A continuación presentamos la segunda parte de una entrevista con Rashid Khalidi, un renombrado erudito palestino-estadounidense. Apareció por primera vez en el diario israelí Haaretz el 30 de noviembre de 2024.
La introducción completa a la entrevista por Panorama-Mundial puede encontrarse en la Parte I.
Panorama-Mundial publica la entrevista para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, el texto y las fotos a continuación son del original. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la segunda de las cuales sigue.
(Esta es la segunda de dos partes. La primera se encuentra en la Parte I.)
El historiador palestino-estadounidense Rashid Khalidi dijo: “Israel ha creado para sí mismo un escenario de pesadilla. El tiempo corre’
El quid aquí no es Hamás, la religión o el terrorismo. Rashid Khalidi, el intelectual palestino más prominente de nuestro tiempo, está convencido de que los israelíes simplemente no entienden el conflicto, que viven en una “burbuja de falsa conciencia”
Entrevista con Rashid Khalidi por Itay Mashiach HAARETZ
Un colega suyo, el historiador israelí Shlomo Ben Ami, explicó el fracaso de las conversaciones de Camp David, en julio del 2000, como un fracaso del liderazgo palestino. En una entrevista en 2001, dijo que los palestinos “no podían liberarse de la necesidad de reivindicación, de su victimización”; que negociar con Arafat era como “negociar con un mito”; y que “los palestinos no quieren una solución tanto como quieren sentar a Israel en el banquillo de los acusados”. ¿Es posible que la región haya perdido una oportunidad histórica debido al liderazgo de Yasser Arafat?
“Quieres llevarme a la maleza de los detalles; yo quiero levantarme y mirar todo el jardín podrido. Un presidente estadounidense desperdició siete años y medio de su presidencia — antes de llevar a la gente, un par de meses antes de unas elecciones cuando ya iba de salida y era ineficaz, a Camp David. ¿Quieres negociarlo? Entonces hazlo dentro del límite de tiempo establecido por el acuerdo [de Oslo] que firmaron en los jardines de la Casa Blanca en 1993. [El proceso] debería haberse completado en 1999. Barak ya había perdido su mayoría en la Knesset — otro que ya iba de salida y estaba maniatado.
“En cuanto a Arafat, ¿dónde está en el año 2000? Yo viví en Jerusalén a principios de la década de 1990. Uno podía conducir a cualquier lugar con placas verdes, desde Cisjordania hasta los Altos del Golán, Eilat y Gaza. Había 100 mil trabajadores [palestinos] en Israel, y los israelíes iban de compras en Cisjordania. Para 1999 ya la economía palestina se había atrofiado. Permisos, retenes, muros, bloqueos, separación. La popularidad de Arafat se desplomó”.
Usted habla del deterioro de la economía palestina en la década de 1990, pero otro episodio importante y traumático para Israel en esa década fueron los atentados suicidas de 1994 a 1996, a los que dedica poco espacio en su libro.
“La separación comenzó antes del primer atentado suicida. La idea de la separación fue fundamental para la forma en que Rabin y [el ministro de Relaciones Exteriores Shimon] Peres entendieron este [proceso] desde el principio. Y la separación significa amurallar a los palestinos en pequeños enclaves y separarlos de la economía israelí. Todas estas cosas que ocurrieron fueron planeadas de antemano. La excusa de los atentados suicidas explica los detalles, pero no explica la idea”.
Los ataques suicidas fueron un factor importante en el descarrilamiento del proceso.
“Recordemos lo que precedió a los atentados suicidas”.
Usted se refiere a la masacre de fieles palestinos en Hebrón, en febrero de 1994, perpetrada por Baruch Goldstein.
“Sí, y la respuesta de Rabin a la masacre. No extirpó a Kiryat Arba [el asentamiento urbano colindante con Hebrón], no sacó a los colonos de Hebrón, no castigó a los culpables — castigó a los palestinos. Entonces quedó claro lo que era Oslo: una extensión y un refuerzo de la ocupación. Y Hamás se aprovechó de eso. Vieron que todo el entramado que Arafat trató de venderles a los palestinos no iba a conducir a lo que había afirmado. Eso, junto con todo lo demás que estaba sucediendo, les dio una enorme oportunidad. La situación de los palestinos empeoró a lo largo de la década de 1990, lo que le dio a Hamás muy buenos argumentos.
“Mirando hacia atrás, desde la guerra de 1973 hasta 1988, la OLP se alejó de [su objetivo declarado de] la liberación de toda Palestina y del uso de la violencia. Esto se resume en la declaración del Consejo Nacional Palestino de la OLP de 1988 en Argel. Los que se opusieron terminaron en Hamás, en el Frente Popular para la Liberación de Palestina, etcétera.
“¿Cómo podría haber triunfado el primero de estos grupos? Tenían que ser capaces de darles a sus partidarios pruebas tangibles de que su enfoque estaba teniendo éxito. Pero a sus bases no les dieron nada. Nada. Una situación peor que a principios de la década de 1990. Así que, por supuesto, la gente que rechaza la partición e insiste en la lucha armada y en la liberación total va a encontrar apoyo.
“Lo que quiero subrayar es que aquí hay un proceso dialéctico, que del lado israelí está impulsado por la incapacidad de entender que hay que ceder. Y para Israel soltar algo parece imposible: ni tierras, ni población y los registros de población, ni seguridad, ni puentes, ni del Shabak [el servicio de seguridad del Shin Bet] metiéndoles a todos los dedos en la nariz. En nada cedían, y eso es más importante que los mitos sobre lo que Arafat dejaría o no dejaría ir”.
La cuestión es si el movimiento nacional palestino de los años 90 era capaz de comprender que el ceder requería una evolución política interna por Israel que tomaría algo de tiempo. Y cuando te inmolas en medio de Tel Aviv, esa opción de un cambio de perspectiva pierde en las elecciones.
“Sé que los atentados suicidas de la década de 1990 tuvieron un enorme impacto en la opinión pública israelí, pero eso realmente no viene al caso. Si el colonizador quiere descolonizar, tiene que decidir hacerlo. Hay dos maneras de hacer que el colonizador se dé cuenta de eso: cuando el costo se vuelve demasiado alto y la opinión pública en casa cambia; o cuando el colonizado diseña una estrategia que funciona en múltiples niveles.
“Los irlandeses idearon una estrategia, también lo hicieron los argelinos y los vietnamitas. Los palestinos, para mi angustia y tristeza, no lo hicieron. Ni para acercarse a la opinión pública israelí soslayando a sus dirigentes, ni para tratar con su metrópoli, es decir, Estados Unidos y Europa, sin las cuales no existe como Estado independiente y no tiene ni sus bombas ni sus aviones. Los irlandeses, son brillantes; los argelinos, muy listos; los vietnamitas, genios. Los palestinos — no tan inteligentes. Si quieres mi crítica de los líderes palestinos, ahí está”.
La explicación que usted da para el ascenso de Hamás es esencialmente materialista: la alternativa diplomática de la OLP trajo peores condiciones de vida para los palestinos y dejó un vacío político en el ala militante, que Hamás ocupó. Pero, ¿qué hay del papel de la religión y de las aspiraciones islámicas en la sociedad palestina?
“La religión ha sido un elemento importante en el nacionalismo palestino desde el principio, pero su popularidad fluctúa. En el apogeo de la OLP, los islamistas eran muy débiles — casi inexistentes políticamente. Así que para decir que la sociedad palestina es profundamente musulmana y profundamente islamista, hay que explicar varias décadas en las que no fue así. Hamás nunca obtuvo la mayoría entre los palestinos. En 2006, obtuvieron el 43 por ciento de los votos. Conozco cristianos en Belén que votaron por Hamás porque estaban hartos de Fatah. Así que no creo que ni siquiera el 43 por ciento represente su popularidad real en ese momento”.
Usted critica a Israel por ignorar la posibilidad de que Hamás haya experimentado un cambio en esos años. Pero lo que muchos israelíes se preguntan es por qué los palestinos no aprovecharon la oportunidad de la retirada de Israel de Gaza para desarrollar su sociedad y construir una alternativa pacífica.
“Porque la ocupación nunca terminó. Esa es una pregunta profundamente estúpida, que plantean personas que están tratando de justificar una narrativa fundamentalmente falsa. Gaza nunca estuvo abierta; siempre estuvo ocupada. El espacio aéreo, el espacio marítimo, cada entrada, cada salida, cada importación, cada exportación — el maldito registro de la población permaneció en manos de Israel. ¿Qué cambió? Unos pocos miles de colonos fueron expulsados. Así que en lugar de estar en pequeñas prisiones dentro de Gaza, los palestinos estaban ahora en una gran prisión en Gaza. Eso no es el fin de la ocupación, es una modificación de la ocupación. No es el fin de la colonización.
“Ustedes abandonan Gaza con el fin de intensificar [su control] en Cisjordania. El ayudante de Sharon, Dov Weissglas, dijo [en una entrevista en Haaretz en 2004, que el plan de retirada de Sharon] “suministra la cantidad de formaldehído que es necesaria para que no haya un proceso político con los palestinos”. ¿Creen que no podemos leer hebreo, por el amor de Dios? Un Estado significa soberanía. Y la soberanía no significa que una potencia militar extranjera de ocupación controle tu registro de población.
“Piensa en eso durante dos minutos. Es decir, es como si la Oficina del Censo de los Estados Unidos estuviera controlada en Moscú. ¿En serio? ¿Las importaciones y las exportaciones son decididas por algún cabo o algún burócrata de algún ministerio en Tel Aviv o en Jerusalén? O sea, ¿va en serio? ¿Y se supone que los palestinos deben decir: ‘Ah bueno, vamos a crear una pequeña utopía dentro de la prisión’? ¿Qué clase de tontería es esa?”
¿Qué piensa de la lucha armada desde una perspectiva moral?
“Empecemos por el hecho de que la violencia es violencia; tanto la violencia estatal como la violencia no estatal son violencia. Si no aceptamos esos principios, no podemos hablar. La violencia del colonizador es tres a 20, hasta 100 veces más intensa que la violencia del colonizado. Entonces, si queremos hablar de violencia, hablemos de violencia; si nos vamos a enfocar en el terrorismo y la violencia de los palestinos, no estamos hablando el mismo idioma.
“El segundo punto de partida es que, legalmente, desde la Segunda Guerra Mundial, se ha aceptado que pueblos bajo el dominio colonial tienen el derecho a utilizar todos los medios para su liberación, dentro de los límites del derecho internacional humanitario. Es decir, combatientes y no combatientes, es proporcionalidad. No es la moralidad, es el derecho internacional.
“Pero eso ciñe a ambas partes, tanto a los colonizadores como a los colonizados, si aceptan el derecho internacional humanitario. Cuando destruyen un edificio entero para matar a una persona de Hamás en Jabalya, es evidente que la proporcionalidad y la capacidad de discriminar han sido arrojados por la ventana.
“Quién lo inició es irrelevante. La proporcionalidad y la capacidad de discriminar no dicen que no tengas que preocuparte por estas reglas si el otro es un maluco y el otro es el que lo inició. Y, por último, está el aspecto político [de la violencia], que tiene que ver con la forma más sabia de lograr tus objetivos”.
Sobre este punto, en su libro usted cita a Eqbal Ahmad, el intelectual pakistaní que trabajó con Franz Fanon y el FLN [Frente de Liberación Nacional-P-M], el movimiento de liberación argelino. A principios de la década de 1980, la OLP le encargó que evaluara su estrategia militar. Argumentó que, a diferencia del caso argelino, el uso de la fuerza contra los israelíes “solamente fortaleció un sentimiento preexistente y generalizado de victimismo entre los israelíes, mientras que [también] unificó a la sociedad israelí”.
“Sí, y creo que eso es algo extremadamente importante. Si se habla de los franceses [en Argelia], yo diría que colocar una bomba en un café viola tanto las sanciones morales como las legales, es una violación del derecho internacional humanitario. Dos heroínas de la revolución argelina — Jamila Bouhired y Zahra Zarif — hicieron eso.
“Al nivel político, creo que es debatible, porque en última instancia los colons [los colonos franceses en Argelia, también conocidos como los pieds-noirs], tienen un lugar al que volver. Sufren de lo que yo llamo ‘miedo colonial’. Les tienen terror a los indigènes [la población indígena], porque los indigènes los superan en número y saben que los indigènes les tienen resentimiento.
“Pero no sufren de un miedo hereditario a la persecución. No tienen una narrativa movilizada en la que cada ataque contra ellos se sitúa en ese contexto, en lugar de en el contexto local de Argelia. Y en última instancia, esa violencia tiene éxito. Moralmente, la actitud hacia la violencia indiscriminada es blanco y negro. Pero políticamente es gris. Lo que Eqbal Ahmed dice sobre Israel es que, debido a la naturaleza de la historia judía, una estrategia de violencia indiscriminada — que la OLP estaba llevando a cabo en ese momento — es políticamente contraproducente”.
¿Cómo evalúa usted el efecto del BDS —el movimiento de boicot contra Israel— ahora, después de dos décadas?
“Hace veinte años, las resoluciones de BDS [por los gobiernos estudiantiles] no podían aprobarse en ningún campus estadounidense; hoy se aprueban con facilidad. Pero no se han instituido boicots, o son muy pocos; no se han impuesto sanciones; y ha habido muy poca desinversión”.
O sea, un fracaso.
“¡No! La cuestión es que la opinión pública ha cambiado. El objetivo del BDS era bregar con un tema con el que la otra parte no quiere bregar. ¿Por qué llaman antisemitas a todos los que se atreven a hablar de este genocidio [en Gaza]? Porque no tienen argumentos, no tienen nada que decir; así que tienen que acallarlos con la acusación más tóxica posible en el mundo occidental. El objetivo [del BDS], tal y como yo lo veía, no era provocar verdaderos boicots, desinversiones o sanciones. Fue una palanca para sacar a la luz un tema que nadie quería discutir. Y, en mi opinión, tuvo un éxito enorme en ese sentido.
“Ahora los holandeses, los alemanes, los españoles, los canadienses, están empezando a restringir [ciertos] suministros de armas a Israel. Estos y otros movimientos son el resultado de un cambio de opinión en la metrópoli occidental, y eso se debe en gran medida al BDS”.
Y para usted, como partidario del BDS, ¿no es un problema el ser entrevistado por un periódico israelí?
“No. He publicado libros en Israel. Creo que es importante llegar a un público israelí. Sé que es un público que ha disminuido mucho, pero el punto es que no se gana, no se genera el cambio sin entender cómo apelar a la opinión pública, por encima de los que encabezan los gobiernos y por encima de los que encabezan la maquinaria de propaganda, ya sea en Estados Unidos o en Israel”.
En su libro, usted señala que los argelinos y los vietnamitas no dejaron pasar la oportunidad de influir en la opinión pública en las sociedades de origen de sus enemigos, y argumenta que eso fue algo crucial para sus victorias. ¿Qué deberían hacer los palestinos que no están haciendo ahora para dirigirse a los israelíes, si es que eso es posible?
“La respuesta a eso tendría que venir de un movimiento nacional palestino unificado con una estrategia clara — no es algo que le corresponda dar a Rashid Khalidi. Uno de los problemas que tenemos hoy día es la desunión y la ausencia de un movimiento nacional unificado y de una estrategia clara y unificada. Sin eso, nadie va a liberar nada. La diplomacia pública — que puede llamarse hasbara, o puede llamarse propaganda — es absolutamente esencial. Sólo es debido a eso que las luchas de liberación tienen éxito. Si los sudafricanos no lo hubieran hecho, todavía tendrían el apartheid”.
¿Cuál es el papel de la diáspora palestina en este actual vacío de liderazgo, y específicamente el papel de los intelectuales como usted?
“Creo que la diáspora y una generación más joven en la diáspora, que está asimilada y completamente aculturada y entiende la cultura política de los países en los que se encuentran, tendrán un papel importante en el futuro. Creo que el rol de mi generación ha terminado, incluyéndome a mí. Todavía no podemos beneficiarnos del talento y la comprensión de la política occidental que posee la generación joven. Eso llegará pronto, espero. Pero requiere un movimiento nacional organizado, centralizado y unificado. Hoy eso no lo tenemos”.
¿Y el establecimiento de un gobierno en el exilio?
“Históricamente el liderazgo [palestino] siempre estuvo afuera. Uno de los muchos errores que cometió Arafat fue tomar a toda la OLP y llevarla a la jaula de la ocupación. ¿Quién hace eso? Cuando te liberas, mudas parte de tu liderazgo, quizás — [pero] él no había liberado nada.
“Estaban tan desesperados por salir de Túnez y de los otros lugares en los que estaban debido al error que cometieron al apoyar a Saddam Hussein en 1990 y 1991, que estaban dispuestos a saltar de la sartén al fuego. Fue un error fatal. ¿Quién pone a toda la dirigencia bajo el control de los servicios militares y de seguridad israelíes? Es alucinante. Por lo tanto, sí, hay que asumir que se necesitará [liderazgo en] la diáspora, y en el futuro terminará estando en parte en el exterior y en parte en el interior. Como con Argelia”.
En el movimiento contra el apartheid, la cooperación con los sudafricanos blancos fue crucial. ¿Qué se puede hacer para ampliar la alianza judeo-palestina?
“Esa es una pregunta difícil. Entre muchos palestinos, especialmente los jóvenes, hay una resistencia a lo que llaman la “normalización”. Y eso, hasta cierto punto, ciega a algunas personas a la necesidad de encontrar aliados del otro lado. En última instancia no vas a ganar sin que eso suceda. Es más difícil que cualquier otra lucha de liberación, porque no es un proyecto colonial en el que la gente pueda volver a su casa. Ese hogar no existe.
“Ellos [los judíos] han estado en Israel durante tres o cuatro generaciones. No se van a ir a ninguna parte. No es como apelar a los franceses y que se lleven a sus colonos a casa. Es más como Irlanda y Sudáfrica, donde tienes que llegar a un acuerdo con lo que ves como una población separada, pero que ahora se ha vuelto enraciné, arraigada, y que ha desarrollado una identidad colectiva”.
Sin embargo, usted analiza este conflicto como un caso de colonialismo de asentamiento.
“Uno escucha lo que la gente del ala derecha del gobierno actual está diciendo sobre Gaza, uno ve lo que están haciendo en Cisjordania, cómo después de 1948 despojaron a la gente de sus tierras y los restringieron en Galilea y en el Triángulo [un área de densa población árabe en el centro de Israel]. Si eso no es colonialismo de asentamientos, no sé qué pudiera ser. Todo lo que se ha hecho desde el principio está claramente dentro de ese paradigma.
“Pero el sionismo comienza como un proyecto nacional, y luego encuentran un patrocinador, y luego utilizan los medios del colonialismo de asentamiento. Eso es algo único. Ninguno de estos otros casos de colonización comienza como un proyecto nacional. El paradigma del colonialismo de asentamiento es útil sólo hasta cierto punto. Y el caso más singular que uno pueda imaginarse es Israel. No existe una madre patria, casi toda la población está allí por la persecución, y existe el vínculo con la Tierra Santa — con la Biblia, por el amor de Dios”.
Usted ha explorado la transferencia de conocimientos sobre métodos de contrainsurgencia entre las colonias británicas y ha descrito cómo los líderes sionistas adoptaron las prácticas coloniales de los británicos. ¿Qué ha encontrado?
“De hecho, estoy trabajando en eso ahora. Tras la independencia irlandesa los británicos exportan [a Palestina] toda la Comisaría Real Irlandesa, y forman la Gendarmería Palestina. Cuando estallan las revueltas, traen expertos de otros lugares. Traen al general [Bernard] Montgomery, que comandó la brigada en Cork en 1921 [donde se llevaron a cabo represalias contra los rebeldes irlandeses]; él comandó una división en Palestina en 1938. Traen a Sir Charles Tegart, a quien habían enviado de Irlanda a la India, para construir [aquí] ‘Fuertes de Tegart’, centros de tortura, en lo que él era un experto. Viene a Palestina para impartir ese conocimiento. Y un tipo llamado Orde Wingate a quien todos los expertos militares israelíes conocen íntimamente — el padre de la doctrina militar israelí”.
En una entrevista con el New Left Review, usted describió a Wingate como un “asesino colonial a sangre fría”.
“Sirvió en Sudán, Dios sabe lo que hizo allí. Tendría que investigar un poco más para averiguarlo. En Palestina formó los Escuadrones Nocturnos Especiales, que consistían en cuadros elegidos del Palmach y la Haganah [fuerzas clandestinas judías] que eran emparejados con soldados británicos seleccionados.
“Lanzó una campaña de incursiones nocturnas. Atacar aldeas. Fusilar a los prisioneros. Tortura. Dinamitar casas sobre las cabezas de las personas. Cosas horribles. O sea, los relatos que existen, se trata claramente de un psicópata asesino. Moshe Dayan fue uno de sus aprendices, junto con Yitzhak Sadeh [comandante de las tropas de choque del Palmach antes de las FDI] y Yigal Alon. Probablemente hay una docena de oficiales superiores del ejército israelí, la mayoría de los cuales alcanzan el rango de general de división, que fueron entrenados por ese hombre. La doctrina del ejército israelí tiene su origen en Wingate”.
* * *
Termina usted su libro diciendo que “los enfrentamientos entre los asentamientos coloniales y los pueblos indígenas solo han terminado de una de tres maneras: con la eliminación o el sometimiento total de la población nativa, como en América del Norte; con la derrota y expulsión del colonizador, como en Argelia, que es extremadamente rara; o con el abandono de la supremacía colonial, en el contexto del acuerdo y la reconciliación, como en Sudáfrica, Zimbabue e Irlanda”. ¿Por qué camino vamos?
“El exterminio de un bando por el otro es imposible. La expulsión de una parte por la otra — que yo hubiera dicho es imposible — creo que ahora es posible, pero poco probable. Así que, tenemos a dos pueblos. O la guerra continúa, o llegan al entendimiento de que tienen que vivir sobre una base de igualdad absoluta. No es una respuesta muy optimista, pero es la única respuesta. Permítame agregar que, como resultado de la guerra actual, esta resolución [del conflicto] está mucho más cerca porque la opinión pública occidental se ha vuelto en contra de Israel de una manera que nunca había sucedido, desde la Declaración Balfour [por Gran Bretaña, en 1917, a favor de una patria judía en Palestina] hasta hoy.
“La opinión pública occidental siempre fue unánimemente comprensiva con Israel, con pequeñas excepciones. En 1982, cuando vieron demasiados edificios destruidos y demasiados niños muertos [en el Líbano], y en la primera intifada [1987-1992], cuando había demasiados tanques enfrentando a demasiados niños tirando piedras. Pero por lo demás, apoyo de pared a pared. Las élites, la opinión pública. Sin excepción, durante ciento y pico de años. Eso ha cambiado. Puede que este [cambio] no sea irreversible, pero el reloj está corriendo. Israel ha creado para sí, con su comportamiento desde el 7 de octubre, un escenario de pesadilla a nivel mundial.
Hay segmentos de la izquierda israelí que fantasean que ocurra una solución impuesta desde el exterior. ¿Es eso posible?
“Será posible siempre y cuando cambien los intereses estadounidenses con respecto a Palestina. Estados Unidos ha obligado a Israel a hacer muchas cosas que dictaba el interés estratégico, nacional o económico de Estados Unidos”.
Durante la Guerra Fría, por ejemplo.
“Correcto. [El Secretario de Estado Henry] Kissinger forzó al gobierno israelí a aceptar acuerdos de retirada. [El Secretario de Estado James] Baker obligó a [el primer ministro Yitzhak] Shamir a participar en Madrid [en la conferencia de paz de 1991]. Obama los obligó a aceptar el acuerdo [nuclear] con Irán. [El Presidente Dwight] Eisenhower los obligó a salir del Sinaí [en 1957]. Ha sido nuestra desgracia que Palestina no represente para Estados Unidos un importante interés nacional.
“Las dictaduras en el mundo árabe reprimen la opinión pública y están subordinadas a Estados Unidos; los regímenes petroleros dependen de los Estados Unidos para su defensa contra sus pueblos y sus enemigos externos. Si eso cambia, si las cosas que hace Israel dañan el interés nacional estadounidense, eso podría provocar coerción externa. No albergo muchas esperanzas”.
La generación más joven de activistas pro-Palestina en Estados Unidos lo criticó por las distinciones que hace sobre la violencia. ¿Usted qué les dice?
“No tengo amor por la violencia, pero tengo muy claro que la violencia ha sido un elemento esencial de toda lucha de liberación. Contra la violencia abrumadora del colonizador, habrá violencia, lo quiera uno o no. La percepción israelí es que si la fuerza no funciona, hay que usar más fuerza. Este es el resultado. Si expulsas a la OLP del Líbano, obtienes a Hezbolá. Si matas a [el líder de Hezbolá, Abbas] Musawi, obtienes a [Hassan] Nasrallah. Ahora matas a Nasrallah, buena suerte con lo que vas a conseguir. Si matas a [el líder de Hamás, Yahya] Sinwar, espera a ver qué consigues. Esa es la naturaleza de la violencia colonial. Engendra resistencia. Me gustaría que la resistencia fuera inteligente, estratégica, idealmente también moral y legal, pero probablemente no lo sea”.
¿Qué le gustaría que los israelíes entendieran mejor sobre el conflicto?
“Necesitan entender algo que es muy difícil de entender para ellos: cómo los palestinos y el resto del mundo ven la situación. Es vista, desde el principio, como un intento de crear un estado judío en un país árabe. No se trata de un grupo inocente de refugiados que llegan a su patria ancestral y de repente son atacados por hombres y mujeres salvajes. Llegan y hacen cosas que generan todo lo que sigue; su propia llegada, y las estructuras con las que llegan crean el conflicto.
¿Hubo alguna vez un conflicto judío-árabe en Palestina en el siglo XVIII, en el siglo XVII, en el siglo XIX, en el siglo XV y en el siglo XII? No. Este no es un conflicto que ha estado ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Hay que dejar a un lado esa versión de la historia que se justifica a sí misma. Es decir, entender que los palestinos, los árabes, el resto del mundo, y ahora también la opinión pública occidental lo ven así. Todavía hay élites que van a apoyar cualquier cosa que haga Israel. Pero el tiempo corre. Por debajo, algo está hirviendo”.
(Esta fue la segunda de dos partes. La primera se encuentra aquí.)
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Categories: Palestina/Israel
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