El 1 de mayo de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump repitió una vez más sus amenazas de una invasión del país caribeño poro Estados Unidos. Tras un discurso de una hora en Palm Beach, Florida, Trump se refirió a Cuba, añadiendo: “y asumiremos control casi de inmediato”.
Ese mismo día, Trump firmó una nueva orden ejecutiva que intensifica las sanciones contra Cuba, especialmente las dirigidas a empresas e individuos en terceros países que realizan cualquier tipo de negocios con la nación caribeña, y señalando — por primera vez — que la Casa Blanca podría perseguir a individuos y organizaciones en Estados Unidos y otros países que envían ayuda humanitaria a Cuba.
El último edicto de la Casa Blanca se basa en la orden ejecutiva que Trump emitió el 29 de enero, declarando una “emergencia nacional” debido a la “amenaza inusual y extraordinaria” que Cuba supuestamente representa para Estados Unidos, y anunciando que Washington impondrá severos aranceles punitivos a cualquier país que le venda petróleo a Cuba.
Mientras millones de personas marchaban en Cuba por el Día Internacional de los Trabajadores, “el régimen de Donald Trump eligió intensificar su guerra económica contra la heroica nación isleña. Este momento no es coincidencia. Es profundamente simbólico: una declaración imperial emitida el mismo día en que el pueblo cubano reafirma públicamente su compromiso revolucionario ante el mundo”.
Esto es lo que escribió Isaac Saney en un ensayo en su página de Facebook el 1 de mayo de 2026. Saney es especialista en estudios sobre Cuba y el pueblo Negro y profesor de Estudios e Historia de la Diáspora Negra Africana de la Universidad Dalhousie en Halifax, Canadá. También es miembro de la junta ejecutiva de la Red Canadiense sobre Cuba.
A continuación publicamos el ensayo de Saney para la información de nuestros lectores, porque refleja con precisión las implicaciones que la orden ejecutiva de Trump del 1 de mayo tiene para Cuba y para el movimiento de solidaridad con Cuba.
El titular y el texto que siguen son del original. Los subtítulos, las notas, las fotos y la traducción son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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Agresión el Primero de Mayo: La escalada de Trump contra Cuba señala fracaso, desesperación y el peligro de una agresión militar
Por Isaac Saney 1º de mayo de 2026*
El 1º de mayo — Día Internacional de los Trabajadores — mientras millones de personas en toda Cuba marchaban en desafío, celebrando la soberanía, la dignidad y la justicia social — y el sistema socialista que es garante de estos logros — el régimen de Donald Trump eligió intensificar su guerra económica contra la heroica nación isleña. Este momento no es coincidencia. Es profundamente simbólico: una declaración imperial emitida el mismo día en que el pueblo cubano reafirma públicamente su compromiso revolucionario ante el mundo.
La recién promulgada orden ejecutiva no representa fortaleza, sino desesperación. Durante más de seis décadas Estados Unidos ha llevado a cabo una campaña implacable para sofocar la Revolución Cubana — económica, política y socialmente. Sin embargo, Cuba ha perdurado. A pesar de un bloqueo del petróleo y el combustible que se ha intensificado, la isla ha demostrado resiliencia, creatividad e ingenio extraordinarios para sostener a su sociedad bajo asedio.
Por lo tanto, la escalada descrita en la orden ejecutiva del 1 de mayo debe entenderse como una admisión de fracaso. El objetivo de larga data de Washington — fracturar la unidad de la dirección revolucionaria cubana, erosionar el apoyo popular y, en última instancia, colapsar el proyecto socialista — no se ha materializado. En cambio, el compromiso de Cuba con la independencia, la soberanía y la justicia social permanece intacto y profundamente arraigado entre su pueblo.
Mediante la expansión de la guerra económica Washington busca criminalizar la supervivencia. La orden ejecutiva amplía drásticamente el alcance de las sanciones, afectando prácticamente a todos los sectores de la economía cubana — la energía, las finanzas, la minería y demás. También extiende las medidas punitivas de forma extraterritorial, amenazando a las instituciones financieras extranjeras que colaboran con Cuba.
Aunque la extraterritorialidad ya existía en legislaciones anteriores — por ejemplo, la Ley Helms-Burton de 1996[1] — La nueva orden ejecutiva de Trump representa una peligrosa escalada del asedio económico: no solo un intento de aislar a Cuba, sino un esfuerzo por imponer el cumplimiento global mediante la coacción. Es una guerra económica en su forma más expansiva y punitiva.
Una pregunta que se plantea ahora es si la asistencia humanitaria está siendo directamente afectada. De forma crucial, la orden ejecutiva también criminaliza el apoyo material, afirmando: “está prohibido… realizar o recibir cualquier contribución de fondos, bienes o servicios”.
Este lenguaje tiene implicaciones de gran alcance. Señala un intento de ahogar no solo las relaciones entre estados, sino también la asistencia humanitaria y solidaria. Una de las disposiciones más alarmantes se refiere a las donaciones de alimentos, ropa y medicinas. La orden establece explícitamente que tales donaciones pueden estar prohibidas si se considera que “perjudican gravemente” los objetivos de la política estadounidense. Esto no equivale a una prohibición general y universal de todas las donaciones humanitarias. Sin embargo, otorga un amplio poder discrecional para prohibirlos en la práctica — especialmente si se considera que los beneficiarios están vinculados al Estado cubano o a entidades sancionadas.
En la práctica, esto crea una realidad escalofriante: la ayuda humanitaria puede ser bloqueada por motivos políticos. Los esfuerzos de solidaridad pueden ser criminalizados. Las necesidades básicas — alimentos, medicinas, ropa — se convierten en instrumentos de coerción geopolítica. Esto no es simplemente política: es la instrumentalización del sufrimiento humano.
¿Se está preparando Washington para atacar al movimiento de solidaridad con Cuba?
La amplitud de la orden ejecutiva plantea una pregunta urgente y preocupante: ¿Se está preparando Washington para atacar directamente al movimiento de solidaridad con Cuba? ¿Es este un nuevo frente en la guerra contra Cuba? El lenguaje en torno al “apoyo material” es lo suficientemente amplio como para implicar potencialmente a organizaciones de solidaridad; activistas, grupos humanitarios e individuos enviando ayuda o participando en esfuerzos cooperativos.
Dada la creciente ola de apoyo a Cuba — tanto a nivel internacional como dentro de Estados Unidos — esto quizá no sea sorprendente dada la malevolencia cada vez más grande del imperialismo estadounidense. El movimiento de solidaridad ha expuesto cada vez más el costo humano y la bancarrota moral del bloqueo. En lugar de reconsiderar una política fallida, la respuesta parece ser una escalada — y posiblemente represión.
Irónicamente, mientras Estados Unidos busca aislar a Cuba, es Washington quien se encuentra cada vez más aislado. La comunidad internacional ha condenado repetidamente el bloqueo, y muchos Estados continúan proporcionando apoyo material y político a Cuba.
Desde acuerdos bilaterales de cooperación hasta campañas de solidaridad desde las bases, la resistencia global a la política estadounidense está creciendo. Las manifestaciones del 1º de mayo en Cuba — a las que asistieron delegaciones internacionales — fueron un testimonio visible de esa perdurable solidaridad.
Frente a la resiliencia cubana y el apoyo global generalizado a Cuba, la desesperación del imperio ha crecido, y esa desesperación aumenta el peligro de una escalada militar.
La historia nos enseña que las estrategias imperiales fallidas a menudo dan paso a formas de agresión más peligrosas. La incapacidad de lograr un cambio de régimen mediante la estrangulación económica puede provocar alternativas más imprudentes. Esta es la mayor preocupación: que la frustración dentro de los círculos políticos estadounidenses podría conducir a una agresión militar directa. Tal medida no solo sería catastrófica para Cuba, sino que desestabilizaría la región y dejaría al descubierto aún más la contradicción de las afirmaciones de Estados Unidos de que defiende el derecho internacional y la democracia.
De hecho, la resistencia de Cuba ha intensificado la crisis del imperio. La orden ejecutiva del 1º de mayo no es una demostración de poder — es una manifestación de esta crisis. Refleja un imperio incapaz de aceptar la persistencia de una pequeña nación que se niega a someterse. La resiliencia revolucionaria de Cuba — su capacidad para sobrevivir, adaptarse y seguir afirmando su soberanía — han reducido a la ineficacia las décadas de esta política estadounidense. La respuesta, más que una reevaluación, es la escalada: los objetivos son profundizar el sufrimiento humano mediante la guerra económica; criminalizar la solidaridad global, y amenazar con desatar una agresión militar.
La importancia del Primero de Mayo
En este contexto, la importancia del Primero de Mayo se vuelve aún más clara. Mientras Washington emite y celebra órdenes de coacción, el pueblo cubano — y sus camaradas y apoyos en todo el mundo — siguen afirmando una visión diferente: una basada en la dignidad, la resistencia y la solidaridad internacional.
La lucha, lejos de extinguirse, se intensifica — y también lo hace el reconocimiento global de que la resistencia de Cuba no es solo supervivencia, sino un profundo desafío a la lógica del imperio y una inspiración para quienes aspiran a crear un mundo nuevo, mejor, y justo.
* Isaac Saney es especialista en estudios sobre Cuba y el pueblo Negro y profesor de Estudios e Historia de la Diáspora Negra Africana de la Universidad Dalhousie en Halifax, Canadá. También es miembro del comité ejecutivo de la Red Canadiense sobre Cuba.
NOTAS
[1] La Ley Helms-Burton fue aprobada por el Congreso de Estados Unidos y firmada en 1996 por el entonces presidente Bill Clinton, del partido demócrata. Oficialmente se denomina Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana (LIBERTAD). Esta ley federal endureció la guerra económica de Washington contra Cuba y codificó el embargo económico y comercial que tenía décadas de antigüedad. Hizo ilegal que el embargo pudiera levantarse por simple orden ejecutiva, exigiendo que el Congreso actuara una vez que un “gobierno de transición” esté instalado en Cuba. El Título III de esta ley permite a los ciudadanos estadounidenses demandar a empresas que obtuvieran ganancias de propiedades confiscadas por el gobierno tras la revolución cubana de 1959. Esta cláusula estuvo suspendida durante más de 20 años hasta que la administración Trump la activó en 2019.
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Categories: Cuba/Solidaridad con Cuba
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