Lucha del pueblo negro

Teoría crítica de la raza: los principales temas de discusión (III)


Sobre nociones de aceptar la culpabilidad blanca y renunciar al privilegio blanco’



Esta es la tercera de una serie de tres partes. Los articulos anteriores puede encontrarse en Parte I y Parte II.


Por Argiris Malapanis y Geoff Mirelowitz

El segundo artículo de esta serie describió por qué las distorsiones de la historia por parte de académicos liberales, periodistas y demás debilitan el esfuerzo por colocar los hechos y la evidencia al centro del estudio de la historia, así como de una lucha eficaz contra el racismo. Este artículo retoma otras nociones que presentan obstáculos similares a una lucha efectiva.

Uno de esos argumentos es que aceptar la “culpabilidad blanca” es una fuerza motriz para combatir el racismo hoy en día.

En un artículo publicado el 22 de octubre del 2021, en la revista The Root, titulado “Tal vez la gente blanca debería sentirse mal”, Michael Harriot argumentó que: “Durante más de un siglo, los distritos escolares han preferido libros de texto que le enseñan a los estudiantes sobre los ‘esclavos felices’ y que enmarcan la Guerra Civil como un desacuerdo sobre los impuestos”.

Luego criticó duramente a la ex secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleeza Rice. Hablando en el programa de televisión The View el 19 de octubre de 2021, Rice cuestionó la teoría crítica de la raza y “se lanzó a un soliloquio defendiendo a los frágiles niños blancos cuyas vidas serían destruidas al aprender la verdad sobre el pasado de Estados Unidos”, dijo Harriot.

“Una de las preocupaciones que tengo sobre la forma en que estamos hablando de la raza”, dijo Rice en The View, “es que … parece tan grande que de alguna manera las personas blancas tienen que sentirse culpables por lo que sucedió en el pasado. Me gustaría que los niños negros sean completamente competentes; que sepan que son hermosos en su negritud; pero para hacerlo no tengo que hacer que los niños blancos se sientan mal por ser blancos”.

La ex secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleeza Rice (centro) en el programa de televisión “The View” el 19 de octubre del 2021. Rice disputó la teoría crítica de la raza durante esa programa. (Foto: Lorenzo Bevilaqua / Getty Images)

¿‘Hacer que los niños blancos se sientan mal’?

“¿Porqué es que los niños blancos no deberían sentirse mal?” replicó Harriot. “Tal vez deberíamos hacer que la gente blanca se sienta mal”, continuó.

Pero esa es la respuesta equivocada y además es ineficaz. La discriminación racista del pasado y del presente sí es un problema “grande”. El problema es no poner tanto la historia como la realidad actual del racismo institucional al frente y al centro. Los hechos de la historia deben enseñarse independientemente de las emociones que puedan generar. El objetivo no es generar culpa. En todo el estudio de la historia, el objetivo es una comprensión clara del expediente de los hechos. A partir de allí pueden sacarse conclusiones y pueden debatirse.

Justificando su enfoque, Harriot afirmó: “Esto no es una teoría; la historia está plagada de ejemplos de cómo el hacer que las personas se sientan mal en realidad inicia el proceso de solucionar los problemas. Ver a los policías de Birmingham rociar a los niños negros con mangueras de bomberos hizo que los blancos se sintieran mal. Aprobamos la Ley de Derecho al Voto después de que la gente se sintió mal cuando policías estatales de Alabama le rompieron la cabeza a los manifestantes no violentos que marchaban sobre el puente Edmund Pettus [en Selma]…. Los blancos se sintieron tan mal cuando vieron a Derek Chauvin arrodillarse sobre el cuello de George Floyd que salieron a las calles el verano pasado”.

Sin embargo, no hay evidencia de que sentimientos de culpabilidad hayan sido lo que condujo al apoyo generalizado que generó la lucha por los derechos civiles durante las décadas de 1950 y 1960, o que llevó a la explosión de protestas contra la brutalidad policial y el racismo en el 2020. Millones de personas se enfurecieron por la violencia racista y se sintieron inspirados por el desafío al racismo liderado por los negros en la Batalla de Birmingham en 1963, la lucha en Selma en 1965 y un sinnúmero de otros ejemplos. Cuando un movimiento social de masas pone de relieve el racismo, como lo hizo la lucha por los derechos civiles, millones de personas apoyan la acción para ponerle fin. Puede decirse con certeza que eso fue cierto en el 2020 después del cruel asesinato de George Floyd, que fue capturado en video y visto por cientos de millones, o más, en todo el mundo.

Consideremos otro ejemplo. La guerra de Estados Unidos contra Vietnam hace más de 50 años sembró muerte y destrucción a una escala indescriptible en el pueblo de ese país. Eso desató un movimiento en todo el mundo contra esa guerra. ¿Fue la motivación principal de tantos años de acciones masivas contra la guerra el hecho de que sus partidarios “se sintieron mal” o culpables hacia el pueblo vietnamita? No. Ese movimiento fue motivado principalmente por la ira contra la guerra de Washington, así como por la solidaridad y el respeto por los vietnamitas que resistieron y finalmente derrotaron a los agresores estadounidenses.

Martin Luther King Jr. dirigiéndose a la manifestación contra la guerra de Vietnam en la Universidad de Minnesota, St. Paul, el 27 de abril de 1967. El movimiento contra la guerra fue motivado principalmente por la ira contra la guerra de Washington y por la solidaridad y el respeto por el pueblo vietnamita que resistió y finalmente derrotó a los agresores estadounidenses. (Foto: Getty Images)

La empatía es un sentimiento humano mucho más poderoso y productivo que la culpa. La empatía, no la “simpatía”, que a menudo implica lástima, es poder comprender la situación que enfrentan los demás e identificarse con aquellos que luchan contra condiciones de vida injustas o abusivas. Nadie ha explicado esto mejor como concepto político que el Che Guevara, un líder de la Revolución Cubana y un marxista sobresaliente. En una carta que escribió a sus hijos en 1965, el Che les dijo:

“Sobre todo, sean siempre capaces de sentir profundamente cualquier injusticia cometida contra cualquier persona, en cualquier parte del mundo. Esa es la cualidad más bella en un revolucionario”.

La responsabilidad social versus la individual

Hay un error adicional en la línea de argumentación de Harriot. Se basa en la idea de que la persistencia de la discriminación racista radica principalmente en los pensamientos o sentimientos de hombres y mujeres, y no en las instituciones del sistema social que afectan la forma en que las personas piensan.

Las instituciones de esta sociedad (la justicia penal, el sistema educativo, el mercado laboral, la vivienda, las finanzas, la atención médica y más) están históricamente teñidas con el racismo enquistado en leyes, regulaciones, reglas, procedimientos y prácticas. Al operar como acostumbran a hacerlo todos los días, estos sistemas conducen a resultados diferenciados, es decir, peores, para los negros y otras personas de color.

Puede ser un desafío separar nuestra identidad individual de las instituciones de la sociedad en la que vivimos. Esto puede ser cierto independientemente del color de nuestra piel.

En su “Message to the Grass Roots” (Mensaje a las bases), una charla pronunciada en 1963 en Detroit, Michigan, Malcolm X presentó muy bien este concepto.

“¡Imagínense a un negro que dice ‘Nuestro gobierno’!”, dijo Malcolm. “Incluso escuché a uno decir: ‘nuestros astronautas’. ¡Ni siquiera lo dejan acercarse a la planta—y dale con ‘nuestros astronautas’! ‘Nuestra Armada’— ese es un negro que ha perdido el juicio. Ese es un negro que ha perdido el juicio”.

El punto que hace Malcolm es que incluso aquellos que están oprimidos por las instituciones de esta sociedad aprenden a identificarse con esas instituciones. Eso es igualmente cierto—o más—para aquellos que no son las víctimas directas del racismo. En consecuencia, algunos consideran que el caracterizar a las instituciones sociales como racistas equivale a etiquetar a todos los miembros de la sociedad, individualmente, como racistas.

Es cierto que el racismo institucional afecta a todos los miembros de la sociedad. Pero la discriminación institucional que mantiene la opresión racista no convierte a todos los miembros de la sociedad en racistas. Millones de personas que viven con instituciones racistas deciden luchar contra esta lacra.

¿Cómo se despoja a la gente de los prejuicios racistas?

Es importante recordar que fueron los negros los que salieron a las calles, organizaron sentadas en los mostradores de las cafeterías, se negaron a ceder los asientos del autobús a los blancos y lucharon de muchas otras maneras, en sus millones, para acabar con la segregación de Jim Crow: desde Montgomery, Alabama; hasta Little Rock, Arkansas; en Jackson, Mississippi; en Greensboro, Carolina del Norte; y más allá.

Los trabajadores blancos y otros ciudadanos comenzaron a rehusar los prejuicios racistas y a unirse a estas luchas lideradas por afroamericanos, no lo hicieron a base de internalizar su “culpabilidad blanca”.

Los Freedom Riders que fueron arrestados en Jackson, Mississippi, en mayo de 1961 y fueron sumariamente condenados por “alterar la paz”. Estos activistas se embarcaron en un viaje a través del sur de Estados Unidos ese año en protesta contra la segregación en el sistema de autobuses interestatales. (Foto: Departamento de Archivos e Historia de Mississippi)

Por ejemplo, los primeros Freedom Riders, siete activistas negros y seis blancos, se embarcaron en un viaje por el sur de Estados Unidos en 1961 en protesta contra la segregación en el sistema de autobuses interestatales. Mientras se enfrentaban a la brutalidad despiadada de los policías y los supremacistas blancos, enfocaron la atención internacional sobre el racismo en Estados Unidos y ganaron un amplio apoyo en la lucha por abolirlo.

Fue este desafío al racismo por parte de los afroamericanos lo que llevó a que personas de todos los colores, y un gran número de jóvenes blancos y otros sectores de la población, se unieran y comenzaran a desechar sus prejuicios racistas. Estas luchas resultaron en el desmantelamiento del sistema de segregación de Jim Crow, y logró ganar otros avances contra el racismo institucionalizado. Otro resultado fue un cambio generalizado en la conciencia de las generaciones que crecieron durante, y después de, la lucha por los derechos civiles.

El gran número de jóvenes y otros ciudadanos que se unieron a las protestas masivas en el verano del 2020, desencadenadas por el horrible asesinato policial de George Floyd, fue en parte el resultado de ese avance de conciencia. Fue otro paso adelante. Una vez más, fue principalmente la iniciativa de un gran número de afroamericanos que salieron a las calles lo que impulsó a otros a unirse, y no la “culpabilidad blanca”. La pregunta es: ¿fue que la mayoría de los blancos se identificaron con Derek Chauvin—el policía que mató a George Floyd—y se sintieron culpables por lo que hizo Chauvin, o fue que se identificaron con Floyd y el terrible daño que le hicieron, y con sus esfuerzos por evitar la muerte? Esto último es lo más creíble.

Los llamados a “renunciar al privilegio blanco”

Otro concepto liberal relacionado es la afirmación, tampoco nueva, de que “renunciar al privilegio blanco” es una vía que puede poner fin a la discriminación racista.

Para dejarlo bien claro, el privilegio blanco es algo real. La desigualdad, y la desigualdad sistemática ciertamente, significa que algunos disfrutan de ventajas en relación con otros a quienes se les niegan esas ventajas. La palabra “relativo” es crucial aquí. Mientras que los trabajadores blancos, por ejemplo, disfrutan de ventajas que se les niegan a los negros, todos los trabajadores son explotados por el mismo sistema capitalista. La ofensiva de la clase empleadora durante décadas ha empeorado las condiciones de trabajo y de vida de todos los trabajadores, incluso de muchos que son blancos, haciéndolas más similares a los de los trabajadores que no son blancos.

Además, siempre ha existido un costo político muy alto para los trabajadores blancos y el movimiento obrero en general por los privilegios que el racismo le otorga a algunos. Esos privilegios han dividido históricamente a la clase obrera. Han hecho que sea más difícil lograr una unidad genuina y promover una acción más efectiva por la clase trabajadora, manteniendo de esa forma salarios más bajos y beneficios y condiciones de trabajo que son inferiores de lo que una clase trabajadora más unificada podría haber ganado para todos los trabajadores.

Esto sigue siendo cierto hoy en día. Los empleadores se benefician del racismo mucho más que los trabajadores blancos que todavía disfrutan de algún privilegio relativo como resultado de la desigualdad. Algunos trabajadores que no son negros han aprendido esta lección; millones más necesitan aprenderla todavía.

Un artículo de opinión que apareció en la edición del 25 de octubre del 2017 de la revista Yes!, titulado “¿Cómo puedo ofrecer reparaciones en proporción directa a mi privilegio blanco?”, defiende precisamente la noción errónea de que “renunciar al privilegio blanco” es un prerrequisito para luchar contra el racismo.

El columnista, Chris Moore-Backman, es autor del libro The Gandhian Iceberg: A Nonviolence Manifesto for the Age of the Great Turning (El témpano de Gandhi: un manifiesto no violento para la era del gran cambio) y productor de “Bringing Down the New Jim Crow” (Derrocando el nuevo Jim Crow), una serie documental de radio.

“La gente blanca—inclusive la gente blanca progresista y radical de todos los días”, escribió Moore-Backman, debe “renunciar al gozo rutinario de los frutos de la supremacía blanca… ¿Por qué? Porque no puede haber fin a la supremacía blanca hasta que la gente blanca renuncie a su botín y a sus privilegios”.

El titular de otro comentario publicado en la edición del 7 de julio del 2020 del periódico Detroit Free Press transmitió una opinión similar. “La solidaridad no es reconocer tu privilegio blanco, sino renunciar a él”, leía.

Sin embargo, no es posible “renunciar” a los privilegios sistémicos. El sistema social que ocasiona y perpetúa tales privilegios debe ser eliminado y reemplazado por una sociedad diferente.

Los hombres, por ejemplo, no pueden renunciar al privilegio que la sociedad capitalista les imparte porque nacieron varones. Eliminar ese privilegio requiere poner fin al sistema patriarcal. Además, los hombres no se despojan de actitudes sexistas “renunciando al privilegio masculino” sino uniéndose a las luchas iniciadas por las mujeres por una verdadera igualdad.

De la misma manera, ninguna cantidad de “renuncia” por parte de individuos puede poner fin al racismo. Sólo la lucha de masas que conduce a un cambio revolucionario y que desmantela las instituciones del racismo puede comenzar a hacer esa tarea. Y como lo ha demostrado la experiencia desde la Revolución Cubana de 1959, todavía hay trabajo por hacer, incluso después de que se elimine el racismo institucional.

Por supuesto, todos los que entienden el racismo y se oponen a él deben hacer todo lo posible a nivel individual para insistir en la equidad y el fin de la discriminación. Pero el poder del racismo institucional es precisamente que reproduce las relaciones sociales racistas independientemente de la voluntad de los individuos.

“Es imposible que una gallina produzca un huevo de pato”

Esto es lo que Malcolm X nos enseñó cuando explicó en un discurso en 1964 que “es imposible que una gallina produzca un huevo de pato a pesar de que ambos pertenecen a la misma familia de aves—una gallina simplemente no tiene dentro el sistema para producir un huevo de pato. No puede hacerlo. Solo puede producir de acuerdo a lo que ese sistema en particular fue hecho para producir. El sistema en este país no puede producir libertad para un afroamericano. Es imposible para este sistema, este sistema económico, este sistema político, este sistema social, este sistema, punto. Es imposible que este sistema, tal como está, produzca libertad en este momento para el hombre negro en este país.

“Y si alguna vez una gallina produjera un huevo de pato, estoy seguro de que dirías que ciertamente fue una gallina revolucionaria”.

Malcolm X durante una entrevista en Nueva York el 15 de marzo de 1964.

Harry Ring (1918-2007), entonces editor del periódico Militant y líder del Partido Socialista de los Trabajadores durante décadas, participó en un valioso intercambio sobre el tema del privilegio hace más de 50 años. Daba respuesta a una carta al editor escrita por Carl Davidson, en ese momento un ex líder del grupo Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS por su sigla en inglés) y miembro del Movimiento Juvenil Revolucionario (RYM por su sigla en inglés), que surgió de la escisión del SDS en 1969.

La columna de Ring, titulada “¿Cómo superarán los blancos el ‘privilegio de la piel’?” [1] —fue publicado en el número del 23 de enero de 1970 del Militant. A pesar del paso del tiempo, el razonamiento y el enfoque educativo de Ring siguen siendo relevantes hoy en día.

“Me he estado preguntando por qué siempre le pones comillas al término ‘privilegio de la piel blanca’”, preguntó Davidson en su carta. Explicó que había leído algunos escritos del revolucionario ruso León Trotsky donde usaba el término “privilegio” sin comillas.

“La razón por la que ponemos comillas alrededor de las palabras ‘privilegio de la piel blanca’ es porque el uso del término por parte del RYM es tan completamente ambiguo que queda casi sin sentido”, respondió Ring. “El hecho de que el capitalismo haya otorgado a los trabajadores blancos ciertos privilegios muy reales, que les niega a los negros, es una realidad fundamental de la sociedad estadounidense. Lo que se necesita es analizar esa realidad y elaborar una estrategia que verdaderamente pueda hacerle frente”, dijo.

“RYM no explica exactamente cuáles considera que son esos privilegios ni cómo se podrá persuadir a los trabajadores de que ‘renuncien’ a ellos, y mucho menos cuál sería el verdadero contenido de tal renuncia”, señaló Ring.

El enfoque de hacer el bien para combatir el racismo

La posición del RYM “huele fuertemente a un enfoque de trabajador social, de hacer el bien para combatir el racismo. Se hace eco del tema liberal que alega que el problema está alojado en los corazones y las mentes de los hombres, no en el sistema social”, dijo.

“Esta sociedad de clases está basada en—y repleta de—una multitud de privilegios socialmente dañinos”, continuó Ring. Privilegios que corrompen se utilizan para ayudar a mantener a los trabajadores blancos enfrentados contra los negros; a los Negros contra otras minorías oprimidas; a los trabajadores sindicalizados contra los desorganizados; a los calificados contra los no calificados; a los jóvenes contra los viejos; a los hombres contra las mujeres; etc., etc. Algunos de estos privilegios son, de hecho, ilusorios. Otros son muy reales.

“Es muy claro que el privilegio juega su papel más importante en términos de los blancos contra los negros. Los blancos disfrutan de acceso a hogares, escuelas, hospitales, instalaciones recreativas y trabajos que para los negros están prohibidos. Para los negros, obligados a hacer el trabajo más duro y sucio con el salario más bajo, además de ser ‘contratados al último para ser los primeros en ser despedidos’ el problema del empleo es particularmente vital”, escribió Ring.

La lucha contra el racismo, señaló Ring, “no se hará predicando moralidades abstractas o esperando que surja un movimiento de masas para renunciar al privilegio”.

Los revolucionarios que han nacido con piel blanca pueden y deben educar a sus compañeros de trabajado que también son blancos sobre la naturaleza del racismo como herramienta del capitalismo para mantener oprimidos a los blancos y los negros. Pueden ayudar a los trabajadores blancos a entender que cada golpe que los negros logran dar contra el sistema “redunda en beneficio de todos los que buscan una vida mejor”, explicó Ring.

Sin embargo, de todos los procesos educativos, dijo Ring, el más importante de todos es la acción independiente de los negros por su emancipación.

“Estoy convencido de que la clave de la unidad entre blancos y negros en la lucha no radica tanto en la actitud de los blancos como en la fuerza de los negros”, continuó Ring. De hecho, el capitalismo será abolido por una alianza entre blancos y negros. Pero esa alianza se forjará sobre la base de que los negros desarrollen su propio poder independiente, como ahora están tratando de hacer.

“La experiencia les ha enseñado a los negros que el camino a la liberación radica en su capacidad de luchar por lo que se les debe—y no en esperar a que los blancos renuncien a sus privilegios.

“Como explicó Malcolm [X], antes de que pueda haber unidad entre negros y blancos primero debe existir la unidad negra. Esta es la única garantía de que esa alianza no resulte una vez más en un acuerdo donde un socio de esa alianza es más igual que el otro”.

Este tipo de educación es efectiva, pero no como un ejercicio académico cuya meta es mejorar la moralidad. Los cambios profundos en la conciencia de las masas sólo se logran cuando la educación se lleva a cabo en el contexto de una lucha viva.

“Las ideas de vanguardia ganan una amplia aceptación en la misma medida en que las masas tengan la oportunidad de considerarlas no como abstracciones, sino cuando pueden ver cómo están relacionadas a luchas en las que participan activamente”, señaló Ring.

Todos los que se oponen al racismo pueden aprender algo de este enfoque, tanto para comprender la historia como para buscar el camino a seguir para extirpar el racismo de una vez por todas.


NOTAS

[1] Ver “How will whites overcome ‘skin privilege’?” (¿Cómo superarán los blancos el ‘privilegio de la piel’?”) por Harry Ring (en inglés): https://www.themilitant.com/1970/3402/MIL3402.pdf


Esta era la tercera de una serie de tres partes. Los articulos anteriores puede encontrarse en Parte I y Parte II.


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