El artículo a continuación apareció en la edición del 1 de abril del diario israelí Haaretz.
Su autora es Amira Hass, corresponsal de Haaretz en los territorios ocupados. Nacida en Jerusalén en 1956, hija de sobrevivientes del Holocausto, Hass se unió a Haaretz en 1989. Ocupa su puesto actual desde 1993. Mientras cumplía su asignación, pasó tres años viviendo en Gaza, que sirvió de base para su aclamado libro, Drinking the Sea at Gaza: Days and Nights in a Land Under Siege [Bebiendo el mar en Gaza: días y noches en una tierra sitiada]. Vive en la ciudad cisjordana de Ramala desde 1997. Como lo señaló la introducción de una entrevista con Democracy Now el 19 de octubre de 2023, Hass es “la única periodista judía israelí que ha pasado 30 años viviendo e informando desde Gaza y Cisjordania”.
El artículo de Hass se basa en entrevistas con palestinos en Gaza, describiendo las actitudes de los gazatíes hacia Hamás.
La mayoría de los palestinos culpan a Israel por su incesante guerra, que en seis meses ha matado a más de 33 mil personas — en su inmensa mayoría civiles, incluidos unos 14 mil niños — que ha reducido grandes zonas de Gaza a escombros y que está causando condiciones de hambruna generalizada. La opinión predominante del pueblo palestino es que lo que enfrentan es una guerra israelí.
Por eso es importante que, según Hass, ahora más gazatíes se oponen abiertamente al ataque liderado por Hamás el 7 de octubre, porque le dio a Israel la oportunidad de lanzar su guerra genocida. Estos palestinos también se pronuncian en contra de los métodos que hoy usa Hamás en Gaza para reprimir cualquier forma de crítica o disidencia. Por ejemplo, para contrarrestar las manifestaciones que exigían la liberación de los rehenes, los activistas de Hamás aplicaron “una táctica típica de una dictadura”, como dijo uno de los palestinos entrevistados por Haaretz.
Relatos similares han aparecido en otros medios. Entre ellos el Wall Street Journal, el Washington Post, Bloomberg News, CNN, National Public Radio, Oregon Public Broadcasting y la revista Foreign Affairs.
“En toda la Franja de Gaza — desde los mercados hasta los campamentos de evacuados y las redes sociales — la frustración y la rabia de los palestinos con Hamás están aumentando”, anotó un artículo en el Christian Science Monitor del 14 de marzo.
“No fue nuestra elección estar en una guerra que nos saca de nuestros hogares, [le quita] la vida de nuestros seres queridos y pone nuestras vidas en un juego mortal del que nada sabíamos”, dijo al Monitor Bisan Nateel, un organizador juvenil de una organización local no gubernamental en Gaza.
“Hamás no nos avisó ni nos dio instrucción alguna para proteger o ayudar a la gente. No sé lo que estaban pensando o lo que esperaban que hiciera la gente, pero esto es inaceptable para todos en Gaza”, dijo Walid, un trabajador humanitario en el centro de Gaza que se negó a dar su nombre completo. “Siento que Hamás puso nuestras vidas en juego y perdió la apuesta”.
Existe un historial tras la difusión de estos puntos de vista.
“Hamás fue fundado en 1987 por la Hermandad Musulmana de Egipto”, informó Panorama-Mundial en Alto a la Nueva Nakba de Israel en Gaza: Cómo Netanyahu apuntaló a Hamás; Cómo Hamás dañó al Movimiento de Liberación Nacional Palestino.
El objetivo del grupo islamista “ha sido, en primer lugar, dividir el movimiento de liberación palestino y, finalmente, arrebatarle el liderazgo a la OLP”, señaló el artículo de Panorama-Mundial, refiriéndose a la Organización para la Liberación de Palestina.
“En lugar de un movimiento de liberación nacional, secular y de masas, Hamás buscó cambiar el enfoque de la lucha por una patria palestina en una cruzada religiosa — una guerra santa que llevaría a la destrucción de Israel y a su sustitución por un Estado palestino islamista, en el que la interpretación del islam por parte de Hamás sería la religión del Estado.
“Desde el principio vehementemente anticomunista y nacionalista burgués, en 2006 Hamás tomó control de Gaza después de que Israel retirara sus tropas del territorio el año anterior durante un reflujo en la lucha de liberación palestina”.
Después de ganar las elecciones legislativas palestinas del 2006, Hamás gobernó en Gaza por la fuerza y la violencia. “En 2007, Hamás lanzó una guerra contra Fatah y otros palestinos, ejecutando a algunos, tomando a otros prisioneros y expulsando a otros”, continuó el artículo de Panorama-Mundial.
“Desde entonces, Hamás ha gobernado Gaza con mano de hierro”, explicó.
Los hechos que describen los habitantes de Gaza en este artículo de Haaretz concuerdan con esta evaluación.
Al mismo tiempo, es importante señalar que las actitudes de los habitantes de Gaza hacia Hamás son variadas y matizadas. Su franqueza, señaló el artículo del Christian Science Monitor del 14 de marzo, “no significa, en principio, que haya disminuido entre los gazatíes el apoyo a la resistencia armada contra la ocupación israelí. Tampoco ha cambiado su opinión de que el conflicto es una guerra israelí contra el pueblo palestino.
“La mayoría de los residentes siguen creyendo que, con el asedio de Gaza por 17 años, han sido castigados durante dos décadas por Israel, la comunidad internacional y la Autoridad Palestina por la presencia de Hamás, y que el movimiento nunca ha tenido la oportunidad de actuar como un gobierno normal”.
El Monitor concluyó: “Si bien la mayoría de los palestinos entrevistados en Gaza dicen que ya no quieren el gobierno de Hamás, una parte importante apoya todavía su existencia como movimiento armado. La falta de alternativas deja a los habitantes de Gaza inseguros sobre su futuro”.
A continuación publicamos el artículo de Haaretz para información de nuestros lectores. El título, el resumen inicial, las fotos/leyendas, y el texto son del original. Los subtítulos son de Panorama-Mundial.
— Los editores de Panorama-Mundial
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“La gente maldice constantemente a Sinwar”: los gazatíes que se oponen a Hamás están seguros de que son la mayoría

Cuatro gazatíes que hablaron con Haaretz criticaron al líder de Hamás en la Franja y la decisión de ir a la guerra el 7 de octubre. Dicen que mucha gente teme que Hamás los castigue por hablar, y culpan a los medios árabes por mirar hacia otro lado cuando alguien critica al grupo.

Por Amira Hass
1º de abril, 2024
La carroza tirada por burros, llena de gente y colchones, es uno de los escenarios de la guerra en Gaza y del asedio actual. “Más de una vez escuché al dueño de una carroza acicateando a su burro y diciendo algo como: ‘Muévete, Yahya Sinwar, muévete'”, dice Basel (un seudónimo, que he usado para todos en este artículo).
Basel, de 30 años, permaneció en el norte de la Franja de Gaza a pesar de la orden del ejército israelí de evacuar, porque sus ancianos padres no podían mudarse al sur. Viven en una casa medio derruida — con las ventanas rotas cubiertas de plástico que no los protegen del frío. Muchos de sus familiares han muerto en el bombardeo, entre ellos unas sobrinas cercanas a él. Estaban jugando afuera cuando fue alcanzado un objetivo cercano.
Sí, Israel bombardea y mata, dice Basel, pero se niega a absolver a Hamás de su responsabilidad por la catástrofe que ha caído sobre los gazatíes. “La gente maldice constantemente a Sinwar, pero esto no se refleja en los informes de los periodistas”, dice.
Como me lo describió en una conversación telefónica, no la primera entre nosotros, dijo: “A principios de esta semana, un anciano parado en medio del mercado maldijo a Ahmed Yassin por darnos a Hamás” – Yassin fue uno de los líderes de Hamás asesinados por Israel en 2004. “Le tiré un beso por su valentía. No estoy a favor de maldecir a un muerto, pero me encanta cuando la gente se rebela”.
‘Hamás controla nuestra narrativa’
No conocía a Basel antes de empezar nuestra correspondencia telefónica; inició el contacto para expresar su furia por lo que él llama “el control de nuestra narrativa por parte de Hamás”. Está enojado porque los palestinos fuera de Gaza y sus partidarios esperan que los gazatíes se callen y no critiquen a Hamás, porque las críticas aparentemente ayudan al enemigo. Rechaza la presunción de que el dudar de las decisiones y acciones de este grupo armado — y el hacerlo públicamente — sea un acto de traición.
“Tengo derecho a que sepan lo que pienso y siento, incluso si estuviera en la minoría, pero sé que no estoy en la minoría. Y sé que hablo en nombre de mucha gente”, dice Basel. “Tengo derecho a hablar, aunque solo por ser una de las millones de personas con cuyas vidas Hamás está jugando, por eslóganes demenciales sin base en la realidad, que han eclipsado la causa palestina y han convertido la lucha por metas ambiciosas y existenciales en una lucha por un trozo de pan y latas de comida”.
Después de semanas de comer un guiso hecho de plantas silvestres como anchusa (hojas de lengua en árabe), khubeza y acedera, comenzaron a aparecer raciones militares estadounidenses entregadas por paracaídas, pero los gánsteres se las robaron para venderlas en los mercados. Cuestan 240 shekels (66 dólares) por una caja de 12 raciones, dice Basel, quien agrega que él no es de los que arriesgan su vida para perseguir comida lanzada en paracaídas o en camiones. “No me molesta la comida estadounidense”, dice.
Dos amigos y un viejo conocido mío confirman que las críticas que Basel hace de Hamás representan a mucha gente. Nura, que tiene más de 60 años, ha perdido toda esperanza de un alto al fuego, porque “ambas partes, ni Israel ni Hamás, están interesadas en nosotros, el pueblo, en nuestro sufrimiento”, dijo en una llamada telefónica la semana pasada, después de muchos días fuera de contacto.
Basel ofreció la misma idea con palabras diferentes: “No sé por qué Hamás está tan orgulloso de su logro. Es obvio que el gobierno israelí no está interesado en los rehenes y realmente no está tratando de salvarlos”.

En otras palabras, los palestinos de Gaza están sintiendo en carne propia cómo la meticulosa planificación militar del ataque del 7 de octubre no fue acompañada por una clara planificación de estrategia política.
Ibrahim Abrash, ex profesor de ciencias políticas en la Universidad de Al-Azhar en Gaza, nativo del campo de refugiados de Bureij y ex ministro de Cultura en el gobierno de la Autoridad Palestina de Salam Fayyad, se hace eco de esta crítica. En un artículo publicado a finales de febrero por la agencia de noticias palestina Ma’an, titulado “Basta de la terquedad de Hamás”, Abrash señaló que incluso antes de la guerra en curso, los líderes políticos de primer rango de Hamás habían huido de Gaza a Turquía y Qatar, “dejando atrás a los activistas de Hamás y a los dirigentes de segundo rango para que se las arreglaran por sí mismos, encabezados por el prisionero liberado sin experiencia política ni de liderazgo”.
Ya sea si se trata de indiferencia sobre el destino del pueblo o por la falta de comprensión y habilidad política del más alto comandante militar, el resultado es el mismo. No se vislumbra el fin del sufrimiento de la gente.
‘Estamos agotados’
“Estamos agotados”, concluye Nura, sin palabras para describir la dificultad de sobrevivir. Al igual que Basel, ella y parte de su familia se negaron a abandonar el norte de Gaza y deambulan de una casa medio destruida a otra de entre sus parientes. Tiene hambre, pero está especialmente preocupada por sus nietas hambrientas de 2 y 3 años. Varias veces, ella y su familia, al igual que Basel y su familia, estuvieron a solo segundos de morir en los bombardeos.
Ella también oye las maldiciones contra Hamás en todas partes: en el hospital que no pudo tratar a su nieta herida, cuando espera en la fila para llenar su recipiente de agua y cuando pasa junto a montones de basura apestosa que nadie limpia, y de todos modos no hay a dónde llevarla.
Oye las maldiciones cuando visita a familiares y amigos hacinados en escuelas que sirven de refugio a miles de desplazados, y cuando sale a comprar verduras, cuyos precios se han disparado: ejotes a 100 shekels el kilo, berenjenas a 80 shekels, medio kilo de patatas a 50 shekels. Al parecer, todavía crecen en el sur de Gaza y se envían en los pocos camiones de ayuda que logran llegar al norte.
“Me senté con unos amigos en un café”, dice Shaher, de 75 años, arrojando luz sin querer sobre otro detalle de su vida anterior que no ha desaparecido ni siquiera en tiempos de guerra y al que la gente se aferra: un café donde los hombres pasan horas analizando la situación, o en silencio compartido rodeados de humo de cigarrillo. Shaher, un maestro jubilado, vive ahora en una tienda de campaña hecha con tiras de plástico, después de que su casa y la de su hijo en Deir al-Balah fueran destruidas en un bombardeo israelí.
“En las noches lluviosas, me despertaba con el colchón empapado. Salía a sacudirlo y quitar el agua que quedaba y que se escurría de las tiras de plástico”, dice con el dolor de un hombre que trabajó y ahorró toda su vida para enviar a sus hijos a la universidad y garantizarles a ellos y a sus nietos un techo sobre sus cabezas.
Así que él y sus amigos se sentaron en el café y criticaron a Hamás. Pero, “el dueño nos escuchó y le dijo a un empleado que no nos sirviera para que nos fuéramos”, dice Shaher y agrega: “El dueño del café puede estar de acuerdo con las críticas, pero estaba claro que tenía miedo”. Es decir, tenía miedo de que alguien de Hamás pudiera escucharlo y dañarlo de una forma u otra.

“Obviamente, hay una enorme ira y amargura en todas partes contra Hamás”, dice Amal, otra mujer de unos 60 años, cuyo edificio de apartamentos en Gaza fue bombardeado al comienzo de la guerra, pocos días después de que ella y su familia se mudaran al sur. También ha oído hablar de personas “que fueron amenazadas después de expresar su opinión en público”, y ya sea que se trate de un informe verdadero o simplemente un rumor, basta para que la gente sea cautelosa sobre dónde expresan las críticas.
Nura cuenta cómo alguien les propuso que se manifestaran, pero otros tenían miedo de que Hamás les disparara. “Así que moriremos una vez, y eso es todo, en lugar de morirnos nuevamente a cada momento” dice por teléfono, y continúa: “Pero la mayoría de la gente no tiene fuerzas para manifestarse o discutir, porque todos están ocupados con la humillante búsqueda de comida. Una caja más de frijoles enlatados, un kilo más de harina”.
Basel cuenta que los operativos de Hamás dispararon al aire cerca de los manifestantes que exigían pan. Shaher habla de las manifestaciones que pedían a Hamás que liberara a los rehenes para poner fin a la guerra. “Aplicando una táctica típica de una dictadura, simpatizantes anónimos de la organización se mezclaron entre los manifestantes hasta que el eslogan fue cambiado a ‘Exigimos volver al norte de la Franja'”, dice Shaher.
Hamás reprimió violentamente las acciones masivas de los palestinos
Como dice Basel, “el poder militar de Hamás en Gaza ha sido casi totalmente destruido, pero no su poder para oprimirnos”. Dice que antes de la guerra participó en manifestaciones de jóvenes del grupo Queremos Vivir que protestaban por el costo de vida; los manifestantes fueron reprimidos violentamente y citados para acudir a un interrogatorio.
Pero recuerda que incluso ni eventos apolíticos ni la actividad social normal de la gente de su edad estaban permitidos antes de la guerra; por ejemplo, amigos que se habían reunido en un salón junto a la playa. Resulta que una reunión de más de 10 personas requería un permiso del Ministerio del Interior. Salir con una novia también era imposible. La policía de la modestia — no estaba claro para quién trabajaban — era un impedimento.
Basel dice que proviene de una familia religiosa de partidarios de Hamás y la Yihad Islámica. Por supuesto, cuando era joven, participó en las actividades de las juventudes de Hamás, pero descubrió que las preguntas que hacía (“Es mi naturaleza”) chocaban con el pensamiento de grupo impuesto por la organización. A partir de los 17 años comenzó a alejarse de la ideología de Hamás. Las otras tres personas con las que hablé, mayores que él, siempre estuvieron afiliadas a la Organización para la Liberación de Palestina.
Basel y Shaher hierven de rabia cuando hablan del silencio de los medios de comunicación palestinos y del mundo árabe, y de los fotógrafos independientes que apartan sus cámaras cuando alguna de las personas reunidas alrededor de los escombros clama contra el movimiento de resistencia islámica en lugar de solo contra Israel, Estados Unidos y el mundo en general. Ya sea que se trate de fotógrafos que apoyan a Hamás o que simplemente le temen al grupo, el resultado es el mismo.
Al igual que Basel y Nura, Amal también hace hincapié en la miseria y la humillación. “En todas las condiciones, en todos los tiempos de lucha y asedio, nunca tuvimos tanta hambre”, dice.
Algunas personas no se atreven a ir tan lejos como mis cuatro entrevistados en sus críticas a Hamás, pero critican a la organización por no cubrir a tiempo las necesidades de la población civil.
“Durante el asedio israelí de Beirut, la OLP y Arafat se aseguraron de que hubiera suficiente comida y agua para todos. No llegamos a una situación de hambruna y precios en el mercado negro”, dice un ex gazatí que estuvo en Beirut en 1982. Está consciente de las diferencias geopolíticas entre la capital libanesa y la Gaza asediada, pero subraya que la OLP entendía su deber de cuidar de los civiles, mientras que Hamás rechazó abiertamente ese deber.

Basel y Shaher dudan mucho de la sabiduría, la eficacia y la rectitud de la lucha armada por la liberación nacional, especialmente bajo las condiciones de la supremacía militar israelí. Posiblemente representan una minoría, y pocos palestinos expresarán esa opinión abiertamente.
“La lucha armada es un juego que se juega en el terreno del ocupante, que es mil veces más fuerte que nosotros”, dice Basel. Cree que la lucha armada de la OLP, por ejemplo en los años 80, no logró los resultados prometidos.
Shaher dice que Hamás no entiende hasta qué punto Israel es una sociedad espartana que no puede ser derrotada militarmente. Dice que la lucha armada, dirigida por Hamás, está cayendo en la trampa de Israel. Él, Amal y Nura están convencidos de que la mayoría de los gazatíes no apoyan el ataque del 7 de octubre, y que ellos también se sintieron conmocionados por las atrocidades contra los civiles y el secuestro de bebés y ancianos, lo que contradice su religión y todos sus valores, como dicen los tres.
‘Todo el mundo tiene dos opiniones’
Basándose en su experiencia, a ellos y a Basel les resulta difícil creer los resultados de una encuesta palestina que encontró que el apoyo al 7 de octubre seguía siendo alto, y que la mayoría — que no vio los videos de las atrocidades — cree que no se cometieron crímenes durante el ataque.
Shaher generaliza y dice: “Es muy difícil realizar encuestas entre los árabes. Todo el mundo tiene dos opiniones sobre el orgullo nacionalista y militar: una opinión para el mundo exterior, incluido el encuestador, y una segunda opinión, la real, que te guardas para ti.
“Todo el mundo sabe que las personas que cometieron [los crímenes del 7 de octubre] formaban parte de un pequeño grupo que le dio a Israel una excusa para destruir toda Gaza”, dice, y añade que cree que “el 95 por ciento se opuso [al ataque de Hamás]”. Nura sitúa esta cifra en un 75 por ciento, mientras que Amal dice que “la mayoría se opone”.
Basel ofrece un panorama más complejo. “La mayoría de la gente no tiene, en principio, ningún problema con el ataque, pero critica el momento y los resultados”, dice. “Todo el mundo vio los videos. Supongo que un tercio afirma que Hamás no cometió crímenes, y otro tercio reconoce que hubo crímenes, pero no los llamará así, y argumenta que se produjeron en respuesta a los crímenes que Israel cometió a lo largo de los años. Y un tercero, incluyéndome a mí, no nos engañamos y sabemos que estos fueron crímenes”.
Los cuatro dicen casi lo mismo: Hamás dijo que su gente no secuestró a bebés ni ancianos; lo hicieron los civiles. Si ese es el caso, ¿por qué no liberar a los rehenes de inmediato? ¿No controlabas la frontera? ¿No sabías dónde estaban los rehenes? Al fin y al cabo, controlas estrictamente la sociedad y sabes todo lo que ocurre allí.
En cuanto a los prisioneros palestinos que serán liberados a cambio de rehenes israelíes (incluso árabes israelíes) y extranjeros, Basel y Amal dicen que los prisioneros no son más importantes que las vidas de los niños en Gaza. Basel es particularmente firme.
“Que nadie nos dé lecciones sobre los principios básicos de la causa del pueblo palestino. Los prisioneros palestinos deberían hacer oír su posición sobre lo que está sucediendo en su nombre en Gaza”, dice. “Si están de acuerdo en que seamos masacrados y expulsados por su bien y si aceptan salir de la cárcel sobre las ruinas de nuestros hogares y la sangre de nuestros hijos, no los perdonaremos y quedarán avergonzados por el resto de sus vidas”.
Son palabras duras que no se pronuncian en público, pero Amal, muchos de cuyos amigos y familiares cumplieron largas condenas en prisión en Israel por su activismo contra la ocupación, confirma que mucha gente piensa lo mismo. Y dice exactamente lo mismo que Basel: “Los presos eligieron voluntariamente su camino. ¿Por qué deberíamos nosotros pagar el precio de su decisión personal?”
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Categories: Palestina/Israel
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