Palestina/Israel

En defensa de la libertad de expresión


El antisionismo no es antisemitismo



Por Geoff Mirelowitz

Tras el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre y la brutal invasión israelí de Gaza en represalia, se han planteado nuevos desafíos al derecho a la libertad de expresión. En todo Estados Unidos, las restricciones al derecho democrático a expresar sus puntos de vista sobre el conflicto en el Medio Oriente se centran hoy en los campus universitarios. Pero los precedentes establecidos allí se extenderán, con peligrosas consecuencias para la libertad de expresión, si no hay una respuesta ni oposición.

Después del 7 de octubre, el departamento de Estudios Femeninos, del Género y la Sexualidad en el Colegio Universitario Barnard (parte de la Universidad de Columbia) publicó una declaración en apoyo al pueblo palestino en el sitio web de su departamento. Dos días después, los administradores de Barnard retiraron la declaración y los hiperenlaces al material de apoyo.

El departamento publicó una nueva página web en la que afirmaba que la administración de Barnard les había dicho que su publicación original era un “discurso político inadmisible”.


ANÁLISIS DE NOTICIAS


Luego la administración de Barnard no se detuvo allí.

Según el diario New York Times, “La administración de Barnard… A fines de octubre y noviembre, reescribió sus políticas sobre la actividad política, la gobernanza de sitios web y de los eventos en el recinto universitario, dándose una amplia latitud para decidir qué es y qué no es un discurso político permitido en el campus, así como la última palabra sobre todo lo publicado en el sitio web de Barnard”.

Mitín pro-palestino en la Universidad de Columbia. Columbia suspendió los capítulos del campus de Estudiantes por la Justicia en Palestina y de Voz Judía por la Paz durante el semestre de otoño de 2023, citando “políticas universitarias” que regulan “el tiempo, el lugar y la forma de ciertas formas de expresión pública”. (Foto: Spencer Platt / Getty)

La Unión de Libertades Civiles de Nueva York (NYCLU por su sigla en inglés) respondió, escribiendo al presidente de Barnard que tales políticas son “incompatibles con una comprensión sensata de la libertad académica”. La NYCLU añadió: “tal régimen servirá inevitablemente como una licencia para la censura”.

Sin inmutarse, Barnard emitió el 13 de noviembre una nueva política que limita aún más la libertad de expresión de los estudiantes y profesores. El New York Times lo describió de esta manera, citando la política: “En lugar de limitarse a prohibir la actividad partidista como mítines en el campus, la política ahora la define como ‘todas las comunicaciones escritas que comentan acciones, declaraciones o posiciones específicas tomadas por funcionarios públicos u organismos gubernamentales a nivel local, estatal, federal e internacional’”.

Este no es de ninguna manera el único ejemplo de tal censura.

La administración de la Universidad de Pensilvania negó el permiso para mostrar la película documental Israelism. El sitio web del Noticiero de CBS en Filadelfia describe la película como “un documental de cineastas judíos, que sigue a dos judíos estadounidenses que observan el trato de Israel a los palestinos, lo que los lleva a reevaluar su arraigada perspectiva de Israel”.

El grupo estudiantil Penn Chavurah (Havurah de la universidad Penn) mostró la película a pesar de la prohibición. Algunos estudiantes fueron amenazados con castigos disciplinarios de la universitaria.

“Algunas universidades han recibido más de 20.000 correos electrónicos diciéndoles que cancelen nuestra película”, dijo Erin Axelman, codirectora del documental, “diciéndoles que nuestra película es peligrosa para los estudiantes judíos. A pesar de que la mayoría de los grupos estudiantiles y profesores que organizan estas proyecciones son judíos. Nuestra película está hecha por un equipo de cine casi completamente judío.”  Añadió:”Hay una oleada de jóvenes judíos en Estados Unidos que se han dado cuenta de que podemos tanto luchar contra el antisemitismo, como al mismo tiempo luchar por los derechos de los palestinos.”

Captura de pantalla del sitio web de la película Israelism. “Hay una oleada de jóvenes judíos en Estados Unidos que se han dado cuenta de que tanto podemos luchar contra el antisemitismo, como al mismo tiempo luchar por los derechos de los palestinos”, explicó Erin Axelman, codirectora del documental.

La Universidad de Brandeis prohibió la presencia del grupo Estudiantes por la Justicia en Palestina en base a declaraciones hechas por su capítulo nacional.

La Universidad de Vermont canceló una reunión del poeta palestino Mohammed El-Kurd.

En diciembre, los decanos de 18 escuelas de Columbia emitieron un Mensaje de los decanos sobre Columbia y la comunidad (en inglés, Deans’ Message on Columbia and Community). Lleno de tópicos trillados, el mensaje no mencionaba las políticas antidemocráticas promulgadas en Barnard. Tampoco mencionó la decisión de Columbia de ordenar que los capítulos de dos grupos estudiantiles — Estudiantes por la Justicia en Palestina y Voz Judía por la Paz — fueran disueltos por el resto del semestre de otoño.

El mensaje de los decanos pedía reconocer “que escuchar frases coreadas como ‘por los medios que sean necesarios’,o ’del río al mar’, o llamamientos a una ‘intifada‘—independientemente de las intenciones y su procedencia—es experimentado por muchos judíos, israelíes y otros miembros de nuestra comunidad, como antisemitismo y es profundamente hiriente”, y agregó “que el miedo a ser etiquetado como antisemita o como partidario del terrorismo por expresar angustia por la pérdida de vidas palestinas en Gaza o Cisjordania hace que la gente tenga miedo de expresar sus preocupaciones”.

Una ‘política del sentimiento’

En respuesta, Rashid Khalidi, profesor de Columbia, describió en un reciente artículo de la revista New Yorker como el más destacado historiador de Palestina en vida, dirigió una Carta abierta a la administración de Columbia (en inglés, Open letter to the Columbia administration). Refiriéndose a la carta de los decanos, Khalidi, quien es palestino-estadounidense, escribió:

Por lo tanto, [los decanos] han decidido unilateralmente que nadie debería alzarse [el significado real de la palabra “intifada”] contra 56 años de ocupación militar ilegal; que Palestina debería permanecer sin libertad desde el río hasta el mar; y que los oprimidos deberían pedir permiso al opresor en cuanto a los medios para aliviar su opresión.

Han tomado esta decisión porque escuchar lo contrario es “antisemita y profundamente hiriente” para algunos. Al determinar qué discurso consideran permisible y cuál no, en efecto han prohibido lo político, al tiempo que reconocen lo humanitario, de manera que expresar “angustia por la pérdida de vidas palestinas” no hace que uno sea antisemita o partidario del terrorismo (pero el pronunciar otras palabras presumiblemente si lo es). No hay equivalencia alguna entre estos dos reconocimientos.

Esta afirmación equivale a una nueva norma que prohíbe usar o conocer estos términos y sus historias, a favor del privilegio de una política del sentimiento. Aunque tal vez sea apropiado para un jardín de infantes, es difícil imaginar un enfoque más contrario a la idea más básica de una universidad.

Detrás de estos ataques a los derechos democráticos está la falsa idea de que el apoyo a los derechos de los palestinos es antisemita. La Cámara de Representantes de Estados Unidos codificó esta opinión en una resolución que fue adoptada en diciembre. “Afirma clara y firmemente que el antisionismo es antisemitismo”.

Esta no es una afirmación nueva, pero es absolutamente errónea. Hace más de 50 años, en 1972, la Liga Antidifamación (ADL por su sigla en inglés) lanzó esa acusación contra el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP por su sigla en inglés). Por medio de una carta escrita por sus candidatos, presidencial y vicepresidencial respectivamente, Linda Jenness y Andrew Pulley, el SWP[1] exigió una retractación de la acusación. Esta carta abierta decía en parte:

Las opiniones y el historial del Partido Socialista de los Trabajadores [ilustran] que el SWP siempre ha sido un firme opositor del antisemitismo y del racismo y la intolerancia de cualquier tipo. Hemos defendido las luchas contra el antisemitismo dondequiera que hayan surgido: desde los Estados Unidos hasta la Unión Soviética. Nuestros compañeros de lucha europeos estaban a la vanguardia de la lucha contra el terror antisemita del nazismo. Muchos de ellos perecieron en los campamentos de la muerte de Hitler. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el SWP llevó a cabo una campaña en este país exigiendo que los EE. UU. abriera sus fronteras a los refugiados judíos del nazismo.[2]

La oposición a un estado específicamente “judío” en Palestina no puede considerarse equivalente al antisemitismo. Tal ecuación identifica erróneamente los intereses de los judíos de todo el mundo con Israel y el sionismo. Nosotros creemos que es su identificación del pueblo judío con las políticas sionistas lo que ayuda a alimentar el antisemitismo en la actualidad.

En aquel momento, el SWP ganó el apoyo de otros. Una carta abierta firmada por el profesor Noam Chomsky, el escritor Murray Kempton, el crítico literario Dwight Macdonald, el rabino A. Bruce Goldman y otros, exigieron que la ADL retractara el cargo. “Si bien no estamos necesariamente de acuerdo con el programa y las políticas del Partido Socialista de los Trabajadores”, decía la carta, “creemos que su oposición al sionismo no puede igualarse de ninguna manera con el antisemitismo… Esperamos que retracte estos cargos de inmediato”.

Los socialistas y la lucha contra el odio a los judíos

A principios de 1973, Peter Seidman escribió una serie de artículos en el periódico socialista el Militant que posteriormente fueron republicados por la editorial Pathfinder Press en el folleto Socialists and the Fight Against Anti-Semitism: An Answer to the B’Nai B’Rith Anti-Defamation League (Los socialistas y la lucha contra el antisemitismo: una respuesta a la Liga Antidefamación de B’Nai B’Rith). Después de mantenerlo en publicación durante décadas, Pathfinder ya no lo ofrece al público. Sin embargo, se pueden encontrar copias usadas en internet.

Los socialistas y la lucha contra el antisemitismo: una respuesta a la Liga Antidefamación de B’Nai B’Rith.

Los argumentos convincentes de Seidman perduran, resistiendo el paso del tiempo. Son aún más convincentes ahora, a luz de otros 50 años de opresión israelí sobre el pueblo palestino y de las guerras como la que realizan en Gaza en la actualidad.

“El punto crítico del argumento de la ADL”, escribió Seidman, “es que debido a que los judíos han sido víctimas de la opresión, y debido a que el movimiento sionista cree que la única defensa contra esa opresión se encuentra en el estado de Israel, cualquiera que no esté de acuerdo con esta política es un antisemita y una amenaza para los judíos del mundo”.

Seidman luego señaló “el hecho de que más de un millón y medio de palestinos han sido expulsados de sus hogares y sus tierras para despejar el camino para este ‘refugio‘ israelí para el pueblo judío”. Continuó: “Si, de hecho, el establecimiento mismo del estado de Israel requirió la expulsión y el exilio de otra nación, seguramente hay motivos para oponerse al sionismo sin ser antisemita”.

Seidman planteó entonces una pregunta que hoy se plantea solamente con mayor claridad: “¿Cómo se puede encontrar un refugio seguro en un estado que debe conquistar militarmente una nación de dos millones y medio de personas, ocupar su tierras y mantenerse en una guerra interminable con los refugiados que ha creado y con todas las naciones que lo rodean?”

A los lectores de World-Outlook algunos de estos argumentos les pueden parecer familiares. Pues se expresaron ideas similares en estas dos entrevistas publicadas a fines del año pasado: Alto a la opresión de un pueblo por otro y La tragedia judía encuentra en Israel una secuela sombría.

Por supuesto que es cierto que algunos opositores del sionismo son antisemitas y fomentan el odio a los judíos. En un artículo reciente, Panorama-Mundial explicó: “Desde sus inicios, Hamás ha optado por incorporar el odio a los judíos en su programa. Del mismo modo, ha optado por combinar el sionismo con el judaísmo. Sus actos son el resultado de cumplir con ese programa, no son estrictamente acciones en oposición al colonialismo de colonos “.

También es cierto que aquellos que promulgan el odio a los judíos a menudo lo hacen sustituyendo la palabra “sionista”, cuando su intención es decir “judío”. Hamás ofrece tal ejemplo en su carta constitutiva, que establece: “El plan sionista está… incorporado en Los Protocolos de los Sabios de Sión“. Ese documento es una notoria diatriba de odio contra los judíos.

Pero ni confundir el sionismo con el judaísmo, como lo hacen falsamente los que odian a los judíos, ni equiparar el sionismo con los intereses de los judíos en todo el mundo, como lo intentan hacer constantemente los líderes de Israel y otros, significa que toda oposición al sionismo represente odio e intolerancia contra los judíos.

Cualquier crítica a Israel es atacada ahora

Los recientes ataques a los derechos democráticos no están dirigidos solamente contra aquellos que creen que el sionismo es una respuesta ineficaz y reaccionaria al odio contra los judíos. Cada vez más, cualquier crítica a Israel es tildada de antisemita. Esa es claramente la intención de la reciente resolución del Congreso.

Derek J. Penslar

Derek J. Penslar, un erudito de estudios judíos ampliamente respetado, ha sido atacado recientemente en la Universidad de Harvard. El 19 de enero, el presidente interino de Harvard, Alan Garber, nombró a Penslar como uno de los dos copresidentes de un nuevo Grupo de Trabajo Presidencial para Combatir el Antisemitismo.

El ex presidente de Harvard Lawrence Summers y el director ejecutivo de la Liga Antidifamación Jonathan Greenblatt atacaron el nombramiento. Greenblatt declaró en la plataforma de redes sociales X (anteriormente Twitter) que Penslar “difama al estado judío y afirma que ‘las venas del odio atraviesan la civilización judía.’” Denunció el nombramiento de Penslar como “absolutamente inexcusable”.

La congresista Elise Stefanik, líder republicana en el Capitolio, fue aún más lejos. Afirmó que Penslar “es conocido por sus despreciables puntos de vista y declaraciones antisemitas”.

David N. Myers, quien ocupa la Cátedra Kahn de Historia Judía en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), respondió a estos ataques en una columna en el diario Los Angeles Times . Penslar, escribió Myers, “es un judío profundamente comprometido y un erudito sobresaliente que…ha desarrollado una reputación como uno de los principales historiadores del sionismo en el mundo”.

La verdadera fuente de la oposición a Penslar, escribió Myers, es el resultado de “algo que él firmó: la carta titulada ‘Elefante en la habitación’ [en inglés, Elephant in the Room]”. Este documento “obtuvo el apoyo de casi 3000 académicos e intelectuales. Redactado en agosto, mucho antes del 7 de octubre”, continuó Myers, “la carta pedía a Israel que diera pasos significativos hacia la democracia poniendo fin a la ocupación de los territorios palestinos”.

“Se refería al control israelí sobre Cisjordania como ‘un régimen del apartheid’”, explicó Myers. “Si bien este es un lenguaje innegablemente punzante”, escribió, “captura las duras y a menudo brutales realidades que enfrentan los palestinos en Cisjordania, a quienes se les niega el acceso a los mismos derechos, infraestructura y servicios que tienen los judíos israelíes que viven allí.

“Los ataques a Derek Penslar que lo moldean como insuficientemente atento al antisemitismo”, advirtió Myers, “muestran hasta dónde está dispuesto a llegar este movimiento”.

Otros oponentes de esta campaña de desprestigio han respondido con una Carta de los académicos que apoyan a Derek J. Penslar (en inglés, Letter from Scholars Supporting Derek J. Penslar). Hasta ahora la han firmado Más de 400 académicos. Describiendo a Penslar como un “erudito pionero que ha escrito extensamente sobre la historia social y política de la sociedad judía moderna y el Estado de Israel, así como sobre preguntas relacionadas con el antisemitismo”, agregó la carta, “El profesor Penslar es perfectamente adecuado para ayudar a dirigir el nuevo Grupo de Trabajo de Harvard para Combatir el Antisemitismo en este momento crítico de la historia judía “.

Los partidarios de los derechos democráticos deben continuar respondiendo a todos los esfuerzos para silenciar a cualquier crítico de Israel y difamar a aquellos que se oponen al odio a los judíos, pero también se oponen al sionismo. Los pasos para restringir los derechos democráticos en los recintos universitarios pueden convertirse en restricciones más amplias.

Otros ataques a la libertad de expresión

También es cierto que estas restricciones a la libre expresión de ideas han sido precedidas por otras, a menudo impuestas por aquellos que se describen a sí mismos como “progresistas” o que afirman estar actuando por oposición al racismo o al sexismo.

En un ensayo del 27 de enero de New Yorker, en inglés, The Future of Academic Freedom (El futuro de la libertad académica), Jeannie Suk Gersen escribió: “A medida que la guerra entre Israel y Hamás provoca afirmaciones sobre un discurso inaceptable, la capacidad de debatir temas difíciles está en peligro”.

Gersen se convirtió en la primera mujer asiática-estadounidense en obtener la titularidad en la Facultad de Derecho de Harvard en 2010.

“En algún momento durante la década de los años veinte”, escribió Gersen, “se volvió común que los estudiantes hablaran de sentirse inseguros cuando escuchaban cosas que los ofendían. He sido profesora de derecho en Harvard desde 2006. La primera pieza que escribí para el New Yorker, en 2014, fue sobre las sugerencias de los estudiantes (en aquel entonces chocantes para mí) de que la ley de violación no debería enseñarse en el curso de derecho penal, porque los debates que involucraban argumentos a favor de los acusados, además de los de fiscales, causaban angustia. Como mínimo, dijeron algunos estudiantes, no se le debe pedir a nadie en clase que presente alegatos a favor de un lado con el que no están de acuerdo.

Miembros del público asistente sostienen carteles durante una reunión del Comité de Visitantes sobre agresión sexual en la Universidad de Virginia en 2014. La discusión de temas controvertidos es y debe ser una parte normal del debate público y no debe restringirse. (Foto: Ryan M. Kelly / Diario The Daily Progress)

“Desde entonces, hay estudiantes que me han pedido que los excuse de discutir o ser examinados academicamente sobre armas de fuego, violencia de pandillas, violencia doméstica, la pena de muerte, asuntos relacionados a personas que son L.G.B.T.Q., la brutalidad policial, el secuestro, el suicidio y el aborto. Me he negado, porque creo que la habilidad más importante que enseño es la capacidad de tener intercambios rigurosos sobre temas difíciles, pero hay profesores por todo el país que han accedido a solicitudes similares.

“A lo largo de los años”, continuó Gersen, “aprendí que los estudiantes habían intentado repetidamente presentar quejas sobre mis clases, diciendo que mi exigencia a los estudiantes de tuvieran que articular, o escuchar a sus compañeros de clase alegar argumentos que ellos podrían aborrecer—como por ejemplo, el juez Antonin Scalia diciendo que no hay derecho constitucional a la intimidad entre personas del mismo sexo–era inaceptable. La administración de mi facultad de derecho no permitiría que tales quejas avanzaran a ser investigadas debido a su firme opinión de que la libertad académica protege opciones pedagógicas razonables.

“Pero los colegas de otros colegios universitarios dentro de Harvard y en otros lugares temían que sus administradores estuvieran usando conceptos de discriminación u hostigamiento para soslayar discusiones en el aula que hacen que alguien se sienta incómodo. Estos colegas se vuelven cada vez más reacios a facilitar conversaciones sobre temas controvertidos, creyendo que los administradores de la universidad podrían no distinguir entre discusiones difíciles y la discriminación o acoso. Incluso una investigación  que terminara sin encontrar irregularidades podría consumir un año de la vida profesional de uno y costar miles de dólares en honorarios legales”.

No se puede leer este relato sin pensar en la carta de Rashid Khalidi a la administración de Columbia. Khalidi llamó acertadamente a este tipo de restricción de la discusión una “política del sentimiento”. Añadió: “Aunque tal vez sea apropiado para un jardín de infantes, es difícil imaginar un enfoque más contrario a la idea más básica de una universidad”.

‘Nuestra línea es la libertad de expresión’

En una carta escrita en 1960 (en inglés, a letter written in 1960), James P. Cannon, uno de los fundadores del movimiento comunista en EE.UU. y del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP), explicó acertadamente por qué los revolucionarios defienden el derecho a la libertad de expresión. El factor que lo impulsó fue una decisión del alcalde de la ciudad de Nueva York, Robert F. Wagner, en que le negó un permiso para un mitín convocado por el Partido Nazi Estadounidense (ANP por su sigla en inglés).

“Ciertamente no ganamos nada que ayude a mantener este derecho [a la libertad de expresión] con la decisión del alcalde Wagner”, escribió Cannon. Esto establece un precedente peligroso. Las razones que dio para negar los derechos constitucionales de los chiflados de los “nazis” estadounidenses, y el uso de su incitación a la violencia contra ellos mismos, se pueden aplicar igual de bien y con la misma lógica a nosotros o a cualquier otra minoría. Estaremos muy discapacitados en la lucha contra tales discriminaciones si sancionamos directa o incluso si aprobamos indirectamente a este tratamiento para otros. Las personas que exigen la libertad de expresión y los derechos constitucionales para sí mismas pero quieren negarselos a los demás, no reciben mucha simpatía pública cuando se les niegan sus propios derechos. [Énfasis añadido.]

«Desde mi punto de vista», continuó Cannon, nuestra línea es la libertad de expresión. Tenemos que luchar por ello y convencer a otras personas de que lo decimos en serio. Con la verdad de nuestro lado, seremos los más beneficiados con la libertad de discusión y los que tienen más que perder con su supresión. Es cierto que, a medida que se desarrolle la lucha de clases, tendremos que pelear contra los fascistas, y no solo con palabras. Pero esta no será una lucha para privar a los fascistas del derecho a hablar y reunirse, sino una lucha defensiva para evitar que interfieran con los derechos de los trabajadores “.


NOTAS

[1] Cincuenta y dos años después, la postura política del SWP es bastante diferente. Una declaración del SWP impresa en la edición del 23 de octubre de 2023 del Militant, el semanario noticioso del grupo, declara ahora: “Israel tenía que ser y tiene que ser un refugio para los judíos”. Un titular de primera plana en la edición del 13 de noviembre del periódico proclamaba: “¡Defiende el derecho de Israel a existir! Exigir al alto el fuego es apoyar a Hamás “. Irónicamente, la misma organización que alguna vez fue difamada como antisemita, hoy difama a los millones de personas en todo el mundo que piden un alto el fuego para poner fin a la horrible carnicería infligida por las Fuerzas de Defensa de Israel sobre el pueblo de Gaza.

[2] Para el récord de la lucha para abrir las fronteras de EE. UU. a los refugiados del terror de Hitler, véase Socialists and the Fight Against Anti-Semitism: An Answer to the B’Nai B’Rith Anti-Defamation League (Los socialistas y la lucha contra el antisemitismo: una respuesta a la Liga Antidefamación de B’Nai B’Rith). El folleto incluye el texto completo de la carta abierta a la ADL de Linda Jenness y Andrew Pulley en 1972.


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