POLÍTICA MUNDIAL

Thomas Sankara: ‘La libertad debe ser conquistada’ (II)



El 11 de octubre se inició un juicio en Uagadugú, capital de Burkina Faso, de 14 hombres acusados de planear el asesinato de Thomas Sankara hace 34 años. Sankara, que entonces tenía 37 años, fue presidente de Burkina Faso y líder de su gobierno revolucionario popular de 1983 a 1987. Sankara fue asesinado junto con cinco de los seis miembros especiales del gabinete y siete soldados. Después de ese acto traicionero, Blaise Compaoré, el ex ministro de Estado y Justicia, tomó el poder, y la revolución democrática y antiimperialista que comenzó el 4 de agosto de 1983 llegó a su fin.

Compaoré es el principal sospechoso de haber organizado la ejecución de Sankara y sus asociados. Bajo su régimen, el país volvió a un acuerdo con París en el que el gobierno francés siguió siendo el titiritero controlando a su antigua colonia. Después de 27 años en el poder, Compaoré intentó enmendar la constitución del país para extender su gobierno aún más. Las protestas populares, sin embargo, lo obligaron a renunciar en el 2014 y luego abandonó Burkina Faso. Ahora está siendo juzgado en ausencia porque Costa de Marfil, donde él vive, ha rechazado las solicitudes de extradición de Burkina Faso.

A un año del asesinato de Sankara, la editorial Pathfinder Press publicó Thomas Sankara Speaks: The Burkina Faso Revolution 1983-1987 (Habla Thomas Sankara: La revolución en Burkina Faso de 1983 a 1987). El libro sigue siendo la mejor presentación de la perspectiva revolucionaria de Sankara y del ejemplo que estableció. Como explica la introducción del libro, “Bajo el liderazgo de Thomas Sankara, el gobierno revolucionario de Burkina Faso en África Occidental movilizó a campesinos, trabajadores, artesanos, mujeres y jóvenes para llevar a cabo campañas de alfabetización e inmunización; para excavar pozos de agua, plantar árboles, construir presas, erigir viviendas; para combatir la opresión de la mujer y transformar las relaciones de explotación en el campo; para liberarse del yugo imperialista y solidarizarse con otros que estuvieran comprometidos a realizar esa lucha internacionalmente”.

Este libro de Pathfinder Press es la mejor presentación de la perspectiva revolucionaria de Sankara.

Un año después del inicio de la revolución, Sankara hizo acto de presencia en el escenario mundial pronunciando el discurso a continuación en la sesión 39 de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York el 4 de octubre de 1984. Posteriormente, la Misión Permanente de Burkina Faso ante Naciones Unidas lo publicó como folleto.

Panorama-Mundial publica nuevamente este discurso honrando la vida de Sankara y como un aporte para mantener viva la continuidad revolucionaria que él ayudó a enlazar.

El texto que publicamos a continuación es una nueva traducción al español basada en el original en francés proporcionado por la ONU[1]. Panorama-Mundial cotejó esta traducción con versiones en español y en portugués, y con la versión que hemos publicado ya en inglés. Los subtítulos y las notas al final son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos este discurso en dos partes, la segunda de las cuales aparece a continuación. La primera parte del discurso se puede encontrar aquí.


DOCUMENTOS


Por Thomas Sankara

Por último, hablo con indignación al pensar en los palestinos, a quienes esta humanidad tan inhumana reemplazó por otro pueblo—un pueblo que sólo ayer estaba siendo martirizado. Pienso en el valiente pueblo palestino, en las familias que han sido divididas y divididas y que vagan por el mundo en busca de asilo. Valientes, decididos, estoicos e incansables, los palestinos le recuerdan a cada conciencia humana la necesidad y la obligación moral de respetar los derechos de un pueblo. Junto con sus hermanos judíos, son anti sionistas.

Thomas Sankara dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 4 de octubre de 1984. (Foto: ONU)

Al lado de mis hermanos soldados en Irán y en Irak, que mueren en una guerra fratricida y suicida, también quiero sentirme cerca de mis compañeros en Nicaragua, cuyos puertos están siendo minados, cuyas ciudades están siendo bombardeadas y que, después de todo, enfrentan su destino con coraje y lucidez. Sufro con todos aquellos en América Latina que sufren por la dominación total del imperialismo.

Deseo estar al lado de los pueblos de Afganistán y de Irlanda, de los pueblos de Granada y Timor Oriental, cada uno de ellos buscando la felicidad de acuerdo con su dignidad y las leyes de su propia cultura.[2]

Me levanto aqui en nombre de todos los que buscan en vano cualquier foro en el mundo donde sus voces sean escuchadas y tomadas realmente en serio.

Muchos ya han hablado desde esta tribuna y otros hablarán después de mí. Pero sólo unos pocos tomaron la decisión. Por lo tanto, todos somos presentados oficialmente como iguales. Muy bien, yo soy el portavoz de todos aquellos que buscan en vano un foro en el mundo donde puedan ser escuchados. Sí, me gustaría hablar por todos aquellos, “los olvidados”, porque “yo soy un hombre y nada de lo que es humano me es ajeno”.

Nuestra revolución en Burkina Faso cuenta con la mala fortuna de todos los pueblos. También nos inspiran todas las experiencias de los seres humanos desde el primer aliento de la humanidad.

“Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del tercer mundo. Estamos tratando de aprender de las grandes sublevaciones que han transformado el mundo. Tomamos las lecciones de la revolución estadounidense, las lecciones de su victoria contra el dominio colonial y las consecuencias de esa victoria”.

Apoyamos la doctrina de la no injerencia de los europeos en los asuntos americanos y la no injerencia de los estadounidenses en los asuntos europeos. Igual que en 1823 Monroe dijo “América para los estadounidenses”, nosotros respondemos diciendo “África para los africanos; Burkina Faso para Burkina Faso”.

La Revolución Francesa, la Comuna de París, y la Revolución Rusa

La Revolución Francesa de 1789, que rompió los cimientos del absolutismo, nos enseñó el vínculo entre los derechos del hombre y el derecho de los pueblos a la libertad. La gran revolución de octubre de 1917 transformó el mundo y permitió la victoria del proletariado, sacudió los cimientos del capitalismo e hizo posibles los sueños de justicia de la Comuna francesa.[3]

Abiertos a todos los vientos de la voluntad de los pueblos y sus revoluciones, aprendiendo también de los terribles fracasos que condujeron a violaciones verdaderamente tristes de los derechos humanos, queremos preservar de cada revolución sólo la semilla pura que nos prohíba convertirnos en servidores de las realidades de los demás, aunque a nuestro modo de ver, pensamos que existe una comunidad de intereses entre nosotros.

No debe haber más engaños. El nuevo orden económico internacional, por el que luchamos y seguiremos luchando, no puede lograrse a menos que:

  • acabemos con el viejo orden que nos ignora
  • insistamos en ocupar el lugar que nos corresponde en la organización política del mundo
  • tomemos conciencia de nuestra importancia en el mundo y obtengamos el derecho de tomar decisiones con respecto a los mecanismos que gobiernan el comercio, la economía y los asuntos monetarios a nivel mundial.
Thomas Sankara con otros líderes africanos, 1983. (Foto: Marco Werman / PRI)

El nuevo orden económico internacional es simplemente uno más de los derechos de los pueblos —el derecho a la independencia, la libre elección de la forma y la estructura de gobierno, el derecho al desarrollo— y, como todos los derechos de los pueblos, es un derecho que sólo podemos conquistar en la lucha y con la lucha de los pueblos. Nunca será el resultado de un acto de generosidad por un poder establecido.

Sigo teniendo una confianza inquebrantable, una confianza que comparto con la inmensa comunidad de los países no alineados de que, a pesar de los gritos de angustia de nuestros pueblos, nuestro grupo preservará su cohesión, fortalecerá su poder de negociación colectiva, encontrará aliados entre todas las naciones y comenzará, junto con todos los que aún pueden escucharnos, a organizar un sistema verdaderamente nuevo de relaciones económicas internacionales.

Acepté venir y tomar la palabra ante esta ilustre cámara porque, a pesar de las críticas que han hecho algunos de los principales contribuyentes, las Naciones Unidas siguen siendo el foro ideal para nuestras demandas, el lugar donde se reconoce la legitimidad de los países que no tienen voz.

Esto fue expresado muy justamente por el Secretario General[4] cuando escribió:

“Las Naciones Unidas reflejan de manera única las aspiraciones y frustraciones de muchas naciones y grupos de todo el mundo. Uno de sus grandes méritos es que todas las naciones, incluso las más débiles, los oprimidos y las víctimas de la injusticia, (es decir, nosotros), podemos, aunque tengamos que enfrentar las duras realidades del poder, obtener una audiencia y tener una plataforma. Una causa justa, aunque no encuentre más que reveses o la indiferencia, puede hacerse eco en las Naciones Unidas. Este atributo de la Organización no siempre es apreciado, pero es esencial”.

No pueden definirse mejor ni el significado ni el alcance de la Organización.

Por eso es un imperativo categórico para cada uno de nosotros que la Organización se fortalezca y que se le proporcionen los medios para actuar. Es por ello que respaldamos las propuestas del Secretario General con este fin, para ayudar a la Organización a salir de los muchos callejones sin salida que han sido cuidadosamente orquestados por las grandes potencias para desacreditarla a los ojos del mundo.

Reconociendo los méritos ciertamente limitados de nuestra Organización, no puedo evitar sentirme feliz de ver que nuevos miembros se unan a nosotros. Por ello, la Delegación de Burkina Faso acoge con satisfacción la admisión del 159º Miembro de las Naciones Unidas, el Estado de Brunei Darussalam.

El Movimiento de los Países No Alineados

Debido a la locura de quienes, por capricho del destino, gobiernan el mundo, es imperativo que el Movimiento de los Países No Alineados —al que, espero, se unirá pronto el Estado de Brunei Darussalam— considere como uno de los objetivos permanentes de su lucha la conquista del desarme, que es un aspecto esencial de las principales condiciones de nuestro derecho al desarrollo.

En nuestra opinión, debería haber estudios serios de todos los factores que condujeron a las calamidades que han sobrellevado al mundo. En este sentido, el Presidente Fidel Castro expresó admirablemente nuestra opinión en la apertura de la Sexta Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países No Alineados celebrada en La Habana en septiembre de 1979, cuando dijo:

“Trescientos mil millones de dólares podrían construir 600 mil escuelas, con capacidad para 400 millones de niños; o 60 millones de hogares confortables, para 300 millones de personas; o 30 mil hospitales, con 18 millones de camas; o 20 mil fábricas, con empleos para más de 20 millones de trabajadores; o un sistema de riego para 150 millones de hectáreas de tierra que, con la aplicación de la tecnología, podría alimentar a mil millones de personas”.[5]

El presidente de Cuba, Fidel Castro, da la bienvenida a Sankara a La Habana, el 25 de septiembre de 1984.

Si multiplicamos esos números por 10—y estoy seguro de que es una cifra conservadora—podemos ver cuánto desperdicia la humanidad cada año en el campo militar, es decir, contra la paz.

Es fácil ver por qué la indignación de los pueblos se transforma fácilmente en rebelión y revolución frente a las migajas de “ayuda” que les arrojan de forma humillante, y que a veces están vinculadas a condiciones francamente abyectas. Se puede entender por qué, en la lucha por el desarrollo, nos consideramos luchadores incansables por la paz.

Juramos luchar para aliviar la tensión, introducir los principios de la vida civilizada en las relaciones internacionales y extenderlos a todas las partes del mundo. Esto significa que ya no podemos esperar pasivamente mientras se regatea sobre los conceptos.

Reiteramos nuestra determinación de trabajar activamente por la paz; ocupar nuestro lugar en la lucha por el desarme; actuar en el ámbito de la política internacional como factor decisivo, libre de cualquier obstáculo por parte de cualquiera de las grandes potencias, cualesquiera que sean sus proyectos y sus designios.

Pero la búsqueda de la paz también implica la aplicación estricta del derecho de los países a la independencia. En este punto el ejemplo más penoso—de hecho, el más lamentable—se encuentra en oriente Medio, donde, con arrogancia, insolencia e increíble terquedad, un pequeño país, Israel, lleva más de 20 años desafiando a la comunidad internacional con la indescriptible complicidad de su poderoso protector, Estados Unidos.

Israel desprecia la historia al infligirle a otros las torturas que sufrió

Ayer mismo, los judíos fueron consignados a los horrores del crematorio, pero Israel desprecia la historia al infligirle a otros las torturas que sufrió.

“En cualquier caso, Israel, cuyo pueblo amamos por su coraje y sus sacrificios del pasado, debe darse cuenta de que las condiciones para su propia tranquilidad no se encuentran en fuerzas militares financiadas desde el exterior. Israel debe comenzar a aprender a ser una nación como otras naciones, una entre las demás”.

Combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina saliendo del Líbano en agosto de 1982 tras su heroica resistencia a la ocupación israelí. “Declaramos nuestra solidaridad militante y activa con el maravilloso pueblo de Palestina”, dijo Sankara. (Foto: Gerard Ranciman / Sygma)

Por ahora, declaramos desde esta tribuna nuestra solidaridad militante y activa con los combatientes, hombres y mujeres, del maravilloso pueblo de Palestina, porque sabemos que no hay sufrimiento que no tenga fin.

Al observar la situación económica y política en África, no podemos dejar de subrayar nuestra grave preocupación por los peligrosos desafíos a los derechos de los pueblos que plantean ciertas naciones que, seguras en sus alianzas, desprecian abiertamente la moral internacional.

Naturalmente, nos complace la decisión de retirar las tropas extranjeras del Chad[6] para que el propio pueblo chadiano, sin intermediarios, pueda encontrar la manera de poner fin a esta guerra fratricida y finalmente enjugar las lágrimas que se han derramado durante tantos años. Pero a pesar del progreso que se realiza aquí y allá en la lucha de los pueblos africanos por la emancipación económica, nuestro continente sigue reflejando la realidad esencial de las contradicciones entre las grandes potencias, que se burlan de las grandes paradojas del mundo de hoy.

Por eso no podemos aceptar y condenamos sin condiciones el trato dado al pueblo del Sáhara Occidental por parte del Reino de Marruecos, que está usando tácticas dilatorias para aplazar el día del ajuste de cuentas que, en cualquier caso, se verá forzado a aceptar por la voluntad del pueblo saharaui. Visité las regiones liberadas por el pueblo saharaui y llegué a creer más firmemente que nunca que nada detendrá la marcha hacia la liberación total de su país bajo la dirección militante e inteligente del Frente POLISARIO.

No pretendo profundizar demasiado en la cuestión de Mayotte y las islas del archipiélago malgache; como los hechos son claros y los principios son obvios, no hay necesidad de insistir en ellos. Mayotte pertenece a las Comoras; las islas del archipiélago pertenecen a Madagascar.[7]

PCombatientes del Frente Polisario reciben entrenamiento militar para resistir la ocupación por Marruecos, Sáhara Occidental, 1976. (Foto: Jacques Pavlovsky / Sygma)

Con respecto a América Latina, acogemos con mucho gusto la iniciativa del Grupo de Contadora como un paso positivo en la búsqueda de una solución justa a la explosiva situación en la región. El comandante Daniel Ortega, hablando aquí en nombre del pueblo revolucionario de Nicaragua, hizo propuestas concretas e hizo algunas preguntas básicas a las personas apropiadas.

Esperamos que reine la paz en su país y en toda Centroamérica a partir del 15 de octubre; y después del 15 de octubre la opinión pública mundial será testigo de lo que ocurra.[8]

Así como condenamos la agresión extranjera contra la isla de Granada, condenamos toda intervención extranjera. Y por eso no podemos permanecer en silencio ante la intervención militar extranjera en Afganistán.[2]

Sin embargo, hay un punto que es tan serio que cada uno de nosotros debería dar una explicación muy abierta y clara al respecto. Esta cuestión, como pueden imaginar los Miembros, es la de Sudáfrica.[9] La increíble insolencia de este país hacia todas las naciones del mundo, incluso aquellas que apoyan el terrorismo que ha erigido como sistema estatal diseñado para liquidar físicamente a la mayoría negra de ese país, y el desprecio que ha mostrado por todas las resoluciones de nuestros países son de las preocupaciones más abrumadoras del mundo actual.

El apartheid de Sudáfrica se proscribe a sí mismo

Pero el factor más trágico no es que Sudáfrica se haya proscrito a sí misma de la comunidad internacional debido a lo abyecto de sus leyes de apartheid, ni siquiera si continúa ocupando Namibia ilegalmente y la mantiene bajo su bota colonialista y racista o continúa sometiendo impunemente a sus vecinos a las leyes del bandidaje. No, lo más abyecto y humillante para la conciencia humana es que esta desdicha se ha convertido en una realidad cotidiana para millones de seres humanos, que sólo tienen sus cuerpos y el heroísmo de sus manos desnudas para defenderse. Segura de la complicidad de las grandes potencias y del apoyo activo de algunas de ellas, así como de la colaboración criminal de algunos patéticos líderes africanos, la minoría blanca simplemente se burla de los sentimientos de todas las personas del mundo que piensan que los métodos salvajes de ese país son absolutamente intolerables.

Hubo un tiempo en que las brigadas internacionales defendían el honor de las naciones que sufrían agresiones. Hoy, a pesar de las agonizantes heridas abiertas que sufrimos a nuestros costados, lo que haremos es votar por resoluciones que sólo sirven, nos dicen, para pedirle a una nación de piratas que “destruye sonrisas como el granizo mata flores” a que reconsideren su posición.

Alrededor de 30 mil personas marcharon en 1960 desde Langa a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, exigiendo la liberación de los prisioneros que el régimen del apartheid arrestó durante protestas contra las leyes de pases segregacionistas. La lucha por dar fin al flagelo del apartheid debe ser la preocupación más importante del mundo, declaró Sankara en la ONU en 1984. (Foto: Keystone / Halton Archive)

Pronto celebraremos el 150 aniversario de la emancipación de los esclavos en el Imperio Británico. Mi delegación apoya la propuesta de Antigua y Barbuda de conmemorar este acontecimiento, que es de gran importancia para los países africanos y el mundo negro. Para nosotros, todo lo que se pueda hacer, decir u organizar en todo el mundo durante las ceremonias conmemorativas debe enfatizar el terrible costo que África y el mundo negro han pagado por el desarrollo de la civilización humana. Nada nos ha sido dado a cambio, lo que sin duda explica la tragedia que vemos hoy en nuestro continente.

“Es nuestra sangre la que alimentó el auge del capitalismo, la que hizo posible nuestra condición actual de dependencia y consolidó nuestro subdesarrollo. Pero ya no podemos escamotear la verdad; tergiversar las cifras. Por cada hombre negro que llegaba a las plantaciones, cinco morían o quedaban lisiados. Y ni menciono la desorganización del continente y sus consecuencias”.

Señor presidente,

Si el mundo entero, gracias a usted y con la ayuda del Secretario General, pudiera convencerse de esta realidad al celebrar este aniversario, entonces podría comprender por qué buscamos la paz entre las naciones y por qué exigimos y reivindicamos nuestro derecho al desarrollo con absoluta igualdad a través de la organización y la repartición de los recursos humanos.

Porque de todas las razas humanas nosotros pertenecemos a una de las más sufridas, en Burkina Faso juramos que nunca aceptaremos división alguna de nuestro país ni la denegación de la justicia en la parte más ínfima de nuestra tierra. Es el recuerdo de ese sufrimiento lo que nos hace estar al lado de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) contra las bandas armadas de Israel. Es el recuerdo de este sufrimiento lo que, por un lado, nos lleva a apoyar al Congreso Nacional Africano de Sudáfrica (ANC) y a la Organización del Pueblo de África Del Sudoeste (SWAPO) y, por otro lado, hace que sea absolutamente intolerable en Sudáfrica la presencia de hombres que se sienten con derecho a incendiar el mundo entero por llamarse blancos.

Finalmente es este recuerdo del sufrimiento el que nos hace poner toda nuestra fe en las Naciones Unidas, con una responsabilidad común, una tarea común, y las esperanzas comunes de todos nosotros.

Libertad para Nelson Mandela

Exigimos:

  • Que la campaña por la liberación de Nelson Mandela[10] se intensifique en todo el mundo para que su presencia aquí en el próximo período de sesiones de la Asamblea General sea una victoria de orgullo colectivo.
Nelson Mandela, el líder del Congreso Nacional Africano, tras ser liberado de prisión en 1990 y luego ser elegido presidente de Sudáfrica en 1994. “Pedimos que se intensifique en todo el mundo la campaña por liberar a Nelson Mandela”, dijo Sankara desde la tribuna de la ONU en 1984.
  • Que en memoria de nuestro sufrimiento y como perdón colectivo, se otorgue un premio humanitario internacional a todos aquellos que han contribuido a la defensa de los derechos humanos a través de su trabajo e investigación.
  • Que se reduzcan todos los presupuestos para la investigación espacial a una décima de la milésima parte y se destine esta cantidad a la investigación en el campo de la salud y la mejora del medio ambiente humano, que ha sido perturbado por todos esos “fuegos artificiales” que son perjudiciales para el ecosistema.

También proponemos que deben volverse a pensar las estructuras de las Naciones Unidas para poner fin al escándalo del veto. Los efectos perversos de su abuso, por supuesto, han sido compensados por la vigilancia de otros Estados que tienen derecho de veto. Sin embargo, nada puede justificarlo, ni el tamaño del país ni su riqueza.

Si el argumento que se esgrime para justificar esta injusticia es el costo incurrido durante la Guerra Mundial, entonces aquellas naciones que se arrogaron estos derechos deberían saber que cada uno de nosotros tiene un tío o padre que, como miles de otras personas inocentes arrancadas del tercer mundo para defender los derechos que habían sido irrespetados por las hordas de Hitler, también sufrió y murió de las balas nazis. Que cese ya la arrogancia de esas grandes potencias que nunca pierden la oportunidad de cuestionar el derecho de los pueblos. La ausencia de África en el club de los que tienen derecho al veto es una injusticia que se debe eliminar.

Por último, mi delegación no habrá cumplido con su deber si no exigiera la suspensión de Israel y la expulsión pura y simple de Sudáfrica de las Naciones Unidas. Cuando, con el tiempo, estos países hayan hecho lo que tienen que hacer para justificar su presencia en la comunidad internacional, estaremos encantados de darles la bienvenida aquí y guiar sus primeros pasos.

Queremos reafirmar nuestra confianza en las Naciones Unidas. Agradecemos el trabajo que sus agencias han realizado en Burkina Faso y su presencia junto a nosotros en los tiempos difíciles en que vivimos. Damos las gracias a los miembros del Consejo de Seguridad por permitirnos dos veces este año presidir la labor del Consejo. Sólo esperamos que el Consejo reconozca el principio de la lucha contra el exterminio de 30 millones de seres humanos cada año por la hambruna, que hoy es más devastadora que las armas nucleares.

Nuestra confianza y fe en las Naciones Unidas me lleva a dar las gracias al Secretario General M. Xavier Pérez de Cuellar por su visita, que agradecemos enormemente; vino a constatar por sí mismo la dura realidad de nuestra vida y a obtener una imagen verdadera de la aridez del Sahel y la tragedia de la desertificación.

No puedo concluir sin rendir homenaje a las eminentes cualidades del presidente de la Asamblea General (Paul Lusaka de Zambia) quien sabrá, con la clarividencia por la cual es conocido, guiar la labor de este trigésimo noveno período de sesiones.

He viajado muchos miles de kilómetros para estar aquí. Vengo a pedirle a cada uno de los miembros que trabajen juntos para poner fin al desprecio de aquellos que no son razonables, para eliminar el trágico espectáculo de los niños hambrientos, para poner fin a la ignorancia, para asegurar el triunfo de la legítima rebelión de los pueblos y para acallar el ruido de las armas y en fin, para que con una sola y misma voluntad luchemos por salvar a la humanidad y que junto con el gran poeta Novalis podamos cantar todos juntos:

“Pronto, las estrellas regresarán a la Tierra, donde hace tiempo que desaparecieron durante nuestros tiempos oscuros; pronto el sol abandonará su aspecto severo y volverá a brillar como estrella entre las estrellas, todas las razas del mundo se reunirán nuevamente después de una larga separación, las viejas familias huérfanas se reunirán nuevamente y cada día habrá nuevos descubrimientos, más personas se abrazarán entre sí; entonces los habitantes de los viejos tiempos volverán a la tierra, las cenizas se reconectarán en cada tumba, la llama de la vida quemará nuevamente, las viejas casas serán reconstruidas, los viejos tiempos volverán y la historia será el sueño del presente extendido hasta el infinito”.

¡Abajo la reacción internacional! ¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo el neocolonialismo! ¡Abajo el fantochismo!

¡Gloria eterna a los pueblos que luchan por su libertad! ¡Gloria eterna a los pueblos que se unen para defender su dignidad! ¡Victoria eterna a los pueblos que luchan en África, América Latina y Asia!

Patria o muerte. Venceremos.

Muchas gracias.


NOTAS AL FINAL

[1] Pronunciado en francés el 4 de octubre de 1984 ante la trigésimo-novena sesión de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York.

[2] Los cuatro países que Sankara mencionó aquí estaban bajo ocupación militar cuando pronunció este discurso. Las tropas de la Unión Soviética habían invadido Afganistán en 1979 y ocupado el país hasta 1989. Irlanda del Norte siguió siendo una colonia británica brutalmente reprimida por Londres. El ejército estadounidense había invadido la isla y nación caribeña de Granada en octubre de 1983. Indonesia había invadido la antigua colonia portuguesa de Timor Oriental en el Pacífico y la anexó por la fuerza en 1975.

[3] En 1871 los trabajadores y artesanos de París se rebelaron y establecieron el primer gobierno obrero de la historia, conocido como la Comuna de París. La burguesía francesa luego utilizó su ejército para ahogarlo en sangre.

[4] En ese momento, Javier Pérez de Cuéllar era el Secretario General de la ONU.

[5] El discurso del presidente de Cuba, Fidel Castro, en la cumbre de los Países No Alineados el 3 de septiembre de 1979, está incluido en Discursos de Fidel Castro: La política exterior internacionalista de Cuba 1975-80 (Pathfinder Press).

[6] Chad fue una antigua colonia francesa en África Central. Una incesante guerra civil se apoderó del país. Los principales contendientes eran las facciones apoyadas por Francia en el sur y Libia en el norte. El gobierno de Francia intervino militarmente en 1968-72, 1977-79, 1983-84 y de 1986 al 2014. Las tropas libias ocuparon el norte de 1983 a 1987.

[7] Tres de las cuatro islas que componen el archipiélago de las Comoras en el Océano Índico cerca de Mozambique se independizaron de Francia en 1975. La cuarta, Mayotte, sigue siendo una colonia francesa. Las islas controladas por los franceses frente a Madagascar incluyen Europa, Bassas de India, Juan da Nova, Iles Glorieuses y Tromelin.

[8] Dirigiéndose a la Asamblea General de la ONU el 4 de octubre de 1984, el mismo día del discurso de Sankara, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, había advertido que Washington planeaba intensificar sus ataques contra Nicaragua para interrumpir las elecciones presidenciales del 4 de noviembre en ese país.

[9] La lucha de varias décadas por derrocar el sistema del apartheid en Sudáfrica, bajo el cual una minoría blanca impuso un gobierno brutal y racista sobre la gran mayoría de la población negra del país, se aceleró bruscamente a mediados de la década de 1980—cuando Sankara dio su discurso ante las Naciones Unidas en 1984—y en los meses y años que siguieron. El odioso régimen del apartheid fue arrojado a la basura de la historia en 1994. Ese año, la revolución democrática registró su victoria cuando el Congreso Nacional Africano (ANC) arrasó en las primeras elecciones no raciales en el país en las que cada persona podía emitir un voto. El ANC se propuso establecer una república democrática no racial en un único estado-nación sudafricano.

[10] Nelson Mandela (1918 – 2013) fue el líder central del Congreso Nacional Africano (ANC), que dirigió la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Fue encarcelado durante 27 años debido a su oposición al régimen racista. El movimiento revolucionario democrático que él ayudó a liderar obligó al régimen del apartheid a legalizar al ANC y a ponerlo en libertad en febrero de 1990. Cuatro años más tarde fue elegido presidente de la República de Sudáfrica y sirvió en esa capacidad hasta 1999.


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