‘El poder está únicamente en nuestras manos. Debemos poner fin a las atrocidades que se están cometiendo en nuestro nombre’
El siguiente artículo fue publicado por primera vez por el diario israelí Haaretz el 29 de agosto de 2025. Su autora, Michal Feldon, es pediatra en Israel.
La columna de opinión de Feldon es una importante continuación de ‘El hambre está en todas partes’: Visitas virtuales a las clínicas de Gaza revelan la magnitud del horror, que Panorama-Mundial publicó el 23 de agosto.
Por medio de visitas virtuales a las instalaciones médicas de Gaza, los autores de ese relato documentaron con desgarrador detalle la situación de miles de niños palestinos quienes sufren de desnutrición aguda grave, como resultado de la política deliberada del gobierno israelí. “Lo que vimos fue de proporciones catastróficas”, dijeron.
En el artículo de seguimiento publicado a continuación, Feldon explica que “la disparidad entre la medicina que practico a diario en este país [Israel] y lo que está sucediendo en la Franja de Gaza, a solo unas pocas decenas de kilómetros de mí, es totalmente insoportable e inaceptable”.
Feldon escribió su columna después de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) bombardearan el Hospital Nasser de Gaza, una de las instalaciones médicas incluidas en la visita virtual anterior. El 25 de agosto de 2025, el ejército israelí atacó el hospital cuatro veces, matando al menos a 22 personas, incluidos periodistas y trabajadores médicos, e hiriendo a docenas más. El ataque injustificado provocó la condena internacional y la indignación generalizada.
El ejército israelí afirmó que lanzó el ataque para eliminar una cámara operada por Hamás que supuestamente estaba rastreando los movimientos de las tropas israelíes. Pero un análisis detallado de los videos de la escena por parte del New York Times, la BBC, y otros medios internacionales contradijo el pretexto israelí.
Israel no proporcionó ninguna evidencia de la supuesta cámara o su escondite, ni ninguna explicación de por qué la destrucción de una cámara justificaba bombardear un hospital repetidamente y matar a periodistas y socorristas que se reunieron inmediatamente en el sitio después del primer ataque.
“Entre los muertos había cuatro miembros del personal médico y cinco periodistas, entre ellos Moaz Abu Taha, el fotógrafo que guió a los reporteros de Haaretz por el hospital Nasser” en la visita virtual de las instalaciones, Feldon señaló.
“Nunca más podré hacer las rondas con colegas en la sala sin pensar en las rondas virtuales que [Nir] Hasson y [Yarden] Michaeli hicieron en agosto de 2025. Tampoco podré aceptar las horribles imágenes que describieron y mostraron a docenas de jóvenes famélicos”, la doctora israelí dijo al concluir su artículo.
“El poder está únicamente en nuestras manos. Debemos poner fin a las atrocidades que se están cometiendo en nuestro nombre”. [Énfasis añadido.]
Panorama-Mundial publica el siguiente artículo para información de nuestros lectores. El título, el subtítulo, las fotos y el texto a continuación son del original (en inglés). La traducción es de Panorama-Mundial.
– Los editores de Panorama-Mundial
Haaretz | Noticias de Israel
Opinión |Después de ver a los niños famélicos de Gaza, mi trabajo como pediatra israelí nunca será el mismo
Las horribles imágenes de una visita virtual por el Hospital Nasser de Gaza, antes de que Israel lo bombardeara esta semana, lo dejan más claro que nunca: el poder está en nuestras manos. Debemos detener las atrocidades cometidas en nuestro nombre
Por Michal Feldon
29 de agosto de 2025
Durante las rondas de médicos en una gran sala pediátrica de un hospital en el centro de Israel, mientras miro a un bebé de 1 año que está sentado en un cochecito nuevo, riendo y comiendo bocadillos de Bamba, me encuentro en una discusión inútil con una madre ansiosa que no quiere que el niño sea dado de alta, porque “no está comiendo nada”.
“Pero ahora está comiendo”, le digo, “y ya hemos lidiado con la enfermedad que lo trajo aquí, y se ve muy bien, saludable. No es bueno estar en una sala de hospital sin ninguna razón”.
No hay posibilidad de convencerla. “Doctor, Bamba no es comida. Mire, me está tirando el huevo”. “No hay problema”, le respondo, porque sé que ella se va a quedar hasta que el bebe se coma el huevo. “Quédate. Con mucho gusto”, agrego con una sonrisa, mientras que me siento como si estuviera ahogandome por dentro.
Esta es una sala llena de niños que están realmente sanos. Al menos casi todos lo son. En la mayoría de los casos sería posible tratarlos en consultorios externos; en la mayoría de los casos podrían tratarse con medicamentos orales. Sin inyecciones, sin costosos análisis de sangre ni imágenes complicadas. Y muchos de estos niños se ingresan debido a la ansiedad de los padres, simplemente porque existe esa opción.
A pesar de que la salud pública en Israel sufre un déficit económico significativo, sigue siendo muy “benévola” en comparación con muchos otros lugares del mundo. Pero la disparidad entre la medicina que practico a diario en este país y lo que está sucediendo en la Franja de Gaza, a solo unas pocas decenas de kilómetros de mí, es totalmente insoportable e inaceptable.
En un artículo publicado el viernes pasado [21 de agosto de 2025] en Haaretz (“‘El hambre está en todas partes‘: las visitas virtuales a las clínicas de Gaza exponen la escala del horror”), los reporteros Nir Hasson y Yarden Michaeli se unieron por video a una ronda de los médicos en una sala de pediatría del Hospital Nasser en Khan Yunis, el hospital más grande del sur de la Franja. Su desgarradora visita virtual tuvo lugar pocos días antes de que un tanque israelí disparara proyectiles contra el techo del hospital esta semana, matando a unas 20 personas e hiriendo a docenas más. Entre los muertos había cuatro miembros del personal médico y cinco periodistas, incluso Moaz Abu Taha, el fotógrafo que guió a los reporteros de Haaretz por el Hospital Nasser.
Vi las imágenes que mostraban al Dr. Ahmed al-Farra, jefe del departamento, con gran angustia emocional. Al-Farra pasa de un niño famélico a otro, demostrando todos los fenómenos sobre los que solo había leído en los textos de medicina: marasmo (desnutrición severa debido a una deficiencia calórica) y kwashiorkor, desnutrición severa debido a la deficiencia de proteínas: pérdida de tejido muscular y grasa; dolencias graves de la piel; caída del cabello; cambios en el color de la piel y el cabello; abdomen grande e hinchado con costillas protuberantes, a veces con signos de raquitismo; y niños tristes o apáticos que apenas reaccionan ante él.
Los bebés ni siquiera lo siguen con la mirada, sus cabezas están caídas hacia un lado. Parecen muñecos de trapo. Los niños mayores no lo miran a los ojos, ni mueven la cabeza. Ni un músculo de su cara se mueve, ni sonríen ni lloran. Como si no hubiera ningún niño adentro.
En escuchar atentamente al erudito y tierno médico, uno comprende que no se ha realizado ningún análisis de sangre a ninguno de estos jóvenes pacientes. Él no sabe cuáles son sus niveles de sodio en la sangre, o de proteínas o vitaminas. No sabe si están anémicos o si hay evidencia de deshidratación. Uno también comprende que el único tratamiento disponible es una fórmula especial de alimentación de la Organización Mundial de la Salud, rica en calorías y proteínas, pero que no hay forma de administrarla a través de una sonda de alimentación, ni existen soluciones intravenosas especiales ni los equipos necesarios.
La única forma de cuidar a estos niños es alimentarlos por vía oral con estas fórmulas. Pero ¿qué sucede si el niño está demasiado débil y demacrado para ser alimentado de esta manera? ¿Y cómo sabemos que no se ha desarrollado el síndrome de realimentación, es decir, sufrir de un desequilibrio de electrolitos potencialmente mortal que puede ocurrir después de la realimentación en una condición de desnutrición severa? ¿Y quién rastreará el progreso neurológico del bebé para monitorear la magnitud del daño a su desarrollo después de muchos meses de inanición?
La respuesta es que no existe una manera real de dar tratamiento médico a estos niños, y ciertamente no hay forma de darle seguimiento a las posibles complicaciones. Cualquiera que logre comer la fórmula enriquecida tendrá unos días más en el hospital, sin el beneficio de ningún análisis de laboratorio, y luego será dado de alta al calor abrasador de las carpas en que viven, sin un seguimiento adecuado a largo plazo. Los infantes en Gaza se alimentan de almidón disuelto en agua, o té de hierbas, porque no hay leche materna ni fórmula para bebés, ni siquiera hay leche de vaca.
No hay suficiente personal médico para darle seguimiento a estos bebés, ya que el personal existente está abrumado y trabaja para salvar vidas. Debido a que el Hospital Nasser está ubicado en un área designada como “zona roja” por el ejército, las familias corren un riesgo al ir allí, incluso cuando la vida de su hijo está en peligro. Está claro que nadie irá allí para un simple seguimiento clínico.
Miles de niños en la Franja sufren de desnutrición severa y potencialmente mortal, y más de 270 personas ya han muerto de hambre. Los servicios de salud han sido tan dañados por los ataques a hospitales, los asedios, la grave escasez de equipos médicos básicos y medicamentos, y el asesinato o la detención de unos 1,800 profesionales médicos, que no hay forma de ayudar a estos niños. Morirán o permanecerán con déficits neurológicos severos por el resto de sus vidas.
Nunca más podré hacer las rondas de la sala con colegas sin pensar en las rondas virtuales que Hasson y Michaeli hicieron en agosto de 2025. Tampoco podré aceptar las horribles imágenes que describieron y mostraron de docenas de niños famélicos.
El poder está únicamente en nuestras manos. Debemos poner fin a las atrocidades que se están cometiendo en nuestro nombre.
La Dra. Michal Feldon es pediatra.
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Categories: Palestina/Israel