El artículo a continuación apareció el 30 de octubre de 2024 en la revista Jacobin. El autor, Bashir Abu-Manneh, enseña en la Escuela de Clásicos, Inglés e Historia de la Universidad de Kent, en la ciudad de Kent en el Reino Unido. También es editor colaborador de Jacobin.
Abu-Manneh aborda cuestiones de vital importancia para quienes laboran por darle fin a la agresión israelí y en apoyo a los derechos del pueblo palestino.
El título, el párrafo introductorio, la foto y el texto que siguen son del original. Los subtítulos y la nota al final son de Panorama-Mundial.
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Palestina necesita apoyo masivo, no marginación sectaria
Más de un año después de que Israel lanzó su agresión genocida contra Gaza, muchos en el movimiento contra la guerra están furiosos, y con razón. Pero no podemos permitir que esa rabia nuble el pensamiento estratégico sobre la mejor manera de solidarizarse con Palestina, dice Bashir Abu-Manneh.
La indignación moral y la ira por la prolongada y apocalíptica guerra de Israel contra Gaza es transformadora. La tiranía genocida de Israel ha conmovido la conciencia de todo el mundo, ha desencadenado un enorme movimiento de protesta global en Occidente contra su colonialismo y ocupación, y ha radicalizado a una nueva generación de jóvenes activistas. Para una mayoría mundial, Palestina es ahora una causa de justicia, democracia y libertad.
Como es de esperarse, sin embargo, la continuación de la guerra pasando un año, y el apoyo irrestricto de Estados Unidos a Israel han provocado una profunda frustración e ira. A medida que las armas estadounidenses siguen fluyendo hacia un Israel que permanece protegido de la ira de la opinión pública mundial, los manifestantes y activistas se sienten legítimamente ignorados y marginados por las élites belicistas. Tienen razón de enfurecerse por la continuación de la guerra, por el flujo incesante de imágenes de muerte y destrucción que ven por medio de sus celulares, y la degradación de su propia democracia debido a la represión del apoyo a Palestina.
Pero sería un gran error seguir el ejemplo político de una minoría muy pequeña de activistas que han convertido la ira y la frustración legítimas por el prolongado sufrimiento de los palestinos en una adhesión irracional a la violencia — sobre todo porque esto le hace el juego a quienes quieren que el movimiento popular de masas contra la guerra se vea desacreditado.
La indignación moral debe atizar el pensamiento estratégico
Para que sea eficaz y política, la indignación moral debe atizar el pensamiento estratégico. La organización política consiste en identificar mecanismos y tácticas que funcionen en un contexto determinado, no en adoptar nociones puristas y fórmulas mágicas que desacrediten al movimiento y lo mancillen por el apoyo a la violencia indiscriminada.
Lo más preocupante es que algunas voces del movimiento de solidaridad con Palestina han glorificado los ataques de Hamás del 7 de octubre. Se basan en la idea de que los oprimidos tienen derecho a resistir y que, por lo tanto, el trabajo de los activistas que actúan en solidaridad es defender y justificar todo lo que hacen. Pero este último punto no se deriva del primero.
No cabe duda de que los palestinos tienen derecho a resistir la ocupación extranjera. Se trata de un logro de la era de la descolonización que ha sido consagrado en el derecho internacional. Pero no por ello se deduce que todo lo que hace el movimiento de resistencia palestino promueve la causa palestina. Tampoco, y quizás sea lo más importante para los organizadores y activistas que quieren elevar al máximo su capacidad para darle fin al baño de sangre en Palestina y el Líbano, puede deducirse que cada acto de resistencia es igualmente eficaz para poner fin a la ocupación israelí y a la maquinaria de guerra. De hecho, algunos actos son contraproducentes y empeoran mucho las cosas.
Los ataques del 7 de octubre son un ejemplo. Consideremos los efectos de la Inundación de Al-Aqsa. Gaza ha sido diezmada. Dos millones de palestinos desplazados varias veces. Más de 43 mil muertos contados de los que sabemos con certeza (con algunos cálculos fiables que abogan por muchos más), con 10 mil aún bajo los escombros y 100 mil heridos, en su mayoría mujeres y niños. El setenta por ciento de las unidades de vivienda en Gaza están destruidas; el 96 por ciento de los palestinos padecen inseguridad alimentaria, y prevalecen la hambruna y la inanición. La sociedad palestina ha sido totalmente destruida y se necesitarán generaciones para rectificar y reconstruirla.
Lo que están experimentando los palestinos en Gaza es peor que la Nakba. Entonces, ¿cómo es posible que los ataques del 7 de octubre parezcan un masivo error de cálculo por parte de Hamás? No hay duda de que Hamás todavía glorifica y celebra su operación militar y el desmoronamiento momentáneo del poder y la opresión aparentemente inquebrantables de Israel. Pero cualquier análisis razonable de costo-beneficio para la población de Gaza tiene que concluir que el precio simplemente no vale la pena.
En un perverso giro del destino, esa es la razón por la que muchos palestinos en Gaza sueñan con volver a la era anterior al 7 de octubre. Por muy miserable y brutal que fuera el asedio, no era un genocidio. Los palestinos en Gaza vivían en sus hogares y llevaban una vida tan normal como podían bajo la ocupación: en Sumud[1] y con la esperanza de mejores circunstancias. Que ahora añoren el pasado no puede descartarse en ninguna evaluación del 7 de octubre.
Las acciones de Hamás le hicieron el juego a Israel
El alabar y defender las acciones de Hamás también es ignorar el hecho de que esas acciones le hicieron el juego a Israel directamente. Israel lleva el conflicto a una confrontación militar que puede ganar. La guerra, en este contexto de un conflicto altamente desigual y con un equilibrio de poder que es abrumadoramente ventajoso para Israel, es contraproducente. La militarización indiscriminada de la resistencia por parte de Hamás empodera a Israel, adhiere a la sociedad israelí a los gobiernos guerreristas, mancilla la resistencia con la etiqueta de “terrorismo” y socava la legitimidad de la lucha nacional palestina.
Pero debido al brutal genocidio de Israel, la cuestión de Palestina vuelve a estar al centro de la política mundial. Por lo tanto, ahora existe una enorme oportunidad para el trabajo de solidaridad — un trabajo de solidaridad que realmente puede ganarse la simpatía de un gran número de personas y presionar eficazmente a los agentes del poder que están facilitando este genocidio.
Significativamente, el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en julio (19 de julio de 2024) ha considerado ilegal la ocupación israelí. La decisión es un rechazo radical a la justificación y la práctica de Israel de una ocupación prolongada.
Es una fuerte afirmación del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y pide un Estado palestino soberano e independiente, y que se “eliminen todas las consecuencias del acto ilegal” y se brinden reparaciones, restituciones e indemnizaciones a los palestinos ocupados. Es importante destacar que esto sigue siendo lo que los palestinos ocupados quieren a pesar de la creciente erosión de la esperanza política de que haya un cambio sustancial.
La decisión también exige que otros Estados distingan en sus relaciones entre Israel y los territorios palestinos ocupados, que no ayuden y contribuyan a mantener la ilegalidad y, por último, que Israel rinda cuentas por violar el derecho internacional. La mayoría de los Estados en la Asamblea General de la ONU han aceptado este fallo, dándole a Israel un año para implementarlo. Ahora, algunos gobiernos occidentales también han comenzado a llamar por un boicot de armamentos o han bloqueado ellos mismos sus entregas de armas a Israel.
Lo que se necesita es un trabajo enfocado y una organización política
Estos acontecimientos son un gran factor positivo para Palestina y una verdadera apertura política para la defensa de los derechos de los palestinos. Para que el fallo de la CIJ tenga la más remota posibilidad de ser implementado y ejecutado, se requiere un tesonero trabajo político y organización. La medida más definitiva del éxito es identificar formas de poner en práctica todas estas nuevas intervenciones para cambiar la situación de los palestinos ocupados sobre el terreno.
Los palestinos necesitan instrumentos eficaces y exitosos para mejorar sus vidas y poner fin a la brutal ocupación israelí. También necesitan métodos de resistencia que aumenten su influencia, no la socaven, y que le impongan una nueva realidad a Israel.
Hoy, por lo tanto, las tareas para el trabajo solidario son enormes. Los palestinos no pueden permitirse el lujo de desperdiciar esta coyuntura en luchas sectarias internas o en la celebración de métodos desastrosos que empujan la causa palestina hacia los márgenes políticos irrelevantes y al aislamiento. En su justa ira por la matazón de Israel, el movimiento pro-Palestina debería rechazar la tentación de valorar la violencia. El hacerlo solo empodera a Israel para continuar esta guerra. Deben prevalecer la esperanza y la reivindicación enfocada.
Epílogo de Panorama-Mundial
El programa, la estrategia y las tácticas están interconectados
Panorama-Mundial está de acuerdo con Abu-Manneh en que “no cabe duda de que los palestinos tienen derecho a resistir la ocupación extranjera”.
También compartimos su evaluación de que “sería un gran error seguir el ejemplo político de una minoría muy pequeña de activistas que han convertido la ira y la frustración legítimas por el prolongado sufrimiento de los palestinos en una adhesión irracional a la violencia — sobre todo porque esto le hace el juego a quienes quieren que el movimiento popular de masas contra la guerra se vea desacreditado.
“Para que sea eficaz y política, la indignación moral debe atizar el pensamiento estratégico”, escribe Abu-Manneh.
Esta idea es esencial.
Farrell Dobbs, un líder central de las luchas militantes de base del sindicato de camioneros Teamsters en la década de 1930, que más tarde se desempeñó durante muchos años como secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores (cuando el PST apoyaba activamente la lucha del pueblo palestino por la autodeterminación nacional), habló sobre este punto en una discusión en 1975 con líderes de la Alianza de la Juventud Socialista. En ese momento los líderes de la AJS estaban considerando la mejor manera de enfrentar ataques racistas y fascistas. El resumen de Dobbs sobre el pensamiento marxista tiene una amplia aplicación.
“Recuerden que las tácticas tienen que estar al servicio de una trayectoria estratégica, y la trayectoria estratégica tiene que estar estrechamente en sintonía con los objetivos programáticos”, explicó Dobbs. “No es ventajoso aferrarse una táctica porque parece atractiva en el momento, siempre hay que ver la táctica en relación con todo el problema fundamental.
“La estrategia es un sistema de tácticas pero también algo más”, continuó Dobbs. “Contiene el objetivo fundamental hacia el que te diriges. Está en sintonía con las realidades coyunturales según la relación de las fuerzas de clases, y se reajusta a medida que cambia la relación de las fuerzas de clase.
“La estrategia está sujeta a variaciones en el alcance y el ritmo en lo que respecta al posible alcance de su implementación. Al mismo tiempo, la estrategia es también el medio por el cual puede uno desarrollar un sistema de tácticas que sirva a nuestros objetivos, y el regulador del curso fundamental que seguimos cuando buscamos construir el movimiento anticapitalista. Siempre es muy importante ver la lucha contra el fascismo no solo en su aspecto táctico, sino en su relación con la estrategia y el programa”, concluyó.
Creemos que Abu-Manneh está aplicando un enfoque similar a los desafíos que hoy enfrentan quienes defienden los derechos palestinos. Otros han tomado un rumbo muy diferente. El artículo de Abu Manneh es oportuno y necesario.
— Los editores de Panorama-Mundial
NOTAS
[1] La Enciclopedia Interactiva de la Cuestión Palestina explica que: “Sumud significa ‘firmeza’ o ‘perseverancia inquebrantable’ en árabe, y es un término común utilizado para describir la resistencia palestina, cotidiana y no violenta, contra la ocupación israelí.
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Categories: Palestina/Israel