Lucha del pueblo negro

Teoría crítica de la raza – los principales temas de discusión (II)


Las distorsiones de la historia por los liberales atizan la cruzada derechista



Esta es la segunda de una serie de tres partes. El primer artículo puede encontrarse aquí.


Por Argiris Malapanis y Geoff Mirelowitz

El primer artículo de esta serie esbozó el insidioso carácter de la cruzada derechista contra la cultura. Uno de sus objetivos es impedir la enseñanza de hechos esenciales en la historia de Estados Unidos; en particular los hechos relacionados a la esclavitud de propiedad total, la Guerra Civil, la Reconstrucción Radical, la segregación estilo Jim Crow, el movimiento de los derechos civiles, y el racismo institucionalizado que prevalece en Estados Unidos hasta el día de hoy.

Sin embargo, hay liberales de varios tipos que promueven argumentos falsos, lo que hace que sea más difícil refutar esta campaña derechista. Estos académicos, periodistas y demás hacen declaraciones que no cumplen con los criterios de evidencia. Algunos van más allá y ofrecen interpretaciones de la historia que se derrumban ante un examen cuidadoso. Otros opositores incondicionales del racismo no comparten estos puntos de vista.

Estos argumentos incluyen afirmaciones erróneas o exageraciones de los hechos sobre el carácter de la Revolución Americana de 1776 y sobre las causas de la guerra de independencia contra la monarquía británica que presentó el New York Times en su Proyecto 1619. También incluyen conceptos como “aceptar la culpabilidad blanca” o “renunciar al privilegio blanco” como herramientas que pueden usarse para combatir el racismo.

El debate sobre el Proyecto 1619 ha sido amplio. Entre los que critican sus limitaciones se encuentra Leslie M. Harris, profesora de historia en la Universidad Northwestern y autora del libro In the Shadow of Slavery: African Americans in New York City, 1626-1863 (A la sombra de la esclavitud: los afroamericanos en la ciudad de Nueva York, 1626 a 1863) y también Slavery and the University: Histories and Legacies (La esclavitud y la Universidad: historias y legados).

Exposición sobre la llegada de africanos esclavizados a Virginia en 1619, en exhibición en el Museo de Historia en Hampton, Virginia. (Foto: Courtesía del Museo de Historia de Hampton)

Las críticas que hace Harris son notables porque el Times originalmente la buscó para verificar los hechos del Proyecto 1619. Sus argumentos sobre este punto merecen una cuidadosa consideración, tanto porque está extremadamente bien informada como porque reconoce el valor que tiene gran parte del Proyecto 1619. Lo que ella demuestra es que las afirmaciones falsas que hace el proyecto lo perjudican. Lo que dice es en tono mesurado, se basa en los hechos, y habla por sí mismo. Merece más atención de la que ha recibido hasta la fecha.

 El Proyecto 1619 rechazó la verificación de los hechos

“El 19 de agosto del año pasado [2019] escuché en silencio y atónita cómo Nikole Hannah-Jones, reportera del New York Times, repetía una idea contra la cual yo había argumentado vigorosamente con su verificador de los hechos: que la lucha de los patriotas en la Revolución Americana fue en gran parte para preservar la esclavitud en América del Norte”.  

Así es como Harris inició su artículo titulado “Ayudé a verificar el Proyecto 1619. The Times me ignoró”, que apareció en la edición del 6 de marzo del 2020 de la revista Politico.  

“Hannah-Jones y yo nos presentamos en la Radio Pública de Georgia para discutir el innovador Proyecto 1619 del New York Times, un importante artículo que ella había encabezado sobre el impacto de la esclavitud en la historia estadounidense”, escribió Harris. “El Times acababa de publicar la edición especial del 1619 en su revista, que toma su nombre del año en que 20 africanos llegaron a la colonia de Virginia—un grupo que se cree que fueron los primeros africanos esclavizados en llegar a la Norteamérica de Gran Bretaña”, explicó.

“Semanas antes había recibido un correo electrónico de una editora de investigación del New York Times”, continuó Harris. “Como soy historiadora de la vida afroamericana y de la esclavitud, específicamente en Nueva York, y de la era anterior a la Guerra Civil en general, ella quería que verificara algunos enunciados del proyecto. En un momento dado, me envió esta afirmación: ‘Una razón clave por la que los colonos declararon su independencia de Gran Bretaña fue porque querían proteger la institución de la esclavitud en las colonias, la cual había producido una riqueza tremenda. En ese momento aumentaban los llamados de abolir la esclavitud en todo el Imperio Británico, lo que hubiera dañado enormemente las economías de las colonias tanto en el Norte como en el Sur’.

“Me opuse vigorosamente a esa afirmación. Aunque la esclavitud fue ciertamente un problema en la Revolución Americana, la protección de la esclavitud no fue una de las principales razones por las que las 13 colonias se lanzaron a la guerra”, señaló Harris.

“A pesar de mi consejo, el Times publicó de todos modos la declaración incorrecta sobre la Revolución Americana en el ensayo introductorio de Hannah-Jones”, señaló Harris. “Además, la manera en que el periódico presentó la esclavitud en los primeros años era más típica de las leyes y prácticas que fueron más comunes en la era anterior a la guerra civil que en la época colonial, y no ilustraban verazmente las experiencias tan variadas de la primera generación de personas esclavizadas que llegaron a Virginia en 1619.

“Las inexactitudes en esos dos ámbitos me preocuparon, pero la declaración sobre la Guerra Revolucionaria me causó una ansiedad especial”, explicó Harris.

“En general”, continuó Harris, “el Proyecto 1619 es una rectificación muy necesaria a las historias que festejaban ciegamente y que una vez dominaron nuestra comprensión del pasado, historias que sugerían erróneamente que el racismo y la esclavitud no eran elementos fundamentales de la historia de Estados Unidos. Me preocupaba que sus críticos utilizarían las declaraciones exageradas para desacreditar a la empresa en su conjunto. Hasta el momento eso es exactamente lo que ha sucedido”.

Harris amplificó su argumento: “Una carta firmada por cinco historiadores académicos afirmó que el Proyecto 1619 se equivocó en algunos elementos importantes de la historia, entre ellos la afirmación de que la Guerra Revolucionaria se libró para preservar la esclavitud. Han exigido que el New York Times haga correcciones sobre estos puntos, lo que el periódico hasta la fecha se ha negado a hacer. Por su parte, Hannah-Jones ha reconocido que el argumento sobre la esclavitud y la Revolución en su ensayo fue algo exagerado, y que planea enmendarlo para la versión del proyecto en un libro bajo contrato con [la editorial] Random House”.   

El Times y Hannah-Jones se mantienen inflexibles

En noviembre del 2021, One World, un sello del grupo Random House, publicó el libro The 1619 Project: A New Origin Story [El Proyecto 1619: una nueva historia de los orígenes].

El ensayo original de Hannah-Jones aparece en el libro con escasas modificaciones de contenido—la principal es la sustitución de “los colonos” por “algunos de los colonos”. Los editores del Times y la escritora, sin embargo, en realidad han decidido insistir en el postulado central de su argumento original de que una de las principales causas de la revuelta anticolonial en Estados Unidos fue salvaguardar la esclavitud de propiedad absoluta.

“Una de las principales razones por las que algunos de los colonos decidieron declarar su independencia de Gran Bretaña fue porque querían proteger la institución de la esclavitud”, dice Hannah-Jones en el nuevo libro. “La verdad es que es posible que nunca nos hubiéramos rebelado contra Gran Bretaña si algunos de los fundadores no hubieran comprendido que la esclavitud les daba el poder de hacerlo; o si no hubieran creído que la independencia era necesaria para mantener la institución sin alterarla”.

Debemos señalar aquí que los autores del Proyecto 1619 no son pioneros en promover la falsa idea de que la guerra de independencia de Estados Unidos fue, fundamentalmente, una revuelta reaccionaria.

El historiador Gerald Horne esbozó este punto de vista cinco años antes. Horne “argumenta que la llamada Guerra Revolucionaria fue en realidad un esfuerzo conservador de los colonos estadounidenses para proteger su sistema de esclavitud”, dice un artículo del 27 de junio del 2014 de Democracy Now, titulado “ ‘Contrarrevolución de 1776′: ¿Fue la Guerra de Independencia de Estados Unidos una revuelta conservadora a favor de la esclavitud?  Horne, profesor de historia y estudios afroamericanos en la Universidad de Houston, es autor de dos libros: The Counter-Revolution of 1776: Slave Resistance and the Origins of the United States of America [La Contrarrevolución de 1776: la resistencia de los esclavos y los orígenes de los Estados Unidos de América] y Race to Revolution: The U.S. and Cuba During Slavery and Jim Crow [Carrera a la Revolución: Los Estados Unidos y Cuba durante la esclavitud y Jim Crow].

Tales afirmaciones son erróneas y, por lo tanto, son combustible que atiza los ataques derechistas, como explicó Harris.

“La crítica del Times ha envalentonado a algunos conservadores para afirmar que esa ‘historia revisionista’ es totalmente ilegítima”, señaló Harris en su ensayo del 2020 publicado en Politico. “El proyecto fue criticado inclusive en el Senado de Estados Unidos cuando, durante el juicio de destitución del presidente Donald Trump, su abogado citó la carta de los historiadores para criticar el proyecto”, dijo.

Estados Unidos no fue fundado para proteger la esclavitud, pero la esclavitud juega un papel central en su historia

“Pero los debates que se están dando ahora en las redes sociales y en los artículos de opinión entre partidarios y detractores del Proyecto 1619 tergiversan tanto el récord histórico como la profesión de historiador”, señaló Harris. Estados Unidos no fue, de hecho, fundado para proteger la esclavitud, pero el Times tiene la razón en que la esclavitud fue algo fundamental en su historia”.

Malcolm X confirmó esta idea desde un ángulo diferente en un poderoso discurso conocido como el “Mensaje a las bases”, que pronunció en 1963 en Detroit. Allí habló sobre el significado del término “revolución”.

Malcolm X pronunciando el famoso discurso “Message to the Grass Roots” en 1963 en Detroit. Una grabación de audio del discurso (en inglés) puede encontrarse aquí.

“Mira la Revolución Americana de 1776″, dijo Malcolm. “¿Esa revolución fue para qué? Por la tierra. ¿Por qué querían tierra? Independencia. ¿Cómo se llevó a cabo? Derramamiento de sangre. Número uno, se basaba en la tierra, la base de la independencia. Y la única forma en que podían conseguirlo era el derramamiento de sangre”.

Ninguna persona seria cree que Malcolm no se dio cuenta de que la Revolución Americana dejó intacta a la esclavitud. Sin embargo, sí logró la independencia y la tierra para aquellos que se rebelaron contra la monarquía británica.

¿Qué llevó a la primera revolución en Estados Unidos?

Los teóricos liberales argumentan que las revoluciones se producen “no cuando todas las condiciones para su ocurrencia—desde lo económico hasta lo individual—convergen hasta el punto de ruptura, sino debido a juicios erróneos de un lado u otro”, escribió el erudito marxista George Novack en un ensayo en 1975 titulado “¿Era necesaria la revolución?”[1] refiriéndose a la primera revolución norteamericana. “Las revoluciones son, por lo tanto, fenómenos más o menos aberrantes”, según los historiadores liberales, dijo Novack, “y podrían evitarse si los representantes de los respectivos antagonistas aportaran una mayor sabiduría a la situación”.

Los marxistas tienen la opinión contraria “de que los fenómenos sociales están regulados por sus propias leyes, que el conflicto de clases con intereses y objetivos materiales opuestos es la fuerza motriz en las sociedades civilizadas, y que la intensificación de los antagonismos de clase conduce lógica e irresistiblemente a un enfrentamiento revolucionario en la contienda por la supremacía”, explicó Novack.

En un ensayo en 1961 sobre la Guerra Civil en Estados Unidos, Novack describió con precisión los orígenes, logros y deficiencias de la revuelta estadounidense contra Gran Bretaña: [2]

“El movimiento revolucionario nacional burgués en América del Norte tenía cinco tareas principales que cumplir”, escribió Novack. Estas fueron: (1) liberar al pueblo estadounidense de la dominación extranjera, (2) consolidar a las colonias o estados separados en una nación, (3) establecer una república democrática, (4) colocar el poder estatal en manos de la burguesía, (5) y lo más importante de todo, librar a la sociedad estadounidense de sus estorbos precapitalistas (tribalismo indio, feudalismo, esclavitud), con el fin de permitir la expansión plena y libre de las fuerzas capitalistas de producción y de intercambio”. [3]

Las deficiencias de la primera revolución estadounidense tardaron en hacerse plenamente evidentes, señaló Novack. Al principio parecía que los capitalistas del norte estaban completamente satisfechos con los resultados. Habían logrado tomar el timón de la nueva República. Gobernaron la nueva nación junto con los terratenientes sureños con quienes habían librado la guerra, escrito la Constitución, y formado la Unión.

Los terratenientes del sur le quitan el trono a la burguesía del norte

Los comerciantes, banqueros, y fabricantes, sin embargo, demostraron ser incapaces de mantener su hegemonía. “Después de un breve—aunque importante—período de autoridad suprema durante las administraciones de Washington y Adams, sus representantes políticos directos se vieron obligados a entregar el liderazgo nacional a la aristocracia de las plantaciones”, explicó Novack. La conquista burguesa del poder político había resultado ser prematura”.

La incapacidad de la burguesía del norte de mantener su posición predominante en la Unión ilustró las deficiencias de esa revolución del siglo dieciocho. Las condiciones y los factores materiales explican este giro de los acontecimientos.  

Entre todos ellos, el factor más importante fue que la quinta y más fundamental tarea de la revolución, la liquidación de todas las fuerzas sociales precapitalistas, no se había llevado a cabo hasta el final. El gobierno capitalista mercantil fue víctima del atraso económico de la nueva nación. La primera revolución norteamericana se desarrolló en un país colonial con una economía basada en gran medida en la agricultura. El desarrollo económico capitalista estaba sólo en sus etapas iniciales. La contradicción entre la república democrática que la revolución estableció y la economía del país sin una base industrial fue la causa principal de la caída política de la clase capitalista emergente.

La primera revolución estadounidense fue necesaria y sus objetivos eran justificados, explicó Novack en su ensayo de 1975. Se hizo posible cuando el antagonismo de clases entre el opresivo dominio colonial británico y la naciente clase capitalista estadounidense alcanzó un punto de ruptura. Fue un evento históricamente progresista. Promovió los derechos democráticos contra el gobierno tiránico de un monarca absoluto, pero también fue incompleta en aspectos fundamentales.

Como en otras revoluciones democrático-burguesas, la constitución de la nueva nación garantizaba sobre todo los derechos de la nueva clase dominante—la burguesía—y los de sus aliados, los terratenientes del sur. Las masas populares lograron ganar sólo aquellos derechos por los que podían luchar y que conquistaron a través de su propia lucha. A lo largo de la historia la emergente clase capitalista no ha luchado consistentemente por los derechos de los demás.

El poner fin a la esclavitud era una tarea necesaria porque la esclavitud no era solo un crimen contra la humanidad, sino también un “estorbo precapitalista”, para usar el término de Novack. Necesitaba ser abolido. Pero la ideología de la supremacía blanca se estableció firmemente entre los colonos europeos tanto en relación con las personas esclavizadas como con los pueblos nativos americanos. Un componente importante de aquellas fuerzas dispuestas a actuar para poner fin a la tiranía monárquica no iba a actuar para abolir la esclavitud, y los que estaban menos comprometidos con el sistema esclavista tampoco lucharon para ponerle fin. El pueblo esclavizado no podía alcanzar la libertad por sí mismo; aún no existían las condiciones objetivas para hacer lo necesario. La primera revolución norteamericana, al igual que otras revoluciones democrático-burguesas, requirió de una segunda rebelión para cumplir con sus tareas inconclusas.

“Cada revolución se ve limitada por las realidades objetivas de su desarrollo”, dice Novack. El fracaso en la eliminación de la esclavitud, que tuvo su auge cuando la expansión de la industria textil y la introducción de la desmotadora de algodón elevaron la producción del algodón a una posición suprema, hizo que fuera necesaria una segunda etapa de la revolución democrático-burguesa para poder llevar a cabo sus tareas históricas inconclusas. Ni la poderosa Guerra Civil ni la Reconstrucción lograron darles la igualdad a los esclavos legalmente emancipados”.

Los capitalistas del norte derrotan las reformas de la Reconstrucción Radical

¿Por qué es que la igualdad genuina para los negros no se logró todavía con la Segunda Revolución Norteamericana? La respuesta radica en comprender exactamente lo ocurrido en el período de la historia de Estados Unidos que se conoce como la “Reconstrucción Radical”, la cual duró aproximadamente desde 1866 hasta 1877.

La Guerra Civil terminó con la Confederación sureña totalmente vencida y con sus fuerzas sometidas a una rendición incondicional al ejército de la Unión, que permaneció acantonada en el Sur del país. Sin embargo, tras el asesinato del presidente Abraham Lincoln en abril de 1865, el vicepresidente Andrew Johnson quedó a cargo de la Casa Blanca. Él intentó rehabilitar rápidamente a los líderes de la Confederación y de reunificar a la nación, pero sin garantías de igualdad para el pueblo anteriormente esclavizado.

Un ala del partido de Johnson, conocida como los Republicanos Radicales, exigió que se implementara una política diferente y tomó medidas en el Congreso para ejecutarla. El grupo encabezó el esfuerzo por aprobar las enmiendas 14 y 15 de la Constitución, destinadas a garantizar la igualdad de trato a todos los ciudadanos y a otorgar el derecho al voto a los hombres negros mayores de 21 años. También trató, sin éxito, destituir a Johnson por su política de sabotear los objetivos radicales de la reconstrucción.

Esto coincidió con enormes avances para los negros, que lanzaron una lucha por el derecho a poseer y cultivar tierras, así como por la verdadera igualdad ante la ley. Los afroamericanos organizaron y dirigieron milicias armadas. Llegaron a establecerse gobiernos estatales radicales en los que los negros desempeñaron un rol prominente de liderazgo.

Los primeros afroamericanos elegidos para el Congreso de Estados Unidos. De izquierda a derecha: el senador estadounidense Hiram R. Revels de Mississippi; y los representantes Benjamin S. Turner de Alabama, Robert C. De Large de Carolina del Sur (de pie), Josiah T. Walls de Florida, Jefferson H. Long de Georgia (de pie), y Joseph H. Rainy y R. Brown Elliot, ambos de Carolina del Sur. Los gobiernos de reconstrucción en el sur fueron los más democráticos y progresistas en la historia de Estados Unidos. Registraron avances en el campo de la educación y en el sistema tributario, redujeron el analfabetismo, abolieron el encarcelamiento por deudas, eliminaron los requerimientos de propiedad para votar o para ocupar cargos públicos, e instituyeron otras reformas progresistas en gobiernos a nivel de ciudad, condado y estatal.

Esta historia, que sigue siendo en gran parte desconocida para decenas de millones en Estados Unidos—se relata de manera concisa y efectiva en el libro de Peter Camejo Racism, Revolution and Reaction, 1861-1877 (Racismo, Revolución y Reacción, 1861 a 1877). Otros recursos sobre este importante período de la historia de Estados Unidos pueden encontrarse aquí.

Este episodio heroico en la historia de Estados Unidos terminó en derrota. La promesa central de la Reconstrucción Radical, “40 acres y una mula”– fue finalmente denegada. Esa promesa tenía la intención de otorgar tierras y los medios para trabajarlas a los afroamericanos, en lugar de seguir trabajando en condiciones opresivas para los grandes terratenientes. Los gobiernos estatales radicales fueron disueltos y reemplazados por fuerzas conservadoras, incluidos los elementos más racistas y violentos de la antigua Confederación.

¿Cómo fue que sucedió? Las fuerzas del ejército de la Unión que habían aplastado a la Confederación se negaron a impedir activamente esta contrarrevolución. La clase capitalista del norte que controlaba el gobierno federal tomó esta decisión. Los republicanos radicales que lideraron la lucha por la Reconstrucción Radical fueron finalmente derrotados por la mayoría del Partido Republicano; una mayoría que no estaba dispuesta a ver ni una verdadera reforma agraria ni que se llevara a cabo hasta las últimas consecuencias la lucha por la verdadera igualdad de los negros.

Este libro describe los desafíos, que van desde las campañas de alfabetización hasta la reforma agraria, que enfrentaron los gobiernos revolucionarios populares de reconstrucción radical que surgieron en Estados Unidos después de la Guerra Civil, así como la contrarrevolución que posteriormente los derrocó.

Camejo describió vívidamente lo que hubiera sido necesario:

“El terror al que recurrió la minoría de propietarios blancos hubiera tenido que ser enfrentado con contramedidas severas por la mayoría. Las milicias negras hubieran tenido que organizarse seriamente y prepararse para la acción. Cada vez que una banda de terroristas racistas o jinetes nocturnos linchaba, azotaba o maltrataba a los negros, habrían tenido que ser castigados de manera ejemplar.

“Con que unas pocas docenas de racistas amotinados fueran colgados, y si sus propiedades fueran expropiadas, eso hubiera resultado en un rápido colapso de sus agresiones”.

Esto sólo podría haberse logrado con el apoyo decisivo del gobierno federal y el ejército de la Unión que era controlado por la clase capitalista del norte, y que ciertamente pudiera haberlo hecho. La burguesía del norte, con la ayuda indispensable de las masas negras, ya había aplastado la revuelta de los esclavistas y dispersado su ejército de cientos de miles. Ciertamente podría haber aplastado lo que quedaba de estas fuerzas diez años después. Pero políticamente no estaba dispuesta a hacerlo. Camejo señaló la verdadera razón:

“Las consecuencias económicas y políticas de defender consistentemente los derechos democráticos de los trabajadores negros del sur no quedaron desapercibidas por los gobernantes recién instalados del norte. No estaban dispuestos a alentar ninguna agitación agraria tan radical como lo sería una reforma agraria, que en principio hubiera sido un reto no solo a los derechos de propiedad de los terratenientes sureños restantes que habían sido derrotados, sino un reto a los cimientos de la propiedad privada de todo el sistema burgués”.

El racismo y el capitalismo van de la mano

En última instancia los gobernantes del norte, que pudieron consolidarse en el poder gracias a la victoria de la Unión en la Guerra Civil, estaban decididos a realizar la expansión del sistema capitalista y a obtener las súper ganancias que le ofrecían a la clase capitalista. Si bien la esclavitud representa un obstáculo para ese sistema, el racismo ciertamente no lo es. Sostener la opresión racista les ayudó a mantener divididos a los trabajadores. Esa fue razón suficiente para asegurar que la Reconstrucción Radical cayera en derrota.

Camejo concluyó su análisis de esta manera:

“La responsabilidad de esta derrota y de la continua opresión racial recae en los capitalistas industriales y financieros que todavía dominan los Estados Unidos. Esa es la lección más importante de la derrota de la Reconstrucción Radical”.

Esta no es una conclusión clara derivada de la teoría crítica de la raza. Muchos de sus defensores no reconocen, como lo hizo Malcolm X, que hasta el día de hoy el racismo y el capitalismo van de la mano. Esto se debe en parte a que al menos algunos de los proponentes de esa teoría, aunque sincera y profundamente opuestos al racismo, han encontrado un nicho relativamente cómodo en la esfera académica de la sociedad capitalista. Por lo tanto, creen que el racismo perdura debido a las actitudes individuales de millones de personas, y no debido al sistema capitalista que refuerza esas actitudes.

La siguiente y última parte de esta serie abordará por qué nociones como “aceptar la culpabilidad blanca” o “renunciar al privilegio blanco”, que fluyen de esa perspectiva, no ayudan en la lucha contra el racismo.


NOTAS

[1] Ver The Revolutionary Heritage of the United States (La herencia revolucionaria de Estados Unidos) por George Novack, publicado por Pathfinder Press, edición de 1976, p. 60.

[2] Ver “The U.S. Civil War: Its Place in History (I)” [La Guerra Civil de Estados Unidos: Su Lugar en la Historia (I)] por George Novack, publicado por World Outlook el 14 de junio del 2021.

[3] La referencia abreviada sobre la necesidad de “librar a la sociedad estadounidense de sus estorbos precapitalistas (tribalismo indio, feudalismo y esclavitud)” puede dar la idea de que la aniquilación de las sociedades autóctonas norteamericanas era algo tan deseable como la destrucción del feudalismo y la esclavitud. Ese no es de ninguna manera el argumento de Novack.

Animamos a los lectores a estudiar el folleto Genocide Against the Indians (Genocidio contra los indios), publicado por Pathfinder Press. El folleto recoge tres artículos escritos por Novack en 1949. Los artículos individuales están disponibles en https://www.marxists.org/archive/novack/index.htm. Un extracto del primer artículo ofrece una visión más clara del concepto político fundamental de Novack:

“Sobre todo, los indios norteamericanos no conocían tal cosa como la propiedad privada de la tierra, que es la base de todos los demás tipos de propiedad privada en los medios de producción. Cuando el hombre blanco llegó, no había un acre desde el Atlántico hasta el Pacífico que perteneciera a una persona privada, que pudiera ser alienado de la comunidad o asignado a cualquier persona fuera de la tribu. La idea misma de que las tierras ancestrales de las que extraían su sustento podían serle arrebatadas a la gente, convertirse en un artículo de comercio y ser compradas y vendidas era una idea inconcebible, fantástica y aborrecible para los indios. Incluso cuando a los indios se les daba dinero o bienes a cambio del título de sus tierras, no podían creer que esa transacción implicara el derecho de privarlos de su uso para siempre.

“ ‘La tierra es como el fuego y el agua, que no se puede vender’, dijeron los Omahas. El jefe Shawnee Tecumseh, que buscaba combinar a todos los indios desde Canadá hasta Florida contra la invasión de los blancos en sus cotos de caza, exclamó: “¡Vender la tierra! Como vender el aire y el agua. El Gran Espíritu se los dio en común a todos”.

“Pero el ‘Gran Espíritu’ que animaba y dominaba a los blancos tenía una revelación completamente diferente. Los intrusos miraban las tierras recién descubiertas y sus ocupantes a través de los ojos de una civilización fundada en conceptos opuestos. Para ellos era natural convertir todas las cosas en propiedad privada y excluir así al resto de la humanidad de usarlas y disfrutarlas. Los conquistadores sostenían que todo lo que existía en el Nuevo Mundo, o provenía de él, debía ser investido ya sea en un individuo o en un poder distinto y separado de la comunidad, o que se elevara por encima de ella, como la monarquía, el estado, o la iglesia.

“No eximieron a los seres humanos de este proceso. Los invasores se apoderaron no sólo de la tierra sino de sus habitantes y buscaron, siempre que pudieron, convertir a los indios en sus posesiones privadas como esclavos.

“Aquellos que fueron arrojados a través del Atlántico por la persecución religiosa y política eran una minoría. Para la mayoría, el deseo de engrandecimiento y la codicia para el beneficio personal estaban entre las principales pasiones que impulsaban a los europeos. Fueron estas motivaciones materiales, más poderosas que el viento o las olas, las que impulsaron a los primeros europeos en el extranjero y luego inevitablemente los llevaron a la colisión con los habitantes aborígenes.

“Los conquistadores vinieron como ladrones y esclavizadores; se quedaron como colonizadores y comerciantes. América había pertenecido a las tribus indias tanto por derecho hereditario como por el imperante de vida o muerte de mantenerse y perpetuar su especie en los territorios tribales. Pero las tribus querían mantener la tierra para diferentes propósitos y en términos diferentes a los de los blancos. Los europeos tenían como objetivo adquirir la tierra para sí mismos o para algún soberano o noble que tuviera título en su país. Los recién llegados necesitaban tierras, no solo para la caza, la captura de animales y la pesca, sino para la agricultura extensiva, para la madera, para los asentamientos y los centros comerciales, para el comercio y la manufactura—en una frase, para la explotación privada a una escala cada vez mayor.

“Por lo tanto, independientemente de sus deseos, los indios y los europeos quedaron bruscamente contrapuestos entre sí en virtud de sus necesidades y objetivos económicos contradictorios”.


Esta es la segunda de una serie de tres partes. El primer artículo puede encontrarse aquí.


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