Entrevista con el académico palestino-estadounidense Rashid Khalidi sobre la dinámica de la crisis en el Medio Oriente
Traemos a nuestros lectores una entrevista con Rashid Khalidi, publicada originalmente en la edición del 24 de octubre de 2023 de la revista de cultura y política en línea The Drift. Llevada a cabo por Rebecca Panovka y Kiara Barrow, editoras de la revista, apareció bajo el título “Una situación desesperada es cada vez más desesperada” | Entrevista con Rashid Khalidi.
Khalidi, palestino-estadounidense, es historiador del Medio Oriente moderno. Desde 2002 ha sido editor de la revista de estudios palestinos Journal of Palestine Studies. También es profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos en la Universidad Columbia en Nueva York. Es autor de ocho libros, el más reciente entre ellos La guerra de los cien años contra Palestina (2020). Se desempeñó como asesor de los negociadores palestinos durante las conversaciones de paz en la década de 1990.
En la entrevista Khalidi pone al descubierto la complicidad y la responsabilidad de Washington en la brutal guerra contra Gaza, desatada por Tel Aviv en respuesta al pogromo del 7 de octubre por parte de Hamás. La guerra contra Gaza, que se perfila por un nivel de muerte y destrucción cada vez más genocidas y no muestra señales de amainar, ya ha cobrado la vida de más de 11 mil palestinos, entre ellos más de 4 mil niños.
Khalidi hace una reseña de la reacción a estos acontecimientos por parte de Estados Unidos y otros gobiernos aliados de Israel, así como de los estados árabes y otros en el resto del mundo, y expresa su punto de vista sobre las diversas organizaciones palestinas, entre ellas Hamás, Fatah y la Autoridad Palestina.
Khalidi también ahonda sobre cuestiones importantes que son debatidas por partidarios y opositores de la lucha por una patria palestina. Esto incluye el conocido lema “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Este es, para muchos partidarios de la lucha de liberación nacional palestina, un grito de lucha en las manifestaciones que piden el fin de la embestida israelí en Gaza. El lema también se ha convertido en un punto álgido de disputa en el Congreso de Estados Unidos, en las universidades y en otros lugares. El gobierno israelí y sus aliados en Estados Unidos y otros países lo han criticado como odioso y antisemita.

El 7 de noviembre, la mayoría de los republicanos y 22 demócratas en la Cámara de Representantes de Estados Unidos unieron causa para censurar a la representante Rashida Tlaib, demócrata del estado de Michigan. Amonestaron formalmente a la única palestina estadounidense en el Congreso por sus declaraciones sobre la guerra israelí contra Gaza, entre ellas el hecho de que apoya el lema “Desde el río hasta el mar”.
La reprimenda oficial del Congreso afirmó que la frase era “un llamado genocida a la violencia para destruir el Estado de Israel y su pueblo para reemplazarlo con un Estado palestino que se extendería desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo”. La principal portavoz de la Casa Blanca también lo repudió, afirmando que era “divisivo” y que muchos lo consideraban como algo hiriente y antisemita. Tlaib defendió su apoyo a la consigna como “un llamado aspiracional a la libertad, los derechos humanos y la coexistencia pacífica, no a la muerte, la destrucción o el odio”.
La popularidad de la consigna “Desde el río hasta el mar” aumentó cuando la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) abandonó su reivindicación por una Palestina democrática y laica, que había sido su programa desde principios de la década de 1970. Como explica Khalidi, hoy en día la frase “Desde el río hasta el mar” significa cosas diferentes para diferentes personas.
Para Hamás, y para quienes apoyan o se adaptan a su perspectiva, la consigna significa la expulsión de unos 7 millones de judíos que viven actualmente en Israel, la destrucción del Estado actual, y su sustitución por un Estado palestino islamista. Estamos hablando de un Estado teocrático en el cual el Islam — o la interpretación de Hamás del Islam — sustituiría al judaísmo como la religión del Estado. Lo más probable es que Hamás gobernaría ese estado con la misma mano de hierro con la que ha gobernado Gaza desde 2007. Fue entonces cuando expulsó violentamente de Gaza a los partidarios de la Autoridad Palestina, así como de Fatah, la principal organización que la respalda.
No hay base alguna en absoluto para la afirmación de que esto es lo que Tlaib está defendiendo. Para ella y para muchos otros que hoy marchan por las calles de todo el mundo, pidiendo un alto el fuego y el respeto de los derechos de los palestinos, “Desde el río hasta el mar” tiene un significado diferente. Expresa el deseo de libertad para todos los palestinos, en Gaza, Cisjordania y dentro de Israel, y la posibilidad de que árabes y judíos vivan juntos en las mismas tierras y con iguales derechos.
Durante las décadas de 1970 y 1980, la OLP abogó por reemplazar a Israel con una Palestina democrática y laica. La OLP explicó sin ambigüedades que en un estado de ese tipo “Todos los judíos, musulmanes y cristianos que vivan en Palestina o hayan sido exiliados de ella por la fuerza tendrán derecho a la ciudadanía palestina”. Pero después de los reveses sufridos en su lucha de liberación, y ante la intransigencia israelí, la OLP cambió su posición y firmó los Acuerdos de Oslo, reconociendo a Israel y aceptando la solución de los dos Estados.[1]
Como explica Khalidi, “desde el río hasta el mar” es algo que significa cosas diferentes según el contexto. “Si eso significa derechos absolutos y exclusivos para un pueblo y la opresión de otro pueblo, entonces obviamente eso no es aceptable”, afirma. Pero “si eso significa que los palestinos ya no están siendo oprimidos, pero no oprimen a los israelíes, espero que eso no sea un problema”.
Como concluyó Khalidi en un ensayo de opinión del New York Times del 15 de octubre (en inglés): “La única solución posible es una que ponga fin a la opresión de un pueblo por otro y garantice la absoluta igualdad de derechos y seguridad para ambos pueblos”.
Publicamos esta entrevista para la información de nuestros lectores. Es posible no compartir todos los puntos de vista que esboza Khalidi, pero es indiscutible que ofrece percepciones valiosas de los históricos acontecimientos que se desenvuelven hoy en Palestina e Israel.
La introducción, el titular, los subtítulos y las notas a pie de página son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la primera a continuación.
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(Esta es la primera de dos partes. La Parte 2 puede encontrarse aquí.)
Los recientes acontecimientos son descritos en la narrativa dominante como inéditos y representativos de una ruptura con el pasado. ¿Hasta qué punto es así? Como escribió usted en el Journal of Palestine Studies en septiembre, el 2023 es ya el año más sangriento para los palestinos en Cisjordania en casi dos décadas. ¿Es lo que estamos viendo ahora una conflagración inevitable?

No creo que nadie pudiera haber predicho lo que acabamos de ver en las últimas dos semanas. Quiero decir, el hecho de que el ejército israelí, uno de los más grandes del mundo, con uno de los mejores servicios de inteligencia de la historia, no tuviera ni idea de lo que se avecinaba — y habrán comisiones de investigación y estudios de guerra sobre este fracaso de inteligencia en el futuro — demuestra que nadie podría haberlo predicho.
Las únicas personas que lo sabían eran las personas que lanzaron ese ataque. Al mismo tiempo, cualquiera que tuviera sensibilidad alguna a los detalles de lo que estaba sucediendo dentro de los territorios ocupados, y dentro de Israel, habría sido capaz de asumir que tarde o temprano algún tipo de explosión era inevitable.
Hamás no es solo una operación en Gaza, Hamás es una organización que abarca toda Palestina. Eran extremadamente sensibles al hecho de que, especialmente desde que este nuevo gobierno asumió el poder, pero también en el año anterior, estaban en aumento el número de palestinos asesinados en Cisjordania, el número de incursiones de colonos, el número de intentos de organizar actos religiosos judíos en Haram al-Sharif, en el entorno de la mezquita de Aqsa. Y también estaba aumentando la cantidad de tierra robada por los colonos. Y recientemente, tres pequeñas aldeas de Cisjordania, en su mayoría poblaciones nómadas, han sido expulsadas de sus tierras.
La limpieza étnica sigue en marcha, a un nivel muy bajo de ebullición, no lo bastante como para que el mundo preste atención. Y parecía que enterrar la cuestión palestina, enterrar un horizonte político para los palestinos, era en lo que más se empañaban Israel y los países occidentales, así como algunos de los aliados árabes de Israel. Para los israelíes, este era el mejor de los mundos posibles. Íbamos a tener líneas de ferrocarril que iban de La Meca a Haifa; íbamos a tener conciertos “rave” israelíes en el desierto saudí; íbamos a tener acuerdos de amor, amistad, paz y seguridad por los siglos de los siglos. Y todo esto iba a realizarse con los palestinos bajo la bota de una ocupación israelí que continuaría indefinidamente.
Los palestinos, todos ellos, lo vieron. Obviamente, no todo el mundo reaccionó de la misma manera que Hamás. Pero todo el mundo vio que se trataba de una situación desesperada y cada vez más desesperada, y que sus intereses y derechos estaban siendo completamente ignorados por todos, no sólo por Israel o Estados Unidos o sus aliados-clientes occidentales, sino también por los países árabes.
Si vemos la red CNN, uno puede observar que a los generales israelíes se les permite afirmar, sin cuestionamiento alguno, que Israel evita las muertes de civiles (o que les está dando a los palestinos la “oportunidad de evacuar” gracias a su sentido humanitario), inmediatamente después de mostrar la destrucción de edificios de apartamentos, campus universitarios y la ruta de evacuación en Gaza. El Consejo Editorial del New York Times también escribió: “Lo que Israel está luchando por defender es una sociedad que valore la vida humana y el estado de derecho”, en las mismas páginas que incluyen noticias que demuestran que Israel ha ordenado el asesinato de miles de personas, en contra del derecho internacional.
Estos relatos en la narrativa cotidiana son literalmente confusos y profundamente enajenantes como puntos de referencia sobre la capacidad de los medios de comunicación de informar honestamente sobre Israel.
¿Cómo ha interpretado usted la cobertura general de este asalto?
Yo solía escribir sobre la política soviética en el Medio Oriente, y en aquellos días, las únicas fuentes que teníamos eran Pravda, Izvestia, Krasnaya Zvezda, etc. Hoy me siento como si estuviera de vuelta en la Guerra Fría, y The New York “Pravda” Times y el Washington “Izvestia” Post son portavoces de la administración Biden y su aliado Israel. Encuentro, en la mayoría de los principales medios de comunicación, esencialmente un círculo cerrado de propaganda de guerra.
Tenemos una burbuja sin memoria, sin historia, sin hechos, en la que, por ejemplo, pasa desapercibido que un jefe del Estado Mayor retirado del ejército que se unió recientemente al gabinete israelí, un hombre llamado Gadi Eisenkot, era Jefe de Operaciones del Ejército israelí cuando arrasaron el Líbano. Y dijo en ese momento que había desarrollado lo que él llamó la “doctrina Dahiya”. La Fuerza Aérea israelí arrasó todo el barrio de Dahiya, y dijo: “Aplicaremos una fuerza desproporcionada sobre él y causaremos grandes daños y destrucción allí. Desde nuestro punto de vista, no se trata de aldeas civiles, sino de bases militares”. También prometió que “lo que sucedió en el barrio de Dahiya de Beirut en 2006 sucederá en todas las aldeas desde donde hayan disparos contra Israel”.

Eisenkot es ahora ministro. Es una de las personas que está planeando esta guerra. Y te ha dicho lo que él hace: no respeta el derecho internacional humanitario. Escribí un artículo sobre esto en el Journal of Palestine Studies. Ahora bien, ¿puedo esperar que el periodista promedio lea el Journal of Palestine Studies? Lamentablemente, no. La cuestión es que incluso aquellos que puedan saber de esas cosas no son capaces de escribir ese tipo de artículos. Hablo con periodistas todo el tiempo y sé qué tipo de artículos les piden sus jefes. A veces, de vez en cuando, los periodistas se oponen.
Podemos ver cómo esto también sucede en el gobierno entero, donde los empleados del gobierno, en el Departamento de Estado y en otros lugares, están enojados con la posición del gobierno de Estados Unidos. Lo vemos en muchas universidades, donde los administradores emiten dictámenes. Lo vemos en empresas que toman posiciones públicas. Es como si Estados Unidos estuviera en guerra, y todos debemos acatar la misma postura y estar al unísono con Israel, detrás del cual marcha el presidente.
Háblenos de los diversos grupos de liderazgo palestinos (la Autoridad Palestina, la OLP, Hamás) y sus orígenes. ¿Qué significa etiquetar a Hamás como una “organización terrorista” y equipararla con ISIS, como lo han hecho los gráficos oficiales de las redes sociales israelíes?
El presidente de Estados Unidos — la tribuna más alta del país, aunque no tenga tanto alcance — ha comparado específicamente a Hamás con ISIS. Así que hemos escuchado una “maldad pura”. Hemos escuchado “peores que ISIS”. Hemos visto comparaciones con el 11 de septiembre. No es posible llegar más alto en la escala apocalíptica. Esto encaja con la estrategia israelí, según la cual a Hamás se le tacha como terrorista y nada más. Era un gobierno en Gaza. Era una organización política, social, cultural, religiosa.
La política en palestina se encuentra en una situación particularmente desesperada en este momento. Lo que solía ser el mayor rival de Hamás, Fatah, está en declive debido a su asociación con la corrupta e inepta Autoridad Palestina en Ramallah. La Autoridad Palestina básicamente ha tomado el lugar de la OLP, algo que Arafat inició cuando trasladó su operación a Palestina tras los Acuerdos de Oslo en 1993.

Ahora la OLP está moribunda, y Fatah está casi moribunda. La Autoridad Palestina no tiene estrategia. Supuestamente está comprometida con un enfoque diplomático y no violento, pero casi no tiene apoyo entre los palestinos, ya que han visto que este enfoque no ha ido a ninguna parte durante décadas, mientras los asentamientos se expanden y los palestinos se ven hacinados en un espacio cada vez más estrecho. Muchos palestinos odian a la Autoridad Palestina, porque hace lo que Israel le dice y está apuntalada desde el exterior.
Esto es algo inmutable en la política palestina, que se remonta a los años 30: la interferencia de los países árabes y las potencias extranjeras que se arrogan el derecho a hablar en nombre de los palestinos, o dividen a los palestinos, o debilitan a los palestinos, o los tratan como clientes. Los países árabes y otros países quieren usar a los palestinos o a las organizaciones palestinas para sus propios fines.
La Autoridad Palestina es apuntalada — aunque al mismo se ve socavada — por Israel, por Estados Unidos, Europa y varios países árabes.
Hamás cuenta con el apoyo de potencias regionales: Irán, obviamente, pero también Turquía y Qatar, entre otros. El régimen iraní, el régimen de Assad, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto tienen sus propios objetivos e intereses nacionales.
Los palestinos han podido superar esto en el pasado, y tienen que superarlo si quieren llegar a alguna parte. Pero no va a ser fácil. De dónde va a venir una nueva generación de líderes, de dónde va a salir una estrategia que lleve a los palestinos hacia sus objetivos, no lo sé.
¿Cómo deberíamos situar la dinámica actual en Palestina dentro del contexto más amplio de la región? Muchos expertos estadounidenses han especulado que Hamás pretendía arruinar la normalización entre Israel y Arabia Saudí (aunque el hecho de que lo hayan etiquetado “Operación Inundación de Al-Aqsa” indica, por ejemplo, que más bien es una respuesta a las incursiones en la mezquita de Aqsa). ¿De qué manera el que Estados Unidos haya cultivado a estados árabes clientes como Arabia Saudí ha alterado los vínculos de la liberación palestina con la política panárabe?
Basta con leer o escuchar la declaración de la persona que parece haber orquestado este ataque, Mohammed Deif, el comandante militar de Hamás. El primer día de este ataque dijo cuáles eran los objetivos. Mencionó los intentos de convertir el Haram al-Sharif, el área alrededor de la mezquita de Aqsa, en un lugar de oración judía.
Lo vi cuando estuve en Jerusalén en marzo: grupos de colonos israelíes, colonos religiosos, escoltados creo que por guardias fronterizos y policías, entrando por la puerta de Magharibah, la puerta marroquí, y luego rezando en la esquina sureste del haram, a unos veinte o treinta metros de la mezquita de Aqsa. Todos los días echan a los fieles después de las oraciones matutinas: los fieles musulmanes y los jóvenes, especialmente. Ahuyentan a todo el mundo y permiten que estos grupos de colonos vengan a rezar. Estos grupos han ido creciendo cada vez más. Sucede que durante Sucot, días antes del ataque, miles de colonos acudieron a rezar colectivamente en público en el recinto de la mezquita.
Por supuesto, aparentemente el ataque fue planeado durante dos años, por lo que la última escalada de este proceso no tuvo nada que ver con eso, pero fue un grito de guerra. Por lo tanto es irrelevante si realmente lo dicen en serio o si se trata de una estratagema para ganarse a la opinión pública palestina, árabe y musulmana. Claramente, esa es una motivación. Y Deif reiteró una lista de otros agravios, como el asedio de Gaza, la progresiva colonización y anexión de Cisjordania, y el hecho de que el gobierno israelí opera como si la cuestión palestina no existiera.
Esa fue una forma indirecta de decir que la normalización ha estado en curso en todo el mundo árabe durante muchos años, desde que Anwar Sadat fue a Jerusalén en 1977. Eso fue recientemente superado por el coqueteo entre Israel y Arabia Saudí, con ministros israelíes yendo a rezar a Arabia Saudita, y el príncipe heredero diciendo que esperaba que la normalización entre Israel y Arabia Saudí ocurriera en algún momento. Hubieron respuestas orgásmicas a esto por Israel.
No deberían de volver a abrir la boca los voceros ignorantes sin sentido de la historia que hablaron de lo poco importante que era la cuestión de Palestina para los árabes de a pie o para los países árabes. Porque lo que hemos visto son manifestaciones en Egipto, Jordania, Turquía, Líbano, Marruecos, Bahréin. Algunas de ellas son dictaduras militares en las que a nadie se le permite manifestarse, a nadie se le permite expresarse. Y, sin embargo, la opinión pública de todo el mundo árabe ha estallado en apoyo de los palestinos.
Han ocurrido manifestaciones monumentales. Yemen es un país devastado, un Estado fallido. Tienen una guerra civil, han sido bombardeados por los saudíes y los emiratíes durante años y años, y están en las calles manifestándose por Palestina.

He encontrado unos 400 artículos publicados antes de 1914 en una docena de periódicos árabes, desde Cairo hasta Damasco y Alepo, hablando de Palestina y el sionismo. Esto era algo que le preocupaba a gente en el mundo árabe hace 110 años. Esto les preocupaba durante la revuelta árabe de 1936 a 1939, y les preocupaba durante la Nakba, y eso les ha preocupado desde entonces.
¿Han representado los gobiernos árabes esa preocupación? Raramente. Nunca. A veces. Pero esa no es la cuestión. Estos son regímenes que no son democráticos, monarquías absolutas o dictaduras militares, y no representan a nadie ni a nada, excepto a sus propias cleptocracias, a las personas que se enriquecen de ellas y a los extranjeros que las mantienen en el poder con armas o apoyo diplomático.
No se trata sólo del mundo árabe, ni siquiera del mundo musulmán. Los estadounidenses, los europeos, la burbuja colonial de los colonos blancos, que produce una parte muy grande del PIB mundial, y que tiene un enorme alcance mediático, un enorme poder — portaaviones, bolsas de valores, conglomerados mediáticos — todavía se consideran los amos del universo. Son una pequeña minoría de la población mundial.
India, China, Indonesia, Pakistán, Bangladesh, Brasil: esos son algunos de los países más grandes del mundo, y la gente allí no tiene la misma opinión sobre esto en absoluto. Aquí lo que tenemos es una visión del mundo desinfectada, elaborada por medios de comunicación corruptos y complacientes y los gobiernos estadounidense y británico, que han decidido que apoyar a Israel es un interés nacional. Y luego tienes el mundo — el mundo verdadero — que está en un espacio completamente diferente. Esto ahonda el abismo entre Occidente y los demás.
Creo que esto comenzó con la guerra en Ucrania. En la mayor parte del mundo nadie ve la guerra en Ucrania como la ven Estados Unidos y sus aliados europeos, lo que puede verse en la forma en que la Asamblea General ha reaccionado ante ella. No es que la gente apoye a Rusia, necesariamente; es que no lo ven de la misma manera histérica e hiperbólica en que lo hacen Estados Unidos y sus aliados más cercanos ni — lo cual es perfectamente comprensible — los ucranianos y los de Europa oriental.
Lo que está sucediendo hoy en Palestina lo está acentuando, y van a disminuir el poder, la posición y la seguridad de Estados Unidos y sus aliados. De aquí en adelante los estadounidenses, que hablan de derechos humanos y democracia, van a ser tratados como los hipócritas más rancios y nauseabundos. Nadie se cree esa retórica en el resto del mundo, y con razón.
En lo que concierne a Israel la palabra “ocupación” no existe en el léxico estadounidense. La ocupación no es un “obstáculo para la paz”, es una imposición agresiva y violenta, que está diseñada para convertir a Palestina en la tierra de Israel, como los líderes sionistas desde Theodor Herzl[2] han estado tratando de hacer. Entonces, cuando Estados Unidos se queja de la ocupación de Ucrania, y luego vincula a Hamás con Putin, como intentó hacer Biden en su discurso en el Despacho Oval, nadie se traga estas cosas, excepto las personas del mundo Anglo que son o ignorantes o tienen el cerebro lavado. Pero una encuesta de la red CBS mostró que la mayoría de los demócratas e independientes se oponen a la ayuda militar a Israel; la mayoría de los estadounidenses son mucho más sensatos que aquellos que nos gobiernan.
(Esta fue la primera de dos partes. La Parte 2 puede encontrarse aquí.)
NOTAS
[1] Para obtener más información, consulte las secciones subtituladas “‘Por una Palestina democrática y laica’: la historia” y “La solución de los dos Estados” en la columna de Panorama-Mundial ¡Alto a la guerra contra Gaza ya! La cuestión judía y la lucha por una patria palestina.
[2] Theodor Herzl (1860 – 1904) fue un judío austrohúngaro que fue el padre del sionismo moderno. Herzl formó la Organización Sionista en 1897 y promovió la colonización judía de Palestina para formar un estado judío. Aunque murió antes del establecimiento de Israel, se le reconoce en hebreo como Jozeh HaMedinah (Visionario del Estado). La Declaración de Independencia de Israel menciona específicamente a Herzl, a quien se refiere oficialmente como “el padre espiritual del Estado judío”. En 1949, sus restos fueron llevados a Israel y enterrados de nuevo en el Monte Herzl.
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Categories: Palestina/Israel
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