Palestina/Israel

‘Israel se ha vuelto peligroso para los judíos de todo el mundo’



La columna de opinión que aparece a continuación apareció por primera vez el 17 de marzo de 2026 en el diario israelí Haaretz. La autora, Amira Hass, es la corresponsal de Haaretz en los territorios ocupados — Gaza y Cisjordania — que Israel ha mantenido ilegalmente desde la Guerra de los Seis Días en junio de 1967.

Nacida en Jerusalén en 1956, hija de supervivientes del Holocausto, Hass se incorporó  a Haaretz en 1989. Ocupa su puesto actual desde 1993. Cumpliendo con su misión, pasó tres años viviendo en Gaza, lo que informó su aclamado libro en inglés, Bebiendo el mar en Gaza: días y noches en una tierra sitiada. Desde 1997 vive en la ciudad de Ramala en Cisjordania.

Cuando fue presentada al comienzo de una entrevista en Democracy Now, señalaron que ella es “la única periodista judía israelí que ha pasado 30 años viviendo y reportando desde Gaza y Cisjordania”. En los últimos dos años hemos publicado varias columnas de Hass en Panorama-Mundial.

Durante dos años y medio Israel ha estado llevando a cabo lo que parece una guerra interminable de desgaste contra los palestinos en Gaza y Cisjordania, y ahora contra Líbano e Irán. En este artículo, Hass explica cómo la afirmación del régimen israelí de que lo hace en nombre de todos los judíos del mundo pone en peligro a los judíos en el planeta entero, porque alimenta las llamas del antisemitismo. Es un antisemitismo que la ultraderecha defiende implícita o explícitamente, y cada vez más abiertamente —como ocurrió durante el auge del fascismo antes de la Segunda Guerra Mundial — y que ahora amenaza con incorporarse a la corriente principal de la política burguesa.

Como señaló Panorama-Mundial en un reciente editorial que pedía el fin de la guerra contra Irán por Estados Unidos e Israel:

“El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ofreció una tercera justificación para hacer la guerra. Washington, dijo, sabía que Israel iba a atacar Irán, lo que provocaría contraataques contra las fuerzas estadounidenses y posibles bajas, y decidió atacar primero para minimizar el riesgo.

“La ultraderecha en Estados Unidos ya está usando este argumento para difundir teorías conspirativas antisemitas.

“El supremacista blanco Nick Fuentes, por ejemplo, ha sido muy franco al respecto. ‘Estadounidenses van a morir en ataques terroristas y en bombardeos con misiles para que Israel pueda expandir sus fronteras en todas direcciones’, declaró Fuentes. ‘Trump, Vance y Rubio nos traicionaron’.

“Si a la Casa Blanca no le va bien en esta guerra, declaraciones de ese tipo en los extremos de la política de derecha podrían convertirse hoy día en una ola de odio contra los judíos”.

Este punto quedó enfatizado con la reciente dimisión de Joe Kent, un alto funcionario de la administración Trump responsable de combatir el terrorismo, quien anunció su partida con una carta pública el 17 de marzo.

Kent dijo que abandonaba su puesto porque se oponía a la guerra contra Irán, alegando que Israel la había provocado, arrastrando detrás al gobierno de Estados Unidos. “Está claro que empezamos esta guerra por la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, dijo Kent, una figura del movimiento Make America Great Again (MAGA). Ahora Kent está apareciendo en numerosos programas de televisión y de radio que defienden estas ideas.

“Kent siempre ha tenido una predilección por las teorías conspirativas”, dijo el New York Times, informando sobre su dimisión y la justificación que presentó — es decir, “¡los judíos están detrás de todo!”

Muchos comentaristas han señalado este peligro, derivado de la insistencia del régimen israelí de fusionar al Estado sionista y sus acciones genocidas con los intereses de todos los judíos.

“Cuanto más continúe la guerra regional — posiblemente volviéndose más complicada — mayor será el riesgo de alimentar sentimientos antiisraelíes en Occidente”, dijo Amos Harel en otro artículo en el Haaretz del 22 de marzo, informando sobre la oleada de ataques israelíes contra Líbano como parte de la actual guerra contra Irán por Estados Unidos e Israel. “El mensaje de que los israelíes, y en realidad los judíos, son los responsables de todo, habiendo aparentemente arrastrado a Trump a una guerra innecesaria, se escucha cada vez más al margen del escenario político en Estados Unidos. A largo plazo, esto también podría filtrarse a la corriente principal” (énfasis añadido).

Publicamos el artículo que sigue para la información de nuestros lectores. El titular, el subtítulo, la foto y el texto que aparecen a continuación son del original. La traducción es de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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Opinión

Ocupado con otras cosas • Israel se ha vuelto peligroso para los judíos de todo el mundo

Policía frente a una escuela judía en Ámsterdam, Países Bajos, el 14 de marzo de 2026 tras una explosión que causó daños menores. (Foto: Piroschka Van De Wouw / Reuters)

Desde Ámsterdam hasta Detroit, los ataques a sinagogas muestran cómo las guerras y la retórica de Israel se están derramando a las comunidades de la diáspora

Por Amira Hass

13:40 • 17 de marzo de 2026, IST

Israel es peligroso para los judíos, precisamente porque se presenta como el representante del pueblo judío a lo largo de las generaciones. Cuando, junto con Estados Unidos, bombardea Irán y aplasta el Líbano, obligando a cientos de miles de personas a huir de sus hogares, Israel lo hace en nombre del pueblo judío, no solo en nombre de sus ciudadanos judíos.

Mientras prosigue con una guerra de aniquilación y venganza — ya en su etapa de baja intensidad — contra la población palestina confinada al 48 por ciento de la Franja de Gaza, y tras retratar a los palestinos como un eslabón en la cadena histórica de sus enemigos jurados, actúa como el embajador de los judíos en todas partes.

Cuando les da rienda suelta a sus colonos y a sus mista’arvim (unidades encubiertas cuyos miembros se disfrazan de palestinos) para matar a palestinos, se imagina que los judíos de la diáspora querrán asentarse o, al menos, invertir su riqueza en su territorio. Cuando Israel acelera la expulsión de palestinos de la mayor parte de Cisjordania hacia enclaves que lleva tiempo planeando, lo hace pensando en los millones de judíos que aún podrían verse obligados a huir y a emigrar a esos lugares, si Dios quiere, cuando aumente el antisemitismo.

Del 3 al 14 de marzo se reportaron al menos siete incidentes de violencia contra sinagogas y una escuela judía ultraortodoxa en Canadá, Europa y Estados Unidos, los cuales no resultaron en víctimas mortales. El elegir a instituciones religiosas como blanco de explosivos, incluso con un dispositivo casero, hiede a antisemitismo. Estas instituciones se identifican con un grupo en particular y, por tanto, sirven como blancos claros y convenientes para actos de violencia. Lo más probable es que, si hubieran habido bajas, habrían sido judíos que claramente no estaban implicados.

Un ataque a una sinagoga, aunque inicialmente pretendiera ser simbólico, señala un deseo de infundir miedo y dañar a los judíos en otros lugares. Un ataque a una sinagoga en la diáspora, en particular, es la imagen reflejada de la afirmación de Israel de representar a todos los judíos y, por tanto, es una necedad extrema. Podría animar a la gente a emigrar a la tierra entre el mar y el río, lo opuesto a lo que sirve el interés de los palestinos.

Pero los ataques que han sido reportados también son la expresión de un deseo de venganza. Por una familia aniquilada, por un barrio residencial que desapareció, por niños sacados temblando de los escombros. ¿Quién mejor que Israel y sus ciudadanos judíos puede entender el deseo de venganza? Desde el 7 de octubre de 2023, la venganza sádica ha sido la norma fundamental para demasiados guardias de prisión, soldados, colonos, informantes que revisan publicaciones en Facebook y agentes de la policía.

No es lo mismo en absoluto, van a decir nuestros políticos y diplomáticos. Y tendrían razón. Porque la venganza israelí cumple un antiguo propósito geopolítico: eliminar a todos los árabes de la región. La venganza contra nosotros es una venganza nada más porque sí, carece de planificación estratégica y de lógica.

Entre el viernes 13 y el sábado 14 de marzo, se detonó un artefacto explosivo cerca de un muro exterior de un colegio judío en Ámsterdam; la fotografía muestra marcas de hollín en una tubería y algunos ladrillos. Aproximadamente 24 horas antes, el 12 de marzo, un artefacto similar fue detonado cerca de una sinagoga en Róterdam; la puerta de entrada resultó dañada. Otro artefacto explosivo fue detonado al amanecer del 9 de marzo en la puerta de una sinagoga en Lieja, Bélgica; sus ventanas y las de un edificio cercano quedaron destrozadas. Antes, el 6 de marzo, le dispararon tiros a una sinagoga en North York, Canadá. Se encontraron casquillos de bala y agujeros de bala en las ventanas.

Y el pasado jueves, 12 de marzo, un hombre armado embistió en su vehículo contra Temple Israel, una gran sinagoga reformista en un suburbio de Detroit. Agentes de la policía dispararon y mataron al conductor, que fue identificado como un hombre libanés cuya familia había muerto en un bombardeo israelí. En todos los casos, la policía respondió rápidamente. En algunos casos, una organización chiita reivindicó la autoría.

En X, el ministro de Asuntos Exteriores Gideon Sa’ar publicó: “Ayer en Róterdam atacaron una sinagoga. Pero los Países Bajos consideraron más importante intervenir en el caso fabricado de Sudáfrica contra el Estado de Israel. ¡Vergonzoso!”

Su adjunta, Sharren Haskel, también acudió a X para sermonear a los Países Bajos, aunque con más indulgencia: “Los líderes europeos se enfrentan a un momento histórico de decisión: entre el islamismo radical y los valores de la civilización democrática de Occidente… Los líderes europeos deben decidir de qué lado se posicionan en este capítulo de la historia humana. Nunca pediré perdón por defender al pueblo judío — ni en Israel ni en toda la diáspora. Para mí, esto es un deber moral”.

Según el presidente israelí Isaac Herzog, él expresó la solidaridad de Israel con los judíos de los Países Bajos en una conversación con líderes de la comunidad judía en Ámsterdam y en Róterdam.

¿Alguno de los tres ha pedido alguna vez que la Policía de Israel que actúe contra el “judaísmo radical” que provoca pogromos diarios y no simbólicos en Cisjordania? Por supuesto que no. Ellos y los otros representantes israelíes que se apresuran a reprender a los europeos y a gritar “antisemitismo” por cada grafiti en un cementerio baten récords de hipocresía y de doble rasero. También lo hacen los liderazgos oficiales de los judíos en la diáspora, que siguen apoyando a Israel pase lo que pase y ni siquiera repudian públicamente la violencia mortal de los colonos, que se desata en nombre de su Dios y de su historia.

Esto facilita que se le pueda atribuir a cada judío de la Diáspora la complicidad con, y el apoyo a, cada atrocidad cometida por Israel y por los soldados y los colonos que recluta para ello.


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