Cuba/Solidaridad con Cuba

La diatriba anticubana de Rubio: un ataque al estilo McCarthy contra los derechos democráticos (II)



(Esta es la segunda de dos partes. La primera se puede consultar en la Parte I.)

Por Yvonne Hayes y Argiris Malapanis

El Departamento de Estado de Estados Unidos alega que, a través de su “imperio de espionaje”, Cuba ha dirigido durante décadas las actividades de activistas estadounidenses por la paz, los derechos civiles y los derechos laborales.

“Muchas de las convulsiones más significativas de la historia política de Estados Unidos en los últimos tiempos”, sostiene el documento, “desde los disturbios por George Floyd hasta el auge de Antifa, pasando por la explosión del activismo pro-terrorista en los campus universitarios estadounidenses, pueden vincularse, de alguna manera, forma o modalidad, a la influencia cubana”.

Los propagandistas de Estados Unidos son expertos en fabricar esos “vínculos”.

Un ejemplo es la “prueba” de que, ya en 1960, La Habana financió la fundación del Comité Fair Play for Cuba. Sin embargo, la única prueba que se ofrece de tal conexión financiera es un cheque personal supuestamente emitido por un diplomático cubano para cubrir parte de los costes de un anuncio a página completa en el New York Times titulado “¿Qué está pasando realmente en Cuba?”. No hay ni una pizca de prueba de que las actividades de Fair Play fueran financiadas en algún momento por nadie más que donantes privados estadounidenses.


ANÁLISIS DE NOTICIAS


Otro ejemplo de supuesta actividad de espionaje por Cuba, esbozado en el capítulo “Revolución racial”, son las acusaciones contra Robert F. Williams.

“Williams es considerado uno de los padrinos intelectuales del movimiento militante del “Black Power” en Estados Unidos”, afirma el documento. “Pero muchas de sus ideas no se originaron en suelo estadounidense; fueron proyectadas al país desde Cuba”.[1]

Cegados por su racismo arraigado, los autores de esta fábula no pueden comprender — o, más exactamente, intentan ocultar — que antes de que Williams fuera a Cuba en 1960 ya era un líder muy conocido del movimiento por los derechos civiles.

Es posible que el pensamiento de Williams evolucionara durante su exilio. Pero sus puntos de vista fundamentales sobre el mundo y sobre el derecho de los pueblos oprimidos a la autodefensa se forjaron en la lucha para acabar con la segregación racial denominada Jim Crow en la década de 1950. Sus propias experiencias organizando a la comunidad negra de Carolina del Norte para defenderse de la violencia del Ku Klux Klan — que estaba respaldado por funcionarios racistas en los gobiernos locales y estatales — moldearon su visión del mundo.

En esta foto de 1969 (a la izquierda), Robert F. Williams organiza a la comunidad negra de Monroe, Carolina del Norte, para defenderse de los tiroteos desde vehículos en marcha perpetrados por el Ku Klux Klan, cuyos miembros constituían casi la mitad de la población de la localidad. Solo después de que los negros empezaron a dar respuesta cuando el Klan abría fuego contra las casas de sus vecinos, las autoridades de Monroe prohibieron que las caravanas del Klan operaran sin permiso. Los esfuerzos inquebrantables de Williams para confrontar la segregación de Jim Crow y a la complicidad de las autoridades en el terrorismo contra los negros le valieron la ira de J. Edgar Hoover, el entonces director del FBI.

“Cuba desempeñó un papel fundamental en la formación de la ideología del Black Power”, afirma el documento. “A lo largo de los siglos XX y XXI, el régimen ha tratado de cultivar una quinta columna de extremistas estadounidenses negros mediante llamados a la solidaridad racial internacional, presentando tanto a los cubanos como a los afronorteamericanos como pueblos oprimidos del Tercer Mundo alineados contra el enemigo común de la Norteamérica blanca”.

Este mensaje racista encubre el hecho de que fue el Gobierno de Estados Unidos el que persiguió a estos supuestos “extremistas”, que en realidad eran nacionalistas negros y otros defensores de los derechos civiles. No necesitaban que Cuba les dijera qué pensar o qué hacer. Se rebelaron para poner fin a los linchamientos, los asesinatos y el terror que a menudo se llevaban a cabo en concierto con las autoridades gubernamentales.

En sus esfuerzos por organizarse contra el racismo institucionalizado (un término que los guionistas de Rubio ponen entre comillas), se convirtieron en víctimas de la red de espionaje de Washington a través de una campaña organizada de espionaje interno y desestabilización, conocida como COINTELPRO.[2]

Muchos de los que lucharon por la liberación negra se inspiraron en las revueltas anticoloniales en África y en otros lugares, y tomaron nota de la solidaridad de Cuba con la lucha por acabar con el colonialismo.

Pero al argumentar que Cuba orquestaba tanto las revoluciones anticoloniales como el movimiento de liberación negra en Estados Unidos, los escribas de Rubio pasan por alto lo que Cuba hizo realmente.

En concreto, guardan silencio sobre el papel de Cuba en la defensa de la recién independizada Angola frente a la invasión por la Sudáfrica del apartheid. Quizá esta historia sea demasiado conocida y haya sido aplaudida con gran entusiasmo.

Rubio y compañía preferirían no recordarnos que el Gobierno de Estados Unidos apoyó al régimen racista mediante el reconocimiento diplomático, el compromiso económico diseñado para beneficiar a la minoría blanca y la cooperación en materia de inteligencia, lo que ayudó a reprimir el movimiento contra el apartheid. También preferirían ocultar el hecho de que la derrota del ejército sudafricano a manos de las fuerzas angoleñas, namibias y cubanas en 1988 contribuyó a la caída definitiva del régimen racista del apartheid media década más tarde.[3]

¿Culpable por asociación?

Otra distorsión para reforzar la afirmación de que los espías cubanos “promueven el terrorismo” es la mención — otra vez completamente fuera de contexto — de que, en 1982, “las fuerzas del orden en Florida declararon haber detenido a miembros de los servicios de inteligencia cubanos que enseñaban a jóvenes negros de Miami a lanzar bombas incendiarias contra los colegios”.

¿Qué dijo realmente el supuesto testigo? “La Brigada Antonio Maceo[4] ha tenido a varios de sus miembros presuntamente implicados y vinculados con el activista negro condenado, Al Featherston, sentenciado a principios de la década de 1970 por enseñar a jóvenes negros a lanzar bombas incendiarias contra colegios de la comunidad negra”, reza la transcripción del testimonio de un agente estadounidense.

En primer lugar, Featherston fue condenado en 1971; la Brigada ni siquiera se fundó hasta 1977. En segundo lugar, estar “presuntamente implicados y vinculados” a alguien que en su día fue condenado por un delito dista mucho de ser “sorprendidos in fraganti”. Pero este es el método de la Gran Mentira: sembrar una semilla, repetir la falsedad y esperar a que eche raíces.

Es un hecho que Cuba — como cualquier otra nación — cuenta con un servicio de inteligencia, y uno de los mejores. La isla se encuentra a 90 millas de una potencia hostil que posee la red de espionaje más grande, cara, tecnológicamente avanzada y de mayor alcance del mundo. Durante décadas la CIA y otras agencias estadounidenses han destinado enormes recursos al derrocamiento de la Revolución Cubana.

Además de una gigantesca maquinaria de propaganda, los espías estadounidenses ayudaron a orquestar la invasión de Bahía de Cochinos de 1961, el atentado con bombas en 1976 contra un avión civil cubano en el que murieron las 73 personas a bordo, y más de 600 intentos fallidos de asesinar a Fidel Castro. Washington también ha dado amparo a numerosos terroristas y organizaciones anticubanas, entre ellas Alfa 66 y la Brigada 2506 — ambas con campos de entrenamiento paramilitar en el sur de Florida — y a grupos de provocadores como Hermanos al Rescate.[5]

Las familias cubanas lloran a las víctimas del atentado contra el vuelo 455 de Cubana, ocurrido el 6 de octubre de 1976. Varios cubanos contrarrevolucionarios vinculados a la CIA fueron implicados, entre ellos el exagente de la CIA Luis Posada Carriles y su colaborador Orlando Bosch, quienes buscaron y encontraron refugio en la comunidad cubana de extrema derecha en Miami. Otros atentados ese año incluyeron el asesinato de un funcionario cubano en México y de otros dos funcionarios cubanos en Argentina.

No debería sorprender a nadie que los revolucionarios cubanos intenten mantenerse al tanto de lo que Washington está tramando, en particular las actividades de los matones de extrema derecha a quienes el Gobierno de Estados Unidos brinda santuario.

Pero la idea de que Cuba esté “fomentando el terrorismo” en Estados Unidos es absurda.

La criminalización de la solidaridad con Cuba

El Departamento de Estado alega que el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) es el centro nervioso de la red cubana de “operaciones de espionaje”.

El Instituto es la entidad cubana que colabora con organizaciones solidarias y otras entidades de todo el mundo para ayudar a superar los obstáculos creados por el bloqueo de Estados Unidos, coordinando viajes y envíos de ayuda material. Aunque el ICAP señala las necesidades del pueblo cubano, no dicta cómo deben responder u organizarse los grupos en Estados Unidos ni los de otros lugares.

Sin embargo, muchos de estos grupos se encuentran ahora en la mirilla de Washington. A algunos de ellos ya se les ha notificado que están siendo investigados o se les ha citado para comparecer ante los tribunales o presentar registros de su actividad.

Pero los ataques del Departamento de Estado no se limitan a las actividades de solidaridad con Cuba.

Las recientes protestas contra la guerra israelí en Gaza y Cisjordania, respaldada por Estados Unidos, y la resistencia en curso a la brutal campaña del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra los trabajadores inmigrantes y sus defensores también están supuestamente inspiradas por La Habana. ¿Las pruebas? Organizaciones como CODEPINK y los Socialistas Democráticos de América (DSA) — supuestamente influenciadas por agentes cubanos — han promovido y se han sumado a dichas protestas.

Izquierda: Un campamento en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 2024 en protesta por la complicidad de la universidad en el genocidio en Palestina. (Foto: Charles Krupa / AP). Derecha: Mahmoud Khalil, un inmigrante legal en Estados Unidos y líder de las protestas estudiantiles pro-palestinas en la Universidad de Columbia, fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en marzo de 2025 y permaneció recluido durante 105 días; Washington sigue intentando deportarlo. (Foto: Scott Heins / New York Times). Este es el tipo de actividades protegidas por la Constitución que ahora se ven amenazadas por el giro macartista del Gobierno de Estados Unidos.

Un insulto a la inteligencia de la clase trabajadora

Una faceta de la mentalidad del Gobierno es la insultante falta de reconocimiento que le otorga a sus opositores políticos de ser capaces de pensar por nosotros mismos. Washington ve a la clase trabajadora y a nuestros aliados como ovejas, y las únicas órdenes que quiere que sigamos son las suyas.

Refiriéndose al auge de la conciencia negra en la década de 1960, el documento afirma que Cuba le dijo “al afronorteamericano de Detroit [que él] no era, en primer lugar y ante todo, un “trabajador”; era un sujeto colonizado, un hermano revolucionario del campesino vietnamita y del rebelde congoleño, un miembro de una colonia distintiva del Tercer Mundo incrustada en el corazón del imperio”.

A personas como Trump y Rubio les resulta inconcebible que un trabajador negro del sector automotriz pueda identificarse — sin que nadie le insista — al mismo tiempo como trabajador y como parte de una nacionalidad oprimida.

En cada uno de los numerosos ejemplos esgrimidos en el tratado del Departamento de Estado, lo que es evidente a simple vista son estos mismos elementos — citas selectivas de hechos, distorsión de los acontecimientos históricos, imágenes y citas sacadas de contexto, silencio sobre el papel de las políticas y acciones de Estados Unidos que pudieran avivar la disidencia, y un absoluto desprecio por la inteligencia del pueblo de Estados Unidos.

Al intentar desenmarañar las mentiras, el reto consiste en no perder de vista la grave amenaza que presagia esta proclamación de Rubio.

El Gobierno ya ha iniciado investigaciones y procesos judiciales basados en el memorándum de la Casa Blanca de septiembre de 2025: La lucha contra el terrorismo interno y la violencia política organizada. El objetivo declarado es “investigar y desarticular” a los opositores políticos del Gobierno bajo el pretexto de luchar contra el “terrorismo interno”.

Varios de los grupos mencionados en el documento del Departamento de Estado han comenzado a organizar su defensa. Un grupo de funcionarios públicos — entre los que se incluye una delegación de congresistas liderada por Ilhan Omar, la congresista estadounidense por Minnesota — está alzando la voz.

El People’s Forum, que recibió una citación del Congreso para presentar “comunicaciones internas, registros organizativos y documentos financieros antes del 7 de agosto”, está pidiendo al público que firme una carta abierta en contra del ataque a su organización y que contribuya económicamente a su defensa.

CODEPINK, el Gremio Nacional de Abogados, Metro DC DSA y otras organizaciones han publicado comunicados en los que condenan el folleto del Departamento de Estado, defienden sus acciones bajo la libertad de expresión protegida por la Constitución, y reiteran su oposición al bloqueo de Cuba por parte de Estados Unidos.

Sin embargo, hasta el momento no existe una respuesta coordinada a nivel nacional.

Un buen punto de partida sería una campaña de educación y sensibilización llevada a cabo por una coalición de estos grupos y personas, junto con sindicatos, organizaciones de derechos civiles, veteranos contra la guerra y otras personas que se oponen a las guerras de Estados Unidos, al terror de ICE y a los ataques contra la libertad de expresión. Las charlas informativas, los foros públicos y otras actividades de un frente único pueden empezar a forjar un movimiento en defensa de las libertades civiles y para proteger a las organizaciones y activistas que ahora están en la mirilla.

(Esta es la segunda de dos partes. La primera se puede consultar en la Parte I.)


NOTAS

[1] Robert F. Williams nació en Monroe, Carolina del Norte, en 1925. De joven se unió a la “Gran Migración” hacia el norte y comenzó a trabajar en las fábricas de Detroit. Después de ser reclutado en 1944, Williams sirvió en el ejército hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando regresó a Monroe.

Allí se involucró en la lucha por la desegregación del pueblo, llegando a ser presidente de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP). Pero en ese pueblo de apenas 12 mil habitantes había un capítulo del Ku Klux Klan de casi 7,500 personas. Frente a la violencia del Klan — y de la policía — contra la comunidad negra, Williams se convirtió en un defensor del derecho de su pueblo a la autodefensa armada.

En 1959, una pareja blanca — conocidos racistas — fue confrontada en el vecindario de Williams por una multitud enojada. La pareja buscó refugio en su casa, pero luego lo acusaron de “secuestro”. Enfrentando una orden federal, Williams abandonó Carolina del Norte y finalmente terminó en Cuba en 1961. Regresó para enfrentar cargos en 1969. El caso fue desestimado a petición de los fiscales en 1975.

[2] COINTELPRO (Programa de Contrainteligencia) fue un programa secreto e ilegal dirigido desde 1956 hasta 1971 por el Buró Federal de Investigación (FBI) de Estados Unidos. Su objetivo principal era monitorear, infiltrarse e incluso provocar a grupos políticos considerados un peligro para la “seguridad nacional”. Entre sus principales objetivos se encontraban organizaciones e individuos que luchaban por los derechos civiles y nacionalistas negros, incluyendo a Martin Luther King, Jr. y Malcolm X. Sus tácticas incluían promover la violencia y actividades ilegales.

[3] En noviembre de 1975 el gobierno cubano, en respuesta a una solicitud del gobierno de Angola en vísperas de su independencia de Portugal, envió miles de tropas voluntarias a ese país para ayudar a derrotar la invasión de las fuerzas armadas de Sudáfrica. Durante los siguientes 12 años, los gobernantes del apartheid llevaron a cabo repetidas operaciones militares penetrando profundamente en territorio angoleño.

Sin embargo, en marzo de 1988, Sudáfrica sufrió una derrota militar decisiva en Cuito Cuanavale por las fuerzas combinadas del ejército angoleño, los voluntarios cubanos y los combatientes de SWAPO (Organización Popular del Sudoeste de África) en Namibia. Los invasores se vieron obligados a retirarse de Angola. En negociaciones posteriores, el régimen del apartheid cedió la independencia a Namibia, que celebró el fin de la dominación colonial y el establecimiento de su propio gobierno en marzo de 1990.

Al romper de una vez por todas el mito de la invencibilidad de los supremacistas blancos, la victoria en Cuito Cuanavale dio impulso a la batalla dentro de Sudáfrica contra el apartheid — lo que llevó a que se anulara la proscripción del Congreso Nacional Africano (ANC) y a la libertad de Nelson Mandela y otros líderes del ANC encarcelados por el régimen sudafricano. Muchos ven el papel de Cuba en Angola y la derrota de Sudáfrica en Cuito Cuanavale como señales del inicio del fin del apartheid.

El 26 de julio de 1991, el presidente del ANC, Nelson Mandela — quien fue elegido presidente del país en 1994 — y el presidente cubano Fidel Castro hablaron juntos por primera vez en un mitin histórico en Matanzas, Cuba.

“¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale fue una victoria para toda África!” Dijo Mandela en su discurso. “¡La derrota del ejército del apartheid fue una inspiración para la gente que luchaba dentro de Sudáfrica! ¡Sin la derrota en Cuito Cuanavale la prohibición de nuestras organizaciones no habría sido anulada! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale ha hecho posible que yo esté aquí hoy! … ¡Cuito Cuanavale ha sido un punto de inflexión en la lucha por liberar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!”

Para más información, consulta ¡Qué lejos hemos llegado los esclavos! de Nelson Mandela y Fidel Castro.

También vale la pena detallar cómo las agencias de espionaje estadounidenses, particularmente la CIA, colaboraron estrechamente con las fuerzas de seguridad sudafricanas para suprimir el movimiento antiapartheid. Un ejemplo claro es el mensaje de la CIA que llevó al arresto de Mandela en 1962 y a su encarcelamiento de 27 años. Oficiales de inteligencia estadounidenses también entrenaron y asesoraron a operativos sudafricanos, fortaleciendo la capacidad del régimen para monitorear, detener y eliminar a activistas contra el apartheid.

[4] La Brigada Antonio Maceo fue fundada a mediados de los años setenta y estaba compuesta por jóvenes cubanoamericanos simpatizantes de la Revolución Cubana que habían emigrado de Cuba siendo niños. Durante gran parte del último medio siglo, ha sido una de las principales organizaciones de la diáspora cubana que defendió la Revolución y se opuso a la política de Estados Unidos hacia Cuba.

[5] Hermanos al Rescate es un grupo con sede en Florida liderado por contrarrevolucionarios cubanoamericanos. En 1996, cuatro de sus miembros murieron mientras realizaban una provocación volando en dos aviones hacia La Habana.

Los aviones, acompañados por un tercer avión pilotado por José Basulto, fundador de Hermanos al Rescate, violaron repetidamente el espacio aéreo de Cuba e ignoraron las advertencias de regresar. La fuerza aérea cubana los derribó sobre las aguas territoriales del país cuando se dirigían hacia la capital cubana.

La incursión del 24 de febrero de 1996 en el espacio aéreo cubano ocurrió después de una larga serie de violaciones a la soberanía cubana por parte de la organización y provocaciones organizadas desde suelo estadounidense con la complicidad del gobierno de Estados Unidos. Después de que los pilotos fueron advertidos por el control de tráfico aéreo cubano, Basulto respondió que sabía que sus acciones los ponían en peligro, pero que como “cubanos libres” lo harían de todos modos.


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