Cuba/Solidaridad con Cuba

Una visita con el sociólogo C. Wright Mills

 



A continuación publicamos una carta y posdata de 1961 que George Novack[1] y Evelyn Reed,[2] ambos líderes del Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos (SWP por sus siglas en inglés), le escribieron a James P. Cannon,[3] que entonces era el presidente nacional del SWP.

Describiendo una visita de Novack y Reed con el sociólogo C. Wright Mills — autor de Escucha yanqui: La revolución cubana,[4] la carta se enfoca en un intercambio de puntos de vista sobre la revolución cubana, que había triunfado dos años antes, así como en cuestiones más amplias como el marxismo y el estalinismo.

La victoria revolucionaria en Cuba tuvo un impacto transformador, inspirando en todo el mundo una mayor colaboración entre luchadores por el cambio social de diferentes corrientes y experiencias.

Lo que llama la atención en la carta que sigue — y en la respuesta de Cannon, que publicaremos a continuación — es la actitud tan abierta de los líderes socialistas de la época, y su interés por encontrar terreno común con otros combatientes comprometidos a luchar por un mundo de igualdad social y solidaridad humana.

Esta actitud impregna los escritos de Novack, Reed, y Cannon. Es diametralmente opuesta al sectarismo. Y es un punto clave del marxismo y del espíritu del Manifiesto Comunista, el documento fundacional del movimiento comunista.

“Con la muerte de C. Wright Mills, la erudición de nuestra nación ha perdido a una de sus mentes más capaces, y el pobre pueblo de Estados Unidos a uno de sus corazones más comprensivos”, dijo Novack.

C. Wright Mills

“Como profesor de Sociología en la Universidad de Columbia, Mills publicó una serie de estudios destacados sobre nuestra estructura social desde 1948 hasta 1956 en los que investigó a los líderes sindicales, los inmigrantes puertorriqueños y las clases medias estadounidenses. Estos culminaron con The Power Elite, su obra más incisiva, que develó hábilmente la anatomía del gobierno capitalista en Estados Unidos….

“Mills se convirtió en el sociólogo más influyente del mundo anglófono. Sus libros se vendieron por cientos de miles de ejemplares y fueron traducidos a muchos idiomas. Fueron leídos con entusiasmo no solo en Occidente, sino en todo el bloque soviético. Fue uno de los escritores contemporáneos más seguidos por intelectuales disidentes allí y sentía una estrecha afinidad con ellos”.

Publicamos esta carta para la información de nuestros lectores tras consultar con el historiador John Summers, quien está trabajando en una nueva biografía de C. Wright Mills bajo contrato con la editora Simon and Schuster. Summers es editor de la colección publicada en 2008 de The Politics of Truth: Selected Writings of C. Wright Mills [La política de la Verdad: escritos selectos de C. Wright Mills] de Oxford University Press. La carta de Novack/Reed, que fue distribuida al Comité Nacional del SWP, fue descubierta durante la investigación de Summers para su próximo libro.

La transcripción de la carta a partir del original mecanografiado, así como el encabezado del posdata, las notas finales y las fotos, son de Panorama-Mundial.

También queremos darle un agradecimiento especial a Alan Wald, profesor emérito H. Chandler Davis Collegiate en la Universidad de Michigan y miembro del consejo editorial de la publicación Against the Current. Su ayuda fue esencial para la publicación de estos materiales.

— Los editores de Panorama-Mundial

*

9 de febrero de 1961

Queridos Jim y Rose:[5]

¿Recuerdan hace un año cuando nos sentamos en su sala y hablamos de la importancia de bregar con la obra de C. Wright Mills? Con tu habitual generosidad sugeriste que yo asumiera la tarea, y lo hice. Esto nos llevó ayer a Evelyn y a mí a pasar un día entero con Mills y su esposa en su casa en West Nyack, Nueva York. Yo le había dado respuesta a la carta que él le envió a [la editorial] Pioneer sugiriendo una reunión y me llamó inmediatamente para organizarla. Tras unos cuatro días de retraso, debido a las tormentas de nieve, nos reunimos.

Los tres hablamos desde las once de la mañana hasta las siete de la noche, con Mills hablando la mayor parte del tiempo. Cubrimos una variedad tan amplia de temas que tendré que resumirlos bajo una serie de títulos:

Cuba:

Está totalmente a favor de la revolución en Cuba y asumió su defensa; plenamente consciente de las posibles sanciones que eso conlleve. Además, está dispuesto a luchar contra todos los ataques en su contra debido a su postura y contra todos los opositores proimperialistas de la revolución. Está dispuesto a enfrentarse no solo a las autoridades, sino a todos los intelectuales del departamento de Estado como Schlesinger, Lerner, etc. Dice que la Revolución Cubana es para esta generación de liberales y radicales lo que en los años treinta fue la Guerra Civil Española.[6] Él no mostró interés en la política durante la década de 1930; ahora tiene solo 44 años y dice que apenas ahora está tomando plena conciencia política. Además su evolución está lejos de completarse.

Dice que la Revolución Cubana ha hecho que le preste atención a la Guerra Civil Española y que está leyendo con avidez los mejores relatos sobre ella. Le recomendé los folletos de Trotsky y el libro de Félix. Lo que le entusiasma de la revolución cubana es su honestidad, su franqueza, su frescura, su carácter genuinamente popular y democrático. Y también su dirección experimental-empírica. Dijo con aprobación: “Mi idea de democracia es: un arma, un voto — y eso es lo que tienen en Cuba”.

Una vendedora ambulante de café que se convirtió en milicia (al centro) se suma a unidades armadas de la milicia en una manifestación de desmovilización frente al palacio presidencial de La Habana en enero de 1961. Unos 400 mil milicianos llevaban tres semanas en puestos de combate en ese momento, esperando una invasión en los últimos días de la administración del presidente estadounidense Dwight Eisenhower, pero ésta no llegó hasta abril con la invasión de Bahía de Cochinos, que fue derrotada rotundamente. (Foto: Alan Oxley / Getty Images)

Afirma que la política de Washington llevó a La Habana a las garras de Moscú, aunque querían ser amigos de Estados Unidos. Al principio, no acudieron a Moscú, sino a Belgrado en busca de ayuda económica, pero Tito los ignoró, aparentemente por miedo a ofender a Washington, ya que estaba en medio de negociar unos préstamos.[7] Cuando él fue a Cuba, no esperaba ver a Castro ni a los otros líderes, pero Fidel fue a verlo a su hotel un día cerca de la medianoche y hablaron toda la noche. Castro le mostró una copia de la “Élite del Poder” que había leído y anotado en la sierra.[8] Mills cree que Cuba podría haberse desbaratado económicamente sin la ayuda económica soviética, especialmente con el petróleo, que es indispensable para la industria. Ahora cree que Cuba puede sobrevivir y avanzar económicamente, gracias a la riqueza de su agricultura.

Castro se sorprendió de que Washington cortara todas las relaciones. Se sintió consternado por la cantidad de agentes de inteligencia que había por todas partes. Mills piensa que Washington cortó el contacto principalmente porque incluso personas bastante desinformadas que van de visita se encandilan con lo que ven y oyen, y regresan como propagandistas.

Me interesaba especialmente su opinión sobre la actitud de los líderes hacia el estalinismo. Dice que son muy conscientes de los peligros y defectos, pero que existe el peligro de que Washington les obligue a depender más de lo que quisieran. Che Guevara, lo afirma categóricamente, es completamente antiestalinista. El PC [Partido Comunista] aún no es poderoso, pero Castro no ha logrado organizar o reorganizar al movimiento 26 de julio en un partido efectivo. Hablando de esto con Castro, Mills dice que él se quejó de no tener suficientes cuadros experimentados.

Mills considera que una de sus funciones importantes en Cuba es advertirles sobre lo pernicioso del estalinismo.

El libro “Listen Yankee” ya ha vendido unas 350 mil copias en tapa blanda y unas 8 mil con tapa dura. Se está traduciendo a muchos idiomas y ya está disponible en español. Dice que habrá muchas personas asesinadas “distribuyendo” estos libros bajo las dictaduras en Sudamérica. Para que te hagas una idea del impacto que ha tenido aquí, dice que más de 200 personas le han escrito diciendo, en efecto: “Sabíamos que había algo sospechoso en la propaganda oficial sobre Cuba y tu libro nos ha abierto los ojos. Nos gustaría ir allí no solo para ver, sino también para ayudar. Envíanos una dirección”.

Mills logró organizar un proyecto de trabajo en Cuba con la (red de activistas por la paz P-M) Fellowship of Reconciliation, y la FOR nombró un comité de seis clérigos y profesores irreprochables para ir allí y sellar los acuerdos. Sin embargo, el Departamento de Estado no respondió en absoluto a su solicitud de visados — ni sí, ni no — y finalmente, al no recibir respuesta alguna, se vieron obligados a volver a su trabajo. Su tiempo libre se había acabado.

Portada de Escucha, Yanqui: La revolución Cubana de C. Wright Mills.

Lamentó mucho que su infarto le impidiera debatir con Berle.[9] Estaba completamente listo para él y preparando una gran revelación. Estaba dispuesto a desafiar a Berle a que éste se le uniera para solicitar que el Congreso hiciera una investigación sobre lo que realmente ocurrió con la CIA en Guatemala.[10] Varios representantes latinoamericanos ante la ONU, que en privado simpatizan con Castro pero no pueden hablar abiertamente aquí, le proporcionaron munición devastadora.

Mills no solo está interesado en Cuba, sino en su conexión con todo el problema latinoamericano. Espera enormes acontecimientos revolucionarios en toda América Latina en la próxima década, de los cuales Cuba es solo el principio. No cree que pueda funcionar la política liberalizada de Kennedy de basarse en regímenes de clase media como el de Betancourt en Venezuela y el de Siles en Bolivia. No solo porque sus reformas son superficiales, sino porque también mantienen intactas las antiguas fuerzas militares.

Proyectos literarios:

Produce prodigiosamente y tiene cinco o seis obras diferentes ya en curso. Una sobre Los marxistas; otra sobre la Nueva Izquierda, un programa para radicales; tres llamadas tentativamente “Tovarich”, que comprenden cartas a intelectuales soviéticos para derribar las barreras entre Oriente y Occidente — y para desafiarlos a que sean críticos con sus propias sociedades. Hay otros, pero estos son los más importantes políticamente.

Pasé unas tres horas discutiendo con él el contenido de Los marxistas. Es un libro de bolsillo que estará listo en junio y se va a publicar el próximo enero en una primera edición de 100 mil ejemplares. Tiene tres propósitos en mente. Uno, ayudar a romper el embargo del marxismo en este país, especialmente entre los jóvenes. Segundo, presentar sus propias opiniones sobre la relevancia del marxismo hoy en día. Tercero, defender a Marx y Engels en el siglo XIX y a Trotski en el XX como los mejores representantes del pensamiento socialista. Considera a Trotski un teórico por encima de Lenin. “Será el héroe del libro”, dijo.

Le di varias sugerencias para selecciones no solo de Trotski sino también de otras fuentes marxistas que probablemente ayudarán. “Debo decirte que hasta ahora no he investigado realmente el pensamiento marxista. Comencé como discípulo de Veblen[11] y más tarde de Max Weber.[12] Luego vi cuánto le debían a Marx, pero yo me he preocupado principalmente con la crítica al liberalismo. No me considero un liberal, sino un rebelde, como un Wobbly”,[13] dijo.

Ahora intenta ajustar cuentas con el marxismo. Su segundo libro sobre la Nueva Izquierda expondrá sus posiciones sociológicas y políticas frente al marxismo. No es un materialista histórico y rechaza categóricamente la “metafísica obrera” marxista, que ve a la clase trabajadora como la principal agencia del cambio social. En los países subdesarrollados ve a los campesinos e intelectuales de clase media como líderes; en el Occidente altamente industrializado no está seguro de quién va a protagonizarlo, salvo que no van a ser los trabajadores. Él quisiera que no fuera así, pero sus convicciones científicas aún no están convencidas.

Dice que no ha logrado decidir sobre varias cuestiones importantes. Dice que el último semestre tuvo una clase de 150 estudiantes en Columbia y le hicieron muchas preguntas sobre su propia postura y objetivos que le resultaron inquietantes y no pudo responder. Le dije: “C. Wright Mills es un letrero muy grande, pero ellos preguntan: ¿a dónde apunta?”. Me dijo: “No puedo decirles; soy un hombre sin partido”. Le pregunté: “¿Por quién les habrías aconsejado votar en 1960?” Él respondió: “Por nadie, no voté”. “¿Por qué no votaste por Dobbs?”[14] “No tenía ninguna posibilidad de ganar”. “¿Nunca votas a menos que el candidato tenga una oportunidad inmediata de ganar?” “Bueno”, concluyó algo avergonzado, “supongo que simplemente soy un Wobbly apolítico”. Pero al menos les aconseja que lean los clásicos marxistas y que piensen por sí mismos.

Le dije que cualquier obra que ayude a romper la proscripción del marxismo y que le permita a la gente familiarizarse con las ideas de Trotski es beneficiosa, pese a las críticas. Solo buscamos una audiencia imparcial.

La Unión Soviética y el estalinismo:

Ha visitado la Unión Soviética, Yugoslavia y Polonia, y conoce bien a muchos de los principales intelectuales de los tres lugares. Los representantes soviéticos lo están cortejando. Publicaron su “Élite del Poder” en ruso, pero nos dijo con desdén que eliminaron los pasajes críticos al estalinismo. En sus entrevistas y discusiones con académicos soviéticos siempre les pregunta: “¿Quién, aparte de Stalin, aportó algo a la teoría marxista después de Lenin?” No podían mencionar a nadie. Luego les preguntaba: “¿Y Trotski?” Tenían que confesar que sabían poco o nada de sus obras. “¡Pero si ni siquiera pueden leerlas!” les decía. Reclamaban débilmente que sus libros estaban disponibles en las bibliotecas — cosa que no están, salvo quizás unos pocos. De hecho, no conocían sus ideas. Mills les dijo que hasta que las obras de Trotski no estuvieran libremente accesibles al público, no podían considerarse como marxistas bien informados, ni siquiera como un pueblo culto y libre, porque Trotski era el más importante representante del marxismo en el siglo XX.

Mills tiene una gran estima por Deutscher[15] y tiene cierta amistad con él. Dice que las obras de Deutscher están cada vez más disponibles y que él mismo envió una docena de copias de la biografía de Stalin a Polonia y a la URSS.

Le pregunté: “No me queda claro por tus escritos si consideras que la economía soviética es más eficiente y potencialmente productiva que la economía capitalista”. Él respondió: “Estoy seguro de que sí, y que en 20 años la Unión Soviética producirá más que Estados Unidos y que China avanzará aún más rápido”. Dijo: “este país tiene la capacidad industrial, pero tiene demasiado desperdicio y anarquía”. Contó una historia interesante sobre una sugerencia que les hizo a varios líderes soviéticos de que podrían alcanzar una enorme popularidad en todo el mundo dándole pan gratis a todos los ciudadanos. Decían que ya era posible pero, después de reflexionar, no lo podían hacer porque entonces los agricultores tomarían el pan y se lo darían de comer a su ganado.

La situación agrícola es su gran debilidad, pero él cree que están tomando medidas para superar incluso eso.

“Si la economía soviética es más productiva, ¿no es entonces históricamente superior?” le pregunté. “¿Qué quieres decir con históricamente superior?” me preguntó. “Que puede producir más bienes, más riqueza, en menos tiempo y con menos trabajo por persona”. “Sí, creo que puede ser más eficiente, pero esa no es para mí la única prueba de superioridad histórica. Más importante es la superioridad moral, cultural e intelectual”. La discusión terminó cuando añadí que sin una mejor capacidad de producción material no podría existir una superestructura cultural más avanzada.

Cree, según su propia observación, que la sociedad soviética se está abriendo y volviéndose más antiburocrática y más antiestalinista bajo la superficie de lo que aparece a simple vista. Quedó enormemente impresionado por el nivel de la educación popular.

Tiene una alta opinión de los líderes yugoslavos, a quienes considera semi-trotskistas aunque no lo admitan. Intercambiamos opiniones extensas sobre Tito, Kardelj, Djilas, etc. Un punto es inconfundible: él es antiestalinista hasta la médula y eso, en parte, explica su simpatía hacia nosotros. Me hizo varias preguntas sobre el número de nuestros miembros, nuestras finanzas, etc.

No conoce íntimamente nuestra historia ni nuestros escritos, pero es algo que planea corregir. Propongo ayudar en ese sentido y le estoy enviando material adicional además del que ha ordenado de Pioneer.

Sacó un ejemplar de “Intelectuales en retirada” de la N.I. [la revista Nueva Internacional] de 1939 — y nos dijo que deberíamos reimprimirlo en un folleto por ser tan bueno. Le pregunté si había leído “En defensa del marxismo”. Nos mostró una copia que solo había leído parcialmente en 1943 con una anotación al frente: “Esta gente está bastante loca”. Hoy en día no tiene la misma opinión, aunque el que seamos tan pequeños es un gran obstáculo.

****

Para resumir nuestras primeras impresiones y su importancia. Mills ocupa hoy una posición clave en la vida intelectual estadounidense. Es quizás la principal fuerza intelectual y moral que aboga por la honestidad, y de una manera antiimperialista, antibélica y anticapitalista. Está haciendo algo por la revolución cubana, que marca el inicio de la revuelta socialista en el hemisferio occidental, algo similar a lo que John Reed[16] hizo por la revolución rusa. Además, es una figura con conexiones e influencia mundiales no solo en Inglaterra y Europa, sino también en la zona soviética y en los países subdesarrollados. El hecho de que se oponga a algunos de los postulados básicos del marxismo es, dadas las circunstancias, menos importante que el hecho de que esté defendiendo y popularizando el marxismo, el que sea antiestalinista y afín al trotskismo. Y está dispuesto a establecer con nosotros una entente cordiale.

Políticamente, quiere ser el mentor de una Nueva Izquierda. Una cosa es tener ese objetivo en Inglaterra y otra muy distinta en este país. En Inglaterra, estaría en el Partido Laborista, con el Tribune, la Left Review y la gente de Victory for Socialism, y muy probablemente en desacuerdo con la Socialist Labor League. Pero en este país no hay nada sustancial y organizado que él respete entre el ala liberal-sindical del Partido Demócrata y el SWP. Esta es otra señal de que podemos obtener información privilegiada sobre los radicales de los años sesenta que apenas comienzan a despertar, que al principio tendrán muchas ideas confusas e incluso estarán bastante en contra de nuestras posiciones, especialmente al principio. Pero no tienen otra alternativa que actuar junto con nosotros en los asuntos más vitales del día, como Cuba, la cuestión antibélica, etc.

Ahora estoy trabajando en una nueva serie de conferencias y artículos, continuando el amistoso pero crítico intercambio de ideas con Mills en referencia a su “Carta a la Nueva Izquierda”. Le dije que estaba trabajando en ello. Tiene la intención de bregar con mi crítica así como la de otros en su libro. Mi artículo se titula provisionalmente: “¿Quién cambiará el mundo?”

George

*

Posdata de Evelyn Reed

En apariencia y personalidad me recordó a James T. Farrell[17] — el Farrell de los viejos tiempos, quiero decir. George pensó lo mismo, cuando se lo mencioné después. Es un tipo grande, dinámico y hablador, originalmente de la fe católica irlandesa. Pero nos contó un pequeño relato como sigue: mientras estaba muy enfermo y no sabían si viviría o moriría, un sacerdote pidió darle la extremaunción, o como se llame. Cuando la enfermera se lo dijo, al principio se negó, pero luego dijo “déjelo entrar”. Durante la conversación preliminar, el sacerdote intentó ayudarlo a “librarse de sus culpas”, por así decirlo. Le dijo: “solo eres un apóstata literario”, o algo por el estilo. Mills respondió con la afirmación de que desde los 13 años él no había sido católico. “¡No soy un apóstata — simplemente nunca quedé convencido!” le dijo al sacerdote. Después de eso, entre otras bromas similares, el sacerdote se dio por vencido y se marchó. Me reí mucho con ese relato y le dije que me recordaba a J.P.C. [James P. Cannon]. De hecho, creo que él y Jim podrían pasar una noche juntos con una o dos botellas (y él puede consumir por la botella) y pasarla muy bien juntos. Él es originario de Texas, pasó tiempo en el medio oeste, también en Kansas, creo, y acabó en el Este.

No solo es un escritor prodigioso, sino un trabajador prodigioso. Construyó él solo la casa en la que lo visitamos, con algunos ayudantes de varios tipos. Es una casa tipo californiano de cemento y yeso colorido, dos plantas y concebida muy funcionalmente. Las paredes son estanterías; y tiene un sistema de archivos tipo cajón que da envidia. Simplemente estupendo. Ahora utiliza una máquina estenográfica para comunicarse —ya que no tiene secretarias ni asistentes, y una pequeña máquina para uso práctico. Para transcribir recibe ayuda a tiempo parcial.

Yaroslava Surmach con una pintura de su marido, C. Wright Mills. (Foto: Museo Ucraniano en Nueva York)

Su esposa (la tercera) es una ucraniana muy encantadora, nacida en el Lower East Side [de Manhattan] donde sus padres tienen una tienda que importa comidas extrañas, etc. Su bebé (Nicolás) tiene unos siete meses; un niño muy agradable. Su hija Katy, de un matrimonio anterior, de unos cinco años, también está con ellos. La esposa es pintora y artista, y a menudo hace bocetos para libros infantiles para ganar dinero extra. Después de todo un día con los niños y la cocina, etc. Se sentó a hacer los dibujos finales para un compromiso.

Se está recuperando bien del infarto y sube y baja las escaleras sin problema. De hecho, para algún desconocido que no sabe los detalles, parecería perfectamente sano e incluso robusto. Creo que le costará adaptarse al hecho de que ahora tiene que llevarla más despacio, pero creo que su interés en todos sus proyectos le obligará a aceptarlo. Su cerebro fértil siempre está lleno de cosas nuevas que hacer y escribir. Aparte de todo lo demás, son personas muy interesantes de conocer. George no ha dicho mucho sobre la ayuda que le dio, pero era justo lo que Mills necesitaba para superar este contratiempo rápidamente, y se enfrenta a una fecha límite muy pronto. Estoy segura de que lo aprecia muchísimo.

Ev.


NOTAS

[1] George Novack (1905 – 1992) se unió al movimiento socialista en Estados Unidos en 1933. Fue miembro y líder del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) hasta su muerte. Como secretario nacional del Comité Americano para la Defensa de León Trotski, Novack ayudó a organizar la Comisión Internacional de Investigación en 1937 que investigó los cargos fabricados por los juicios de Stalin en Moscú. En los años 40, Novack fue secretario nacional del Comité de Defensa de los Derechos Civiles, que reunió apoyo para líderes del SWP y de las huelgas y la campaña de organización de los camioneros Teamsters del Medio Oeste que fueron incriminados y encarcelados bajo la cacería de brujas de la Ley Smith. Desempeñó un papel destacado en numerosas otras luchas por las libertades y los derechos civiles. Novack fue autor de numerosos libros, entre ellos Democracia y revolución y Para comprender la historia. También fue activo en la defensa de la revolución cubana y en la lucha contra la guerra de Vietnam.

[2] Evelyn Reed (1905 – 1979) fue la autora de numerosas obras sobre el origen de la opresión de las mujeres y la lucha por su emancipación. Reed se unió al movimiento socialista en 1940 y permaneció como cuadro destacado del Partido Socialista de los Trabajadores hasta su muerte. Participó en muchas batallas por los derechos democráticos y sindicales y en solidaridad con las luchas revolucionarias en todo el mundo. Partícipe activa en el movimiento de liberación de las mujeres en las décadas de 1960 y 1970, Reed fue una de las fundadoras del grupo en defensa del aborto Women’s National Abortion Action Coalition en 1971. Durante esos años intervino y debatió sobre los derechos de las mujeres en todo Estados Unidos y en muchos otros países. Entre sus obras más conocidas se encuentra La evolución de la mujer, que ha sido traducida al farsi, al francés, al español, al sueco y al turco.

[3] James P. Cannon (1890 – 1974) fue hijo de inmigrantes irlandeses en Estados Unidos que tenían fuertes convicciones socialistas. Se unió al Partido Socialista en 1908 y a los Industrial Workers of the World (IWW), apodados Wobblies, en 1911. Colaboró estrechamente con “Big Bill” Haywood, un líder destacado de la IWW, y fue organizador de la IWW en todo el Medio Oeste desde 1912 hasta 1914. Como muchos socialistas de la época, quedó inspirado por la revolución rusa de 1917 y se convirtió en líder fundador del Partido Comunista de Estados Unidos y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en 1922. En 1928, tras su expulsión del Partido Comunista de Estados Unidos que se había vuelto pro-estalinista, ayudó a fundar y a dirigir la Liga Comunista de América, precursora del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP). En 1938 fue elegido secretario nacional del recién fundado SWP y ocupó ese cargo hasta 1953, y fue presidente nacional del partido hasta su muerte.

[4] Charles Wright Mills (1916 – 1962) fue un sociólogo muy conocido en Estados Unidos. Fue profesor de sociología en la Universidad de Columbia desde 1946 hasta su muerte. Mills publicó ampliamente tanto en revistas populares como académicas. Sus libros incluyen La élite del poder, Collar Blanco: Las clases medias estadounidenses, y La imaginación sociológica. En agosto de 1960, Mills visitó Cuba para descubrir por sí mismo qué pensaban y hacían los líderes revolucionarios cubanos y los cubanos comunes, y qué significaba para ellos su revolución. Luego publicó Escucha yanqui: La revolución cubana — un relato franco y de primera mano favorable a la revolución cubana. El libro vendió cientos de miles de ejemplares y en aquel momento se convirtió en una de las herramientas más efectivas para contrarrestar la propaganda de Washington contra la revolución cubana.

[5] Rose Greenberg Karsner (1890 – 1969) nació en Rumanía y emigró a Estados Unidos siendo niña. A los 18 años se unió al Partido Socialista en Nueva York. Inspirada por la revolución rusa de 1917, se unió al Partido Comunista de Estados Unidos (PC) en 1920. Conoció a Cannon en la convención del PC de 1921, y finalmente se convirtieron en compañeros y colaboradores de por vida. En 1925, ella y Cannon ayudaron a organizar la International Labor Defense [Defensa Obrera Internacional], que proporcionó apoyo legal a varios casos políticos en los años 20, siendo los más destacados los de Sacco y Vanzetti. Tras la muerte del líder bolchevique V.I. Lenin y la aparición del estalinismo, Karsner, al igual que Cannon, se mostró cada vez más insatisfecha con la dirección del PC y ayudó en la formación de la Liga Comunista de América en 1928. También participó en la formación del Partido Socialista de los Trabajadores y ejerció como directora comercial del periódico The Militant.

[6] La Guerra Civil Española (1936-1939) se libró entre los republicanos — una alianza que incluía a liberales, socialistas, anarquistas y comunistas — y los nacionalistas, una alianza de falangistas fascistas, monarquistas y conservadores con el apoyo tanto de la Alemania nazi como de los fascistas italianos. El conflicto inspiró a una generación de combatientes a favor de la clase trabajadora a nivel internacional, muchos de quienes viajaron a España en brigadas internacionales para luchar del lado de los republicanos. Entre 1936 y 1938 aproximadamente 3 mil voluntarios estadounidenses sirvieron como soldados, técnicos, personal médico y aviadores en un contingente conocido como la Brigada Abraham Lincoln.

[7] Josip Broz (1892-1980), conocido como Tito, fue el líder central del Partido Comunista Yugoslavo a partir de 1939. Durante la Segunda Guerra Mundial lideró a los partisanos yugoslavos contra la ocupación nazi de la región. Tras la guerra, se convirtió en el líder central del gobierno yugoslavo y supervisó el establecimiento de la República Socialista Federativa de Yugoslavia. Su desafío a la hegemonía soviética condujo a la ruptura Tito-Stalin, pero no condujo a una ruptura genuina con el estalinismo. Edvard Kardelj y Milova Djilas, también mencionados en la carta de Novack, estuvieron entre los líderes que colaboraron con Tito en el modelo económico adoptado en Yugoslavia.

[8] La élite del poder es un libro de 1956 del sociólogo C. Wright Mills. En él, Mills señala los intereses entrelazados de los líderes de los sectores corporativo, militar y político de la sociedad estadounidense y sugiere que el ciudadano común en tiempos modernos es manipulado por esas tres entidades. Cuando Mills menciona que Fidel Castro anotó este libro “en la sierra”, se refiere al periodo que llevó al derrocamiento  de la dictadura de Batista en Cuba en 1959, cuando la base de operaciones del Ejército Rebelde se encontraba en las regiones montañosas de la isla.

[9] Adolf A. Berle Jr. (1895 – 1971) fue un abogado y diplomático estadounidense. En 1961 sirvió brevemente bajo el presidente John F. Kennedy como jefe de un grupo de trabajo sobre asuntos latinoamericanos. Durante ese tiempo, participó en la formación de la respuesta de Washington a la Revolución Cubana, que incluyó la invasión de Bahía de Cochinos planeada por la CIA, la cual no logró derrocar al gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro.

[10] La CIA instigó un golpe de Estado en Guatemala que en 1954 derrocó al gobierno democráticamente electo de Jacobo Arbenz. Durante la década de 1960, la CIA continuó la intervención estadounidense en Guatemala, apoyando esfuerzos de contrainsurgencia contra guerrilleros de izquierda, entrenando al ejército y la policía guatemaltecos, proporcionando inteligencia, y supervisando el auge de brutales grupos terroristas estatales como la Mano Blanca, que atacaban a percibidos comunistas y poblaciones indígenas, atizando así una larga guerra civil en el país (1960-1996).

[11] Thorstein Bunde Veblen (1857 – 1929) fue un economista y sociólogo estadounidense que, durante su vida, se convirtió en un conocido crítico del capitalismo.

[12] Max Weber (1864 – 1920) fue un sociólogo, historiador y economista político alemán. Fue una de las figuras centrales en el desarrollo de la sociología y de las ciencias sociales en general.

[13] Wobbly es el apodo de los miembros de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés).

[14] Farrell Dobbs (1907 – 1983), trabajador en un depósito de carbón de poco más de 20 años, se convirtió en uno de los líderes centrales de las huelgas de camioneros y de las campañas por organizar a los conductores del transporte de carretera lideradas por el sindicato Teamsters en los años 30. Se unió a la Liga Comunista de América y fue uno de los fundadores del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP). Fue el candidato del SWP a la presidencia de Estados Unidos en cuatro elecciones entre 1948 y 1960. Sucedió a James P. Cannon como secretario nacional del partido en 1953, cargo que ocupó hasta 1972.

[15] Isaac Deutscher (1907 – 1967) nació cerca de lo que hoy es Cracovia, en Polonia. Se unió al proscrito Partido Comunista Polaco en 1926, en el que estuvo activo hasta su expulsión en 1932. En 1939, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Deutscher se trasladó a Londres, donde trabajó como periodista, historiador, académico, autor y activista político. Entre sus libros se encuentra la conocida trilogía biográfica del líder revolucionario ruso León Trotski — El Profeta Armado, El Profeta Desarmado, y El Profeta Marginado — así como Stalin: Una biografía política.

[16] John Reed (1887 – 1920) fue un periodista, poeta y activista político estadounidense. Reed alcanzó notoriedad por primera vez como corresponsal de guerra para la revista Metropolitan durante la Revolución Mexicana y para el periódico The Masses [Las masas] durante la Primera Guerra Mundial. Es conocido principalmente por su cobertura de la Revolución de Octubre en Petrogrado, Rusia, sobre la que escribió en su libro de 1919 Diez días que estremecieron al mundo un apasionado relato de primera mano sobre la revolución rusa de 1917.

[17] James Thomas Farrell (1904 – 1979) fue un novelista, cuentista y poeta estadounidense. Es recordado sobre todo por la trilogía Studs Lonigan, adaptada al cine en 1960 y a una serie de televisión en 1979. Fue presidente del Comité en Defensa de los Derechos Civiles en los años 40, que generó apoyo para los líderes del SWP y para las huelgas y la campaña de organización de los Teamsters en el Medio Oeste — quienes fueron incriminados y encarcelados durante la cacería de brujas bajo la Ley Smith.


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2 replies »

  1. Reflexión muy potente sobre C. Wright Mills y la imaginación sociológica. Invita a mirar nuestros problemas personales como parte de una estructura de poder más amplia. Inspirador y necesario hoy

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