Funcionarios del gobierno israelí lideran la defensa de los criminales
El caso de abuso sexual que sacude al ejército israelí estalló cuando los médicos hicieron sonar la alarma decía un titular de primera plana en el Wall Street Journal del 6 de agosto. “Las heridas de la presunta víctima palestina eran tan graves que hubo necesidad de cirugía, lo que desencadenó la inusual decisión de Israel de investigar a sus propios reservistas”, continuó el subtítulo.
El detallado informe documentó la conmoción que experimentaron los trabajadores médicos israelíes cuando les fue llevado el prisionero palestino para recibir tratamiento, después de los horribles abusos que sufrió por parte de los soldados israelíes en la prisión de Sde Teiman en el desierto de Negev.
“Fue algo horroroso”, dijo un miembro del personal médico al Journal. “Es fijar la norma tan abajo que no sé cómo pueda ser mayor nuestro deterioro moral. Yo sabía que cosas así podían suceder, pero nunca había presenciado algo así”.
La víctima de esta brutal violencia, informó el Journal, “tenía lesiones potencialmente mortales, entre ellas costillas rotas, ‘signos obvios de agresión’ en el abdomen y el pecho, y una lesión grave en el recto probablemente causada por la inserción de un objeto extraño, dijo uno de los miembros del personal médico”.
A pesar de lo espantoso que es este incidente, es solo uno de los muchos que ahora están saliendo a la luz pública.
A continuación reproducimos un artículo de la edición del 5 de agosto del diario israelí Haaretz: Tortura, abuso sexual y humillación | Docenas de testimonios de prisioneros palestinos describen las condiciones en las cárceles israelíes durante la guerra en Gaza.
“Un nuevo informe de la ONG israelí-palestina B’Tselem”, explica el artículo, “revela docenas de testimonios de palestinos detenidos por Israel desde que comenzó la guerra en Gaza. La mayoría fueron puestos en libertad sin enjuiciamiento, y sus relatos detallan abusos rutinarios, hambre, humillación, privación del sueño y la denegación de tratamiento médico”.
El artículo de Haaretz concluye informando que: “El Servicio de Prisiones de Israel señaló que ‘Desde el estallido de la guerra, bajo la dirección del Ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir, las condiciones para los prisioneros de seguridad se han endurecido, y ahora se han revocado las condiciones previamente mejoradas para los terroristas’.
Ben-Gvir es uno de los miembros de extrema derecha del gobierno israelí liderado por el primer ministro Benjamin Netanyahu.
Un editorial en el Haaretz del 8 de agosto, Corrompidas por el deseo de venganza, las prisiones israelíes se han convertido en centros de abuso, volvió a reiterar el informe de B’Tselem. Expresó la opinión de los editores de que el informe “no deja lugar a dudas: el sistema penitenciario israelí funciona como una instalación para abusar de los reclusos”.
Y afirmó: “No se trata de un error, sino de una política [énfasis añadido]. Los numerosos testimonios prueban que el “espíritu del comandante”, Ben-Gvir, se ha filtrado e incluso ha dado “luz verde” a los guardias de la prisión y a los soldados para hacer lo que quieran con los prisioneros, con impunidad…. Estos casos impactantes obligan a la sociedad israelí a reconocer el uso de la violencia sexual contra los palestinos durante la guerra. El deseo de venganza corrompe”.
Concluyó: “Los derechos de los prisioneros y detenidos están entre los ámbitos por los cuales se juzga la moralidad de una sociedad”.
B’Tselem es el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados. En su página web, la organización explica que “lucha por un futuro en el que los derechos humanos, la libertad y la igualdad estén garantizados para todas las personas, palestinas y judías por igual, que viven entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Ese futuro sólo será posible cuando se acaben la ocupación israelí y el régimen del apartheid. Ese es el futuro por el que estamos laborando”.
‘Bienvenidos al infierno’
“Bienvenidos al infierno”, es el título del informe de B’Tselem, con el subtítulo “El sistema penitenciario israelí como una red de campos de tortura”.
El nombre del informe se basa en el testimonio de Fouad Hassan, un palestino de 45 años de Qusrah, en el distrito de Nablus, Cisjordania. “Nos llevaron a Meggido”, donde se encuentra una prisión israelí, le dijo a B’Tselem. “Cuando nos bajamos del autobús, un soldado nos dijo: ‘Bienvenidos al infierno'”.
El documento de 12 páginas que resume el informe de B’Tselem comienza así:
Este informe se refiere al trato que reciben los presos palestinos y a las condiciones inhumanas a las que han sido sometidos en las cárceles israelíes desde el 7 de octubre de 2023. La investigación de B’Tselem para el informe incluye la recopilación de testimonios de 55 palestinos que fueron encarcelados en prisiones y centros de detención israelíes durante este tiempo. Treinta de los testigos son residentes de Cisjordania, incluso Jerusalén Este; 21 son residentes de la Franja de Gaza; y cuatro son ciudadanos israelíes. Los testimonios fueron entregados a B’Tselem después de que los testigos fueran liberados de prisión, la inmensa mayoría de ellos sin ser juzgados.
Los testimonios indican claramente una política sistémica e institucional centrada en el abuso continuo y la tortura de todos los prisioneros palestinos en manos de Israel:
Actos frecuentes de violencia severa y arbitraria; agresión sexual; la humillación y la degradación, la privación deliberada de alimentos; condiciones antihigiénicas forzadas; privación del sueño, prohibición y medidas punitivas de observar el culto religioso; confiscación de todos los bienes comunes y personales; y la denegación de un tratamiento médico adecuado: estas descripciones aparecen una y otra vez en los testimonios, con detalles espeluznantes y con similitudes escalofriantes.
A lo largo de los años, Israel ha encarcelado a cientos de miles de palestinos en sus cárceles, que siempre han servido, sobre todo, como herramienta para oprimir y controlar a la población palestina. Las historias presentadas en este informe son la historia de miles de palestinos, residentes de los Territorios Ocupados y ciudadanos de Israel, que han sido arrestados desde el comienzo de la guerra, así como de palestinos ya encarcelados el 7 de octubre, quienes desde ese día experimentaron el aumento masivo de la hostilidad de las autoridades penitenciarias.
El resumen en inglés puede leerse íntegramente aquí. El texto completo en inglés del informe de 117 páginas puede leerse aquí. Concluye con el siguiente llamado:
En el momento de redactar el presente informe, más de 9 mil personas —palestinos clasificados como “prisioneros de seguridad”— están retenidas por Israel en una red de campos de tortura, sometidas a las condiciones y abusos descritos en el presente informe. Esta realidad es inaceptable y nos llena, tanto a israelíes como a palestinos que creemos en la justicia, la libertad y los derechos humanos, de vergüenza, ansiedad y rabia.
Hacemos un llamado a todas las naciones y a todas las instituciones y organismos internacionales instándoles a que hagan todo lo que esté a su alcance para poner fin de inmediato a las crueldades infligidas a los palestinos por el sistema penitenciario de Israel, y para que reconozcan que el régimen israelí que opera este sistema es un régimen de apartheid que debe llegar a su fin.
Los ultraderechistas intentan bloquear las detenciones
El horrible abuso sexual observado por médicos israelíes obligó a las autoridades israelíes a actuar. “El ejército israelí allanó una de sus propias prisiones en el sur de Israel el lunes [29 de julio]”, informó el Journal el 30 de julio, “deteniendo a nueve reservistas bajo la acusación de que habían abusado de un prisionero palestino que había estado detenido en la instalación.
“La redada envió ondas de choque por todo Israel”, continuó el Journal, “e incitó a manifestantes y políticos de derecha a presentarse al lugar y romper las puertas de las instalaciones. Los manifestantes también irrumpieron por separado en una instalación militar y un edificio judicial en Beit Lid, en el centro de Israel, donde los reservistas de Sde Teiman fueron llevados para ser interrogados.
Esta turba en la tristemente célebre prisión de Sde Teiman fue liderada por miembros de la coalición gobernante de Israel.
Un editorial en el Haaretz del 30 de julio informó que cuando miembros de la Oficina del Fiscal General Militar entraron a la prisión para detener al acusado:
“Algunos de los soldados se negaron a ir, se atrincheraron en el interior y rociaron gas pimienta contra los agentes de la Policía Militar — una conducta que refleja el desorden dentro de las fuerzas armadas. Pero el fracaso no se limitó a eso. A raíz de las detenciones, decenas de manifestantes llegaron a Sde Teiman para protestar por la detención de los soldados, irrumpieron en la puerta y entraron en la base. Les acompañaban nada menos que el MK Tzvi Succot (Sionismo Religioso) y el Ministro de Patrimonio Amichai Eliyahu,[1] quien fue grabado gritando, junto a los manifestantes: “Muerte a los terroristas”. El diputado Almog Cohen (Otzma Yehudit) también acudió a la protesta. Los miembros de la extrema derecha actuaron como milicianos e irrumpieron en una instalación del ejército en protesta contra la Policía Militar”.
Haaretz continuó: “Y como para confirmar que la podredumbre lo ha impregnado todo, el diputado Yuli Edelstein, presidente del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knéset, anunció que convocará una reunión extraordinaria para discutir los arrestos y la conducta del fiscal general militar y la Policía Militar.
“En este mundo al revés”, observó Haaretz, “el problema no son los reservistas que supuestamente maltrataron a un detenido, ni los soldados que se atrincheraron dentro de las instalaciones y rechazaron las órdenes de la Policía Militar de salir, ni los diputados que supuestamente irrumpieron en la base, ni los oficiales de policía que se mantuvieron al margen, ni los ministros que se apresuraron a expresar su apoyo a los reservistas (Bezalel Smotrich: “Hago un llamado al fiscal general militar, que quite sus manos de nuestros heroicos combatientes”) — sino más bien es la Oficina del Fiscal General Militar. A ellos es a los que se les pide que den respuestas”.
‘Decadencia moral’
En una columna de opinión de Haaretz del 5 de agosto, la abogada de derechos humanos Sapir Sluzker Amran argumentó: “Cualquiera que esté familiarizado con el sistema legal militar y le siga la pista sabe que si hubiera sido posible encubrir los eventos en Sde Teiman, de hecho habrían sido encubiertos”.
La cobertura del Wall Street Journal apoya este punto de vista.
“El caso solo se produjo porque la víctima fue trasladada a un hospital civil”, escribió el Journal, “y las personas que lo trataron expresaron su preocupación”, dijo Naji Abbas, director del Departamento de Prisioneros y Detenidos de la organización sin fines de lucro Médicos por los Derechos Humanos de Israel.
“El médico israelí Yoel Donchin”, continuó, “confirmó al Journal que vio al detenido presuntamente abusado y quedó conmocionado por su condición, lo que ya le había dicho al periódico israelí Haaretz. Le dijo al periódico que ‘no podía creer que un guardia de una prisión israelí pudiera hacer algo así'”.
En su artículo, Al legitimar la violación, la sociedad israelí da un paso más hacia la decadencia moral, Amran declaró: “No está claro si a estas alturas siguen existiendo límites o líneas rojas, pero sin embargo es necesario insistir: no hay justificaciones ni circunstancias atenuantes para el abuso sexual y la violación”.
Amran señaló las justificaciones que han sido ofrecidas por los derechistas israelíes que creen que la tortura de los palestinos debe ser celebrada, no castigada.
“La diputada del Likud Tali Gotliv, conocida como ‘El ángel que defiende a los violadores‘, tuvo la oportunidad de volver a sus días como abogada defensora”, escribió Amran. “Ella se unió a los disturbios [en Sde Taiman] y gritó por un megáfono que ‘no importa lo que haya pasado’ porque ‘cuando se trata de los soldados y combatientes que son los guardas de los terroristas de Nukhba, nadie puede arrestarlos’. De fondo, alguien gritaba: “Inmunidad para los combatientes”. El diputado del Likud Hanoch Milwidsky también se unió al equipo de defensa, y en una discusión en la Knéset respaldó plenamente los hechos diciendo: ‘Cuando se trata de un terrorista de Nukhba, todo acto es legítimo'”.
Nukhba es el nombre de una unidad élite de combate de Hamás, que supuestamente estuvo involucrada en los ataques del 7 de octubre en Israel.
El Journal informó sobre justificaciones igualmente obscenas para la tortura.
“En un acalorado intercambio en el parlamento de Israel la semana pasada”, escribió el Journal, “un legislador le preguntó a otro: ‘Insertar un palo en el recto de una persona, ¿es eso legítimo?’
“’Sí’ respondió Hanoch Milwidsky, miembro del Likud. Si él es un Nukhba, todo lo que se le puede hacer es legítimo. Todo'”.
El llamado de B’Tselem a “todas las instituciones y organismos internacionales para que hagan todo lo que esté a su alcance para poner fin de inmediato a las crueldades infligidas a los palestinos” es oportuno y necesario. Hay que sacar a la luz todos los hechos relativos a los cargos de violación y otras denuncias de tortura en las cárceles israelíes. El informe de B’Tselem merece la más amplia circulación.
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El título, los subtítulos, el texto y las fotos de este artículo de Haaretz son del original, que publicamos para información de nuestros lectores. Las notas son de Panorama-Mundial.
—Los editores de Panorama-Mundial
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Tortura, abuso sexual y humillación |
Decenas de testimonios de prisioneros palestinos describen las condiciones en las cárceles israelíes durante la guerra en Gaza
Un nuevo informe de la ONG israelí-palestina B’Tselem revela decenas de testimonios de palestinos detenidos por Israel desde que comenzó la guerra en Gaza. La mayoría fueron puestos en libertad sin enjuiciamiento, y sus relatos detallan abusos rutinarios, hambre, humillación, privación del sueño y denegación de tratamiento médico
Por Hagar Shezaf 5 de agosto de 2024
Decenas de palestinos que han estado detenidos en prisiones y centros de detención israelíes desde el comienzo de la guerra en Gaza describen experiencias de tortura, abuso sexual, violencia, humillación, hambre y denegación de tratamiento médico adecuado, según un nuevo informe publicado el lunes por la organización israelí de derechos humanos B’Tselem.
Según el informe, los testimonios acumulados apuntan a una política sistemática e institucional de abuso y tortura de palestinos en las cárceles israelíes. También afirma que las prisiones se han convertido efectivamente en campos de tortura bajo la dirección del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.
Según los datos del Servicio de Prisiones proporcionados a HaMoked, el Centro para la Defensa del Individuo, hasta el 1 de agosto 9,881 palestinos estaban recluidos en prisiones israelíes, de los cuales 3,432 son por detenciones administrativas sin acusación ni juicio. 1,584 fueron detenidos en virtud de la Ley de Combatientes Ilegales, que le permite al Estado retenerlos sin acusación e impedir que se reúnan con un abogado durante períodos especialmente largos.
El informe de B’Tselem recoge el testimonio de 55 palestinos retenidos en prisiones y centros de detención. Treinta de ellos son residentes de Cisjordania y Jerusalén, 21 son residentes de Gaza y cuatro son ciudadanos israelíes. B’Tselem afirma que la mayoría de los testigos fueron puestos en libertad sin acusación.
El informe enumera al menos 60 casos de prisioneros palestinos que han muerto desde el comienzo de la guerra, entre ellos 48 prisioneros de Gaza que murieron en centros de detención del ejército y 12 que murieron bajo custodia del Servicio de Prisiones. Algunas de las circunstancias plantean el temor de que haya abuso y denegación de tratamiento médico.
Muchos de los testimonios del informe se refieren a la unidad Keter del Servicio Penitenciario, que funciona como una fuerza especializada para controlar los disturbios. De acuerdo con los testimonios del informe, sus miembros visten uniformes negros sin insignias de identificación y tienen el rostro cubierto. El informe señala que, de acuerdo con los testimonios, la unidad juega un papel clave en la tortura y el abuso físico, sexual y psicológico de los reclusos.
Uno de los testimonios más severos del informe se refiere a las agresiones sexuales y los actos de sodomía cometidos por funcionarios de prisiones contra un recluso en la prisión de Ketziot en octubre. De acuerdo con el testimonio de “A.H.” (cuyo nombre y datos de identificación no se incluyen en el informe), padre de un niño del distrito de Hebrón, en Cisjordania, miembros de la unidad de primera respuesta del Servicio Penitenciario (conocida por su acrónimo hebreo Keter) arrojaron agua al suelo y ordenaron a los detenidos que salieran de sus celdas para limpiarlo.
“Nos ataron las manos a la espalda con ligamentos y luego nos arrastraron uno a uno por la fuerza hasta el pasillo. Desde la celda escuché el llanto y los gritos de los detenidos que fueron llevados y golpeados antes que yo”, dijo. “Cuando llegué al comedor, vi a los otros prisioneros de mi celda. Todos estaban completamente desnudos y sangrando. Los tiraron uno encima del otro”.
Según su testimonio, los guardias obligaron a los prisioneros a maldecir a sus propias madres, a Hamás y a su líder Yahya Sinwar, a besar la bandera israelí y a cantar el himno nacional de Israel.
Dos de los guardias entonces desnudaron a A.H. “Me tiraron encima de los otros presos. Uno de ellos trajo una zanahoria y trató de metérmela en el ano. Mientras intentaba meter la zanahoria, algunos de los otros me filmaron con sus teléfonos celulares. Grité de dolor y horror. Continuó así durante unos tres minutos”.
‘Nos ordenaron saludar a la bandera israelí’
El informe, titulado “Bienvenidos al infierno”, incluye testimonios adicionales que describen golpizas en los genitales, el uso de palos y herramientas de metal, fotografiar a prisioneros desnudos, agarrar sus genitales y realizar registros al desnudo de todo el cuerpo.
Sami Khalili, de 41 años, que estuvo recluido en la prisión de Ketziot, describe en el informe uno de esos incidentes violentos. “Nos llevaron a una habitación que tenía mucha ropa, zapatos, anillos y relojes esparcidos por su interior. Nos desnudaron e incluso tuvimos que quitarnos la ropa interior. Nos registraron con un detector de metales de mano. Nos obligaron a abrir las piernas y luego sentarnos medio agachados. Luego comenzaron a golpearnos en nuestras partes íntimas con el detector. Nos llovían los golpes. Luego nos ordenaron saludar a una bandera israelí que estaba colgada en la pared”, dijo.
Agregó que cuando se negó a saludar a la bandera, dos guardias de la unidad Keter lo golpearon y le pegaron con la rodilla en el estómago hasta que cayó y vomitó. Luego fue golpeado en sus partes íntimas.
Otro preso, Thaer Halahleh, de 45 años, residente de la aldea cisjordana de Kharas, también relató la violencia y los ataques con perros en el camino al autobús de la prisión: “Cada miembro de Nachshon [la unidad de transporte de prisioneros] sostenía a un detenido, y otro sostenía a un perro y dejaba que nos atacara. El perro tenía un bozal de metal, y el guardia seguía aflojando la correa y luego tirando de ella hacia atrás. Era muy aterrador. Cada vez que intentaba alejarme del perro, el guardia me pateaba fuertemente en las piernas, y otro guardia me agarraba por los testículos y me empujaba hacia adelante con fuerza mientras me insultaba. Estaba muy enojado y me sentí extremadamente humillado frente a los otros detenidos”, dijo.
El informe detalla testimonios de violencia que incluyen el uso de gas pimienta, granadas aturdidoras, palos, barrotes de madera y metal, pistolas Taser, ataques de perros y golpizas. Según B’Tselem, las agresiones, que provocaron lesiones, pérdida de conciencia y muerte, fueron descritas por los presos como una parte habitual de la rutina carcelaria.
El preso Ashraf al-Muhtaseb, de 53 años y padre de cinco hijos, de Hebrón, fue recluido en los centros de detención de Etzion, Ofer y Ketziot. Describió uno de esos incidentes violentos.
El 18 de noviembre, cinco miembros de la unidad Keter, guardias y un oficial entraron en su celda, afirmando que estaban buscando una radio. “Nos golpearon con porras, nos dieron puñetazos y patadas por todo el cuerpo. Introdujeron un perro en la celda, que atacó a un joven detenido y le arañó gravemente la espalda. Todos resultamos gravemente heridos en ese ataque. Cuando terminó, nos acostamos en el suelo”, afirma su testimonio.
“Me apoyé en una pared. Tenía las costillas rotas y tenía lesiones en el hombro derecho, el pulgar derecho y un dedo de la mano izquierda. No pude moverme ni respirar durante media hora. Todos a mi alrededor gritaban de dolor, y algunos reclusos lloraban. La mayoría sangraba. Fue una pesadilla más allá de las palabras”, agregó.
Amputarse una pierna o morir
Otra cuestión clave del informe es la privación de tratamiento médico para los presos. Sofian Abu Selah, de 43 años y padre de cuatro hijos, fue detenido en la base militar de Sde Teiman. Después de que los soldados lo maltrataran físicamente, tuvieron que amputarle la pierna por falta de tratamiento médico.
Abu Selah testificó que cuando fue arrestado en Gaza, primero lo llevaron a un centro de detención improvisado donde lo golpearon con una porra y lo patearon durante el interrogatorio. Más tarde, él y otros 80 hombres fueron mantenidos en la misma posición, desnudos. “Nos metieron a todos en un camión, unas 80 personas apiladas una encima de la otra. No nos dejaban movernos ni hablar”, dijo.
Dijo que los soldados los golpeaban si pensaban que los prisioneros se habían movido, y él sintió una lesión en la pierna izquierda. Más tarde, le esposaron las manos a la espalda y lo trasladaron a un centro de investigaciones en Israel. “El primer día de detención, nos mantuvieron en la grava todo el día, atados de pies y manos. Solo dormía dos horas por la noche”, recordó.
Dijo que, después de dos días, sintió dolor e hinchazón en la pierna y le pidió a un guardia que lo revisara. “Le pedí al guardia de la prisión que llamara a alguien para que me revisara la pierna. Un soldado vino y tomó una foto de mi pierna, dos veces, para mostrársela al médico, pero nunca me respondió. Tuve dolor durante una semana y tuve una fiebre alta”.
Dijo que luego fue trasladado al hospital de Sde Teiman, donde esperó durante dos horas a un médico mientras estaba en el suelo con las manos y los pies esposados, y perdió el conocimiento. Cuando despertó, todavía con los ojos vendados, le dijeron que se había sometido a una cirugía, pero no sabía quién era el orador y no le proporcionaron detalles sobre el tratamiento. Más tarde fue trasladado a un hospital, donde un médico le dijo que tendrían que amputarle la pierna o moriría y que tenía que decidir.
“Fue la decisión más difícil de mi vida, decidir que me amputaran la pierna. Me sorprendió, sobre todo porque estaba solo y no había nadie de la familia conmigo para consultar”, recordó. En cuanto a la cirugía, dijo que lo trajeron esposado y con los ojos vendados, y luego lo enviaron de regreso a Sde Teiman, donde estuvo en el hospital durante cinco días, durante los cuales le cambiaron los vendajes solo una vez. Luego fue devuelto al centro de detención, donde los soldados lo castigaron exigiéndole que se parara sobre una pierna durante 30 minutos. Finalmente fue liberado en abril y devuelto a Gaza.
Si se queja uno ante el juez, va a pagar por ello
La mayoría de los testigos que figuran en el informe dijeron que no habían visto a un abogado durante toda su detención. Algunos describieron haber sido objeto de violencia en el camino a las audiencias legales, que solo se llevaron a cabo virtualmente, y amenazas por parte de los guardias para que no denunciaran la violencia y sus condiciones de vida.
“Nos llevaron uno por uno a una sala donde asistimos a nuestras audiencias a través de Zoom. En el camino, los miembros de Keter me golpearon muy fuerte en el pecho. Un guardia que hablaba árabe estaba en la habitación y escuchó toda la conversación entre yo, el juez y el abogado. Me amenazó con que si me quejaba ante el juez, lo pagaría”, dijo Firas Hassan, de 50 años, de la aldea de Hindaza, en Cisjordania, en su testimonio sobre su detención en la prisión de Ofer.
“El abogado me dijo antes de la audiencia que los jueces ya sabían de todo lo que estaba pasando en la cárcel, por lo que no tenía sentido hablar de eso. Aun así, en la audiencia me preguntó: ‘¿Has sido expuesto a la violencia en la cárcel?’ No me atreví a responder, porque tenía miedo de que los guardias tomaran represalias y me golpearan aún más brutalmente. […] Cada vez que me llevaban a la sala donde asistíamos a nuestras audiencias judiciales por Zoom, soportaba el mismo camino de tortura, golpizas y humillaciones”, relató.
Los prisioneros liberados también testificaron sobre varios métodos de privación del sueño, incluyendo dejar las luces de las celdas encendidas toda la noche o los guardias poniendo música a todo volumen. Otros hablaron de condiciones higiénicas muy difíciles después de que se confiscaran los artículos de aseo y limpieza, se cortara el agua y se limitara el acceso a las duchas.
“Sentíamos que nuestros cuerpos se estaban pudriendo con la mugre. Algunos de nosotros teníamos erupciones cutáneas. No había higiene. No había jabón, champú, cepillos para el cabello ni cortaúñas. Después de un mes y medio, conseguimos champú por primera vez”, dijo Muhammad Srur, de 34 años y padre de dos hijos, sobre su detención en la prisión de Nafha.
Otro testigo de Jerusalén Este, cuyo nombre no se reveló en el informe, dijo que debido a que el agua fluía en la sala de detención solo durante una hora al día, solo podían usar los baños de la celda durante esa hora, de lo contrario, era imposible tirar de la cadena. “A veces la gente no podía contenerse y era repugnante, causaba un hedor y malas condiciones de higiene”, dijo.
Según los testimonios, desde el 7 de octubre la cantidad de comida que se les daba a los presos se redujo drásticamente y su calidad era mala, lo que queda en evidencia por las fotos publicadas de los presos liberados que sufrieron una gran pérdida de peso. “La comida era terrible, tanto en cantidad como en calidad. Nos daban porciones que no satisfacían a nadie”, dijo Hisham Saleh, de 38 años, de la aldea de a-Sawiyah en Cisjordania, sobre su detención en la prisión de Ofer.
“La mayoría de las veces la comida estaba podrida, por ejemplo los huevos y el yogur. Una vez, cuando un detenido de la celda contigua a la nuestra pidió que le cambiaran el yogur porque ya había pasado la fecha de caducidad, castigaron a todos los reclusos de la celda: les pusieron perros, los golpearon con palos, los arrastraron al baño y los golpearon. Al día siguiente, todavía podía ver su sangre en el suelo”, agregó.
Otros testificaron sobre el hacinamiento extremo en las celdas, que aumentó en más del 100 por ciento desde el comienzo de la guerra. En consecuencia, los prisioneros carecían de camas y se veían obligados a dormir en el suelo. Los prisioneros testificaron que el empeoramiento de las condiciones significaba que no podían salir al patio durante largos períodos. “También nos prohibieron salir al patio, a diferencia de antes. Durante 191 días no vi el sol”, dijo Halahleh en su testimonio.
El Servicio de Prisiones de Israel: Las acusaciones son “infundadas”
El portavoz de las FDI declaró en respuesta que “las FDI operan de acuerdo con la ley israelí y el derecho internacional, protegiendo los derechos de las personas detenidas en sus instalaciones de detención. Cualquier abuso de los detenidos, ya sea durante su arresto o interrogatorio, es una violación de la ley y de las directrices de las FDI y está estrictamente prohibido. Las Fuerzas de Defensa de Israel se toman muy en serio este tipo de actos, ya que contradicen sus valores, e investigan a fondo las denuncias específicas de abusos a los detenidos. Las FDI rechazan categóricamente las denuncias de abuso sistemático de los detenidos en sus instalaciones”.
Además, las FDI declararon: “Las FDI tienen varios mecanismos de supervisión para garantizar que el centro de detención de Sde Teiman se administre de acuerdo con las órdenes y la ley de las FDI. Estos incluyen visitas de inspección por parte de oficiales superiores no asignados a la instalación, que posteriormente publican informes de inspección, monitoreo continuo a través de circuito cerrado de televisión, discusiones periódicas de control por la Dirección de Operaciones de las FDI, supervisión del comandante de la instalación, y más. Las denuncias específicas relativas a faltas de conducta o condiciones de detención inadecuadas se remiten a las autoridades pertinentes de las FDI y se abordan debidamente”.
El Servicio de Prisiones de Israel respondió, declarando: “El Servicio de Prisiones de Israel es parte del sistema de seguridad y aplicación de la ley de Israel, opera bajo la ley y está sujeto a la supervisión constante del Contralor del Estado y varios otros supervisores oficiales. Todos los presos están recluidos legalmente, y sus derechos básicos son plenamente garantizados por guardias y comandantes capacitados y profesionales”.
El comunicado agregó: “Las reclamaciones citadas no se han presentado oficialmente al Servicio Penitenciario y se cree que son infundadas. Sin embargo, todo preso tiene derecho a presentar una denuncia oficial a través de los canales adecuados, y sus reclamaciones serán investigadas por las autoridades competentes”.
El Servicio de Prisiones de Israel señaló que “desde el estallido de la guerra, según la dirección del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, las condiciones para los prisioneros de seguridad se han endurecido, y ahora se han revocado las condiciones anteriormente mejoradas para los terroristas.
El comunicado concluyó diciendo: “Para procedimientos legales y problemas dentro de los centros de detención militar, es necesario ponerse en contacto con los organismos pertinentes”.
NOTAS
[1] MK se refiere a Miembro de la Knéset, el parlamento israelí. Tvi Succot es miembro del Partido Religioso Nacional, dirigido por Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas del gobierno de Netanyahu. Smotrich es una destacada figura derechista en ese gobierno, un partidario del movimiento de colonos de Israel y un supremacista judío que ahora tiene una enorme autoridad sobre las condiciones de vida de los palestinos en Cisjordania. Amichai Eliyahu es un ministro del gabinete, otro ultraderechista conocido por su sugerencia de que Israel debería usar armas nucleares en su guerra contra la Franja de Gaza.
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