Palestina/Israel

Gaza y Cisjordania: relatos de la catástrofe (I)



A finales de 2025, la publicación Jewish Currents se puso en contacto con unas dos docenas de palestinos en Gaza y Cisjordania — todos ellos habían sido entrevistados previamente por la revista tras el ataque contra Israel el 7 de octubre de 2023 liderado por Hamás — para preguntarles cómo habían cambiado sus vidas desde la última vez que compartieron sus relatos.

“Los testimonios resultantes son difíciles de leer”, dice la introducción de estos relatos. “Muestran los efectos de años de masacres a nivel industrial y colonizaciones transmitidas en directo, especialmente en Gaza, donde se estima que más del 10% de la población ha muerto o resultado herida en los últimos dos años. Los relatos de Gaza abren un portal a un lugar donde la ciencia ficción distópica — exportando la matanza a la inteligencia artificial y a robots, disparándole a niños haciendo cola para recibir ayuda alimentaria, aplastando a personas bajo paquetes de comida lanzados desde el aire — se ha convertido en realidad”.

La introducción a este testimonio está escrita por Tareq Baconi, un escritor palestino que también ha escrito el libro Conteniendo a Hamás: Una historia de la resistencia palestina.

“Lo que todas las voces comparten es desilusión: con Hamás y Fatah, los partidos políticos palestinos; con supuestos aliados como los países árabes; con sistemas internacionales como las Naciones Unidas; y con nociones del derecho internacional y la justicia en el sentido más amplio”, continúa Baconi.

“‘Los ataques contra civiles, la destrucción de viviendas y el desplazamiento masivo ocurrieron ante los ojos del mundo’, dice Sameera Wafi desde Gaza. ‘Todo quedó documentado con fotos y vídeos, pero no fuimos amparados por el derecho internacional humanitario’. Aquí, los palestinos están articulando un fenómeno que puede observarse globalmente: que los sistemas de gobernanza internacional posteriores a la Segunda Guerra Mundial han fracasado, y lo que podría reemplazarlos es un mundo estructurado únicamente por el poder militar y financiero. Los relatos que aparecen a continuación permiten avizorar los inicios de este emergente orden global”.

Sin embargo, hay pruebas que demuestran que los “sistemas de gobernanza internacional posteriores a la Segunda Guerra Mundial”, que Baconi dice que han fracasado, nunca ayudaron al pueblo palestino — ni a millones de otros —. El mundo ha estado “estructurado únicamente por el poder militar y financiero” desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que alteró al mundo inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial fue el auge de la revolución colonial en todo el planeta, la radicalización juvenil mundial que afloró a partir de eso (y de otros acontecimientos), y la existencia del bloque soviético y otros estados obreros — a pesar de sus liderazgos estalinistas, entre otros factores. Los cambios fundamentales desde entonces incluyen la restauración del capitalismo en casi todos los antiguos estados obreros — excepto Cuba — y el hecho de que las revoluciones que han ocurrido desde la Revolución Cubana en 1959 no han podido sostenerse.

Los líderes nacionalistas burgueses que aparecieron tras la revolución colonial ahora están en bancarrota política, lo que sin duda es un factor que ayuda a explicar la “desilusión” a la que Baconi se refiere entre los palestinos hoy en día, que es fácil de comprender.

La introducción de Baconi y los testimonios que resume ofrecen, sin embargo, un relato veraz y desgarrador de la realidad que enfrenta hoy el pueblo palestino en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.

Lo que estos materiales presentan, publicado originalmente en el número de primavera de 2026 de Jewish Currents, ha sido corroborado por otros informes recientes.

Entre ellas se encuentran Ratas, pulgas y colas interminables: la miseria diaria en los campamentos de tiendas de campaña en Gaza, de la reconocida periodista Amira Hass, publicado en el diario israelí Haaretz el 28 de abril de 2026; y Reconstruir la salubridad en Gaza costará 10 mil millones de dólares en los próximos cinco años, según dice la OMS, de Ido Efrati, también publicado en el mismo número de Haaretz.

Publicamos la reseña de Jewish Currents a continuación para la información de nuestros lectores. El titular, el subtítulo, las fotos y las notas son del original. La traducción es de Panorama-Mundial.

Debido a la extensión del testimonio, publicamos el informe en dos partes, la primera de las cuales sigue a continuación.

— Los editores de Panorama-Mundial

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(Esta es la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte II.)

Relatos de la catástrofe

Veintitrés palestinos reflexionan sobre las vidas que han perdido y las trayectorias políticas que han quedado descartadas tras el genocidio.

Según se lo contaron a Maya Rosen y a Jonathan Shamir.

Presentado por Tareq Baconi.

Grafiti con Bendiciones de Ramadán en un edificio bombardeado en la ciudad de Gaza, diciembre de 2025. (Foto: Abu Bilal Abu Yahia)

En noviembre y diciembre de 2025, Jewish Currents se puso en contacto con unas dos docenas de palestinos en Gaza y Cisjordania — todos a los que la revista había entrevistado previamente tras el 7 de octubre de 2023 — para preguntarles cómo habían cambiado sus vidas desde la última vez que compartieron sus historias.

Los testimonios resultantes son difíciles de leer. Muestran los efectos de años de masacres a nivel industrial y colonizaciones transmitidas en directo, especialmente en Gaza, donde se estima que más del 10% de la población ha muerto o resultado herida en los últimos dos años. Los relatos de Gaza abren un portal a un lugar donde la ciencia ficción distópica — exportando la matanza a la inteligencia artificial y a robots, disparándole a niños haciendo cola para recibir ayuda alimentaria, y aplastando a personas con paquetes de comida lanzados desde el aire — se ha convertido en realidad. Vemos cómo el propio tejido de la vida, del hogar y la familia de los palestinos se ha desgarrado; vemos un mundo donde ser asesinado puede ser más misericordioso que seguir soportando las indignidades de la vida. Como dice Saleh, desplazado en Cisjordania pero viendo a su familia vivir el genocidio en Gaza, “Nos hemos cansado de vivir”.

No puedo evitar leer estos relatos por el prisma del duelo. El duelo a menudo se manifiesta como un estado de irrealidad: el mundo que rodea a la persona afligida se convierte en un teatro, un espacio donde la vida se desarrolla a distancia, como alejado. Los supervivientes del genocidio en Gaza parecen igualmente envueltos en incredulidad ante las vidas que llevan, sin saber cómo llegaron hasta aquí, incapaces de procesar cuánto se les ha arrebatado. De todos los crímenes del genocidio, este es quizás el más atroz: el robo del tiempo; se ha borrado el pasado registrado en la tierra y en las ciudades de Gaza, cualquier sentido de futuro ha quedado bloqueado, la oscuridad que esconde el presente. Al leer estos extractos, uno siente que la costumbre palestina de esperar — en los controles, para recibir atención médica, para viajar — ha llegado a un nuevo extremo. Ahora la espera es para enterrar a los muertos se encuentran bajo los escombros, asegurar una próxima comida esquiva, sobrevivir al frío y las lluvias del invierno.

Las personas entrevistadas compartieron sus reflexiones semanas después de que entrara en vigor el tal llamado alto al fuego. No hay forma de negar el alivio que conlleva la disminución de los bombardeos. Pero la realidad estructural del genocidio — es decir, el esfuerzo concertado por borrar la vida palestina — persiste. Gaza, según Mohammed Zraiy, simplemente ha entrado en un “nuevo capítulo de sufrimiento”. Aparte de la matanza continua, la ayuda humanitaria apenas llega, y si hay comida disponible, es inasequible. Las fronteras siguen siendo impenetrables, con familias desparramadas entre el Reino Unido y Gaza, Egipto y Jordania. Al igual que el tiempo, el espacio también está congelado, con palestinos suspendidos geográficamente, incapaces de viajar o reunirse. Incluso aquellos que han logrado salir de Gaza siguen atados a familiares que viven en tiendas de campaña y reviven el genocidio a través de sus teléfonos, incluso cuando sus cuerpos están a salvo en otros lugares.

Esta es la estructura de la Nakba: fragmentación y despojo; buscando constantemente un regreso a su tierra natal en medio de un proyecto colonial que busca borrarlo todo. “La verdadera patria es aquella que protege la dignidad de la persona”, nos recuerda Adel al-Ramadi en Gaza. Por ahora, un lugar como ese no existe. Hay una crueldad profunda en las “decisiones” que les van imponiendo a los palestinos en el camino. ¿Se escapan de la muerte en masa, sabiendo que el huir será usado en su contra, instrumentalizando la prohibición de volver? ¿Cómo pueden los palestinos decidir apartar a sus hijos de las bombas cuando esto puede condenarlos a la falta de un hogar, el desplazamiento y la indigencia? ¿Pretende el nivel de sadismo que vemos en este genocidio romper el espíritu palestino de supervivencia, o simplemente torturar a los palestinos por sobrevivir?

Estas no son preguntas que se limitan a Gaza. Estos relatos incluyen palestinos de Cisjordania, que cada vez se han enfrentado más al arrebato de sus tierras, la demolición de sus viviendas y un aumento del despojo después del 7 de octubre. La línea que separa al Estado de Israel de su aparato colonizador en Cisjordania ya era ilusoria; ahora, incluso esa farsa ha desaparecido. Los soldados se convierten en colonos, los colonos en soldados; de ambas formas aterrorizan a los habitantes de comunidades de pastoreo así como a pequeños pueblos y aldeas en toda Cisjordania. Aquí también vemos el sadismo: mujeres obligadas a comenzar el parto en autos que están detenidos en los controles, o sobreviviendo horas de contracciones para evitar el terror de conducir hasta un hospital por la noche; un padre asesinado a tiros delante de su hijo pequeño mientras filmaba a un colono.

Haya o no un alto al fuego, esa violencia continúa con el respaldo total del Estado. El régimen de apartheid y sus mercenarios han interiorizado las lecciones correctas de Gaza: siempre pueden salirse con la suya. Ahora es irrelevante el intento a medias de separar a Israel y su “colonización legal” en 1948 de los colonos y su “colonización ilegal” en Cisjordania. Ghassan Najjar de Burin tiene razón; lo que antes estaba bajo la mesa ahora está sobre ella.

Por eso vale la pena señalar que estos relatos carecen de las voces de los palestinos que permanecen dentro del Estado israelí. Irónicamente, son posiblemente las personas que más temen hablar de sus vidas debido al nivel de vigilancia e intimidación por parte del gobierno y sus vecinos; no obstante, sus experiencias viviendo en una sociedad responsable del genocidio son una parte importante de la historia palestina de los últimos años. También no aparecen aquí los palestinos en prisiones israelíes, que han sufrido durante años los horrores de la tortura, la privación y el abuso sexual sistemático, y que en su mayoría han estado bloqueados del mundo exterior desde el 7 de octubre. Sus relatos son un ejemplo del impulso implacable de Israel por aplastar cualquier compromiso con la vida y la resistencia palestinas, dondequiera y de cualquier manera que se manifieste.

Y suspendidos sobre estos relatos flotan los espíritus de nuestros mártires: aquellos que han sido asesinados por los israelíes durante esta encuesta, y para quienes las vidas de sus seres queridos nunca volverán a ser las mismas. “Me quitaron el corazón”, dice Uum Khalil Abu Yahia sobre su hijo Khalil, que fue asesinado el 29 de octubre de 2023, antes de que su hermano Ahmad también fuera asesinado el 2 de julio de 2025. No ha tenido tiempo para llorar ni por su hijo ni por otros miembros de la familia; ella apenas puede sobrevivir el bombardeo incesante. “No tuve la oportunidad de despedirme”, dice Hamza Salha sobre su mejor amigo Yahya Obeid. “Ahora estoy sin las personas que conforman mi hogar.”

Estas pérdidas no solo nos han cambiado irrevocablemente como seres humanos; también han cambiado la naturaleza de nuestro proyecto político. ¿Qué es un hogar, cómo es la lucha por una patria cuando nuestro pueblo está siendo erradicado? Los relatos ofrecen una fotografía de la diversidad de opiniones entre los palestinos sobre estas cuestiones. Algunos pagarían cualquier fortuna por escapar de Gaza, otros no pueden imaginar otra cosa que volver a sus hogares, aunque esos hogares hayan sido destruidos. Algunos culpan a Hamás por el 7 de octubre y el genocidio que siguió, otros culpan solo a Israel; algunos piensan que la resistencia armada ha sido un error estratégico fatal, otros la consideran una respuesta inevitable a la Nakba en curso; algunos depositan fe en las negociaciones, mientras que otros han perdido toda esperanza en la vía política.

Lo que todas las voces comparten es desilusión: con Hamás y Fatah, los partidos políticos palestinos; con supuestos aliados como los países árabes; con sistemas internacionales como las Naciones Unidas; y con nociones del derecho internacional y la justicia en el sentido más amplio. “Los ataques contra civiles, la destrucción de viviendas y el desplazamiento masivo ocurrieron ante los ojos del mundo”, dice Sameera Wafi desde Gaza. “Todo quedó documentado con fotos y vídeos, pero no fuimos amparados por el derecho internacional humanitario”. Aquí, los palestinos están articulando un fenómeno que puede observarse globalmente: que los sistemas de gobernanza internacional posteriores a la Segunda Guerra Mundial han fracasado, y lo que podría reemplazarlos es un mundo estructurado únicamente por el poder militar y financiero. Los relatos que aparecen a continuación permiten avizorar los inicios de este emergente orden global.

Tareq Baconi

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Gaza: “Nos han bombardeado de nuevo a la Edad de Piedra”

Tiendas de campaña inundadas en Jabalia, Gaza, diciembre de 2025. (Foto: Abu Bilal Abu Yahia)

* Los entrevistados marcados con un asterisco no se identifican por su nombre completo debido a preocupaciones de seguridad.

Ahmed Totah: La vida solía ser buena. Teníamos nuestras casas, teníamos pan. Pero desde el 7 de octubre no hay vida en Gaza. Las calles están llenas de escombros y basura. Ya ni siquiera son calles. Vivimos en una jungla donde los fuertes se comen a los débiles. Nos han bombardeado de nuevo a la Edad de Piedra.

Uum Moin*: Solía vivir en mi casa con mi familia. ¿Por qué fue bombardeada? ¿Por qué me bombardearon el coche? No le hice daño a nadie. Cada día lloro por mi hogar — mis recuerdos, mis pertenencias que amaba. Todo lo bello se ha ido.

Ahmed Totah: Mi familia y yo vivimos en una tienda de campaña en una zona llamada al-Zawayda. La tienda está rota y abierta por todos lados, expuesta al viento. Las condiciones actuales en invierno son duras: las tiendas se inundan y el agua entra al interior. No encuentras colchones para dormir, no encuentras baños.

Sameera Wafi: Tras múltiples desplazamientos previos, tuvimos que mudarnos a una tienda de campaña en al-Mawasi, en Khan Younis, en febrero de 2024. El bombardeo no cesó durante todo ese año. Tiendas cercanas a la nuestra fueron atacadas repetidamente, y el peligro era una presencia diaria.

Con el inicio de la “tregua humanitaria” en enero de 2025, descubrimos que nuestra casa en Khan Younis seguía en pie. Trabajamos por repararla y, el pasado febrero, dos días antes del inicio del bendito mes de Ramadán, pudimos regresar a casa. Pero tras solo unas semanas, la guerra se reanudó. El 19 de mayo, nuestra zona fue objeto de un ataque a gran escala por parte de fuerzas israelíes, que incluyó ataques aéreos y intenso fuego de artillería. Sobrevivimos por milagro. Horas después, se emitieron órdenes de evacuación para nuestro barrio, desplazándonos por sexta o séptima vez.

Más tarde, las fuerzas israelíes avanzaron y destruyeron lo que quedaba de las casas usando robots.[1] Nuestra casa quedó completamente destruida. Ahora estoy de nuevo en al-Mawasi, en una tienda de campaña que es completamente inútil para vivir. No nos protege del calor del verano ni del frío del invierno.

Saleh*: Mi familia fue desplazada de la ciudad de Khan Younis a Bani Suheila y luego al mar, donde han estado viviendo en tiendas de un nailon muy delgado. Mis nietos no tienen ropa de abrigo y ahora ha llegado el invierno. Nuestra casa ha desaparecido. No tienen ni un shekel a su nombre.

Mohammed Al Khatib: A mediados de 2024 logré enviar a mi esposa y a mis hijos a un lugar seguro fuera de Gaza. Ahora llevo más de 19 meses separado de ellos. En ese tiempo, mi salud general ha empeorado. Me diagnosticaron hepatitis y, más tarde, una infección gástrica por la que todavía estoy siendo tratado. He perdido más de 20 kilogramos [44 libras].

Ahmed Totah: Sufro una afección cardíaca, así que conseguí una recomendación de la Organización Mundial de la Salud para una evacuación médica en abril de 2024. El retraso ha sido tan largo que no hemos tenido noticias desde entonces.

Mi hijo Muhammad tiene parálisis cerebral. Cuando nos desplazaron la primera vez, dejamos su silla de ruedas atrás. Es cuadriparético, así que nosotros — mi esposa, mis otros hijos y yo — hemos tenido que cargarlo físicamente. Requiere medicación constante. El Hospital Europeo de Gaza fue bombardeado por Israel el 13 de mayo de 2025, matando a 28 personas y dejando a decenas heridas. El hospital ha suspendido los servicios desde el ataque. En octubre de 2025, menos de la mitad de los hospitales en Gaza estaban funcionando.

Necesita atención médica, pero las circunstancias lo han hecho imposible. Cuando hay un bombardeo, empieza a gritar; mete la cabeza en la tierra. Incluso el sonido de la lluvia ahora le asusta. Es difícil decirlo, pero he deseado la muerte un millón de veces por su situación.

Mohammed Al Khatib: Desde el acuerdo de alto al fuego, el moverse es más fácil, más ayuda llega por los cruces y mis niveles de estrés son más bajos. Pero mi vida actual aún puede describirse mejor como supervivencia, más que como vivir realmente.

Mohammed Zraiy: La situación alimentaria ha mejorado mucho. No es como antes del genocidio, pero es mucho mejor para un pueblo que estuvo al borde de la muerte.

Ahmed Totah: El principal problema es que no hay trabajo — hay más comida, pero necesitas dinero para comprarla.

Mohammed Zraiy: Mientras tanto, los ataques aéreos de Israel siguen en marcha, las ciudades siguen destruidas y la gente sigue viviendo en tiendas de campaña incluso en el duro invierno. Para ellos, la guerra aún no ha terminado. Simplemente han entrado en un nuevo capítulo de sufrimiento.

Saleh: En este momento, quisiera que mi esposa y mis hijos se fueran de Gaza, ya sea cerca o lejos — Egipto o Jordania, Inglaterra o Bélgica, me da igual. Nos hemos cansado de vivir.

Ahmed Totah: Si abrieran las fronteras y tuviera la oportunidad de empezar la vida en otro país, lo haría en un segundo. Aquí no queda nada para nosotros.

Adel al-Ramadi: Estoy esperando la oportunidad más próxima para salir de Gaza y poder continuar mi carrera literaria y académica. Durante estos dos últimos años, he aprendido que la verdadera patria es aquella que protege la dignidad de la persona. Esto no significa que vaya a abandonar a Gaza; la llevaré en mi corazón dondequiera que vaya. Escribiré sobre eso como antes.

“A pesar de la destrucción y el dolor, descubrí que no puedo vivir fuera de Gaza”.

Sameera Wafi: En cierto momento quise irme simplemente para sobrevivir, pero luego me di cuenta de que solamente sobrevivir no es suficiente. A pesar de la destrucción y el dolor, descubrí que no puedo vivir fuera de Gaza.

Estoy intentando mantener mi pasión por la fotografía. Casi todos los días camino aproximadamente una hora y media hasta el edificio del Sindicato de Periodistas Palestinos en al-Mawasi. Allí cargo el móvil y sigo las últimas noticias. A veces fotografío el vacío, el agotamiento y las caras desgastadas. Otras veces voy a actividades organizadas para niños y los grabo riendo dentro de una tienda de campaña. Mi trabajo como fotógrafa es transmitir no solo el dolor del pueblo de Gaza, sino también su dignidad. Intento decirle al mundo: estamos aquí y, a pesar de todo, seguimos vivos.

Exilio: “Un país que no es el mío”

Palestinos esperan en el paso de Rafah, Gaza, el 16 de octubre de 2023. (Foto: Majdi Fathi / NurPhoto vía AP)

Yousef al-Akkad: Salí brevemente de Gaza después del 7 de octubre para ocuparme de asuntos universitarios para mis hijos, pero el paso de Rafah fue ocupado y cerrado poco después, y no he podido volver desde entonces. En cuanto el cruce vuelva a abrirse y regrese un nivel de vida mínimamente aceptable y seguro en la Franja, volveré de Nigeria a mi trabajo como médico en el Hospital Europeo de Gaza.[2]

Naila*: Durante los últimos dos años he estado atrapada fuera de Gaza [en el hospital de Saba en Israel, luego en Ramala]. En 2025 se suponía que iba a volar a El Cairo, donde mi marido fue evacuado médicamente para una cirugía de espalda a principios de la guerra. Pero no hay forma de que llegue porque no he podido conseguir un permiso de viaje.

Estos han sido los peores años de mi vida porque estoy muy lejos de mi familia. La vida de mis hijos, en particular, es muy difícil debido a las duras condiciones en las tiendas de campaña en Gaza. No sé qué hacer. Vivo en un estado constante de agotamiento y desesperación. He perdido la esperanza en todo.

Uum Moin: Ahora estoy en Egipto, un país que no es el mío, mientras que el resto de mi familia, mis hermanos y mi madre — que tiene cáncer — viven en una tienda de campaña que no los protege de las frías lluvias invernales. Pienso en ellos constantemente. No puedo proporcionarles nada. Mis hijos perdieron sus empleos y sus lugares de trabajo fueron destruidos. Sus opciones se han vuelto extremadamente limitadas.

Jameel*: Escucho las voces de miles de personas que estarían encantadas de salir de Gaza, y no puedo culparlos. Pero la vida fuera de Gaza no es tan sencilla como podrían imaginar. Cuando llegamos a Egipto, no teníamos papeles de residencia y no podíamos matricular a los niños en las escuelas. Ahora solo recibo el 30% del salario que solía recibir en Gaza, lo cual no es suficiente para cubrir nuestras necesidades diarias.

Aisha*: Llegué a Irlanda antes del alto al fuego, y en ese momento no podía dejar de mirar las noticias. Si alguna vez veía que había ocurrido un atentado cerca de mi familia, me quedaba despierta la noche entera tratando de llamarlos, y si conseguía comunicarme, preguntaba: “¿Están bien? ¿Están oyendo bombardeos fuertes o algo así? ¿Tienen comida? ¿Tienen frío?”

Cuando empezó el alto al fuego, pensé: “Vale, ahora puedo descansar”. Pensé que sentiría alivio al estar en otro lugar, donde tengo esta vida tan bonita que siempre quise. Pero eso no ha ocurrido porque mi familia está sufriendo en Gaza; Israel sigue bombardeando y yo siempre estoy nerviosa. Rezo para que se abra la frontera y así mi familia pueda ir a Egipto. Solo entonces podré vivir mi vida.

Hamza Salha: En agosto de 2025 obtuve una beca para estudiar en Irlanda, donde estoy ahora. Es un privilegio enorme salir de Gaza, pero no ha sido fácil. Estoy sobreviviendo físicamente, pero mentalmente, la mayoría del tiempo todavía me persigue el trauma. Pienso en mi familia. Me temo que nuestra casa, cuyo esqueleto sigue en pie, pueda derrumbarse en cualquier momento.

La gente de Irlanda me apoya, pero no son las personas con las que crecí durante 24 años. Esta no es mi casa; no es mi tierra. A pesar de su compasión y generosidad, me siento tan solo.

Dikla Taylor-Sheinman contribuyó con la información.

(Esta fue la primera de dos partes. La segunda puede encontrarse en la Parte II.)


NOTAS

[1] En mayo de 2024, el ejército israelí comenzó a usar vehículos explosivos controlados a distancia para arrasar con la infraestructura en Gaza. Hasta octubre de 2025 estos “robots” han dañado o destruido al menos 19 mil estructuras en Khan Younis.

[2] El Hospital Europeo de Gaza fue bombardeado por Israel el 13 de mayo de 2025, matando a 28 personas y dejando decenas de heridos. El hospital ha suspendido los servicios desde el ataque. En octubre de 2025, menos de la mitad de los hospitales en Gaza estaban funcionando.

 


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