Por Yvonne Hayes y Argiris Malapanis
El asesinato el 10 de septiembre del “influencer” de derecha Charlie Kirk fue uno de los ataques más serios y peligrosos a la libertad de expresión. Debe ser condenado inequívocamente. El asesinato de Kirk le sirvió en bandeja de plata la mejor excusa a la administración Trump y a sus aliados para que intensifiquen su asalto contra los derechos democráticos. La Casa Blanca ahora está usando el horrendo asesinato para impulsar la trayectoria de Trump hacia un gobierno autocrático.
No importa lo odiosas sean las ideas de una persona, el eliminar a un oponente con un acto de violencia no hace nada para promover la causa de la justicia. Retrasa todos los esfuerzos por ganar la opinión pública a la idea de defender la democracia, que siempre es preferible a cualquier tipo de gobierno dictatorial. Aquellos que celebran la muerte de Kirk le hacen el juego a las fuerzas de la reacción, que están haciendo todo lo que está a su alcance para despojar a los trabajadores de nuestro derecho a expresarnos libremente y organizarnos para defender nuestros intereses.
ANÁLISIS DE NOTICIAS
Desde el momento en que Kirk fue asesinado, el presidente de Estados Unidos, el vicepresidente, el FBI, y otros funcionarios del gobierno y sus secuaces ideológicos actuaron para establecer en la conciencia pública que el asesinato fue culpa de los “liberales”, el Partido Demócrata, o la “izquierda”.
Antes de que se confirmara la muerte de Kirk, el multimillonario Elon Musk declaró en su plataforma de redes sociales X: “La izquierda es el partido de los asesinatos”.
“Es hora, dentro de los límites de la ley, de infiltrar, interrumpir, arrestar y encarcelar a todos los responsables de este caos”, escribió el activista conservador Christopher Rufo en X inmediatamente después del asesinato. Rufo fue quien inició los ataques derechistas contra la Teoría Crítica de la Raza durante el primer mandato de Trump.

A esto le siguió un coro de declaraciones de funcionarios del gobierno afirmando que el tirador era un “izquierdista”, citando supuestos mensajes pro-trans que dejó el asesino o inscripciones antifascistas en los casquillos de bala que fueron encontrados en el arma del homicida.
Hoy por hoy, no está claro cuál es la política del tirador, Troy Robinson. Lo único que sabemos con certeza son las palabras de un mensaje de texto que le envió a su compañero de cuarto y pareja romántica (un hombre en transición a ser mujer), afirmando que estaba cansado del “odio” de Kirk. Hasta ahora, no hay evidencia de que Robinson tuviera una asociación con ninguna organización en particular, de izquierda o de derecha.
Pero al diablo con los hechos — Trump y sus aliados usaron ese disparo, incluso antes del arresto del victimario, como justificación para recrudecer muchas de sus políticas ya vigentes — entre ellas algunas que ayudó a promover la organización de Kirk, Turning Point USA. Estas medidas antidemocráticas incluyen la publicación de “listas negras” de académicos y estudiantes a favor de Palestina.
En las últimas dos semanas, la Casa Blanca ha usado este asesinato para presentar medidas y prácticas aún más agresivas que buscan eliminar cualquier oposición a la agenda del gobierno. El enfoque de esta campaña es socavar el derecho a la libertad de expresión, consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.
En uno de sus primeros actos después de asumir el cargo el 20 de enero, Trump emitió una orden ejecutiva demagógicamente titulada “Restaurar la libertad de expresión y darle fin a la censura federal”.
Desde entonces, la Casa Blanca ha hecho todo lo posible por identificar, atacar y trastornar la vida de periodistas, académicos, científicos, investigadores, y personas con visas de estudiante que no están de acuerdo con las políticas del gobierno. Las instituciones que permiten la investigación o la discusión de temas que Trump y sus lacayos consideran objetables han sido presionadas para que despidan a profesores, repriman protestas estudiantiles y expulsen o tomen medidas disciplinarias contra los estudiantes que el gobierno tiene en sus mirillas, además de cancelar proyectos de investigación — o enfrentar la eliminación de subvenciones y otras medidas.
A varias instituciones federales se les ha ordenado que eliminen o alteren exhibiciones, como la revisión de rótulos y materiales educativos en parques nacionales si hacen referencias que se consideran “despectivas” — desde material sobre el genocidio de las naciones originarias, o los 250 años durante los cuales los afroamericanos fueron esclavizados, hasta los peligros del cambio climático.
Además, se han desplegado tropas federales dentro de las fronteras de la nación junto con escuadrones enmascarados de control de inmigración para “combatir el crimen” y arrestar y deportar masivamente a trabajadores inmigrantes indocumentados.
Desde el asesinato de Kirk, estos esfuerzos — dirigidos especialmente contra cualquiera que se atreva a criticar sus puntos de vista políticos — se han intensificado. Más recientemente, ABC canceló el programa nocturno de televisión del comediante Jimmy Kimmel después de que la cadena nacional de televisión y su propietario Disney se vieran presionados por el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), Brendan Carr, quien fue designado por Trump.
“Podemos hacer esto de la manera fácil o la difícil”, dijo Carr. “Estas empresas pueden encontrar formas de cambiar su conducta y tomar medidas sobre Kimmel, o habrá más trabajo para la FCC en el futuro”.
¿El crimen de Kimmel? Durante el monólogo de su programa de televisión del 15 de septiembre, Kimmel dijo: “La pandilla MAGA (está) tratando desesperadamente de caracterizar a este muchacho que asesinó a Charlie Kirk como cualquier cosa menos uno de ellos, y haciendo todo lo posible para sacarle provecho político”.
No compartimos la evaluación de Kimmel, pero su comentario ni de lejos constituye algo parecido a la acusación del vicepresidente J.D. Vance, quien afirmó que Kimmel “celebró” el hecho de que Kirk fuera asesinado. La cancelación por parte de la ABC fue un acto escandaloso de censura diseñada por el gobierno.

El 18 de septiembre, un día después de que el programa de Kimmel fuera eliminado, Trump elevó esta flagrante censura a otro nivel. Sugirió que la FCC debería considerar retirar la licencia de cualquier emisora que permita la transmisión de cualquier crítica contra Trump. Trump se quejó ante los periodistas de que muchos de los anfitriones de los programas nocturnos que aparecen en esas redes están “en mi contra” y “solo me dan mala publicidad”. Y agregó: “Quiero decir, se les otorga una licencia. Creo que tal vez deberían quitarles la licencia”.
Trump ha destrozado la idea misma de que funge como el presidente de todos los estadounidenses. Como señaló un artículo (en inglés) en el New York Times del 14 de septiembre: “Actúa como presidente de la América roja y de las personas que están de acuerdo con él, mientras que los que no lo siguen son retratados como enemigos y traidores que merecen su venganza”.
La agudización de las dificultades económicas debido a los aranceles y las guerras comerciales, el empeoramiento de la atención médica y la educación, y el que las condiciones de trabajo sean cada vez más peligrosas para la gran mayoría no son temas que le preocupen a Trump y a su gobierno ultraderechista. Y aquellos que protesten o que incluso se quejen de esta trayectoria se encuentran cada vez más con un blanco en la espalda.
Trump aún no ha tenido la necesidad de usar tropas de choque extralegales para poner en jaque a quienes se le oponen; por ahora ha usado eficazmente todas las palancas del poder estatal.
‘Claro que vamos a perseguirte’
Cooptando una frase popularizada por grupos liberales o de izquierda en el pasado, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, dijo en un podcast del 15 de septiembre: “Por una parte hay libertad de expresión, pero el lenguaje del odio es algo muy distinto… Claro que te vamos a atacar, te vamos a perseguir, si te vales del lenguaje del odio para atacar a alguien”. Y, como lo demuestran los constantes lloriqueos sobre todo lo “desagradable” que se dice sobre la Oficina Oval y los repetidos arrebatos contra los reporteros que hacen preguntas difíciles, el “lenguaje del odio”, a los ojos de la administración Trump, es todo aquello que no sea idolatría.
El mismo día, el secretario de estado Marco Rubio publicó en X: “Si estás aquí con una visa y aplaudiendo el asesinato público de una figura política, prepárate para ser deportado”. Esta amenaza ignora por completo el hecho de que los derechos descritos en la Primera Enmienda amparan a todas las personas en Estados Unidos, independientemente de su estado de ciudadanía.
Cuando el vicepresidente Vance la hizo de anfitrión en el programa de Charlie Kirk tras el asesinato de este último, el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, afirmó que el último mensaje que recibió de Kirk pedía que se estableciera una estrategia para perseguir a las “organizaciones de izquierda que promueven la violencia”.
Miller alegó más tarde que grupos de izquierda, que él no identificó, habían organizado ataques contra agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que habían llevado a cabo campañas de doxing y habían proporcionado armas y máscaras antigás para promover disturbios. No proporcionó pruebas.
También el 15 de septiembre, Vance prometió “perseguir a la red de las ONG [organizaciones no gubernamentales] que fomenta, facilita y participa en la violencia”. Amenazó específicamente a la Fundación Ford y al grupo Open Society Foundations, la organización sin fines de lucro dirigida por George Soros.
En un llamado a aquellos que se vean inclinados a hacer de vigilantes “justicieros”, Vance instó a los partidarios de Trump a perseguir a cualquiera que perciban como alguien que aplaude la muerte de Kirk. “¡Demonios, llamen a su empleador!” exclamó Vance. “No creemos en la violencia política, pero sí creemos en el civismo, y no hay civismo en la celebración del asesinato político”.

Decenas de personas ya han sido despedidas de sus empleos después de hacer comentarios públicos “inapropiados” que critican la política de Kirk o la respuesta que el gobierno ha tenido tras su asesinato, según el diario británico The Guardian. En muchos casos, los empleadores fueron notificados por activistas de derecha, instados a tomar tales medidas por altos funcionarios del gobierno, como Vance.
Mientras tanto, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, lanzó una cacería de brujas contra miembros del ejército estadounidense acusados de criticar a Kirk o “burlarse de su asesinato”. Al menos ocho personas ya han sido suspendidas o puestas bajo investigación, entre ellos oficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina.
Claramente, el despido de Kimmel es solo la punta del iceberg.
Dos días después de los comentarios de Vance, Trump escribió en su plataforma de redes sociales Truth Social: “Me complace informarles a nuestros numerosos patriotas estadounidenses que estoy designando a ANTIFA, UN DESASTRE RADICAL DE IZQUIERDA, COMO UNA ENFERMIZA, PELIGROSA E IMPORTANTE ORGANIZACIÓN TERRORISTA”.
Por supuesto, Antifa no es una organización con membresía o estructura formal. Designar a un grupo tan amorfo como terrorista abre la puerta para que el Estado persiga a cualquier opositor político. Como señaló con muy buen tino el periodista Chris Hedges en su publicación en Substack (en inglés) el 18 de septiembre, “No se trata de perseguir a los miembros de antifa, una abreviatura de antifascista. Se trata de perseguir hasta los últimos vestigios de disidencia”.
¿Ícono del discurso democrático?
Los que están en el poder han señalado a Kirk como un ícono del discurso democrático y un “héroe” nacional, ordenando izar la bandera de Estados Unidos a media asta, elogiándolo en una vigilia en el Kennedy Center y celebrando un memorial para él — con todos los atributos de un funeral de estado — en Glendale, Arizona, al que asistieron unas 100 mil personas y ante el cual hablaron muchos funcionarios en el gabinete de Trump.
El mitin en Glendale sirvió como una movilización de la ultraderecha para unificar las tropas MAGA y dejar de lado, al menos por ahora, las divisiones que habían comenzado a sacudir sus filas, ya sea sobre aranceles y otras políticas económicas, el apoyo inquebrantable de Trump a Israel, la controversia de Epstein y otros temas.


La administración Trump y sus aliados MAGA avanzan a todo gas para apropiarse del legado de Kirk y fortalecer el apoyo que él había logrado obtener para ellos entre millones de jóvenes, particularmente varones blancos. Solo unos días después de su muerte, Vance se sentó detrás del escritorio de la vicepresidencia para presentar el Show de Charlie Kirk, como heredero aparente del legado de Kirk.
Usando a los inmigrantes, los negros, las mujeres, los musulmanes, los judíos y las personas LBGTQ como chivos expiatorios, Kirk logró sumar a muchos adherentes al programa de Trump mientras defendía el sistema que nos ha llevado a este momento. Se aprovechó de la ira y la frustración de muchos, encausándola contra los negros, los inmigrantes, las mujeres, las personas LBGTQ y la “izquierda”. A estas alturas, algunas de sus declaraciones más escandalosas son ampliamente conocidas.
- “Creo que vale la pena aceptar el costo de, desafortunadamente, algunas muertes por armas de fuego cada año para poder seguir teniendo la Segunda Enmienda y proteger nuestros otros derechos otorgados por Dios”, declaró Kirk aproximadamente una semana después de que tres niños y tres adultos murieron durante un tiroteo en abril de 2023 en la Escuela Christian Covenant en Nashville, Tennessee. “Eso es un trato prudente”.
- “Si hubiéramos dicho hace tres semanas [después de la decisión de la Corte Suprema que dio fin al trato preferencial, o la acción afirmativa, en las decisiones de admisión a universidades y colegios] que Joy Reid y Michelle Obama y Sheila Jackson Lee y Ketanji Brown Jackson fueron seleccionadas debido a la acción afirmativa, nos habrían llamado racistas”, dijo Kirk en su programa en 2023. Se refería respectivamente a la comentarista política y presentadora de televisión, la ex primera dama, una integrante de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que murió el año pasado, y la jueza de la Corte Suprema recientemente nombrada — todas ellas mujeres afroamericanas. “¡Pero ahora están saliendo y lo están diciendo por nosotros! Están saliendo y están diciendo: ‘Solo estoy aquí por la acción afirmativa’. Sí, lo sabemos. No tienes la capacidad de procesamiento cerebral para que te tomen realmente en serio. Tenías que ir y robarle el puesto a una persona blanca para que te tomaran en serio”.
- “Sucede todo el tiempo en la América urbana, los negros salen merodeando a atacar a los blancos por diversión, eso es un hecho”, dijo Kirk durante otra diatriba racista en su programa, también en 2023. “Está sucediendo cada vez más”.
Kirk no solo planteaba que había que regresar a la práctica abandonada hace ya mucho tiempo de realizar ejecuciones públicas en Estados Unidos para “disuadir el crimen”. Esencialmente llamó a que a los adolescentes, como rito de iniciación, se les obligara a presenciar estos asesinatos públicos por parte del estado. De hecho, el pasado febrero en el podcast Thoughtcrime, él discutió con varios “influencers” de ideas afines no si esa política era aceptable, sino a qué edad deberían los jóvenes empezar a asistir de manera forzosa a estos eventos: ¿a los 12, a los 14, o a los 16 años?

Además, los ampliamente aclamados “debates” de Kirk, llamados Prove Me Wrong [Demuestra que estoy equivocado] nunca tenían el objetivo de realizar una discusión genuina o un intercambio civilizado de ideas. Un hombre, sentado en su tarima, controlaba el micrófono; a menudo, sus respuestas a las preguntas de los estudiantes estaban marcadas por la intimidación, los comentarios antagónicos y las frases ingeniosas diseñadas para anotar puntos.
Muchos políticos demócratas y otros liberales condenaron el asesinato de Kirk — como es debido — y denunciaron la creciente “cultura de la violencia” en Estados Unidos, que ha incluido el asesinato político o el intento de asesinato de varios demócratas en los últimos años. Pero ofrecieron poca o ninguna explicación de sus causas fundamentales o sus soluciones.
Los políticos demócratas no solo temen ser el próximo blanco de esa violencia. Simplemente son incapaces de responder a la política que Kirk presentaba, la cual le dió un lugar a la diestra del actual régimen en Washington. No pueden presentar soluciones diferentes para aquellos que — frustrados por la creciente inestabilidad en el mundo — siguen a demagogos derechistas como Trump, Vance, Kirk y otros “influyentes” de ese tipo.
No pueden liderar la defensa del derecho a la libertad de expresión, ni brindarles liderazgo a las víctimas de este asalto por el gobierno, a los trabajadores que luchan por la seguridad y la dignidad en el trabajo y a los jóvenes que buscan un futuro mejor. El hacerlo los pondría directamente en contra del mismo sistema que ellos y Kirk siempre han defendido.
Esto quedó claramente ilustrado el 19 de septiembre, cuando la mayoría del caucus demócrata en la Cámara de Representantes votó junto con sus colegas republicanos por aprobar una resolución en honor a Kirk, en una votación de 310 a 58, con 38 votos de presente y 22 sin votar en absoluto. Al abogar por la aprobación del proyecto de ley, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dijo demagógicamente que Kirk “defendía lo que era bueno en Estados Unidos, lo que es virtuoso, digno de ser protegido y preservado”.
De hecho, algunos políticos y expertos conservadores han tomado una iniciativa más clara advirtiendo sobre las peores medidas de la administración Trump encaminadas a restringir el discurso e intentar silenciar a todos los oponentes políticos después del asesinato de Kirk.
En su columna de opinión en el Wall Street Journal titulada ‘Ellos’ no mataron a Charlie Kirk (en inglés), Karl Rove, consultor republicano y ex asesor principal de la administración de George W. Bush, escribió:
“Nuestra cultura se basa en el principio de que las personas son responsables de lo que dicen y hacen. Las personas pueden verse influenciadas por las palabras que escuchan y los grupos de los que forman parte. Pero no somos autómatas indefensos cuyas acciones son dictadas por otros. El usar el asesinato de Charlie para justificar represalias contra rivales políticos es incorrecto y peligroso”.
Haciendo sonar la alarma para sus colegas conservadores, el senador estadounidense Ted Cruz dijo en su podcast del 19 de septiembre: “Creo que es increíblemente peligroso para el gobierno ponerse en la posición de decir: ‘Vamos a decidir qué tipo discurso nos gusta y qué tipo no nos gusta, y vamos a amenazar con sacarte si no nos gusta lo que estás diciendo’. Puede que te haga sentir bien en este momento amenazar a Jimmy Kimmel, pero cuando lo usen para silenciar a todos los conservadores en Estados Unidos, nos arrepentiremos”.
Los peligros de la supresión violenta de la libertad de expresión
Los partidarios de Trump justifican la trayectoria del gobierno, en parte, señalando que el negar la libertad de expresión, incluso mediante el uso de amenazas de violencia e intimidación, ha sido un sello distintivo de la “izquierda”, una tendencia que ahora se describe comúnmente como la “cultura de cancelación”.
Citan ejemplos de activistas que ondean pancartas “pro-trans” mientras intentan prevenir o interrumpir eventos con los que no están de acuerdo, y estudiantes en algunos campus que, enfurecidos por el apoyo de Estados Unidos a la guerra israelí en Gaza, se han involucrado en actividades violentas para silenciar a los oradores que están a favor de Israel. Señalan el acoso público de los políticos republicanos, así como los recientes intentos de asesinar a Trump y otros de la derecha.
Por supuesto, los actos violentos como forma de protesta política no solo se limitan a la “izquierda”. De hecho, en los últimos 50 años los actos de violencia por motivos políticos se han llevado a cabo con mayor frecuencia por aquellos que han expresado ideologías o motivos de derecha.
De derecha o de izquierda, lo que es evidente a lo largo de la historia de Estados Unidos es que los actos individuales de violencia como táctica para silenciar a un opositor no representan más que un disparate para los trabajadores, los estudiantes y otros jóvenes.
Un ejemplo fue la riña que ocurrió en 1962 en la Universidad Estatal de San Diego en el sur de California. Un estudiante “enloqueció” cuando escuchó a George Lincoln Rockwell — un abierto partidario del nazismo— vilipendiar a los judíos en un evento en el campus, iniciando una pelea a puñetazos con el orador. El incidente llevó a la cancelación inmediata de un foro completamente distinto para escuchar al socialista revolucionario Joseph Hansen, y la universidad luego impuso una prohibición temporal a todos los oradores externos en la escuela.
El Daily Aztec, un periódico estudiantil, comentó acertadamente: “Nuestro país está construido sobre el principio de que cada hombre tiene derecho a su propia opinión y el derecho a expresarla. Cuando el derecho de Rockwell quedó en peligro, tu derecho y el mío también quedaron en peligro. Que el hombre sea un fascista, un comunista o el mismo Satanás, tiene el DERECHO de hablar”.
El derecho a la libertad de expresión es esencial para resolver las divisiones en el seno de la clase trabajadora cuando participamos en verdaderas discusiones civiles — no en “debates” que en realidad son arte escénico. El afanarnos por crear memes sarcásticos y eslóganes “graciosos” que degradan nuestra propia humanidad, el intimidar a aquellos cuyas opiniones consideramos odiosas y el valernos de agresiones físicas para silenciar el discurso que consideramos aborrecible es una sentencia de muerte para la justicia y para la lucha por construir una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad humanas.
Acciones aisladas — especialmente aquellas que se valen de agresiones físicas — solo servirán para ahuyentar a aquellos que ya se sienten horrorizados por la trayectoria que está tomando este gobierno, y servirán para afianzar el compromiso de los partidarios del régimen actual, sobre los que de otro modo pudiéramos tener alguna influencia.
Panorama-Mundial señaló el pasado febrero que: “En su primer mes en el cargo, la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado en claro en palabras y hechos que representa una ruptura con la democracia liberal — la forma de gobierno que ha prevalecido en Estados Unidos durante la mayor parte de los 250 años de historia del país. Es un giro abrupto a la derecha en la política estadounidense, que conlleva graves peligros para la clase trabajadora y para todos los partidarios de la democracia”. (Ver El segundo mandato de Trump: el gobierno de un solo hombre y el peligro del fascismo incipiente).
Esa evaluación sigue siendo acertada, y el giro solo se ha acelerado desde entonces.
El mismo artículo se refería a los comentarios del líder socialista James P. Cannon, explicando que un régimen dictatorial “no surge de la mala voluntad de demagogos maliciosos. Y un movimiento obrero radicalizado tampoco surge de la propaganda de los revolucionarios. Ambos son productos de la crisis incurable del capitalismo, que lo hace incapaz de mantener un dominio estable por medio de las viejas estructuras democráticas burguesas. De una forma u otra — estas estructuras van a cambiar”.
Los trabajadores tendrán la oportunidad de decidir estos temas al calor de la lucha, enfatizó Cannon. Pero “si los trabajadores, como resultado de un liderazgo inadecuado o pusilánime, flaquean ante su tarea histórica, la lealtad de las clases medias cambiará rápidamente en apoyo a los fascistas y los elevará al poder”, advirtió Cannon.
Los trabajadores y otros que buscan la forma de detener esta aplanadora, y soluciones a la crisis que la sustenta, primero deben reconocer quiénes son nuestros verdaderos enemigos: la clase capitalista y sus dos partidos, los demócratas y los republicanos. Necesitamos escuchar atentamente y comprometernos respetuosamente con los jóvenes desilusionados y las personas de clase media o trabajadora que puedan estar deslumbradas por la fama de demagogos como Kirk o la riqueza y el poder de los Musk y los Trump de este mundo.
Necesitamos reconocer quiénes son nuestros aliados y nuestros aliados potenciales: cada persona cuyo futuro en realidad está a la merced de la clase capitalista y de las fuerzas económicas que el sistema de ganancias ha desatado — independientemente de su origen nacional, raza o género.
El punto de partida hoy es aglutinar en amplias coaliciones a las fuerzas preocupadas por estas amenazas a los derechos democráticos, para educar, protestar y organizar contra movilizaciones que sean lo suficientemente numerosas como para contrarrestar la marea autoritaria. Para esto es esencial ganar a los trabajadores y a sus sindicatos a la idea de luchar por la libertad de expresión; esto es fundamental para crear el espacio político necesario que nos permita enfrentar las batallas que se avecinan.

Como se hizo evidente cuando Disney anunció el 22 de septiembre que Jimmy Kimmel Live! regresaba al día siguiente a la red ABC, la acción concertada — en este caso la protesta pública y la presión del boicot que amenazaba a Disney y ABC — pueden marcar la diferencia.
Como informó el New York Times el 23 de septiembre, en los días transcurridos desde la decisión inicial de ABC de retirar de sus transmisiones el programa de Kimmel, “al menos cinco sindicatos de Holywood, que representan colectivamente a más de 400 mil trabajadores, condenaron públicamente a la compañía”.

El incontable número de personas que han sido despedidas de sus empleos por haber hecho comentarios sobre Kirk que Trump y los de su calaña consideran “inapropiados” deben ser recontratados de inmediato.
Este es el momento de actuar con la convicción de que si perjudican a uno, nos perjudican a todos.
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Categories: Política en Estados Unidos
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