Entrevista con el académico palestino-estadounidense Rashid Khalidi sobre la dinámica de la crisis en el Medio Oriente
Traemos a nuestros lectores una entrevista con Rashid Khalidi, publicada originalmente en la edición del 24 de octubre de 2023 de la revista de cultura y política en línea The Drift. Llevada a cabo por Rebecca Panovka y Kiara Barrow, editoras de la revista, apareció en inglés bajo el título “Una situación desesperada es cada vez más desesperada” | Entrevista con Rashid Khalidi.
Khalidi, palestino-estadounidense, es historiador del Medio Oriente moderno. Desde 2002 ha sido editor de la revista de estudios palestinos Journal of Palestine Studies. También es profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos en la Universidad Columbia en Nueva York. Es autor de ocho libros, el más reciente entre ellos La guerra de los cien años contra Palestina (2020). Se desempeñó como asesor de los negociadores palestinos durante las conversaciones de paz en la década de 1990.
En la entrevista Khalidi pone al descubierto la complicidad y la responsabilidad de Washington en la brutal guerra contra Gaza, desatada por Tel Aviv en respuesta al pogromo del 7 de octubre por parte de Hamás. La guerra contra Gaza, que se perfila por un nivel de muerte y destrucción cada vez más genocidas y no muestra señales de amainar, ya ha cobrado la vida de más de 11 mil palestinos, entre ellos más de 4 mil niños.
Khalidi hace una reseña de la reacción a estos acontecimientos por parte de Estados Unidos y otros gobiernos aliados de Israel, así como de los estados árabes y otros en el resto del mundo, y expresa su punto de vista sobre las diversas organizaciones palestinas, entre ellas Hamás, Fatah y la Autoridad Palestina.
Khalidi también ahonda sobre cuestiones importantes que son debatidas por partidarios y opositores de la lucha por una patria palestina. Esto incluye el conocido lema “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Este es, para muchos partidarios de la lucha de liberación nacional palestina, un grito de lucha en las manifestaciones que piden el fin de la embestida israelí en Gaza. El lema también se ha convertido en un punto álgido de disputa en el Congreso de Estados Unidos, en las universidades y en otros lugares. El gobierno israelí y sus aliados en Estados Unidos y otros países lo han criticado como odioso y antisemita.

El 7 de noviembre, la mayoría de los republicanos y 22 demócratas en la Cámara de Representantes de Estados Unidos unieron causa para censurar a la representante Rashida Tlaib, demócrata del estado de Michigan. Amonestaron formalmente a la única palestina estadounidense en el Congreso por sus declaraciones sobre la guerra israelí contra Gaza, entre ellas el hecho de que apoya el lema “Desde el río hasta el mar”.
La reprimenda oficial del Congreso afirmó que la frase era “un llamado genocida a la violencia para destruir el Estado de Israel y su pueblo para reemplazarlo con un Estado palestino que se extendería desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo”. La principal portavoz de la Casa Blanca también lo repudió, afirmando que era “divisivo” y que muchos lo consideraban como algo hiriente y antisemita. Tlaib defendió su apoyo a la consigna como “un llamado aspiracional a la libertad, los derechos humanos y la coexistencia pacífica, no a la muerte, la destrucción o el odio”.
La popularidad de la consigna “Desde el río hasta el mar” aumentó cuando la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) abandonó su reivindicación por una Palestina democrática y laica, que había sido su programa desde principios de la década de 1970. Como explica Khalidi, hoy en día la frase “Desde el río hasta el mar” significa cosas diferentes para diferentes personas.
Para Hamás, y para quienes apoyan o se adaptan a su perspectiva, la consigna significa la expulsión de unos 7 millones de judíos que viven actualmente en Israel, la destrucción del Estado actual, y su sustitución por un Estado palestino islamista. Estamos hablando de un Estado teocrático en el cual el Islam — o la interpretación de Hamás del Islam — sustituiría al judaísmo como la religión del Estado. Lo más probable es que Hamás gobernaría ese estado con la misma mano de hierro con la que ha gobernado Gaza desde 2007. Fue entonces cuando expulsó violentamente de Gaza a los partidarios de la Autoridad Palestina, así como de Fatah, la principal organización que la respalda.
No hay base alguna en absoluto para la afirmación de que esto es lo que Tlaib está defendiendo. Para ella y para muchos otros que hoy marchan por las calles de todo el mundo, pidiendo un alto el fuego y el respeto de los derechos de los palestinos, “Desde el río hasta el mar” tiene un significado diferente. Expresa el deseo de libertad para todos los palestinos, en Gaza, Cisjordania y dentro de Israel, y la posibilidad de que árabes y judíos vivan juntos en las mismas tierras y con iguales derechos.
Durante las décadas de 1970 y 1980, la OLP abogó por reemplazar a Israel con una Palestina democrática y laica. La OLP explicó sin ambigüedades que en un estado de ese tipo “Todos los judíos, musulmanes y cristianos que vivan en Palestina o hayan sido exiliados de ella por la fuerza tendrán derecho a la ciudadanía palestina”. Pero después de los reveses sufridos en su lucha de liberación, y ante la intransigencia israelí, la OLP cambió su posición y firmó los Acuerdos de Oslo, reconociendo a Israel y aceptando la solución de los dos Estados.[1]
Como explica Khalidi, “desde el río hasta el mar” es algo que significa cosas diferentes según el contexto. “Si eso significa derechos absolutos y exclusivos para un pueblo y la opresión de otro pueblo, entonces obviamente eso no es aceptable”, afirma. Pero “si eso significa que los palestinos ya no están siendo oprimidos, pero no oprimen a los israelíes, espero que eso no sea un problema”.
Como concluyó Khalidi en un ensayo de opinión del New York Times del 15 de octubre (en inglés): “La única solución posible es una que ponga fin a la opresión de un pueblo por otro y garantice la absoluta igualdad de derechos y seguridad para ambos pueblos”.
Publicamos esta entrevista para la información de nuestros lectores. Es posible no compartir todos los puntos de vista que esboza Khalidi, pero es indiscutible que ofrece percepciones valiosas de los históricos acontecimientos que se desenvuelven hoy en Palestina e Israel.
La introducción, el titular, los subtítulos y las notas a pie de página son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la segunda a continuación.
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(Esta es la segunda de dos partes. La Parte 1 puede encontrarse aquí).
El sionismo es un proyecto colonial, pero Israel se convirtió en Estado en la era poscolonial. ¿Qué piensa usted sobre esa historia y cómo continúa influyendo en la situación actual?

Tony Judt escribió que Israel “llegó demasiado tarde” y era un anacronismo. O sea que, si hubiera ocurrido en el siglo XVIII podría haber tenido éxito. Habría estado en consonancia con el espíritu de la época, que era que los europeos blancos tenían derechos que los no blancos, no europeos, no tenían, y que podían arrogarse cualquier área de tierra y hacer lo que quisieran con ella y con su población indígena. Esa fue la regla de la selva desde Colón hasta el siglo XX, realmente hasta la Primera Guerra Mundial.
El sionismo nunca se avergonzó, en sus primeras décadas, de autodescribirse como un proyecto colonial. Fue y es un proyecto nacional. También fue y es un hijastro mimado del imperialismo. ¿Por qué es que Herzl acudía al Káiser? ¿Por qué es que el primer presidente de Israel, Chaim Weizmann, acudía a los británicos? No se trataba de potencias desinteresadas, neutrales, tipo Suiza — estas eran las grandes potencias imperiales de la época, que iban a hacer el trabajo sucio para el proyecto sionista. ¿Eran estas personas ocupadores y colonos? Se llamaban a sí mismos ocupadores y colonos.
La “Asociación de Colonización Judía” no es un insulto antisemita, es la forma en que esta importante organización se llamaba a sí misma. Por supuesto, todo esto ha sido retocado. El decir “colonialismo de asentamiento” es algo terrible, terrible hoy en día, incluso cuando describe lo que está sucediendo en Cisjordania en el siglo XXI, que es el despojo más parecido a la expansión estadunidense en el lejano oeste.

Esto me lleva a lo que Estados Unidos acaba de hacer o intentó hacer. Al parecer, el gobierno de Estados Unidos fue cómplice de un plan israelí para trasladar a una parte o a la totalidad de la población de la Franja de Gaza a Egipto, y posiblemente a otros lugares. No hay duda de que Antony Blinken estaba haciendo eso: colaborar con Israel para expulsar a los palestinos y así completar la limpieza étnica que comenzó en 1948.
Esta es una guerra demográfica. Todos en el movimiento sionista, en Palestina y en el mundo árabe, de los años 20 y 30 en adelante, comprendían que para obtener una mayoría judía había que sustituir a los árabes por judíos; si no lo haces, tienes una mayoría árabe. Reducir esas cifras era y sigue siendo uno de los principales objetivos sionistas. Que Estados Unidos se preste a esto, además de ser posiblemente un crimen de guerra, es algo monstruoso, absolutamente inmoral.
A nadie que termine expulsado se le permite regresar. Todos los árabes, todos los palestinos lo saben. Nadie que sea expulsado a Egipto va a regresar jamás a Gaza ni a ninguna otra parte de Palestina. La mayoría de esas personas, por supuesto, ya han sido desplazadas. Son la población del sur de Palestina que fue expulsada en 1948 y ha estado encerrada en la Franja de Gaza durante los últimos 75 años. Volver a moverlos sería criminal. Y nuestro gobierno ha participado en tratar de hacer eso.
Ahora, por varias razones — algunas de ellas agradables y otras desagradables — el gobierno egipcio se ha rehusado a esto, respaldado por los saudíes y todos los demás en el mundo árabe: “Así que deberíamos convertirnos en cómplices de su limpieza étnica de los palestinos. ¿Están locos? ¿De verdad quieren que nosotros perdamos nuestros tronos y nuestras fortunas? ¿De verdad quieren que seamos derrocados por nuestro propio pueblo por ser agentes de Israel y Estados Unidos?” No creo que eso sea lo que el presidente egipcio, Abdel el-Sisi, deveras le dijo a Blinken, o lo que el príncipe heredero le dijo a Blinken. Incluso se negaron a reunirse con Biden.
Estos son regímenes a los que me opongo sin excepción, pero tengo que decir que hicieron lo correcto al negarse a reunirse con el presidente. También hicieron lo correcto al darle a Blinken dos merecidas bofetadas en la cara. El príncipe heredero lo hizo esperar durante diez horas, Sisi lo reprendió en una conferencia de prensa pública. Esa es una señal de lo que está cambiando en la región.
¿Cómo debemos recordar los Acuerdos de Oslo y los esfuerzos relacionados? ¿Ha habido alguna vez un intento legítimo de hacer la paz?
Han habido intentos, pero yo diría que ninguno de ellos ha agarrado realmente al toro por los cuernos. Y el meollo del asunto es: ¿cómo puede haber un Estado soberano de mayoría judía en un país de mayoría árabe? Nunca ha habido una solución — ni en Madrid, ni en Washington, ni en Oslo, ni en Camp David — que respete el hecho de que esto se trata de un proceso colonial de asentamiento, o el hecho de que ahora hay dos pueblos allí, uno de los cuales tiene todos los derechos y el otro casi ninguno.
Hubo intentos de aproximarse, pero creo que podemos volver a lo que dijo el ex primer ministro Yitzhak Rabin en el Knesset en octubre de 1995, antes de ser asesinado por ir demasiado lejos incluso con lo siguiente, que es que cualquier entidad palestina creada por medio de Oslo sería “menos que un Estado”. Lo que siempre asumió Estados Unidos era que Israel seguiría teniendo el control de la seguridad sobre Israel y Palestina. Lo que siempre se asumió era que el Estado palestino sería menos que soberano, y que sería un fragmento de un fragmento de la Palestina histórica, en otras palabras, ni siquiera el 22 por ciento que quedaba al final de la guerra de 1948, e incluso menos que eso.

Desde el momento en que Rabin llegó al poder en 1992 hasta su asesinato en 1995 y luego durante el resto de la llamada década de Oslo, Israel estaba expandiendo los asentamientos a un ritmo vertiginoso, apoderándose de más tierras palestinas y burlándose de los Acuerdos de Oslo, y estaba acorralando a los palestinos en pequeños bantustanes, todos los cuales ahora han sido cerrados.
Cualquiera que diga “ay, los palestinos rechazaron un generoso plan de paz” no está observando lo que realmente estaba ocurriendo sobre el terreno. Los israelíes tenían otros objetivos, uno de los cuales era asentarse permanente de la mayoría de los territorios ocupados, otro de los cuales era el control permanente de todo Israel-Palestina, ninguno de los cuales es compatible con la soberanía o la condición de Estado — ni siquiera la condición de un Estado reducido. Una vez más, para verlo sólo basta con leer el último discurso de Rabin en el Knesset.
Es común que el sionismo enmarque cualquier activismo o defensa pro-palestina como algo que niega el derecho del Estado de Israel a existir, y que reivindicaciones como “desde el río hasta el mar” son en sí mismas genocidas. ¿Qué opina usted de esto?
Hay muchos palestinos que no creen que Israel tenga derecho a existir. Hay muchos palestinos que no creen que exista tal cosa como el pueblo israelí, que es obviamente evidente que sí existe. Los israelíes son un pueblo. Muchos palestinos no se dan cuenta de que muchos proyectos coloniales han creado pueblos.
En Estados Unidos vivimos en un proyecto colonial de asentamiento. Cualquiera que no sea parte de la población indígena original es un colono. Pero como se pregunta el libro de Mahmood Mamdani, Neither Settler nor Native [Ni colono ni nativo], ¿cuándo se convierten los colonos en nativos? Es una cuestión escabrosa desde el punto de vista político, porque incluso si uno acepta que hay un pueblo israelí, y si uno dice que los pueblos tienen derecho a la autodeterminación, eso es algo que se suma a un proceso de negación de la identidad palestina y de sus derechos nacionales, de desposesión, expulsión y limpieza étnica. Hay que entender y abordar todas esas cosas antes de poder pensar en cómo estos dos pueblos podrían llegan a un acuerdo.
Lo que acabo de decir no es algo que puede encajarse en un eslogan o en el tipo de acaloradas afirmaciones propagandísticas que acabas de mencionar. Yo, personalmente, no tengo problema alguno con que la gente vea el suelo de Israel extendiéndose desde el río hasta el mar o donde sea que piensen que pueda extenderse. La pregunta es, ¿cuáles son las consecuencias políticas y de otros tipos que de eso se derivan? Si eso significa derechos absolutos y exclusivos para un pueblo y la opresión de otro pueblo, entonces obviamente eso no es aceptable.
Y es lo mismo con Palestina. “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. ¿Qué significa eso? Bueno, si eso significa que los palestinos ya no están oprimidos, pero no oprimen a los israelíes, espero que eso no sea un problema. Pero, de nuevo, los palestinos tienen diferentes puntos de vista al respecto. Y yo creo que el aumento de la represión y las acciones ofensivas tomadas durante muchos años por los gobiernos israelíes han apartado a los palestinos de donde estaban en el período de Oslo, cuando estaban dispuestos a aceptar la solución patentemente injusta de los dos Estados, siempre y cuando resultara en una verdadera soberanía y una condición de verdadero Estado palestino, a donde sea que se encuentran hoy.

En los últimos años, los progresistas en Estados Unidos se han enfocado más en la posibilidad de la solución de un estado en lugar de la solución de dos estados. A la luz de la situación actual, ¿deberíamos cambiar de rumbo? En un momento de completa desesperación, ¿hay razón alguna para tener esperanza en alguna de las dos soluciones?
Soy pesimista de que cualquiera de estas dos soluciones sea posible actualmente. En la práctica, Israel y Estados Unidos han trabajado febrilmente desde 1967 para garantizar el control permanente de Israel sobre los Territorios Ocupados, para colonizarlos cada vez más y para asegurarse de que bajo ninguna circunstancia un Estado palestino independiente o cualquier otra soberanía que no sea la israelí pueda operar en ningún lugar de los territorios que Israel tomó en 1967. Y han hecho todo lo posible por consolidar Cisjordania y convertirla en Israel. Todo. También intentaron colonizar Gaza, pero desistieron en 2005.
El gobierno de Estados Unidos paga por todo esto y arma el proceso. Por un lado habla a favor de la solución de los dos estados, pero por otro lado permite que los grupos de colonos israelíes se constituyan como organizaciones 501(c)(3) [sin fines de lucro y exentas de impuestos] y canaliza cientos de millones de dólares libres de impuestos al proyecto de los asentamientos. Arma a los israelíes que son los que impiden que los palestinos hagan algo al respecto e impone la ocupación, dando apoyo diplomático y otorgando veto tras veto en el Consejo de Seguridad para seguir con la demolición, absorción, anexión y destrucción de Palestina.
La mayoría de los que hablan de la “solución de los dos estados” no lo dicen en serio. No se refieren a un Estado palestino independiente y soberano en los territorios que fueron ocupados en 1967. Se refieren a un simulacro, un estado estilo Potemkin. Eso es lo que quieren decir. Y están haciendo todo lo posible para evitar incluso eso.
Así que, ¿cómo lograr que estos dos pueblos vivan juntos en un estado después de toda la sangre que se ha derramado? Y me temo que seguirá derramándose. No sé. No creo que, a corto plazo, haya alguna razón en particular para ser optimista sobre cualquiera de las soluciones.
Por otro lado, todo el mundo pensaba, hasta el 7 de octubre, que el mundo árabe estaba moribundo y que Palestina no le importaba un bledo. Las cosas cambiaron muy, muy rápido. El público israelí está empeñado en vengarse, por su rabia, su dolor y su ira — en particular por las víctimas civiles, pero también por el colapso de todas las doctrinas que el ejército israelí ha promulgado sobre la seguridad. Es evidente que el pueblo israelí no está seguro. Y ha quedado claro que lo que todo el mundo asumía era incorrecto, no solo sobre Hamas, sino también sobre las capacidades militares de Israel.
Así que por el momento no se va a lograr un viraje hacia la paz entre los israelíes. El duelo va a durar mucho tiempo. Y si los israelíes están afligidos y enfurecidos, también lo están los palestinos. Las cifras de víctimas civiles palestinas que vemos ahora son enormes, y aún no sabemos el recuento final. Superar esto va a tomar mucho tiempo. Pero también eso podría cambiar en el futuro.

Pero uno tiene la esperanza de que alguien, en algún lugar, empiece a decir que el enfoque político de Israel está completamente en bancarrota. No es posible seguir triturando a los palestinos violentamente sin esperar una respuesta violenta. Esto no es de ningún modo una justificación, es simplemente para explicar que si se le aplica ese tipo de presión a una población oprimida, se va a levantar de maneras que pueden ser horribles, de maneras que pueden ser políticamente incorrectas o moralmente incorrectas. Si aplicas presión intensa sin cesar, van a haber explosiones.
¿Qué opina de la conversación en el seno de la izquierda estadounidense: la izquierda electa, la izquierda activista, los medios de comunicación de izquierda? ¿Puede la izquierda estar ignorando o dejando a un lado algún aspecto de la historia?
Bueno, para mí es difícil darle respuesta a esa pregunta porque con los que estoy en contacto directo son todos activistas estudiantiles. Creo que los jóvenes están en el proceso de educarse a sí mismos, y todavía no están completamente educados, o políticamente maduros en sus puntos de vista.
Por ejemplo, un argumento que veo entre algunos activistas estudiantiles es que todos los israelíes son colonos y, por lo tanto, no hay civiles. No se puede decir eso si se respetan los derechos humanitarios internacionales. El hecho de que Israel sea el resultado de un proceso colonial de asentamiento no significa que todas las abuelas israelíes y todos los bebés israelíes sean colonos y, por lo tanto, no sean civiles.
Técnicamente, en cierto sentido, todos los estadounidenses somos colonos, pero eso no significa que un movimiento de liberación de los nativos americanos estaría justificado en matar a los bebés de los colonos estadounidenses blancos o a las abuelas de los colonos estadounidenses blancos. Sí, las personas armadas en los asentamientos de los territorios ocupados tienen que ser vistas como combatientes. Los que están desarmados no son combatientes. Ese es un ejemplo del tipo de distinción que la gente tiene que aprender a hacer.
He sido criticado por decir que, históricamente hablando, los movimientos de liberación no se han cuidado de evitar los ataques a civiles. Cuando la batalla de Argel, Zohra Drif y Djamila Bouhired colocaron bombas en cafés y bares. Fueron juzgadas y condenadas y pasaron años en la cárcel, y finalmente fueron liberadas. Son héroes nacionales en Argelia y ambas apoyan vigorosamente la democracia contra la junta militar que aún gobierna Argelia.
Podemos hablar también sobre lo que hizo el IRA [Ejército Irlandés Republicano — IRA por sus siglas en inglés] contra los civiles, y podemos hablar sobre lo que hizo el ANC [Congreso Nacional Africano de Sudáfrica — ANC por sus siglas en inglés].[2]
Hay un debate muy importante sobre este tema que se llevará a cabo entre las personas involucradas en la liberación nacional. Sigo de cerca la situación en Irlanda y hoy la gente se cuestiona esas cosas. Son capaces de hacerlo porque, desde 1998, la gente no se ha estado matando entre sí al mismo ritmo, gracias a Dios. Es difícil hacerlo en medio de una situación como la que están viviendo los palestinos en este momento, pero los activistas tienen que pensar cuidadosamente sobre esas cosas.
La otra cosa que les diría a los activistas estudiantiles es que tienen que entender cuáles son sus objetivos políticos. Si tú crees que esto se trata de un proyecto colonial de asentamiento, entonces estás en la metrópoli de esa colonia, aquí en Estados Unidos o en Europa Occidental, y los movimientos de liberación nacional no han ganado solamente — y a veces no principalmente — en el campo de batalla en la colonia.
Los vietnamitas habían llegado a un punto muerto con los estadounidenses. Los argelinos estaban perdiendo en el campo de batalla. El IRA estaba casi al límite de sus fuerzas, militarmente, en 1921. Ganaron, en parte, porque ganaron a la metrópoli. Los ingleses finalmente dijeron, simplemente, no queremos pelear esta guerra. No podemos pelear esta guerra.
Lo mismo sucedió con los franceses en Argelia. No fueron solo los combatientes de las montañas los que ganaron la guerra. No digo que no fuera un elemento crucial en la liberación de Argelia, de hecho fue la condición sine qua non para ello, pero si los franceses hubieran seguido queriendo matar argelinos, la guerra podría haber durado para siempre. Los franceses no querían continuar porque no querían sufrir más pérdidas. Lo mismo con Sudáfrica. No ganaron sólo en los municipios; el ANC ganó porque se ganaron a la opinión pública en Estados Unidos y en Gran Bretaña.
Si tú crees en este concepto teórico — la colonia y la metrópoli — entonces lo que hacen los activistas aquí en la metrópoli cuenta. Hay que ganarse a la gente. No puedes simplemente demostrar que eres el más puro o el más revolucionario o que puedes decir las cosas más extremas y así demostrar tus credenciales revolucionarias. Tienes que actuar para alcanzar una meta política definida.
(Esta fue la segunda de dos partes. La Parte 1 puede encontrarse aquí).
NOTAS
[1] Para obtener más información, consulte las secciones subtituladas “‘Por una Palestina democrática y laica’: la historia” y “La solución de los dos Estados” en la columna de Panorama-Mundial ¡Alto a la guerra contra Gaza ya! La cuestión judía y la lucha por una patria palestina.
[2] El reciente artículo en Panorama-Mundial ¡Alto a la guerra contra Gaza ya! La cuestión judía y la lucha por una patria palestina, esbozó el punto de vista de Nelson Mandela, el líder central del ANC, sobre la actitud revolucionaria hacia los civiles durante una lucha de liberación nacional.
“Rechazamos la idea de que revolucionarios en Estados Unidos, o en cualquier otro lugar, no deban condenar la elección de civiles israelíes, entre ellos niños, como blanco de ataques y su asesinato a sangre fría, que es un método de los opresores”, acotó la columna de Panorama-Mundial. “Creemos que el revolucionario sudafricano Nelson Mandela compartía ese punto de cuando dirigió el Congreso Nacional Africano (CNA) al iniciar Umkhonto We Sizwe (Lanza de la Nación), cuando dirigió acciones armadas contra el régimen racista del apartheid. Mandela nunca atacó a civiles. Tampoco creía que acciones armadas de esa índole pudieran sustituir la organización y la movilización masiva de todos los que luchan por su liberación.
“El 9 de agosto de 1991, en una conferencia de Umkhonto We Sizwe, Mandela declaró: ‘La victoria en la lucha de liberación nacional depende de la participación activa y consciente de las masas del pueblo oprimido, determinando su destino propio por medio de la lucha… Siempre fue nuestra opinión… que la lucha armada de liberación se basa en las luchas políticas de masas libradas por los oprimidos, y surgía de ellas’”.
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Categories: Palestina/Israel