“No creas lo que te han estado diciendo sobre el ‘antisemitismo en el campus'”
La siguiente declaración apareció el 23 de abril en la página Zeteo de la plataforma Substack. El autor es Johnathan Ben-Menachem, estudiante de posgrado de la Universidad de Columbia y participante en las recientes protestas en ese campus. Las actividades que los estudiantiles han organizado son en contra de la guerra genocida de Israel contra Gaza, y exigen que Columbia “se deshaga de todos los vínculos financieros, inclusive los fondos legados a la universidad por empresas que se benefician del apartheid, el genocidio y la ocupación israelíes en Palestina”.
Protestas similares se han extendido otras universidades y lugares en Estados Unidos. “Menos de una semana después de los arrestos de más de 100 manifestantes en Columbia”, informó el New York Times el 22 de abril, “los administradores de algunas de las universidades más influyentes del país luchaban, generalmente sin mucho éxito, por calmar los campus divididos por el conflicto en Gaza e Israel”.


Las protestas se están llevando a cabo en una lista creciente de campus universitarios de Estados Unidos, incluyendo la Universidad de Nueva York, Yale, Harvard, Tufts, Emerson, Brown, la Universidad Estatal de Ohio, la Universidad de Michigan en Ann Arbor, la Universidad de Minnesota en Minneapolis, la Universidad de California en Berkeley, la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, la Universidad de California en San Diego, la Universidad de Texas en Austin y Dallas, y el Hillsborough Community College-Dale Mabry Campus en Tampa, Florida.
“Los acontecimientos de la semana pasada son el último despunte de un movimiento que ha visto más de 8 mil protestas a favor de Palestina en más de 850 ciudades y pueblos de todo Estados Unidos, según datos recopilados por investigadores de la Escuela Kennedy de Harvard y la Universidad de Connecticut”, informó el Wall Street Journal el 24 de abril.
La reciente protesta en Columbia parece haber inspirado a otros. Ha captado la atención de la nación. El 18 de abril, la presidenta de la universidad, Nermat Shafik, llamó a la policía de la ciudad de Nueva York en un intento de frenar las actividades. La policía arrestó a más de 100 estudiantes pero la protesta ha continuado. Los estudiantes han prometido no desmantelar su campamento en el campus.
El 17 de abril, el mismo día en que los estudiantes instalaron su campamento, Shafik testificó en una audiencia pública del Congreso de Estados Unidos sobre el presunto antisemitismo en Columbia. Tratando obsequiosamente de complacer a los miembros del Congreso que identifican falsamente el anti sionismo con el odio contra los judíos, Shafik prometió coartar de forma más severa los derechos democráticos y la libertad académica.
“La copresidenta de la junta directiva de la universidad, Claire Shipman”, informó el Times, “declaró que había ‘una crisis moral en nuestro campus’. Y la Dra. Shafik incluso detalló algunas de las acciones disciplinarias a las que ha recurrido, entre ellas suspensiones y despidos”.

Resulta que esto no ha sido suficiente para los autores de la cacería de brujas en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. “La Dra. Shafik fue amonestada el lunes [22 de abril] por las mismas personas a las que se le acusaba de querer apaciguar”, informó el Times, “cuando al menos 10 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos exigieron su renuncia”.
“En los últimos días, la anarquía se ha apoderado de la Universidad de Columbia”, dijo la representante Elise Stefanik, republicana de Nueva York y una de las principales interrogadoras de Shafik la semana pasada, en un comunicado que firmó junto con otros legisladores. “Como líder de esa institución, uno de sus principales objetivos, moralmente y bajo la ley, es garantizar que los estudiantes tengan un entorno de aprendizaje seguro. Desde cualquier punto de vista, usted no ha cumplido con esa obligación”.
Se espera que el Senado de la Universidad de Columbia, compuesto por profesores, estudiantes y administradores, considere una moción para censurar a Shafik, pero por razones completamente diferentes. “Un borrador de la resolución”, informó el Times, “acusaba a la Dra. Shafik de violar ‘los requisitos fundamentales de la libertad académica’, ignorar el gobierno de la facultad y montar un ‘asalto sin precedentes contra los derechos de los estudiantes'”.
A la luz de estos acontecimientos, la declaración de Ben-Menachem es una bienvenida respuesta. Particularmente notable es la forma en que ofrece una respuesta clara y directa a los casos aislados de odio explícito contra los judíos que han sido utilizados para tratar de difamar la protesta estudiantil. Estos ataques reaccionarios han incluido a un pequeño grupo de individuos en los alrededores de Columbia que les gritan a los estudiantes judíos: “¡Regresen a Polonia!”, y los acosan amenazadoramente: “¡Judío, judío, judío!”.
Ben-Menachem escribe:
Es cierto, el hecho de que los organizadores de CUAD [la organización que pide que se vendan las acciones que posee Columbia porque apoyan el apartheid] rechacen completamente la intolerancia y el odio no ha impedido que actores no relacionados aprovechen oportunidades para acosar vergonzosamente a los estudiantes judíos con declaraciones grotescas o antisemitas. Condeno el antisemitismo, lo que debería parecer obvio ya que yo mismo lo he experimentado muchas veces. (Es probable que esto no impida que el controvertido profesor Shai Davidai, de la Escuela de Negocios de Columbia, me llame un kapo[1].) Pero las actividades de unos pocos individuos no afiliados que a menudo ocurren fuera del campus simplemente no describen esta disciplinada campaña estudiantil. Los esfuerzos por vincular estos ofensivos pero relativamente aislados incidentes con el más amplio movimiento de protesta a favor de Palestina reflejan una estrategia más generalizada que busca tachar a toda crítica de Israel como ilegítima.
Panorama-Mundial, en su artículo del 9 de febrero En defensa de la libertad de expresión; El antisionismo no es antisemitismo también ha esgrimido respuesta a la falsa afirmación de que la oposición al sionismo es antisemita.
Pensamos que los lectores de Panorama-Mundial también tendrán interés en leer una declaración emitida por un grupo más amplio de estudiantes de la Universidad de Columbia:
Declaración sobre los valores comunitarios de la protesta de solidaridad con Gaza en Columbia
Somos activistas estudiantiles en Columbia que pedimos desinversión en el genocidio.
Nos sentimos frustrados por las distracciones de los medios de comunicación que se enfocan en individuos que provocan y que no nos representan. En las universidades de todo el país, nuestro movimiento está unido en valorar cada vida humana.
Nuestros miembros han sido señalados erróneamente por una turba motivada políticamente. Hemos sido objeto de doxxing en la prensa, arrestados por el Departamento de Policía de Nueva York y bloqueados de nuestros hogares por la Universidad. A sabiendas nos hemos puesto en peligro porque ya no podemos ser cómplices de que Columbia canalice el dinero de nuestras matrículas y subvenciones a empresas que se benefician de la muerte.
Como un grupo diverso y unido por el amor y la justicia, exigimos que se escuchen nuestras voces contra la masacre masiva de palestinos en Gaza. Quedamos horrorizados todos los días viendo a niños llorar sobre los cuerpos de sus padres asesinados, a las familias sin comida y a los médicos operando sin anestesia. Nuestra universidad es cómplice de esta violencia, y por eso protestamos.
Rechazamos firmemente cualquier forma de odio o intolerancia y nos esmeramos por descubrir a quienes, no siendo estudiantes, buscan destruir la solidaridad que se está forjando entre los estudiantes: compañeros de clase y colegas palestinos, musulmanes, árabes, judíos, negros y los que apoyan a Palestina, quienes representan toda la diversidad de nuestro país.
Hemos sido pacíficos. En nuestra lucha por la liberación seguimos el camino trazado por los movimientos por los derechos civiles y contra la guerra.
Aquí nos quedaremos hasta que nos saquen por la fuerza o hasta que Columbia acceda a nuestras demandas:
- Desinvertir todas las finanzas, incluso los fondos que han sido legados a la universidad por empresas que se benefician del apartheid, el genocidio y la ocupación israelíes en Palestina.
- Una transparencia total en todas las inversiones financieras de Columbia.
- Amnistía para todos los estudiantes y profesores disciplinados o despedidos en el movimiento por la liberación de Palestina.
A continuación publicamos la declaración de Ben-Menachem con el titular tal y como aparecía en el original. Las fotos y notas son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
*
Soy un estudiante judío en Columbia. No creas lo que te dicen sobre el “antisemitismo en el campus”
Las difamaciones de la prensa y de personas influyentes a favor de Israel son una distracción peligrosa ante las verdaderas amenazas a nuestra seguridad.
Por Jonathan Ben-Menachem
Abril 23, 2024
“Reprobable y peligroso”. “Simpatizantes del terrorismo”. “No es el Berlín de 1938. Es la Universidad de Columbia, Nueva York, en el 2024”.
La Casa Blanca, los republicanos del Congreso y los comentaristas de las noticias por cable quieren hacerte creer que el campus de la Universidad de Columbia se ha convertido en un semillero de violencia antisemita, pero la realidad sobre el terreno es muy diferente. Como estudiante judío en Columbia, me deprime tener que hacer constancia de la verdad y explicar cuál es el verdadero riesgo a nuestra seguridad. Todavía se me hace difícil comprender cómo los eventos en el campus en los últimos días han sido tan cínica e histéricamente tergiversados por los medios de comunicación y por nuestros representantes electos.
La semana pasada la coalición Apartheid Divest (CUAD) de la Universidad de Columbia, que representa a más de 100 organizaciones estudiantiles, incluso a grupos judíos, organizó el Campamento de Solidaridad con Gaza, una protesta pacífica en el campus en solidaridad con Palestina. CUAD se reactivó después de que en el otoño la universidad suspendiera a Estudiantes por la Justicia en Palestina y a Voz Judía por la Paz. El miércoles por la mañana [17 de abril], cientos de estudiantes acamparon en el jardín sur de Columbia. Prometieron quedarse hasta que la universidad se deshaga de inversiones en las empresas que se benefician de sus vínculos con Israel. Los manifestantes rezaron, corearon consignas, comieron pizza y condenaron la complicidad de la universidad en los ataques de Israel contra Gaza. Aunque contramanifestantes ondeaban banderas israelíes cerca del campamento, desde mi punto de vista el campus permaneció en gran medida en calma.
Columbia respondió imponiendo un estado policial en miniatura. Poco más de un día después de que se formara el campamento, la presidenta de la universidad, Minouche Shafik, pidió y autorizó al Departamento de Policía de Nueva York que despejara el césped y se llevara a 108 estudiantes – entre ellos varios estudiantes judíos – en los autobuses del Departamento de Correcciones a la sede del Departamento de Policía de Nueva York en 1 Police Plaza. Una estudiante judía me dijo que ella y sus compañeros manifestantes fueron esposados con bandas de plástico durante ocho horas y retenidos en celdas donde compartían un baño sin privacidad. El jefe de patrulla de la policía de Nueva York, John Chell, dijo más tarde al [periódico estudiantil] Columbia Spectator que “los estudiantes que fueron arrestados estuvieron tranquilos, no ofrecieron resistencia alguna y decían lo que querían decir de manera pacífica”.

Desde entonces, a docenas de estudiantes universitarios se les ha prohibido, sin previo aviso, regresar a sus dormitorios. Barnard College, una filial de Columbia, les dio a los estudiantes solo 15 minutos para recuperar sus pertenencias tras regresar del encierro y encontrarse desalojados. Los estudiantes suspendidos no pueden regresar al campus y han tenido dificultades para acceder a alimentos o atención médica. Los estudiantes que guardan el Shabat y no usan aparatos electrónicos durante el Shabat se vieron obligados a depender de la tecnología para obtener alimentos y alojamiento de emergencia. Esta represión fue la mayor violencia infligida a nuestro cuerpo estudiantil en décadas. Les imploro, como lo hace nuestro capítulo de Jewish Voice for Peace, que consideren si el arresto de estudiantes judíos nos mantiene a nosotros y a Columbia a salvo.
Las difamaciones de la prensa y de las personas influyentes a favor de Israel, que han presentado cargos de antisemitismo y violencia contra estudiantes judíos, son una peligrosa distracción de las verdaderas amenazas a nuestra seguridad. Vi a políticos comparar a los organizadores estudiantiles con los neonazis y pedir un despliegue de la Guardia Nacional, aparentemente ignorantes de las vidas que se perdieron en Kent State y en Charlottesville, y sin enfrentar mucho rechazo por parte de los medios nacionales. Esta es una forma repulsiva de enaltecerse uno mismo que tiene la intención, sólo puedo suponer, de preservar las relaciones con contribuyentes influyentes. Los llamados a que la policía vigile más asiduamente nuestro campus ponen en peligro más inmediato a los estudiantes judíos y amenazan mucho más seriamente las operaciones regulares de la universidad que las protestas pacíficas.
Es cierto, el hecho de que los organizadores de CUAD rechacen completamente la intolerancia y el odio no ha impedido que actores no relacionados aprovechen oportunidades para acosar vergonzosamente a los estudiantes judíos con declaraciones grotescas o antisemitas. Condeno el antisemitismo, lo que debería parecer obvio ya que yo mismo lo he experimentado muchas veces. (Es probable que esto no impida que el controvertido profesor Shai Davidai, de la Escuela de Negocios de Columbia, me llame un kapo.) Pero las actividades de unos pocos individuos no afiliados que a menudo ocurren fuera del campus simplemente no describen esta disciplinada campaña estudiantil. Los esfuerzos por vincular estos ofensivos pero relativamente aislados incidentes con el más amplio movimiento de protesta a favor de Palestina reflejan una estrategia más generalizada que busca tachar a toda crítica de Israel como ilegítima.
A medida que la discusión a nivel nacional sobre el “antisemitismo en los campus universitarios” alcanzaba el punto de ebullición durante el fin de semana, el Campamento de Solidaridad con Gaza presenció cómo los organizadores de CUAD dirigieron sesiones de oración conjunta entre musulmanes y judíos, y honraron a los muertos de unos y otros. Esto es algo sano y humano — no da lugar a titulares sensacionalistas sobre los miembros de la Ivy League que odian a los judíos.

El lunes [22 de abril], me uní a cientos de mis compañeros, estudiantes trabajadores, para hacer huelga en solidaridad con el campamento; escuchamos respetuosamente mientras un grupo igualmente considerable de profesores de Columbia celebraba un mitin en los escalones de la biblioteca. Francamente, no sentí que fuera muy diferente del ambiente durante la huelga más reciente de mi sindicato en el campus: me sentí inspirado nuevamente por el compromiso de mis colegas de hacer de Columbia un lugar mejor y más seguro para trabajar y estudiar.

Más tarde esa noche, en el campamento, se llevó a cabo un servicio de Séder de Pésaj. ¿Les daría un movimiento estudiantil antisemita la bienvenida a los judíos de esta manera? Creo que no.


Esto es lo que no te dicen: las amenazas más apremiantes a nuestra seguridad como estudiantes judíos no provienen de las tiendas de campaña en el campus. Al contrario, provienen de la administración de Columbia que invita a la policía al campus, de ciertos miembros de la facultad, y de organizaciones de terceros que doxean a los estudiantes universitarios. Francamente, lamento en primer lugar sentir que sea justificado el tener que escribir esto para confirmar la seguridad de los estudiantes judíos de la Ivy League. No he visto a muchos comentaristas retorciéndose las manos por la seguridad de mis colegas palestinos que lloran la muerte de miembros de sus familias o la destrucción de las preciadas universidades de Gaza.
Desconfío de la narrativa histérica en el campus — amplificada con regodeos por muchos de los mismos charlatanes que han convertido las siglas “DEI” en un insulto — para desviar la atención de la matanza que ocurre hoy en la Franja de Gaza y la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada. Deberíamos enfocarnos en la realidad material de la guerra: las municiones que nuestro gobierno está enviando a Israel, que matan a miles de palestinos, y los estadounidenses que participan en la violencia. Olvídense de la gente al margen y de los agitadores externos: los organizadores de CUAD que organizan las protestas universitarias han insistido legítimamente en la desinversión como la demanda más importante que le presentan a la administración de Columbia, y que se le preste atención de manera sostenida a la situación en Palestina.



Y no estamos solos. Los campus universitarios de todo Estados Unidos han seguido el ejemplo de Columbia.




Por lo tanto, espero que todos podamos aprender de su ejemplo para no confundirnos sobre lo que está en juego en esta crisis y poder enfocarnos en la verdadera violencia que se está perpetrando en nombre de todos nosotros.
Jonathan Ben-Menachem es estudiante de doctorado en la Universidad de Columbia.
NOTAS
[1] Un kapo o funcionario-prisionero (en alemán: Funktionshäftling) era el apelativo de los prisioneros en los campos nazis que eran asignados por los guardias de la Schutzstaffel (SS) a supervisar el trabajo forzado o llevar a cabo tareas administrativas. Algunos eran judíos.
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Categories: Palestina/Israel, Política en Estados Unidos
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