la ética revolucionaria



El siguiente comentario fue publicado en Facebook el 16 de julio de 2025. El autor, Isaac Saney, es profesor de la Facultad de Educación para Adultos de la Universidad de Dalhousie y profesor adjunto de Estudios de Desarrollo Internacional en la Universidad de Santa María ambas en Halifax, Canadá.

Este ensayo es uno entre muchos artículos y publicaciones de revolucionarios en Cuba y partidarios de la Revolución Cubana en otros países que abordan el debate público que estalló en Cuba a mediados del mes pasado.

Panorama-Mundial acaba de publicar uno de esos ensayos escrito por Ernesto Llimia Díaz, primer vicepresidente de la Asociación de Escritores de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

La polémica se desató por los controvertidos comentarios que Marta Elena Feitó Cabrera, exministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, hizo el 14 de julio en la Asamblea Nacional, el parlamento del país.

Feitó Cabrera afirmó que en Cuba no hay mendigos, que los mendigos de la isla fingen pobreza en busca de dinero fácil, y que quienes limpian parabrisas en las calles o recogen basura de los contenedores de basura en realidad están recolectando materias primas sin pagar impuestos.

Sus comentarios televisados se volvieron virales en las redes sociales, causando un alboroto inmediato entre muchos cubanos y funcionarios del gobierno por igual.

En el comentario que se reproduce a continuación, Saney se refiere a la respuesta de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de Cuba, a los comentarios de Feitó Cabrera durante una reunión de la Asamblea Nacional.

Señalando que las declaraciones del presidente cubano se oponían a los “comentarios incongruentes y escandalosos (por poco decir) de una ministra del gobierno que ahora ha renunciado”, Saney agrega: “Lejos de ocultar sus dificultades, la Revolución ha elegido el camino de la honestidad, la ética y el humanismo — un camino que es difícil pero de principios”.

Panorama-Mundial publica el comentario que sigue para información de nuestros lectores. El título y el texto a continuación son del original. Las fotos, los subtítulos y las notas son de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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“No digan mentiras, no canten fáciles victorias”: la Revolución Cubana, la vulnerabilidad social y la ética revolucionaria

Por Isaac Saney

En uno de los axiomas más perdurables de la integridad revolucionaria, Amílcar Cabral[1] — teórico de la liberación africana, luchador por la libertad y mártir — instó a los que participan en la lucha por la liberación y la justicia a que “No digan mentiras, no canten fáciles victorias”. Este precepto exige decir la verdad, tener humildad y enfrentar la realidad de manera implacable. Se opone a la demagogia, la negación y la tentación de oscurecer verdades difíciles en aras de mantener las apariencias.

En la Cuba de hoy, mientras el país lidia con los profundos efectos de la guerra económica de Estados Unidos y los desafíos sociales internos, las recientes declaraciones del presidente Miguel Díaz-Canel — que se oponen a los comentarios incongruentes y escandalosos (por poco decir) de una ministra del gobierno que ahora ha renunciado — sobre la desigualdad y la vulnerabilidad social reafirman el compromiso de la Revolución Cubana con el principio de Cabral. Lejos de ocultar sus dificultades, la Revolución ha elegido el camino de la honestidad, la ética y el humanismo, un camino difícil pero de principios.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, hablando el 15 de julio de 2025, durante una sesión de la Comisión de la Juventud, la Niñez y la Igualdad de la Mujer en la Asamblea Nacional convocada para abordar temas sociales, especialmente aquellos que afectan a las capas más vulnerables de la sociedad cubana. (Foto: Estudios Revolución)

El asedio de Washington: una estrategia deliberada de asfixia

El asedio económico de Estados Unidos contra Cuba no es simplemente un intento de desestabilizar la economía del país; es una estrategia deliberada de asfixia. Su objetivo es incitar al descontento interno, distorsionar la imagen del gobierno cubano y, en última instancia, desmantelar los logros de la Revolución Cubana. Esta es una guerra de desgaste, llevada a cabo no solo con sanciones financieras y restricciones comerciales, sino también con un aluvión de desinformación y una guerra psicológica.

En este clima, cualquier paso en falso del gobierno cubano o deficiencia dentro de la sociedad cubana es exagerado y convertido en un arma. Como resultado, los defectos que son inherentes a todo sistema político y económico, especialmente bajo coacción, aparecen como fracasos únicos del socialismo. Sin embargo, estos no son signos de colapso ideológico, sino más bien indicadores de la manera tan implacable en que atacan a la Revolución.

A pesar de esta presión implacable, el liderazgo revolucionario de Cuba continúa participando en una autoevaluación crítica.

En sus declaraciones ante la Comisión de la Juventud, la Niñez y la Igualdad de la Mujer en la Asamblea Nacional, el presidente Díaz-Canel no rehuyó reconocer que el país enfrenta serios desafíos: desde distorsiones económicas y el agravamiento de la desigualdad hasta comportamientos sociales que reflejan una ruptura de los lazos sociales, comunitarios y familiares. Sin embargo, en lugar de negarlos o convertirlos en chivos expiatorios, pidió soluciones basadas en la ética y la justicia. “La Revolución no oculta sus problemas”, declaró. “Los enfrenta con ética y justicia social, incluso en medio de circunstancias extremas”.

Esta franqueza no es debilidad, es fortaleza revolucionaria. Es precisamente lo que pidió Cabral: una honestidad inquebrantable que no minimice las dificultades, pero tampoco abandone la esperanza. La insistencia de Díaz-Canel en que estos son “nuestros problemas” — nuestras personas sin hogar, nuestras comunidades vulnerables, nuestras desigualdades sociales — es un testimonio de la perdurable vocación humanista de la Revolución.

El gobierno cubano acepta su deber con los marginados

Este no es un gobierno que repudia a los marginados; acepta su deber para con ellos. Existe un reconocimiento de que la vulnerabilidad no es una aberración en la sociedad revolucionaria sino una consecuencia de presiones internas y externas y, por lo tanto, exige una acción coordinada, compasiva y persistente.

Un hombre sin hogar en Cuba recolecta botellas de plástico del contenedor de basura para reciclarlas. (Foto: Jorge Luis Coll Untoria / Trabajadores)

El marco ético de la política del presidente cubano se hace eco de otra idea fundamental de Cabral: que la lucha revolucionaria no se trata simplemente de logros materiales, sino de dignidad, verdad y valores.

Díaz-Canel invocó al intelectual revolucionario cubano Armando Hart para enfatizar que “la ley como expresión de la justicia social” y “la ética como expresión de la verdad” deben guiar la Revolución. Al hacerlo, reprendió los análisis superficiales o insensibles sobre las dificultades sociales de Cuba. Advirtió contra la arrogancia y el desapego, y pidió en cambio “sensibilidad”, “calidez humana” y “conducta decente” para abordar las heridas sociales más profundas del país.

Con ese fin, la Revolución ha lanzado más de treinta programas sociales con enfoques distintos, destinados a aliviar las condiciones de las poblaciones vulnerables. No se trata de gestos simbólicos sino de compromisos materiales, financiados a pesar del peso aplastante de un bloqueo que busca negar a Cuba incluso los recursos básicos necesarios para la gobernanza.

La existencia de estos programas — respaldados por la voluntad política, la claridad ética y la participación popular — demuestra que la Revolución no ha renunciado a sus promesas fundacionales. Sigue esforzándose, en condiciones extremadamente difíciles, por lograr una sociedad en la que nadie se quede atrás.

Lo que hace que la postura de Cuba sea particularmente poderosa es que se niega a reclamar victorias fáciles. Sería fácil caer en la tentación, especialmente bajo asedio, proyectar una imagen de éxito que no estuviera empañada por la crisis. Pero la Revolución rechaza esas ilusiones autocomplacientes.

Como dijo Díaz-Canel, “Sabemos que nuestros problemas han empeorado… Pero la Revolución reconoce que hay causas que han llevado a este tipo de problemas, y por eso la Revolución tiene que… proyectar cómo vamos a resolverlo, sabiendo que es una larga lucha”.

El reconocimiento de que el progreso será lento y desigual, que no todos los problemas pueden resolverse a la vez, es un testimonio de madurez revolucionaria, no de derrotismo.

Esta claridad política y moral tiene más significado todavía dadas las narrativas deshumanizantes promovidas por los medios de comunicación imperialistas y monopólicos, que buscan retratar a Cuba como un estado fallido. Frente a este coro de cinismo, la Revolución Cubana afirma una verdad diferente: que un pueblo honesto ante sus dificultades, que sigue comprometido con la justicia frente a la adversidad y que mantiene la solidaridad como principio rector, no está vencido.

Una sociedad arraigada en la dignidad y la igualdad

El perseverar y seguir desarrollándose bajo asedio, el seguir construyendo una sociedad arraigada en la dignidad, la igualdad y la ética a pesar de la escasez y la agresión externa, no es un fracaso, es un logro revolucionario. Por lo tanto, la Revolución Cubana se mantiene fiel a la imperativa de Cabral — no solo al negarse a mentir o reclamar victorias fáciles, sino en su continuo esfuerzo por luchar, confrontar y preocuparse.

Mientras Cuba debe lidiar con esta guerra económica diseñada para destruir la capacidad del gobierno cubano de cumplir con sus promesas y compromisos con el pueblo cubano, y para erosionar el tejido social de la nación isleña, también ha elegido el camino más difícil pero más basado en los principios. Enfrenta sus problemas directamente, reconoce sus deficiencias, y busca soluciones a través de la acción colectiva y la responsabilidad moral.

Este compromiso con la ética revolucionaria y el humanismo es quizás la prueba más poderosa de que la Revolución Cubana, a pesar de lo que algunos podrían considerar retos insuperables, sigue viva, digna y revolucionaria. Al honrar las palabras eternas de Amílcar Cabral, Cuba le demuestra al mundo lo que significa luchar por la justicia y la emancipación genuina, con honestidad, valentía y determinación.


NOTAS

[1] Amílcar Lopes Cabral nació en 1924 en Guinea-Bissau, un país de África occidental, que en ese entonces era una colonia portuguesa.

Amílcar Cabral con Fidel Castro en Cuba para la Conferencia Tricontinental de 1966.

Cabral, agrónomo de profesión, se convirtió en uno de los principales líderes anticoloniales de África. Fue fundador y secretario general del Partido Africano de Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), el cual ayudó a llevar a Guinea-Bissau a la independencia después de su muerte. Fue asesinado en 1973.

Cabral es considerado un teórico revolucionario tan importante como Frantz Fanon y el Che Guevara, cuya influencia reverberó mucho más allá del continente africano.

“No digan mentiras. No canten fáciles victorias”, es una cita suya muy conocida. “No oculten nada a las masas de nuestro pueblo. No digan mentiras. Denúncienlas. No pongan máscaras a las dificultades, los errores, las caídas. No canten fáciles victorias”.

De 1966 a 1974, Cuba desempeñó un papel importante en el apoyo a la lucha de liberación de Guinea-Bissau contra el dominio colonial portugués, particularmente ofreciendo ayuda militar y asistencia médica. Este apoyo fue un aspecto clave de la política exterior internacionalista de Cuba. Los soldados cubanos lucharon junto a las fuerzas del PAIGC, y los médicos cubanos brindaron atención médica crucial a las fuerzas del PAIGC y a la población local. La ayuda cubana fue considerada decisiva por el PAIGC para lograr la independencia de Portugal.


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