Palestina/Israel

Convoy palestino-judío lleva comida y esperanza a Gaza



El artículo a continuación apareció en la edición del 8 de marzo en el diario israelí Ha’aretz. Informa sobre un evento organizado contra la guerra por el grupo “Standing Together” (Erguidos Juntos). En medio de la guerra genocida de Israel y las condiciones catastróficas de hambruna que se extienden en Gaza, esta acción es un importante ejemplo de solidaridad con las víctimas del ataque.

Standing Together — formada por judíos, palestinos y otros — es una de las organizaciones más destacadas de Israel que hace campaña contra la guerra en Gaza, pidiendo un alto al fuego y el fin de la ocupación israelí de los territorios palestinos. Radiografía del grupo de paz israelí ‘Standing Together’, publicado recientemente por Panorama-Mundial, pinta un cuadro de sus actividades y crecimiento.

Panorama-Mundial publica este artículo para la información de nuestros lectores. El original, que apareció con el titular, el subtítulo y las fotos y leyendas que siguen, puede encontrarse aquí.

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“No podía quedarme en casa”: el convoy árabe-judío de ayuda a Gaza que transporta alimentos y esperanza

Activistas del movimiento “Standing Together” llenan un camión con ayuda alimentaria en el estacionamiento de un centro comercial de la ciudad de Ashkelon el jueves [7 de marzo], en el sur de Israel, antes de conducir en un convoy hacia la frontera con la Franja de Gaza en una muestra simbólica de apoyo a los palestinos. (Foto: Jack Guez / AFP)

En medio de inquietantes informes sobre un creciente número de muertes por hambre en la Franja de Gaza, un convoy de activistas árabes-judíos del movimiento “Standing Together” partió hacia el cruce de Kerem Shalom con alimentos para dos días y un raro mensaje de empatía transfronteriza.

Por Linda Dayan

8 de marzo de 2024

El jueves por la mañana [7 de marzo], un puñado de coches se preparó para salir de la estación central de trenes de Tel Aviv, ondeando banderitas moradas que decían, en hebreo y árabe, “No causarás hambre”. El pequeño convoy seguiría a un gran camión cuya caja transportaba cajas de alimentos, destinadas a los hambrientos de la Franja de Gaza.

Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU para los territorio palestinos ocupados, dijo a los periodistas el miércoles que el hambre en Gaza ha “alcanzado niveles catastróficos”, con al menos 20 niños muertos de hambre en medio de la guerra de Israel con Hamás.

El profesor Roni Strier, jefe del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria de Israel, también ha pedido un alto al fuego, citando las graves condiciones en Gaza.

Palestinos hacen cola para recibir comida gratis en Rafah, Franja de Gaza, en febrero. (Foto: Fatima Shbair / AP)

Standing Together, un movimiento de coexistencia entre árabes y judíos que ha desempeñado un papel importante en las manifestaciones de alto al fuego, organizó este convoy en solo dos días. La organización le ha pedido a personas en todo Israel que lleven alimentos no perecederos a los puntos de encuentro y que se unan a ellos en el viaje hasta el paso fronterizo de Kerem Shalom, donde la ayuda puede entrar a Gaza. Es el mismo cruce donde manifestantes de derecha del grupo Tzav 9 han estado tratando de bloquear los camiones de ayuda, alegando que mientras los cautivos israelíes estén retenidos en Gaza, Israel no debería enviar suministros al enemigo.

“El propósito es llevar ayuda humanitaria a los residentes de Gaza, a las personas bajo bombardeos y guerra”, explicó Rula Daoud, codirectora nacional de Standing Together, mientras el convoy se preparaba para partir de la estación de tren. “En las últimas dos semanas, hemos visto cuerpos famélicos. En solo una semana, vimos en las noticias que tristemente 13 niños palestinos han muerto de hambre, porque no hay comida. Esto se debe a que Israel no permite la entrada de ayuda humanitaria, y lo poco que autorizan que entre es retenido por manifestantes de grupos de colonos que se sientan en el cruce y bloquean su entrada”.

Manifestantes rezan en febrero durante una protesta contra la entrega de ayuda humanitaria a Gaza, en el cruce de Kerem Shalom. (Foto: Susana Vera / Reuters)

Y continuó: “Está mal matar de hambre a la gente. Eso no ayuda a ninguno de nosotros. Ni a los israelíes que viven en Israel, ni a los rehenes israelíes en Gaza que tampoco reciben alimentos y pasan hambre. Y tampoco a los gazatíes, los 2.2 millones de personas que están en medio de una guerra, la gran mayoría de los cuales son inocentes y no tienen ninguna responsabilidad por esta guerra, y están sufriendo de hambre”. La organización quiere llevar el mensaje, dijo, de que en Israel hay quienes no quieren que esta hambre continúe.

Mientras Daoud hablaba, los organizadores repartieron banderas moradas a otros conductores que se unieron al convoy, junto con cintas amarillas para atar alrededor de las puertas de sus autos, un recordatorio de los 134 rehenes que aún son retenidos en Gaza. “Lo más importante es un alto al fuego. La muerte debe parar, el hambre debe parar y las personas no deben estar en cautiverio por más de 150 días”, dijo. “Eso es lo que tenemos que exigir en este momento”.

Palestinos cargan bolsas de harina que tomaron de un camión de ayuda cerca de un puesto de control israelí, en la ciudad de Gaza, en febrero. (Foto: Stringer / Reuters)

Aunque la ayuda de otros países, incluidos los estados árabes, ayuda a Gaza, dijo que le gustaría ver que ejercieran más presión sobre Israel para que ponga fin a la guerra a través de un acuerdo de alto al fuego. Con respecto a ejercer tal presión sobre Hamas, que según funcionarios estadounidenses involucrados en las negociaciones aún no ha aprobado el acuerdo de alto al fuego que Israel ya ha aceptado, dijo: “La responsabilidad por la vida de las personas está en manos de los líderes. Nos guste o no, este es el liderazgo que tenemos en Israel y, lamentablemente, [Hamas] es el liderazgo que existe en Gaza… Y ellos son los que participan en las negociaciones”.

“La gente en ambos lados está sufriendo, porque ambos lados tienen un liderazgo que ha decidido que las vidas humanas no son una prioridad principal”, añade. “Sé que esta comparación a menudo es incorrecta, pero estos son los canales oficiales que tenemos”.

Daoud dio una breve sesión informativa a los activistas, que se repetiría a medida que el convoy recogiera a más miembros en cada estación del viaje a Kerem Shalom. Si el grupo es obstaculizado por la policía, no te pelees con ellos. Si un manifestante de derecha se te mete en la cara, no te involucres. “No queremos enfrentamientos, no queremos que arresten a nadie y, especialmente, no queremos violencia”, dijo.

Si el camión de ayuda es bloqueado en Kerem Shalom porque se considera una zona militar cerrada, saldremos de nuestros autos y llevaremos la comida allí a pie, dijo. Si eso no es posible, el movimiento está trabajando con organizaciones internacionales que coordinan la ayuda, dijo, para garantizar que los alimentos lleguen a Gaza de todos modos.

Cabe señalar que el cargamento llevaba menos de dos días recolectando alimentos — una cantidad modesta. También parecía que todos los activistas sabían que era poco probable que se les permitiera entrar a la Franja ese día, incluso si podían acercarse al cruce fronterizo. Lo que principalmente llevan, al parecer, es el mensaje de empatía transfronteriza.

Activistas del movimiento “Standing Together” llenan un camión con ayuda alimentaria antes de conducir un convoy a la frontera con la Franja de Gaza el jueves [7 de marzo]. (Foto: Jack Guez / AFP)

En Ashkelon, más activistas se unieron al convoy. Uno de ellos era Naser, un estudiante de cine y música lleno de energía. El residente de Haifa, de 20 años, ha sido miembro de la organización durante poco más de seis meses y ahora es empleado del grupo. “Es muy difícil para mí ver fotos de personas que literalmente se están muriendo de hambre — no es aceptable, no es realista, no es humano”, dijo. “Haremos cualquier cosa para cambiarlo — aunque sea un poco. Trajimos comida, y nos trasladamos nosotros mismos — trajimos tanta energía, tanta ira y tanta esperanza. Trajimos el deseo de que exista una asociación incondicional de árabes y judíos, palestinos y judíos”.

Siguiendo al camión, el convoy de unos 20 autos se desplazó hacia el sur por la Ruta 232, a través de las comunidades fronterizas con Gaza — exuberantes, verdes y vacías, salvo por los camiones militares. A los lados de la carretera, esporádicas anémonas rojas se asomaban entre la hierba, así como un refugio antiaéreo de hormigón pintado de colores y acribillado con agujeros de bala. Árboles chaparros estallaban con nísperos anaranjados, y las instalaciones agrícolas vacías seguían allí chamuscadas y estropeadas por los ataques con cohetes. Con cada kilómetro, las masacres del 7 de octubre iban dejando sus huellas.

Estaba en un coche con Noa, que trabaja para Gisha, la ONG israelí de libertad de movimiento, y Dotan Halevy, profesor del Medio Oriente moderno en la Universidad Ben-Gurion. A lo largo del viaje, los dos se pusieron al día sobre la vida de sus amigos activistas, señalaron puntos de referencia y hablaron sobre Gaza, que a veces podía verse desde la carretera.

“Es importante hacer algo”, dijo Halevy, “con las imágenes y los mensajes que están saliendo de Gaza, de personas que se están muriendo de hambre, sentí que si podía hacer algo en respuesta a eso, prefiero hacerlo en lugar de simplemente quedarme sentado y sentir que no hay forma de bregar con lo que está sucediendo”.

Un convoy de 30 vehículos conducido por activistas israelíes del movimiento “Standing Together” se reúne en la ciudad de Ashkelon el jueves [7 de marzo] en el sur de Israel, antes de dirigirse a la frontera con la Franja de Gaza. (Foto: Jack Guez / AFP)

Por Nir Yitzhak

A unos 10 kilómetros (6 millas) de Kerem Shalom, el convoy se acercó a un puesto de control improvisado — no algo inusual en un área donde la mayoría de las ciudades ahora son zonas militares cerradas. Los soldados y policías encargados no dejaban pasar al camión. Mientras otros autos pasaban en fila india, una mujer bajó la ventanilla para preguntar a los activistas qué estaban haciendo. Después de que le explicaron la ayuda alimentaria, ella dijo: “Estoy con ustedes. Soy viuda de un policía — siento empatía por todos”. Ella los saludó con la mano y les deseó lo mejor.

Un grupo más grande de policías llegó y les dijo a los activistas que debían desalojar el costado de la carretera en tres minutos, o su convoy sería remolcado a su costa. Suf, activista de Standing Together, dio una declaración improvisada a la prensa desde la caja del camión: “La policía nos está bloqueando aquí, a pesar de permitir que los manifestantes que bloquean los camiones de ayuda del gobierno israelí llegaran al cruce [de Kerem Shalom]. ¡No nos callaremos! Esta comida llegará a Gaza… haremos lo que sea necesario para garantizar que la gente de esta tierra, israelíes y palestinos, vivan con dignidad y no mueran de hambre”.

Al borde de la carretera, como la policía no había cumplido con la amenaza, Halevy y algunos otros activistas estaban hablando con un hombre con un uniforme de las FDI que lo designaba como general de brigada. Con voz suave, explicó los esfuerzos de los militares por llevar alimentos a la Franja y los desafíos que han encontrado al hacerlo. Los activistas hacían preguntas, y de vez en cuando él también lo hacía. Al final, ambos lados de la discusión parecieron irse pensando lo mismo: que el otro no tenía la imagen completa, pero que en general tenía buenas intenciones.

Algo derrotado, el convoy dio una vuelta en U y se detuvo en una granja de ovejas cercana para que Daoud se dirigiera a los activistas y a los periodistas. Mientras discutía la importancia de una solución política a esta guerra y la importancia de la acción del convoy, un joven comenzó a acercarse, gritándoles a los activistas reunidos: “¡Aquí han asesinado a la gente!”, fulminó cuando Daoud terminó su discurso. “¡Qué vergüenza! ¡Hay gente peleando en Gaza ahora para que ustedes puedan estar aquí!”. Mientras él seguía con su diatriba, Halevy lo apartó hacia un lado para tener una discusión más tranquila.

Con él iba un hombre de larga barba gris y camisa Tsav 9; había estado en Kerem Shalom esa mañana. Una de las activistas, una mujer más joven y un poco distraída que al presentarse me había preguntado si era periodista, ofreciéndome una porción de frutos secos y exclamando maravillada por lo pequeños que son mis pies, entabló una conversación con él. Él le dijo que ese día la Policía Fronteriza solo les permitió bloquear el envío de ayuda durante una hora. “Fueron duros hoy”, le dijo, antes de preguntarle por qué estaban allí.

“Estamos aquí para llevarle comida a los habitantes de Gaza — o sea una visión del mundo opuesta a la tuya”, se rió alegremente.

“¡A los gazatíes!”, exclamó. “Tienen comida, ¿para qué necesitan hacer eso?”

Él mismo había sido evacuado de Gush Katif, los bloques de asentamientos en la Franja de Gaza que Israel desmanteló en 2005. El activista le preguntó si quería volver. “Si el pueblo israelí quiere que vuelva, volveré”, respondió. Le explicó su movimiento a la hippie curiosa: “Estoy a favor de la organización”, dijo. “Mientras no ayuden a nuestros rehenes allí, no los vamos a ayudar. Es cosa mutua… ¿Por qué merecen comida cuando los rehenes no?”

“Entonces, ¿lo que te motiva son los rehenes?” se preguntó ella. “Sí. Tenemos esa prioridad en común”, algo que la emocionó. “Todos queremos que los rehenes salgan de allí”, sonrió. “Todos queremos la paz”. Sí, dijo él, pero “ellos” no. Hablaron un poco más, sobre la paz y de quién es responsable de ella y cuándo, hasta que un activista masculino interrumpió para hacerle preguntas al hombre, su tono acusatorio. La joven suspiró y dejó que comenzara el argumento.


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