“Ese maldito día arrojaron a Gaza al precipicio … y luego usaron sus teléfonos para encontrar el mejor ángulo para la toma”, escribió la escritora y poeta gazatí Ni’ma Hassan en su página de Facebook el 7 de octubre.
Unas horas después hizo otra entrega, quizá respondiendo a lectores que la habían atacado por criticar a Hamás, como lo ha hecho anteriormente: “Incluso después de tres años, nos dicen que el resultado es lo que importa y que la victoria está cerca. ¡Por Dios! Aunque construyan un paraíso… no los vamos a perdonar por lo que ha ocurrido y nos sigue sucediendo”.
Esta es una opinión representativa expresada por muchos gazatíes tres años después del ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, según el último artículo de Amira Hass publicado el 13 de octubre de 2026 en el diario israelí Haaretz.
Hass es la corresponsal de Haaretz para los territorios ocupados — Gaza y Cisjordania — que Israel ha controlado ilegalmente desde la Guerra de los Seis Días en junio de 1967.
Nacida en Jerusalén en 1956, hija de supervivientes del Holocausto, Hass se incorporó a Haaretz en 1989. Ocupa su puesto actual desde 1993. Mientras cumplía con su misión, pasó tres años viviendo en Gaza, lo que le sirvió de base para su aclamado libro en inglés, Bebiendo el mar en Gaza: Días y noches en una tierra sitiada. Vive en la ciudad de Ramala, en Cisjordania, desde 1997.
Hass es “la única periodista judía israelí que ha pasado 30 años viviendo y reportando desde Gaza y Cisjordania”, señaló Democracy Now al presentar una entrevista con ella el 19 de octubre de 2023.
Publicamos el artículo a continuación para la información de nuestros lectores. El titular, subtítulo, texto y fotos que siguen son del original. La traducción es de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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‘No se los vamos a perdonar’: gazatíes se enfurecen con Hamás por la aventura del 7 de octubre
Detestan a Israel por destruir a Gaza. También culpan a Hamás por arriesgar sus vidas prometiendo una victoria. En publicaciones mordaces en Facebook, los gazatíes describen la pérdida, el abuso y las humillaciones diarias que ninguna cámara puede captar.
Por Amira Hass
13 de octubre de 2026, IDT
“Ese maldito día arrojaron a Gaza al precipicio … y luego usaron sus teléfonos para encontrar el mejor ángulo para la toma”, escribió la escritora y poeta gazatí Ni’ma Hassan en su página de Facebook el 7 de octubre.
Unas horas después hizo otra entrega, quizá respondiendo a lectores que la habían atacado por criticar a Hamás, como lo ha hecho anteriormente: “Incluso después de tres años, nos dicen que el resultado es lo que importa y que la victoria está cerca. ¡Por Dios! Aunque construyan un paraíso… no los vamos a perdonar por lo que ha ocurrido y nos sigue sucediendo”.
Hasan escribe abiertamente lo que muchos en Gaza dicen entre ellos y algunos ponen por escrito, con distintos grados de audacia y franqueza. No ven contradicción alguna entre criticar a Hamás y reconocer que Israel eligió destruir a Gaza y sus vidas allí, incluso declarando su intención de hacerlo.
Su ira con Hamás por lo que describen como un error estratégico, una aventura, una apuesta o incluso una conspiración no le quita nada al odio que sienten por Israel sabiendo muy bien que esta guerra interminable forma parte de su política de larga data contra el pueblo palestino.
El periodista Hamed Jad, jefe de la oficina de Gaza del diario Al-Ayyam, con sede en Ramala, también recuerda que Hamás prometió una victoria decisiva tras el terrible sufrimiento. Él también se encontró escribiendo con motivo del tercer aniversario del “Diluvio de Al-Aqsa”, el nombre que Hamás le dio al ataque del 7 de octubre.
Aproximadamente un año después del ataque, en una rueda de prensa con Khalil al-Hayya, ahora presidente del buró político de Hamás, Jad preguntó: “¿Puede nombrar un solo logro que haya traído el 7 de octubre?” Al-Hayya respondió que era demasiado pronto para juzgar.
Esta semana, Jad retomó esa respuesta de hace dos años con amarga ironía: “Al-Hayya tenía razón cuando me dijo: ‘Es injusto juzgar el Diluvio antes de que haya terminado, porque aún no ha terminado.’ De hecho, tres años después, el Diluvio no ha cesado, y seguimos ahogándonos en sus olas furiosas, aplastados día tras día por las ruedas del molino de la muerte, la destrucción, el desplazamiento y la pérdida”.
Dirigiéndose a al-Hayya, que ahora está en el extranjero y cuyos cuatro hijos fueron asesinados por Israel, Jad preguntó con un sarcasmo mordaz: “¿Sigue insistiendo en que es demasiado pronto, e injusto, como usted dice, juzgar el Diluvio y el sufrimiento que nos ha infligido hasta ahora?”
Quienes hoy viven en la Franja de Gaza, así como los que han logrado escapar, añoran el 6 de octubre de 2023. No han olvidado el bloqueo que Israel les impuso ni su aislamiento del mundo; el desempleo y la pobreza que causó el aislamiento, y la humillación que ambos conllevaban; la lucha por el derecho a recibir atención médica fuera de la Franja; o la prohibición de ver a familiares y amigos que viven a solo 80 kilómetros de distancia.
Sin embargo, los gazatíes desafiaron el bloqueo a través de la vida comunitaria y familiar, sus estudios y sus planes para sus hijos. Cultivaron sus talentos en pintura, poesía, prosa e informática, emprendieron proyectos de construcción y negocios, y se conectaron con el mundo en línea.
Frente a Israel, el poder hostil que los controlaba y que aspiraba a “hundir a Gaza en el mar”, su insistencia en vivir en lugar de simplemente existir fue un acto de resistencia civil. Este tipo de lucha desarmada fue despreciada por el “Diluvio” de Hamás.
Aquí hay un fragmento de la vida antes del Diluvio, de otra entrada que Hassan escribió ese mismo día: “Mi hija Mayar pasó el viernes 6 de octubre de 2023 memorizando una obra corta en inglés sobre los olivos para interpretarla en la radio del colegio. Mi tarea era comprarle un vestido palestino. La mañana del 7 de octubre, quemaron la escuela, los olivos, el estudio … y dejamos atrás el vestido y la ciudad”.
Su hija ya no podrá cumplir su sueño de recorrer las calles de la ciudad en moto sin que nadie haga comentarios. La ciudad ya no tiene calles, y su hija ahora lleva hiyab. En otras palabras, ha crecido y ya no podrá cumplir su deseo.
Hassan no deja duda de que al decir “ellos” se refiere a Israel. Pero en otro texto, dirigido a Hamás, enumera cifras que le han llegado: más de 70 mil niños que han perdido a uno o ambos padres; más de 86 mil hogares encabezados por mujeres; casi 260 mil familias viviendo en refugios; más de 64 mil viudas; y casi 17 mil personas con discapacidades.
Informes de las Naciones Unidas (ONU) respaldan algunas de estas cifras: UNICEF informó en octubre de 2025 que más de 58 mil niños habían perdido a un progenitor, mientras que ONU Mujeres estimó que en septiembre de 2026 habían 86,290 hogares encabezados por mujeres.
“Y entre todos estos detalles”, añade Hasan, “dos millones de vidas con un dolor implacable”.
Hay dolores cotidianos, supuestamente pequeños, que no terminan fotografiados, y que la profesora Samia Wadi describe en otra publicación de Facebook. Una alumna siempre llega tarde, entrando a la mitad de la clase porque tiene que esperar a que su hermana regrese de su propia clase y le entregue el par de zapatos que comparten. Muchos estudiantes no toman notas mientras Wadi explica la lección. Sabe que están esperando a que UNRWA (la Agencia de Naciones Unidas para la Ayuda y el Trabajo de Palestina en el Medio Oriente) les proporcione cuadernos.
Otros dos faltan a clase cada cuantos días, cada vez que el camión que entrega agua purificada pasa por el campamento de desplazados donde viven, para así poder llenar sus bidones. Otra estudiante está frecuentemente ausente. Wadi sabe que el abuelo de la niña desterró a su madre viuda del sur de la Franja hacia el norte. Los niños más pequeños se quedaron con él. Leyendo entre líneas, sabe que la alumna ausente tiene que cuidarlos.
A otra profesora la describen como moviéndose “con la ligereza de un ángel misericordioso entre sus alumnos muy pequeños” en una tienda de campaña convertida en aula. El autor, que también publica en Facebook, es el Dr. Saeed al-Kahlout, especialista en salud mental. Con su estilo poético, describe cómo ella explica suavemente la lección y les promete a sus alumnos un futuro mejor. Se detiene sobre la “r” al principio de “right”, escribe, y luego sobre la “l” al principio de “life”.
Justo entonces, se dispara una bala perdida desde un tanque a unos cientos de metros. “La bala cortó rápidamente el aire, cruzó la distancia en cuestión de segundos y se alojó en el corazón de la profesora … En la carpa del aula, los niños observaban cómo su profesora luchaba por sus últimos alientos, empapada en su propia sangre. En la tienda de campaña donde ella vivía, sus hijos esperan a su madre, aún sin saber que nunca volverá”.
Hace unas semanas los ánimos se encendieron en Gaza cuando algún jeque utilizó su sermón del viernes para someter a sus oyentes, tanto dispuestos como reacios, a una avalancha de insultos por el supuesto comportamiento inmodesto de las mujeres. Muchas mujeres y hombres criticaron su misógino desprendimiento de una realidad en que las mujeres llevan la carga de mantener a las familias en condiciones tan duras que apenas son imaginables.
Algunas mujeres van más allá, escribiendo sobre “las consecuencias de la aniquilación que nadie ve. Antes de la guerra, estas cosas ocurrían discretamente, y muy raramente. Ahora ocurren descaradamente, con orgullo, como una cuestión de rutina y forma de vida”, como escribe la joven Najia Mahmoud a modo de introducción. La traducción al inglés se basa en la traducción del hebreo de Tamar Goldschmidt.
Durante tres años, Goldschmidt ha estado publicando textos impresionantes de hombres y mujeres en Gaza en su página de Facebook. Entre muros derrumbándose y cielos que se desploman, estos escritores pintan con palabras eventos, sentimientos y pensamientos que ninguna cámara puede capturar, y Goldschmidt los traduce con una habilidad extraordinaria.
Mahmoud escribe: “La era de la esclavitud no ha terminado. Se ha instalado en las tiendas de campaña y se autodenomina ‘protección del honor de la hija’ y ‘las circunstancias de la guerra’. Lo que ocurre hoy a nuestro alrededor te hace hervir la sangre, te revuelve el estómago y te enferma más allá de las palabras. Los matrimonios de niñas que de repente se han extendido en Gaza no son matrimonios. ¡Son una subasta de chicas!
“Para que te hagas una idea de hasta qué punto han caído las cosas: mi vecino, un hombre de veintitantos años, está casado con una chica de 15 años. ‘Limpia el piso con ella’ día y noche. La golpea durante media hora, y la chica permanece en silencio a pesar del dolor. En cuanto se le escapa un grito de dolor, vuelve a comenzar a pegarle.
“Y lo que te vuelve loco, te hace volverte loco y querer prender fuego a cada tienda de campaña, no es solo la paliza. Lo que te vuelve loco es que su propia familia está a unos metros, su familia está ahí mismo con él en la misma zona, y cada uno de ellos tiene un zapato en la boca y no dice nada.
“Le tiran su propia carne y sangre a un trozo de basura humana, y cuando abres la boca, salen con una excusa más fea que el pecado mismo: ‘Por Dios, señora, los tiempos son difíciles y no podemos permitirnos mantener a las chicas, así que protejamos su honor’. ¿Qué gastos? ¿De qué honor hablas? ¡Cualquiera que no pueda criar hijos no debería tenerlos en primer lugar! ¿Por qué sigues teniendo una hija tras otra si vas a entregarlas a sus torturadores de una manera tan vil?”
Mahmoud continúa: “Estamos viviendo la guerra y la aniquilación. El comedor social los alimenta a ustedes, a ustedes y a sus hijos, y todos nosotros en las tiendas de campaña vivimos de ayuda como los pobres. Ninguno de ustedes está mejor económicamente que su hija. Hoy en día ninguno de ustedes paga de su propio bolsillo, así que ¿cómo pueden alegar pobreza y vender a su hija tan barato y tan vergonzosamente?
“Con la misma coacción y falta de decencia, ves que un hombre arroja a sus hijos pequeños entre los perros callejeros y los pone en peligro para vender mercancías y para que lo mantengan. Un niño pequeño, no más grande que tu dedo meñique, debería estar en la escuela o al menos sentado y a salvo en su tienda de campaña. En cambio, lo tiran a la calle para mantener a toda una familia. ¿Qué derecho tienes para hacer que un niño se preocupe por mantenerte con vida?”
Escribiendo desde otro ángulo hace unos días, el Dr. al-Kahlout describió a otros niños: “Los dos niños iban sentados en una carreta tirada por burros regresando de la carpa de aprendizaje, su nueva escuela. El sol abrasador de al-Mawasi tostaba sus caritas. La arena de la escuela, donde los alumnos se sientan directamente en el suelo, se mezclaba con el polvo de la carretera y bailoteaba sobre su ropa gastada. Empezaron a preguntar qué había sido de sus amigos en común.
“¿Y Tamer?!” preguntó el primero, sentándose al borde del carro y levantando sus pequeños pies cada vez que otro carro, tirado por un caballo, se acercaba, temiendo que les chocara. ‘Tamer murió junto con su padre a la entrada de su tienda de campaña. Un proyectil los destrozó. La gente pasó tres días recogiendo trocitos de pellejo alrededor de la tienda’.
“El chico dijo esto mientras miraba algo a lo lejos, como si la escena hubiera aparecido de repente ante sus ojos. Entonces recordó algo, interrumpió su relato y preguntó: ‘¿Y Aboud? ¿Dónde está? ¿Por qué no vino hoy al colegio?’
“’¡Aboud, ah, Aboud! Le cortaron ambas piernas. Mientras dormía, un trozo de metralla atravesó la tienda y cayó justo sobre ellos. Cuando despertó, lo encontraron con las piernas cercenadas’.
“’¿Y qué pasa con nuestro profesor, el señor Issam? ¿Viste al señor Issam hoy?’
“‘¿No oíste lo que le pasó? El señor Issam recibió un disparo mientras esperaba en la fila para obtener agua en el centro de la ciudad, y quedó paralizado. Ahora está en una tienda de campaña. No reacciona ni responde’.
“‘¿Y Hani? Hani, cuando volvieron a su casa en el norte, el muro les cayó encima. Murió él, y su hermana pequeña y su madre, y su padre se volvió loco por eso. Te digo, vaya, anda por las calles gritando: Mis hijos y su madre. Dios mío, mis hijos y su madre'”.
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Categorías:Palestina/Israel