El artículo que aparece a continuación apareció por primera vez en Current Affairs, “una revista de política y cultura”, según su página web. Sus autores viajaron a Cuba como parte del Convoy Nuestra América.
El convoy incluyó a delegados de países de toda Europa, América Latina y el Caribe, así como de Estados Unidos y Canadá. Se reunieron en La Habana a finales de marzo, llevando toneladas de ayuda humanitaria como suministros médicos, alimentos, bicicletas y paneles solares.
Esta iniciativa de solidaridad internacional se organizó en respuesta al asedio de Cuba por parte de Washington, que a finales de enero intensificó su guerra económica de décadas contra el país al bloquear toda la entrada de petróleo a la isla.
El informe de Current Affairs refuta las calumnias contra el convoy en los medios estadounidenses — principalmente la prensa conservadora, que “transformó la misión de ayuda en un viaje de vanidad, ignorando el tema del embargo de combustible y sus efectos”, como señala el artículo a continuación.
Publicamos este artículo para la información de nuestros lectores. El titular, el subtítulo y el texto que siguen son del original. Los subtítulos, las fotos y la traducción son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Cómo difamar una misión humanitaria
Los propagandistas más sórdidos de los medios están enfadados por la reciente misión de ayuda a Cuba, difamando a activistas que llevaron suministros. Intentan distraernos de la realidad: el inhumano bloqueo de combustible por parte de Estados Unidos.
Por Alex Skopic y Nathan J. Robinson
entregado el 25 de marzo de 2026 en Internacional
Los dos acabamos de regresar esta semana a Nueva Orleans desde La Habana, Cuba. Hicimos el viaje junto a cientos de voluntarios de todo el mundo en la misión de ayuda Nuestra América, entregando toneladas de suministros que se necesitan urgentemente a un país que sufre por un bloqueo estadounidense de combustible (además del embargo comercial preexistente de Estados Unidos).
Current Affairs participó para informar sobre el convoy y documentar de primera mano los efectos del bloqueo en los cubanos de a pie. Un informe más extenso aparecerá en la próxima edición impresa de nuestra revista, pero lo que vimos fue desgarrador. Mientras estábamos allí todo el país se sumió en un apagón, porque la escasez de combustible paralizó la red eléctrica nacional. Toda la ciudad de La Habana estaba casi en una completa oscuridad, con solo la iluminación de unas pocas lámparas solares o generadores.
Ambos hemos visto cosas que quedarán grabadas para siempre en nuestra memoria. Gente moviéndose en las sombras como fantasmas. Montones de basura apestosa en la calle, con los trabajadores de saneamiento abrumados por la tarea de recogerla en los pocos camiones que siguen operando — y peor aún, ancianos rebuscando entre los escombros buscando cualquier cosa que puedan usar o vender.
Peces vivos que se están muriendo lentamente en acuarios llenos de agua verde estancada. Los tenderos perdiendo toda su comida refrigerada y congelada. Taxistas gritando desesperados por un pasaje, porque el turismo en la isla se ha reducido a un goteo. Restaurantes que tienen que cerrar en medio de servir una cena concurrida porque pierden la luz a mitad de la comida. La expresión de preocupación en los rostros de los trabajadores de la salud cuando contemplan cómo racionar los antibióticos o analgésicos que les quedan.
El gobierno de Estados Unidos está torturando al pueblo cubano
Nuestro gobierno está torturando sistemáticamente al pueblo cubano. Lo hace a propósito para obtener concesiones del gobierno cubano. (No concesiones en cuanto a derechos humanos, ojo, sino condiciones favorables para la inversión.) Es moralmente grotesco que un país rico castigue a un país pobre de esta manera. No es algo difícil de entender.
El convoy Nuestra América, que fue organizado por múltiples grupos como la Internacional Progresista, CODEPINK y Global Health Partners, es un noble esfuerzo no solamente para tratar de aliviar una parte del dolor de los cubanos, pero también para llamar la atención sobre cómo el bloqueo de combustible por Estados Unidos es fundamentalmente obsceno. Las personas que conocimos en el convoy eran humanitarios sinceros y con principios, que actuaron porque se sentían enfadados por el sufrimiento innecesario que el gobierno de Estados Unidos les está causando a los cubanos.
Una parte de la cobertura mediática en Estados Unidos ha sido justa al representar la misión de Nuestra América. La ABC News publicó una noticia sencilla documentando que “los paneles solares, la comida y los medicamentos para tratar el cáncer están entre los productos donados a la isla, que se ha paralizado casi desde que Trump impuso un embargo energético en enero, agravando una crisis económica de cinco años”.
La Associated Press también ha publicado informes sólidos y basados en los hechos sobre la misión que viaja por mar: “Un barco que traía ayuda humanitaria a Cuba llegó a La Habana el martes cargado de paneles solares, bicicletas, alimentos y medicinas mientras se agrava la crisis económica y energética de la isla”.
Pero en las redes sociales y en la prensa derechista (así como en periódicos supuestamente liberales y respetables), la narrativa sobre el trabajo del convoy quedó totalmente distorsionada. En los periodos esporádicos en que teníamos acceso al internet en Cuba, nos dimos cuenta de que los medios conservadores habían convertido la misión de ayuda en un viaje de vanidad, ignorando la cuestión del embargo de combustible y sus efectos.
Gran parte de estas críticas pueden descartarse como ruido mediático, ya que es difícil de criticar el propósito de la misión, que es entregar suministros médicos y paneles solares. (Aunque la verdad es que un artículo hostil en el New York Post es básicamente una medalla de honor.) Pero merece la pena corregir algunas de las mentiras más descaradas, que distraen del horror que Estados Unidos le está imponiendo a Cuba. El examinar las distorsiones de la derecha también ofrece un estudio útil sobre cómo funciona la propaganda.
Las calumnias contra el convoy de Nuestra América
La narrativa de los detractores es la siguiente: “radicales inconsiderados” íban “llegando en masa a La Habana”, alojándose en hoteles de 5 estrellas mientras Cuba estaba en crisis. Allí, “pasaron más tiempo difundiendo sus hazañas a millones de sus seguidores que haciendo algo que realmente pudiera ayudar al cubano de a pie”, como dice James Kirchick del Free Press.
Según el consejo editorial del Washington Post, propiedad de Bezos, los voluntarios de Nuestra América son “idiotas útiles” que no entienden que “la mejor manera de ayudar al pueblo cubano, por supuesto, sería liberarlos de una dictadura que no ha podido satisfacer sus necesidades durante más de medio siglo”.
Para Ben Shapiro, del Daily Wire, el grupo estaba formado por “imbéciles” y personas “moralmente negligentes” que se dedican al “turismo de la pobreza”.
El popular streamer en Twitch, Hasan Piker, es el que más ataques ha recibido, criticado en el Daily Mail por llevar durante el viaje una costosa camisa de diseñador y gafas Cartier. (Si tan solo gastara su dinero disponible en, por ejemplo, viajar a un país bloqueado para entregar ayuda.)
Kneecap, el grupo irlandés de rap, también fue criticado por actuar en un escenario de La Habana, y una congresista de Florida incluso afirmó que la banda organizó un concierto especial y consumió tanta electricidad que “causaron un apagón en un hospital cercano”, matando así a pacientes a los que se les detuvieron los ventiladores. En general, declaró el New York Post, el viaje no fue sino unas “vacaciones repugnantes en Cuba” organizadas por “hipócritas de izquierda”.
Una gran parte de esta cobertura negativa consiste en lanzar insultos baratos (“idiotas”, “imbéciles”, “negligentes”). En su artículo, Kirchick incluso se rebaja al grado de usar la misoginia al estilo de los años 50, llamando a las voluntarias de CODEPINK “arpías chillonas”. Este tipo de calumnias no aclaran nada sobre las cuestiones verdaderamente importantes, que son (1) si los participantes del convoy tienen razón en lo que concierne a la política estadounidense y (2) si su misión fue valiosa. Si los participantes del convoy tienen la razón sobre esa política y si su misión fue valiosa, eso es lo que importa, independientemente de si alguien hubiera recurrido a “gritos”, lo que no ocurrió.
Otro ángulo es la insinuación tramposa, cuando los autores usan frases como “supuestamente para ayudar a una población” (Free Press) o “bajo el pretexto de repartir 20 toneladas de ayuda humanitaria” (New York Post) insinuando que la ayuda no se entregó realmente, o que no era el propósito principal de la misión. Por supuesto, no lo dicen abiertamente porque saben que los hechos contradicen la afirmación. Este es el peor tipo de sofismo tramposo.
Otros puntos mencionados en estos artículos son simplemente irrelevantes. “La realidad es que Estados Unidos ni de lejos ha dañado a Cuba tanto como lo ha hecho la dictadura comunista”, dice el Washington Post. No hay pruebas que respalden esa afirmación; simplemente lo afirman, aunque sea altamente debatible, ya que Estados Unidos ha tenido una política deliberada desde los años 60 de estrangular económicamente a Cuba. Esto lo admite incluso Birsin Filip, del vehementemente anticomunista Instituto Mises, quien escribe:
El gobierno estadounidense siempre ha actuado como agresor hacia Cuba y sus ciudadanos desde que prevaleció la Revolución en 1959, empleando una amplia variedad de tácticas para intentar desestabilizar y destruir su régimen socialista. Durante ese tiempo, ningún presidente estadounidense fue receptivo a la idea de que los cubanos solo buscan una convivencia pacífica, libre de hostilidad, con Estados Unidos. En consecuencia, las empresas cubanas de todos los sectores de la economía se han visto obligadas a sobrellevar un bloqueo económico paralizante, que les impide acceder a materias primas e importar piezas desde Estados Unidos.
El bloqueo de combustible es un acto criminal
Pero más importante aún: el punto es irrelevante para evaluar si el actual embargo de petróleo por Estados Unidos está justificado. En aras de seguir el argumento, dejemos de lado los hechos. Supongamos que antes del bloqueo de combustible del 29 de enero el gobierno cubano era 100 % responsable del estado de la economía cubana, y que el embargo estadounidense de larga data que lo antecede no tuvo ningún impacto negativo en el país. Seguiría siendo cierto que el embargo de combustible impuesto por la administración Trump es un acto criminal, porque el cortarle la electricidad a un país pobre es cruel, independientemente de la causa de la pobreza del país. Nada puede justificar el infligir el sufrimiento que vimos en La Habana.
Como es tan difícil prevalecer en un argumento sobre el bloqueo de combustible para quienes lo defienden (claramente es inhumano), y como la entrega de socorro humanitario es algo que sin duda alguna ayuda, no es sorprendente que la prensa derechista haya intentado cambiar de tema y enfocarse en el hotel donde se alojó Hasan Piker o en el concierto de Kneecap. Pero incluso en lo que concierne a estos temas secundarios, los ataques de la derecha estaban totalmente desinformados sobre lo que realmente ocurrió.
Por ejemplo, una cuenta de Twitter llamada “Right Angle News” acumuló 1.3 millones de visualizaciones con una publicación que afirmaba que “ahora se ha revelado que el régimen cubano se vio obligado a desplegar seguridad armada para proteger el hotel de cinco estrellas donde se alojaron los socialistas de champán como Hasan, por temor de que los lugareños trataran de asaltarlo en protesta por la electricidad del país que acaparó el hotel”. La única prueba que presentaron fue una foto borrosa de un guardia de seguridad frente al hotel. No hay otra evidencia, porque se trata simplemente de una noticia falsa, fabricada por completo.
Se comentó mucho el hecho de que los participantes de la delegación se alojaron en un “hotel cinco estrellas” en Cuba, pero aquí también la información era incompleta. Las delegaciones no tenían muchas opciones. El gobierno de Estados Unidos impone severas restricciones sobre dónde pueden alojarse los estadounidenses en Cuba, obligándolos a hospedarse en los hoteles privatizados en lugar de los públicos, buscando empoderar a las empresas privadas y dejar en ayuno al Estado. Solo en La Habana hay más de 90 ubicaciones en la “Lista de Alojamientos Prohibidos en Cuba“ del Departamento de Estado, y si no cumples con la prohibición las sanciones son severas: “hasta 10 años de prisión”, “250.000 dólares en multas individuales”, o ambas. Para que quede bien claro, es absurdo y escandaloso tener en vigor esta ley, pero es la ley vigente.
La otra alternativa sería alojarse en “casas particulares“, básicamente casas de huéspedes al estilo Airbnb propiedad de una familia cubana. Pero eso no es práctico cuando son cientos de voluntarios: sería imposible tratar de coordinar las actividades grupales, ya que no todas las casas tendrían internet o servicio de teléfono, y todas esas personas yendo y viniendo al lugar donde se hospedan necesitarían mucho más energía que estando en un solo lugar centralizado.
No hay muchos hoteles en La Habana donde sea legal alojarse y que también puedan alojar a delegaciones de cientos de personas. CODEPINK (la organización con que viajaron tanto Piker como Current Affairs) eligió el Iberostar Marqués de la Torre, que es propiedad de una empresa española. (No fue, como afirmó el New York Post, el “Gran Hotel Bristol, un alojamiento de lujo gestionado por el gobierno cubano”. Eso es simplemente falso y deberían retractarse, especialmente porque hay gente en el internet que lo cita para afirmar que Piker violó la ley estadounidense y para pedir que sea arrestado.) Él cumplió con las restricciones legales y logísticas, y además se hospedó en un lugar céntrico desde el cual la delegación podía caminar en lugar de tener que desplazarse en autobús usando combustible. (Pero no hay manera de ganar, porque los críticos en línea también atacaron a la delegación por tomar autobuses desde el aeropuerto.)
Incluso la designación de “cinco estrellas” es un poco engañosa. Como cualquier foro de viajes puede decirte, un hotel que el gobierno cubano califica como de “cinco estrellas” no es necesariamente lo que los estadounidenses se imaginarían cuando piensan en un “hotel de cinco estrellas”. El Iberostar es ciertamente mucho más cómodo que el alojamiento de la mayoría de los cubanos, y la delegación lo reservó solo porque no había alternativas prácticas, pero es un hotel bastante normal, lo que básicamente destila la crítica de Piker al hecho de que “se alojó en un hotel”.
Estados Unidos busca encausar el combustible en Cuba solo hacia empresas privadas
Del mismo modo se comentó mucho que los hoteles pudieron mantener las luces prendidas mientras el resto del país se quedaba sumido en un apagón. Pero aquí, de nuevo, esto es el resultado intencional de la política de Estados Unidos. Estados Unidos no ha bloqueado todo el suministro de combustible a Cuba. A los hoteles privados se les permite importar combustible para sus generadores como parte de una política que Marco Rubio dice que está “íntegramente diseñada” para poner al sector privado en una “posición privilegiada”.
Como informa Reuters, 1.27 millones de galones de combustible han ido a empresas privadas en Cuba como parte de un “plan de la administración Trump para darle una ventaja a las empresas privadas sobre las empresas estatales”. Hay que comprender que la política estadounidense busca privar al sector público cubano (que incluye hospitales, escuelas y la recogida de basura) pero asegurando que las empresas extranjeras sufran el menor daño posible.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel en realidad ha contribuido a la confusión sobre este punto al afirmar que no ha entrado combustible a Cuba, cuando debería haber señalado que la administración Trump está creando deliberadamente exenciones, que están diseñadas para crear precisamente la situación (hoteles privados iluminados en medio de una ciudad a oscuras) que los noticieros de derecha califican como un ejemplo de la hipocresía de la izquierda.
Todo análisis de Cuba debe tener siempre presente que el propósito de la política de Estados Unidos es, y ha sido desde 1959, obligar al gobierno a adoptar un modelo capitalista que sea rentable para las empresas estadounidenses (y no liberar a presos políticos ni fortalecer la democracia electoral, algo que a Estados Unidos no le importa). Las reglas que impone Estados Unidos están cuidadosamente elaboradas para empujar a Cuba hacia la privatización, y es Estados Unidos el que ha producido la grotesca desigualdad entre las condiciones en los hoteles privados y en el resto de la isla.
El mismo relato del “Right Angle News” repitió la falsa afirmación de que “todos los pacientes en un hospital cubano que estaban en ventiladores murieron después de que la banda irlandesa Kneecap usara enormes cantidades de electricidad durante una ‘actuación humanitaria’ para sus compañeros comunistas”. De hecho, el hospital en cuestión — el Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras” — ha confirmado en su página oficial de Facebook que “No hubo fallecidos en nuestra Institución asociados a fallos de ventilación asistida” en ese momento. En otras palabras, ningún paciente en un ventilador murió. Y el evento de Kneecap tampoco fue, de hecho, “para sus compañeros comunistas”.
El concierto fue un festival de música cubana de larga trayectoria en el cual la mayoría de los artistas eran cubanos, en el cual Kneecap ofreció un set de aproximadamente ocho minutos. Hubiera ocurrido con o sin ellos, y es bastante perverso atacar a Kneecap por ofrecerles un poco de música y emoción a personas que están pasando por un momento terrible.
El criticar a los asistentes formó parte de una tendencia general de caracterizar a los participantes en el convoy como si de alguna manera estuvieran extrayendo recursos de Cuba cuando más los necesita, comiendo los alimentos y usando la electricidad que la gente necesita. Esta crítica en particular no solo es errónea, sino también profundamente perjudicial, porque una de las principales conclusiones que sacamos durante nuestro tiempo en Cuba es que los cubanos desean urgentemente que más estadounidenses vengan a visitar la isla y gasten allí su dinero.
La desaparición del turismo
Como a Cuba no se le permite exportar mucho, el turismo se ha convertido en un sector clave de su economía, y el estrangulamiento del turismo está destruyendo los medios de vida de mucha gente. No ven a los visitantes como parásitos. Quieren que los hoteles, los restaurantes, las discotecas y los taxis estén llenos. Hoy la gente se mantiene alejada, y si piensan que al hacerlo están ayudando a los cubanos, están equivocados.
Otros críticos optaron por enfocarse en el precio de las camisetas de Hasan Piker. Ahora bien, uno puede argumentar que es de mal gusto llevar ropa cara en un país pobre. Una vez más: la cuestión mucho más importante aquí es el estrangulamiento de la economía cubana por Estados Unidos y el esfuerzo de los convoyes de llevar suministros que son necesarios. No importa si Piker llevaba una camiseta cara. Pero incluso si afirmáramos que es de mal gusto o inmoral llevar ropa cara donde hay gente pobre, ¿qué nos dice eso de los ricos en Estados Unidos? Tenemos una grave crisis de vivienda en Estados Unidos (peor que en Cuba). ¿No son igual de inmorales las ostentosas exhibiciones de riqueza de los ricos en Estados Unidos? Si una camiseta es mala, ¿qué decir de un presidente que posee sus propios y extensos complejos de golf?
Este tipo de crítica irrelevante podría esperarse de la prensa derechista. Pero incluso el rotativo liberal The New York Times empezó a hablar de la supuesta hipocresía de Piker en lugar del bloqueo. Un artículo titulado “Hasan Piker, celebridad de la izquierda que defiende la misión de ayudar a Cuba“, que de alguna manera requirió la colaboración de nada menos que tres periodistas, puso en segundo plano el tema principal, que es que “Ha habido relativamente poca respuesta pública de los demócratas ante la crisis humanitaria y el bloqueo de meses que Estados Unidos le impuso a Cuba.” Eso debería haber sido el titular.
Aquí no hay argumentos verdaderos. Solo hay distracciones. La derecha política desea desesperadamente desviar la atención de las consecuencias letales de la política exterior de Estados Unidos y de la cuestión de a quién se le va a asignar la culpa por el delito del castigo colectivo que está cometiendo Estados Unidos. Quieren que hablemos de la camisa de Hasan Piker, o de si el comunismo produce eficiencia económica, porque estas narrativas nos alejan del tema de la política de nuestro propio gobierno y sus consecuencias.
La ayuda que entregó el convoy Nuestra América
El esfuerzo por caracterizar a los participantes del convoy como “socialistas de champán” también ignora lo que realmente estaban haciendo en Cuba, es decir, llevando ayuda. En la revista The Nation, el periodista David Montgomery — quien estuvo presente en La Habana — informa que “el flete de carga de la flotilla de Code Pink llevó 6,300 libras de suministros médicos con un valor de 433 mil dólares, enviados por Global Health Partners”. Y esa fue solo una de las varias delegaciones que constituían la misión de Nuestra América en su conjunto.
Además, Montgomery informa que “una delegación italiana entregó unas cinco toneladas de suministros médicos a un hospital quirúrgico”, mientras que la organización sin fines de lucro Global Exchange de San Francisco contribuyó con “20 mil dólares de medicamentos especializados contra el cáncer”.
El propio CODEPINK ha publicado una hoja informativa con más estadísticas: “Alrededor de 1,100 libras de suministros médicos procedentes de Brasil, coordinados por el Frente Brasileño de Solidaridad con Cuba”, “Kits de salud menstrual para aproximadamente 1,300 mujeres, organizados por una coalición solidaria en México”, y así sucesivamente. Todo junto eso consistió en “500 personas de más de 30 países llevando unas 20 toneladas de ayuda”.
Uno de nosotros estaba allí en el hospital Salvador Allende cuando una delegación puertorriqueña trajo su donación: una fila de maletas enormes, cada una con 154 libras de suministros médicos, sumando “1,848 libras en total, incluyendo medicamentos para la hipertensión y la diabetes, antibióticos, pomadas para erupciones y quemaduras, vitaminas, analgésicos y más”.
Para ser claros, esto es una cantidad pequeña comparada con lo que Cuba, una nación de más de 9,7 millones de habitantes, necesita. Pero no era poca cosa para los trabajadores de la salud que conocimos allí. Podíamos ver en sus caras que habían estado luchando, y que eso les brindó un alivio. Lo mismo ocurrió con cubanos individuales.
“Hoy en La Habana vi a una anciana con una dolorosa lesión romper en lágrimas de alegría cuando recibió una botella de Advil”, escribe la humorista Kate Willett, que organizó nuestra delegación mediática. Lo mismo ocurría por toda la ciudad.
Los miembros individuales del convoy también tenían sus propios proyectos de ayuda. Pasamos tiempo con Gerard Dalbon, miembro del capítulo de DSA de Nueva York que estaba totalmente enfocado en paneles solares y baterías. Con la ayuda de donantes de crowdfunding, él mismo compró unos 2 mil dólares de los dispositivos y los metió todos en dos maletas.
En los chats grupales de CODEPINK, le preocupaba pasar el control de seguridad del aeropuerto porque sus bolsas, tan llenas de cables y aparatos eléctricos sí parecían algo sospechosas. Durante los días siguientes, donó algunos a organizaciones LGBTQ (“para mantener prendida su nevera”), al centro cultural público Callejón de Hamel (que exhibe tradiciones de yoruba y santería), a la comunidad afrocubana en Guanabacoa, a una mezquita local, y a un médico palestino que vive y trabaja en Cuba.
Y luego está James Ray, otro voluntario que conocimos por el camino, que trabaja para obtener mascarillas. Resulta que las mascarillas médicas sencillas son una de las mejores cosas que puede uno traer a Cuba, porque son pequeñas, baratas, ligeras y pueden salvar vidas directamente. James ha estado hablando con estudiantes de medicina en La Habana, y juntos han hecho las cuentas: para equipar el hospital más grande de la ciudad durante un año, harían falta unas 40 mil mascarillas. Al momento de escribir esto, me informa que ya ha conseguido financiación para obtener 5 mil mascarillas y está trabajando con grupos de ayuda mutua tipo “bloque de máscaras” para que todas las 40 mil lleguen a la isla en un futuro próximo.
Estos son solo dos voluntarios entre los cientos con los que hablamos casualmente. Prácticamente todo el mundo tenía sus propios proyectos. Estas son las personas extraordinarias a las que los mentirosos profesionales del New York Post y del Free Press, que nunca se han alejado de sus escritorios ni han arriesgado nada por una causa en la que creen, intentan difamar y menospreciar.
La buena noticia es que los propagandistas están perdiendo. Una nueva encuesta de YouGov, publicada el 16 de marzo, muestra que el 46 por ciento de las personas en Estados Unidos desaprueba del bloqueo de petróleo que la administración Trump le ha impuesto a Cuba, mientras que solo el 28 por ciento lo apoya — y eso fue antes de que la misión de Nuestra América y los periodistas a bordo le mostraran al mundo lo que realmente estas sanciones estadounidenses le están haciendo al pueblo cubano. Eso refleja los resultados que hemos visto en las encuestas sobre Gaza, donde ahora más estadounidenses simpatizan con los palestinos que con los israelíes, y sobre la guerra contra Irán, a la que la mayoría se opone.
La agresión y el imperialismo están perdiendo en todos los ámbitos. Y así, como cualquier animal acorralado, sus seguidores en los medios están arremetiendo con violencia. Pero las mentiras y distracciones no pueden sostenerse bajo el escrutinio, porque los hechos son tan evidentes y tan obvios a simple vista. No importa cómo lo veas: el bloqueo de combustible es un crimen que no puede defenderse, y todos deberíamos alegrarnos de que la gente vaya a Cuba y haga todo lo posible por oponerse. Ya pasó la época en que podías escribir una columna en un periódico y convencer a la gente de que el problema son los activistas, y no el gobierno de Estados Unidos.
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Categories: Cuba/Solidaridad con Cuba
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