Palestina/Israel

Rashid Khalidi: “Un escenario de pesadilla para Israel” (I)



La siguiente entrevista apareció por primera vez en el diario israelí Haaretz el 30 de noviembre de 2024. “Khalidi ha sido descrito”, escribió Haaretz, “como el intelectual palestino más importante de su generación, como el sucesor de Edward Said y como el historiador vivo más preeminente de Palestina”.

Tras una carrera de 22 años, Khalidi se jubiló recientemente de la Universidad de Columbia, donde se desempeñó como profesor Edward Said de Estudios Árabes Modernos. Durante este tiempo, también editó o coeditó el Journal of Palestine Studies. Es autor de varios libros, entre ellos La guerra de los cien años en Palestina.

En esta amplia entrevista, Khalidi vuelve a bregar con temas importantes que ha discutido en otras ocasiones en los 14 meses transcurridos desde el ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. (Panorama-Mundial ha publicado previamente cuatro entrevistas de este tipo). “Uno de los problemas que tenemos hoy”, explica, refiriéndose a la lucha palestina, “es la desunión y la ausencia de un movimiento nacional unificado y de una estrategia clara y unificada. Sin eso, no van a liberar nada”.

Vuelve a abordar el papel de la violencia en la lucha anticolonial. Si bien renueva sus críticas al ataque liderado por Hamás, señala que históricamente Israel se ha negado a cualquier posibilidad de un Estado palestino soberano. Y añade: “La violencia del colonizador es de tres a 20 o 100 veces más intensa que la violencia del colonizado. Entonces, si queremos hablar de violencia, hablemos de violencia; si queremos enfocarnos en el terrorismo y la violencia de los palestinos, no estamos hablando el mismo idioma”.

Itay Mashiach, quien realizó esta entrevista para Haaretz, señala “la importancia que él [Khalidi] atribuye a mantener un canal abierto con los israelíes”. De ahí, añade Mashiach, “también el acceder a ser entrevistado [por una publicación israelí]. En su opinión, es un elemento integral del camino hacia la victoria”.

Khalidi hace hincapié en este punto cuando se le pide que explique sus puntos de vista sobre el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Mashiach le preguntó si el apoyo de Khalidi al BDS hacía que fuera un problema para él ser entrevistado por Haaretz. “No”, responde Khalidi. “He publicado libros en Israel. Creo que es importante llegar a un público israelí. Sé que es un público que ha disminuido mucho, pero el punto es que no se gana, no se genera el cambio, sin entender cómo apelar a la opinión pública, por encima de los que encabezan los gobiernos y por encima de los que encabezan la maquinaria de propaganda, ya sea en Estados Unidos o en Israel”.

Cuando se le pregunta sobre la posibilidad de alianzas judeo-palestinas, explica:

“Esa es una pregunta difícil. Entre muchos palestinos, especialmente los jóvenes, hay una resistencia a lo que llaman “normalización”. Y eso, hasta cierto punto, ciega a algunas personas a la necesidad de encontrar aliados en el otro lado. Al final, no vas a ganar sin que eso suceda. Es más difícil que cualquier otra lucha de liberación, porque no es un proyecto colonial donde la gente pueda volver a casa. No hay un hogar. Ellos [los judíos] han estado en Israel durante tres o cuatro generaciones. No se van a ir a ninguna parte. No es que pueda uno apelar a los franceses y se lleven sus colonos a casa. Es más como Irlanda y Sudáfrica, donde tienes que llegar a un acuerdo con lo que ves como una población separada, pero que ahora se ha vuelto enraciné, arraigada, y que ha desarrollado una identidad colectiva”.

Los acontecimientos en Siria sacuden la región

El 9 de diciembre ciudadanos sirios en Damasco derriban las estatuas de Hafez al-Assad, quien gobernó Siria hasta su muerte y fue el padre del depuesto presidente del país Bashar al-Assad, cuyo régimen fue derrocado un día antes. (Foto: Murat Sengul / Anadolu)

Poco después de que apareciera esta entrevista, la dictadura de la familia Assad en Siria fue derrocada tras una serie de victorias relámpago por parte de grupos armados sirios que habían estado luchando durante muchos años contra el régimen de Assad. Esta victoria sobre un gobierno brutal que había oprimido al pueblo sirio durante décadas abrió una serie de oportunidades y desafíos para los trabajadores en Siria, y más ampliamente en la región del Medio Oriente. El régimen de Assad fue un aliado clave de la teocracia reaccionaria que gobierna Irán, y durante mucho tiempo contó con el apoyo del régimen de Putin en Rusia.

Un artículo en el New York Times el 9 de diciembre informó: “Se espera que potencias extranjeras como Irán, Turquía, Rusia y Estados Unidos, que apoyan a diferentes bandos en el conflicto, presionen por mantener su influencia en la nueva era, lo que podría prolongar las disputas internas en Siria”.

Sin embargo, es Israel el que ha actuado de manera más agresiva y decisiva para dar forma a los futuros acontecimientos. “Israel dijo el martes [10 de diciembre] que había destruido la marina de Siria en ataques aéreos nocturnos”, informó el Times del 10 de diciembre, “mientras continuaba atacando objetivos en Siria a pesar de las advertencias de que sus operaciones allí podrían encender un nuevo conflicto y poner en peligro la transición del poder a un gobierno interino”.

El ejército israelí confirmó que había atacado instalaciones de la marina siria durante la noche, y que ha realizado más de 350 ataques aéreos en las últimas 48 horas contra activos militares del régimen de Assad. Los objetivos incluían baterías antiaéreas, aeropuertos, y plantas de producción de armas en Damasco, Homs, Tartus, Latakia y Palmira”.

El enviado especial de Naciones Unidas a Siria le pidió a Israel que detenga sus operaciones militares.

En las próximas semanas y meses se sabrá más claramente cómo va a responder el pueblo sirio a estos acontecimientos.

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Panorama-Mundial publica esta entrevista para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, el texto y las fotos que siguen son del original. Debido a su extensión, publicamos la entrevista en dos partes, la primera de las cuales sigue.

— Los editores de Panorama-Mundial


(Esta es la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse aquí.)


El historiador palestino-estadounidense Rashid Khalidi dice: “Israel ha creado para sí mismo un escenario de pesadilla. El tiempo corre’

El quid aquí no es Hamás, la religión o el terrorismo. Rashid Khalidi, el intelectual palestino más prominente de nuestro tiempo, está convencido de que los israelíes simplemente no entienden el conflicto, que viven en una “burbuja de conciencia falsa”

Rashid Khalidi. “Todavía hay élites que apoyarán cualquier cosa que haga Israel. Pero el tiempo corre”. (Foto: Javier Barbancho / El Mundo Madrid // Haaretz))

Entrevista con Rashid Khalidi por Itay Mashiach HAARETZ

El 1º de mayo de este año, el día después de que la policía de Nueva York, con la ayuda de granadas aturdidoras, irrumpiera en el edificio donde los manifestantes pro-palestinos se habían atrincherado en el campus de la Universidad de Columbia, el profesor Rashid Khalidi se acercó a una de las rejas de la universidad para hablar con los manifestantes. Con gafas oscuras de aviador y empuñando un megáfono, el historiador parecía estar en su elemento.

“Cuando yo era estudiante, en la década de 1960, nos decían que estábamos dirigidos por ‘un grupo de agitadores externos’, por políticos cuyos nombres nadie recuerda hoy en día. Éramos la conciencia de esta nación cuando nos opusimos a la guerra de Vietnam y al racismo”, le dijo a la multitud, y agregó que “hoy honramos a los estudiantes que en 1968 se opusieron a una guerra genocida, ilegal y vergonzosa… Y algún día se conmemorará de la misma manera lo que nuestros alumnos han hecho aquí. Están, y estuvieron, del lado correcto de la historia”.

Khalidi ha sido descrito como el intelectual palestino más importante de su generación, como el sucesor de Edward Said y como el historiador vivo más preeminente de Palestina. El mes pasado se jubiló de Columbia después de 22 años, durante los cuales también editó o coeditó el Journal of Palestinian Studies. En su libro de 2020 La guerra de los cien años en Palestina, dio un resumen del conflicto refiriéndose a seis “declaraciones de guerra” contra los palestinos. Los lectores israelíes no considerarían algunos de los acontecimientos descritos como guerras, como por ejemplo la Declaración de Balfour y los Acuerdos de Oslo.

Los que declararon las guerras — Gran Bretaña, Estados Unidos y, sobre todo, Israel — son descritos como poderosos opresores que han pisoteado repetidamente a los palestinos y han anulado sus derechos. ¿Estamos hablando de nuevo de palestinos “revolcándose en su propia victimización” (en palabras de Khalidi, quien en el libro es muy consciente de esta crítica), o de una perspectiva diferente sobre el tema? A juzgar por las ventas del libro, su mensaje está cayendo en oídos receptivos. Después del 7 de octubre, se catapultó a la lista de best-sellers del New York Times y permaneció allí casi consecutivamente durante un total de 39 semanas.

Khalidi argumenta que la guerra en curso no es el “11 de septiembre israelí”, ni es una nueva Nakba [la palabra árabe para catástrofe que los palestinos usan para describir el resultado de la guerra de 1948 que llevó a la creación del estado de Israel]. Si bien cada uno de esos acontecimientos marcó una ruptura histórica, esta guerra es parte de una continuidad. A pesar de su nivel anómalo de violencia, él cree que esta guerra no está desconectada de la historia. Al contrario: la única manera de entenderla es en el contexto de la guerra que se ha estado prolongando aquí durante el siglo pasado.

Khalidi, de 76 años, es descendiente de una de las familias palestinas más antiguas y respetadas de Jerusalén. Entre sus miembros se encuentran políticos, jueces y eruditos, y su genealogía se remonta al siglo XIV. La famosa biblioteca de la familia, que fue establecida por su abuelo en 1900 y se encuentra en un edificio mameluco del siglo XIII en la Ciudad Vieja de Jerusalén que colinda con el Haram al-Sharif (Monte del Templo), constituye la mayor colección privada de manuscritos árabes en Palestina – el más antiguo de ellos se remonta a unos mil años. En la misma calle, Chain Gate Street, hay otro edificio que también pertenece a la familia y estaba destinado a albergar una ampliación de la biblioteca. A principios de este año, colonos judíos irrumpieron en él y ocuparon brevemente el sitio.

Khalidi integra a los miembros de su familia en la historia que escribe, en algunos casos atribuyendo a sus acciones una gran influencia (el historiador israelí Benny Morris ha caracterizado esto como “una especie de nepotismo intelectual”). Su tío Husayn al-Khalidi fue alcalde de Jerusalén brevemente durante el período del Mandato Británico, y fue exiliado a las Seychelles a raíz de la revuelta árabe de 1936 a 1939. En 1948 su abuelo se negó inicialmente a abandonar su hogar en Tel a-Rish; la casa sigue en pie, a las afueras del barrio de Neve Ofer en Tel Aviv, gracias a que miembros del grupo proto-sionista Bilu alquilaron habitaciones en el edificio en 1882, convirtiéndolo en un sitio histórico para los israelíes.

Durante la Guerra de Independencia, Ismail Khalidi, el padre de Rashid, era estudiante de ciencias políticas en Nueva York, donde Khalidi nació en 1948. No es la única coyuntura en la que su biografía se cruza con la historia del conflicto, objeto de su investigación. Estaba enseñando en la Universidad Americana de Beirut cuando las Fuerzas de Defensa de Israel asediaron la ciudad en 1982. Debido a sus conexiones con la Organización para la Liberación de Palestina, los corresponsales extranjeros que cubrían la guerra del Líbano a menudo lo citaban anónimamente como “una fuente informada”.

Ya para mediados de septiembre, mucho después de un alto al fuego negociado por Estados Unidos y de la salida de la OLP [la Organización para la Liberación de Palestina — P-M] de Beirut, Khalidi contempló con desconcierto “una escena surrealista: bengalas israelíes flotando en la oscuridad en completo silencio, una tras otra, sobre el extremo sur de Beirut, durante lo que pareció una eternidad”, escribe en el libro. Al día siguiente resultó que las bengalas estaban destinadas a iluminar el camino hacia los campos de refugiados de Sabra y Chatila para las Falanges Cristianas.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump (izquierda), y el actual presidente del país, Joe Biden, son firmes partidarios de Israel. Según Khalidi, “si los israelíes dicen ‘seguridad’, los estadounidenses hacen reverencias”. (Foto: Evan Vucci / AP //Haaretz)

De 1991 a 1993, Khalidi fue asesor de la delegación palestina en las conversaciones de paz en Madrid y en Washington. En un libro anterior, “Brokers of Deceit”, explicó su crítica al papel que desempeñó Estados Unidos en las negociaciones en 2013. Sostenía que el esfuerzo diplomático estadounidense en el Medio Oriente sólo había hecho más remota la posibilidad de alcanzar la paz.

Ahora dice que “Los estadounidenses eran más israelíes que los israelíes”. “Si los israelíes dicen ‘seguridad’, los estadounidenses hacen reverencias y golpean la cabeza contra el suelo. Y la forma más extrema de esto es Joe ‘Hasbara’ Biden, que habla como si fuera [el portavoz de las FDI, Daniel] Hagari”, añade, utilizando la palabra hebrea para describir los esfuerzos de la diplomacia pública israelí.

Por muy agudas que puedan sonar sus críticas a Estados Unidos e Israel a los oídos israelíes, Khalidi ha irritado a los miembros de la generación más joven y a los activistas pro-palestinos más militantes en América del Norte con sus respuestas matizadas a los acontecimientos desde el 7 de octubre de 2023. “Creo que muchos de ellos no estarían de acuerdo con todas las distinciones que hice sobre la violencia”, dice, y agrega: “No me importa”.

Al comienzo de la guerra el año pasado, fue franco al decir que el ataque de Hamás contra civiles israelíes fue un crimen de guerra. “Si un movimiento de liberación de los nativos americanos viniera y disparara un RPG contra mi edificio de apartamentos porque estoy viviendo en tierras robadas, eso no estaría justificado”, le dijo a The New Yorker en diciembre del año pasado. “O uno acepta el derecho internacional humanitario o no lo acepta”.

Hoy Khalidi está enojado. Las personas que estuvieron en contacto con él en los días posteriores al 7 de octubre dijeron que estaba devastado. “Me afectó como afecta a todos los que tienen conexiones personales”, me dijo. “Me afecta en todos los niveles”.

Tiene familia en Jerusalén, la Franja de Gaza, Cisjordania y Beirut, así como estudiantes y muchos amigos en Israel. Cuando le pregunté si estaba sorprendido por el nivel de violencia, se detuvo un momento a pensar. “Sí, me sorprendió el 7 de octubre”, dijo, y agregó, “menos por la respuesta israelí”.

Un hombre de Gaza se sienta sobre los escombros en el campo de refugiados de al-Bureij, en noviembre de 2024. “Hay un grado de pena y de dolor que simplemente no desaparece”, dice Khalidi. (Foto: Eyad Baba / AFP //Haaretz)

A lo largo de nuestra conversación, que se llevó a cabo en línea a finales de octubre y mediados de noviembre, es evidente la importancia que atribuye a mantener un canal abierto con los israelíes. De ahí también el que haya accedido a ser entrevistado. En su opinión, es un elemento integral del camino hacia la victoria.

¿Qué diría usted que está sintiendo la sociedad palestina en este momento?

“Hay un grado de pena y dolor que simplemente no desaparece, cuando se contempla la cantidad de personas que han sido asesinadas y la cantidad de personas cuyas vidas han sido arruinadas para siempre: aunque puedan sobrevivir, habrán sido traumatizadas de manera que nunca podrán sanar. Al mismo tiempo, ha sucedido antes. Es decir, 19 mil personas fueron asesinadas en el Líbano en 1982, libaneses y palestinos. Es horrible decirlo, pero estamos acostumbrados; la sociedad palestina está habituada al sufrimiento y a la pérdida. Lo hemos experimentado antes, en todas las generaciones.

“No creo que eso mitigue el dolor”, continúa. “Ciertamente no mitiga la ira, la amargura. Todos los que conozco se despiertan cada mañana y miran los últimos horrores, y de nuevo antes de acostarse. Nos acompaña en nuestras vidas todos los días, todo el tiempo, incluso cuando estamos tratando de evitar pensar en ello”.

En la opinión de Khalidi, “los israelíes viven en una pequeña burbuja de falsa conciencia que sus medios de comunicación y sus políticos crean para ellos, y subestiman a qué grado el resto del mundo sabe lo que realmente está pasando. El cambio en la opinión pública es el resultado de que la gente ve lo que realmente está sucediendo y reacciona como lo haría la gente normal ante la muerte de bebés. Ustedes [en Israel] no ven morir a los bebés. A ustedes, los israelíes, como grupo, como colectivo, no se les permite ver eso.

“O está enmarcado de una manera que dice que es su propia culpa o que se debe a Hamás o a los escudos humanos o a alguna otra explicación mentirosa”, señala. “Pero la mayoría de la gente en el mundo lo ve por lo que es. No necesitan que un mentiroso almirante Hagari les diga que lo que están viendo no es real.

¿Qué le sorprendió del nivel de violencia del 7 de octubre?

“Al igual que la inteligencia israelí, no pensé que se pudiera montar un ataque tan grande. Ya sabes, es como una olla a presión. Se ejerce presión, y se ejerce presión, no solo durante décadas, sino durante generaciones. Y tarde o temprano, va a explotar. Cualquier historiador puede decirte que en la Franja de Gaza es donde el nacionalismo palestino se desarrolló más, donde se creó un movimiento tras otro. La presión que se ejerce sobre esas personas que están apretujadas en esa zona, al ver sus antiguas aldeas al otro lado de la Línea Verde, cualquier historiador debería haber sido capaz de predecirlo. Es acción y reacción. Pero no me esperaba ese nivel”.

Gazatíes sobre un tanque israelí en la frontera el 7 de octubre de 2023. “Cualquier historiador debería haber sido capaz de predecir” el ataque. “Pero no esperaba ese nivel”, dice Khalidi. (Foto: AP //Haaretz)

¿Ha tenido Israel alguna vez una verdadera oportunidad de romper este ciclo de sangre?

“Creo que esta ha sido cada vez más la dirección [tomada por Israel] durante la mayor parte de este siglo. El último intento israelí, la última señal de la voluntad de un gobierno israelí de hacer algo aparte de usar la fuerza, fue bajo [el ex primer ministro Ehud] Olmert. Y no estoy sugiriendo que era una salida [del conflicto]. Pero con esa excepción, ha sido un ‘muro de hierro’ desde Jabotinsky [el líder revisionista Zeev Jabotinsky, quien acuñó el término en 1923]. Fuerza y más fuerza. Porque se está tratando de imponer una realidad en la región, tratando de obligar a la gente a aceptar algo que ha conmocionado a todo el Medio Oriente desde las décadas de 1920 y 1930. Quiero decir, lees la prensa en Siria, Egipto e Irak en 1910, y la gente está preocupada por el sionismo”.

Al comienzo de “La Guerra de los Cien Años”, usted cita una carta enviada por un miembro de su familia, un consumado erudito de Jerusalén, a Theodor Herzl, el fundador del sionismo político, en 1899. El sionismo era natural y justo, escribió: “¿quién podría impugnar el derecho de los judíos en Palestina?” Pero está habitada por otros, agregó, que nunca aceptarán ser reemplazados. Por lo tanto, “en el nombre de Dios, que dejen en paz a Palestina”.

“Él lo vio tan claramente como yo te veo a ti hoy. Esta realidad ha estado causando ondas de choque desde el principio. En la década de 1930 llegaron voluntarios de Siria, Líbano y Egipto a luchar en Palestina; y de nuevo en 1948. Lo veo como una continuidad, pero no creo que sea posible verlo de otra manera, francamente. Hay que fingir que la historia comenzó el 7 de octubre o el 7 de junio de 1967, o el 15 de mayo de 1948. Pero esa no es la forma en que funciona la historia”.

En su libro, usted describe el 2006 como una posible salida que se desperdició. Usted argumenta que Hamás dio un sorprendente giro de 180 grados, participó en las elecciones [de la Autoridad Palestina] con una campaña moderada y aceptó implícitamente la solución de dos Estados. El “Documento de los Prisioneros” de ese período, en el que se le pedía a Hamás y a la Yihad Islámica que se unieran a la OLP y enfocaran la lucha en los territorios al otro lado de la Línea Verde, expresaba un espíritu similar. ¿Cree que Hamás estaba pasando por una verdadera transformación que podría haber llevado al fin de la violencia?

“No tengo manera de saber lo que hay en los corazones y las mentes de los líderes de Hamás. Lo que sí les puedo decir es que dentro del espectro de opiniones, tuvo una resonancia que creo que se ve reflejada en algunas declaraciones de Hamás y entre algunos de los líderes. Esto abarca, creo, el período anterior al Documento de los Prisioneros y el gobierno de coalición de 2007, e incluso puede haber incluido al jeque Ahmed Yassin, que habló de una tregua de cien años. ¿Representaban a todos? No lo sé. ¿Qué había en sus corazones? No lo sé. Pero parece que hubo algo allí que Israel eligió aplastar rigurosamente”.

¿Cómo se explica eso?

“Está perfectamente claro que en todo el espectro político israelí, de principio a fin, nunca se aceptó la idea de un Estado palestino completamente soberano e independiente que representara la autodeterminación. Eso está claro en el extremo del espectro de [Benjamin] Netanyahu. Pero incluso [el primer ministro Yitzhak] Rabin, en su último discurso en la Knesset, dijo: ‘Le estamos ofreciendo a los palestinos menos que un Estado, controlaremos el valle del río Jordán’. ¿Qué significa eso? Significa una continuación [de la ocupación] en una forma modificada. Eso es también lo que [el ex primer ministro Ehud] Barak y Olmert estaban ofreciendo, con retoques en los bordes”.

En las negociaciones celebradas en Taba [2001] y en Annapolis [2007] se habló de soberanía.

“Discúlpeme. Pero un Estado soberano no tiene su registro de población, su espacio aéreo y sus recursos hídricos controlados por una potencia extranjera. Eso no es soberanía. Eso es un bantustán, es una reserva indígena. Puede uno llamarlo como quiera, un mini-estado, un no-estado, un estado parcial o ‘menos que un estado'”.

De izquierda a derecha: Yitzhak Rabin, primer ministro de Israel en ese momento, el presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, y el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, en 1994. “Ningún liderazgo palestino debería haber aceptado tales acuerdos”, dice Khalidi, refiriéndose a los acuerdos de Oslo. (Foto: Yaacov Saar, GPO // Haaretz)

Tal vez la apertura hacia un Estado se hubiera desarrollado más adelante. El discurso de Rabin fue pronunciado bajo una tremenda presión política.

“Quizás. Si no hubiera habido tres cuartos de millón de colonos, si Rabin no hubiera sido asesinado, si los palestinos hubieran sido mucho más tenaces en las negociaciones. En Washington [1991-1994] les dijimos a los estadounidenses que estábamos negociando sobre un pastel mientras los israelíes se comían el pastel por medio de los asentamientos que siguen en marcha. “Ustedes prometieron que el statu quo se mantendría y ellos siguen robando”. Y los estadounidenses no hicieron nada. En ese momento debería haber quedado claro que si no tomábamos una posición, la colonización continuaría, el control de la seguridad y la ocupación israelíes continuarían de una forma diferente. Eso es lo que ocurrió en Oslo.

“Parte del problema es que los palestinos aceptaron las cosas horribles que nos ofrecieron en Washington. Le dieron el 60 por ciento de Cisjordania a Israel en la forma del Área C. Esas fueron concesiones de la OLP, no es culpa de Israel. Ningún liderazgo palestino debería haber aceptado acuerdos como esos”.


(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse aquí.)


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