Marxismo

La Guardia Nacional como rompehuelgas: una lección de la historia



El artículo a continuación fue publicado en junio de 1938 en la revista marxista New International [Nueva internacional]. Reseña un folleto publicado ese año por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) sobre el uso de tropas de la Guardia Nacional para romper huelgas.

El autor del artículo es el académico marxista George Novack. En el pasado, Panorama-Mundial ha hecho referencia a sus escritos para ayudar a comprender los cambios en la política estadounidense hoy en día.

A la luz de los despliegues de tropas de la Guardia Nacional por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Los Ángeles el pasado junio impulsando una intensificación de las redadas antiinmigrantes y deportaciones en lugares de trabajo; en Washington D.C. en agosto como parte de su toma hostil de la policía civil en esa ciudad; y su orden ejecutiva (en inglés) del 25 de agosto sentando las bases para expandir este patrón a nivel nacional, las lecciones de la historia descritas en este artículo parecen relevantes hoy.

Tropas de la Guardia Nacional de California en el edificio federal de Los Ángeles durante la protesta “No Kings” del 14 de junio de 2025 en la ciudad.

“La Guardia Nacional, aunque sostenida con los impuestos que le arrancan a los trabajadores, nunca es la que protege, sino esencialmente la que suprime los derechos laborales. Los funcionarios estatales que llaman por desplegar a la Guardia Nacional tienen como objetivo romper la acción militante de los trabajadores para beneficiar a los patrones. Como rompehuelgas, son más formidables y más peligrosos que los matones contratados por las agencias de detectives privados”, explica Novack.

“Para defenderse de todos los ángulos, ni los trabajadores empleados ni los desempleados pueden confiar en la policía, los tribunales o los políticos capitalistas”, continúa. “Solo pueden depender de su propia fuerza unida y organizada. Así como se necesitan piquetes en cada huelga para proteger a los trabajadores contra esquiroles y pistoleros, los trabajadores organizados necesitan su propia guardia para protegerse contra la guardia de los patrones. Los sindicatos deben tomar la iniciativa y constituir comités de defensa para los trabajadores”.

Es poco probable que los altos funcionarios sindicales de hoy le presten atención a ese consejo. Pero las conclusiones de Novack van a ser más convincentes para los trabajadores militantes involucrados en huelgas, esfuerzos de organización sindical, y en otras acciones para hacer frente a la injusticia en el trabajo.

Panorama-Mundial publica el artículo que sigue para información de nuestros lectores. El titular y el texto a continuación fueron tomados del artículo tal y como aparece en el dominio público en el George Novack Internet Archive 2005. (El original se publicó por primera vez en la revista New International, Nueva York, Vol. IV No.6, en junio de 1938, pp. 189-190. Transcripción/Edición: 2005 por Daniel Gaido. Adaptación a HTML: 2005 por David Walters.) Las notas, las fotos, y la traducción son de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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¡Desplieguen a la milicia! Un estudio de cómo las tropas se han usado contra las huelgas

Un folleto de Walter Wilson y Albert Deutsch

(32 páginas. Nueva York. Unión Americana de Libertades Civiles. 10¢)

Por George Novack

Pocos libros van a publicarse este año que sean de un interés más vital para el movimiento obrero que este pequeño folleto. Según la Unión Americana de Libertades Civiles, contiene “el primer material disponible que muestra claramente las violaciones de los derechos civiles por parte de la milicia” en Estados Unidos.

Los hechos reunidos aquí sobre el uso de tropas durante huelgas laborales hablan elocuentemente por sí mismos. Requieren poco comentario adicional. Por lo tanto, simplemente citaremos algunos de los pasajes más importantes.

“Hoy hay unos 200 mil[1] hombres en la Guardia Nacional, además de unos 15 mil oficiales. Este poderoso ejército está equipado con artillería, aviones, gas, ametralladoras, tanques. Está compuesto por todas las ramas del servicio en el ejército regular. La diferencia entre ellos es que mientras que el ejército regular está compuesto por soldados profesionales, la Guardia Nacional está compuesta por hombres en la vida civil, entrenando solo periódicamente y sujetos a llamadas cuando hay guerra o alguna “emergencia” o para dar servicio policial. El Presidente puede llamar a la Guardia Nacional para la guerra o en una emergencia nacional; los gobernadores, para que presten servicio en la policía estatal cuando la policía local parece inadecuada”.

“Cuando son llamados al servicio, la paga de los miembros de la Guardia Nacional es a cuenta del estado. La tasa de pago suele ser nominal — un dólar al día cuando prestan servicio. Los empleadores en su mayoría no discriminan contra aquellos que son miembros de la Guardia Nacional debido a las posibles interrupciones de sus funciones. A menudo, mantienen a los empleados en la nómina con salarios regulares durante el tiempo que pasan en servicio de la Guardia Nacional”.

“Las sumas que se gastan para mantener a la Guardia Nacional son asombrosas. En el año fiscal 1937, el Gobierno Federal asignó $38,004,559[2] para este propósito; varios estados otorgan fondos adicionales. Esta cifra récord es casi cuatro millones de dólares superior a los gastos en 1936 y unos diez millones de dólares mayor que los gastos en 1935, lo que demuestra el rápido crecimiento de los costos de esta fuerza militar para los contribuyentes de la nación”.

“Originalmente bajo el total control del estado, la milicia, gracias a una serie de leyes etiquetadas como de Defensa Nacional y de enmiendas aprobadas desde 1903, ha quedado gradualmente bajo control federal. Tal como está constituida actualmente, la Guardia Nacional es oficialmente una “parte del componente de reserva” del Ejército de Estados Unidos, dirigida por la Oficina de la Guardia Nacional del Departamento de Guerra. El dinero federal se usa en parte para pagarles a los guardias y para proporcionar prácticamente todo el equipo, desde kits de alimentos hasta tanques. Los guardias, al ingresar al servicio, prestan un doble juramento a los gobiernos estatal y federal”.

“La Guardia Nacional, tal como está constituida y utilizada ahora, constituye una amenaza constante para las libertades civiles. Dos factores principales hacen evidente esta amenaza: primero, el creciente uso en los últimos años de tropas estatales en conflictos laborales que violan, con raras excepciones, los derechos de los trabajadores; segundo, la facilidad con la que se ha empleado la milicia para fortalecer el poder personal de los gobernadores”.

“Un gobernador tiene poder prácticamente ilimitado sobre las tropas estatales. El papel de la milicia de Luisiana en la construcción y el mantenimiento de la dictadura personal de Huey Long es demasiado conocido para requerir elaboración… El gobernador ‘Alfalfa Bill’ Murray de Oklahoma encontró más de veinte ocasiones en tres años para llamar a la Guardia Nacional”.

Los autores citan casos similares del empleo de la Guardia Nacional en la promoción del poder personal de los gobernadores en Georgia, Carolina del Sur, Arizona, Dakota del Norte, Florida, Colorado, California y Rhode Island.

“En estos tiempos peligrosos”, concluyen, “no se puede ignorar el potencial papel que la Guardia Nacional puede jugar en la creación de dictaduras a nivel local o estatal”.

“Pero, por mucho, la actividad más importante de la Guardia Nacional en los últimos años”, señalan los autores, “ha sido ‘preservar la paz’ en los conflictos industriales… Las cifras son más completas para 1935 que para cualquier año reciente. En ese año, según el jefe de la Oficina de la Guardia Nacional, la milicia fue convocada 84 veces en 32 estados y un territorio debido a “disturbios civiles”. De estos 84 casos, 18 estaban relacionados con huelgas. En tres casos, la milicia fue utilizada para “reprimir a los desempleados”, como dice sin rodeos el informe del Departamento de Guerra. Más de 35 mil hombres, entre ellos oficiales, fueron llamados en 1935. Un total de 22 mil de estos hombres fueron empleados para servir de rompehuelgas y contra las manifestaciones de los desempleados, casi el doble que para todos los demás propósitos combinados”.

“El historial del uso de tropas en huelgas y manifestaciones en las que participaron trabajadores, agricultores y desempleados durante los cinco años de 1933 a 1937 demuestra un total de ochenta y tres casos en los que se ocuparon tropas en treinta y seis estados. El mapa indica los estados en los que se llamaron las tropas y las ocasiones en cada estado durante ese período. El número varía de un año a otro según la ocurrencia de huelgas serias. Las tropas son llamadas con mayor frecuencia cuando ocurren huelgas nacionales donde los gobernadores son inducidos por la presión de la propaganda nacional a responder rápidamente debido a la supuesta amenaza de violencia. Vale señalar en particular que en el historial de esos cinco años, las tropas fueron llamadas durante la huelga textil nacional de 1934 y las huelgas de la CIO de 1937”.

“Aunque a los oficiales al mando de la Guardia Nacional, reclutados en gran parte entre los rangos patronales y gerenciales, generalmente les complace demostrar en acción su hostilidad hacia los huelguistas, algunos oficiales al mando de tropas desplegadas contra alguna huelga han expresado francamente su hostilidad hacia los trabajadores. Por ejemplo, en una audiencia de la Junta Nacional de Relaciones Laborales en julio de 1937, el jefe de policía de Massillon, Ohio, declaró que cuando él se opuso a que los capataces de la compañía fueran llamados a servir durante una huelga, el general William E. Marlin, jefe de la Guardia Nacional de Ohio, exclamó exasperado: ‘Este no es el momento de ser neutral'”.

“Los empleadores se valen de varias estratagemas para que la milicia sienta que tiene obligaciones con ellos. Durante las huelgas siderúrgicas de 1937 en Ohio, se descubrió que durante años la Cámara de Comercio de Ohio había estado haciendo contribuciones de $20,000 anuales para el mantenimiento de las armerías. En algunos casos, los empleadores les proporcionan cuarteles gratuitos a los miembros de la Guardia Nacional cuando hacen de rompehuelgas. Durante la huelga en la planta de seda artificial en Elizabethton, Tennessee, de 1929 a 1930, la Corporación Glanzstoff-Bemberg no solo proporcionó cuarteles, sino que sirvió refrigerios gratis, proporcionó música y proporcionó parejas de baile a los hombres en servicio. Después de la huelga general de San Francisco en 1934, los empleadores más grandes aportaron un ‘bolso’ de dinero que se distribuyó entre los guardias nacionales en servicio”.

Tropas de la Guardia Nacional en el Embarcadero, en San Francisco, enfrentándose a los trabajadores portuarios en huelga en julio de 1934 con ametralladoras. El 6 de julio de ese año, el gobernador de California, Frank Merriam, envió a 1,700 guardias a San Francisco con órdenes de disparar a matar. La huelga de 1934 en San Francisco fue parte de la huelga de estibadores de la costa oeste (9 de mayo – 30 de julio de 1934). La huelga cerró los puertos de la costa oeste y provocó una huelga general de cuatro días en San Francisco después de que la policía matara a dos huelguistas el Jueves Sangriento (5 de julio). Los trabajadores portuarios exigían el reconocimiento sindical, una sala de contratación controlada por el sindicato, horas reducidas y salarios más altos. Su huelga finalmente transformó a los estibadores de la costa oeste en una poderosa fuerza laboral y condujo a un contrato para los trabajadores marítimos en toda la costa oeste.

Estos hechos fueron tomados de las primeras diez páginas de ese folleto. Las páginas restantes contienen mucho más información sobre el papel reaccionario y antisindical de la Guardia Nacional que debería ser conocida por todos los miembros de los sindicatos y los militantes sindicales. Debemos asegurarnos de que ellos estén en posesión de esa información.

Los autores se olvidan de enfatizar un hecho significativo. El alarmante crecimiento en el uso y las actividades antisindicales de la Guardia Nacional ha tenido lugar enteramente bajo el régimen de Franklin D. Roosevelt. ¡Este supuesto “amigo del movimiento obrero” y “defensor de la democracia” nunca ha protestado ni una sola vez durante su administración, ni de palabra ni de hecho, contra estos villanos [Black Guards][3] a nivel nacional!

Estos hechos prueban, sin lugar a dudas, que la Guardia Nacional, aunque sostenida por impuestos que se le arrancan a los trabajadores, nunca es la que protege, sino esencialmente la que suprime los derechos del movimiento obrero. Los funcionarios estatales que llaman por desplegar a la Guardia Nacional tienen como objetivo romper la acción militante de los trabajadores para beneficiar a los patrones. Como rompehuelgas, son más formidables y más peligrosos que los matones contratados por las agencias de detectives privados. El papel reaccionario y represivo de los gobernadores puede verse a todas luces cuando envían a la Guardia Nacional en contra de los desempleados, que luchan por una limosna para mantener sus vidas y las de sus familias. Finalmente, la Guardia Nacional es el principal instrumento para establecer las dictaduras de ciertos príncipes a nivel estatal, ya que la policía, como vemos en [la ciudad de] Jersey City, apoya los despotismos municipales.[4]

¿Qué deben hacer los trabajadores estadounidenses frente a estos hechos? La Unión de Libertades Civiles recomienda valerse de ciertos recursos legales y acciones legislativas. Los autores afirman, sin embargo, que “Aunque los trabajadores recurran a los tribunales para obtener alivio contra los abusos de la Guardia Nacional, no han logrado resultados hasta la fecha”. Esto no es sorprendente, ya que los tribunales, como la Guardia Nacional, por lo general funcionan a favor de los empleadores y son operados y controlados por sus fieles servidores. Cualesquiera que sean los proyectos de ley que se aprueben para frenar la violación de las libertades civiles por parte de las tropas estatales—y deben ser frenadas de todas las formas posibles—serán insuficientes para proteger los derechos de los trabajadores.

Para defenderse de todos los ángulos, ni los trabajadores empleados ni los desempleados pueden confiar en la policía, los tribunales o los políticos capitalistas. Solo pueden depender de su propia fuerza unida y organizada. Así como se necesitan piquetes en cada huelga para proteger a los trabajadores contra esquiroles y pistoleros, los trabajadores organizados necesitan su propia guardia para protegerse contra la guardia de los patrones. Los sindicatos deben tomar la iniciativa y constituir comités de defensa para los trabajadores.

Esta es la lección que podemos sacar de las experiencias del movimiento obrero estadounidense resumidas en este folleto. La agudización de la crisis social, preñada de nuevos y colosales conflictos de clase, inevitablemente volverá a confirmar la veracidad de esta lección en el próximo período.


NOTAS

[1] Para el 2023, el número de tropas de la Guardia Nacional en Estados Unidos se ha más que duplicado a 408 mil desde que se escribió este artículo en 1938.

[2] Esa suma equivale a unos 852 millones de dólares en 2025.

[3] Históricamente, el término Black Guards se refería a los guardaespaldas personales de un monarca.

[4] La historia del despotismo municipal de Jersey City se remonta al gobierno de 30 años del alcalde Frank Hague en esa ciudad de 1917 a 1947, un período caracterizado por el clientelismo político, la corrupción y la intimidación de los votantes. Por medio del control del proceso electoral y reprimiendo por la fuerza a toda oposición, Hague usó su maquinaria política para controlar la ciudad de Jersey City, el condado de Hudson, y más.


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