El relato de un cubanoamericano que participó en el Convoy Nuestra América
“Este mes viajé a Cuba”, escribe Gerardo Delgado. “Como cubanoamericano, esa frase lleva el peso de un anhelo nacido de un distanciamiento de mis raíces. Durante gran parte de mi vida, Cuba existió como un cuento lejano, un lugar que sólo conocía por las descripciones de mi padre.
“Fui como parte de un convoy de solidaridad internacional; más de 500 representantes de más de 30 países, unidos por una simple convicción: ningún país tiene el derecho a estrangular a otro simplemente porque eligió un camino diferente. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras asfixian a la isla que es patrimonio de mi familia”.
Delgado es un educador en Miami, Florida, que trabaja con la Coalición de Miami para Darle Fin al Bloqueo de Cuba por Estados Unidos. Recientemente regresó de Cuba, a donde viajó con la delegación de CODEPINK que formó parte del Convoy Nuestra América.
El convoy incluyó a delegados de países de toda Europa, México, y otros lugares de América Latina y el Caribe, así como de Estados Unidos y Canadá. Se reunieron en La Habana el 21 de marzo para entregar toneladas de ayuda humanitaria como medicinas, alimentos y paneles solares.
Esta iniciativa de solidaridad internacional se organizó como respuesta al asedio de Cuba por parte de Washington, que a finales de enero intensificó su guerra económica de décadas contra el país bloqueando prácticamente toda la entrada de combustibles a la isla.
El artículo de Delgado que aparece a continuación apareció primero en el Substack de CODEPINK, “una publicación apoyada por los lectores”, como indica su página web. Lo publicamos para la información de nuestros lectores. El titular, la foto y el texto que siguen son del original (en inglés). La traducción es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Lo que vi en Cuba fue resiliencia

Por Gerardo Delgado
27 de marzo de 2026
Este mes viajé a Cuba. Como cubanoamericano, esa frase lleva el peso de un anhelo nacido de un distanciamiento de mis raíces. Durante gran parte de mi vida, Cuba existió como un cuento lejano, un lugar que sólo conocía por las descripciones de mi padre.
Fui como parte de un convoy de solidaridad internacional; más de 500 representantes de más de 30 países, unidos por una simple convicción: ningún país tiene el derecho de estrangular a otro simplemente porque eligió un camino diferente. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras asfixian a la isla que es patrimonio de mi familia.
Lo que presencié durante esos días no fue la Cuba de la propaganda occidental, sino un país que ha sobrellevado un asedio de 66 años, y un pueblo que, contra todo pronóstico, sigue construyendo, creando y cuidándose mutuamente.
Un sistema de salud pública asediado
Una de las visitas más intensas fue a una policlínica de un barrio de La Habana. Estas clínicas son la columna vertebral del sistema de salud pública en Cuba. Los médicos viven en la segunda planta de la misma clínica donde trabajan. Conocen por su nombre a todos los pacientes de su comunidad. Tratan por igual la salud física y la psicológica, y encarnan un modelo de cuidado que pone al pueblo primero, y no a las ganancias.
Pero los médicos que conocí se enfrentan a limitaciones desgarradoras. Son profesionales altamente calificados que saben exactamente lo que necesitan sus pacientes y saben que tratamientos existen. Pero debido al embargo estadounidense, no pueden acceder a ellos. Imagínense vivir cada día con la habilidad de sanar, y ser bloqueados por un asedio político y económico.
Llevamos lo que pudimos: nuestra delegación entregó 2,900 kilos de suministros médicos, incluyendo equipos neonatales, analgésicos, y catéteres, así como otros materiales críticos valorados en 433 mil dólares, además de cantidades indeterminadas que llevamos en bolsas de mano y personales, sacrificando espacio para nuestra propia ropa y artículos de aseo. Los médicos cubanos nos contaron de noches en las que se va la luz y los estudiantes de medicina corren a los respiradores para seguir bombeando a mano durante horas hasta que se restablece la electricidad. Salvan vidas con sus propias manos.
Comunidad y creatividad ante la escasez
Dondequiera que íbamos, veía a gente organizándose para sobrevivir. En un barrio del centro de La Habana ayudamos a restaurar un parque infantil en ruinas. Llevamos pintura y columpios nuevos. Un hombre de la comunidad que ayuda a mantener el parque se ofreció a quitar los columpios cada noche para evitar que alguien se los lleve, y volver a montarlos cada mañana para los niños. Ese tipo de cuidado mutuo existe en todas partes.
Conocimos a un artista llamado Lázaro que recoge basura y periódicos viejos para crear arte reciclado. Enseña a los niños del barrio a hacer lo mismo. Las paredes de su estudio están cubiertas de obras dinámicas que también sirven como expresiones de resistencia y creatividad.
Otro día montamos una mesa fuera del estudio de Lázaro con papel de construcción, plumones y pegamento. Niños del barrio se reunieron para escribir cartas de respuesta a corresponsales de Singapur. Traduje las cartas del inglés al español, ayudando a cada niño a responder en español y a ilustrar sus respuestas. Los padres tocaban tambores y bailaban mientras los niños pintaban y escribían. Fue un momento de profunda conexión transfronteriza: niños creando relaciones a través del arte y la traducción, a través de continentes, a través del bloqueo.
Para los cubanoamericanos, hay algo parecido a un coste espiritual que se paga por seguir silenciosamente el statu quo frente a las muchas injusticias con las que hemos crecido durante décadas, que nos parecen haberse intensificado en estos últimos años. Pero los niños que vi en La Habana mantenían su espíritu intacto.
El costo humano del embargo
El bloqueo no es una abstracción. La pobreza es real. Yo di lo que pude, pero como individuos, no podemos satisfacer una necesidad de esa magnitud que es provocada por una crisis sistémica creada por la política estadounidense.
Los apagones programados en la isla son el resultado de una estrategia de guerra por asedio que se intensificó en enero. Cuba lleva meses sin importar combustible debido a las sanciones y la presión naval que tienen como objetivo impedir los envíos de petróleo a la isla. Las centrales eléctricas no pueden funcionar de forma consistente. Los hospitales no pueden realizar cirugías necesarias. La infraestructura para bombear el agua falla. Esto no es un desastre natural. Es violencia creada por el hombre; es una guerra silenciosa.
Y sin embargo, el pueblo cubano no espera a que vengan a rescatarlo. Se organiza. Se adapta. Inventa.
Solidaridad y un llamado a la acción
Como cubanoamericano, he oído toda mi vida que Cuba es un país gobernado por autócratas caprichosos. Que el pueblo cubano está esperando a que lo liberen. Que lo están estrangulando para ayudarlo. Pero de pie allí en la isla, hablando con médicos, artistas, niños y familias, vi algo completamente distinto. Vi a un pueblo que ya es libre — libre para definir su propio destino, incluso bajo el peso de un asedio diseñado para quebrarlo.
Cuba está abierta al diálogo y a la inversión respetando su soberanía. Pero Estados Unidos sigue aplicando una política que incluso gran parte del mundo condena. Año tras año, la Asamblea General de las Naciones Unidas vota abrumadoramente por poner fin al embargo. Año tras año, Estados Unidos lo ignora.
Volví con un concepto más profundo de lo que es la solidaridad: estar presente, escuchar, compartir lo que podamos y mantenernos conectados con esta labor. Pero la solidaridad no puede acabar con una sola delegación. Tenemos que romper el asedio. Necesitamos darle fin a esta guerra económica que lleva décadas.
Los cubanos tienen derecho a la auto-gobernanza. Tienen derecho a las medicinas, a la electricidad, al agua, a la dignidad. Mi padre eligió salir de Cuba ante la pobreza provocada por un cruel régimen de sanciones. Y yo elegí volver por la misma razón.
Dejen vivir a Cuba.
Gerardo Delgado es un educador cubanoamericano que vive en Miami, Florida. Colaborando con la Coalición en Miami para Poner Fin al Bloqueo de Cuba por Estados Unidos. Fue miembro de la reciente delegación de CODEPINK a Cuba como parte del Convoy Nuestra América.
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Categories: Cuba/Solidaridad con Cuba
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