Palestina/Israel

Editorial de Harvard cancela la edición de su revista sobre Palestina justo antes de su publicación


‘Nuevo hito en la creciente lista de ejemplos de censura del discurso pro-palestino’



El siguiente artículo apareció por primera vez en el diario The Guardian el 22 de julio de 2025.

Informa sobre la decisión de la editorial del Harvard Educational Review (la Revista de Educación de Harvard, HER por sus siglas en inglés) de cancelar completamente la edición especial de su revista que había encargado hace más de un año sobre el tema de educación en Palestina. La editorial que publica la revista, el Harvard Education Publishing Group (HEPG), anunció la decisión el 9 de junio de 2025, poco antes de la fecha de publicación del número.

“En un correo electrónico a los colaboradores del número, el editor citó ‘una serie de problemas complejos’, sorprendiendo tanto a los autores como a los editores”, informa The Guardian. Era una excusa vaga y endeble, en el mejor de los casos, para cancelar el número especial que se había completado después de un año de arduo trabajo y estaba a punto de ir a la imprenta.

La razón verdadera es probablemente la implacable presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su administración. Como informó Panorama-Mundial a principios de este año en El Segundo Mandato de Trump: El gobierno de un solo hombre y el peligro del fascismo inminente (II) “Mientras tanto, bajo el pretexto de combatir el antisemitismo’, Trump ha iniciado un peligroso asalto contra los derechos democráticos al emitir otra orden ejecutiva que hace blanco de cualquiera que se oponga a la guerra de Israel contra el pueblo palestino. Al mismo tiempo Trump inventa excusas para disfrazar el antisemitismo abierto de sus partidarios más reaccionarios”.

“Las universidades estadounidenses han sido objeto de ataques cada vez más intensos por parte de la administración Trump con acusaciones de tolerar el antisemitismo en los campus”, señala el artículo que sigue. “La respuesta de muchas ha sido restringir las protestas, castigando a los estudiantes y profesores que hablan abiertamente sobre los derechos de los palestinos y examinando los programas académicos que comprenden estudios sobre Palestina”.

Hasta ahora Harvard es la única universidad importante que se ha opuesto públicamente y ha desafiado legalmente los ataques de la Casa Blanca. Representantes de la Universidad de Harvard comparecieron ante un tribunal federal el 21 de julio para argumentar que es ilegal el recorte de $ 2.6 mil millones de la famosa universidad por la administración Trump — lo cual constituye un desafío importante a los esfuerzos del gobierno de reestructurar las instituciones de educación superior al amenazar su viabilidad financiera.

Los recortes, impuestos a principios de este año, han eliminado importantes esfuerzos de investigación. Harvard argumenta que no es más que un intento políticamente motivado de presionar a la escuela para que adopte dictámenes federales sobre la conducta de los estudiantes, las admisiones, el antisemitismo y la diversidad.

La universidad ha encausado por separado a la administración por haber revocado la elegibilidad de Harvard de matricular a estudiantes internacionales. (Trump también ha amenazado con revocar la exención de impuestos de Harvard, pero hasta ahora no ha tomado ninguna medida al respecto).

“Pero el cancelar la edición completa de una revista académica, algo que no se ha informado anteriormente, es un nuevo y notable hito en una creciente lista de ejemplos de censura del discurso pro-palestino”, enfatiza el artículo en The Guardian.

La acción del HEPG demuestra la complejidad de lo que está sucediendo en Harvard.

“Están usando a Harvard como ejemplo de una institución heroica, pero lo que está sucediendo internamente es mucho más complicado”, le dijo a The Guardian Thea Abu El-Haj, profesora palestino-estadounidense en el departamento de educación de Barnard College en la ciudad de Nueva York.

Mientras desafiaba legalmente los ataques de la Casa Blanca, “Harvard también ha tomado fuertes medidas contra la erudición palestina, degradando a los académicos y cancelando programas que están relacionados“, informa The Guardian.

Panorama-Mundial publica el siguiente artículo para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, las fotos y el texto a continuación son del original.

— Los editores de Panorama-Mundial

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Thea Abu El-Haj, profesora palestino-estadounidense de la Universidad Barnard, en su casa en Vermont el 16 de julio de 2025. (Foto: John Tully / The Guardian)

Revelado: Editorial de Harvard cancela por completo la edición sobre Palestina de su revista poco antes de su publicación

A medida que se intensificó la disputa de Harvard con Trump, también aumentaron las tensiones sobre una edición de “educación y Palestina” de una prestigiosa revista. Los académicos culpan por ese lapso en la libertad académica a la “excepción palestina”

Por Alice Speri

Martes, 22 de julio de 2025, 07:10 EDT

En marzo de 2024, a seis meses del comienzo de la guerra de Israel en Gaza, la educación en el territorio fue diezmada. Las escuelas se habían cerrado – la mayoría se habían convertido en refugios – y las 12 universidades de la franja habían sido parcial o totalmente destruidas.

En ese contexto, una prestigiosa revista educativa en Estados Unidos decidió dedicar un número especial a “la educación y Palestina”. La Harvard Educational Review (HER) publicó una convocatoria, pidiéndole a académicos de todo el mundo que contribuyeran ideas para artículos que abordaran la educación de los palestinos, la educación sobre Palestina y los palestinos, y debates relacionados en escuelas y universidades en Estados Unidos.

“El campo de la educación desempeña un papel importante en el apoyo a estudiantes, educadores y legisladores para contextualizar lo que ha estado sucediendo en Gaza con las historias y los impactos continuos de la ocupación, el genocidio y las disputas políticas”, escribieron los editores de la revista al convocar resúmenes.

Poco más de un año después, la magnitud de la destrucción en Gaza era exponencialmente mayor. El número especial, programado para publicarse este verano, estaba casi listo: se finalizaron los contratos con la mayoría de los autores y se editaron los artículos. Cubrieron temas desde la aniquilación de las escuelas de Gaza hasta los desafíos de enseñar sobre Israel y Palestina en Estados Unidos.

Pero el 9 de junio, Harvard Education Publishing Group, la editorial que publica la revista, canceló abruptamente el lanzamiento. En un correo electrónico a los colaboradores del número, el editor citó “una serie de problemas complejos”, conmocionando a autores y editores por igual, según ha sabido The Guardian.

Las universidades estadounidenses han sido objeto de ataques cada vez más intensos por parte de la administración Trump con acusaciones de tolerar el antisemitismo en los campus. La respuesta de muchas ha sido restringir las protestas, castigando a los estudiantes y profesores que hablan abiertamente sobre los derechos de los palestinos y examinando los programas académicos que comprenden estudios sobre Palestina.

Pero el cancelar la edición completa de una revista académica, algo que no se ha informado anteriormente, es un nuevo y notable hito en una creciente lista de ejemplos de censura del discurso pro-palestino.

The Guardian habló con cuatro académicos que habían escrito para el número y uno de los editores de la revista. También revisó correos electrónicos internos que capturan cómo el entusiasmo por un número especial destinado a promover “la conversación académica sobre la educación y Palestina en medio de la represión, la ocupación y el genocidio” se descarriló por temores de responsabilidad legal y se convirtió en recriminaciones sobre la censura, la integridad y lo que muchos académicos han llegado a denominar la “excepción palestina” a la libertad académica.

Paul Belsito, portavoz de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard, escribió en un comunicado a The Guardian que la decisión de cancelar el número especial ocurre tras nueve meses de conversaciones y una “falta general de alineación interna” sobre el tema.

Los autores lo ven de manera diferente. “Si las universidades, o en este caso una editorial universitaria, no están dispuestas a defender lo que es fundamental para su misión, no sé qué están haciendo. ¿De qué sirve?”, dijo Thea Abu El-Haj, antropóloga de educación palestino-estadounidense en Barnard College, la escuela para mujeres afiliada a la Universidad de Columbia, quien fue una de las autoras solicitadas.

Harvard se ha visto envuelta en una amarga batalla con la administración Trump por millones en recortes de fondos federales y la revocación de su elegibilidad para matricular a estudiantes internacionales. En abril, se convirtió en la primera y hasta ahora única universidad en encausar a la administración, ganando elogios por su resistencia al ataque de Trump.

Manifestantes se reúnen en Cambridge Common pidiendo a los líderes de Harvard que resistan la interferencia del gobierno federal en la universidad en Cambridge, Massachusetts, el 12 de abril de 2025. (Foto: Nicholas Pfosi / Reuters)

Pero Harvard también ha tomado fuertes medidas contra la erudición palestina, degradando a los académicos y cancelando programas que están relacionados“.

“Están usando a Harvard como ejemplo de una institución heroica, pero lo que está sucediendo internamente es mucho más complicado “, dijo Abu El-Haj.

En enero, como parte de un acuerdo legal con estudiantes judíos que habían acusado a Harvard de tolerar y promover el antisemitismo en el campus, la universidad adoptó una definición controvertida que, según los críticos, fusiona el antisemitismo con las críticas a Israel.

En un correo electrónico a los autores anunciando la cancelación, la directora ejecutiva del grupo editorial no citó el antisemitismo; escribió que la decisión se debió a lo que describió como un proceso inadecuado de revisión y la necesidad de una “copia edición considerable”.

El consejo editorial de la revista rechazó esa caracterización y dijo que no habían sido consultados por la editorial al tomar la decisión. La decisión de cancelar el número “no corresponde con los valores que la han guiado durante casi un siglo”, escribieron los miembros de la junta en una declaración colectiva.

El anuncio se hizo después de que los editores exigieran que al final del proceso los artículos se sometieran a una revisión legal, un paso que los autores consideraron muy inusual y calificaron de ser una “forma peligrosa de censura institucional” en una carta conjunta en la que se oponían a la demanda. La solicitud del editor fue impulsada por el temor de que el tema atrajera reclamos de antisemitismo, dijo un editor.

La disputa subraya las restricciones sin precedentes que se le han impuesto a la producción del conocimiento en medio de las crecientes acusaciones de antisemitismo en los campus y la cruzada de la administración Trump contra la educación superior. Pero también señala hasta qué nivel las universidades están abandonando sus compromisos declarados por temor a repercusiones legales o financieras.

“Incluso dentro del panorama más amplio en torno a Palestina en la universidad, esto no tiene precedentes”, dijo Chandni Desai, profesora de la Universidad de Toronto y autora de uno de los artículos desechados. “No pueden simplemente solicitar trabajo, someterlo a evaluación por tus colegas, hacer que la gente firme contratos, anunciar los artículos seleccionados y luego cancelar no solo un artículo, sino un número especial completo”.

Las tensiones se desbordan

Harvard Educational Review es una revista académica centenaria que publica investigaciones y opiniones orientadas a académicos y profesionales de la educación y se considera una publicación líder en el campo. Es publicada por la editorial Harvard Education Publishing Group, una división de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard, y editada por estudiantes de doctorado de la universidad.

El número sobre Palestina tenía programado incluir una docena de artículos de investigación, ensayos, y otros escritos sobre temas que van desde la educación en Israel-Palestina y entre la diáspora palestina, hasta la libertad académica en Estados Unidos. Los artículos exploran la evolución del concepto de “escolasticidio”, un término que describe la aniquilación sistemática de la educación, acuñada por primera vez durante la invasión israelí de Gaza en 2008; las “responsabilidades éticas y educativas” de los profesores de inglés en Cisjordania; y el impacto de la “represión de la disidencia” en la enseñanza sobre Palestina en las instituciones de educación superior de Estados Unidos, según los resúmenes finales de los artículos que fueron compartidos con The Guardian.

El artículo de Abu El-Haj, en coautoría con otros dos académicos, explora la “centralidad de la educación en la lucha por la liberación palestina”, basándose en un proyecto de historia oral sobre las experiencias de los maestros con la agencia de la ONU para los refugiados palestinos en el Líbano. Los editores de la revista estaban tan entusiasmados con el artículo que la primavera pasada lo seleccionaron con otros dos para promocionar el próximo número especial en la contraportada del número de primavera.

Una copia de Harvard Education Review que anticipa un número futuro dedicado a la educación en, y sobre, Palestina. (Foto: Thea Abu El-Haj)

El número especial también se anunció formalmente en marzo en una reunión anual de académicos de la educación en Chicago. “Hubo bastante interés”, dijo Jo Kelcey, profesor de la Universidad Libanesa Americana en Beirut y uno de los coautores con Abu El-Haj.

Poco después los autores recibieron el primer indicio de que había problemas.

A Rabea Eghbariah, quien es palestino y candidato a doctorado en la Facultad de Derecho de Harvard, se le había pedido que escribiera el epílogo del número especial. En 2023, otra revista de Harvard, Harvard Law Review, había bloqueado la publicación de un artículo que le había encargado. Cuando en su lugar Columbia Law Review publicó el artículo, la junta de esa revista respondió suspendiendo temporalmente todo su sitio web. Desconfiado por esa experiencia, Eghbariah solicitó específicamente enmendar su contrato con Harvard Educational Review para agregar una cláusula para salvaguardar su libertad académica. Después de un largo silencio, la revista rechazó su solicitud en abril.

“Es increíblemente vergonzoso ver a una publicación universitaria traicionar tan explícitamente su misión y rechazar una cláusula sobre la protección de la libertad académica”, dijo Eghbariah, quien no firmó el contrato. “Mi epílogo específicamente es sobre el negacionismo de la Nakba – el fenómeno de manipular los hechos para afirmar el sionismo y dar forma al conocimiento con respecto a Palestina – y es bastante irónico que denieguen su publicación”.

El abogado palestino de derechos humanos Rabea Eghbariah. (Foto: Cortesía de Rabea Eghbariah)

Días después de su respuesta a Eghbariah, el consejo editorial de la revista se comunicó con los autores, citando un “clima cada vez más desafiante” y pidiendo su disponibilidad para una reunión, que al final nunca se celebró. “Como parte de una comunidad académica profundamente comprometida con la elevación de las voces y la erudición palestinas, nos enfrentamos a contextos cada vez más sin precedentes”, escribieron.

El correo electrónico ofrecía pocos detalles, pero durante semanas, los editores de la revista habían estado bajo una creciente presión por parte de la editorial. En enero, se les dijo que iba a ser necesaria una “revisión institucional” de los manuscritos. En febrero, el editor intentó – sin el conocimiento de los editores – alterar la contraportada de la edición de primavera que promocionaba algunos de los próximos artículos, según correspondencia por correo electrónico revisada por The Guardian. (La imprenta le avisó a los editores del cambio, quienes lo revirtieron). En conversaciones con los editores – aunque no por escrito – la editorial reconoció que estaba buscando una revisión legal para “evaluación de riesgos” por parte de los abogados de Harvard por temor a que la publicación del número provocara reclamos de antisemitismo, dijo uno de los editores.

A medida que las tensiones llegaron a un punto crítico, la junta se puso en contacto nuevamente con los autores a principios de mayo para informarles de la revisión legal solicitada.

Fue una demanda extraordinaria, dijeron los autores y el editor entrevistados por The Guardian. A veces se solicitan revisiones legales para un artículo específico cuando existe una preocupación por difamación, pero al principio del proceso, y no para un número completo, señalaron.

“Esto no suele suceder, ciertamente no cuando ya te han aceptado para publicación y has firmado contratos”, dijo Kelcey. “Esta no es la forma en que se supone que debe operar la erudición”.

Para entonces, la administración Trump ya había trastornado la educación superior al amenazar con rescindir miles de millones de dólares en fondos para universidades en Estados Unidos por la forma en que respondieron a las protestas pro-palestinas. Harvard presentó su demanda en abril, intensificando su disputa con el presidente. Los autores, que inicialmente no habían estado en contacto, se reunieron y organizaron una respuesta colectiva, calificando la solicitud de una revisión legal en esa etapa como “sin precedentes”, según informaron en una carta del 15 de mayo al consejo de editores y a la editorial de la revista. “Esto le envía un mensaje peligroso a los académicos de todo el mundo: que los contratos de publicación académica son condicionales, revocables y que están sujetos a cálculos políticos externos”.

Estudiantes protestando contra la guerra en Gaza, y transeúntes caminando por Harvard Yard, en un campamento en la Universidad de Harvard, Massachusetts, el 25 de abril de 2024. (Foto: Ben Curtis / AP)

Los autores pidieron que se reconsiderara la revisión legal. Pero menos de un mes después, la directora ejecutiva de la editorial, Jessica Fiorillo, les escribió que ese número iba a ser cancelado por completo. En un correo electrónico visto por The Guardian, afirmó que los manuscritos “no estaban listos para su publicación”, en parte debido a la renuncia de un copia editor. También citó sin detalles específicos “que no se había seguido un proceso de revisión adecuado”, que existía una “falta de alineación interna” entre los autores, los editores y la editorial, y “que no había una trayectoria clara y adecuada para resolver las innumerables cuestiones en juego”.

“Esta difícil situación se ve exacerbada por una muy significativa falta de acuerdo sobre el mejor camino a seguir, incluso y especialmente si es oportuno publicar un número tan especial en este momento”, escribió.

El problema de la copia edición de los textos no era solo de plantilla. La carta de la editorial afirmaba que los editores de la revisión “sentaron pautas de edición altamente restrictivas a la copia editora bajo contrato para elaborar el número especial, limitando su enfoque a errores gramaticales, de puntuación y de sintaxis, y ordenándole que se abstuviera de ofrecer sugerencias editoriales para abordar, en palabras de los editores, contenido ‘políticamente controvertido'”. La carta afirmaba que la copia editora había renunciado en gran medida debido a esas restricciones.

Fiorillo agregó que sería “totalmente apropiado” someter el trabajo a controles legales para detectar “cualquier material difamatorio o ilegal”, pero que no se había realizado tal revisión. Agregó que la cancelación no se debió “a la censura de un punto de vista en particular ni tiene que ver con asuntos de libertad académica”.

Una ‘enorme pérdida’

Los editores de la revista quedaron sorprendidos. “El Consejo Editorial no ha sido puesto al tanto de ninguna toma de decisiones interna en HEPG con respecto al número especial, y solo nos enteramos de esta comunicación y decisión 30 minutos antes de que fuera enviada”, escribieron a los autores poco después del correo electrónico de Fiorillo.

En una carta más larga a los autores, dos días después, refutaron las afirmaciones de Fiorillo sobre irregularidades en el proceso de revisión y expresaron su decepción con la decisión de cancelar el número.

“Es una enorme pérdida que su trabajo no aparezca en las páginas de [Harvard Educational Review] como era nuestra intención – para HER, para el campo de la educación y para la justicia social”, escribieron.

Con respecto a la aseveración de la editorial sobre las pautas demasiado restrictivas de la edición de los textos, los editores dijeron que la editorial les pidió que desarrollaran pautas para la copia edición de los textos – algo que no se había requerido para números anteriores – y que habían pedido retroalimentación en múltiples puntos del proceso.

No está claro a qué nivel dentro de la administración de Harvard fue que surgió la decisión de cancelar el número de la revista. Belsito, portavoz de la Escuela de Graduados en Educación de Harvard, escribió que la oficina de consultoría jurídica de Harvard no “toma ni dirige decisiones editoriales” para la escuela o su grupo editorial.

“HEPG reconoce la decepción que esta decisión les puede haber causado a los autores y sigue profundamente comprometido con nuestro sólido proceso editorial, publicando solo trabajos de la más alta calidad académica por medio de un proceso arraigado en la integridad, la colaboración y el rigor editorial”, agregó.

El capítulo de Harvard de la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios, que se involucró después de enterarse de la cancelación, cree que la decisión provino de la editorial.

“Para nosotros, sonó como un ejemplo de libro de texto de cómo matar la expresión y la investigación académica relacionada con Palestina”, dijo Kirsten Weld, profesora de historia y presidenta del capítulo. “Hasta ahora, aunque nuestra investigación sigue siendo incompleta, parece que el ímpetu provino del Harvard Education Publishing Group”.

Uno de los editores de Harvard Educational Review, que pidió el anonimato citando el clima represivo en el ámbito académico, dijo que la presión de la editorial sobre los editores aumentó poco antes de que Trump asumiera el cargo. La solicitud de someter la totalidad de los manuscritos editados a una evaluación de riesgos fue “totalmente anormal”, dijo el editor. “Ni siquiera sabía que la revisión [de la oficina de consultoría jurídica] era una opción, nunca había oído hablar de ella”.

La censura del número, agregó el editor, es “exactamente cómo crece el autoritarismo”.

Los miembros del consejo editorial que trabajaron en ese número de la revista dijeron que habían hecho todo lo posible por “avanzar en este trabajo en medio de un clima de represión y adaptación institucional”.

“Al reflexionar sobre este momento, instamos a la comunidad académica a defender la capacidad de publicar estudios rigurosos y orientados a la justicia sin interferencia ni represión”, agregaron.

La terrible experiencia fue un “caso de prueba” para la libertad académica, dijo Desai, cuyo artículo sobre el escolasticidio, coescrito con tres colegas palestinos, también fue solicitado y anunciado directamente en la parte posterior de la edición de primavera de la revista. (El adelanto de su artículo fue lo que los editores intentaron eliminar de la parte posterior del número anterior, sin el conocimiento de los editores).

Desai criticó la cancelación como una “grave violación de la libertad e integridad académicas”, pero también como una afrenta al trabajo de los académicos que están “escribiendo estos artículos durante un genocidio”.

El edificio, gravemente dañado, de la Universidad de Al-Azhar en la ciudad de Gaza el 15 de febrero de 2024. (Foto: AFP)

Ella y sus coautores, entre ellos un decano de la Universidad Al-Azhar en Gaza, no solo estaban documentando la resiliencia de la educación palestina en medio de la destrucción, sino que estaban personalmente involucrados en esos esfuerzos, señaló. Muchos de sus colegas y estudiantes fueron asesinados mientras el grupo trabajaba en el artículo. “Este no es un ejercicio académico abstracto”, dijo Desai. “No puedo enfatizar demasiado la urgencia de este artículo mientras vemos cómo destruyen las universidades”.

Los autores están en conversaciones con otras revistas y esperan que sus artículos puedan publicarse juntos según lo planeado. Todos los entrevistados por The Guardian expresaron su temor de que el incidente desaliente a otros académicos de seguir trabajando sobre Palestina – un problema de larga data que, según dicen, solo se ha exacerbado en los últimos dos años. “Existe el riesgo de que se cierre el espacio democrático”, dijo Kelcey.

A medida que Israel y Palestina se han convertido en el punto álgido de un clima de rápido deterioro de la libertad de expresión y la libertad académica en Estados Unidos, Harvard ya ha degradado en rango a dos miembros de la facultad que dirigían el Centro de Estudios del Medio Oriente (uno de los cuales escribió el prólogo de la edición cancelada), suspendió una asociación con la Universidad de Birzeit en la Cisjordania ocupada por Israel, y le dio fin a una iniciativa de la Escuela de Divinidad dedicada al conflicto.

Los académicos temen que la capitulación de las universidades esté perjudicando a todo un campo de estudio en el momento en el que más se necesita. Pero Abu El-Haj advirtió que la cancelación del número especial también sentó un precedente peligroso para la independencia de la erudición en una variedad de temas. Acusó a la editorial de “obedecer de antemano” y advirtió que esto “no se detendrá con Palestina”, dijo.

Pero también hizo resonar una nota de optimismo. En una señal del creciente abismo que existe entre los responsables de la toma de decisiones y el público en general sobre el tema, dijo que la guerra en Gaza había provocado un interés sin precedentes entre los estudiantes en los cursos y estudios sobre Palestina.

Recordó haber sido estudiante en Estados Unidos cuando ocurrieron la invasión israelí del Líbano en 1982 y las masacres en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila por parte de las milicias libanesas respaldadas por Israel. “Éramos tres protestando”, recordó. “Nunca en mi vida hubiera imaginado que vería los campamentos que ocurrieron el año pasado.

“Estamos en una coyuntura realmente clave”, agregó. “El nivel de represión que estamos viendo está relacionado con el cambio en la narrativa y la pérdida del control sobre esa narrativa”.


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