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Momento del Mundial #3: ¡Las Malvinas son argentinas!



El 15 de julio de 2026 la selección argentina venció a Inglaterra 2-1 en la semifinal del Mundial en Atlanta, Georgia, avanzando a la final contra España. Fue una victoria impresionante ya que durante la mayor parte del partido Argentina iba perdiendo 1-0 contra Inglaterra, pero anotó dos goles en los últimos siete minutos del encuentro.

Los aficionados argentinos celebraron con estruendosas celebraciones, especialmente en Buenos Aires, la capital del país, donde más de un millón de personas asistieron al centro de la ciudad.

Los aficionados argentinos inundan el centro de Buenos Aires para celebrar la victoria de su equipo sobre Inglaterra el 15 de julio de 2026. (Foto: AP)

Unos minutos después del final del partido hubo un momento que nos llamó la atención como el que más valía la pena destacar. Los jugadores argentinos, ante a miles de aficionados jubilosos en el estadio de Atlanta, desplegaron un cartel que decía en español: “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS”, provocando vítores aún más fuertes en las gradas.

Los jugadores argentinos portan una pancarta que dice en español “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS” después de su victoria sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial en Atlanta, Georgia, el 15 de julio de 2026.

Fue una bienvenida bofetada en la cara al chovinismo y al imperialismo británicos. ¡Vamos, vamos, Argentina!

Las cámaras de Fox TV captaron un instante de la escena transmitida en vivo alrededor del mundo y de inmediato cortaron a otra. Pero el acto político fue ampliamente cubierto en América Latina, donde existe una gran simpatía por el reclamo de Argentina sobre las Islas Malvinas en el Atlántico Sur.

Gran Bretaña invadió esas islas hace casi dos siglos, las tomó como colonia y desde entonces las ha mantenido por la fuerza — recurriendo incluso a la guerra en 1982.

Es por eso que publicamos a continuación un artículo que apareció en la edición del 12 de abril de 1982 de Intercontinental Press (y que fue reimpreso en la edición del 16 de abril de 1982 del periódico The Militant), añadiendo un epílogo al final.

Estos materiales ofrecen un contexto histórico sobre el conflicto, que subyace las tensiones latentes del partido del 15 de julio, los encuentros anteriores entre ambos equipos, y en las relaciones entre el imperialismo británico y la Argentina semicolonial.

El titular, el texto y los subtítulos que siguen son del original. Las fotos y la traducción son de Panorama-Mundial.

— Los editores de Panorama-Mundial

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¡Manos británicas fuera de Argentina!

Por David Frankel

“Si tenemos que pelear, lo haremos”, declaró el secretario de Defensa británico John Nott el 4 de abril [de 1982], mientras la flota británica más grande reunida desde la Segunda Guerra Mundial se preparaba para zarpar hacia Argentina.

Liderados por los portaaviones Invincible y Hermes, y acompañados por submarinos nucleares, cruceros ligeros y otros buques de guerra, la fuerza de tarea de 36 buques zarpó el 5 de abril.

Marines británicos en el portaaviones Hermes hacen ejercicio mientras se dirigen al Atlántico Sur en la primavera de 1982.

El despliegue de guerra británico fue en respuesta a la decisión del gobierno argentino de tomar posesión de las Islas Malvinas (llamadas Falkland Islands por los británicos). Varios miles de soldados argentinos desembarcaron en las Malvinas el 2 de abril [1982], una acción que enfureció a la clase dominante británica.

Aunque las islas [que están a 8 mil millas de Gran Bretaña y 250 millas de Argentina] pertenecen legítimamente a Argentina, la primera ministra británica Margaret Thatcher [del Partido Conservador, o Tories] denunció la medida de Argentina como “un acto de agresión no provocada”, y Nott prometió “restaurar la administración británica en las Falklands aunque tengamos que luchar”.

Un líder del Partido Conservador se quejó en el pleno del Parlamento: “Hemos fallado en defender la integridad de una de nuestras últimas colonias”.

El liderazgo del Partido Laborista [que ha alternado con los conservadores en el gobierno británico] se alineó perfectamente con la campaña chovinista que estaban fomentando los gobernantes británicos. En lugar de señalar que los trabajadores británicos no tienen interés alguno en defender las posesiones coloniales, el liderazgo laboral criticó a Thatcher por no haber enviado tropas a las Malvinas antes.

Pero la oposición a los movimientos bélicos de Thatcher ya se empezaba a expresar entre los trabajadores. Esto se vio reflejado el 6 de abril, cuando el comité internacional del Partido Laborista rechazó una propuesta de condenar el envío de la flota naval por un estrecho margen de 6 a 5.

Reagan advierte de una ‘agresión’

Respaldando la demanda británica de retirar las fuerzas argentinas de las Malvinas, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió un comunicado diciendo: “Le hemos comunicado al Gobierno de Argentina que deploramos el uso de la fuerza para resolver esta disputa. Hacemos un llamado a Argentina para que cese inmediatamente las hostilidades y retire sus fuerzas militares de las Islas Malvinas”.

El presidente [Ronald] Reagan, en una llamada telefónica personal al presidente argentino Leopoldo Galtieri, le advirtió que cualquier medida argentina destinada a tomar el control de las Malvinas sería vista por Estados Unidos como un “acto de agresión argentina”.

El secretario de Relaciones Exteriores británico, Lord Carrington, quien luego renunció, le dijo a los reporteros en Londres que “el gobierno de Estados Unidos ha sido sumamente útil”.

Los responsables de la política estadounidense estaban particularmente molestos por la medida argentina, ya que ocurre al mismo tiempo que se intensifica la confrontación entre el imperialismo y las revoluciones sociales en Centroamérica. [El Frente Sandinista de Liberación Nacional había derrocado una dictadura respaldada por Estados Unidos en Nicaragua en 1979, y en El Salvador se libraba una guerra civil entre una junta respaldada por Estados Unidos y rebeldes de izquierda.—P-M]. Washington ha estado presionando al régimen argentino para que juegue un papel más prominente en el esfuerzo contrarrevolucionario en esa zona.

Miembros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional observan un avión de vigilancia militar salvadoreño que vuela a baja altura cerca del volcán de Guazapa, en la carretera hacia Suchitoto, El Salvador, el 21 de octubre de 1983. (Foto: Robert Nickelsberg / Getty Images)

Pero el gobierno argentino ya enfrentaba una fuerte resistencia de la clase trabajadora a sus planes de intervenir en Centroamérica. Con el sentimiento antiimperialista avivándose aún más en torno al tema de las Malvinas, y con Washington apoyando a los británicos, al régimen le resultará más difícil plegarse en acción común con los gobernantes estadounidenses.

Es por eso que la administración Reagan está instando al gobierno británico y al argentino a llegar a un acuerdo negociado. Pero mientras tanto, la flota británica sigue en su peligroso curso.

¿Dictadura o democracia?

No es sorprendente que los partidarios del imperialismo británico señalaran el hecho de que Argentina está gobernada por una dictadura militar. “Irrumpir en las prácticamente indefensas Malvinas le da a los generales y almirantes que gobiernan en Buenos Aires la oportunidad de distraer la atención de sus fracasos internos y de motivar el orgullo patriótico”, señalaron los editores del New York Times el 3 de abril.

Estos firmes partidarios de la junta asesina en El Salvador expresaron el temor piadoso de que “con un enfrentamiento probable, se vuelve más fácil justificar una nueva ola de represión contra la disidencia interna [en Argentina]”.

Es cierto que el ejército argentino espera que la disputa sobre las Malvinas fortalezca su posición interna. El país está en medio de una profunda crisis económica, y el 30 de marzo tuvieron lugar las protestas más grandes desde que las fuerzas armadas tomaron el poder en 1976. Según los periódicos argentinos, hubo alrededor de 2 mil arrestos en todo el país, y dos personas murieron cuando la policía abrió fuego contra los manifestantes en Mendoza.

Pero el carácter del régimen actual en Argentina no es lo que está en juego en la disputa sobre las Malvinas. La mayoría de quienes se oponen al régimen militar apoyan el reclamo de Argentina sobre las islas. Otro gobierno podría llegar al poder en Argentina el mes próximo, pero el tema de la soberanía sobre las Islas Malvinas, que ya lleva 150 años, no va a desaparecer.

Lo que esto implica es una confrontación entre una potencia imperialista y uno de los países que ha oprimido por más de un siglo. De hecho, la economía argentina estuvo dominada por Gran Bretaña hasta la Segunda Guerra Mundial. Hoy, los británicos están decididos a mantener su control sobre las Islas Malvinas porque los campos petroleros en la zona costera pueden ser tan ricos como el hallazgo del Mar del Norte.

¡Alto a las amenazas británicas!

Solo hay que mirar un mapa para sustentar el reclamo de Argentina sobre las Malvinas. Pero en 1833 el Imperio Británico tomó el control de las islas y obligó a los colonos argentinos a abandonarlas. Fueron reemplazados por colonos británicos.

(Gráfico: The Washington Post)

Argentina ha estado negociando la devolución de las Malvinas durante décadas. El tema se abordó en una conferencia en La Habana en 1940 y en las Naciones Unidas en 1958. En 1971 se firmó un acuerdo para la integración gradual de las islas a Argentina, pero las negociaciones fracasaron en 1973. Las últimas conversaciones se han estado llevado a cabo desde 1978.

Como explicó Galtieri en una transmisión nacional tras la ocupación de las islas por las fuerzas argentinas, era necesario “poner fin a la interminable sucesión de evasivas y retrasos británicos diseñados para perpetuar su dominio sobre las islas y su zona de influencia”.

Los imperialistas británicos han usado como excusa el deseo de los 1,800 colonos que residen en las Malvinas de mantener su vínculo con Gran Bretaña. Nadie le está negando a los colonos angloparlantes el derecho de a permanecer en las islas. Pero, al igual que en el caso de Irlanda del Norte, los colonos británicos no tienen derecho a establecerse en tierras de otro país y luego reclamar esas tierras para Gran Bretaña.

Las Islas Malvinas pertenecen a Argentina. El movimiento obrero en todo el mundo debería exigir que los imperialistas británicos detengan inmediatamente sus amenazas militares y retiren sus fuerzas de la región.

De Intercontinental Press

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Epílogo por la redacción de Panorama-Mundial

Después de una guerra de 10 semanas, las fuerzas militares británicas le asestaron un duro golpe a la soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas y a la lucha contra el imperialismo. Tomaron Puerto Argentino (Port Stanley) y forzaron la rendición de 15 mil soldados argentinos el 14 de junio de 1982.

Aunque la mayoría de las naciones del mundo reconocían la soberanía argentina sobre las Malvinas, el gobierno británico contaba con el respaldo de todas las grandes potencias imperialistas, y especialmente Washington, en ese conflicto. El Pentágono le brindó a Gran Bretaña inteligencia esencial, armas y municiones. También permitió que la flota británica y sus bombarderos se reabastecieran de combustible en las bases militares estadounidenses en la isla Ascención, en el Atlántico medio. La Comunidad Económica Europea, predecesora de la Unión Europea, impuso una prohibición total a las importaciones argentinas.

El gobierno británico libró esta sangrienta guerra para restablecer su control colonial sobre las islas, que había tomado por la fuerza de Argentina en el siglo XIX. Organizó su mayor movilización naval desde la Segunda Guerra Mundial para llevar a cabo una guerra contra una nación oprimida a casi 8 mil millas de sus costas.

En Argentina, las masas se unieron en defensa de su país contra la agresión de Thatcher y Reagan. Cientos de jóvenes perdieron la vida o resultaron heridos en batalla, y miles fueron hechos prisioneros.

Días después de que las fuerzas argentinas tomaran el control de las Malvinas el 2 de abril de 1982, se llevó a cabo un gran mitin en apoyo al despliegue en la Plaza de Mayo en Buenos Aires, Argentina. (Foto: Kirill Kudryavtsev/ AFP)

Pero la mayoría de la gente no pensaba que la junta militar que encabezaba la defensa hizo todo lo que pudo. Y, sobre todo, sentían que no habían recibido un relato honesto del gobierno sobre por qué ocurrió la derrota militar.

Miles se manifestaron para expresar su enojo y exigir la renuncia del presidente Leopoldo Galtieri. Ellos coreaban: “Los muchachos que murieron no serán traicionados por sus generales”.

El trato brutal a los manifestantes por parte de la policía de la junta atizó la ira aún más.

Durante la guerra la junta — ya sin el apoyo de Washington y bajo presión de las masas — comenzó a hacerle concesiones al movimiento de masas. Esperaba evitar una explosión social del tipo que sacudió a la Argentina a principios de los años setenta y llevó al fin de la dictadura militar anterior en 1973.

La dictadura militar argentina cayó en diciembre de 1983. Pero las Malvinas han permanecido bajo el dominio colonial británico hasta el día de hoy.

Para la clase trabajadora en Estados Unidos y en todo el mundo la mejor manera de ayudar en esta lucha es unirse a los jugadores argentinos y al pueblo argentino para exigir que las fuerzas británicas se retiren de las “Falklands” y que se reestablezca la soberanía argentina sobre las Malvinas.


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