Editorial

La inconfundible marcha de Trump hacia el gobierno de un solo hombre



El 25 de agosto, la Casa Blanca emitió otra orden ejecutiva (en inglés) del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aparentemente “para abordar la emergencia del crimen en el Distrito de Columbia” [DC].

La directiva le ordena al Departamento de Defensa (ahora rebautizado como el Departamento de Guerra) que asuma un papel más amplio en la aplicación de las leyes civiles a nivel nacional, incluso “sofocando disturbios civiles”, al tiempo que Trump amenaza con ampliar los despliegues de la Guardia Nacional en ciudades de todo el país.

La orden formalizó la creación de “una fuerza permanente de reacción rápida de la Guardia Nacional que contará con recursos, capacitación y disponibilidad para un rápido despliegue nacional”. Estas fuerzas estarán programadas para movilizarse rápidamente para garantizar “la seguridad y el orden público”.

Estas fuerzas de “reacción rápida” son similares a las que usa el ejército de Estados Unidos en sus guerras en el extranjero. Ahora pueden desplegarse a nivel nacional, bajo la dirección del Presidente. El blanco es la población estadounidense. Apuntarán cada vez más contra los trabajadores, como se está haciendo ahora al allanar fábricas, granjas, hoteles, restaurantes y otros lugares de trabajo para acorralar y deportar a millones de inmigrantes indocumentados. Apuntarán contra los sindicatos, las huelgas, las protestas pro-palestinas y de otros tipos, contra organizaciones de derechos civiles y otras, y cualquier forma de disidencia que irrite a la Casa Blanca.


EDITORIAL


La nueva orden ejecutiva de Trump también dispone que el grupo de trabajo en Washington dirigido por Stephen Miller, el asesor de la Casa Blanca, debe crear un portal en línea para que “los estadounidenses que tengan antecedentes y experiencia en la aplicación de la ley o que tengan otros antecedentes y experiencia relevantes” [énfasis agregado] puedan solicitar unirse a los agentes federales para hacer cumplir la orden de “emergencia contra el crimen” de Trump en D.C.

Esta es una clara señal de que Trump está apelando a matones ultraderechistas para que se unan a las fuerzas federales y mejoren su entrenamiento para atacar a sus opositores y, en última instancia, intimidar y aplastar violentamente cualquier resistencia.

“El fascismo generalmente se ha basado en tropas de choque extralegales para allanar el camino a la tomar del poder. Esta no ha sido — hasta la fecha — una característica definitoria del ascenso de Trump”, señaló Panorama-Mundial el pasado febrero en El segundo mandato de Trump: El gobierno de un solo hombre y el peligro del fascismo incipiente.

“Sin embargo, en su primer día en el cargo, Trump indultó a más de 1,500 de las personas relacionadas con los actos de la turba del 6 de enero de 2021 que buscaba anular las elecciones presidenciales de 2020. Entre los indultados hay más de 1,100 que ya habían sido condenados por los tribunales. Se trata de personas que ya han presentado su audición para el papel de esas tropas de choque. Muchos responderán a los nuevos llamados de Trump, en caso de que los considere necesarios, para enfrentar la resistencia a sus medidas”.

Dicho esto, es importante reconocer que hoy, en Estados Unidos, todavía no vivimos bajo una dictadura en toda regla o un régimen fascista, al menos no hasta la fecha.

Como explicó el académico marxista George Novack en su libro Democracia y revolución: de la antigua Grecia al capitalismo moderno, “El fascismo arrasa con todo lo que se interpone en el camino de su monopolio del poder. El Estado arroja sus fuerzas de represión en primer lugar contra la clase obrera como principal enemigo. Encarcela y ejecuta a sus líderes, declara a sus organizaciones como ilegales y destruye sus derechos, castigando sin piedad la más mínima resistencia a la represión”.

Al mismo tiempo, explicó Novack en el mismo libro, “las diversas formas de gobierno antidemocrático no están separadas por particiones infranqueables. Las líneas de demarcación entre ellos a menudo son borrosas y una puede convertirse en otra en el transcurso del tiempo. Un ‘gobierno duro’ puede dar lugar al bonapartismo.[1] Un régimen bonapartista puede ceder ante una dictadura militar o inclinarse ante el fascismo, como sucedió en Alemania en 1932-33″.

Afortunadamente para la clase obrera y sus aliados, aún no hemos llegado a ese punto. Sin embargo, es importante ver claramente, y advertirles a los trabajadores, cuáles son los peligros de cada punto de inflexión a un cambio cualitativo.

Tras la toma hostil de la policía de D.C. por parte de Trump y su despliegue de más de 2 mil soldados de la Guardia Nacional y cientos de agentes federales en la capital de Estados Unidos, la orden ejecutiva de Trump del 25 de agosto representa una escalada importante en su inequívoca marcha hacia un gobierno dictatorial.

Tropas de la Guardia Nacional de California se desplegaron el 8 de junio de 2025 en Los Ángeles para contrarrestar los actos públicos a favor de los inmigrantes, las cuales se oponen a la escalada de redadas y deportaciones de ICE en los lugares de trabajo.

Un número cada vez mayor de los comentaristas de los medios de comunicación de las grandes empresas ahora reconocen esta tendencia, pero no destacan el peligro mortal que representa para los trabajadores.

‘Hombres con máscaras subiendo a la gente a camionetas’

En su columna del 27 de agosto de 2025 titulada Trump está construyendo su propia fuerza paramilitar (en inglés), el periodista del New York Times Ezra Klein dijo: “Veo que están destripando el estado de derecho. Veo que se están construyendo centros de detención donde es extraordinariamente difícil para los abogados y las familias ir a ver a las personas que están adentro. Veo hombres enmascarados que se niegan a identificarse y suben a la gente a camionetas. Veo tropas estadounidenses armadas y en camuflaje, algunas a caballo, cabalgando por el Parque MacArthur en Los Ángeles como si fueran un ejército de ocupación. Veo a Trump enviando fuerzas armadas para apoderarse de la capital estadounidense”.

Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos y otros agencias federales, algunos de ellos enmascarados, detienen a un conductor de reparto en Union Station el 11 de agosto de 2025, en Washington, DC (izquierda). Agentes federales enmascarados en el edificio federal Jacob K. Javits en la ciudad de Nueva York, el 24 de julio de 2025 (derecha). (Fotos: Andrew Leyden / Getty Images (izquierda); Dominic Gwinn / Getty (derecha))

“¿Qué va a suceder cuando, como es de esperarse, un manifestante le arroje una piedra a un agente? ¿O cuando un marine oye el trueno del escape de un automóvil y piensa que es un disparo?”, preguntó Klein.

“En un instante, todo esto podría explotar. Podríamos tener a tropas estadounidenses disparando contra civiles estadounidenses en una ciudad estadounidense en una crisis que define el país. ¿Qué pasa entonces?

“Porque esa es la otra imagen que veo — la que sigue apareciendo claramente. No a Trump solucionando la crisis o el desorden, sino a Trump creando la crisis y el desorden para poder instaurar lo que ha querido instaurar: un estado autoritario, un ejército o un grupo paramilitar que solo a él le rinda cuentas — que lo ponga en control total”.

Trump se lanza sin que lo detengan

Otra columna en el Wall Street Journal, En el segundo mandato de Trump, un presidente más audaz se lanza sin que lo detengan (en inglés), también publicada el 27 de agosto, abordó temas similares.

“Siete meses después de su segundo mandato, Trump también ha comenzado a hablar con más frecuencia sobre el autoritarismo, después de postular durante la campaña que sería un dictador solo en el ‘primer día’ de su presidencia”, señaló el Journal.

El Journal continuó: “Regresando al tema en la Oficina Oval el lunes [25 de agosto], Trump elogió sus propias políticas de mano dura contra el crimen en Washington, D.C. ‘Mucha gente dice: “Tal vez nos gustaría tener un dictador”’, dijo”.

Soldados armados de la Guardia Nacional patrullando en Washington, D.C. el martes 26 de agosto de 2025. (Foto: J. Scott Applewhite / AP)

El diario conservador citó a Douglas Brinkley, historiador presidencial de la Universidad Rice, en Houston, Texas. A Trump lo motiva el “tener control sobre todas las instituciones estadounidenses”, dijo Brinkley. “Parece querer agarrar a todos por el cuello y decirles: ‘Yo estoy a cargo'”.

“Trump también ha cultivado la óptica de la presidencia en una dirección monárquica, con un desfile militar en junio para celebrar el 250 cumpleaños del ejército”, continuó el Journal.

“El presidente le regala gorras de béisbol al estilo de su campaña a quienes lo visitan con la frase ‘Trump 2028’ — a pesar de que la Constitución le prohíbe postularse para otro mandato — y las tiene en una oficina de la Casa Blanca… La era Trump está marcada por la concentración del poder federal en la Oficina Oval. ‘Tengo derecho a hacer lo que yo quiera’, dijo Trump el lunes [25 de agosto]”.

Esta tendencia también se refleja en los intentos recientes de Trump de cargar a la Reserva Federal — el banco central de Estados Unidos, una institución supuestamente independiente de la presidencia — con sus partidarios.

Es importante señalar aquí que la mayoría de los dueños de industrias y empresas financieras que conforman la clase dominante de Estados Unidos y sus instituciones, desde la Corte Suprema hasta el Congreso y más allá, han estado presionando o permitiendo durante décadas la concentración de poder en la Oficina Oval. Como suele suceder, este proceso fue gradual. Pero ahora estamos cosechando lo que se sembró. La concentración de poder en el ejecutivo está dando pasos agigantados en manos de un autócrata confirmado.

En su resumen verpertino del 5 de septiembre, el sitio de noticias Politico le dio al clavo cuando declaró: “Pat Buchanan puede haber perdido la nominación presidencial republicana de 1992, pero parece que ganó la guerra”.

Buchanan, visto por muchos como un fascista incipiente, se postuló para presidente de los Estados Unidos en las primarias republicanas de 1992 y nuevamente en 1996.

“Más de tres décadas después de su quijotesca candidatura primaria contra el presidente George H.W. Bush, el ex asistente de Nixon está experimentando una especie de renacimiento a medida que una nueva generación de conservadores descubre los paralelismos entre el populismo de derecha del ex experto comentarista paleo-conservador y los principios clave de la ideología MAGA de Donald Trump”,  señaló Politico.

Patrick Buchanan, pulgares arriba, en New Hampshire después de ganar las primarias republicanas de 1996 a la presidencia de Estados Unidos.

Hoy, continuó Politico, “la política de Buchanan encarna la cepa dominante en el Partido Republicano. Y muchos lo ven como un precursor de Trump, mientras que la dinastía Bush y su conservadurismo establecido se han convertido en anatema”.

Fachada democrática

Trump y sus aliados avanzan hacia el gobierno de un solo hombre mientras mantienen una fachada democrática — por ahora.

En su libro Democracia y revolución, Novack explicó que, al dar sus primeros pasos, un régimen antidemocrático “no necesita desmantelar inmediatamente o descartar por completo las instituciones o partidos parlamentarios; los hace impotentes. Puede permitir que estos sobrevivan, siempre que desempeñen un papel meramente redundante y decorativo. Ya sea que aprueben o se resistan a los mandatos de la cúpula, estos prevalecen como la ley en el país”.

Trump ha logrado remodelar el Partido Republicano a su imagen, y se vale de la aprobación automática de sus políticas por las mayorías del partido en ambas cámaras del Congreso. Ahora está haciendo todo lo posible por mantener la mayoría del partido republicano en la Cámara de Representantes en las próximas elecciones.

Como señalamos en nuestro último editorial, esta hoja de ruta incluye “la campaña de manipulación de los distritos electorales liderada por el Partido Republicano (que ahora se combina con movimientos similares en algunos estados liderados por demócratas) para permitir que los republicanos aumenten el número de sus escaños en la Cámara de Representantes de Estados Unidos en las elecciones de 2026. El plan de Trump de “deshacerse de las boletas por correo” y de las máquinas de votación en todo el país, restringiendo el acceso a las urnas antes de las elecciones intermedias el año que viene son una amenaza aún más siniestra para los derechos democráticos.

Ahora, la bola de demolición MAGA podría golpear la Ley de Derechos Electorales. Por supuesto, la Ley de Derecho al Voto habría de morir en este momento (en inglés), decía el titular de un ensayo invitado de Linda Greenhouse publicado en el New York Times del 25 de agosto. “Es poco probable que el más preciado logro de la era de los derechos civiles cumpla 61 años”, señaló su subtítulo.

Hace doce años, la Corte Suprema desmanteló la ley de 1965 en el caso del condado de Shelby (en inglés), en el que la corte deshabilitó el apartado de la legislación que requería que los estados con un historial de discriminación electoral obtuvieran aprobación federal antes de imponer cambios a sus leyes electorales, entre ellos la demarcación de los distritos. La Corte Suprema ahora tiene programado escuchar argumentos el 15 de octubre en un caso de demarcación de los distritos de Louisiana. Un fallo sobre ese caso puede ponerle el último clavo al ataúd de este logro histórico del movimiento de derechos civiles.

“Ahora son los blancos los que son presentados como víctimas de la discriminación en muchos sectores, incluso en la Casa Blanca”, escribió Greenhouse al evaluar cómo llegamos a este punto. “Cuando invitan a sudafricanos blancos a ingresar a Estados Unidos como refugiados mientras que los verdaderos refugiados son remitidos a su suerte, y cuando el presidente exige que un museo diseñado para contar la historia afroamericana cuente una historia más alegre, ¿puede realmente sorprendernos que una ley de derecho al voto que tiene 60 años no viva para ver su cumpleaños número 61?”

El recién creado Departamento de Guerra

La marcha de Trump hacia el gobierno de un solo hombre en el ámbito nacional se refleja en una política exterior que pudiera conducir a más guerras en el extranjero. El 5 de septiembre Trump firmó su orden ejecutiva número 200, cambiando el nombre del Pentágono al de Departamento de Guerra.

“Ganamos la Primera Guerra Mundial, ganamos la Segunda Guerra Mundial, ganamos todo antes de eso y entre medio”, afirmó Trump, quien ha vociferado sobre su deseo de ganar un premio Nobel de la paz (!) pero ahora dice que está motivado por ganar guerras. “Y luego decidimos volvernos woke[2] y cambiamos el nombre a Departamento de Defensa”, agregó, refiriéndose a la decisión de 1949 de la administración Truman al comienzo de la Guerra Fría. “Así que, ahora tendremos un Departamento de Guerra”.

¿Por qué es el caso?

“El imperialismo estadounidense, que alguna vez fue indiscutiblemente la potencia mundial número uno económica y militarmente, ha estado en declive durante algún tiempo. Washington se enfrenta a una creciente competencia por el dominio de los mercados globales, el comercio, y la innovación tecnológica, especialmente de China, que se está convirtiendo rápidamente en la segunda potencia capitalista del mundo, y que amenaza el estatus y las ganancias de las empresas con sede en Estados Unidos”, señaló Panorama-Mundial en El segundo mandato de Trump: El gobierno de un solo hombre y el peligro del fascismo incipiente.

“Muchas de las familias multimillonarias que gobiernan Estados Unidos ya no confían en que las políticas tradicionales de las administraciones liberales o conservadoras del último medio siglo puedan revertir este declive. Un número considerable de ellas, al respaldar a Trump, están optando por la autocracia en casa, combinada con visiones de expansión territorial en el extranjero, para proteger su posición internacional en declive”.

Estos “tambores de guerra expansionistas, los intentos de acaparamiento de recursos que recuerdan la época colonial y el proteccionismo agresivo del presidente de Estados Unidos, podrían conducir a nuevas guerras y posiblemente a otra conflagración mundial. Esto es más probable en un mundo que es cada vez más inestable, en el que las fuerzas ultraderechistas ya han ascendido al poder, o están tocando a sus puertas, en un número creciente de países del ‘primer mundo’, o más precisamente, imperialistas”.

El vínculo inextricable entre la política exterior y la doméstica se destacó en un meme que Trump publicó en su plataforma de redes sociales Truth Social el 6 de septiembre. El sitio de noticias Politico lo resumió bien en su resumen matutino de noticias del 7 de septiembre.

Trump publicó ayer un meme en Truth Social (en inglés) que redibuja la distopía de la guerra de Vietnam de 1979 de Francis Ford Coppola [titulada] ‘Apocalypse Now’, poniendo la cara del presidente sobre la del personaje de Robert Duvall“, dijo Politico. “Por un lado, los helicópteros militares sobrevuelan el horizonte en Chicago; por el otro, una furiosa explosión. ‘Me encanta el olor de las deportaciones por la mañana’, dice el meme, parafraseando la famosa frase de Duvall sobre el napalm (en inglés). – Chicago está a punto de descubrir por qué se llama Departamento de GUERRA. Y al frente, con la misma letra del título de la película: ‘Chipocalypse Now'”. [Énfasis en el original.]

Captura de pantalla del mensaje de Trump el 6 de septiembre de 2025 en su plataforma social Truth Social. El mensaje dice: ‘me encanta el olor de las deportaciones por la mañana…’ y ‘Çhicago está a punto de descubrir porqué ahora se llama Departamento de GUERRA’.

Vale la pena hacer una pausa para asimilarlo”, continuó Politico.

“Cualquiera de estos puntos sería notable por sí solo: el presidente amenazando con mostrarle a una ciudad estadounidense ‘por qué se llama Departamento de GUERRA’ … o comparándolo con la Guerra de Vietnam … o comparándose él favorablemente con el personaje de Duvall. El titular de la AP lo dice claramente: “Trump amenaza a Chicago con una fuerza apocalíptica y Pritzker lo llama un ‘aspirante a dictador” (en inglés).

No debemos subestimar el peligro que esto representa, aunque algunos podrían descartarlo como una fanfarronada escandalosa. Las fuerzas fascistas y ultraderechistas que conforman una parte de la base de Trump están siendo alentadas en preparación para una mayor movilización militar, especialmente en el frente interno.

Su objetivo es la destrucción de todas las formas democráticas burguesas.

Una resistencia débil

Hasta ahora, Trump ha enfrentado una resistencia relativamente mínima en su avance hacia el autoritarismo y la guerra. En gran medida el Partido Demócrata se encuentra todavía en un estado de desorden. Muchos de sus funcionarios en posiciones de poder estatal muestran miedo ante los crecientes ataques contra las normas democráticas.

Los principales funcionarios sindicales siguen en gran medida el ejemplo del liderazgo del Partido Demócrata, como lo han hecho durante décadas.

Esa es la razón principal tras la respuesta relativamente débil de los sindicatos a algunos de los ataques más opresivos contra el movimiento obrero en décadas: la aceleración de los arrestos y deportaciones de trabajadores inmigrantes, los despidos masivos de empleados federales y la anulación de los contratos sindicales de la mayoría de los trabajadores federales que aún siguen empleados.

Desde que regresó al cargo, Trump ha despojado a más de un millón de trabajadores federales de su derecho a la negociación colectiva.

Sin embargo, no todo está perdido. La democracia burguesa, preferible a cualquier tipo de dictadura, está magullada pero aún no destruida. Todavía hay tiempo para que los trabajadores y todos los que favorecen la democracia se organicen y detengan en seco a las fuerzas de la reacción.

¿Qué hacer?

Necesitamos comenzar explicando pacientemente y de manera muy amplia cómo las acciones de la administración Trump representan el peligro del ascenso de un fascismo incipiente. La mayoría de las personas de clase media y trabajadora, incluso muchos que se oponen a algunas de las medidas de Trump, aún no entienden, o incluso perciben, la posibilidad o el alcance de tal peligro. La etiqueta de “fascismo”, que muchos liberales y gran parte de la izquierda han estado arrojando tan descuidadamente, hace que sea más difícil comprenderlo.

Las movilizaciones en las calles para oponerse a los ataques de Trump contra los derechos laborales y democráticos, así como contra-movilizaciones para oponerse a cualquier ataque por los racistas o los ultraderechistas, deberían estar a la orden del día. Es necesario poner énfasis en organizar acciones de frente unido que propongan reivindicaciones inmediatas — como el oponerse a la maniobra hostil del gobierno federal de tomar control del Distrito de Columbia, la capital. Estas acciones deben de estar abiertas a la participación de todos los partidarios de los derechos democráticos, y deben oponerse a edictos sectarios como “únete a mi grupo para luchar contra el trumpismo”.

Alrededor de 10 mil manifestantes marchan por la calle 16 hacia la Casa Blanca en Washington, D.C., el 6 de septiembre, oponiéndose a la toma hostil de la policía de la ciudad por parte de Trump y su despliegue de miles de tropas armadas de la Guardia Nacional y otros agentes federales en la capital de Estados Unidos. (Foto: Astrid Riecken / Washington Post)
Manifestantes bailan después de un mitin contra las redadas de inmigración en Chicago el sábado 6 de septiembre. La Coalición de Illinois por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados organizó la marcha, que atrajo a unas 10 mil personas. Su tema principal fue “Chicago le dice No a Trump, No a las tropas”. La acción tuvo lugar después de que Trump amenazara a Chicago con una intervención militar “apocalíptica” contra los trabajadores inmigrantes. Un video de la protesta por la AP puede verse pulsando este enlace. (Foto: Talia Sprague / Block Club Chicago)

También debemos tratar de ganar a tantos trabajadores como sea posible a la perspectiva de rechazar la idea de “Primero Estados Unidos” — que defienden tanto los republicanos como los demócratas. Nuestro lema debería ser “Primero los trabajadores y agricultores del mundo”. Una clase trabajadora unida es la única muralla que nos puede defender de la carrera hacia el abismo de los multimillonarios. Es la única clase que puede aliarse con otros productores explotados, como los pequeños agricultores familiares y otros pequeños empresarios, para sacar al mundo de las guerras sangrientas y la competencia despiadada que nos impone el sistema de ganancias.

Para el movimiento obrero estadounidense, eso significa reconocer que es imposible proteger los “empleos estadounidenses” sin tener en cuenta la difícil situación de nuestros hermanos y hermanas en otros países. Es igual de importante entender que la inmigración fortalece a la clase trabajadora y que las deportaciones masivas la están debilitando.

Hoy la tarea central del movimiento obrero debe ser organizar movilizaciones para oponerse a las redadas y deportaciones de ICE, hacer todo lo posible por defender el estado de derecho y los otros derechos democráticos para los indocumentados, y presionar por que se les otorgue la amnistía y un camino a la ciudadanía a los millones de inmigrantes sin papeles en Estados Unidos.

Todo esto se resolverá en la lucha.


NOTAS

[1] Como explica George Novack en su libro Democracia y revolución: de la antigua Grecia al capitalismo moderno, “El bonapartismo [énfasis añadido] lleva al extremo la concentración de poder en el jefe del Estado ya discernible en las democracias imperialistas contemporáneas. Todas las decisiones políticas importantes están centralizadas en un solo individuo equipado con `poderes de emergencia. Habla y actúa no como un servidor del parlamento, como el primer ministro, sino por derecho propio como ‘el hombre del destino’ que ha sido llamado a rescatar a la nación en su hora de peligro mortal”.

[2] “Woke” (pronunciado uok) significa estar consciente de los problemas sociales y políticos — especialmente el racismo. Pero el término es controvertido. Algunos lo ven como una actitud de compromiso y justicia social, mientras otros lo ven como una exageración de la superioridad moral y una forma de censura, o como una palanca para imponer ideas progresistas. Esto ha generado un debate cultural y político en Estados Unidos.


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