Palestina/Israel

Rashid Khalidi sobre el apoyo que Estados Unidos le brinda a Israel y sobre el Movimiento Nacional Palestino (I)



A continuación Panorama-Mundial publica nuevamente la entrevista de Rashid Khalidi que apareció por primera vez en la revista Jacobin el 13 de octubre de 2024: Israel está actuando con la plena aprobación de Estados Unidos.

Khalidi se jubiló recientemente de su puesto como el profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. También es autor de La guerra de los cien años contra Palestina y otros libros. Un artículo del 8 de octubre en la revista británica The Guardian se refiere a Khalidi como “el erudito sobre Palestina más importante en Estados Unidos “.

Panorama-Mundial llama la atención de sus lectores a dos puntos claves, entre otras ideas importantes, que aborda Khalidi. La primera se refiere al papel de Estados Unidos en permitir la brutal guerra de Israel en la región que ahora se ha extendido mucho más allá de la Franja de Gaza. La segunda se refiere a la situación del movimiento nacional palestino.

Anteriormente, en editoriales y análisis de noticias, Panorama-Mundial ha argumentado que los intereses de los gobiernos de Estados Unidos y de Israel, aunque aliados, no son idénticos.

En La guerra de Israel contra Gaza se prolonga penosamente, explicamos: “Durante los meses previos al ataque liderado por Hamás del 7 de octubre, el gobierno de Estados Unidos estuvo laborando por fijar un acuerdo diplomático histórico con Arabia Saudita. El acuerdo conduciría a la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel y consolidaría una alianza de Estados Unidos con regímenes del mundo árabe que podría servirle como baluarte contra la influencia iraní en la región. El ataque del 7 de octubre y la respuesta genocida de Israel interrumpieron esa perspectiva”.

Sin embargo, también señalamos: “Hoy ese objetivo parece imposible sin un cambio en la posición de Israel; un cambio que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y otros funcionarios israelíes insisten en que nunca aceptarán”.

La continua y devastadora invasión y los ataques aéreos de Israel contra el Líbano, su escalada de terrorismo de Estado contra los palestinos en Cisjordania y su amenaza de expandir su guerra tras bastidores contra Irán hasta una conflagración total han cambiado aún más la situación. Como desde el 7 de octubre de 2023 Israel ha seguido tomando la iniciativa militar, el gobierno de Estados Unidos se ha adaptado a la estrategia de Israel.

Ocasionalmente Washington ha hecho amenazas, huecas en gran medida, de reducir — algún día — la ayuda que permite las guerras de Israel si el gobierno israelí no sigue los consejos de Estados Unidos. Pero el flujo constante de armas y municiones ha aumentado constantemente y Washington ahora ha enviado tropas estadounidenses y equipos militares aún más avanzados a Israel. Estas acciones hablan más que las palabras.

Estados Unidos no está presionando a Israel para que ponga fin a la guerra en el Líbano

Secuelas de los ataques aéreos de Israel en Beirut, Líbano, el 28 de septiembre de 2024. (Foto: Magnum)

En un artículo en el diario israelí Haaretz del 14 de octubre, Amos Harel explicó:

“Curiosamente, Estados Unidos tampoco parece estar presionando a Israel para que se dé prisa y ponga fin a la guerra en el Líbano. Antes del asesinato el mes pasado del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, la administración Biden había estado tratando de obligar a las partes a un alto al fuego inmediato. Pero parece haber llegado a la conclusión de que ahora sería difícil dictaminar que se siga ese curso. Además, ve la oportunidad de sacudir el sistema político libanés de tal manera que se reduzca la influencia decisiva que Hezbolá adquirió durante la última década gracias a su ala militar.

“Todo esto, por supuesto, apuntala el sueño de Netanyahu de una guerra perpetua. Casi un mes tras el ataque usando los localizadores electrónicos de Hezbolá, los medios de comunicación israelíes parecen haber normalizado completamente una situación en la que un tercio del país es atacado con misiles y cohetes todos los días sin que nadie diga ni pío”.

Cuando Harel afirma que hoy Washington no cree que pueda dictarle a los líderes de Israel, señala una realidad importante.

Es una consecuencia de la debilitada posición que tiene el imperialismo estadounidense en el mundo de hoy. El reconocimiento de que fracasó su guerra de 20 años en Afganistán, lo que llevó a la caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021, fue una de las recientes señales de este declive.

Miles de afganos asediaron el aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021 tratando de huir del país tras la toma del poder por los talibanes, algunos aferrándose, a costa de sus vidas, a los aviones militares que partían. El reconocimiento de que fracasó la guerra de 20 años de Washington en Afganistán, lo que llevó a la caótica retirada de las tropas estadounidenses de ese país en 2021, fue una de las recientes señales del declive del imperialismo estadounidense. (Foto: Captura de pantalla del vídeo publicado por Euronews)

Por supuesto, Washington podría ponerle fin a su apoyo político y militar de Israel. Pero eso lo dejaría sin un aliado confiable en una parte del mundo que considera esencial. Ni la administración Biden ni el próximo ocupante de la Casa Blanca, Kamala Harris o Donald Trump, darán ese paso.

Al hablar de esto, Khalidi afirma: “Los falsos reparos, el desprecio y las lágrimas de cocodrilo sobre cuestiones humanitarias y por las víctimas civiles son pura hipocresía. Estados Unidos se ha suscrito a la estrategia de Israel en el Líbano: quiere que Israel destruya a Hezbolá y a Hamás. No tiene ningún reparo sobre la estrategia básica de Israel, que es atacar a la población civil para forzar un cambio en el Líbano y, obviamente, en Gaza.

“Esos objetivos que comparten las dos potencias aún no se han logrado ni en el Líbano ni en Gaza”, continúa Khalidi, “así que Estados Unidos no ha frenado (y en mi opinión no va a frenar) a Israel. Por el contrario, Estados Unidos es parte de esta guerra. Está luchando en el Líbano, incluso si las tropas estadounidenses no participan directamente en el combate. Es una ilusión suponer lo contrario”.

El movimiento nacional palestino

En esta entrevista, Khalidi también repasa los desafíos que enfrenta el pueblo palestino, un tema que discutió en una  entrevista con Jacobin el 7 de mayo, que también publicamos en Panorama-Mundial.

Hoy, “la situación del pueblo palestino es extraordinariamente sombría”, dice Khalidi en la entrevista que sigue.

Khalidi nació en 1948, el año en que Israel expulsó a cientos de miles de palestinos de su tierra y los llevó al exilio, episodio que ahora se conoce como la Nakba (catástrofe, en árabe). “No sé si puedo hacer la comparación histórica, pero diría que es sin duda el día más oscuro para Palestina y los palestinos desde entonces, no hay duda de eso”, explica.

“En el plano político, los palestinos se enfrentan al mismo dilema que el 5 o el 6 de octubre del año pasado. Todavía están divididos y, en mi opinión, siguen sin líderes.

“Hay una poderosa tendencia o facción que aboga por una forma irrestricta de violencia”, continúa Khalidi. “Desde mi punto de vista, esa tendencia no tiene una visión estratégica. Ha logrado victorias tácticas y algunas derrotas estratégicas catastróficas, y le ha causado enormes sufrimientos a los palestinos y también a los israelíes. Pero no hay un liderazgo unificado ni una visión estratégica colectiva…

“No hay una idea de cómo los palestinos quieran vivir en el futuro y tener relaciones con los israelíes en Palestina en el futuro”, señala Khalidi. “Tampoco hay una idea de cómo pretenden llegar allí. Esas son preguntas estratégicas que ni hacen, ni tratan de darle respuesta, las personas que actualmente afirman liderar el movimiento nacional palestino, ni en Hamás ni en lo que ridículamente se llama la Autoridad Palestina — una institución sin soberanía, sin autoridad, y sin legitimidad ante su propio pueblo”.

De cara al futuro, Khalidi dice: “Veo el porvenir muy sombrío para los palestinos en el futuro previsible, hasta que no puedan desarrollar un consenso sobre una estrategia y un liderazgo. Esperemos que ocurra pronto, pero no hay forma de saber cuándo va a ocurrir”.

Las observaciones y conclusiones de Khalidi merecen cuidadosa atención y discusión.

Panorama-Mundial publica nuevamente esta entrevista para información de nuestros lectores. Animamos a otros a compartirlo con cualquiera que esté pensando en los acontecimientos del Medio Oriente, los cuales siguen estando al centro de la política mundial hoy día.

Como señala Jacobin, “Esta es una transcripción editada del  podcast Long Reads de Jacobin. Puedes escuchar la entrevista [en inglés] aquí“.

El título, la breve introducción y el texto de la entrevista son del original. Las fotos y notas al final son de Panorama-Mundial. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la primera a continuación.

 — Los editores de Panorama-Mundial

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(Esta es la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse aquí).

Rashid Khalidi: “Israel está actuando con la plena aprobación de Estados Unidos” (Primera parte)

Rashid Khalidi (Foto: The Guardian)

Entrevista con
RASHID KHALIDI

Tras 12 meses, no se vislumbra el final de la implacable embestida de Israel contra Gaza, que ahora se extiende al Líbano. El historiador Rashid Khalidi explica cómo Israel y Estados Unidos están obrando juntos para eliminar todos los límites a la violencia contra los civiles.

Entrevista realizada por DANIEL FINN

La embestida de Israel contra Gaza ha continuado durante más de un año; no muestra signos de terminar, y el gobierno de Benjamin Netanyahu ahora ha expandido la guerra al Líbano, lo que resulta en más carnicería. Al momento de redactar este informe, todavía estamos esperando ver si Israel va a atacar a Irán, como ha prometido hacer, y de qué manera.

Rashid Khalidi es uno de los principales historiadores de la Palestina moderna. Habló con Jacobin sobre las implicaciones para el mundo de la matanza en Gaza, y sobre su perspectiva sobre el sistema universitario en Estados Unidos al  jubilarse de su puesto como profesor en la Universidad Columbia. Esta es una transcripción editada del podcast Long Reads de la revista Jacobin. Puedes escuchar la entrevista aquí.

Palestinos lloran a sus seres queridos tras un ataque israelí en Deir al-Balah, Gaza, el 11 de octubre de 2024. (Foto: Ashraf Amra / Anadolu vía Getty Images)

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Daniel Finn: Hablamos el pasado mes de octubre, durante las primeras semanas del ataque israelí contra Gaza, y creo que a mucha gente le habría resultado difícil creer que doce meses después estaríamos viendo cómo este ataque continuaba a tal nivel de intensidad, y que ahora también se extienda a Cisjordania y el Líbano. ¿Podría darnos una idea, desde la perspectiva de un historiador, de cómo se comparan la muerte y la destrucción del último año, en particular cuando se comparan con la experiencia de la Nakba en la década de 1940?

Rashid Khalidi: No podría haber imaginado en octubre del año pasado que estaríamos donde estamos un año después. Habría sido inconcebible, creo, para la mayoría de la gente. En términos de cómo se compara con la Nakba, de alguna manera obviamente aún no es tan extensa, mientras que a otro nivel, es infinitamente más intensiva.

Lo que se le ha hecho a Gaza es mucho peor que lo que se le hizo a cualquier parte de Palestina en 1948, y lo que se le está haciendo al Líbano es mucho peor que lo que se le hizo al Líbano en 1982 o en 2006. Esta es una guerra de exterminio, es un genocidio. Estaba leyendo una obra de Marina Carr que hablaba de la destrucción de Troya después de la Guerra de Troya, y citando a Hécuba, dice: “Esto no es una guerra, en la guerra hay reglas, leyes, códigos. Esto es genocidio. Nos están aniquilando”.

Creo que eso es lo que estamos viendo que hacen Estados Unidos e Israel en Gaza y lo que ahora se ha extendido al Líbano: el grado de sufrimiento que se está infligiendo; enormes bajas civiles causadas a propósito. Creo que existe una amenaza para todo el orden jurídico internacional si se permite que esto continúe, como ha ocurrido con Estados Unidos.

Si Estados Unidos continúa haciendo esto junto con Israel, las barreras creadas desde la Segunda Guerra Mundial contra este tipo de atrocidades habrán sido destruidas, y estaremos en una situación en la que cualquiera puede hacer lo que quiera. Los ataques contra civiles, el número de niños que ingresan en los hospitales con disparos de francotiradores, la destrucción de plantas de purificación de agua y plantas de tratamiento de aguas residuales, ese tipo de acciones están diseñadas para matar y matar de hambre a gran escala.

Este es un nuevo nivel en lo que respecta a lo que Israel le ha hecho a Palestina y a la región. Benjamín Netanyahu dijo esta semana: “Le haremos al Líbano lo que le hicimos a Gaza”, y lo están haciendo. No se trata sólo de una amenaza, sino que se están adoptando medidas en el Líbano que van a ampliar.

De cierto modo, obviamente todavía no es tan extensa como la Nakba. Hasta ahora, solo ha afectado a la Franja de Gaza, donde viven 2.2 millones de palestinos, y en menor medida a Cisjordania. Pero su alcance se está expandiendo y ahora también llega al Líbano, donde más de un millón de personas se han convertido en refugiados.

Esas cifras son en realidad mucho más altas que las de la Nakba, cuando tres cuartos de millón fueron expulsados de sus hogares. Entre los dos millones de personas que Israel ha dejado sin hogar en Gaza y el millón de personas que han tenido que abandonar sus hogares en el Líbano, esto es muchas veces mayor en números que lo que se hizo durante la Nakba.

Por supuesto, eso fue permanente, la mayoría de esas personas nunca regresaron. Todavía no sabemos qué va a pasar aquí, obviamente.

Daniel Finn: ¿Cómo se compara el historial de la administración Biden en los últimos doce meses con las administraciones estadounidenses anteriores, como la administración Reagan y su respuesta a la invasión del Líbano en la década de 1980, o de George W. Bush y su respuesta a la Segunda Intifada en la primera década de este siglo? ¿Cuáles cree que han sido los principales factores que han condicionado o determinado el apoyo de Joe Biden a Israel, desde su propia visión ideológica personal del mundo hasta cuestiones de intereses y bloques políticos internos y los intereses geopolíticos de Estados Unidos?

Rashid Khalidi: Lo primero que tenemos que hacer es desengañarnos de la idea de que Estados Unidos alberga dudas sobre lo que está haciendo Israel. Israel está haciendo lo que está haciendo en cuidadosa y estrecha coordinación con Washington, y con su plena aprobación. Estados Unidos no solo arma y protege diplomáticamente lo que hace Israel; comparte los objetivos de Israel y aprueba los métodos de Israel.

El falso oprobio, el repudio y las lágrimas de cocodrilo sobre cuestiones humanitarias y las víctimas civiles son pura hipocresía. Estados Unidos respalda el enfoque de Israel hacia el Líbano: quiere que Israel destruya a Hezbolá y a Hamás. No tiene ningún reparo sobre el enfoque básico de Israel, que es atacar a la población civil para coaccionar un cambio en el Líbano y, obviamente, en Gaza.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden (izquierda), con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Tel Aviv el 18 de octubre de 2023. Dado que Israel ha seguido esgrimiendo la iniciativa militar desde el 7 de octubre de 2023, el gobierno de Estados Unidos se ha adaptado a la estrategia de Israel. (Foto: Miriam Alster / Reuters)

Es un error categórico suponer que hay reparos de parte de los responsables políticos estadounidenses, ya sea si estamos hablando de Biden, Antony Blinken, Jake Sullivan, Brett McGurk, Amos Hochstein o Samantha Power — de arriba a abajo. Es un error imaginar que hay reparos sobre los objetivos compartidos entre Israel y Estados Unidos.

Vivimos en un mundo de ilusión si creemos algo de lo que dice esa gente. Respaldan la matanza de civiles con el fin de forzar cambios, que incluyen la eliminación de Hamás del mapa político palestino y la eliminación de Hezbolá del mapa político libanés. Se trata de objetivos compartidos que se están realizando de manera coordinada.

Estados Unidos ayuda a Israel a atacar a los líderes de Hezbolá y de Hamás — eso es un hecho. Cualquiera que ignore eso y pretenda que hay alguna diferencia entre lo que hace Israel y lo que Estados Unidos quiere que haga, se está engañando a sí mismo o nos está mintiendo a nosotros.

La segunda cosa que tenemos que reconocer es que esto es parte de las anteriores políticas estadounidenses. En un libro que escribí hace unos años, señalé que la guerra de 1967[1] fue un esfuerzo conjunto. Washington estuvo de acuerdo con lo que Israel estaba haciendo y dio su aprobación. Estados Unidos no armó a Israel en esa ocasión, pero sí protegió a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en otros lugares durante y después de esa guerra.

Lo mismo ocurrió en 1982:[2] Estados Unidos aprobó lo que Israel planeaba hacer. Ariel Sharon llegó a Washington y se reunió con Alexander Haig. Haig le dio luz verde a Sharon cuando le dijo: “Vamos a hacerle esto a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina); vamos a hacerle esto a Siria; vamos a hacerle esto al Líbano”.

Tropas israelíes en vehículos blindados pasan por una aldea en el valle de Bekaa durante la invasión israelí del Líbano en junio de 1982. (Foto: Bryn Colton / Getty Images)

En un momento dado, Estados Unidos frenó a Israel porque esos objetivos se habían logrado. El ejército sirio había sido derrotado en el Líbano, estaba a punto de instalarse un gobierno títere y la OLP había acordado retirarse del Líbano. Israel logró los objetivos que las dos partes han acordado — luego simplemente estaba bombardeando el Líbano por puro sadismo y Ronald Reagan lo detiene.

Esos objetivos compartidos de las dos potencias aún no se han logrado en el Líbano y en Gaza, por lo que Estados Unidos no ha frenado (y en mi opinión no va a frenar) a Israel. Por el contrario, Estados Unidos es parte de esta guerra. Está luchando en el Líbano, incluso si las tropas estadounidenses no participan directamente en el combate. Es una ilusión suponer lo contrario.

¿Cuál es la motivación de la lealtad ciega de Joe Biden a todo lo que Israel dice, hace y quiere? Parte de esto tiene que ver con la generación de la que proviene. Parte de ello tiene que ver con el hecho de que es el mayor receptor de dinero del AIPAC (Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos) en la historia de Estados Unidos. Parte de ello tiene que ver con el hecho de que lo han evangelizado incesantemente desde que Golda Meir[3] le lavó el cerebro en la década de 1970.

Parte de esto tiene que ver con un cálculo estratégico en relación con Irán y lo que se describe como los representantes iraníes. Hay una visión del Medio Oriente — una visión sesgada, distorsionada y pervertida — que comparten Estados Unidos e Israel, con una absoluta devoción a la fuerza como medio para resolver los problemas. Cada vez que ha surgido una solución diplomática, Netanyahu ha escalado para hacerla imposible. Lo ha hecho una y otra vez, matando a la gente con la que estaba negociando en el Líbano o de Hamás, atacando la embajada iraní en Damasco, y así sucesivamente.

Estados Unidos ha sido parte de esto. Ha aprobado este enfoque y ha proporcionado las armas para realizarlo. Hay un extenso artículo en las Actas del Instituto Naval de Estados Unidos sobre las armas estadounidenses que se utilizaron en el asesinato de Hassan Nasrallah. Esas armas no podrían haber sido utilizadas sin la aprobación estadounidense y sin el mentiroso aval estadounidense de que se trata de un acto de defensa propia.

Biden es un partidario particularmente consagrado de Israel, pero no difiere de la mayoría de la élite política estadounidense. En ese sentido, se encuentra bastante aislado en lo que respecta a la opinión pública estadounidense. La mayoría de los estadounidenses no aprueban los envíos de armas estadounidenses a Israel, entre ellos grandes números de republicanos. La mayoría de los estadounidenses están a favor de que Estados Unidos detenga esos envíos de armas, y la mayoría de los estadounidenses tienen una opinión desfavorable de las políticas de Biden y de Netanyahu.

Pero todo eso y cinco pesos no te compran una taza de café en Washington. Hacen exactamente lo que les da la gana, diga lo que diga la opinión pública — no les importa. Biden se encuentra en uno de los extremos de una gama que desprecia completamente asuntos como la opinión pública, el derecho humanitario internacional y la posición de Estados Unidos ante el resto del mundo.

Daniel Finn: Incluso si la élite política estadounidense ha demostrado no ser sensible a la opinión pública sobre cuestiones relacionadas con Israel, ¿cree que ha habido un cambio significativo en el último año en la forma en que la población estadounidense en su conjunto percibe a Israel y la alianza de Estados Unidos con ese país? ¿Es probable que haya consecuencias a largo plazo? ¿Cuál es la importancia de la contra-movilización que hemos visto por parte de grupos de presión pro-Israel como el AIPAC en particular el esfuerzo que hicieron por desbancar a ciertos miembros del Congreso que habían sido vocales en su llamado de un alto al fuego?

Rashid Khalidi: No hay duda de que la opinión pública ha cambiado. De las mayorías que he mencionado, posiblemente la única que existía antes de que comenzara la guerra el 7 de octubre podría haber sido la desaprobación pública de Netanyahu. No existía una desaprobación masiva de Israel: de hecho, al comienzo de la guerra, en la opinión pública había apoyo a la guerra de Israel.

Pero ha habido un cambio subyacente en las actitudes hacia Israel, que fue impulsado por una visión completamente diferente por parte de la gente de menos de treinta o treinta y cinco años, en contraste con la opinión de sus mayores. Eso se ha magnificado por las atrocidades bárbaras que Israel está cometiendo con las armas y el apoyo de Estados Unidos. Esas atrocidades han enajenado aún más a personas que antes podrían haber tenido puntos de vista ligeramente críticos, pero que ahora se han opuesto mucho más vigorosamente a las políticas de Estados Unidos y de Israel.

Estudiantes y miembros de la comunidad protestan frente a Coffman Memorial Union en la Universidad de Minnesota en Minneapolis, en abril de 2024. (Foto: Jenn Ackerman / New York Times)

Creo que ha habido un cambio importante y consecuente en la opinión pública; no creo que haya consecuencias al nivel político a corto plazo. Quienquiera que sea elegido en noviembre y cualquiera que sea el gobierno que tengamos durante los próximos años en este país, es probable que esté tan comprometido como lo estuvieron los anteriores en su apoyo inquebrantable a los objetivos básicos de Israel, incluso si ocasionalmente hay diferencias tácticas.

Eso se debe a que la élite estadounidense no ha cambiado ni un ápice. La gente que es dueña de los políticos — la clase de los donantes, la gente sin cuyos millones y miles de millones no podrían seguir en el cargo — no ha cambiado. Las mismas personas son dueñas de las grandes corporaciones, los medios de comunicación, las fundaciones y las universidades — el que paga la factura decide la música que se va a tocar. Les dicen a los políticos lo que es aceptable y lo que no.

Son dueños de todas esas cosas de la misma manera que alguien es dueño de su casa o de un negocio privado, y no han cambiado ni un ápice. No ha habido ningún cambio entre las élites políticas, mediáticas, corporativas y culturales, por lo que no espero cambios ni consecuencias a corto plazo. Va a haber una brecha cada vez mayor entre la opinión de la élite y la opinión de las bases, pero ese ha sido el caso en el pasado.

La guerra de Irak fue librada por una élite que un año después de la guerra había perdido el apoyo del público. La guerra de Vietnam se libró durante años y años después de que la opinión pública se volviera en su contra. No es inusual en la historia de Estados Unidos que líderes antidemocráticos actúen en oposición a las opiniones de sus electores durante años y años, y me temo que eso continuará.

En lo que respecta a su contraofensiva y la cuestión de si eso afectará a la opinión pública, no creo que lo haga. Creo que lo que en realidad va a hacer es exacerbar la brecha entre el pueblo y sus gobernantes. Las medidas represivas y el uso del antisemitismo como instrumento para acallar cualquier discusión sobre Palestina, el intento de usar medios legales para castigar a las universidades si no cumplen las órdenes de esos políticos baratos — todo eso va a agudizarse y va a resultar en una oposición y una resistencia más amplias entre el público en general a este enfoque por parte de las élites.

(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse aquí.)


NOTAS

[1] La guerra árabe israelí de 1967, también conocida como la Guerra de los Seis Días, comenzó con la invasión israelí de Egipto el 5 de junio de 1967. Para más información sobre ese importante evento y sus consecuencias, consulte La tragedia judía encuentra en Israel una secuela sombría.

[2] En 1982, Israel lanzó una invasión total del Líbano. El régimen israelí trató de justificarlo como una respuesta a los ataques palestinos lanzados desde suelo libanés. Pero los planes que los gobernantes israelíes tenían para el Líbano existían antes de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que se asentara allí. Ya en 1955 las autoridades israelíes habían contemplado un posible ataque contra el Líbano. Desde el final de la guerra israelí de 1967 hasta el inicio de la invasión del Líbano en 1982, los ataques militares de Israel contra el Líbano cobraron 10 mil vidas, mientras que durante el mismo período la policía israelí afirmó que 282 israelíes habían muerto como resultado de los ataques atribuidos a la OLP. A lo largo de la invasión, Washington respaldó el ataque israelí. “La OLP debe retirarse del Líbano”, insistió el entonces vicepresidente George Bush. “Esta fue esencialmente una guerra de Estados Unidos”, dijo el líder de la OLP, Yasser Arafat, en una conferencia de gobiernos árabes en septiembre de 1982. “Estaba dirigida no solo contra la OLP y sus aliados, sino también contra toda la nación árabe”. Israel, dijo Arafat, había sido “apoyado militar, económica y diplomáticamente por Estados Unidos”.

La OLP se vio obligada a retirar sus fuerzas del Líbano en agosto de 1982. Funcionarios estadounidenses prometieron que garantizarían la seguridad de los civiles palestinos en Beirut. Pero tan pronto como se completó la evacuación de los combatientes de la OLP, las tropas estadounidenses, francesas e italianas en el Líbano se retiraron. El 15 de septiembre de 1982, tanques israelíes rodearon los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila. Las fuerzas israelíes obraron mano en guante con las milicias libanesas derechistas para realizar una masacre de unos 3 mil palestinos, de una población de 20 mil que vivía en estos campamentos. El periodista israelí Amnon Kapeliouk, uno de los primeros en visitar Sabra y Chatila después de la “operación”, informó: “A menudo los asesinos no se contentaban simplemente con matar. En muchos casos, los asaltantes les cortaban las extremidades a sus víctimas antes de matarlas. Estrellaron las cabezas de bebés y de pequeños contra las paredes. Las mujeres, e incluso las niñas, fueron violadas antes de ser asesinadas con hachas”.

[3] Golda Meir (1898 – 1978) fue una política israelí que se desempeñó como la cuarta primera ministra de Israel de 1969 a 1974.


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