A continuación Panorama-Mundial publica nuevamente la entrevista de Rashid Khalidi que apareció por primera vez en la revista Jacobin el 13 de octubre de 2024 para información de nuestros lectores. Animamos a otros a compartirlo con cualquiera que esté pensando en los acontecimientos en el Medio Oriente, que siguen estando al centro de la política mundial hoy día. (La introducción completa a esta entrevista por Panorama-Mundial puede encontrarse en la primera parte).
Como señala Jacobin, “Esta es una transcripción editada del podcast Long Reads de Jacobin. Puedes escuchar la entrevista en inglés aquí“.
El título, la breve introducción y el texto de la entrevista a continuación son del original. Las fotos y las notas al final son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la segunda de las cuales sigue.
(Esta es la segunda de dos partes. La primera puede encontrarse aquí).
Rashid Khalidi: “Israel está actuando con la plena aprobación de Estados Unidos”
(Segunda parte)

Entrevista con
RASHID KHALIDI
Tras 12 meses, no se vislumbra el final de la implacable embestida de Israel contra Gaza, que ahora se extiende al Líbano. El historiador Rashid Khalidi explica cómo Israel y Estados Unidos están obrando juntos para eliminar todos los límites a la violencia contra los civiles.
Entrevista realizada por
DANIEL FINN
La embestida de Israel contra Gaza ha continuado durante más de un año; no muestra signos de terminar, y el gobierno de Benjamin Netanyahu ahora ha expandido la guerra al Líbano, lo que resulta en más carnicería. Al momento de redactar este informe, todavía estamos esperando ver si Israel va a atacar a Irán, como ha prometido hacer, y de qué manera.
Rashid Khalidi es uno de los principales historiadores de la Palestina moderna. Habló con Jacobin sobre las implicaciones para el mundo de la matanza en Gaza, y sobre su perspectiva sobre el sistema universitario en Estados Unidos al jubilarse de su puesto como profesor en la Universidad Columbia. Esta es una transcripción editada del podcast Long Reads de la revista Jacobin. Puedes escuchar la entrevista aquí.
Daniel Finn: Hay otro sentido en el que se ha abierto una enorme brecha en el último año con respecto a toda discusión sobre los derechos humanos, el derecho internacional y un orden mundial basado en principios que vaya más allá de una cínica realpolitik basada en el Estado. Esa narrativa ha sido utilizada por la clase política de Estados Unidos y sus aliados para legitimar sus acciones y su papel en el mundo, particularmente durante los últimos veinticinco años. En los últimos doce meses, hemos visto importantes procesos legales contra Israel en la Corte Internacional de Justicia, y hemos visto al fiscal de la Corte Penal Internacional solicitar órdenes de arresto contra Netanyahu y Yoav Gallant. ¿Cuál cree usted que sea la importancia de esas medidas y el hecho de que Estados Unidos y sus aliados las hayan ignorado tan abiertamente?
Rashid Khalidi: Estados Unidos le ha propinado un mazazo a cualquier idea de un orden internacional basado en reglas. Le ha propinado un mazazo al derecho humanitario internacional y a las reglas de la guerra. Si es permisible matar a cientos de civiles para eliminar a un líder, entonces toda la idea del derecho internacional humanitario y las leyes de la guerra basadas en la proporcionalidad y el discernimiento se tira por la ventana.
Eso sucedió hace once meses en Gaza, cuando cuadras enteras de apartamentos se convirtieron en un vasto cráter humeante para matar a una persona. No sabemos el número exacto de muertos porque las víctimas fueron vaporizadas. En muchos casos, esto se ha realizado con armas estadounidenses. No podría continuar sin esas armas y sin la aprobación de Estados Unidos.
Estados Unidos le ha suministrado a Israel miles de bombas de dos mil libras con sistemas de orientación. Han utilizado estos armamentos para demoler por completo cualquier idea de un orden internacional basado en normas. Si no hay proporcionalidad ni discernimiento en el uso de la fuerza, se puede masacrar a cualquier cantidad de personas y afirmar que eran escudos humanos de alguna persona monstruosa y malvada a la que tuvimos que matar. No hay límites.
Ese es uno de los efectos trágicos y duraderos de esta guerra. No tiene nada que ver con Palestina, Israel, Líbano o el Medio Oriente en términos de su importancia futura. Ahora este es el modelo que cada estado podrá usar para librar una guerra contra sus enemigos. Ahora se han eliminado todos los límites. Hemos vuelto a donde estaban las cosas antes de la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial se hicieron cosas que condujeron a la creación de la Convención contra el Genocidio y varios aspectos del derecho internacional que uno hubiera esperado que perduraran. Ahora han sido demolidos. Hemos vuelto a la idea de permitir el genocidio y la matanza de un número incalculable de civiles si uno puede dar como pretexto la afirmación de que el objetivo era el individuo equis o el individuo zeta.
Por un lado, van a haber personas que intentarán mantener o restaurar un orden legal internacional — lo que los estadounidenses siguen llamando un orden internacional basado en reglas — mientras que, por otro lado, tenemos a la mayor potencia de la Tierra y a su Estado cliente ocupados en demoler ese orden y estableciendo los verdaderos parámetros en los que ellos y otros podrán operar.
Daniel Finn: En estos momentos, doce meses después del comienzo de la ofensiva israelí contra Gaza, la situación parece ser caótica e impredecible, con el potencial de convertirse en una guerra regional en toda regla que podría manifestarse de varias maneras diferentes. ¿Qué cree que pueda suceder como resultado de lo que hemos visto en las últimas semanas?
Rashid Khalidi: No puedo predecir el futuro, y no intentaré hacerlo. No sé qué va a pasar, pero puedo decirte cuáles son las tendencias en este momento. Si no se invierten, nos traerán más de lo que ya hemos visto.
Lo que comenzó en Gaza ahora se está extendiendo a Cisjordania en una escala más limitada pero sigue en expansión. Ahora se está implementando con toda fuerza en el Líbano, y uno teme que pueda extenderse a Irán si el gobierno de Netanyahu y sus muchos aliados, amigos y cómplices de la élite estadounidense se salen con la suya.

Lo que sí ha evolucionado ha sido la voluntad de participar en matanzas masivas y crímenes de guerra generalizados como castigo colectivo de toda una población, con el fin de forzar ciertos cambios. Eso es lo que Estados Unidos e Israel están haciendo en Gaza. El último episodio consiste en tratar de desplazar a medio millón de personas de la parte septentrional de Gaza y masacrar a tantas de ellas como sea necesario para incitarlas a que se trasladen, mientras siguen matando a entre 50 y 100 personas al día.
Esto tiene el objetivo de provocar un cambio de régimen. No estoy hablando aquí del aspecto militar, estoy hablando del tipo de régimen que están tratando de imponer en Gaza. Parece que pueden hacer lo mismo en Cisjordania, y Estados Unidos e Israel han proclamado que están haciendo lo mismo en el Líbano.
El Departamento de Estado ha dicho que Estados Unidos ya no está tratando de lograr un alto al fuego en el Líbano. Se adhiere a los objetivos de Israel, y Netanyahu dejó claros esos objetivos: quiere un cambio completo de régimen en el Líbano. Es de temer que esto se extienda a Irán.
Quisiera recordarle a la gente que el cambio de régimen en el Líbano tiene una historia. La guerra de 1982 pretendía, entre otras cosas, establecer un régimen amigable a Israel en el Líbano. Podemos ver cómo eso fue a acabar: nos dio más inestabilidad y nos dio a Hezbolá.
También nos dio los ataques contra los marines estadounidenses y la embajada de Estados Unidos, porque muchos libaneses sentían que Estados Unidos había participado en la matanza israelí de diecinueve mil palestinos durante la guerra de 1982. Creían que Estados Unidos había prometido proteger a los civiles que se quedaron detrás cuando la OLP abandonó Beirut en agosto de 1982, pero esas personas fueron masacradas en Sabra y Chatila.
Lo que Haig y Sharon intentaron hacer en el Líbano no resultó bien. El intento de llevar a cabo un cambio de régimen en Irak tampoco resultó bien. Irak está más cerca de ser un cliente iraní que de ser un cliente estadounidense. En 2024 se están disparando cohetes contra las tropas estadounidenses en Irak y se están disparando cohetes contra Israel desde Irak.
No tengo ni idea de lo que va a pasar, pero esas parecen ser las tendencias en marcha, con una normalización del genocidio y la matanza masiva como política, para lograr ciertos objetivos políticos. Puedo decirles que, con base en la experiencia pasada, estas cosas no salen bien — obviamente no para la población que es sometida a matanzas masivas, y tampoco para la gente que está intentando implementar estos cambios.
Daniel Finn: Está claro que este es uno de los momentos más difíciles, si no el más difícil, al que se ha enfrentado el pueblo palestino en todo el período desde la Nakba. Obviamente, es muy difícil hablar en estas circunstancias sobre las perspectivas que enfrentan los palestinos y cuál podría ser el camino a seguir a partir de este punto, pero ¿podría preguntarle si tiene alguna reflexión general que quisiera hacer sobre esa pregunta?
Rashid Khalidi: La situación del pueblo palestino es extraordinariamente sombría. No recuerdo la Nakba, nací en noviembre de 1948, momento en el que ya había terminado, y no era consciente de nada de eso, obviamente. No sé si puedo hacer la comparación histórica, pero diría que es sin duda el día más oscuro para Palestina y los palestinos desde entonces, no hay duda de eso.
Si es peor o no, solo el tiempo lo dirá, porque no ha terminado. No estamos ni cerca del final, desearía que lo estuviéramos, pero no parece que lo estemos. En el plano político, los palestinos se enfrentan al mismo dilema que el 5 o el 6 de octubre del año pasado. Todavía están divididos y, en mi opinión, siguen sin líderes.
Hay una poderosa tendencia o facción que aboga por una forma irrestricta de violencia. En mi opinión, esa tendencia no tiene una visión estratégica. Ha logrado victorias tácticas y algunas derrotas estratégicas catastróficas, y les ha causado enormes sufrimientos a los palestinos y también a los israelíes. Pero no hay un liderazgo unificado ni una visión estratégica colectiva. Esa era la situación antes del 7 de octubre, y en realidad no ha cambiado.

No hay una idea de cómo los palestinos quieran vivir en el futuro y relacionarse con los israelíes en Palestina en el futuro. Tampoco hay una idea de cómo pretenden llegar allí. Esas son preguntas estratégicas que ni se hacen ni le dan respuesta aquellas personas que actualmente afirman ser líderes del movimiento nacional palestino, ya sea en Hamás o en lo que se llama ridículamente la Autoridad Palestina, una institución sin soberanía, sin autoridad, y sin legitimidad entre su propio pueblo.
No creo que esos líderes tengan respuestas a las preguntas que acabo de hacer, por lo que los palestinos están sin timón como pueblo, en términos de un liderazgo político. Por otro lado, hay que decir que Israel y Estados Unidos han actuado de maneras que plantean preguntas fundamentales sobre la posibilidad de que continúe el enfoque que ha tomado Israel, y el enfoque del pueblo israelí ya que ahora parecen aprobar en gran medida lo que su gobierno le está haciendo a su región.
Me pregunto cómo esto puede continuar indefinidamente en el futuro — cómo Israel puede esperar seguir dominando a la gente de la manera en que está tratando de hacerlo sin que la resistencia se vuelva abrumadora. Creo que están sembrando una tormenta en Gaza, Cisjordania y el Líbano. Sé que hay voces de Casandra en Israel que dicen: “Esto es un suicidio, esto es una locura — aquí no hay ninguna estrategia. ¿Cómo quieren que esto termine?”
No hay respuestas a esas preguntas, porque las personas que están dirigiendo esta iniciativa no tienen respuestas, excepto decir que si la fuerza es insuficiente, hay que usar más fuerza. Eso es lo único que entienden. Así es como ven la política, pero eso no es política, es como si Carl von Clausewitz[1] nunca hubiera existido.
Por un lado, veo que en el futuro previsible el futuro será muy sombrío para los palestinos, hasta que desarrollen un consenso en torno a una estrategia y un liderazgo. Esperemos que llegue pronto, pero no hay forma de saber cuándo llegará. Pero creo que hay un mensaje aquí en lo que Israel está haciendo. La política de la fuerza, que habría funcionado en los siglos XVI, XVII, XVIII o XIX, e incluso en el siglo XX, no puede funcionar en el siglo XXI.
No puede funcionar en ninguna parte a largo plazo, pero no puede funcionar en este caso en particular porque Israel, como proyecto, depende totalmente del apoyo externo. Lo es ahora y siempre lo ha sido. Este nunca fue un proyecto totalmente independiente o una idea que se sostuviera a sí misma, de lo contrario no hubieran ido a Gran Bretaña para obtener la Declaración Balfour o a las Naciones Unidas para obtener la resolución de partición. El jefe del Mossad no hubiera ido a buscar la aprobación de Lyndon Johnson en 1967, y Sharon no hubiera ido a buscar la aprobación de Haig en 1982.
El proyecto depende del mundo exterior y específicamente de Occidente, que es la metrópoli de este proyecto colonial. También es un proyecto nacional, tiene muchos otros aspectos, pero depende completamente de su metrópoli en el oeste. Ha estado enajenando a la opinión pública en Occidente, destruyendo su base de apoyo en los países de los cuales depende Israel y sin los cuales no puede hacer nada.
Todavía tiene a las élites, a los gobiernos y al complejo militar-industrial, que está perfectamente feliz de vender cantidades ilimitadas de bombas de dos mil libras, helicópteros Apache, aviones de combate F-35, etc. Pero ha perdido el tipo de apoyo público que el proyecto sionista y el Estado de Israel tuvieron en la mayor parte del mundo occidental desde la época de Balfour hasta la década de 1990 o, desde luego, hasta la Primera Intifada de finales de la década de 1980.
Es concebible que esa tendencia se detenga o incluso dé marcha atrás, pero eso requeriría cambiar esta política de la fuerza, más fuerza y nada más que la fuerza. Requeriría detener la matanza masiva y el castigo colectivo, y no veo que eso suceda. Diría que el futuro es bastante sombrío para los palestinos, pero no creo que pinte mejor para Israel. De hecho, en algunos aspectos, puede ser incluso peor a largo plazo para Israel tal y como está configurado actualmente.
Daniel Fin: Ahora se está jubilando de Columbia. Hemos visto en el último año que los campus universitarios de Estados Unidos se han convertido en uno de los espacios de disputa más importantes y de alto perfil. Hubo un falso complido a la importancia de los campamentos estudiantiles por parte de los elementos más derechistas del Congreso de Estados Unidos, que celebraron una serie de audiencias para exigir que se tomaran medidas contra ellos. ¿Qué cree que nos ha aportado la experiencia del último año sobre el sistema universitario estadounidense y hacia dónde cree que se dirige?
Rashid Khalidi: Lo que sucedió el año pasado fue un acontecimiento histórico mundial. Lo que comenzó en las universidades estadounidenses se extendió por todo el mundo y dejó perfectamente claro que abrumadoras mayorías de personas en casi todos los países sobre la faz de la Tierra se oponen a lo que está sucediendo, a pesar del hecho de que sus gobiernos están perfectamente felices de permitir que continúe o de hecho están comprometidos en ayudar a que continúe. La brecha entre los pueblos y los gobiernos quedó perfectamente clara. También es una brecha generacional: los jóvenes están completamente comprometidos, mientras que las personas mayores están mucho más divididas al respecto.

Recordemos que las universidades operan con un calendario extraño, donde las cosas comienzan en el otoño y terminan en la primavera. Ahora estamos en un nuevo año que comienza en septiembre o en octubre. Este año ha sido bastante diferente al año pasado en el campus. Las medidas represivas promulgadas por el Congreso e implementadas con extraordinario celo por complacientes, cobardes y despreciables administradores universitarios han sido muy exitosas. Casi no ha habido activismo disruptivo al nivel que vimos el año pasado.
Ha habido activismo en el campus de Columbia. Los estudiantes han estado leyendo los nombres de las personas masacradas por Israel. Durante días y días y días, han estado haciendo eso, y eso es muy efectivo, pero no está teniendo el efecto — ni se permite que tenga el efecto — del tipo de cosas que se hicieron el año pasado hasta que comenzó la represión policial.
Las universidades jugaron un papel enorme en 2023-2024, pero no veo la probabilidad de que eso continúe, al menos en Estados Unidos, en los lugares que puedo observar. En Europa, puede estar sucediendo más en los campus de lo que está sucediendo ahora mismo en Estados Unidos. Pero esa disputa se ha extendido a la opinión pública. La opinión pública ha cambiado porque la gente está viendo en las pantallas de sus celulares la realidad sobre la que los medios de comunicación nos mienten, distorsionan y nos impiden ver.
Sinceramente no creo que pueda esperarse ver en las universidades, dado el éxito de esta ola de represión, el mismo tipo de chispa inspiradora que nos dieron en 2023-2024. Hasta donde yo sé, en las universidades donde escucho lo que está pasando, eso simplemente no es el caso. En este año académico, el estado policial que se ha impuesto en Colombia — los retenes, la vigilancia, las restricciones extraordinarias a la circulación y a la acción política — ha sido bastante eficaz.
Esas medidas se han organizado en concierto con el Estado y el Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York, y en coordinación con personas de los servicios de inteligencia israelíes y el FBI, para asegurarse de que lo que sucedió el año pasado no vuelva a suceder, por lo que no esperaría más de las universidades este año académico. Eso no ha frenado las manifestaciones enérgicas fuera del campus — hemos tenido muchas de esas, al menos en la ciudad de Nueva York. Puede que me equivoque: solo estamos en octubre, y Dios sabe lo que sucederá en los próximos meses.
Daniel Finn: Su próximo libro, tal y como yo lo entiendo, analiza las conexiones y los circuitos de retroalimentación entre el colonialismo británico en Palestina y en otros países, en particular Irlanda. ¿Podría decirnos un poco sobre eso?
Rashid Khalidi: Ese es un libro que espero escribir, no uno que haya escrito todavía. No es un libro para el cual las ideas se hayan desarrollado completamente; no es un producto terminado, y no estoy seguro de cómo se desenvolverá. Lo que sí sé es que he estado trabajando sobre algunos vínculos y correspondencias extraordinarias entre los métodos utilizados en Irlanda y los que se utilizaron posteriormente en Palestina.

También hay similitudes importantes entre Irlanda y Palestina como colonias de asentamiento. Obviamente, también hay enormes diferencias. Los intentos ingleses y más tarde británicos de someter a Irlanda se remontan al siglo XII y fueron incesantes a lo largo de siglo tras siglo tras siglo. El acuerdo que es realmente importante en estos términos solo comenzó con la era isabelina y el siglo siguiente, cientos de años antes de que existiera el sionismo como proyecto político.
Como la mayoría de los proyectos coloniales, lo que vimos en Irlanda fue una extensión de la soberanía y la población de la madre patria a una colonia de asentamiento. Enviaban a los súbditos ingleses, galeses y escoceses de la corona como una extensión de su soberanía con el fin de dominar el país que se estaba colonizando. Ese es el paradigma clásico del colonialismo de asentamiento: es lo que sucedió en América del Norte, Australia, Argelia, Sudáfrica, Kenia y otros países.
Obviamente, el sionismo era muy diferente. Era un proyecto político independiente — un proyecto nacional. Los colonos que fueron a América del Norte o Irlanda lo hicieron como colonos ingleses, súbditos de la corona y extensiones de su soberanía. No crearon sus propias entidades independientes. Nombraron a Carolina en honor al rey Carlos, a Jamestown en honor al rey Jacobo, y así sucesivamente.
El sionismo tenía otros aspectos. Se veía a sí mismo como la solución de la cuestión judía. Para las personas perseguidas en el mundo cristiano, se basaba en una conexión entre el judaísmo y la tierra de Israel, por lo que tenía características distintivas. Pero su metodología y su comportamiento eran los de un proyecto colonizador.
Los primeros sionistas se veían a sí mismos bajo esa luz. Se veían a sí mismos como colonos europeos, operando como otros colonos europeos en tierras bárbaras y no europeas cuyos habitantes debían ser ignorados. Así es como bregaban los proyectos coloniales de asentamiento con las poblaciones indígenas.
Al igual que otros proyectos coloniales, requería una metrópoli. La metrópoli para la mayoría de ellos es la madre patria. Para América del Norte, Australia e Irlanda, fue Inglaterra o más tarde el Reino Unido. El sionismo era un proyecto independiente, y comenzó buscando el apoyo del káiser alemán, el sultán otomano o la República Francesa, antes de encontrar finalmente a Gran Bretaña como aliado. Pero el proyecto sionista pasó sin problemas a depender del apoyo de Estados Unidos y la Unión Soviética cuando el apoyo británico disminuyó en 1939.
Más tarde luchó en las guerras de 1956 y 1967 con armas francesas y británicas y desarrolló su arsenal nuclear con ayuda francesa. Hay un requisito absoluto para que cualquier proyecto de asentamiento colonial tenga una metrópoli, pero el sionismo es único en ser capaz de saltar, por así decirlo, de iceberg en iceberg, encontrando varios diferentes patrocinadores externos para el proyecto. Hoy en día, Occidente en su conjunto — poderosos países occidentales como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania y algunos otros — sirve como metrópoli para este proyecto.
Los detalles son fascinantes. Las personas que negociaron el fin de la Guerra de Independencia de Irlanda fueron las mismas personas del mismo gabinete que adoptó la Declaración Balfour, ayudando a producir el Mandato para Palestina. Eso estableció el régimen que Gran Bretaña creó en Palestina para fomentar y favorecer el proyecto sionista. Arthur Balfour, David Lloyd George, Winston Churchill, el personal era el mismo.
Coges a un funcionario de la India y lo llevas a Irlanda para torturar a la gente. Cuando te das cuenta, una década después, después de más servicio en la India, está de vuelta en Palestina estableciendo centros de tortura. Coges al comandante de la Real Policía Irlandesa (RIC) y lo envías a Palestina para establecer la gendarmería palestina. Luego envían a los Black and Tans y a los veteranos de la RIC cuando Gran Bretaña tiene que abandonar Irlanda al final de la Guerra de Independencia en 1921-1922.
Las conexiones son notables, y van aún más allá en las décadas de 1920 y 1930. Era la experiencia general del imperio, pero en particular era la experiencia desarrollada en la colonia de asentamientos específicamente de Irlanda la que luego se legaba a los oficiales y funcionarios que implementaban la política británica en Palestina. A su vez, legaron esa experiencia a los israelíes.
Los oficiales que se dedicaron a sofocar la gran revuelta en Palestina a finales de la década de 1930 estaban impartiendo las lecciones de la contrainsurgencia británica a los individuos que se convirtieron en oficiales superiores del ejército israelí. Moshe Dayan y Yigal Allon fueron entrenados por estas personas. Aprendieron a acribillar a los prisioneros y a destruir la infraestructura.
Fueron entrenados por maestros británicos en esos enfoques de contrainsurgencia, muchos de los cuales eran en realidad anglo-irlandeses o habían servido en Irlanda: Sir Charles Tegart, por ejemplo, o el mariscal de campo Bernard Montgomery, que comandó una brigada en Cork durante la Guerra de Independencia y una división en Palestina en la década de 1930. Era hijo de un clérigo de la Iglesia de Irlanda. Sus actitudes y su visión del mundo, en particular la forma en que veían y trataban a la población indígena y su favorecimiento de los colonos, eran de una pieza entre Irlanda y Palestina.
Colaboradores
Rashid Khalidi es profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos en la Universidad de Columbia y autor de muchos libros, entre ellos The Hundred Years’ War on Palestine (La guerra de cien años contra Palestina) (2020) y Brokers of Deceit: How the U.S. Has Undermined Peace in the Middle East (Agentes del engaño: cómo Estados Unidos ha socavado la paz en el Medio Oriente) (2013).
Daniel Finn es editor de crónicas de Jacobin. Es el autor de One Man’s Terrorist: A Political History of the IRA (El terrorista de un hombre: una historia política del Ejército Republicano Irlandés).
(Esta fue la sgunda de dos partes. La primer puede encontrarse aquí.)
NOTAS
[1] Carl von Clausewitz (1780-1831) fue un general y teórico militar prusiano. Fue autor de De la guerra (On War en inglés), que muchos aún consideran un tratado fundamental sobre estrategia militar. Contiene el conocido aforismo: “La guerra es la continuación de la política con otros medios”.
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Categories: Palestina/Israel
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