Arte y Cultura

Directores de NAZA: los ataques de Netanyahu son ‘incitación al asesinato’



Naza, un documental de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, se estrenó mundialmente el 10 de septiembre de 2026 en el 83º Festival Internacional de Cine de Venecia.

Basada en los testimonios de dos docenas de soldados y agentes de inteligencia israelíes, la película ha suscitado elogios y polémica en todo el mundo al narrar cómo el ejército israelí planificó meticulosamente el asesinato de civiles en Gaza durante los últimos tres años. Los entrevistados en pantalla describen sistemas y prácticas militares que, según ellos, convirtieron el asesinato masivo de civiles en Gaza en algo cotidiano.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y otros funcionarios israelíes, han amenazado con revocar la ciudadanía de Abraham y Szor, alegando que la producción y el estreno de Naza equivalen a una “traición”.

“Una turba de extrema derecha se congregó frente a la casa de los padres de Szor dos veces en los días posteriores al estreno en Venecia, pidiendo la ejecución de ‘los traidores’”, según el diario israelí Haaretz.

La entrevista a continuación con los dos directores sobre el contenido del documental, su producción y la polémica que ha suscitado fue realizada en Nueva York por Haaretz el 25 de septiembre de 2026.

“Un día antes, ellos (los directores de NAZA) anunciaron que el diario The Guardian, coproductor de la película, la pondría en línea de forma gratuita en noviembre, tras su estreno en salas de cine”, informó Haaretz.

Publicamos a continuación el artículo para la información de nuestros lectores. El titular, el subtítulo, el texto, las fotos y los vídeos que siguen proceden del original. La traducción es de Panorama-Mundial.

— La redacción de Panorama-Mundial

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Los directores de NAZA declaran a Haaretz: Los ataques de Netanyahu contra nosotros son una ‘incitación al asesinato’

Yuval Abraham y Rachel Szor analizan el testimonio de los oficiales de las FDI en su película NAZA, y explican por qué no han dudado en establecer paralelos con la Segunda Guerra Mundial. Sobre la reacción negativa que les espera en Israel, Abraham afirma: ‘No quiero vivir en el exilio’

Rachel Szor y Yuval Abraham, los cineastas israelíes autores de NAZA, en Nueva York en septiembre de 2026. (Foto: Ben Kalmer / Haaretz)

Por Etan Nechin

Nueva York, 27 de septiembre de 2026

NUEVA YORK — Los cineastas Yuval Abraham y Rachel Szor no han vuelto a Israel desde que NAZA, su documental sobre la conducta del ejército israelí en Gaza, se estrenó en Venecia a principios de este mes.

Hablaron con Haaretz el viernes [25 de septiembre de 2026] en las oficinas de The Guardian EEUU, antes del estreno de la película en el Festival de Cine de Nueva York. Un día antes, anunciaron que The Guardian, coproductor de la película, la pondría a disposición del público de forma gratuita en línea en noviembre, tras su estreno en salas de cine.

Desde el estreno de la película en Venecia y la ovación de pie de 25 minutos que recibió, los israelíes se han dividido en gran medida en dos bandos: los que quieren prohibirla y los que quieren verla pero no pueden. Ambos bandos tienen opiniones muy firmes a pesar de no haberla visto. Hasta ahora, solo un puñado de periodistas ha podido verla (en proyecciones a pequeña escala para la prensa). Abraham afirma que sigue comprometido con llevar la película al público israelí, pero los cines israelíes se han negado hasta ahora a proyectarla, ni siquiera de forma gratuita.

“Hemos decidido estrenar la película en línea ya en noviembre porque somos conscientes de la intensa violencia que se está generando actualmente en Israel [en torno a la película], que proviene de múltiples frentes y que intenta impedir su proyección”, afirma Abraham.

“Nuestro objetivo es que los israelíes la vean. Dentro de unas semanas estará accesible para todo el mundo, y espero que la atención se centre en el contenido de la película en lugar de en todo lo que la rodea”.

La película ya ha provocado un gran revuelo en Israel. El primer ministro Benjamín Netanyahu ha amenazado, al menos en dos ocasiones, con retirar la ciudadanía a los directores. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el teniente general Eyal Zamir, ordenó al máximo responsable jurídico del ejército que “impulsara posibles medidas legales en relación con la película y con quienes participan en ella”.

El ministro de Cultura, Miki Zohar, amenazó con suspender la financiación a los cines que la proyectaran y fue el primero en proponer retirar la ciudadanía a Abraham y Szor. Una turba de extrema derecha se congregó frente a la casa de los padres de Szor dos veces en los días posteriores a la proyección en Venecia, pidiendo la ejecución de “los traidores”.

Activistas de extrema derecha protestando frente a la casa de los padres de Rachel Szor, en las afueras de Tel Aviv, el 17 de septiembre. (Fotos: Itay Cohen / Haaretz)

La mañana de nuestra conversación, Netanyahu comparó NAZA con el lanzamiento de “docenas de misiles balísticos contra Israel“ en una entrevista con la publicación sionista religiosa Makor Rishon.

“Es obvio lo que hay que hacer con quienes lanzan misiles balísticos. Hay que matarlos. Esto es una incitación al asesinato”, afirma Abraham.

“Creo que hay un nexo entre esta incitación y lo que estamos viendo en las calles: los murales con mirillas sobre nuestros rostros, los gritos frente a la casa de los padres de Racheli y, en cierto sentido, el silencio de la oposición israelí ante todo esto”, añade.

“Es una sensación que se ha extendido por el país en los últimos años, la de que no hay ningún adulto responsable”, afirma Szor.

Un mural en Ashdod, Israel, que representa a Yuval Abraham y Rachel Szor como prisioneros y “traidores” en los días posteriores al estreno de NAZA en el Festival de Cine de Venecia. (Foto: Ilan Assayag / Haaretz)

“El público [israelí] está muy enfadado con nosotros. Esto plantea la pregunta de qué es lo que lo ha indignado tanto, a pesar de que ni siquiera han visto la película. Los dirigentes, en el ejército, en el Gobierno, desde todos los frentes, son en realidad quienes están liderando esto”, añade.

Abraham considera que los ataques son un llamado a la base electoral de Netanyahu de cara a las elecciones y un intento de eludir la responsabilidad.

“No hace falta que estén de acuerdo con nosotros en todo, pero esta es una película cuyo objetivo es abrir un debate muy importante en Israel sobre la política del ejército en Gaza. Creo que la última declaración de Netanyahu forma parte de una estrategia más amplia para desviar este debate hacia otros temas y criminalizar el trabajo periodístico y documental”, afirma.

Creo que la última declaración de Netanyahu forma parte de una estrategia más amplia para desviar este debate hacia otros temas y criminalizar el trabajo periodístico y documental

Yuval Abraham, codirector de NAZA

A pesar de la reacción negativa, Szor afirma que llegar a los israelíes sigue siendo una prioridad. “Teníamos, no exactamente una esperanza, pero sí algo parecido, de que por primera vez se produjera un debate en la sociedad israelí sobre todo lo que ha ocurrido y lo que hicimos en Gaza”, explica.

“Y la situación dio un giro muy violento dirigido contra nosotros. Mucha gente aún no la ha visto, pero algunos de los testimonios y el material ya son públicos. Da la sensación de que gran parte [del revuelo] tiene que ver con eludir lo que realmente aparece en la película”, añade.

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NAZA, que surgió de las investigaciones de Abraham para los medios israelíes +972 Magazine y Local Call, y de sus reportajes con The Guardian, recoge los testimonios de 24 soldados y miembros de los servicios de inteligencia israelíes cuyos rostros y voces han sido alterados digitalmente. Describen sistemas y prácticas militares que, según ellos, convirtieron en algo cotidiano el asesinato masivo de civiles en Gaza.

NAZA es un acrónimo hebreo que significa “daños colaterales”, empleado para describir el número autorizado de muertes de civiles en un ataque contra un objetivo único. La cifra se calcula antes del ataque; no se trata de un recuento de víctimas a posteriori. Una designación de NAZA 15 permite hasta 15 muertes de civiles en un ataque contra un objetivo; NAZA 20 permite 20.

Abraham llevaba tiempo informando sobre las normas de combate de las FDI, pero afirma que percibió una discrepancia entre cómo los expertos hablaban de NAZA y su propia intuición.

Israelíes de izquierda se manifiestan en el centro de Tel Aviv contra la guerra de Israel y la hambruna en Gaza en julio de 2025. (Foto: Tomer Appelbaum / Haaretz)

La idea de la película se concretó durante una conversación con una fuente de alto rango de los servicios de inteligencia en una cafetería de Tel Aviv. El oficial le contó, medio atónito, que al principio de la guerra había empezado a ver cifras de NAZA que superaban los 100 — lo que significa ataques aprobados por el alto mando que podían matar a más de 100 civiles.

El oficial comparó las cifras con guerras y operaciones anteriores en Gaza, incluidas las de 2021.

Abraham recuerda que el oficial señaló un edificio cercano y dijo: “Es como si quisiera matar a una persona y simplemente lanzara una bomba sobre ese edificio, matando a todos los que están dentro”.

“En ese momento me di cuenta de que la película tenía que centrarse en eso y que debía rodarse en Tel Aviv, utilizando nuestros edificios”, afirma Abraham. Las fuentes anónimas de la película describen el diseño y la puesta en funcionamiento de estos sistemas y prácticas.

Algunos describen el uso de un sistema de inteligencia artificial llamado Lavender para identificar decenas de miles de objetivos, el cual, según afirman, era conocido por clasificar erróneamente a personas como militantes en hasta un 15 % de los casos.

Los entrevistados afirman que ataques de NAZA 200 y NAZA 300 fueron autorizados contra objetivos de alto valor. Un oficial cuenta que una vez vio cómo fue autorizado un ataque de NAZA 500, aunque no sabía cuántas personas murieron finalmente en el ataque.

Según los oficiales, los ataques que arrasan con manzanas enteras de viviendas con el objetivo de matar a miembros de rango medio o alto de Hamás a menudo no logran alcanzar a sus objetivos.

“Me llamó mucho la atención la cantidad de conversaciones que he mantenido con oficiales de inteligencia israelíes en las que describen ataques realizados en estas condiciones, y el resultado final es que mueren civiles, pero el supuesto objetivo ni siquiera resulta abatido”, afirma Abraham.

Tiendas de campaña que dan refugio a palestinos desplazados junto a edificios dañados durante la guerra de Israel en Gaza, como puede verse en la ciudad de Gaza el sábado (26 de septiembre de 2026). (Foto: Jehad Alshrafi / AP)

Teníamos, no exactamente una esperanza, pero sí algo parecido, de que por primera vez se produjera un debate en la sociedad israelí sobre todo lo que ocurrió y lo que hicimos en Gaza

Rachel Szor, codirectora de NAZA

Un oficial describe un ataque en el que el personal de inteligencia examinó el teléfono del objetivo y vio una foto de él con sus dos hijas, de 3 y 6 años. El oficial afirma que el ejército bombardeó la casa, pero que el objetivo había dejado allí su teléfono y había salido, según explica. Su familia murió; él sobrevivió.

Antes de que ningún representante de las FDI hubiera visto la película, el ejército rechazó las acusaciones, alegando que algunas afirmaciones estaban “claramente fuera del alcance del conocimiento de los soldados de bajo rango”. También acusó a los entrevistados de hacer uso indebido de términos jurídicos y de realizar afirmaciones contradictorias.

Zamir dijo que la película se “basa en calumnias contra la comunidad judía, distorsiones deliberadas de la realidad y acusaciones graves y falsas contra los soldados y comandantes de las FDI”. Abraham se mantiene firme en lo que afirma la película.

“Creo que hemos escrito, junto con The Guardian, unos 16 artículos sobre las políticas de uso de la fuerza del ejército en Gaza y la tecnología que utilizan las fuerzas armadas”, afirma.

“En el texto escrito pudimos ser muy concretos. Las afirmaciones incluían fechas. Un ejemplo es un ataque en el campo de refugiados de Jabalya el 31 de octubre de 2023 contra Ibrahim Biari, que tenía un NAZA 300, lo que significa que el ejército autorizó la muerte de 300 civiles. Cuando se comprueba lo que ocurrió sobre el terreno — la demolición de unos 20 edificios llenos de civiles — diferentes cifras estiman que hubo 400 víctimas: 120 muertos y 280 heridos. Eso concuerda”, afirma.

Captura de pantalla del anuncio de “NAZA”. Yuval Abraham (a la derecha) entrevistando a un testigo en una azotea de Tel Aviv. (Foto: The Guardian vía YouTube)

La película ha sido objeto de críticas por alterar digitalmente las voces y los rostros de sus fuentes. Convertir las investigaciones escritas en un documental cambió la forma, afirma Abraham, pero no los estándares periodísticos.

“Las afirmaciones realizadas por los soldados requieren confirmación de múltiples fuentes. Tuvimos que seguir un proceso similar al que seguiría cualquier periodista al escribir un artículo”, explica Abraham.

Uno de los principales retos fue proteger la identidad de las fuentes.

“Cuando escribes un artículo, dispones de diferentes herramientas para hacerlo. No siempre tienes que citar a alguien. Puedes parafrasear. En un documental, todo es una cita”.

Abraham afirma que algunos de los testimonios no llegaron a incluirse en el montaje final.

“Teníamos mucha información específica que no aparece en la película, pero que nos ayudó a verificar los testimonios y comprobar su credibilidad. Eso fue un reto, y una de las diferencias entre el cine y un artículo escrito”, añade.

Yuval Abraham sobre la acusación relacionada al NAZA 500: “Sé que el ejército lo negó. … La verdad saldrá a la luz, y respaldamos plenamente la acusación”. (Foto: Ben Kalmer / Haaretz)

También se mantiene firme en lo referente a que el ejército aprobó un NAZA 500.

“Sé que el ejército lo ha negado. No quiero entrar en más detalles ahora, en parte por el riesgo de identificar a las fuentes. La verdad saldrá a la luz, y respaldamos plenamente la afirmación”.

Más allá de los relatos de los oficiales, dice Abraham, las imágenes que llegan de Gaza hablan por sí solas.

“Uno puede observar lo que está sucediendo sobre el terreno y escuchar a los periodistas palestinos que llevan mucho tiempo describiendo esto. La información que obtenemos del sistema israelí y de los soldados israelíes son las cifras reales, por lo que vemos que se trata de algo muy calculado. El ejército sabe que está bombardeando los hogares de las familias”.

Palestinos regresando al campo de refugiados de Jabalya, en el norte de Gaza, en enero de 2025, poco antes de que entrara en vigor el acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás. (Foto: Omar al-Qattaa / AFP)

También se siente responsable de proteger a sus fuentes. “Cuando veo la respuesta desmesurada del Gobierno contra nosotros, solo puedo imaginar lo que podría pasarles a estos soldados, quienes, en mi opinión, realmente tomaron la iniciativa y hablaron de temas de los que, no quiero decir toda la sociedad, pero sí la mayor parte de la sociedad israelí, no quiere hablar en este momento”.

***

El documental, rodado por Szor y otro director de fotografía que prefiere permanecer en el anonimato, intercala los testimonios de los oficiales con imágenes de residentes de Tel Aviv en su vida cotidiana o viendo las noticias de noche en casa. También utiliza imágenes de archivo de la historia de Tel Aviv, la guerra de 1948 y la expulsión de los palestinos durante la Nakba (término árabe que significa “catástrofe”, utilizado para describir la guerra de 1948 que condujo al establecimiento de Israel sobre la base de la expulsión masiva y el despojo de los palestinos – P-M) (en particular de Jaffa y Manshiyya, su antiguo barrio histórico del norte que ahora forma parte de Tel Aviv).

Las referencias históricas de la película se basan en el discurso israelí contemporáneo, afirma Abraham.

“La palabra (Nakba) ha vuelto al discurso israelí no por culpa mía ni de Rachel, sino porque altas figuras del Gobierno hablan ahora de llevar a cabo una Nakba en Gaza”, afirma.

Israelíes sosteniendo retratos de niños asesinados durante la guerra en Gaza en tres diferentes protestas silenciosas celebradas en el centro de Tel Aviv en febrero y agosto de 2025. (Fotos: Tomer Appelbaum / Haaretz)

“Hace muy poco, el ministro de Defensa habló de la necesidad de una “emigración voluntaria” de los habitantes de Gaza. Netanyahu se refirió a que el ejército está destruyendo viviendas para que los habitantes de Gaza no tengan adónde volver, y afirmó que el resultado inevitable será la emigración desde la Franja. … Avi Dichter (ministro de Agricultura y exjefe del Shin Bet) dijo ya en noviembre de 2023 que ahora estamos poniendo en marcha la Nakba en Gaza.

“Señalar los vínculos históricos en el proceso actual de expulsión de los palestinos de sus tierras no significa poner en duda los derechos de los israelíes ni de Israel. Esta idea no es nueva en la vida pública israelí, y me pareció acertado que la película también abordara ese tema”.

Szor afirma que ambientar la película en Tel Aviv vinculaba a la ciudad y a la mayoría de la sociedad israelí con lo que está ocurriendo a solo 60 kilómetros (37 millas) de distancia y con la realidad que se oculta a plena vista, como Manshiyaa o la Kirya — el cuartel general del ejército, situado en el corazón de la ciudad.

Uno puede observar lo que está sucediendo sobre el terreno y escuchar a los periodistas palestinos que llevan mucho tiempo describiendo esto. La perspectiva que nos aportan los soldados israelíes nos permite ver que se trata de algo muy calculado. El ejército sabe que está bombardeando los hogares de las familias.

Yuval Abraham, codirector de NAZA

Uno de los soldados describe cómo sale a comer a la calle Ibn Gabirol —una de las principales avenidas de Tel Aviv— tras autorizar un bombardeo en Gaza, en una combinación difusa entre la vida militar y la civil.

“Existe la sensación de que Tel Aviv es un centro liberal que resulta fácil considerar como desconectado de todo. Como israelíes, nos hemos acostumbrado a estas imágenes. Ni siquiera cuestionamos el hecho de que este complejo se encuentre en pleno centro de la ciudad”, afirma Szor.

Abraham explica que los cineastas mantuvieron el acrónimo hebreo NAZA como título, en lugar de traducirlo como “daños colaterales”, para transmitir cómo el lenguaje de los oficiales reduce a los seres humanos a meros números.

“En hebreo, los oficiales no dicen nezek agavi, el término completo para daños colaterales. Dicen NAZA, que incluso para muchos hablantes de hebreo no es más que un sonido”, afirma.

Una soldada israelí fuera de servicio portando un rifle cerca del malecón de Tel Aviv en junio de 2025. (Foto: Ohad Zwigenberg / AP)

“Lo que realmente me impactó mientras realizaba estas entrevistas fue la frecuencia con la que se usaba esta palabra como sustituto de seres humanos, de niños.

“Se oye en la película: 15 NAZA, 20 NAZA, 50 NAZA, 200 NAZA. La palabra se utiliza a la ligera, sin tener en cuenta su peso. Surgió en casi todas las entrevistas con los oficiales de inteligencia, en múltiples ocasiones, y pensamos que no sería justo convertirla en algo que no es”, afirma Abraham.

La película también hace referencia al Holocausto, incluyendo una imagen de una valla publicitaria que anuncia la proyección de “Shoah”, de Claude Lanzmann, en Tel Aviv el Día Conmemorativo del Holocausto.

Abraham afirma que estas referencias no pretenden establecer comparaciones simplistas, sino reflejar cómo la sociedad israelí invoca el Holocausto. No está de acuerdo con las críticas que afirman que invocar a la Alemania nazi en una película sobre la guerra en Gaza es injusto o difama a la sociedad israelí.

Los líderes israelíes lo hacen constantemente, afirma. “Vimos cómo se utilizó el recuerdo del Holocausto tras el 7 de octubre y aún hoy. Netanyahu, en su discurso ante la ONU, habló del Holocausto como medio para legitimar o justificar sus propias políticas en Gaza”.

Soldados israelíes observan la ceremonia estatal del Día del Recuerdo del Holocausto en Yad Vashem, Jerusalén, en 2025. (Foto: Naama Grynbaum / Haaretz)

Las primeras referencias de la película a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto provienen de los propios soldados.

Un oficial describe cómo, al crecer, veía a los autores alemanes de las atrocidades como el Holocausto como el mal en su estado puro.

A continuación, relata su participación en los asesinatos de civiles cerca de los puntos de distribución de alimentos en Gaza.

“El oficial habló de volver a casa y encontrarse con muchas personas a las que admiraba: sus amigos, francotiradores que participaron en esto; y comprendió algo nuevo sobre lo que significa ser un perpetrador. Esto puso en tela de juicio su noción del mal puro y lo que eso significa”, afirma Abraham.

“Entiendo que es un tema muy delicado. Pero cuando decimos que debemos aprender las lecciones del Holocausto, cuando decimos “nunca más”, parte de ello consiste en comprender los patrones de deshumanización, los patrones de ser un engranaje más en un sistema, que pueden observarse en el presente”.

Palestinos se resguardan cuando fuerzas israelíes abrieron fuego contra una multitud que esperaba ayuda humanitaria cerca del paso fronterizo de Zikim, junto a la ciudad de Gaza, el 29 de julio de 2025. (Foto: Ali Jadallah / Anadolu vía AFP)

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Antes del estreno de la película en Venecia, Abraham escribió que la película estaba dirigida al público internacional, pero también “hacia dentro, hacia la sociedad israelí”.

La reacción negativa plantea la cuestión de si los israelíes están preparados para enfrentarse a ella.

“No tengo una visión esencialista de la sociedad israelí. Las sociedades pueden ser cómplices de crímenes muy graves, como es el caso aquí. Pero las sociedades y las personas pueden cambiar. Yo he cambiado. No tengo las mismas opiniones que tenía hace 10 años”.

A pesar de la hostilidad, Abraham ve indicios de que la película está teniendo repercusión. Señala una carta en la que el jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) denunció la película, al tiempo que afirmaba que el ejército seguiría investigando su actuación, corrigiendo errores y aceptando críticas sustantivas.

“La necesidad de tranquilizar a todo el mundo asegurando que lo que está haciendo el ejército está bien es una señal de que las cosas están cambiando. Este término, NAZA, y las acciones de la Unidad 8200 y de los servicios de inteligencia israelíes rara vez han sido objeto de un escrutinio tan profundo en la sociedad israelí”, afirma.

“Creo que es realmente importante que se estén iniciando estos debates. Es muy violento y hay mucha presión, pero eso no nos disuadirá ni a Rachel ni a mí”.

Activistas de Jewish Voice for Peace y otros grupos protestando durante el discurso del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ante la ONU en Nueva York el jueves (24 de septiembre de 2026). (Foto: Madison Swart / AP)

Llegar al público extranjero, especialmente en Estados Unidos, es casi igual de importante, afirma Abraham.

“Acabamos de ver a Trump anunciando de nuevo envíos de armas, de nuevo ese apoyo incondicional. Las personas que creen en los derechos humanos de los palestinos y de los israelíes — y no creo que haya ninguna contradicción en ello — no pueden seguir enviando armas de esta manera cuando se usan para violar el derecho internacional. Estas conversaciones y acciones también deben tener lugar en Estados Unidos”.

En respuesta a las noticias de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están considerando publicar imágenes de los ataques del 7 de octubre para “contrarrestar” a NAZA, Abraham afirma que la empatía no es un juego de suma cero [ganar-perder].

“Reconocer el exterminio y la destrucción de barrios enteros, la muerte de más de 20 mil niños en Gaza, no le resta importancia a la muerte de niños y civiles el 7 de octubre. Presentar la empatía como un juego de suma cero beneficia enormemente al Gobierno y le ha servido a la derecha israelí durante muchos años. No creo que el público que se opone al Gobierno deba aceptarlo”, afirma Abraham.

Al anunciar el estreno gratuito de la película en línea, Abraham escribió que no se dejaría intimidar. “Rachel y yo volveremos a Israel y seguiremos luchando por el futuro de este lugar, junto con muchos colaboradores”.

Cuando le preguntan cuándo podrían volver, Abraham se muestra menos seguro.

“No quiero hablar en nombre de Rachel”, dice, y describe que se encuentra “en medio de la tormenta”, lo que hace que sea “difícil ver qué va a pasar”. Pero, añade, “desde luego, no veo la posibilidad de rendirnos. Y, personalmente, no quiero vivir en el exilio”.

“Somos periodistas. Somos cineastas. Este es un relato importante. La tormenta pasará, y volveremos y pasaremos a lo siguiente. No sé qué es lo que vendrá después. Pero quiero seguir haciendo periodismo y escribiendo sobre temas que considero importantes desde el punto de vista político y social”, afirma Abraham.


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