Palestina/Israel

Alto a la nueva Nakba de Israel en Gaza (II)


Cómo Netanyahu apuntaló a Hamás. Cómo Hamás dañó al movimiento de liberación nacional Palestino.



(Esta es la segunda de tres partes. Los otros artículos pueden encontrarse en la Parte 1 y la Parte 3 que viene pronto).


Por Argiris Malapanis y Geoff Mirelowitz

29 de noviembre de 2023 — El espantoso ataque de Hamás del 7 de octubre le dio al régimen israelí la oportunidad para librar esta guerra en Gaza con respaldo popular, cerrando el espacio político para la acción de los partidarios de la lucha palestina dentro de Israel y los territorios ocupados. La primera parte de esta serie detalló las formas en que Tel Aviv ha desatado una catástrofe como esta — una nueva Nakba — en Gaza.

Sin embargo, el mismo ataque de Hamás fue consecuencia de una política de larga data del gobierno israelí — el tema de este artículo.

Más de 25 mil personas marcharon en San Francisco, California, el 4 de noviembre para exigir el fin de los ataques cada vez más genocidas de Israel contra los palestinos en Gaza. Millones de personas se han manifestado en todo el mundo haciendo demandas similares. La pancarta al frente dice: “Alto al bombardeo de Gaza. Alto al apartheid israelí”. (Foto: Howard Petrick)

ANÁLISIS DE NOTICIAS


Adam Raz, un historiador israelí, documentó esto en detalle en un ensayo (en inglés) en el diario israelí Haaretz del 20 de octubre, Una breve historia de la alianza Netanyahu-Hamás.

“El modus operandi de la política de Netanyahu desde su regreso a la Oficina del Primer Ministro en 2009 ha sido y sigue siendo, por un lado, reforzar el gobierno de Hamás en la Franja de Gaza y, por el otro, debilitar a la Autoridad Palestina”, escribió Raz.

“Durante los últimos 14 años, mientras implementaba una política de divide y vencerás con respecto a Cisjordania y Gaza”, continuó, Netanyahu “se ha resistido a cualquier intento, militar o diplomático, que pueda poner fin al régimen de Hamás”.

Raz citó las propias palabras del primer ministro israelí.

Durante una reunión en marzo de 2019 de los miembros del partido Likud en el Knesset, el parlamento israelí, donde se discutió el tema de la transferencia de fondos a Hamás, Netanyahu insistió: “Quien se oponga a un Estado palestino debe apoyar la entrega de fondos a Gaza porque mantener la separación entre la Autoridad Palestina en Cisjordania y Hamás en Gaza impedirá el establecimiento de un Estado palestino”.

Dos meses después, un tuit de la red Channel 13 News Israel citó al expresidente egipcio Hosni Mubarak diciendo a un periódico en Kuwait: “Netanyahu no está interesado en una solución de dos estados. Más bien, quiere separar Gaza de Cisjordania, como me dijo a finales de 2010”.

Por lo tanto, la política del gobierno israelí hacia Gaza incluía permitir transferencias de dinero en efectivo desde Qatar, en lugar de depósitos bancarios que podían rastrearse más fácilmente; la importación de una amplia gama de bienes, en particular materiales de construcción; y la liberación periódica de prisioneros palestinos. Estas medidas le permitieron a Hamás construir su aparato militar y proporcionar un mínimo de servicios a la población de Gaza, afirmó Raz.

La política israelí también ha incluido periódicamente ataques militares brutales, pero limitados, contra Gaza — en los años 2008-2009, 2012, 2014, 2018 y 2021 — a los que altos funcionarios israelíes se han referido cínicamente como “podar el césped” o “sacar la basura”. En todos estos conflictos, sin embargo, Tel Aviv se abstuvo de volver a ocupar Gaza o de desafiar el gobierno de Hamás en el territorio.

Fuerzas israelíes bombardean Gaza en 2021. Periódicamente, antes de la guerra actual, Tel Aviv llevó a cabo ataques militares brutales, pero limitados, contra Gaza — en 2009, 2012, 2014, 2018 y 2021 — a los cuales altos funcionarios israelíes se han referido cínicamente como “podar el césped” o “sacar la basura”. (Foto: Mahmud Hams / AFP)

El general Gershon Hacohen, un prominente derechista israelí, dejó las cosas muy claras en una entrevista en mayo de 2019 con la revista en línea Mida, señaló Raz en su ensayo en Haaretz. “Cuando Netanyahu no lanzó una guerra en Gaza para derrotar al régimen de Hamás [en 2018], básicamente impidió que Abu Mazen estableciera un estado palestino unido”, dijo Hacohen en ese momento.

Mahmoud Abbas, también conocido como Abu Mazen, es el presidente de la Autoridad Palestina.

“Tenemos que explotar la situación de separación que se ha creado entre Gaza y Ramala”, continuó Hacohen, refiriéndose a la ciudad de Cisjordania donde está situado el centro de la Autoridad Palestina. “Es un interés israelí del más alto nivel, y no se puede entender la situación en Gaza sin entender este contexto”.

“Esencialmente la política de Netanyahu desde 2009 ha sido destruir cualquier posibilidad de un acuerdo diplomático con los palestinos”, explicó Raz. “Es el tema de su gobierno, que depende de la continuación del conflicto”.

La política de Netanyahu de mantener a Gaza bajo el control de Hamás también se vio reflejada en “su empeño de frustrar cualquier reconciliación política entre la Autoridad Palestina — Fatah en particular — y Hamás”, continuó Raz. “Un ejemplo sobresaliente es el comportamiento de Netanyahu a fines de 2017, cuando de hecho ocurrían conversaciones entre Fatah y Hamás.

“Un desacuerdo fundamental entre Abbas y Hamás”, dijo Raz, era “la subordinación del ejército del grupo islamista a la Autoridad Palestina. Hamás estuvo de acuerdo en que la Autoridad Palestina volviera a ocuparse de todos los asuntos civiles en Gaza, pero se negó a entregar las armas.

“Egipto y Estados Unidos apoyaban la reconciliación y trabajaron para lograrla”, escribió Raz. “Netanyahu se opuso totalmente a la idea, afirmando repetidamente que ‘la reconciliación entre Hamás y la OLP hace que sea más difícil lograr la paz’. Por supuesto, Netanyahu no buscó la paz, que de todas maneras no estaba al alcance en ese entonces. Su posición solo benefició a Hamás”.

Desde los acuerdos de Oslo firmados por Israel con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en la década de 1990, Netanyahu ha sido el principal exponente de la política dominante de la clase gobernante israelí, que no permite ni siquiera la posibilidad de una versión diluida de una solución de dos Estados, ni de cualquier forma de autodeterminación para palestina.

Hoy muchos partidarios de Israel reconocen esta peligrosa realidad. Un ejemplo es el artículo de opinión (en inglés) del 14 de noviembre de Thomas Friedman, el columnista del New York Times. Ferviente partidario del sionismo, ahora Friedman se opone a Netanyahu. “Y no se hagan las ilusiones”, escribió Friedman, “Al momento Netanyahu está ofreciendo solo una visión: siete millones de judíos tratando de gobernar a cinco millones de palestinos a perpetuidad — y eso es una receta que será un desastre para Israel, Estados Unidos, los judíos de todo el mundo y los aliados árabes moderados de Estados Unidos”.

Cómo Hamás hizo retroceder el movimiento de liberación palestino

“Es de comprenderse que la ira palestina e internacional por el terrible sufrimiento que se le ha impuesto a los 2.1 millones de residentes inocentes de Gaza se enfoque en Israel”, escribió Hussein Ibish en un artículo (en inglés) en la edición del 1 de noviembre de la revista The New Republic titulado El pueblo palestino debería estar tan enfurecido con Israel como con Hamás.

Ibish, un periodista nacido en Beirut, Líbano, es investigador residente de alto rango en el Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington, D.C.

“Sin embargo, es esencial establecer la enorme culpabilidad de Hamás, porque provocaron este desastre intencionalmente para beneficiar sus propias fortunas políticas, y no al movimiento nacional palestino, ni mucho menos el bienestar del pueblo palestino”, continuó Ibish.

“Reconocer y aquilatar honestamente la atroz índole de la traición de Hamás al pueblo palestino y al movimiento nacional, tanto el 7 de octubre y desde entonces, no excusa de ninguna manera a Israel por sus propias depredaciones y abusos”, enfatizó Ibish.

“Más del 90 por ciento de la población de Gaza son o refugiados o sus descendientes del sur de Israel que fueron desplazados en 1947-48 y tienen prohibido regresar a sus hogares. Desde 1967, Israel ha mantenido una ocupación extraordinariamente represiva y depredadora en Jerusalén Este, Cisjordania y la Franja de Gaza”, escribió.

“En Cisjordania el enfoque israelí ha ido evolucionando, desde intensivos asentamientos coloniales hasta preparaciones para la anexión a gran escala, muy posiblemente acompañada de expulsiones masivas.

“Y en Gaza, desde 2007”, continuó Ibish, “Israel ha mantenido lo que muchos han llamado con razón una prisión al aire libre, con fuerzas de ocupación que mantienen un férreo control sobre las aguas costeras, el espacio aéreo, el espectro electromagnético y todos los lugares de entrada y salida, excepto un pequeño cruce controlado por Egipto, gobernado en el interior por una pandilla fanática de reclusos particularmente desagradables”.

Hamás fue fundado en 1987 por la Hermandad Musulmana de Egipto, señaló Ibish. Desde entonces, argumentó, su objetivo ha sido, en primer lugar, dividir el movimiento de liberación palestino y, finalmente, arrebatarle el liderazgo a la OLP.

En lugar de un movimiento de liberación nacional, secular y de masas, Hamás buscó cambiar el enfoque de la lucha por una patria palestina en una cruzada religiosa — una guerra santa que llevaría a la destrucción de Israel y a su sustitución por un Estado palestino islamista, en el que la interpretación del islam por parte de Hamás sería la religión del Estado.

Desde el principio vehementemente anticomunista y nacionalista burgués, en 2006 Hamás tomó control de Gaza después de que Israel retirara sus tropas del territorio el año anterior durante un reflujo en la lucha de liberación palestina.

La OLP lideró la lucha palestina por la autodeterminación nacional desde finales de la década de 1960. Después de que Yasser Arafat y la organización que lideraba, Fatah, ganaran el liderazgo de la OLP, ésta abogó por que Israel fuera reemplazada por una Palestina democrática y secular donde, dijo explícitamente, judíos y árabes podrían vivir juntos en las mismas tierras con los mismos derechos. Esta perspectiva se ganó un amplio apoyo entre los palestinos, las masas árabes y el resto del mundo.

Yasser Arafat fue uno de los principales líderes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) hasta su muerte en 2004. En la foto aparece en Damasco, Siria, en 1970. Durante la década de 1970 y gran parte de la de 1980, la OLP abogó por la sustitución de Israel por una Palestina democrática y secular donde, dijo explícitamente, judíos y árabes pudieran vivir juntos en las mismas tierras con los mismos derechos. (Foto: AFP)

Acontecimientos posteriores asestaron reveses a la lucha palestina. En estas circunstancias, y ante la intransigencia israelí, la OLP cambió su posición, reconociendo a Israel y aceptando el compromiso de una solución de “dos Estados”. Esto quedó codificado en los Acuerdos de Oslo de 1993 y 1995 entre la OLP e Israel. Pero los propios acuerdos, y los acontecimientos subsiguientes, le atestaron nuevos golpes a la lucha por un Estado palestino.

Ese fue el telón de fondo de las últimas elecciones palestinas celebradas hace 17 años, en 2006, en Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina, liderada por Fatah, ganó fácilmente el voto nacional, pero perdió las elecciones legislativas en Gaza ante Hamás.

Después de esas elecciones, Hamás tomó control de Gaza por la fuerza y la violencia. En 2007, Hamás lanzó una guerra contra Fatah y otros palestinos, ejecutando a algunos, tomando a otros prisioneros y expulsando a otros.

El Centro Palestino para los Derechos Humanos (PHCR) publicó un informe titulado “Días negros en la ausencia de justicia: Informe sobre los sangrientos combates en la Franja de Gaza del 7 al 14 de junio de 2007”. El informe del PHCR dice: “Esta última ronda de combates les cobró la vida de 161 palestinos, entre ellos 41 civiles. Esta cifra incluye a 7 niños y 11 mujeres. Además, al menos 700 palestinos resultaron heridos”.

Desde entonces, Hamás ha gobernado Gaza con mano de hierro.

Muchos gazatíes no confían en Hamás

Como resultado, y al contrario de lo que afirma el gobierno israelí, muchos palestinos en Gaza no apoyan a Hamás.

“Encontramos en nuestras encuestas que el 67 por ciento de los palestinos en Gaza tenían poca o ninguna confianza en Hamás en el período justo antes de los ataques”, dijo Amaney Jamal, decana de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de Princeton.

Jamal, de 52 años, es una estadounidense de origen palestino nacida en California y criada en Ramallah, Cisjordania, la ciudad natal de su familia. Ella es una de las fuerzas que impulsa el Barómetro Árabe que realiza encuestas y sondeos en la región, incluso en Gaza, donde el trabajo de campo concluyó en vísperas de los ataques contra Israel.

El último Barómetro Árabe se llevó a cabo en Gaza donde 399 personas participaron en la encuesta, y en Cisjordania, donde participaron 790, desde finales de septiembre hasta el 6 de octubre. Los resultados fueron publicados en la revista Foreign Affairs.

Jamal dijo que muchos de los encuestados describieron a Hamás como “corrupto”  y “autoritario”.”

“El setenta y cinco por ciento dijo que en los últimos 30 días no habían tenido suficiente para poder alimentar a sus familias. Así que, de nuevo, esta es una sociedad empobrecida, una sociedad que básicamente dice que el gobierno liderado por Hamás tiene ciertos niveles de corrupción”, dijo Jamal.

“Cuando le preguntamos a la gente, ¿a quién culpas?… pensábamos que el principal culpable iba a ser Israel por el bloqueo. Pero la mayoría de la gente citó la corrupción de Hamás, más de lo que citaron el bloqueo israelí”, continuó Jamal.

“Esto es especialmente importante debido al argumento (erróneo) de que toda Gaza apoya a Hamás y, por lo tanto, toda Gaza debe rendir cuentas por las acciones, las atroces acciones de Hamás.”

El profundo cinismo de Hamás

“El cinismo de Hamás es tan profundo que no es exagerado decir que [el ataque del 7 de octubre] fue un sacrificio humano intencional de miles de palestinos en un intento desesperado, que lleva décadas, de impulsar su misión de dominar el movimiento nacional”, dijo Ibish.

Antes de su pogromo del 7 de octubre, Hamás no enfrentaba ningún desafío serio a su gobierno en el seno de Gaza, pero sus líderes sentían un creciente aislamiento internacional. Entre las razones están el declive de su movimiento matriz, la Hermandad Musulmana, en los países árabes; una reducción en el flujo de fondos de Qatar; un mayor enfoque de la lucha palestina en Cisjordania, donde la influencia de Hamás es limitada; y la perspectiva de un acuerdo diplomático entre Israel y Arabia Saudí como los concluidos con otros Estados árabes en los últimos años.

Esta foto aérea, tomada el 10 de octubre de 2023, muestra el lugar del ataque del 7 de octubre contra el festival de música Nova por parte de hombres armados de Hamás en el sur de Israel. Hamás asesinó allí a más de 360 personas, en su mayoría jóvenes, y tomó a otras 40 como rehenes. El bárbaro ataque de Hamás le abrió la puerta a una nueva Nakba. (Foto: Jack Guez / AFP)

“Los palestinos y sus partidarios deben enfrentar la realidad de que Hamás gestionó intencionalmente una masiva calamidad nacional”, dijo Ibish, para escapar del rincón al que sus líderes sintieron que estaban siendo relegados.

Las recientes declaraciones de los líderes de Hamás ofrecen amplia evidencia de esta afirmación.

“Israel es un país que no tiene lugar en nuestra tierra”, dijo el funcionario de Hamás Ghazi Hamad a la red de comunicación libanesa LBCI a fines de octubre, según una traducción de sus comentarios que el Instituto de Investigación de los Medios de Comunicación del Medio Oriente (MEMRI por sus siglas en inglés) publicó el 1 de noviembre.

“Debemos eliminar ese país”, continuó.

“Debemos darle una lección a Israel, y lo haremos una y otra vez”, enfatizó Hamad, refiriéndose a la masacre del 7 de octubre.

Cuando se le preguntó si Hamás anticipó o sopesó el número de víctimas que la reacción israelí le cobraría a los civiles palestinos, Hamad dijo cínicamente: “¿Tendremos que pagar un precio? Sí, y estamos dispuestos a pagarlo. Nos llaman una nación de mártires, y estamos orgullosos de sacrificar mártires”.

Una estrategia de martirio masivo

La horrible carnicería que Israel está infligiendo ahora entre los palestinos no es el resultado lamentable de un gran error de cálculo. Todo lo contrario, dijeron los líderes de Hamás al New York Times a principios de noviembre. Explicaron que llevaron a cabo su ataque contra Israel el 7 de octubre porque creían que la causa palestina — o más exactamente el lugar de Hamás en la lucha palestina — se estaba desvaneciendo, y que solo la violencia podría revivirla.

“Logramos volver a poner la cuestión de palestina sobre la mesa, y ahora nadie en la región está en calma”, dijo al New York Times Khalil al-Hayya, miembro del máximo órgano de liderazgo de Hamás, en Doha, Qatar.

“Espero que el estado de guerra con Israel se vuelva permanente en todas las fronteras, y que el mundo árabe esté con nosotros”, dijo al Times Taher El-Nounou, asesor de medios de Hamás.

Estas francas declaraciones esbozan claramente la estrategia de Hamás: pogromos dirigidos contra civiles israelíes, junto con el martirio masivo que sacrifica las vidas de miles de palestinos — en última instancia decenas de miles o más — que no han elegido este camino ni se han ofrecido voluntariamente a dar sus vidas por él.

En lugar de ser los partícipes de una lucha de masas, el pueblo palestino se convierte así en mero espectador en su propia lucha por una patria — mártires involuntarios, sacrificados por Hamás en su afán de establecer una teocracia.

Así es como Hamás ha dividido y hecho retroceder al movimiento palestino.

Hasta que esto no sea contrarrestado con éxito por una estrategia política diferente — como la que practicó la OLP desde finales de la década de 1960 hasta principios de la de 1990, o el programa no racial y la estrategia de acción de masas en que se basó el Congreso Nacional Africano para llevar la revolución democrática en Sudáfrica a la victoria[1] — lo más probable es que el movimiento palestino permanezca en un callejón sin salida.

No ponemos un signo de igualdad entre Hamás y el régimen israelí. Israel es mucho más poderoso y ha demostrado una vez más, en su respuesta al 7 de octubre, que puede igualar y superar el salvajismo de Hamás.

Como explicaron hace décadas los académicos marxistas Isaac Deutscher y George Novack, el sionismo ha transformado al pueblo judío de lo que una vez fue una minoría oprimida en otros países a una nacionalidad opresora en Israel.

Pero tanto Hamás como Tel Aviv están emitiendo falsos y peligrosos llamados políticos que se ven reflejados el uno en el otro.

Hamás dice que el apoyar la resistencia legítima del pueblo palestino requiere respaldar sus métodos y su liderazgo reaccionarios. Israel y sus partidarios insisten en que el oponerse al odio anti judío requiere un apoyo incondicional a las políticas agresivas del sionismo. Cada afirmación es incorrecta y ambas deben ser rechazadas. Apoyar cualquiera de las dos sólo puede conducir a nuevos desastres para palestinos y judíos.

Vemos una señal esperanzadora que apunta en la dirección correcta en una encuesta reciente en Israel, realizada el 10 de octubre, tres días después de la masacre perpetrada por Hamás, por investigadores de la Universidad Hebrea. La encuesta mostró que el 80% de los ciudadanos palestinos de Israel se oponían a los ataques de Hamás. Por razones obvias todavía no existen estadísticas de ese tipo sobre las actitudes de los palestinos en los territorios ocupados.

(Esta fue la segunda de tres partes. Los otros dos artículos pueden encontrarse en la Parte 1 y la Parte 3 que viene pronto.)


NOTAS

[1] Para obtener más información, consulte el libro Habla Nelson Mandela. El autor, Nelson Mandela, fue el líder central del Congreso Nacional Africano desde finales de la década de 1940 hasta su muerte en 2013. Fue presidente de Sudáfrica de 1994 a 1999.


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