Palestina/Israel

La lucha palestina y las lecciones de Sudáfrica



En un comentario sobre el artículo Acerca del carácter del ataque de Hamás el 7 de octubre, David Walters expresa que está generalmente de acuerdo con los puntos de vista de Panorama-Mundial, pero no acepta la idea de que el 7 de octubre Hamás atacó a sus víctimas por ser judías.

“Creo que no”, escribió Walters. “El hecho de que ERAN judíos es secundario a la convicción de Hamás de que eran *israelíes*. Para que ese párrafo fuera cierto, tendrían que argumentar que si en un principio el estado de colonos hubiera sido de católicos franceses, y hubiera mantenido el estado reaccionario del apartheid, la masacre NO hubiera ocurrido, o Hamás no hubiera sido tan “duro” con los civiles franceses y los hijos de los colonos originales. Creo que eso sería un disparate”.

El texto completo del comentario de Walters puede encontrarse publicado bajo el artículo original en inglés.


DISCUSIÓN CON NUESTROS LECTORES


Walters plantea un argumento legítimo. Cualquier pueblo autóctono que se enfrentara al robo de sus tierras por parte de colonos se resistiría ferozmente, sin importar la nacionalidad o las creencias religiosas de los colonos. Pero pensamos que Walters se equivoca al no ver que las acciones que toma Hamás no pueden separarse de su programa político.

Desde sus inicios, Hamás ha optado por incorporar en su programa el odio contra los judíos. Del mismo modo, ha optado por fusionar el sionismo con el judaísmo. Todo lo que hacen es en cumplimiento de ese programa, no estrictamente en oposición al colonialismo de asentamiento.

Irónicamente, Hamás apuntala así uno de los principales argumentos del régimen de Israel. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, y otros portavoces del sionismo, insisten en que el futuro de todo el pueblo judío depende de mantener un Estado en Israel basado en la supremacía judía y la opresión palestina. El promover la idea de que este es un punto de vista que todos los judíos comparten — y claramente no lo es — solo sirve para atizar el odio contra los judíos.

El historiador israelí Moshe Zimmermann discutió estos argumentos en una entrevista el 29 de diciembre en el diario israelí en inglés Haaretz: The Hamas Pogrom Demonstrates that Zionism Has Failed, Says Israeli Historian Moshe Zimmerann [El pogromo de Hamás demuestra que el sionismo ha fracasado, dice el historiador israelí Moshe Zimmermann].

“Debido a que Israel se atrevió a presentarse descaradamente como el representante exclusivo del judaísmo y del pueblo judío”, dijo Zimmermann, “está provocando una situación en la que quienquiera que ataque a Israel puede valerse de esa misma arrogancia israelí que identifica a los judíos con Israel para condenar en realidad a los judíos cuando pretenden condenar a Israel”.

Manifestación a favor de palestina frente a la Casa Blanca en Washington, D.C., en noviembre de 2023. (Foto: José Luis Magaña / AP)

Los que afirman que la supervivencia de un pueblo — incluso un pueblo que ha vivido siglos de odio, discriminación y violencia — depende de la opresión de otro pueblo, no pueden ganarse la simpatía del resto de la humanidad. Aseveraciones como esta ponen en peligro a los judíos, no los protegen del odio contra los judíos.

El problema es el sionismo, no el judaísmo

En lugar de oponerse claramente a las políticas del colonialismo sionista, el atacar a los judíos israelíes porque son judíos, como hace Hamás, socava el apoyo a la justa lucha de los palestinos. Esto ayuda a impulsar las afirmaciones de Netanyahu y de otros que dicen que Israel está luchando contra el fanatismo religioso, en lugar de practicarlo.

Walters reconoce el odio de Hamás contra los judíos cuando escribe: “En su ‘Pacto’ de 1987 Hamás promueve declaraciones antisemitas y entreteje en todas partes el fanatismo antijudío. En 2017 eliminaron el antisemitismo de su ‘nuevo Pacto’. Creo que es mentira, ya que aparentemente nunca cambiaron los aspectos antijudíos de los libros de texto que les han dado a sus hijos para que aprendan la historia del desastre creado por los sionistas”.

El primer documento al que se refiere Walters fue adoptado por Hamás en 1988 y a veces se le conoce como el “charter” [estatuto].

Su carácter antisemita es inequívoco y puede confirmarse claramente con ver sólo un breve extracto, entre otros:

“Hoy es Palestina, mañana será un país o será otro. El plan sionista no tiene límites. Después de Palestina, los sionistas aspiran a expandirse desde el Nilo hasta el Éufrates. Cuando hayan digerido la región que han conquistado, aspirarán a una mayor expansión, y así sucesivamente. Su plan está plasmado en los ‘Protocolos de los sabios de Sion’, y su conducta actual es la mejor prueba de lo que estamos diciendo”.

Los protocolos de los sabios de Sion consiste en una diatriba notoriamente falsa de odio contra los judíos.

Es cierto que el programa de Hamás de 2017 no repite las afirmaciones del documento de 1988. Tampoco disocia a Hamás de su anterior apoyo abierto del antisemitismo. Estamos de acuerdo con Walters en que la diferencia entre los dos documentos de Hamás es, en el mejor de los casos, cosmética.

En su libro en inglés Hamás Contained: The Rise and Pacification of Palestinian Resistance, [Hamás moderado: El auge y la pacificación de la resistencia palestina] Tareq Baconi abordó este tema. Baconi es presidente de la junta directiva de Al-Shabaka: La Red Política Palestina, que se describe a sí misma como “el primer y único think-tank palestino independiente y transnacional”.

Refiriéndose al programa de Hamás, Baconi escribió:

“El estatuto hablaba de cómo ese sistema de gobierno islámico permitiría a cristianos y judíos vivir en paz y armonía bajo el dominio musulmán. A pesar de esa afirmación, el resto del estatuto arroja luz sobre cómo Hamás percibe a Israel, el judaísmo y el sionismo en el momento en que se publicó. El texto está repleto de referencias antisemitas que se basan en antiguos estereotipos sobre el pueblo judío, incluso su supuesta acumulación de una inmensa riqueza, su naturaleza traicionera y taimada y su capacidad para influir en los medios de comunicación globales”.

Baconi continuó: “Hamás atribuye el éxito del sionismo y la creación de Israel a la manipulación judía de los asuntos globales, incluso las dos guerras mundiales y el establecimiento de las Naciones Unidas.

“El movimiento derivó su visión sobre el sionismo”, concluyó Baconi, “de Los protocolos de los sabios de Sion, un texto antisemita que elaboró el mito sobre un complot judío para dominar el mundo. Hamás, a lo largo del estatuto, hace referencias a judíos y sionistas indistintamente, entremezclando a los dos constantemente.

La elección de fusionar al judaísmo, una religión, con el sionismo, el programa político del colonialismo de asentamientos en Palestina, es el fundamento político de los ataques como el del 7 de octubre, que hacen blanco de civiles en gran parte porque son judíos.

Lecciones de Sudáfrica

Los partidarios de la lucha palestina a menudo mencionan las analogías que existen con el movimiento por derrocar el apartheid en Sudáfrica. Muchas de esas analogías son correctas. Sin embargo, también hay que prestarle atención a las lecciones políticas que pueden enseñarnos los que dirigieron la lucha en Sudáfrica.

26 de junio: Día para celebrar la “Carta de la Libertad”. La pancarta dice: “El pueblo governará”.

Bajo el liderazgo de Nelson Mandela y varios otros, entre ellos Oliver Tambo y Walter y Albertina Sisulu, el Congreso Nacional Africano (CNA) adoptó conscientemente una política anti-racista. Su objetivo no era la expulsión de los colonos europeos que para entonces habían vivido en Sudáfrica durante décadas.

Más bien, los objetivos del CNA quedaron detallados sin ambigüedades en su Carta de la Libertad que fue adoptada en 1955 por el Congreso del Pueblo, una reunión de 3 mil personas en Kliptown, Soweto, en las afueras de Johannesburgo. Sus organizadores describieron el congreso como uno compuesto por obreros, campesinos, intelectuales, mujeres, jóvenes y estudiantes de todas las razas y colores“.

Los estatutos del CNA declaraban:

Nosotros, el pueblo de Sudáfrica, declaramos para que lo sepa todo nuestro país y el mundo:

Que Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella, blancos y negros, y que ningún gobierno puede reclamar autoridad con justicia a menos que se base en la voluntad del pueblo;

Que nuestro pueblo ha sido despojado de su patrimonio, que es el derecho a la tierra, la libertad y la paz, por una forma de gobierno fundada en la injusticia y la desigualdad;

Que nuestro país nunca será próspero ni libre hasta que todo nuestro pueblo viva en hermandad, disfrutando de igualdad de derechos y oportunidades;

Que sólo un Estado democrático, basado en la voluntad del pueblo, puede garantizar a todos su patrimonio sin distinción de color, raza, sexo o creencias;

Y por lo tanto, nosotros, el pueblo de Sudáfrica, blancos y negros, juntos, iguales, compatriotas y hermanos, adoptamos esta CARTA DE LA LIBERTAD. Y nos comprometemos a luchar juntos, sin escatimar de nuestra fuerza y coraje, hasta que se hayan logrado los cambios democráticos que aquí se establecen.

La lucha contra el racismo

El Congreso Panafricanista (CPA) y otras fuerzas cuestionaron esta perspectiva, contraponiendo una perspectiva diferente, calificada por el CNA como “africanista”. En el artículo “El Congreso y los africanistas”, que apareció en la edición de julio-septiembre de 1959 de la revista del CNA, Walter Sisulu, el entonces secretario general de la organización, dio respuesta a esos argumentos.

“En los últimos meses se ha publicado mucho en la prensa sudafricana sobre los ‘africanistas’… es evidente la tendencia general de sus ideas: se basan en una burda apelación al racismo africano como respuesta a la arrogancia de, y la opresión por, los blancos”, explicó Sisulu.

“El blanco principal de sus ataques es el amplio humanismo del Congreso Nacional Africano, que reclama para el pueblo africano la igualdad pero no la dominación, y que considera que Sudáfrica es lo suficientemente grande y rica como para sostener a todo su pueblo, de cualquier origen, en la amistad y la paz…”.

El CNA, continuó Sisulu, “ha repudiado como inútil y reaccionaria la idea de ‘arrojar al hombre blanco al mar’ y ha aceptado el hecho de que los diversos grupos raciales en Sudáfrica han venido para quedarse”.

“El Congreso ha repudiado como inútil y reaccionaria la idea de ‘arrojar al hombre blanco al mar’ y ha aceptado el hecho de que los diversos grupos raciales en Sudáfrica han venido para quedarse”.

El líder del CNA, Walter Sisulu, escribiendo en África Sur, la revista del CNA, en el número de julio-septiembre de 1959.

En Sudáfrica, la política de rechazar el racismo fue parte fundamental de esa estrategia. Mandela lo explicó en un discurso que pronunció en 1991 en una conferencia de Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación), el ala militar del CNA fundada en 1961 bajo la dirección de Mandela.

“La piedra angular de la estrategia del CNA”, dijo Mandela, “es que ningún grupo de revolucionarios, actuando por su cuenta, sin importar lo valientes, disciplinados y abnegados que sean, puede esperar derrocar el sistema de opresión.

“La victoria en la lucha de liberación nacional”, continuó, “depende de la participación activa y consciente de las masas del pueblo oprimido, determinando su propio destino a través de la lucha… Por lo tanto, siempre hemos considerado que la lucha armada de liberación se basa en, y surge de, las luchas políticas que libran las masas de los oprimidos“. (Énfasis añadido).

Eso es lo opuesto al camino que eligió Hamás. En lugar de confiar en la lucha política de las masas del pueblo palestino, Hamás realiza en cambio acciones armadas con civiles como el blanco principal. Primero relega a las masas palestinas a ser meros observadores de la resistencia armada, y luego los convierte en víctimas de la cruel reacción israelí — una reacción que Hamás claramente anticipaba. Provocó esa respuesta sin elaborar planes realistas para defender a las víctimas, los 2 millones de palestinos en Gaza.

En Sudáfrica, por el contrario, la lucha armada se inició en completa consonancia con la perspectiva no racista y el enfoque de acción de masas del CNA. Un volante emitido por el “comando de Umkhonto we Sizwe” en 1961 anunciaba que sus unidades “hoy llevaron a cabo ataques planificados contra instalaciones gubernamentales, en particular aquellas relacionadas con la política de apartheid y la discriminación racial”. El grupo declaró ser “un nuevo cuerpo independiente formado por africanos”, pero agregó que “incluye en sus filas a sudafricanos de todas las razas”.

Esta declaración concluía con un llamado a todos los sudafricanos: “Esperamos, incluso a esta hora tardía, que nuestras primeras acciones inviten a todos a tomar conciencia de la desastrosa situación a la que conduce la política nacionalista”.

Agregó que “Laboramos en el mejor interés de todas las personas de este país, negras, morenas y blancas, cuya felicidad y futuro bienestar no pueden lograrse sin el derrocamiento del gobierno nacionalista, la abolición de la supremacía blanca y la conquista de la libertad, la democracia y los plenos derechos nacionales, y la igualdad para todas las personas de este país”.

No podría ser más marcado el contraste entre este enfoque y la demagogia y las acciones antisemitas de Hamás

Todas las analogías tienen sus límites — inclusive las que existen entre la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y la lucha palestina por dar fin a la opresión israelí. Las condiciones que conducen a cada lucha no son idénticas, y ningún movimiento de liberación puede copiar la trayectoria de otro.

La historia de la lucha por derrocar el apartheid en Sudáfrica no ofrece ningún tipo de “receta” para la lucha palestina. Pero hay lecciones que pueden aprender los combatientes que esperan ver el día en que el pueblo palestino — y sus aliados — puedan seguir avanzando en su justa lucha, en lugar de padecer a diario los golpes que han sufrido desde el asalto de Hamás del 7 de octubre.

Toda lucha por la liberación nacional se enfrenta a la violencia brutal de los opresores. Estamos de acuerdo con Walters en que esto provoca inevitablemente una resistencia feroz, sin importar la nacionalidad de los opresores. Pero Hamás eligió tomar precisamente el camino contra el que advertía Sisulu: “Un burdo llamado al … racismo como respuesta a … la arrogancia y la opresión”. Esta elección ha dado lugar a la agonía que Sisulu predijo que podría surgir. Y el pueblo palestino es el que está viviendo esta agonía de la manera más aguda.

¿Qué perspectiva y estrategia política puede derrotar la salvaje violencia y la opresión de Israel? Aquí es donde las lecciones que nos brinda la exitosa revolución democrática en Sudáfrica pudieran ayudar a encontrarle una salida a la desesperada situación en que se encuentran los palestinos hoy en día.

 — Los editores de Panorama-Mundial


NOTAS

[1] El Congreso Sudafricano de Demócratas (COD, por sus siglas en inglés) fue una pequeña pero importante organización de sudafricanos blancos que se oponían al apartheid. Como explicó Mandela en su autobiografía: El largo camino hacia la libertad, “El COD cumplió una importante función simbólica para los africanos; los negros que habían se habían iniciado en la lucha porque estaban en contra de los blancos descubrieron que, de hecho, había blancos de buena voluntad que trataban a los africanos como iguales”.

[2] El Partido Nacionalista fue el partido gobernante del régimen del apartheid sudafricano.

[3] El fragmento del artículo de Sisulu en 1959 fue tomado del libro en inglés The Unbreakable Thread: Non-racialism in South Africa [La hebra irrompible: la oposición al racismo en Sudáfrica] por Julie Frederikse. El libro parece estar agotado pero ocasionalmente pueden encontrarse copias usadas en línea. También parece estar disponible en inglés en el Archivo de la Historia de Sudáfrica. Este valioso trabajo, publicado en 1990, consiste en gran parte de entrevistas con líderes y activistas del CNA y de la lucha contra el apartheid. Esboza décadas de la labor realizada por parte de los líderes del CNA por atraer a nuevos combatientes jóvenes a la perspectiva no racial.



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